Esa misma noche, mientras Dumbledore y el ministro discutían lo sucedido durante el torneo, Severus interrumpió su reunión con su túnica ondeando detrás suyo y la elegancia que le caracterizaba. A su lado, levitando se encontraba quien parecía ser Alastor Moody.
— ¿Severus? — Albus lo miró frunciendo el entrecejo.
— Ministro, le recomendaría llamar a algunos aurores.
— ¿Por qué habría de?
— Porque han perdido a un prisionero.
Severus arrojó sobre el suelo de la oficina a Bartemius Crouch Jr. inconsciente y vistiendo la ropa de Alastor.
— ¡Por Merlín! — El ministro inmediatamente se asomó por la chimenea y detrás de él entraron 5 aurores manteniendo sus varitas en alto. — ¡Llévenselo!
Los aurores miraron con sorpresa al prisionero.
— ¡No! — interrumpió el director. — Severus, ¿tienes contigo veritaserum?
— De hecho. — Con suficiencia, él sacó de su túnica un vial con dicha poción.
— ¿Qué creen que están haciendo? — Les reclamó el ministro.
— Ministro, usted fungirá como testigo en este interrogatorio.
Luego de hacer confesar a Bartemius, todos en la oficina se quedaron meditando en algo.
Dumbledore creía que deshaciéndose de los dos horrocruxes faltantes podía ganar, quizás podría ser la única oportunidad que tenían para destruirlo para siempre.
El ministro pensaba en cómo afectaría su carrera el que se supiera que Voldemort había vuelto, que Pettigrew estaba vivo, que injustamente tenía como prisionero al último heredero de la familia Black, que Harry Potter, el salvador del mundo mágico había sido puesto en peligro bajo sus narices por un mortífago, y, por si fuera poco, que Bartemius Crouch Jr. hubiera logrado escapar de Azkaban.
Severus, por su parte, pensó: "si Potter era necesario para traer de regreso a Voldemort y el ritual no fue concluido satisfactoriamente, ¿qué pasó con el señor oscuro? ¿Habría podido regresa físicamente? ¿Habría muerto definitivamente?". Inmediatamente, pensó en que solo había una manera de saberlo. Severus iba a levantar la manga de su túnica para inspeccionar la marca cuando el ambiente se ensombreció considerablemente.
No tenía idea de cuánto tiempo había estado ensimismado en sus pensamientos, pero ver a Amelia Bones de pie imponiéndose frente a los dementores que ahora rodeaban a Crouch Jr. le demostró que había sido bastante.
— Profesor Snape, ¿quisiera decirnos cómo fue que se dio cuenta de que había un impostor en el castillo? — Pese a que parecía una pregunta, Amelia usó un tono que le causó un escalofrío en la columna vertebral, aunque jamás lo admitiría en voz alta.
— La marca... Ayer, durante la última prueba nos convocó.
— ¡Imposible! — El ministro de magia se levantó de su lugar con una expresión asustadiza.
Severus le regresó la mirada con desdén por su interrupción.
— Como decía, luego de que los todos estábamos de vuelta dentro del castillo, me encontré con Crouch Jr. robando polvo de cuerno de bicornio del armario de pociones.
— Son muchas las pociones que se pueden preparar con ese ingrediente.
— Ciertamente. No obstante, y cómo se lo reporté al director Dumbledore, a lo largo del ciclo escolar robaron algunos ingredientes como piel de serpiente arbórea africana y crisopos.
— Poción multijugos — Amelia Bones suspiró.
— Eso me lleva a preguntar... ¿En dónde está Alastor?
— Está siendo examinado por Poppy Pomfrey en el ala de enfermería. Fue sometido y confinado en un espacio bastante reducido, por decir lo menos.
— Bien, sí, cómo sea, creo que está de más recordarles a todos que este incidente no saldrá de estas cuatro paredes. — Advirtió el ministro.
Severus estaba a punto de reclamar aquel punto cuando escuchó a Albus decir, "estamos de acuerdo, ministro". El hombre sabía que Dumbledore no haría nada sin un motivo, así que anotó mentalmente preguntarle después cuál era su objetivo.
— Buenas noches, caballeros. — Se despidió Amelia y se retiró de la dirección llevándose consigo a su equipo de aurores y al cuerpo inerte Bartemius Crouch Jr.
•—•—•
Del otro lado del castillo, esa misma noche en la enfermería, Harry despertó con la sensación de que algo estaba terriblemente mal. No era solo el agotamiento o el dolor punzante en su pecho; era como si una parte de él hubiera sido arrancada, dejando solo un vacío frío.
