Frío Absoluto
Estuve esperando.
Desde que nos reunió como los 7 sabios, con usted como el líder de todos, hasta cuando coronó al joven N como el rey y líder del Equipo Plasma, todo para manipularlo y conseguir el poder del pokémon legendario Zekrom y hacernos con todos los pokémon de Unova para poder someter al mundo.
Lástima que nuestros planes fueron arruinados por una pareja de jóvenes entrometidos de la región, que derrotaron al joven N con la ayuda del pokémon legendario Reshiram, además de derrotarlo a usted y a su temible Hydreigon, sorprendiendo a todos los soldados.
Pese a todo eso, yo espere.
Habían pasado 2 años y el Equipo Plasma resurgió y tenía un rol más importante, uno que en verdad merecía.
Ya no se encontraba el joven N ni la pareja de jóvenes con ambos pokémon legendarios, pero aun así surgieron otros mocosos que se estaban entrometiendo en nuestros nuevos planes.
También nos ayudaba un científico cuyo único objetivo era la experimentación, mas era alguien útil para la organización.
Recuerdo que usted me decía que me faltaba iniciativa y ambición, mentalidad de querer ser alguien más, razón por la cual era un simple lacayo que tenía que decir frases pseudointelectuales.
Usted tenía razón, a medias.
La verdad es que yo estaba esperando la oportunidad para traicionarlo y hacerme con el control del Equipo Plasma, o al menos tener un poco más de poder en la organización.
Desde que usted formó el equipo, con su orgullosa forma de ser, quería derrocarlo, destronarlo de esa trono de arrogancia y ambición para yo sentarme en él.
Incluso cuando me enteré de que había adoptado a un niño capaz de comprender a los pokémon, y que, además, iba a convertirse en el futuro líder y rey del Equipo Plasma, de inmediato se me vino a la mente que tenía que matar a ese infante de una buena vez mientras dormía.
No lo hice, ya que resultaría sospechoso, y porque tenía a otros 3 mocosos que eran provenientes de Johto que lo protegían bajo las órdenes de usted, Ghetsis.
Pero al final el que triunfó fui yo, más o menos.
En medio del disturbio en Ciudad Caolín, mientras usted intentaba escapar, yo informe a la Policía Internacional de su paradero, informando además de que usted llevaba consigo un objeto peligroso, toda una mentira.
Verlo tirado en el suelo en un charco de su propia sangre fue una de las cosas más placenteras que puede acontecer, incluso más que congelar Ciudad Caolín, a sus habitantes humanos y a los dragones.
Sin embargo, mi victoria no duró mucho.
La Policía Internacional me arrestó junto al único sobreviviente del Trío Sombrío, en esta prisión rodeado de otros fenómenos e inútiles delincuentes del resto del mundo.
Este cuarto en el que estoy es incómodo, tengo frío a cada rato, no me devolvieron mi traje térmico y la comida es un asco.
Tal vez, ser solo un lacayo, no era tan malo después de todo.
