Notas de autora: ¡Hola a todos! Antes de dejarlos leer, quiero agradecerle infinitamente a Arianne Luna por haber comentado el capítulo anterior. Ahora sí, espero que disfruten la lectura.

Advertencias: el capítulo está escrito desde el POV (point of view = punto de vista) de Draco. El capítulo contiene escenas de violencia y muerte.


11 de enero de 2011

No tengo idea de cuánto tiempo paso de esta forma, llorando sin consuelo alguno y destruyendo todo lo que encuentro en mi campo de visión debido a la frustración que siento, pero sí sé que ha sido el suficiente como para que el cielo se haya vuelto completamente oscuro afuera. Un suspiro desganado escapa de mi boca y me digo a mí mismo que este momento de debilidad ya se ha extendido más de lo debido, es hora de volver a poner en marcha mi plan. Es hora de terminar con esta pesadilla de una vez por todas.

Sin volver a dirigirle una sola mirada más al salón completamente destruido que dejo detrás, me desaparezco hacia mi apartamento, sin embargo, sólo consigo permanecer unos pocos segundos de pie en la sala de estar porque, de repente, siento arcadas y una necesidad incontrolable de vomitar. Sin perder tiempo, me apresuro a ir al baño y descargo todo el contenido inexistente de mi estómago. Al parecer, estar parado en este apartamento que hasta hace pocas horas atrás todavía compartía con Harry y que tantos recuerdos felices me trae, es suficiente para hacerme sentir náuseas, náuseas que son producidas por la culpa y el odio que siento por lo que me vi obligado a hacer. Un picor insoportable se apodera de cada fragmento de mi piel, y sin poder evitarlo, me siento completamente sucio. El recuerdo de lo que me vi forzado a hacer con Nott para obtener la ubicación de Weasley es suficiente para dejarme con una sensación de asco hacia mí mismo, es casi lo mismo que sentiría de estar cubierto por mocos de gusarajo. Sin poder soportar ni un segundo más esta sensación, me obligo a reunir fuerzas para levantarme del lugar en el que estoy sentado junto al inodoro, y después de jalar de la cadena para deshacerme de todo el vómito, me levanto y dirijo a la ducha. Una vez que me quito la ropa, me meto dentro de la ducha y dejo que el agua casi hirviendo destierre esa sensación de suciedad que tanto malestar me produce.

No sé cuánto tiempo paso en esta ducha que parece una especie de tortura, pero es más que suficiente para retirar gran parte de esta sensación que no me deja respirar con normalidad. Mi piel comienza a ponerse muy sensible y enrojecida, pero sigo debajo de la ducha durante unos minutos más para terminar de quitar de mi mente esa sensación de suciedad que todavía percibo recorriendo cada poro de mi piel. Una vez que consigo aclarar mis pensamientos y entierro cualquier recuerdo de lo ocurrido en un rincón apartado de mi mente, salgo de la ducha y me seco. Luego, lavo mis dientes para quitarme el gusto ácido del vómito, y una vez que me encuentro completamente limpio, voy al dormitorio y me visto con prendas de color negro para poder camuflarme con facilidad en la oscuridad, después de todo, necesitaré toda la ventaja que pueda obtener para derrotar a Weasley en su propio territorio. Termino de abrochar mi abrigo y voy hacia el espejo para observar el resultado, y lo que veo me deja sorprendido y algo asustado. Si debo ser honesto conmigo mismo, no reconozco del todo al hombre que me es devuelto en el reflejo. Mis ojos están hundidos y tienen grandes bolsas debajo de ellos como producto de las ojeras que tengo, mi piel luce deslucida a pesar de haber estado bajo el agua caliente durante más tiempo del que es saludable, y mi expresión grita a los cuatro vientos el cansancio extremo que estoy sintiendo; sin embargo, nada de esto es lo que más me perturba. No, lo que me deja temblando de terror es esa sensación que siento recorrerme de pies a cabeza, esa premonición de que algo muy malo va a ocurrir y que, si bien tengo la certeza de que conseguiré deshacerme de Weasley de una vez por todas, eso no evita que tenga este extraño presentimiento de que esta vez no podré sobrevivir. Y por mucho que me niegue a creer en esto, no puedo ocultar el hecho de que mis presentimientos, de una forma u otra, siempre terminan cumpliéndose al final.

