KOTODAMA
"El alma que reside en las palabras"
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Capítulo XXXIV
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—La vida no es fácil y está bien entenderlo, pero eso no significa que tengas que acostumbrarte al sufrimiento. Es la felicidad lo que debería resultar natural.
Kagome dijo aquello y a continuación mordió una de las gyozas que compartían InuYasha, Jakotsu y ella, de un puesto callejero a corta distancia. Pasaban de las once de la noche y estaban sentados en el bordillo de concreto de un edificio, en un rincón de una calle principal, saciando su hambre y ajenos a las personas que pasaban alrededor.
—Y ¿Qué es la felicidad? —Jakotsu continuó la conversación, en tanto pasaba su propia gyoza por el recipiente con soja que les habían dado.
Kagome pareció meditar su respuesta durante un momento e InuYasha la observó con curiosidad, del mismo modo que venía haciendo desde que salieron de la estación de policía. No, incluso antes de eso, desde el instante en que Kagome habló de Sesshomaru como su hermano. Entonces InuYasha se quedó en silencio, sin saber qué decir, porque ella en ese instante no le estaba haciendo una pregunta. Sus palabras eran una afirmación. No obstante, al paso de un momento, lo miró como si no hubiese dicho nada y la aseveración se quedó en una especie de limbo al que no estaba seguro de querer acudir.
—No estoy segura —Kagome pareció querer dar una respuesta y lo trajo de regreso a la conversación que tenían con Jakotsu—. No creo que sean los picos de alegría que a veces suceden. Creo que es más bien un estado de armonía en el que la vida te trata bien, sin eximirte de problemas. Supongo que la felicidad es estar en paz para solucionarlos.
El modo en que dijo aquello pareció tan natural que InuYasha se preguntó si Kagome era realmente consciente de lo que acababa de concluir. Sus palabras lo llevaron a preguntarse si él contaba con esa armonía a la que ella llamaba felicidad. Luego la vio humedecer una gyoza en la soja y lo miró antes de llegar a comer.
—InuYasha ¿No tienes hambre?
InuYasha abrió la boca y no respondió de inmediato, parecía buscar su voz para decir algo, aún estaba indagando respuestas más profundas en sus pensamientos.
—Tengo que recordar lo que dices, Kagome. Me gusta —Jakotsu intervino—. Inu, me encanta tu chica —luego de llamarla así sonrió como un modo de provocación.
No es mi chica —pensó InuYasha, no obstante esa afirmación, que antes parecía una verdad, comenzaba a perder su sentido. No, probablemente Kagome no era su chica, al menos no lo habían acordado así, sin embargo deseaba que lo fuera. Ella lo miró sin decir nada. Ambos habían guardado la aclaración de lo que eran en un silencio cómplice que los unía.
InuYasha tomó una de las gyozas y comió.
—Deberías ponerte algo en ese pómulo —Kagome se dirigió a Jakotsu y éste se tocó la zona mencionada para luego hacer un sutil gesto de malestar.
—Ya es tarde para aplicar algo frío —se encogió de hombros, resignado ante las magulladuras.
—Vi una farmacia de veinticuatro horas al pasar por esa calle. Pueden tener algo que te alivie ¿Quieres que me acerque? —Kagome insistió.
—Estoy bien, preciosa. Esto se irá en dos días, sólo necesito maquillaje —Jakotsu dio aquella respuesta de forma tan liviana y natural, que Kagome pareció quedarse atónita. Sin embargo, reaccionó de inmediato y del modo firme que InuYasha ya le conocía.
—¡No puedes permitir que alguien te golpeé de esa manera! ¡¿Fue la policía?! ¡¿Quién te hizo eso?! —Kagome dejó aquel insistente cuestionamiento entre ella y Jakotsu. InuYasha conocía a su amigo el tiempo suficiente como para saber que no estaba acostumbrado a que cuidaran de él y cuando llevas tanto tiempo haciéndolo solo, el afecto de otro resultaba extraño y prácticamente inviable.
—Déjalo, Kagome, no te lo dirá. Yo creo que le va un poco el masoquismo —InuYasha dio su opinión, intentando proporcionar a Jakotsu una ruta de salida.
—Aunque tú nunca hayas querido ser parte de mis juegos —su amigo tomó el camino que le daba y le dirigió aquellas palabras para mantener la conversación en la superficie de lo mundano. Probablemente le contaría lo sucedido durante las horas de la madrugada en que la actividad en el Kyomu comenzaba a bajar.
