Ep 1 Entran Miraculous

Era una tarde normal en una zona popular de la ciudad de París, específicamente en el ultimo piso de un edificio que funciona como panadería. Una joven de tes clara peliazul que poseía rasgos asiáticos y europeos. Terminaba de ponerse una chaqueta delgada azul claro de manga larga, debajo de esta portaba una camisa sin mangas blancas con flores junto con un pantalón rosado, así como calzaba unos tenis blancos sin cordones.

Un rasgo distintivo de la joven eran sus ojos azules y que traía amarrado su pelo con dos coletas peinadas hacia abajo. Rápidamente tomaba una pequeña bolsa rosa la cual colgaba en su hombro derecho, sumado a una mochila amarilla que cargaba en su espalda. Comenzaba a dar varios pasos a una puerta en el piso para salir de su ático que funcionaba como alcoba.

Rápidamente bajaba ala siguiente planta que funcionaba como su casa principal para después seguir bajando las escaleras, finalmente se movía por un pasillo azulado para salir a la parte trasera de un local, donde se topaba con un hombre de apariencia robusta y grande mientras amasaba en una mesa de metal de la cocina de una panadería. El panadero estaba vestido todo de blanco, portaba una camisa de manga corta y pantalón, junto con un delantal de la cintura para abajo con el mismo tono. El hombre alrededor de los cuarenta también era de tez clara y pelo azul un poco más oscuro con alguna que otra cana a los lados. Tenía un gran bigote así como tenía una filipina en su cabeza.

Estaba de más decir que la mayor parte del cuerpo y ropa del hombre estaba manchada por la harina.

- Nada de abrazos Marinet... - Decía el señor Dupain mientras volteaba a ver a su hija por la espalda, para después ver un reloj de pared con manecillas el cual marcaba las 7:15 Am.

- Si papá...

- Vas un poco tarde croissant... - Hablaba un poco serio el hombre al ver la hora, sabia que su hija entraba a las 8.

- !Papá! - Respondía y voletaba molesta la joven por el apodo que solía darle su padre. Aunque ella no entendía que para su padre siempre sería su pequeña.

- No empieces... Deje una bolsa en el mostrador. Es el pedido de la señora Marí... Llévaselo por favor a su kiosco está camino a tu escuela. Abajo del mostrador está tu almuerzo... Mané jalo con cuidado.

- Claro se donde esta el kisoco… - Respondía un poco engreída, para después cambiar su tono a unó mas ameno - Gracias papa - Volvía a responder la joven repitiendo parte de la rutina que en ocasiones le tocaba con su padre. Mientras se despedía su progenitor con un ademán y pasaba frente a él para salir a la parte publica del negocio. Allí tomaba una bolsa de papel café sobre un mostrador de cristal y abría el mismo para tomar su almuerzo.

- Dile a mamá que la amo... - Concluía la joven cerrando el mostrador de cristal para tomar su almuerzo en su mano izquierda y el pedido en la derecha.

- Claro, fue hacer unas entregas. También me dijo que te dijera que te amaba. Pon atención en la calle... El señor René se quejó de tu última entrega... - Hablaba algo preocupado el hombre que amasaba, mientras oía a su hija empujar con su hombro la puerta de entrada de la panadería.

- El señor René es un exagerado papá... - Soltaba la joven mientras salía del local.

- Esa niña tiene la cabeza en las nubes... - Terminaba el hombre mientras negaba con la cabeza y volvía a poner atención en su masa de pan.

En otro lugar de la ciudad se podía observar un pequeño departamento con un hombre de baja estatura, el adulto estaba sentado en una silla mientras cerraba sus ojos. Este tenia sus palmas apuntando al cielo hasta que vio una visión extraña... "Era una mariposa negra que bajaba a la ciudad y de inmediato una pluma en el mismo tono chocaba con esta… Lo que generaba una explosión que envolvía desde el centro hasta los rincones más iónicos, como la Torre Eiffel o el Arco del Triunfo. Era como ver una explosión en la metrópoli, sin embargo una risa comenzaba a sonar de fondo…".

El hombre solo abría los ojos de golpe con algunos jadeos y volteaba en todas direcciones.

- No es buena señal... - Soltaba el pequeño anciano con camisa roja hawaiana y pantalones grices.

- ¿Que pasó? - Preguntaba una especie de pequeña tortuga alado del adulto.

- Me parece que debo escoger unos nuevos portadores... - Concluía el venerable con tono desganado, para finalmente parase de su silla en dirección a su clóset mientras buscaba una caja. Rápidamente quitaba varias cosas del mismo y veía al piso. Varios recuerdos se juntaban en su mente, pero los ignoraba...

- Eh... - Dudaba la pequeña tortuga al recordar lo que pasó la última vez…

- Se lo que opinas Wayzz… Y lo que dije... Pero desde que pasó lo de Nooroo y Duusu... No habido actividad de ninguno... Acabo de tener una visión, por lo de tu presentimiento que mencionaste... Algo me dice que pronto aparecerá alguno de sus nuevos portadores... - Respondía preocupado el anciano, mientras sacaba una llave de su llavero y la usaba con su escondite en el piso. De allí sacaba una caja dentro de una maleta.

