Adaptándose a una nueva vida

Las chicas Tendo habían terminado siendo escoltadas por Nodoka en lugar de Sasuke. Se la habían encontrado cuando subían las escaleras, y de inmediato, ella mandó a Sasuke a realizar otras tareas. Sin perder su compostura, les hablo sobre lo bondadoso que era su hijo mayor, mientras les indicaba el teléfono y los servicios a su disposición.

Era una dama muy educada, con una tranquilidad que contrastaba notablemente con las tensiones que las hermanas Tendo sentían. Casualmente, la mayoría de la conversación la mantenía con la educada y refinada Kasumi, quien respondía con amabilidad, haciendo preguntas y mostrando un interés genuino por los detalles.

Kasumi, siempre tan atenta, parecía ser la más tranquila entre las tres, y Nodoka parecía notar esa serenidad, como si ambas compartieran una calma que las demás aún no entendían completamente.

Antes de continuar, Nodoka decidió enviarles un pequeño "buscapiés". No es que las muchachas le desagradaran, pero… su hijo era la prioridad.

—Solo deseo que mi hijo sea feliz... —dijo, mirándolas con una intención clara en sus

ojos.

Las palabras de Nodoka flotaron en el aire, cargadas de un significado que las hermanas Tendo no pudieron ignorar. Kasumi, siempre tan perceptiva, fue la primera en sentir la tensión en el ambiente, aunque su rostro seguía reflejando una calma digna de una dama de su porte.

Siempre amable, fue la que tomó la palabra.

—Entendemos, señora Saotome. Todos queremos lo mejor. Estoy segura de que con el tiempo podremos encontrar una manera de que todos estemos cómodos.

Nodoka asintió lentamente, un brillo de aprobación en sus ojos.

—Eso espero, querida. Lo que más deseo es que mi hijo no se sienta atrapado en una situación que no ha elegido. Mi intención no es forzarlo a nada, solo asegurarme de que esté rodeado de personas que realmente lo comprendan y lo apoyen.

Akane, que había estado en silencio hasta ese momento, no pudo evitar intervenir, aunque su tono era más desafiante.

—No estamos aquí para hacerle la vida más difícil, señora Saotome. Pero esto no es fácil para ninguna de nosotras.

Nodoka la miró fijamente, su expresión serena parecía no alterarse ante el tono de Akane.

—Lo sé, querida. Entiendo que esto es un desafío para todos. Pero lo que quiero es que al final todos, ustedes, Ranma, y yo, podamos mirar atrás y saber que hicimos lo correcto.

Dijo después de unos segundos, aproximándose a Akane, quien cerró los ojos al notar que elevaba la mano, pero solo se limitó a acariciar a P-chan, con una sonrisa.

Kasumi sonrió suavemente, sintiendo la sinceridad en las palabras de Nodoka.

—Confíe en nosotras, señora. Lo lograremos.

Finalmente, Nodoka se marchó satisfecha, dejándolas solas en la habitación compartida con tres camas y dos baños. Les habían dado la opción de tener una habitación individual, pero de momento preferían mantenerse juntas, al menos hasta que pudieran asimilar todo lo que estaba ocurriendo.

La luz suave de la lámpara iluminaba el ambiente tranquilo, pero la atmósfera cargada de tensión apenas podía ser ignorada. Las paredes parecían acercarse con cada segundo que pasaba, y a pesar de la calma aparente, una tormenta interna se desataba en sus corazones.

Cuando la puerta se cerró detrás de ellas, Akane no pudo soportarlo más

.—¡Esto es una locura! —dijo, su voz temblando ligeramente. Bajó a P-chan, que permaneció parado a su lado—. ¡No podemos quedarnos aquí, como si nada! ¡Esto no es justo!

Nabiki, que había estado quieta, observando las sombras en la pared, finalmente habló.

—Lo sé, Akane. Lo sé. Pero no podemos hacer nada por ahora. No tenemos más opciones.

Akane apretó los puños, mirando a su hermana con frustración.

— ¡No quiero casarme con él! No quiero ser parte de todo esto, ¡no lo elegí yo!

