Capítulo 1: Días Artificiales
Cuando Hinata abrió los ojos en la mañana, el día se sentía común, esa sensación de que todo sigue igual. A veces deseaba despertar y sentir aquellas mariposas en el estómago, un salto en el corazón, la ansiedad por algo nuevo o solamentealgo, que indicase que el día sería diferente, sin embargo, se sentía como una mañana cualquiera: aburrida, previsible.
Repetía a sí misma todos los días que su trabajo era temporal. Cuando se graduó de la universidad, pensó que conseguiría un empleo suficientemente bueno para vivir sola. El seguir viviendo en la casa de su padre era la prueba de que claramente no lo había conseguido. A pesar de mandar currículos todos los días, no había recibido ninguna respuesta positiva. No era de extrañar; con la inteligencia artificial cada vez más avanzada, el trabajo humano empezaba a ser escaso.¿Cuál era el punto de levantarse de la cama?
- Buenos días Hinata. Son nueve y media de la mañana.
La voz robótica con un tono femenino llenó la habitación. Akamaru levanto las orejas. La voz siguió:
- Buenos días Akamaru, la puerta del patio está abierta.
Movió la cola feliz y saltó de la cama en dirección al patio. Akamaru fue un perrito que un día apareció en su terraza. No tenía chip, y ella lo metió en casa. Fueron semanas de tira y afloja con su padre para dejarlo quedarse. Por una extraña razón, le hacía recordar a un viejo amigo que dejó atrás en laseparación, hasta que finalmente lo convenció.
La separación fue un momento triste de la historia, donde se decidió el futuro de muchas personas. Su mamá no fue la excepción; aunque estaba embarazada, decidieron que no era digna de quedarse. Su papá, desde entonces, trabajaba día y noche, a veces en la torre del Hokage, a veces en la habitación que había transformado en su oficina.
- Hikari abre las ventanas, por favor.
- Abriendo ventanas. Respondió la voz robótica.
Cuando los rayos de luz artificial invadieron la habitación, Hinata se levantó y caminó hasta la ventana. Veinte años habían pasado, y ya no se acordaba de cómo se sentían los rayos del sol. Quizás se sentían cálidos, no estaba segura. La memoria es algo traicionero; cada día que pasaba, el rostro de su mamá desaparecía, también los recuerdos de su corto periodo de vida en la Tierra. Esta plataforma flotante era su nuevo hogar, con sus plantas alimentadas por luces artificiales, autos voladores y máquinas para servir. De hecho, era la propaganda política que sonaba en todos lados: "Por y para una mejor vida". Inconscientemente, tocó el brazalete en su muñeca derecha. Trataba de no pensar tanto en eso; no quería que algún pensamiento traicionero terminara cayendo en oídos equivocados. La vida que tenía no era la ideal, pero tampoco quería probar su suerte en la antigua Tierra.
Saliendo de su habitación, había dos puertas en el pasillo: a la izquierda, la puerta que llevaba al sótano, y a la derecha, la oficina de su padre. Distinta a las demás puertas de la casa, la oficina era una puerta de seguridad, de acero brillante, sin manija, solamente un lector facial, tallado en el acero: "Dr. Hiashi Hyuuga". Hiashi fue reclutado por el Hokage de la nueva Konoha; su trabajo era confidencial. Cuando era pequeña, una vez, en un descuido de su padre, pudo ver dentro de su oficina. Parecía una habitación de hospital, pero mucho más no recordaba. La puerta siempre estaba cerrada y su padre nunca hablaba de su trabajo.
Siguiendo por el pasillo, se abría un espacio amplio y luminoso: el living, con un sillón blanco y una hamaca grande colgada del cielorraso. En frente, una pantalla de reproducción. Detrás de la hamaca, puertas y ventanas daban al patio, con un césped verde,demasiado verde, y floresmuycoloridas. Todo era tan artificial. Si la memoria no le traicionaba, algo recordaba de cuando era pequeña: un gran árbol en su antigua casa en la Tierra, el jardín de flores de su mamá, con un pequeño estanque y peces. Pero todo eso se terminó cuando la plataforma se elevó en el cielo y la Tierra quedó teñida de gris y ceniza. Pestañó y busco con la mirada a Akamaru, lo encontró de panza arriba en el jardín, moviéndose de un lado al otro y rascándose la espalda. Claramente, a él no le afectaba la artificialidad.
