Letra cursiva: Fragmentos de recuerdos.
Capítulo 5
Danza del vientre
—¡Vamos, Akane!... Vamos tarde. —Yuka sujetaba la mano de su amiga mientras la guiaba por el edificio—. Es aquí.
La chica eligió una sala entre todas las que había en el edificio. Al entrar, todo estaba en silencio y en completa penumbra. Pasaron entre las filas disculpándose con las personas ya sentadas, y poco después comenzó el juego de luces junto con una canción desconocida para el par de chicas.
—Estos son los nuestros —susurró Yuka con alivio—. Pensé que no lo lograríamos. Por poco Tomoyo nos mataba.
Akane se rió entre jadeos por la prisa con la que había llegado.
Después de un tiempo, el evento dio inicio. Las chicas, con diferentes vestuarios, comenzaron a aparecer en el escenario y, entre ellas, la pequeña Tomoyo, hermana de Yuka. Le hicieron un leve saludo y ella les sonrió, mostrando su dentadura ligeramente desigual.
—¿Bailará ballet con ese vestuario? —preguntó Akane, intrigada.
—No, claro que no —le susurró Yuka—. Dejó el ballet para unirse a una clase de danza del vientre.
Akane parpadeó un par de veces sin comprender del todo qué era aquello que su amiga mencionaba. Yuka se rió entre dientes.
—Es un baile un poco extraño, pero… ya verás, es lindo. Me da un poco de envidia por la forma en que se mueve.
Volvió su vista al evento y Akane no preguntó más.
El evento al que Yuka la había invitada era una pequeña ceremonia que marcaba el cierre del primer semestre de la escuela de baile. Kaho Mizuki, la directora de dicha escuela, al parecer era una excelente bailarina profesional. Si bien era japonesa, solo llevaba dos años viviendo en su lugar de nacimiento, pero ese tiempo le había bastado para lograr lo que veían en ese momento.
Las chicas comenzaron a presenciar los diferentes bailes, hermosas coreografías que evidenciaban el talento y el arduo trabajo de quienes las presentaban. Akane estaba maravillada por lo que veía. Entre canciones conocidas, extranjeras y otras completamente nuevas para ella, un pequeño sentimiento comenzó a crecer en su pecho: la emoción.
Coreografías de K-pop, ballet, baile tradicional y luego los bailes extranjeros: bachata, tango, salsa, merengue, Bollywood y Belly Dance.
Si bien todos los estilos tenían un encanto particular que fascinaba y sorprendía al público, ninguno logró captar tanto la atención como el último. Nunca antes se vio tanta piel en un espectáculo, lo que provocó cierto rechazo en algunos espectadores. Sin embargo, Akane estaba extasiada. Cada expresión, cada movimiento y, con ellos, la agitación del precioso vestuario era… simplemente maravilloso.
¡Quién diría que hasta el cabello podría embelesar!
—Yo… —Akane, con los ojos brillantes, volteó a ver a su amiga—. ¡Quiero bailar así!
Algo en su interior despertó en ese momento, un gran deseo de moverse de la misma forma.
Akane observa el estudio de danza con cierta ansiedad. Sus dedos temblaban sobre la inscripción. Por un instante, recordó la primera vez que vio aquel baile. Respir hondo y volvi al presente.
La directora anunció la finalización del papeleo, la feliz por animarse a comenzar algo nuevo y le aseguró que no se arrepentiría.
—Muchas gracias —respondió Akane, un poco tímida.
—Al contrario, gracias a ti… Sé que esta escuela será mucho mejor contando con tu talento.
La mujer le extendió la mano y la chica Tendo la tomó.