Un suspiro desganado escapa de mi boca ante este pensamiento, pero me obligo a apartarlo de mi mente y vuelvo a enfocar mi atención en lo que es realmente importante, continuar con mi plan. Habiendo encaminado mi mente nuevamente, tomo la carta que Nott me dio con la información de Weasley y la añado a la pizarra. Observo con incredulidad la dirección donde, según Nott, Weasley está escondiéndose, y no puedo evitar volver a pensar que, si de hecho ella se encuentra en este lugar, el escondite que eligió es casi perfecto; porque sí, por mucho que me pese admitirlo, Weasley ha sido completamente astuta al respecto y eligió un lugar en el que a nadie en su sano juicio se le hubiera ocurrido buscar, a nadie excepto a Nott, pero como él no es el mejor ejemplo de lo que representa ser alguien cuerdo, tiene sentido que haya sido justamente Nott el único capaz de haber descubierto este secreto.

Mis ojos vuelven a releer la dirección de la casa que tengo frente a mí, la cual solía pertenecer a Barty Crouch Sr., y nuevamente me pregunto cómo se le pudo ocurrir a Weasley esconderse allí. La única explicación coherente a la que puedo arribar es que Percy Weasley está ayudándola y le propuso esconderse en esta casa abandonada que solía pertenecer a su ex jefe, sin embargo, mis sospechas no parecen ser del todo ciertas porque Harry hubiera sabido si Percy estaba ayudando a su hermana. No, ciertamente hay algo más detrás de esto. Quizás la perra de Weasley le pidió ayuda a su hermano, y para evitar que este último la delate, le borró esos recuerdos de su mente. Sí, eso parece ser una posibilidad bastante plausible, después de todo, no sería la primera vez que la chica Weasley juega con la mente de las personas, y yo soy un claro ejemplo de ello.

Sí, puede que eso sea lo que ocurrió, puede que esa sea la forma en la que Weasley terminó escondiéndose en la que solía ser la casa de Barty Crouch Sr., o puede que no lo sea y la explicación sea otra. Sea cual sea el motivo por el que Weasley terminó escondiéndose allí, lo único que realmente debe importarme es que ella se encuentra allí. Mis ojos vuelven a posarse en la fotografía de Harry y no puedo evitar extender mi mano hacia su rostro y acariciarlo. El Harry de la fotografía se gira y me sonríe con esa expresión cargada de amor, y eso es lo único que necesito ver para terminar de convencerme de que este es el camino a seguir. Desafortunadamente, esta determinación que estoy sintiendo no hace nada para eliminar el fuerte dolor que siento en mi pecho, uno que es similar al que percibiría de tener un hierro clavado en mi corazón, y junto a este dolor, también percibo un sentimiento abrumador que me dice que, esta vez, no podré sobrevivir. No tengo idea de dónde provienen estos presentimientos, sólo sé que hay algo que está haciendo sonar todas las alarmas dentro de mi mente, hay algo que me asegura que este será definitivamente mi final; y aun sabiendo esto, incluso teniendo la certeza de que mis premoniciones siempre suelen estar acertadas, aun así, no doy marcha atrás y sigo decidido a seguir el plan hasta el final. Alguien tiene que detener esta pesadilla de una vez por todas, y ese voy a ser yo, cueste lo que cueste.

Habiendo tomado la decisión, me encargo de confirmar que tengo todo lo que necesito, de que todo se encuentra en su lugar, desafortunadamente, soy interrumpido cuando escucho encenderse la chimenea y a alguien atravesando mis protecciones. Teniendo la certeza de que ese tiene que ser Blaise, salgo del dormitorio y me dirijo a la sala de estar para encontrarme con él; y cuando llego a la sala, mis suposiciones se confirman en el momento que aparece frente a mí la alta figura de mi mejor amigo.