Al lado del living había una amplia cocina, y en vez de una mesa, una gran isla con banquetas. Toda la casa se sentía impersonal, fría.
- Hinata, ¿te gustaría ver las opciones de desayuno?
- No, lo de siempre, por favor.
El olor a café invadió la cocina y la tostadora sonó. Hinata buscó su taza de café y las tostadas. Se sentó en una banqueta y comió en silencio. Un día común. Cuando terminó, se acercó al lavajilla y vio una taza adentro. Raro.
- Hikari, ¿papá pasó la noche en casa?
- Positivo Hinata. Respondió la voz.
- ¿Y ya se fue?
- Sí, el doctor Hiashi llegó a las once de la noche y a las cuatro de la mañana se fue.
- ¿Me dejó alguna nota?
- Negativo, Hinata.
La comunicación de Hinata y su padre, la mayor parte del tiempo, se daba a través de notas que transmitía Hikari. Al principio, Hinata se preocupaba, pero ahora sentía que le importaba cada vez menos.
El transcurso del día, fue según la rutina: entrenó en el gimnasio del sótano, más tarde mandó currículos. Para el mediodía, Hikari anunció que el almuerzo estaba listo, donde comió en silencio en la gran isla, con Akamaru en el comedero a su lado. Un poco de televisión, una siesta, hasta que Hikari anunció que Ino había llegado. Salió de casa por la terraza y su compañera la esperaba con una sonrisa. Su pelo rubio se balanceó de un lado al otro cuando agitó su mano para saludar a Hinata desde los cachetes colorados Hinata le devolvió la sonrisa.
- Un hermoso día ¿no? - Preguntó abrazándola.
- Como todos los días.
Los días podrían considerarse hermosos realmente, dentro del gran domus que conservaba la vida. No había malos días: luces brillantes durante el día y por la noche, esa leve brisa y brillantes estrellas, como un eterno verano. A Hinata todo le sentaba artificial: las luces, el viento, la temperatura. Pero en público, siempre agradecida por seguir viva.
El esposo de su compañera tenía un buen cargo en la torre del Hokage. Una vez, Hinata le preguntó por qué Ino se sujetaba a trabajar en la fábrica cuando tranquilamente podría disfrutar de pasar el día en casa con sus hijos. Ella contestó que le gustaría dar un ejemplo de esfuerzo a sus hijos y, de paso, mantener activa su mente. Digamos que estar limpiando y apretando botones no era lo que Hinata consideraba trabajar la mente, pero en el fondo la entendía. Quizás ella también sentía sus días aburridos, aunque nunca hablaron sobre eso.
El auto de Ino era de lujo y destacaba en el estacionamiento de los empleados. Y ahí estaban, pasando el brazalete para marcar su llegada: el turno de la noche. Con mamelucos puestos, cada una fue hacia donde le indicaba el brazalete. El trabajo era rotativo. Eran siete horas de trabajo, una jornada reducida debido a la insalubridad. Dios, solo quería que terminara.
De nuevo en la puerta, pasaba el brazalete, "hasta mañana Hinata", dijo la voz robotica. Ino la esperaba en el estacionamiento, estirando los brazos esperezando, cuando se acerca Hinata entran al auto en silencio.
- Hina, ¿nunca pensaste en pedirle a tu papá que te consiga un trabajo de arquitecta en la torre?
- ¿Y dejarte sola en esta miseria?
Ino se rió. Obvio que Hinata ya lo había pensado, no solo lo pensó, se lo pidió. La respuesta de su padre fue que en la torre no había espacio para incompetentes. No diría eso a su amiga.
- Y tú, Ino? Seguro que Sai te puede conseguir algo mucho mejor que esto.
- Bueno... Para ser sincera, tengo un sueño. Sai me dice que no voy a poder. No lo malinterpretes, nos amamos mucho, pero a sus ojos es imposible. Por eso quiero ahorrar y apostar por este sueño. Es tonto, ¿no? - Sus ojos azules brillaron. Hinata sintió una calidez en el pecho. Llevo la mano al corazón y negó con la cabeza.
- Si es tu sueño no es tonto. Sea lo que sea, si alguien puede conseguir, esa persona eres tú.