- Se que... - Pero la tortuga guardaba silencio… Era un tema algo tabú con su portador lo que había pasado con los amuletos perdidos.

Sin embargo el anciano solo se quedaba callado un momento, nuevamente lo invadían ideas pero en especifico de lo que pasó la última vez, que entrego los objetos faltantes… Para después hablar - ¿No estoy seguro de a quien usar? Mal usados los poderes de Nooroo y Duusu podrían acabar con el mundo...

- Quizás solo Plagg y Tikki podrían contrarrestar los poderes de ellos... Pero sería muy peligroso dar esos miraculous... - Sin embargo al no ver respuesta de su portador la tortuga volvía a preguntar preocupado - ¿Fu? ¿No vas a… - Pero el ser no podía acabar su frase.

- Tampoco me hace feliz dejar la representación de la creación y destrucción en manos de cualquiera... Pero a mi edad ya no sería capaz de lidiar con alguien que ya lleve tiempo usando el miraculous... - Concluía preocupado mientras habría una caja y veía dos cajas más pequeñas en rojo con motas negras y otra totalmente negra con líneas verdes. A los costados había otras joyas, pero el hombre solo veía las cajas que necesitaba.

Por su parte la tortuga entendía que su portador tuvo una visión fuerte… Mas cuando había sido renuente volver a ejercer su espiritualidad. El hombre había pasado por muchas cosas desde que lo conoció... Así que con algo de temor preguntaba - ¿Qué vio?

- La ciudad totalmente destruida... Solo alguien con experiencia podría hacer un daño así... - Respondía serio mientras seguía contemplando las cajas y un especie de dilema interno volvía a emerger.

- Pero dar los miraculous de Plagg y Tikki… Necesitamos tiempo para encontrar candidatos adecuados y… - Pero el dialogo del ser de verde era interrumpido por el guardián.

- Tendrán las personas que escoja tres pruebas... Si a larga las pasan, demostrarán que quizás deban conservar los miraculous... Si no, debo quitárselos antes de que descubran que otras cosas pueden hacer y me sea imposible recuperarlos. Aún que ningún ser humano es digno de tener un miraculous. - Concluía el hombre mayor en tono serio nuevamente, antes de hacer nada soltaba un suspiro y procedía a tomar ambas cajas para guardarlas en su camisa. Finamente ceraba la caja mayor y regresaba todo a su correspondiente lugar.

- Aún así es peligroso... Necesitamos conocerlos a fondo primero… - Comentaba decaído por la decisión de su portador. Estaban escogiendo a Plagg y Tikki, pero también era dejarlos vulnerables...

- Lo se... ¿Pero no sabemos cuanto tiempo tenemos?- Volvía a hablar serio el anciano ya cuando había acabado de guardar todo, para dirigirse a abrir la puerta de su departamento. La tortuga rápidamente tomaba un dulce de café de una mesa, sabia que su portador podía tener una recaída si las cosas no salían como esperaba… Para finalmente salir antes de que la puerta se cerrara y seguirlo, sin que se diera cuenta metía el dulce en una bolsa del pantalón del anciano.

Algo lejos de la zona... Un vehículo negro bastante elegante y reluciente se movía por las calles de la ciudad.

- Sabes me da gusto que vengas hoy conmigo a la escuela... - Decía alegre un joven rubio de playera negra y camisa blanca. También portaba un pantalón azul y zapatos cafés.

- Como sea... - Respondía bastante desganado otro joven rubio era muy parecido a su primo lo cual era gracias a las madres de ambos, solo que él estaba más peinado y portaba un pantalón de vestir gris, junto a un chaleco negro. Sumado a una camisa abotonada de manga larga en azul oscuro, portaba también unos zapatos de vestir como si fuera a ir a una junta importante.

- En si estoy emocionado, mi papá no me había dejado tomar clases en una escuela desde... Bueno tú sabes... - Concluía el joven rubio un poco triste. Pero tratando de mantener el ánimo.

Por su parte el joven más arreglado chocaba levemente su nuca contra el asiento del auto de su primo. Detestaba tener que recordar que aparte de parecerse físicamente... Hubieran pasado por cosas parecidas... Siempre le pareció un juego raro del destino esas coincidencias en la vida de ambos.

- Tienes que ser más sincero con el tío Gabriel... - Decía un poco desganado el joven con peinado de lado viendo al techo.

- La tía Amelie dice que tú deberías divertirte más... - Le devolvía en tono divertido el joven con el peinado un poco más alborotado viendo a su primo.

Por su parte el joven vestido como adulto volteaba a ver a su primo un poco molesto. Lo que ocasionaba que el joven modelo solo sonriera divertido.

Félix definitivamente no odiaba a su primo Adrien, pero detestaba como siempre se tomaba las cosas... "¿No entendía? Como siempre podía ver el lado positivo a todo".