─Entonces, ¿está hecho? ¿El imbécil te dio lo que necesitabas?

Cierro los ojos con fuerza para intentar borrar de mi mente lo que me vi forzado a hacer con Nott sólo para obtener una jodida ubicación, y cuando creo que seré capaz de no vomitar sobre la alfombra de la sala de estar, los vuelvo a abrir y asiento hacia Blaise.

─Sí, está hecho.

Blaise me observa con tanta lástima que siento mis puños cerrarse con irritación, pero, afortunadamente, él decide no insistir en nada de ello y, por el contrario, suelta una pregunta que vuelve a traer a colación la gran determinación que siento correr por mi mente.

─Bueno, ¿y ahora qué?

─Ahora me desharé de esa perra de una vez por todas.

Mi rostro debe haberse llenado de una determinación tan grande, una que jamás he sentido a lo largo de mi vida, porque Blaise me observa con cautela y algo de inquietud. Finalmente, mi amigo parece salir de su estado de estupor y me brinda una propuesta que me deja con una sensación agradable en el pecho. Realmente no podría haber pedido un mejor amigo que él.

─¿Quieres que vaya contigo? Puedo ayudarte a deshacer del cuerpo.

─No. Gracias, Blaise. Tengo esto cubierto. Tú sólo...

Pero Blaise me interrumpe antes de que pueda terminar mi petición al colocar una de sus manos sobre mi hombro derecho, y luego de regalarme una de sus sonrisas afectuosas, dice: ─Lo sé, no tienes que decírmelo. Me quedaré cuidando de tu gatito, pero, aun así, me preocupa que vayas solo. Esa perra ha demostrado ser muy lista y peligrosa. ¿Cómo podré saber si necesitas refuerzos?

Me quedo pensativo durante unos cuántos segundos preguntándome cómo haré para que Blaise se percate de que algo no salió según lo planeado, en caso de que así ocurra, afortunadamente, mi cerebro parece estar trabajando horas extras este día, y sin importar el cansancio que siento recorrerme el cuerpo entero, me brinda una solución a este problema.

─Si no tienes noticias mías para dentro de media hora, entonces será porque algo salió mal. No pretendo extender esto más de lo necesario. Quiero que termine esta misma noche.

Blaise me observa con indecisión, como si no estuviera seguro de dejarme ir solo, pero, finalmente, asiente con resignación al ver que no cambiaré de parecer. Luego, me aprieta el hombro una vez más para darme ánimos, y dice algo con ese tono jocoso que tanto lo caracteriza en un intento por aligerar el ambiente tenso que se ha instalado en la sala.

─De acuerdo, haremos como tú dices; aunque esperemos no tener que llegar a esos extremos y roguemos que, para esta noche, tú vuelvas a estar junto a tu gatito. No quiero sonar insensible, hombre, pero extraño a mi esposa. ¡Pasar tanto tiempo sin tener sexo con ella está volviéndome loco!

Me río de su intento de broma, aunque mi risa suena extrañamente triste. No comprendo del todo el porqué de ello, pero si tuviera que adivinar, diría que hay algo dentro de mi pecho diciéndome que va a pasar un largo tiempo hasta que Blaise pueda volver a tener sexo con Pansy. Algo me dice que ambos van a estar demasiado ocupados tratando de consolar a Harry una vez que yo ya no me encuentre en esta vida. Y sigo sin entender de dónde provienen estos pensamientos, estas premoniciones, pero estas últimas no dejan de acecharme como una especie de sombra. Algo me dice que se están acabando los granos de arena en el reloj de mi vida, y nada de lo que yo haga podrá cambiar este hecho.

No queriendo generarle más dudas a Blaise, especialmente cuando él parece estar observándome con preocupación por mi falta de respuesta, me apresuro a aclararme la garganta, y digo algo para tranquilizarlo.