—He sido parte de tus juegos demasiadas veces —InuYasha se refería a las muchas oportunidades en que había ayudado a Jakotsu a lidiar con las consecuencias de sus aventuras. En ese momento miró a Kagome que parecía atenta a la conversación entre ellos dos.
—No del modo que me gustaría —Jakotsu sonrió con levedad y cierta coquetería que InuYasha le conocía bien. Luego se echó hacia atrás, encontrando la pared del edificio como respaldo. Entonces se llevó una mano al hombro intentando mitigar la molestia que tenía ahí. InuYasha ya presuponía que los golpes que había recibido su amigo no se limitaban al que mostraba en su cara.
—¿Se conocen hace mucho? —Kagome mostró su curiosidad. Se había mantenido silente luego del intercambio de palabras entre Jakotsu y él, la interacción entre ambos le resultaba interesante, a la vez que abría más preguntas en ella sobre la vida de InuYasha.
—Bastante —el tono de su amigo resultó coloquial y ameno—. Diría que desde su primera masturb… ¡Ay! —InuYasha lo interrumpió con un toque de la palma abierta de su mano sobre el hombro que aparentemente le dolía— ¿Por qué me maltratas?
—Sí ¿Por qué lo maltratas? —Kagome lo miró con cierto aire divertido que InuYasha se obligó a ignorar para no perder el hilo de la conversación y de los pasos que debía dar ahora para poner a Kagome segura en su piso y él partir al Kyomu con Jakotsu.
—No lo maltrato, sólo le recuerdo que debemos trabajar —la responsabilidad se impuso a este extraño momento en el que InuYasha, por un instante, sintió que estaba entre amigos, del modo que parecía era lo normal.
Normalidad, un concepto sobrevalorado —pensó.
—Entiendo —Jakotsu aceptó e InuYasha continuó con su idea de conseguir un taxi, Kagome no podía volver sola a su apartamento—, probablemente no era tu primera masturbación.
InuYasha miró a su amigo que le sonrió mostrando con ello su astuta venganza. Kagome se echó a reír.
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Kagome observaba las calles pasar a través de la ventanilla del taxi que InuYasha se había empeñado en pedir para ella. Le costaba poner en su lugar las emociones que experimentaba. Por una parte estaba llena de satisfacción, feliz de haber estado con él por las horas que compartieron en una especie de misión especial al ir por Jakotsu a la estación de policía. A continuación había comido y bromeado con ambos hombres, y tuvo la sensación de estar mirando parte de la vida oculta de InuYasha por una rendija y eso le gustaba y a la vez le mostraba lo lejos que estaba de la realidad que él vivía. Luego estaba la despedida extraña que habían tenido, en la que él insistió en que se subiera a este coche sin dedicarle ninguna palabra afectiva más allá de un cuídate. Podía comprender todo, la razón por la que InuYasha la había enviado de regreso y la falta de muestras emocionales por su parte, sin embargo eso a Kagome no le gustaba y sentía que se generaba una distancia enorme entre ellos.
Además, debía sumar la extraña actitud de InuYasha por la presencia del hombre de pelo platinado que había en la estación de policía y luego estaba la imagen que apareció en su mente ¿Qué era eso de un perro demonio?
En ese momento deseó que el InuYasha que la había acompañado desde su niñez le hablase nuevamente. Necesitaba que él le diera contexto a aquella imagen que aún ahora, cuando la recordaba, le hacía latir el corazón con la intensidad que lo hace el miedo.
¿Estás ahí? —preguntó en sus pensamientos, buscando el contacto. Espero y volvió a hacer la misma pregunta, no obstante no había respuesta.
Intentó imaginar a éste InuYasha de vestimenta roja que se sentaba frente a ella en la sala de estar en casa de su madre cuando apenas comenzaba a crear líneas conexas en un papel. Quiso recrear alguna escena y hablar con él para encontrar respuestas, no obstante comprendió que no podía forzar una conversación si quería que fuese auténtica. Cualquier cosa que imaginara faltaría a la verdad y abandonaría el espacio de certeza en que Kagome custodiaba sus vivencias con él.
Las calles continuaban pasando.
—Ya estamos cerca, señorita —el conductor se dirigió a ella observándola por el espejo retrovisor. Era un chico joven, animado y amable que le había sonreído en cuánto ella le dio la dirección de la calle en que estaba el apartamento que compartía con Ayumi.
