Capítulo 3.

Desconocido.


"Todos llegamos a esa edad en que nos preguntamos si el lugar en donde estamos es realmente el lugar donde debemos estar, es completamente normal"

Debía admitir que la conversación con el orientador le ayudó. La tormenta y preocupación seguían ahí, pero con menos intensidad. Se sentía un poco más calmada y animada. Y el hecho de saber que tal vez esto les pasaba a todos la puso a pensar un tiempo, miro a su alrededor para observar a sus compañeros de clase y se preguntó si tenían las mismas inquietudes en cuanto al futuro como ella. Su mirada se detuvo en su prometido, ¿Qué pensaría él? ¿Estaría igual? ¿Qué pensaría sobre su futuro y más que nada sobre un futuro juntos? Esas y más cuestiones se hacía la chica cuando de repente Shampoo apareció y se abrazó a su prometido restregándole los pechos en la cara.

El joven de la trenza rápidamente se enrojeció y quiso apartarse, pero no podía, su mirada busco rápidamente a su prometida en busca de su reacción y efectivamente ahí estaba. Lo miraba con unos ojos que echaban fuego y entonces intentó apartarse con más ganas.

- Shampoo vamos, quítate – La mujer hizo totalmente lo contrario y aferró más la cabeza del chico entre sus pechos.

- Eres mi prometido, es normal que estemos así de cerca – La de cabello morado echó un vistazo a su rival en el amor y se llevó una gran sorpresa cuando vio que ella solo los observaba. Sin mover un solo músculo de su cuerpo, incluso en su mirada no había enojo como otras ocasiones – oh… - Aflojó un poco su agarre y se dirigió hacia la chica.

- Akane Tendo – Todos voltearon a ver la puerta del salón, una chica de otro salón recién abría la puerta totalmente ajena a lo que sucedía.

- ¿Si? – Respondió la menor de los Tendo.

- El orientador quiere verte ahora – La ceja del chico de la trenza se arqueó suspicaz. ¿Para qué?

- De acuerdo, gracias – Respondió la protagonista del momento y solo recogió sus cosas para poder ir.

- ¡Akane! – el chico de la trenza estaba con sentimientos encontrados sobre la reunión de su prometida con el orientador. ¿Para qué la quiere ver ahora? Las sesiones están establecidas y hoy no había para nadie - ¿A dónde vas? Tenemos que volver, Kasumi dijo que… - Pero no tenía nada más que decir. Por más que intentaba recordar, la mayor de los Tendo no dijo algo que los hiciera volver después de la escuela.

- Estaré en casa a tiempo Ranma – Eso fue lo último que se escuchó de la chica antes e irse del salón.

- Vaya – Saotome volteó a ver a Shampoo – Tal parece que pronto Akane ya no será obstáculo para casarnos – Eso solo hizo que el chico sintiera un escalofrío en toda su espina dorsal, sin querer le dio en el orgullo y en su inseguridad que aún estaba palpable.


Akane caminó con nerviosismo hacia la oficina del profesor Touya. Agradecía que le hubiese hablado porque se salvó de una escena de las que ya no quería ser participe, pero, también sentía mucha vergüenza de volver a verlo después de semejante espectáculo que armó. Aún recordaba su expresión de compasión y se quería golpear por la situación en que lo puso ese día.

Suspiró y se dijo que debía afrontarlo. Tocó varias veces y abrió la puerta después de escuchar la afirmación del hombre adentro.

- Buenas tardes – Saludó la chica. Él le sonrió.

- Hola Akane, buenas tardes, siéntate por favor – Ella hizo caso - ¿Cómo te encuentras? –

- Bien – apretó su maletín – Mejor – Se agachó con vergüenza

- Me alegra escuchar eso, a veces solo es necesario tomarnos un tiempo para llorar y dejar salir todo – La chica asintió. Lo sabía perfectamente, le había pasado aquella vez con el doctor Tofu. El que le pasara nuevamente, solo le decía que al parecer no era tan fuerte como creía – Escucha, estuve pensando en ti estos días y te cite para decirte algo importante…

"No estás sola en esto"

- Eh – Ella solo emitió ese sonido. La frase le había pegado fuerte y duro en su cabeza y corazón. De todas las personas que tenía cerca, no podía creer que escuchaba eso de una persona que apenas y conocía. Pasó saliva ignorando el palpitar de su corazón, debía ser porque es su trabajo, no porque realmente le interese.