─Descuida. Te prometo que, después de esta noche, tú quedarás completamente libre de este plan. Volverás a tener a Pansy toda para ti solo.

Blaise me observa con sospecha durante unos segundos más, pero decide a último momento no mencionar ninguna de sus dudas y, por el contrario, vuelve a apretarme el hombro para hacerme saber que estará allí para lo que sea que necesite. Una vez hecho esto, Blaise me desea buena suerte, y luego se desaparece hacia su mansión por medio de la chimenea. La sala de estar se queda en completo silencio una vez que Blaise se va, y yo no puedo evitar girarme hacia el marco que tenemos colgado en la pared. Mis ojos recorren la figura de Harry una vez más y suelto una promesa con toda la convicción que tengo, antes de cerrar los ojos y desaparecerme hacia la casa de Barty Crouch.

─No importa lo que ocurra esta noche, Harry. Pase lo que pase, me encargaré de eliminar a la amenaza que Weasley representa para ti. Incluso si tengo que dar mi vida a cambio, te juro que me desharé de ella. Esa perra no volverá a tocar un solo cabello tuyo. Lo prometo, gatito.

Una vez que aterrizo en mi nuevo destino, comienzo a caminar por las calles completamente vacías y me aseguro de moverme en las sombras para no llamar la atención de nadie. Un viento muy frío está soplando en esta parte del país, ocasionando que desagradables escalofríos se extiendan por todo mi cuerpo, aunque yo no le doy mayor importancia a esto y simplemente sostengo mi varita con renovadas fuerzas. Continúo caminando en silencio por estas calles desoladas, a la vez que mantengo todos mis sentidos alerta en caso de que Weasley se haya percatado de mi presencia. Por fortuna, esto no parece ocurrir, y finalmente consigo llegar a la casa de Barty Crouch sin ser detectado. Mis pasos se detienen frente a la puerta de entrada, y durante unos segundos, me dedico a observar la morada que luce como una exacta representación de una casa abandonada. El jardín delantero se encuentra descuidado y lleno de malezas, y la pintura de toda la vivienda está resquebrajada y tiene manchas de humedad por todos lados; pero lo que termina de confirmarle a cualquiera que pase por aquí que esta es una casa abandonada, son los tablones que cubren todas las ventanas y que no permiten el paso de la luz.

Recorro con la vista una vez más cada parte de la casa que tengo delante, y cuando creo haber calculado correctamente las dimensiones de la misma, elevo mi varita y conjuro un hechizo para evitar que Weasley pueda desaparecerse. Internamente, le agradezco a Harry por haberme enseñado este hechizo varios años atrás. Luego de hacer esto, coloco otros encantamientos y conjuros para evitar que los vecinos que rodean esta propiedad escuchen algo de lo que ocurra aquí dentro. Cuando termino con esto, sostengo con fuerza mi varita, y después de soltar una exhalación para liberar parte del nerviosismo que estoy sintiendo, abro la puerta con un hechizo e ingreso en la casa. Inmediatamente, aparece frente a mí una sala de estar en penumbras, la cual sólo está iluminada por los pequeños rayos de luna que se cuelan a través de las ventanas tapiadas. Desde el lugar en el que estoy parado puedo distinguir una chimenea y la silueta de lo que parece ser un sofá en forma de ele, sin embargo, eso es lo único que consigo ver, antes de que un hechizo salga volando hacia mi cabeza desde el hueco ubicado entre un armario y el pasillo que conduce a los dormitorios. Consigo lanzarme con lo justo hacia adelante para poder agacharme detrás del sofá, y el hechizo explota contra la puerta de entrada con tanta potencia que hace retumbar la madera. Afortunadamente, mis hechizos parecen estar haciendo su trabajo y no consiguen despertar a ninguno de los vecinos. Teniendo la seguridad de que nadie vendrá a husmear, lanzo una seguidilla de hechizos aturdidores hacia el lugar del que provino el rayo de luz, sin embargo, ninguno de ellos parece dar en el blanco. Esto queda confirmado cuando Weasley responde con otro hechizo que consigue chamuscarme la manga de mi abrigo.