Su nombre era Shintaro e InuYasha lo había contactado cuando Kagome recordó pasarle el móvil que llevaba en el bolsillo. El chico había llegado al paso de pocos minutos y le había ofrecido llevarla donde ella quisiera. Así que en este momento se tomó ese ofrecimiento.
—Quisiera ir a otro lugar —le hizo aquella petición con seguridad. Se sentía profundamente atraída por el templo en que había crecido, aunque no sabía qué respuesta podía encontrar ahí. En realidad, no comprendía la inquietud que se estaba despertando en ella.
—Claro —Shintaro respondió sin problema.
Kagome le pidió que la llevase al Templo Higurashi y aunque ella intentó pagarle por el viaje, Shintaro no aceptó su dinero y le dijo que este era un servicio para InuYasha. Kagome recordó a Myoga, a Kaede, a Miroku, y no pudo evitar preguntarse qué hilos tejían la trama en la que vivía InuYasha.
—¿Usted vive aquí? —Shintaro preguntó alzando la mirada por la larga escalera que daba acceso al templo.
—Aquí vive mi familia —Kagome dio aquella pequeña explicación y sintió la necesidad de averiguar un poco más sobre la relación de InuYasha con este chico. Sin embargo se abstuvo de hacer preguntas.
—¿Cree que un día pueda traer a mis hermanas? A ellas les gustará conocer un sitio así.
Kagome miró al chico. Parecía muy joven ahora que lo pensaba. Una nueva ronda de preguntas se abrió paso en sus pensamientos y nuevamente se obligó a acallar la inquietud.
—Estaría muy complacida —le hizo una suave reverencia al chico a modo de invitación, una de las tantas formalidades que había aprendido de su abuelo, para que el muchacho sintiera la confianza necesaria de traer a su familia—. Habrá una celebración dentro de unos días, quizás quieran venir en ese momento.
Kagome agregó con entusiasmo al recordar que ella también vendría para ayudar a su familia para el Kyokusui no utage, el festival del riachuelo serpenteante.
—Probablemente sea ese un buen momento —Shintaro hizo una reverencia y mostró una sonrisa que a Kagome le resultó casi infantil. Se alegraría de verlo en el templo junto a sus hermanas.
De ese modo se zanjó la conversación y la misión que InuYasha le había dado a Shintaro.
A continuación Kagome comenzó a andar las escaleras, los cerca de cien peldaños que creaban una separación real entre el mundo y el lugar sagrado que era el templo, sus pagodas y altares.
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—Deberías haberla acompañado —insistió Jakotsu. Ya era la tercera vez que lo decía desde que habían dejado a Kagome en el taxi con Shintaro. InuYasha mantuvo silencio—. Además ¿Confías en ese chico? Ya sabes que es muy simpático y atrae a las muchachas con mucha facilidad.
InuYasha le echó una mirada densa a su amigo, de esas que guardan infinidad de pensamientos, la mayoría de ellos producto de la frustración.
—Déjalo hasta ahí —InuYasha le advirtió, esperando a que Jakotsu fuese lo suficientemente listo como para comprender que no estaba de humor. Si le preguntaban, su día parecía contener las vivencias de una semana completa—. Ahora ¿Me contarás lo que pasó realmente?
Se acercaban al Kyomu, el ambiente era festivo y al parecer aún no había sucedido nada diferente a una larga noche de trabajo.
Jakotsu resopló del modo que solía hacer cuando bajaba la barrera que mostraba a todo el mundo. En ese momento InuYasha podía ver al chico sereno, dulce y amable que era realmente. Cuando se conocieron Jakotsu aún mostraba su verdadera personalidad con libertad. Al paso del tiempo y mientras más comprendía el mundo que los rodeaba, esa naturaleza se convirtió en una esencia escondida que sólo mostraba a unos pocos.
—¿Recuerdas a Juromaru? —Jakotsu hizo aquella pregunta e InuYasha tuvo que ir muy atrás en su memoria para traer al presente a aquel chico que hoy sería un hombre.
—¿Te refieres a…?
—Sí, el chico que Naraku trajo al club dos días después que llegases tú.
—¿Qué pasa con él?
—Creo que Juromaru es uno de los que está introduciendo droga en los clubes.
—Y ¿Por qué supones eso? —InuYasha hizo una pregunta que resultaba obvia, no obstante otra duda apareció en su mente de forma violenta—. Espera ¿Qué tiene que ver esto con tus lesiones?
Pudo ver que Jakotsu se encogía de hombros.