- A veces es difícil hablar de lo que nos está pasando, a lo que le tememos o de las preocupaciones que nos carcomen la mente, es normal, todos esos pensamientos son parte de crecer – Le comentó el profesor – Sé que tienes personas que te quieren y seguro están dispuestas a escucharte y aconsejarte… y a pesar de que soy una persona que recién entra en tu vida, quiero decirte que también yo lo puedo hacer Akane –

- Es que yo… - La menor quiso detenerlo, a decir verdad, no tomaría esa opción. Supuso que confiaba más en otras personas antes que en él.

- Lo sé, lo sé – Se apresuró a tomar un papel y una pluma – Te daré el número de mi casa por si quieres hablar con alguien y decides que ese alguien sea yo – Le pasó el dato y la chica lo tomó.

- Gracias –

- Akane – Ella lo miró – No te preocupes tanto, las cosas siempre se acomodan a lo que debe ser -


Ranma se encontraba en el techo de la residencia Tendo esperando a que llegara su prometida a casa. Su pierna se movía insistentemente por lo inquieto que le ponía que aún no llegara.

- Que era tan importante como para sacarla de clases y entretenerla tanto – Se preguntaba a sí mismo sin querer pensar en todas las posibles respuestas. A lo lejos pudo ver como la chica caminaba lentamente hacia la residencia – ¡Por fin! – Esperó alrededor de 10 segundos y luego comenzó a saltar por los techos – Porque camina tan lento –

La chica, por otro lado, caminaba perdida en sus pensamientos, miraba el cielo gris y se preguntaba si llovería pronto. Traía unas ganas tremendas de que le tomara desprevenida y poder tomar una caminata bajo la lluvia. Se detuvo de repente preguntándose si ese es un sentimiento normal y si lo estaría pensando alguna otra persona en el mundo, como le había dicho el orientador. Miró por décima vez el papel en su mano y se preguntó si le ayudaría hablar con él o si podía buscar otro alguien que la conozca un poco más. Quizá ayudaba el hecho de que la conocieran de años como sus hermanas o amigas, pero ¿Tenía la valentía para acercarse a ellas y decirles que algo sucedía? Debía pensar en quien podría escucharla.

- ¿Qué? – La menor de los Tendo se exaltó y miró a un lado donde escuchó la voz de su prometido - ¿Por qué ese profesor te dio su número? – Las cejas del chico estaban totalmente fruncidas – Akane no me digas que ese profesor es tu tipo de hombre – Aunque era una frase para provocarla, el chico tenía presente que podía pasar. Tal vez y sus gustos eran los hombres mayores, después de todo ya antes se había interesado en uno.

- ¡Claro que no! – Le gritó la chica – Es… otra cosa – su humor cambió.

- ¿Entonces? – Ella lo miró, preguntándose si entendería. Tal vez podría contárselo a Ranma, quizá y era la única persona que podría comprenderla porque estaba en su misma situación.

- Pues… hay un problema con mis asesorías, verás yo… -

- Deja de tomarlas entonces – Le cortó tajante el chico de la trenza – No son necesarias, sabes lo que harás de todas formas… tenemos la responsabilidad de llevar el dojo, ¿verdad? – Ella se quedó callada con un sentimiento de decepción creciendo en su pecho – Vamos, tira eso y vamos a casa – Se dio la vuelta y comenzó a caminar de regreso.

- Si… - Le comentó la chica sin poder creer que no podía hablar con la persona que sería su esposo. Extendió su mano hacia el basurero para tirar el papel, pero, dudó.

Su ceño se frunció, si esto hubiese sido meses atrás, probablemente estaría emocionada porque Ranma insinuó que se casaría con ella. Pero en ese momento no se sentía así, ella quería hablar seriamente y a él no le interesó. Si se casaban ¿Sería así siempre? ¿Sin poder expresar lo que piensa o siente? ¿De verdad ella se conformaba con tan poco?

La respuesta era no. Un no rotundo.

Regresó su mano y guardó el papel en su maletín. Quizá era mejor hablar con un completo desconocido.