Los personajes son obra y creación de su debido autor.

Digamos que la cuarentena me ha alterado las neuronas y me picaron las ganas de escribir guarradas. De antemano, agradezco la lectura.


IRUKA

Cuando Naruto pasó a formar parte del equipo 7 bajo la tutela de Kakashi, Iruka empezó a ver con nuevos ojos al descendiente de colmillo blanco. Fue toda una hazaña poder domar al pequeño zorro que desde hacía tiempo había vivido en la marginalidad; los avances que Kakashi logró con el niño se hicieron de escuchar en toda la aldea y los oídos de Iruka no fueron la excepción.

Iruka era demasiado tímido para acercársele de la nada a Kakashi, resultaba que estando cerca de él había una pérdida indefectible de su humanidad, se volvía un ser decadente necesitado de conmiseración, desperfecto de sus traumas de niñez en los que Kakashi (indirectamente) había sido participe.

Recurriendo al ingenio de prácticas infantiles, Iruka apeló por la excusa de preguntar por Naruto cada que quería entablar diálogo con Kakashi. Estaba determinado a estrechar vínculos afectivos con el jonin, quizá la medida que decidió utilizar no se equiparaba con su grado de madurez, pero si de algo tenía certeza, era que su escrupulosidad no sería impedimento.

Kakashi no tenía el menor asomo a qué venían las frecuentes invitaciones de Iruka a tomar el té sí es que estas guardaban alguna intencionalidad. Tampoco le importunaban. Aceptaba porque se trataba de Iruka, un conocido de años atrás. Además éste se mostraba fascinado por los progresos Naruto y cada que había una misión en tierras lejanas, le esperaba en la salida de la aldea para despedirle de manera formal. A veces le sorprendía con víveres o amuletos de la buena suerte, cosas que el niño rara vez sabía apreciar.

Desde que Jiraya tomó por discípulo a Naruto decidiéndose a viajar con él, el distanciamiento que surgió entre Iruka y Kakashi saltó a la vista del único que parecía estar consternado por ello, el mismo Iruka. El moreno comprendía que sus vidas habían sufrido un giro radical tras el atentado de Orochimaru y la defunción del tercer hokage.

En una tarde de lluvia, impulsado por la melancolía que traen consigo los recuerdos de su pasado, Iruka fue a visitar el viejo monumento que servía como ilustración de la voluntad de fuego y en el que se hallaban grabados los nombres de los shinobis fallecidos. Grande fue su sorpresa al ver a Kakashi ahí parado, su cabellera blanca se mimetizaba con lo nublado del cielo regalando la impresión de que era una nube más en lo mojado del paisaje. El corazón de Iruka comenzó a latir con grave agitación y soportó doloroso vuelco cuando Kakashi mostró signos de ir hacia él.

Iruka no imaginaba verlo tan, tan… tan de repente; sus sentidos estaban bloqueados por el pasmo que ocasionó el incidental encuentro.

El silencio que se acompasaba con el sonido de la lluvia heló la piel de Iruka. Kakashi tomó lugar a un lado del castaño, le fue reconfortante toparse con una cara familiar después de haber pasado mucho tiempo encerrado en su departamento sobrellevando el duelo leyendo libros. Iruka, extrañamente rígido y con el rostro cogestionado de admiración, sintió que su cuerpo era aplastado, como si la presencia de Kakashi fuera gigantesca roca encima de él; estaba que no podía moverse.

— ¿Estás bien?—fue la pregunta que le lanzó Kakashi en medio de la asonada quietud del ambiente. Iruka obtuvo la sensación de que la pesada carga que desde hacía rato le oprimía los huesos se desvaneció cuando Kakashi le palmó el hombro.

Un halo de calidez le envolvió el cuerpo.

—Mentiría si digo que sí—respondió Iruka esbozando trémula sonrisa. Sus ojos se entrecerraron y finísimas arrugas se formaron alrededor del puente de su nariz—. Son tiempos difíciles, hemos perdido al líder de nuestro hogar—. La imagen de Sarutobi le llegó a la cabeza y no pudo reprimir las lágrimas.

Kakashi suspiró largo y tendido y sin consideraciones, continuó con su camino dejando a Iruka solo bajo la incesante lluvia. El castaño apretó fuerte los puños, una parte de su ser se había fragmentado y el estremecimientos que se arremolinaba en sus extremidades le aprisionaba las ganas de ir tras Kakashi. De todos modos, aun teniendo Iruka a Kakashi delante de él, suponiendo que vencía su cobardía e iba a buscarle, nada cambiaría entre ellos. ¿Y qué si por traición de los nervios se le confiesa? Seguramente Kakashi no se guardaría ningún pudor para rechazarle.

Iruka cometió el peor de los errores, y se recriminó por ello. Había idealizado una relación que desde el principio enviaba señales de no trascender los límites de la amistad. ¿Qué es lo que esperaba Iruka de Kakashi? ¿Una caricia? ¿Un beso? Al reparar en la densidad de sus pensamientos, preñados de un romanticismo propio de las novelas, Iruka enrojeció hasta las orejas y sintió el tráguame tierra de la vergüenza.

FIN.


Gracias por la lectura.