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RE:ZERO – REACCIONAN AL FUTURO DESCONOCIDO
Volumen 12 del Arco 9 – Reacciones: Parte 1
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Capítulo 1 – El teatro de las Verdades
El aire cambió.
Era una sensación tan clara como un zumbido en el oído, tan inmediata como el latido del corazón. Un instante antes, Emilia conversaba con Beatrice en el salón principal de la mansión de Roswaal. Garfiel peleaba en el patio con Otto por una tontería, Ram los observaba con expresión hastiada, y Subaru... simplemente estaba en silencio. Todo era normal, dentro de lo extraño. Pero de repente, todo cambió.
La realidad se distorsionó. Una ráfaga de luz blanca, sin sonido, sin viento. Cuando volvió la consciencia, ya no estaban en la mansión.
Sillas. Filas enteras. Una pantalla gigante frente a ellos. Oscuridad iluminada solo por luces suaves de velas flotantes en el techo. El ambiente se parecía más a un teatro que a un campo de batalla, pero la tensión era palpable.
—¿Dónde... estamos? —preguntó Emilia, mirando a su alrededor, sin soltar la mano de Subaru.
—¿Esto es otra prueba? ¿¡Del Santuario!? —Garfiel rugió, poniéndose de pie. Su instinto gritaba peligro.
—No, no lo es... —Beatrice respondió en voz baja. Su expresión seria. Sus ojos no miraban a ninguno de los presentes, sino a la pantalla. Algo en ella ya lo había entendido.
Uno por uno, todos los presentes comenzaron a moverse. Desde Roswaal hasta Petra, desde Frederica hasta Rem, aún en coma en una camilla flotante que apareció con ellos. Incluso Echidna, la versión de cuerpo artificial que había sobrevivido tras los eventos del Arco 7, estaba allí, con los brazos cruzados.
Y entonces, se escuchó una voz. Una voz sin género, sin fuente. Fría. Mecánica.
—Bienvenidos. Serán testigos de una línea del tiempo futura. Donde Subaru Natsuki carga una cruz invisible, donde el dolor es eterno, donde la traición es inevitable. Siéntense. Y vean.
Nadie se movió.
—¿Qué clase de brujería es esta? —Roswaal fue el primero en hablar, su tono aún burlón, aunque sus ojos bailaban con ansiedad.
—No es brujería. Es... una advertencia. —Echidna habló, seria por primera vez.
La pantalla titiló. Luego se iluminó. Y entonces, comenzó la primera escena.
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Capítulo 2 – Dolor en movimiento
En la imagen se ve a Subaru, pero no es el Subaru que conocen.
Va caminando por una ciudad en ruinas. El cielo es gris. Edificios caídos. Sangre en el pavimento. Sus ropas están sucias, desgarradas. Un brazo le cuelga sin fuerza. Sus ojos están apagados.
—S-Subaru... —Emilia susurró.
—Eso no puede ser él —negó Otto, aún sin comprender.
—Es él. Pero es otro él. Uno que vivió más que todos nosotros —murmuró Beatrice, sus ojos muy abiertos.
El Subaru en pantalla entra en una casa abandonada. Dentro, una niña pequeña lo espera. Cuando él la ve, sonríe... pero la cámara muestra que esa sonrisa está rota. Se arrodilla, y le entrega un pedazo de pan. Ella lo abraza, con lágrimas. Él no llora. Solo cierra los ojos.
—¿Quién es esa niña? —preguntó Petra.
—No importa —dijo Garfiel. Su voz temblaba—. ¡Lo que importa es que ese Subaru... está solo!
La escena corta a otra imagen: Subaru en una sala de guerra. Soldados le reportan bajas. Él aprieta los puños. Su cuerpo tiembla. Pero da la orden: avanzar.
—¡No! ¡Él no es así! ¡Subaru nunca sacrificaría gente así! —Emilia gritó.
Subaru, el verdadero, estaba en shock. No podía hablar. Solo veía.
—No es él... y al mismo tiempo sí lo es —susurró Beatrice.
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Capítulo 3 – La traición sin nombre
Una nueva imagen aparece.
Subaru está encadenado. Herido. Alguien lo observa desde las sombras. Luego, la figura se revela.
Es Aldebaran.
—¿Qué? —Otto fue el primero en levantarse—. ¡¿Qué hace él?!
—Yo... no entiendo —dijo Emilia.
El Subaru en pantalla habla.
—Confié en ti, Al... ¿por qué me vendiste?
—¡No...! ¡Eso no tiene sentido! —Garfiel gritó.
—¿Qué hiciste, Al...? —murmuró Ram, su ceño fruncido.
El Aldebaran en pantalla no responde. Solo se da la vuelta y se aleja.