- Gracias Hina, sos un amor, tengo mucha suerte en tenerte. Yo también espero que pronto consigas un trabajo mejor. - Era lindo escuchar la sinceridad. De verdad apreciaba mucho a Ino.
El camino siguió con una conversación amena, cuando el auto frenó en la terraza Hyuuga. Akamaru ya estaba sentado, moviendo la cola de un lado a otro. Cuando lo vio, corrió y le saltó. Hinata saludó a su amiga y entró a la casa. Ya era madrugada y quería dormir. Esta semana le tocaba el turno de noche y siempre se sentía extremadamente cansada. En el camino hacia su habitación, inevitablemente pasó frente a la oficina de su padre y escuchó un ruidofuerte.
Fregó los ojos, no sabía si era su imaginación. Buscó a Akamaru, que estaba comiendo en la cocina. Frunció el ceño y se acercó a la puerta de acero. Una voz de hombre, pero no era la de supadre.
Sus pies la llevaron hasta su habitación, una vez adentro preguntó bajito:
- Hikari, ¿papá volvió a casa hoy?
- Negativo.
- ¿Quién está en su oficina?
- Esta información es confidencial.
Cierto... Así que si había alguien ahí, no era su imaginación. Otro ruido. ¿Un grito talvez? Era difícil saber, la gruesa puerta y la posible aislación acústica que tenía la oficina no dejaba escuchar con claridad.
En su brazalete marcaba 2:30 de la mañana, se sacó las zapatillas y acostó en la cama, con los ojos cerrados, en la oscuridad, trataba de enfocar sus oídos a eses ruidos. Pero fueron disminuyendo, no sabía al cierto si cesaron o simplemente el sueño la venció.
Un ladrido de Akamaru la despertó. 4:30 de la mañana. Era su padre. Hinata se paró en el pasillo cerca de su oficina, con los brazos cruzados. Apareció en las sombras Hiashi con una mano frotando la cabeza de Akamaru que caminaba contento a su lado y debajo del otro brazo, una caja de cartón.
- Buenas noches papá.
- Por Dios. - Se paró en seco llevando la mano libre al corazón. - ¿Qué haces despierta?
- Esperándote. Lo que sea que tienes ahí adentro estuvo haciendo ruido y no pude dormir. - Apuntó con la cabeza a la puerta de la oficina.
Por un momento los ojos claros de Hiashi se abrieron. Hinata lo notó, fue un segundo. A cualquier otra persona no lo hubiera visto, pero con los años, ella aprendió a leer e interpretar cada movimiento de su padre. Qué decir... No eran una familia de muchas palabras.
Otro ruido extraño dentro de la oficina hizo que padre e hija se miraran. Hiashi endureció la mirada.
- No hay nada ahí, vuelve a dormir. - Antes de que Hinata pudiera responder, el ruido del escáner confirmó la identidad del doctor Hiashi. Ella retrocedió, abrió la boca para contestar, pero su padre ya estaba encerrado dentro de la oficina y ella quedó sola en el pasillo. Quería cuestionar: ¿Por qué la caja con sedantes? ¿Por qué ocultaba a alguien en su oficina? ¿Qué estaba pasando?
Cuando Hinata volvió a su habitación, los ruidos ya no se escuchaban. El silencio, tan común en la casa Hyuuga, se hizo presente. Volvió a tirarse en la cama, esta vez acompañada de Akamaru.
Estiró el brazo derecho mirando al puto brazalete. Hinata no era una persona que sentía odio; en realidad, la mayor parte del tiempo sentía aburrimiento, pocas ganas de vivir, pero odio... No, era un sentimiento demasiado fuerte. Los Hyuuga no tenían permitido tales sentimientos. Nunca había amado hasta morir, sentido felicidad que no le cabía o tristeza hasta inundarse. Tal vez, cuando su madre fue llevada, sintió algo, pero su padre la miró y dijo que los Hyuuga no lloraban.
Pero esa noche, sintió odio. Por primera vez, algo tan fuerte que le hizo sonrojarse. Cerró el puño. Odiaba no saber, sentirse inútil, vivir sola, que su padre la mirara con tanto desprecio, como si fuera estúpida. Odio. Odio. Odio.
Cboffo: Holis a todes! Espero que hayan disfrutado! Este cap. fue una pequeña introducción a este nuevo mundo y los sentimientos de Hinata, el proximo adivina quien aparece? juju
Saluditos!