Suelto una maldición, y después de asegurarme de que mis prendas no arderán en llamas, vuelvo a responder con otra ronda de hechizo aturdidores, aunque sé que ninguno de ellos conseguirá dar con ella porque Weasley conoce este lugar como la palma de su mano y sabe exactamente hacia dónde moverse para evitar mis ataques. Teniendo la certeza de que no podré ganarle a Weasley en su propio territorio si sigo atacándola de esta forma, me escondo detrás del sofá y comienzo a pensar a toda velocidad en una forma de equiparar esta batalla, de eliminar la clara ventaja que esta perra tiene sobre mí. Afortunadamente, mi cerebro parece estar con todos sus sentidos alertas el día de hoy y se le ocurre una idea grandiosa para eliminar la desventaja que estoy teniendo. La idea es simple, necesito encontrar una forma de hacer que Weasley deje su lugar seguro y se enfrente a mí abiertamente. Si ella deja ese lugar privilegiado en el que está escondiéndose, estoy seguro de que podré detenerla con facilidad, después de todo, confío plenamente en mis habilidades como duelista. Y si bien Weasley no es ninguna inepta en el tema, no puede compararse ni por asomo a la experiencia que yo adquirí durante la guerra. Después de todo, vivir bajo el mismo techo que Voldemort y sus secuaces me sirvió para algo más que simplemente producirme pesadillas por las noches.

Creyendo que podré tener éxito en mi misión si consigo hacerla salir de ese lugar, reúno todo el sarcasmo y la astucia que poseo para comenzar a presionar cada uno de los botones que arruinen la paciencia de Weasley. Inmediatamente, dejo que el Draco Malfoy de Hogwarts tome el control y comienzo a atacarla con palabras que darán en los lugares donde sé que más le dolerán. Con suerte, esto hará que ella baje la guardia y pueda aturdirla de una vez por todas.

─¡Vamos, comadreja pobretona! ¡Sé que estás ahí! ¿Por qué no sales y te enfrentas a mí cara a cara?

Mis palabras salen con ese tono socarrón y malicioso que yo solía emplear de adolescente, y aprovecho para asomar la cabeza por encima del sofá y lanzo otro hechizo en dirección al hueco en el que ella se encuentra. Weasley no suelta ni un sólo sonido ante mi intento de burla y, por el contrario, responde a mis palabras lanzándome un rayo verde que consigo esquivar por pocos milímetros. ¡¿Acaso eso fue una maldición asesina?! ¡Qué diablos! No queriendo saber si realmente ese rayo verde fue verdaderamente el producto de un Avada Kedavra, inspiro aire y me obligo a calmar parte del nerviosismo que estoy sintiendo para que, cuando vuelva a burlarme de ella, mi voz no delate el miedo que estoy sintiendo en este momento. Cuando creo que podré ser capaz de hablar sin que la voz me tiemble, suelto una risa socarrona, y digo: ─¿O es que tienes miedo? ¿Acaso la chica perfecta de Gryffindor tiene miedo de enfrentarse a un Slytherin? ¿De verdad eres tan cobarde? ¡Vaya! ¿Quién lo hubiera dicho? ¡Eres toda una vergüenza para la casa de los leones!

Suelto una carcajada que está repleta de malicia, y eso me gana otro maleficio arrojado en mi dirección. Consigo apartarme a tiempo para ver cómo el rayo de luz amarillo colisiona contra el sofá y abre un agujero en él, es casi como si alguien hubiera derramado ácido sobre este último. ¡Merlín! Si ese hechizo hubiera dado en mi cuerpo, no hubiera podido sobrevivir. ¡¿En dónde diablos aprendió esta perra ese maleficio?! ¡Eso grita a los cuatro vientos las palabras 'Artes Oscuras'! ¡¿A qué mierda está jugando?!