—Traidor... —Roswaal dijo, serio por primera vez.
—No puede ser cierto... ¿puede? —Petra preguntó, con los ojos llenos de lágrimas.
Subaru apretó los dientes. No entendía. Pero una ira muy antigua creció dentro de él.
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Capítulo 4 – El estratega roto
Más adelante, se muestra una escena diferente.
Subaru está en una mesa con mapas. Da órdenes con voz grave. Expone fríamente las bajas que acepta. Otto le pregunta si vale la pena.
Subaru responde: "Mientras Emilia viva, todo vale."
El silencio que siguió fue absoluto.
Emilia se llevó las manos a la boca. Beatrice bajó la cabeza.
—¿Y los demás...? ¿No importan...? —Petra tembló.
—Está roto. Está completamente... —murmuró Echidna.
Ram se giró hacia Roswaal.
—¿Tú lo empujaste a esto?
—No lo sé... pero no lo descarto —respondió él, con honestidad helada.
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Capítulo 5 – El precio del amor
La siguiente escena muestra a Subaru sosteniendo a un cadáver.
Es Rem.
Llora. Grita. Se golpea el pecho.
—¡Lo siento! ¡Lo siento! ¡Lo siento!
—¡No...! —Otto gritó.
Petra rompió en llanto. Frederica sujetó a la niña.
—Subaru-kun... —Emilia murmuró, sus lágrimas cayendo.
—El precio de un mundo... sin ayuda, sin descanso... —dijo Beatrice, muy baja.
Y entonces, la pantalla se oscurece.
La voz vuelve.
—Y esto es solo el principio. Bienvenidos al abismo que Subaru llama "esperanza".
Perfecto, continúo con la siguiente parte del fanfic, avanzando con el Volumen 12 del Arco 9 y con reacciones largas y profundas de todos los personajes, siempre fiel al tono oscuro y emocional de Re:Zero. Este bloque también será extenso, con enfoque en el impacto psicológico de las revelaciones.
Capítulo 6 – La voz del regreso
La pantalla se tornó negra, pero nadie podía respirar con calma. La tensión era espesa como el lodo. Subaru estaba en shock, mirando sus manos como si fueran culpables. Emilia temblaba, sin saber si debía abrazarlo o cuestionarlo. Otto... solo lo miraba con piedad.
Entonces, una frase familiar rompió el silencio:
—"Te amo, Subaru-kun."
La voz... la voz era de Rem.
La pantalla se encendió de nuevo. Y ahí estaba ella. Sonriendo. Viva. Real.
—¡Rem! —gritó Petra con alegría.
—¡Rem...! —Subaru se puso de pie de golpe, los ojos llenos de agua.
Rem caminaba hacia Subaru en esa imagen del futuro. Él la miraba con una mezcla de deseo y miedo. No quería acercarse.
—¿Qué está pasando...? —preguntó Frederica, conteniendo su emoción.
La Rem en pantalla habló:
—"No eres tú. Ya no lo eres. Pero aún así... te amo."
—...¿Qué quiere decir? —preguntó Emilia, insegura.
—Significa que Subaru ya no es el mismo hombre. Pero ella... ella aún ve algo en él —respondió Beatrice, con la voz rota.
Subaru del futuro la abraza. La aprieta como si se fuera a deshacer. Y llora.
Pero entonces... algo lo atraviesa.
Una lanza.
Rem grita. Subaru cae. Y aparece un nuevo personaje.
Un hombre de cabello blanco y ojos negros. Sonríe con malicia.
—"Ella debía morir para que volvieras a ser tú."
—¡¿QUIÉN ERES, BASTARDO?! —gritó Garfiel.
—Ese sujeto... —Echidna entrecerró los ojos—. No es de este mundo.
El asesino de Rem desaparece en la sombra. Subaru en pantalla se levanta, tambaleante.
Y entonces, vuelve el sonido.
El reinicio.
—sha-dunk
La escena se repite desde el momento anterior a la muerte de Rem.
—¡Retorno por muerte...! —susurró Emilia, sus manos heladas.
—Está atrapado. De nuevo. Y de nuevo... —Otto murmuró.
Subaru lo vive todo otra vez. La felicidad. El amor. La pérdida. La traición. Todo. Otra vez.
La sala comenzó a oprimir. La desesperación se hizo carne.
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Capítulo 7 – La realidad que se deforma
En la siguiente imagen, Subaru está solo en una celda. Se ríe. Su risa no es humana.
—"Ah... otra vez... otra vez... otra vez..."
—Está perdiendo la cordura —murmuró Roswaal, no sin cierto respeto mórbido.
—Ya no es un héroe —agregó Ram, mirando con frialdad—. Es un mártir.