Kasumi, que había permanecido en silencio hasta entonces, se acercó a ellas con su usual serenidad.

—es cierto, Akane. Ninguna de nosotras lo eligió. Pero tenemos que pensar en lo que es mejor para nosotras y para Ranma. Esto no será fácil para nadie, pero al menos aquí, podremos estar juntas. Y eso, de alguna manera, es lo que más necesitamos ahora.

Akane la miró, intentando calmarse, pero no pudo evitar sentir una presión creciente en su pecho. La idea de que todo estaba fuera de su control la angustiaba.

Nabiki suspiró, cruzándose de brazos.

—Esto es solo el principio. Vamos a necesitar estar más unidas que nunca. Y si vamos a vivir aquí, más vale que empecemos a adaptarnos a lo que venga.

—¡¿Por qué estás actuando tan tranquila?! —gritó de repente, dirigiéndose a Nabiki con la furia acumulada. Su rostro estaba tenso, los ojos brillaban con ira contenida—. ¡¿No te das cuenta de lo que está pasando aquí?!

Nabiki levantó una ceja, no sorprendida pero sí ligeramente intrigada. Su hermana pequeña siempre tenía una forma peculiar de estallar, y aunque las palabras de Akane la alcanzaron, no mostró ni un atisbo de inseguridad.

—¿Qué esperas que haga? —respondió Nabiki con calma, sin perder la compostura—. ¿Llorar y desgarrarme las vestiduras? Esto no va a cambiar con gritos ni con rabia, Akane. De todas nosotras, tú eres la que más debería entenderlo. La situación es la que es.

Akane apretó los dientes, la frustración a punto de desbordarse.

—¡No quiero aceptarlo! ¡Esto no es lo que quería para mí! ¡Nadie me preguntó! ¡Nadie nos preguntó!

Kasumi, intervino suavemente, posando una mano sobre el hombro de Akane.

—Akane, por favor. Entiendo que esto sea difícil, pero gritar no va a hacer que las cosas cambien.

Nabiki observó a ambas, sus ojos pasando de una a otra con una ligera sonrisa.

—Al final, todos tenemos que adaptarnos a . Así son las cosas. No sirve de nada seguir buscando culpables o buscando formas de escapar.

Akane la miró, la ira todavía chisporroteando en su mirada, pero algo en las palabras de Nabiki la hizo callar. La realidad era innegable, y aunque no quería aceptarlo, estaba atrapada en una situación que no podía cambiar por más que gritara.

Finalmente Kasumi susurró, su tono cargado de frustración pero con una chispa de duda.

—Akane trata de calmarte... veamos qué ocurre.

Resignada, Akane se dejó caer en una de las camas, su cuerpo pesado por la frustración acumulada. Pchan, como si entendiera la gravedad del momento, se subió a su lado en cuanto lo soltó, acurrucándose junto a ella. El pequeño cerdito era un consuelo en medio de todo el caos que la rodeaba.

Kasumi la miró brevemente, su rostro tranquilo, pero en sus ojos se reflejaba una cierta incomodidad. Akane parecía haber perdido el control de sus emociones, y aunque Kasumi comprendía sus razones, también sabía que no serviría de nada alimentar más su rabia.

—No puedo calmarme del todo… —susurró Akane, después de un rato, su voz casi ahogada por la frustración.

—Comprendo el vivir aquí, pero ¿por qué alguna de nosotras tiene que casarse con él? Es tan injusto…

Un brillo de comprensión apareció en los ojos de sus hermanas, aunque Akane no lo demostraría. Siempre había soñado con un romance, con una historia que la hiciera sentirse especial. Ahora, ese sueño parecía desmoronarse, como si se le arrebataran los pedazos más dulces de su futuro. Pero la verdad era que no podían hacer nada al respecto.

Kasumi, siempre tan serena, suspiró levemente, como si ya hubiera procesado la situación de una manera distinta a la de Akane.

—No nos queda más que aceptarlo

Akane la miró, sorprendida. La calma con la que Kasumi había dicho esas palabras la desconcertó aún más. ¿Cómo podía aceptarlo?

