Narrador omnisciente.
Milluki le pegaba latigazos a Killua, que estaba encadenado en la pared sin camiseta, mientras le gritaba. El de cabellos blancos solo se ilimito en guardar silencio, como si los latigazos que le pegaba su hermano obeso eran caricias.
Killua había regresado a la mansión después de su encuentro con su hermano mayor, Illumi, en el examen del cazador. No había cambiado nada desde que se fue, solo un pequeño detalle. Al otro lado de la habitación donde permanecía encadenado por las muñecas había una chica. Le calculaba más o menos de su edad, no le podía ver la cara ya que su cabeza estaba mirando al suelo y su pelo le tapaba el rostro. No daba señal de vida desde que el niño entró en el cuarto, parecía que estaba reventada por dentro. Cansada de todos los golpes y torturas que la habían echo pasar.
"¿Quién será? ¿Seguirá respirando? ¿Por qué la tendrán aquí?" le comía la curiosidad el niño albino.
Milluki tuvo que abandonar la habitación y su placer de golpear a su hermano menor por una llamada de un familiar. Al escuchar la puerta cerrar, la niña que parecía que dejo de respirar, empezó a forcejear sus maños en un intento de salir de las cadenas.
Por favor, mátenme ya pensaba la niña y soltó un leve gemido por el roce de las cadenas en sus manos.
― No eres demasiado fuerte para romper las cadenas, déjalo. Es inútil ― habló el albino al forcejeo de la chica. Al oír sus palabras, paró de inmediato y elevo la cabeza lo suficiente para poder ver de que provenía la voz.
Sus ojos estaban abiertos como platos y en ellos solo reflejaba sufrimiento y terror. Solo se quedó mirando sin decir ni una palabra.
― ¿Cómo te llamas? ― hablo con indiferencia Killua. La chica levantó la cabeza hasta estar de frente y miró de arriba hasta abajo al albino analizándolo.
― ¿Cuál es tu nombre? ― pregunto evadiendo la pregunta del chico.
― Pregunté yo prim-
― Azumi ― interrumpió la frase del chico. ¿Qué importará si sabía su nombre o no? Da lo mismo.
― ¿Por qué estás aquí, Azumi?.
― ¿Cómo te llamas? ― exigió otra vez.
― Killua.
― ¿Zoldyck?
―... Si ― miro Killua receloso.
Los ojos de la chica empezaron a temblar. Ya ha vuelto... pero creo que no se lo han dicho aún. Seguro es bastante fuerte para derribar una pared completa concluyó.
― ¿Puedes romper las cadenas y . . .
― ¿Liberarte a ti? No. No me respondiste a mi pregunta y no conozco tus intenciones.― Respondió interrumpiendo a la ébano.
― Iba a decir que me mataras... ― agachó otra vez la cabeza.
No sirvo para nada en este mundo, no tengo razón de morir. Quiero irme ya y descansar. ¿Para qué sirve quedarme? No tengo a nadie, ¿me quedo a luchar por algo que ni se que es? ¿Me quedo para sufrir y ser torturada? ¿Escapo y me quedo tirada en la calle sin saber donde ir y seguir sobreviviendo? ¿Para qué? Ya no aguanto más la castaña oscura suplicaba con su mirada que hiciera su petición.
―¿Por qué quieres... morir? ― preguntó sorprendido el peli blanco.
― Estoy cansada... no puedo más. No quiero seguir sufriendo por nada, no tengo motivos para seguir viviendo. Por favor... ― suplico, su voz estaba quebrada.
― Lo haré pero si me dices cómo llegaste aquí ― su curiosidad debe ser saciada antes de matar a aquella chica, ella misma se lo está suplicando. Pero hay algo que se lo impide. Sus ojos oscuros seguían transmitiendo terror y sufrimiento.
Azumi se lo pensó unos segundos antes de responder.
― ¿Tu...
Iba hablar pero la puerta de la habitación se abrió con el regreso del cerdito con una sonrisa sádica.
― Anda, parece que ya se conocieron la parejita. Y bueno, Killua ¿Qué te parece tu prometida?― artículo Milluki con tono burlón.
Killua abrió los ojos como platos por la sorpresa. ¿Estaba prometido, que demonios? Miro a la chica, que tenía de vuelta la cabeza gacha pero esta vez podía ver su perfil. Sus ojos temblaban como si no tuviera escapatoria al sufrimiento y sus labios se movían levemente como si murmuraba cosas.
― ¡No digas idioteces, cerdito! Paso de casarme con ella, no me gusta ― dijo el albino con todo seguro.
Azumi levantó la cabeza, sus ojos dejaron de temblar. Había esperanza. El chico la miró con extrañeza. ¿En serio se alegra? La acabo de rechazar. Si que es rara...
― Pues te vas a tener que casar con ella. Mamá la compro a un tipo y a dado muchos problemas para que ahora tu también des problemas, idiota. Tu no opinas en esta decisión ― le grito al chico. ― Y no te creas tan creído, se ha intentado de escapar 5 veces. De verdad que no se quiere casar contigo― empezó a reírse y burlarse de Killua. Mientras él gruñía de rabia. ¿Acaso él cree que se va a casar algún día?
―No me importa ni una mierda, no me voy a casar.
Milluki estaba apunto de insultar y burlarse de él de nuevo pero su teléfono lo interrumpió. Salió al pasillo para responder la llamada.
Algo muy adentro de Killua decía que ayudará a la chica pero no en lo que ella pedía. La ayudaría a escapar, de cierto modo está aquí por su culpa. Azumi volvió como al principio, no dar señales de vida.
El cerdito volvió adentro.
― Parece que tus amiguitos han venido a por ti ― Milluki empezó a burlarse de Gon, despertando el enfado de Killua haciendo que se liberara de una mano amenazando a su hermano que se callara.
Azumi levantó la cabeza con rapidez al escuchar algo romperse. El cerdito empezó a pegar latigazos frecuentemente a Killua por su amenaza con cierto miedo. La de pelo ébano solo se limito a mirar la escena sin decir ni mu.
― Y tú qué miras, perra ― ahora el cerdito al notar la mirada de la niña, empezó a pegarle a ella latigazos. Azumi ahogaba sus gemidos mientras se movía fuertemente para intentar liberarse de las cadenas.
― Déjala, Milluki, ella no ha hecho nada. Pégame a mí ― intentó proteger a la chica con un grito.
― ¿Qué pasa, ya le has cogido cariño a esta zorra?
― Que pares ― amenazó de nuevo a su hermano con esa mirada asesina.
Milluki sintió miedo, pero no lo quería demostrar.
― Creo que ya habéis sufrido mucho por hoy, espero que tengáis pesadillas. Hasta mañana ― se despidió el cerdito dejándonos solos.
― Han venido a buscarme... Gon... ― murmuraba Killua, su mirada se suavizo.
―¿Lo vas hacer?
― ¿El que? ¿Lo que me pediste que hiciera? ― asintió la castaña ― ¿Por qué no vienes conmigo? Ya verás, cuando conozcas a Gon no te vas a querer ir.
Sonrió el peli blanco. Azumi estaba confundida ¿Por qué haría eso? Y también no le creía. Se había prometido a ella misma no volver a abrir las puertas del muro. Ya no quería hacer amigos, ya no creía en eso. No creía en las personas.
― Yo... no quiero hacer amigos ― rechazó la invitación de Killua.
― Pues yo no te voy a matar. ― contestó con terquedad. No sé, pero siente que somos muy similares y a la vez muy distintos. No la voy a dejar morir. También tengo algo de culpa de que esté aquí. Me da pena, parece muy inocente pensó el peli blanco.
