Capítulo 2.
Confusión.
Los días pasaron volando y a la menor de los Tendo se le veía muy pensativa, distraída y hasta un poco decaída.
Para su prometido era muy extraño verla de esa forma. No discutía, los golpes disminuyeron totalmente y ni hablar de lo molestas que estaban las otras, ahora que no tenía la violencia de su prometida para detener todas las situaciones comprometedoras en las que lo ponían. El chico de la trenza se preguntaba qué sucedía, aunque más se preguntaba si debía o no indagar.
Finalmente, el día donde comenzaban las sesiones de orientación vocacional llegó y Ranma no dudo ni un segundo en exclamar que su futuro era seguir en las artes marciales para convertirse en el mejor y después enseñarles a otros. Sus mejillas se ruborizaron al pensar en decir que eso último pasaría cuando se hiciera cargo del dojo Tendo.
- ¿Y eso es lo que quieres? – Le dijo el hombre de mediana edad que tenía enfrente.
- ¿Ah? ¡Claro! – Le respondió el chico.
- Leí tu expediente, es muy interesante – Ranma alzó una ceja – No todos los días puedo conocer a alguien que ha pasado por un entrenamiento tan inusual por el que tú has pasado. Me siento un poco curioso del que hubieses elegido si tu padre no te entrenaba de esa forma y desde una edad tan temprana – Touya Kinomoto era un hombre adulto que sabía llegar a lo que quería saber.
- ¿A qué se refiere? – Saotome estaba un poco confundido.
- Ranma, ¿has visto alguna profesión que quisieses probar aparte de practicar artes marciales? – El chico negó inmediatamente – ¿Estás seguro? – El de trenza asintió
- Viaje mucho desde pequeño como ya sabe y aunque crea que solo pienso en artes marciales, las cosas no son así, conocí a muchas personas con diferentes profesiones y nada me atrajo tanto como lo que ya hago – El otro asintió comprendiendo que aquello que él temía ya estaba pensado y el chico tenía claro lo que quería – Seré el mejor artista marcial –
- ¡Claro que lo serás! – Le dio ánimos – Nuestra sesión ha terminado Ranma, si tienes alguna duda sobre ello, con toda confianza, las puertas de mi oficina están abiertas para todo estudiante que quiera hablar – El chico asintió y salió de la oficina después de agradecer.
- ¡Akane Tendo! – Escuchó como mencionaban a su prometida para ser la siguiente en entrar a su sesión. La vio entrar en silencio como ha estado en estos últimos días.
Se preguntaba qué era lo que le diría al orientador. Nuevamente, su mente divago y se imaginó que "ser esposa de Ranma Saotome" no era la respuesta que diría, aunque era un hecho que lo sería. Pero, dejando eso de lado, ¿Querría estudiar? ¿Querría ser más hábil en las artes marciales? ¿Estudiar alguna carrera? ¿Trabajar? ¿Qué es lo que quería? Se recargó en la pared pensando en que nunca se puso a pensar en ello y más que nada nunca se daba ese tipo de pláticas con su prometida.
Suspiró y decidió que debía preguntarle cuando la escuela terminara.
Por otro lado, la chica entro a la oficina con una timidez que no era propia de ella. Se sentó viendo su regazo y empezando a sentir miedo.
- Akane Tengo, ¿Cómo te encuentras? –
- Bien, gracias por preguntar – A decir verdad, era la primera vez que se lo preguntaban desde la boda fallida. Lo agradecía mucho, pero eso solo hizo que lo recordara y un pequeño nudo en su garganta comenzó a aparecer.
- No es nada – Le comentó Touya – Leí tu expediente Akane, pero dime, ¿Qué es lo que deseas hacer en un futuro? – La chica se aferró a su vestido al escuchar esa pregunta y comenzó a sentir mucho más malestar del que ya venía sintiendo desde hace días.
- Yo… yo… - Al escuchar el balbuceo de la chica, el hombre se apresuró a tomar el expediente de ella y volver a darle una hojeada.
- Prácticas artes marciales, ¿Desde cuándo? –
- Desde muy pequeña, mi padre me enseñaba – El hombre parpadeó un par de veces ante esa respuesta.
- ¿Ya no lo hace? – La chica sintió como si la golpearan en el estómago. ¿Cuándo habrá sido la última vez que su padre le enseñó algo nuevo?
- No… practicamos juntos algunas veces, pero desde que… - Desde que su prometido llegó ya no practicaban juntos y de hecho ella ya no practicaba como antes tampoco. Supuso que ya no era necesario, si Ranma será quien se hará cargo del Dojo – Ya me enseñó todo lo que sabía –
- Ya veo y ¿Quieres seguir aprendiendo? ¿Has pensado en asistir a alguna escuela de artes marciales profesional?, o ¿estás interesada en algo más? – Akane se ruborizó de la vergüenza. Decir que será ama de casa era vergonzoso y humillante para ella. Consideraba que tenía potencial para otra cosa, aunque no tenía ni idea de que – Estuve viendo tus calificaciones, son buenas… de hecho eran excelentes hasta hace dos años, bajaron un poco, aunque no mucho… no creo que tengas problema en encontrar lugar en alguna universidad, que no te preocupe eso –
Akane abrió los ojos y se quedó pensativa. Hace dos años fue cuando su vida comenzó a cambiar gracias a la llegada del chico de la trenza. No puso atención a sus calificaciones hasta ahora que lo mencionaban. De hecho, no había puesto atención a nada de la escuela desde entonces y hasta ahora que la realidad le estaba pegando duro, se daba cuenta de que descuidó por completo esa parte de su vida. También descuidó su crecimiento en las artes marciales y no avanzó absolutamente nada en ser ama de casa.
Descuidó todo y no avanzó en nada.
Se la pasó persiguiendo a un chico durante esos dos años. Sintiendo fuerte cualquier sentimiento que le causaban las palabras o acciones de su prometido. Y, aun así, nunca obtuvo ni un poco de respeto como persona o prometida.
Sus ojos se llenaron de lágrimas y sollozó. El profesor se quedó paralizado, no sabía qué punto delicado fue el que tocó. Con cuidado alcanzó un pañuelo y se lo pasó.
- Tranquila Akane – Le sonrió mientras le ponía el pañuelo en su mano. Ella procedió a limpiarse las lágrimas y a intentar calmarse – Es muy normal estar confundida por el futuro, pero no te preocupes, eres completamente libre de hacer lo que quieras y no te presiones… eres muy joven y tienes toda tu vida por delante – Lejos de arreglarlo, eso solo le hizo ver que en realidad no era libre, tenía que casarse y procrear. Al igual que no tenía toda su vida, tenía tan solo unos cuantos años para hacer lo que quiere antes de casarse. Su llanto se intensificó.
El orientador no sabía qué pasaba, de igual manera no dudo ni un minuto en sentarse a su lado y acompañarla en su tormenta. Supuso que por el momento era lo que necesitaba, desahogarse.