¿Estarías dispuesta a casarte con él? —preguntó, sentándose de golpe en la cama, lo que hizo brincar al pequeño cerdito. Estaba sorprendida por la respuesta.

Kasumi la miró directamente a los ojos, sin vacilar.

—Si eso es lo que se necesita para que todos estemos bien, entonces sí. Lo haría. No por mí, sino por la familia. Lo haría por todos.

Nabiki, que había estado observando en silencio, finalmente habló con su tono pragmático habitual.

—Yo tampoco tendría problema —dijo, encogiéndose de hombros—. Es algo que se tiene que hacer... Pero honestamente, creo que la opción más probable serás tú, Kasumi. Tu edad se acerca más a la de él y ambos son los hermanos mayores.

Akane y Kasumi se miraron sorprendidas. Kasumi, siempre tan calmada, no mostró ninguna reacción inmediata, pero Akane frunció el ceño, claramente molesta por lo que Nabiki acababa de decir.

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Akane, tratando de controlar su tono, aunque su voz denotaba incomodidad.

Nabiki la miró con una leve sonrisa, casi como si se divirtiera de la situación.

—Lo que quiero decir es que Kasumi es la más cercana en edad a Ranma. La lógica es simple: tiene más posibilidades de ser la "más adecuada" para él. No porque sea lo mejor, sino porque parece la opción más obvia.

Kasumi se quedó en silencio por un momento, pensando en las palabras de su hermana, sin mostrar signos de incomodidad, aunque un destello de duda cruzó por sus ojos.

—pues si eso es lo que termina ocurriendo que así sea —respondió finalmente, su tono sereno como siempre, pero con un leve atisbo de preocupación.

Akane, aún confundida, se dejó caer de nuevo sobre la cama, mirando al techo acariciando al pequeño cerdo.

—Esto es todo un desastre… No importa quién se case con él, ¿qué pasa con lo que sentimos? ¿Lo que queríamos para nuestras vidas?

Nabiki, aunque menos emocional que sus hermanas, asintió lentamente.

—Lo sé, Akane. Nadie aquí pidió esto, pero ya estamos dentro. Solo nos queda tratar de sacar algo de esto, lo que sea.

Kasumi, de nuevo, dio un paso hacia adelante, su serenidad invadiendo la habitación.

—Lo importante ahora es que estemos unidas. Ya veremos qué sucede. Lo que pase, lo enfrentaremos juntas.

Finalmente, el silencio llenó la habitación, pesado e incómodo. Ninguna de las tres sabía qué más agregar. Las palabras ya habían sido dichas, pero no parecían haber servido para aliviar nada. El caos interior de Akane seguía latente, la pragmática aceptación de Nabiki no conseguía calmarla, y la serenidad de Kasumi, aunque siempre reconfortante, no lograba mitigar por completo la tensión que envolvía el espacio.

Sus reflexiones fueron interrumpidas por un leve toque en la puerta, seguido de un susurro casi cómplice:

—¿Señoritas? ¿Están... visibles?

¿Visibles? —pensó Akane, frunciendo el ceño—. ¿Qué acaso estamos en la Edad Media?

Nabiki rodó los ojos antes de responder con tono seco:

—Sí, lo estamos. Puedes pasar.

La puerta se abrió con cautela, revelando a Sasuke, que entró cargado con una pequeña cama, unos trastes para mascota y un costal que, por el aroma, claramente contenía alimento para cerdo.

—Hinako les envía esto. Dice que espera haber acertado con los productos —anunció Sasuke al entrar.

Con su ahora perpetua mueca, no le gustaban los animales, pero ¿qué podía hacer? Eran órdenes del joven Saotome.

Akane y P-chan se levantaron emocionados, arrebatándole las cosas al adusto mayordomo, no sin antes agregar un rápido:

—¡Gracias!

Sasuke se retiró con una leve inclinación de cabeza, en completo silencio.

Vaya... estar aquí podría no ser tan malo, pensó Akane, sorprendida de sí misma mirando alegre a Pchan dando vueltas alegre en su nueva cama.

Sus hermanas no dijeron nada más.

continuara...