—Estás despierto — dijo una voz tranquila.
Giró la cabeza y encontró a Dumbledore sentado junto a su cama. Sus ojos azules lo estudiaban con una mezcla de alivio y preocupación.
— ¿Y el ministro? ¿Todos se han ido? — preguntó Harry, su voz más ronca de lo habitual.
Dumbledore sonrió levemente. — Lo han hecho.
Harry sintió un nudo en la garganta. Lo había logrado. Cedric estaba vivo. Pero el precio... lo sentía en cada célula de su cuerpo.
—¿Y Voldemort? —preguntó con cautela.
— Esa es una respuesta que dejaremos para luego — confirmó Dumbledore con gravedad — Ahora, debes descansar.
Pero descansar no era una opción. Apenas cerró los ojos, las imágenes del cementerio lo asaltaron. Cedric a punto de morir. Su propia magia retorciéndose, desgarrándolo desde dentro...
•—•—•
La sensación de que algo se estaba desmoronando dentro de él era imparable.
Los días siguientes fueron una pesadilla disfrazada de normalidad. Harry intentó ignorar el agotamiento que lo asfixiaba, las náuseas persistentes y el ardor en su pecho que no desaparecía.
— Harry, ¿estás bien? — Neville trasplantaba una planta en el invernadero cuando Harry lo alcanzó para ayudarle con el trabajo en equipo que tenían pendiente para herbología.
Respirando irregularmente, Harry se dobló y colocó sus manos sobre sus rodillas para recuperar el aire como había visto hacer a los atletas luego de una carrera.
— Sí, Nev. No me di cuenta de que venía tarde para ayudarte — mintió. Había salido con tiempo suficiente de la torre, pero a mitad de camino se agotó considerablemente.
Neville lo miró con ojo crítico por un momento y luego regresó a su atención a la planta que se retorcía enojada por haber sido sacada de su maceta.
Agradecido de no tener que mentir más, Harry se enfocó en hacer de lado su malestar y ayudar.
Sin embargo, lo peor llegó un par de noches más tarde cuando se despertó sobresaltado en su dormitorio con un sabor metálico en la boca. Harry se llevó la mano a los labios y sintió la humedad pegajosa de la sangre. Se inclinó fuera de la cama y vomitó violentamente. Ciertamente, agradecía también tener que compartir habitación con nadie más, porque habría sido muy difícil de explicar.
Tenía que mantenerlo así.
•—•—•
Tres meses antes de que concluyera el curso escolar:
Harry retomó sus clases tan pronto como pudo. No es que de pronto tuviera mucho interés por convertirse en un alumno de 10, pero estar en la enfermería lo hacía sentir peor de lo que de por sí ya estaba.
Una tarde de martes, Harry se dirigió al baño de los chicos en el segundo piso, lugar que la mayoría de los estudiantes evitaba porque era constantemente visitado por ciertos fantasmas, pero para él era perfecto así evitaba que alguien se diera cuenta de lo que le pasaba. Prácticamente, ese lugar se convirtió en un refugio silencioso para el de ojos verdes.
El adolescente se sujetó del lavabo, respirando con dificultad, sintiendo el temblor de sus piernas y en sus manos. Se inclinó sobre el mármol frío y tosió de nuevo. El sonido húmedo y el sabor familiar lo hicieron cerrar los ojos con frustración.
No podía seguir así.
— Qué asco, Potter.
Aquella voz arrogante lo hizo congelarse.
Draco Malfoy estaba en la puerta, con los brazos cruzados y una expresión de disgusto. Harry sintió que el pánico lo invadía cuando el rubio se acercó con su andar seguro y su ceja arqueada con escepticismo.
—¿Qué te pasa? — preguntó, su tono burlón, pero con un matiz de curiosidad.
— Nada —gruñó Harry, limpiándose la boca con la manga.
Pero Draco no se movió. Sus ojos se posaron en las pequeñas gotas de sangre fresca en el lavabo y la palidez del que se encontraba de pie a su lado.
— No pareces nada bien, Potter — murmuró, y por primera vez en su vida, sonaba... casi genuinamente preocupado.
Harry lo ignoró y se apresuró a salir, sintiendo la mirada de Malfoy clavada en su espalda.
Pero a partir de ese día, Draco comenzó a vigilarlo, y Harry no tenía idea de que su secreto estaba a punto de ser revelado.