Mis ojos se cierran con fuerza y trato de encontrar una forma de ganar esta batalla que comienza a lucir muy desfavorable para mí, porque no estoy seguro de cuánto tiempo más voy a poder resistir a sus ataques. No encontrado otra salida que seguir con mi plan inicial, me armo de todo el insignificante valor que poseo y suelto con toda la malicia que puedo reunir unas palabras que estoy seguro de que la harán enfrentarse a mí de una vez por todas.

─¿Sabes? Ahora comprendo por qué Harry terminó contigo, comadreja. ¡Él nunca sería capaz de amar a alguien tan patéticamente cobarde como tú!

Y eso es todo lo que necesito decirle para que Weasley suelte un gruñido enfurecido, y finalmente, salga a la vista. Sin perder tiempo, Weasley lanza otro maleficio en dirección al sofá que genera otro agujero en el tapizado, a la vez que suelta unas palabras con un claro desafío oculto en ellas.

─¡¿Quién es el cobarde ahora, sucio Mortífago?! ¡¿Quién está escondiéndose como una patética gallina detrás del sofá?!

Otro haz de luz amarillo colisiona contra el tapizado, y aunque sé que es absolutamente insensato y que estoy cayendo directamente en su trampa, no consigo evitar gruñir con molestia debido a sus provocaciones, y sin darme cuenta siquiera de lo que hago, me levanto del lugar en el que estoy escondido y me pongo de pie hasta quedar frente a ella. Sin darle tiempo a que reaccione, le lanzo una seguidilla de hechizos aturdidores con una potencia tan fuerte que estoy seguro de que la harán quedar inconsciente durante una semana entera. Desafortunadamente, Weasley se mueve hasta quedar delante de la chimenea y consigue evitarlos a todos y cada uno de ellos. Totalmente frustrado con esta batalla que no parece tener indicios de terminar pronto, decido cambiar de hechizo y le lanzo un Incendio. Weasley lo esquiva por poco, y el hechizo colisiona dentro la chimenea y enciende los leños que hay allí. De repente, la sala de estar queda completamente iluminada con el resplandor anaranjado proveniente de las llamas de la chimenea, y eso hace que ambos podamos atacarnos con mayor facilidad.

Completamente entusiasmado con esta nueva ventaja que se presenta ante mí, me encargo de lanzar varios hechizos de ataduras y aturdidores, aunque Weasley los esquiva con facilidad y lanza los suyos propios. Consigo apartarme de todos los maleficios que van dirigidos hacia mi persona, pero comienzo a notar el agotamiento del día pasándome factura cuando mis movimientos empiezan a hacerse más lentos y pesados. Otro haz de luz verde es lanzado hacia mi pecho con una potencia que es escalofriante, y yo logro esquivarlo con lo justo. El hechizo colisiona sobre el armario repleto de adornos de cerámica que tengo detrás, y de inmediato, el suelo se llena de figuras de animales de toda clase y tipos. Weasley aprovecha este momento de distracción para lanzarme varios hechizos seguidos, y yo consigo esquivarlos y levantar los escudos correspondientes a tiempo, pero en mi intento por contrarrestar todos los maleficios, no consigo ver el gatito de cerámica que tengo detrás, y cuando retrocedo, me tropiezo y caigo al suelo. Intento levantarme de inmediato, pero mi tobillo, en el mejor de los casos, se ha doblado y un dolor desgarrador me atraviesa el cuerpo entero, uno que me impide ponerme de pie. Weasley, la muy perra, aprovecha este momento de debilidad en el que he caído y me lanza una maldición directo a la cabeza. Rápidamente, y sin pensar en lo que hago, le lanzo un Expelliarmus con la intención de desarmarla y ganarme algo de tiempo. Nuestros hechizos se encuentran a mitad de camino y colisionan entre ellos formando una fuerte explosión que nos arroja al suelo. Bueno, en realidad, arroja al suelo a Weasley, yo, por el contrario, ya me encuentro recostado y con la pierna inutilizada.