—Presté atención a las conversaciones, tal como pediste, y escuché de un tipo que se movía por las callejuelas y le pagaba bien a las chicas para que vendieran lo que tenía —comenzó a explicar. InuYasha se mantuvo en silencio, analizando lo que su amigo le comentaba—. Después que te fuiste esta madrugada me paseé un poco de camino a mi burdel personal —Jakotsu rio, aquella era la forma en que se refería a la habitación en la que vivía— y al girar en una esquina me encontré con Juromaru de frente.
—Y ¿Cómo concluiste que es él quien mueve la droga? —InuYasha comenzaba a impacientarse por aquella serie de detalles.
—Me acosté con él —Jakotsu confesó sin problemas y se encogió de hombros.
InuYasha sacudió la cabeza en un gesto necesario para espantar la imagen que se formó en su mente.
—¿Con Juromaru? —tuvo que preguntar.
—¿Te parece extraño? —Jakotsu lo miró.
—No, sí. Bueno, quiero decir que… ¿Cómo? —InuYasha no conseguía formar una idea con los elementos sueltos que tenía.
Escuchó una carcajada por parte de Jakotsu y se sintió idiota por el trabalenguas que acababa de soltar. Hacía mucho tiempo que no veían a Juromaru, no desde que Naraku se deshizo de él porque consideró que InuYasha le sería más útil. Se preguntaba si a Jakotsu le gustaba por entonces o simplemente se sintieron atraídos en este momento porque aquello estaba en el aire. Tal vez su amigo sencillamente había aprovechado la oportunidad de descubrir algo y obtener placer de paso, no sería la primera vez. Y lo más relevante en este instante ¿Cómo ese chico estaba envuelto en el tema de la droga?
InuYasha lo recordaba agresivo, callado, y desde luego muy rápido a la hora de robar comida y perderse con ella por los callejones.
—Ya que insistes, te contaré cómo lo hicimos —Jakotsu parecía realmente divertido con esto.
—No, no. Ya sabes a lo que me refiero —lo interrumpió InuYasha.
—Nos encontramos de frente y nos miramos, luego nos sonreímos y prácticamente no hubo palabras —Jakotsu parecía decidido a contar su experiencia en detalle. InuYasha esperaba que no demasiado— . Nos besamos en la callejuela que da al Gōka, ya sabes, ese club rancio de la calle de atrás, y después de toquetearnos…
—Jakotsu, lo digo en serio, no.
Pudo escuchar una nueva risa de su amigo.
—¿Por qué eres tan remilgado cuando se trata de sexo? —Jakotsu lo molestó un poco más— Deberías probarlo alguna vez.
InuYasha se mantuvo en un silencio hermético en tanto los recuerdos de su mañana con Kagome lo abordaron de golpe y se apoderaron de su cuerpo, sus pensamientos y sus emociones. Separó los labios y necesitó soltar el aire con un resoplido que intentó contener todo lo posible para no resultar evidente.
—¡No me digas que ya lo has hecho!
Jakotsu se detuvo en mitad de la calle y soltó aquella frase con estupefacta diversión e InuYasha se sintió atrapado.
—No sigas por ahí —le advirtió. Desde luego no tenía intención de hablar del tema.
—¿Fue con Kagome? —sin embargo Jakotsu no parecía tener intención de aceptar su negativa— ¡Qué digo! ¡Claro que fue con Kagome! Por eso tenía ese brillo especial.
—Jakotsu —InuYasha dijo su nombre como una advertencia.
—¿Cuándo fue? No pudo ser hace mucho —su amigo parecía querer armar la historia en base a soltar suposiciones y ver la reacción que él tenía.
—Basta —InuYasha se sentía extraño, mareado ante la idea de exponer algo que le resultaba íntimo y que sólo lo involucraba a él y a Kagome.
—Tendrás que darme detalles ¡Qué dulce! Tu primera vez.
InuYasha respiró hondamente y se giró hacia Jakotsu para mirarlo a los ojos al hablar.
—No te daré ni un jodido detalle —masculló cada palabra con la voz contenida.
Jakotsu conocía a su amigo y supo que era momento de parar.
—¿Ni un jodido detalle sobre qué?
InuYasha no se esperaba escuchar la voz de Naraku tras él.
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Continuará
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N/A
Me ha encantado escribir este capítulo. Tenía fragmentos sueltos de conversaciones y los escribí esperando a que encontraran su lugar en la narración, eso me gustó mucho. La relación de InuYasha y Jakotsu me gusta, me hace feliz, creo que es el amigo ideal para esta historia.
Gracias por leer y comentar!
Besos
Anyara