La sala de estar se llena de una especie de neblina blanca debido a la explosión de los hechizos, y sólo entonces, me percato de que nuestras varitas se han perdido en algún lugar de la sala por obra de esta última. Desarmado y completamente indefenso con un tobillo que parece estar quebrado, extiendo mi mano con desesperación hacia el costado para tratar de hallar mi varita antes de que Weasley consiga la suya, sin embargo, esas no parecen ser las intenciones de la chica comadreja. Con absoluto horror, veo cómo la perra de Weasley ha desistido en intentar dar con su varita y, por el contrario, toma el atizador de la chimenea y se acerca con paso tambaleante hasta donde me encuentro. Y yo, yo trato de buscar con desesperación algo con lo que defenderme, pero lo único que encuentro a mi alrededor son pequeños fragmentos de cerámica provenientes de las figuras que se hicieron añicos al caer del armario. Finalmente, Weasley consigue llegar hasta donde me encuentro y comienza a hablarme con una perversión tan grande que pone en evidencia lo absolutamente demente que está.

─Este es tu fin, Mortífago.

Y con eso dicho, Weasley me clava el atizador en el pecho con una cizaña tan grande que, de no encontrarme ahora mismo en una situación de vida o muerte, temería por mi vida. Inmediatamente después de que la punta afilada del atizador se incrusta en mi pecho, siento un dolor que se asemeja mucho a estar bajo los efectos de la maldición Cruciatus, sin embargo, y a pesar de estar en una agonía indescriptible, me obligo a ser fuerte y no permito que esta perra vea nada del sufrimiento por el que estoy pasando. Mis dientes se aprietan para reprimir el grito dolor que quiere escapar de mi boca, y mis manos utilizan la poca energía que me resta para sostener el atizador y evitar que Weasley siga incrustándolo dentro de mi pecho.

Y no lo sé. Realmente no sé cómo voy a poder salir con vida de esto, especialmente porque siento mis fuerzas comenzar a flaquear a cada segundo que transcurre. Weasley, por su parte, me observa con esos ojos marrones desquiciados que tiene, y mientras intenta presionar con mayor fuerza el atizador dentro de mi pecho, dice: ─No sé cómo me encontraste, siendo que nadie más que Percy sabe que yo conozco la ubicación de esta casa y él ni siquiera recuerda habérmelo dicho, pero no importa. De verdad, no importa. ¿Sabes por qué no me importa, asqueroso Mortífago? No me importa porque tú me has ahorrado muchos inconvenientes al venir a mí. Voy a deshacerme de ti para siempre, y esta vez, me aseguraré de que nadie vuelva a siquiera pensar en descubrir qué pasó contigo.

La mirada desquiciada que Weasley está dándome es suficiente para confirmarme que la próxima presión que ella haga sobre mi pecho será suficiente para matarme. Mis manos tratan de retirar el atizador con desesperación, pero mis intentos son débiles y no consiguen moverlo ni un centímetro. Completamente desesperado, y teniendo la certeza de que sólo tendré una oportunidad de liberarme de esto, reúno toda la magia que tengo en mi cuerpo y la concentro completamente en mis manos. De repente, una fuerte luminosidad plateada rodea a estas últimas y percibo poderosas descargas eléctricas chisporroteando a mi alrededor. Y no tengo muy en claro cómo lo sé, pero estoy convencido de que, finalmente y a pesar de todas las veces en las que en el pasado he fallado al intentar usar esta forma de escape, esta vez sí podré hacer magia sin varita y no verbal. Sin pensar siquiera en lo que hago, imagino que el atizador se extiende y afila en la punta que da directo al pecho de Weasley, y luego, me encomiendo a cualquier deidad que esté escuchándome porque esto funcione.

─Buen viaje al infierno, Mortífago.

Y eso es todo. Weasley presiona su herramienta de tortura contra mi pecho, pero yo elijo ese momento para lanzar el hechizo no verbal y sin varita, y el hierro del atizador se afila y alarga hasta que consigue atravesar el corazón de Weasley con un crujido que es francamente repugnante. Weasley parece muy sorprendida por lo que acabo de hacer, y ella sólo consigue extraer el atizador de mi pecho en un intento desesperado por quitarlo del suyo, aunque esto resulta ser inútil, y dando unos pasos hacia atrás, Ginevra Maldita Weasley cae muerta junto a la chimenea. Su cuerpo todavía tiene el atizador incrustado por completo en su corazón, aunque eso es lo único que alcanzo a ver desde el lugar en el que me encuentro recostado. Mis manos viajan rápidamente a la herida que tengo abierta en mi pecho, y cuando mis dedos tocan la tela rasgada de mi abrigo, descubro que un líquido espeso y de aroma metálico está saliendo de ella. Con las energías que me quedan, lo acerco a mis ojos y confirmo mis sospechas.

Sangre. Mi sangre.

Y no puedo evitarlo, pero una risa amarga escapa de mi boca y sin mi consentimiento; porque sí, una vez más, lo hice. Una vez más, he vaticinado en mis libros algo que terminaría ocurriendo en la vida real. En mi último libro de 'Constelaciones', Etamin también estuvo al borde de la muerte por una herida producida en su pecho, pero a diferencia de él, yo sé que ningún Leonis vendrá en mi auxilio. No, nadie vendrá en mi ayuda porque nadie, excepto Blaise, sabe en dónde estoy y qué he venido a hacer aquí. Y si bien Blaise sabe acerca de esto, todavía no se ha cumplido el tiempo que pactamos para que él sepa que algo salió mal, por lo tanto, él no sospecha que me encuentro en apuros, así que ni siquiera se le pasará por la cabeza el venir en mi ayuda, y para cuando él finalmente lo haga, ya será demasiado tarde, después de todo, mi herida no para de sangrar y yo tengo por seguro que no faltará mucho más antes de que me desangre por completo. Teniendo en claro que nadie vendrá en mi auxilio y con la cuenta regresiva a punto de terminarse, intento levantarme para hallar mi varita, pero, desafortunadamente, mi cuerpo parece haber agotado todas mis energías en realizar esa magia que terminó con la vida de Weasley, y ni siquiera puedo ser capaz de moverme para pedir ayuda. Y eso es todo lo que necesito comprender para terminar de resignarme.

Voy a morir.

Voy a morir aquí, en esta casa abandonada.

Voy a morir solo y sin poder volver a ver a Harry por última vez.

Mis ojos se llenan inmediatamente de lágrimas por lo injusta que parece ser esta situación, por lo injusto que es este final para mi vida, sin embargo, y dentro de todo este miedo y tristeza que estoy sintiendo, no puedo evitar pensar que hice lo correcto. A pesar de todo lo ocurrido, a pesar de que no seré capaz de sobrevivir, tengo por seguro que hice todo lo que estuvo al alcance de mis manos para poner a Harry a salvo de la chica Weasley, finalmente y de una vez por todas, y eso es más que suficiente para mí. Es más que suficiente para que pueda dejarme ir sin remordimientos, después de todo, nada es más importante para mí que ver a mi gatito sano y a salvo. Y yo estoy feliz de haber dado mi vida para que así sea.

Mis párpados comienzan a cerrarse y siento toda la escasa fuerza que me queda desvanecerse de mi cuerpo. Lo último que pasa por mi mente es el hermoso rostro sonriente de Harry, mi adorable gatito, y solo entonces, me permito cerrar los ojos y entregarme a la muerte que acecha a escasos pasos de mí.


Notas finales: Qué decirles más que… ¡No me maten! Sólo tengan en mente que esta historia tiene veintiún capítulos, por lo tanto, todavía nos quedan varios por delante. Espero que, a pesar de todo el angst y muerte que hemos tenido aquí, les gustara. Sepan que sus comentarios siempre son bienvenidos y muy apreciados. ¡Nos leemos la próxima semana!