Entonces la pantalla muestra una secuencia.
Subaru muere.
Y vuelve.
Y muere.
Y vuelve.
Y muere.
Una, dos, diez, veinte veces. Cada muerte diferente. Cada renacer más vacío.
—¡Detén esto! ¡Detén esto! —Emilia gritó de pie.
Pero la pantalla no se detuvo.
Subaru quemado.
Subaru ahogado.
Subaru ejecutado por sus aliados.
—¡¿Quién demonios escribió esto?! —gritó Garfiel, rompiendo una silla de un puñetazo.
—Es su vida. Su verdadero camino —dijo Beatrice, llorando en silencio.
Otto cubrió los ojos. Petra ya no hablaba. Ram... simplemente se levantó y abrazó a Rem.
El Subaru de la sala estaba arrodillado. Temblando.
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Capítulo 8 – El juramento final
La escena cambió.
Subaru, solo, en un campo de nieve. Frente a él, una tumba.
—"Prometí salvarlos a todos. Pero no sabía que salvarlos significaba... perderme a mí mismo."
El Subaru de la pantalla enterró una espada junto a la tumba.
—"Esta es mi tumba. Y mi promesa."
La cámara se elevó.
Había muchas tumbas.
Demasiadas.
Cada una con un nombre.
—Beatrice... Petra... Otto... Rem... Ram... Emilia...
La última decía:
"Natsuki Subaru – El que vivió para morir."
Silencio.
Total.
Absoluto.
El Subaru de verdad se levantó. Caminó hacia la pantalla. La tocó.
—Yo... no quiero... convertirme en eso.
Emilia corrió hacia él. Lo abrazó.
—No vas a hacerlo. ¡Yo te ayudaré!
—Y yo —Beatrice se acercó, bajita.
—Cuenta conmigo también —Otto sonrió con tristeza.
—Yo... romperé los dientes de cualquiera que te ponga en ese camino —Garfiel juró.
Incluso Roswaal bajó la mirada.
—Quizá... esta vez, no te fallarmemo
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Capítulo 9 – La sonrisa de Julius
La imagen cambió.
Ahora estaban en una ciudad destruida, con columnas de humo elevándose hacia un cielo carmesí. Un sonido metálico marcaba el paso de alguien… hasta que apareció él.
—¿¡Julius...!? —susurró Subaru, sin creérselo.
Sí. Era él. Julius Juukulius. Pero su armadura estaba astillada. Su cuerpo, cubierto de cicatrices. Y su mirada… vacía.
—"No soy un caballero. No más. Solo soy un nombre que arrastra el lodo de sus errores."
—¿Qué te hicieron...? —preguntó Anastasia, con los ojos cristalinos.
—No… qué se hizo él mismo —murmuró Reinhard, en voz baja.
La pantalla mostró a Julius enfrentando a una sombra gigantesca que reía. Subaru estaba desmayado a sus espaldas. Julius gritó, una y otra vez, defendiendo a quien antes despreciaba.
—"¡No morirás otra vez... Subaru!"
Se lanzó al ataque, aun sabiendo que perdería.
La sombra lo atravesó.
—¡JULIUS! —exclamó Subaru en la sala, al ver el cuerpo desplomarse.
El futuro Subaru despertó, gritando al ver a su rival… su amigo… muerto frente a él.
—"No... tú no..."
Se acercó a su cadáver.
—"¿Por qué… por qué me protegiste?"
La respuesta no vino del cuerpo. Sino de la siguiente imagen.
Una carta, escrita por Julius antes de morir.
"Porque fuiste el único que me llamó amigo, incluso cuando yo te negué ese derecho. No tengo nada. Ni familia. Ni título. Ni gloria. Pero si puedo morir por alguien... moriré por ti, Natsuki Subaru."
—... —Subaru no dijo nada. Solo lloró.
—Ese idiota… —susurró Anastasia, cubriéndose el rostro.
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Capítulo 10 – La caída del héroe
El escenario cambió.
Subaru, solo, ensangrentado, sin brazo.
—"Si me queda una vida más… quiero usarla para fallar una última vez."
La escena mostraba una última misión suicida.
Emilia fue quien gritó:
—¡¿Qué estás haciendo?! ¡No vas a morir más!
Pero en la pantalla, Subaru no la escuchaba.
Se enfrentó a algo gigantesco.
Una versión corrupta de Reinhard.
—¡¿QUÉ...?! —gritó Felt de pie—. ¡¿Reinhard está peleando contra Subaru?!
—No soy yo —respondió Reinhard, con calma—. Esa cosa no soy yo.
—Es el "Camino Absoluto" —explicó Echidna—. Una copia de Reinhard creada por una maldición del futuro.
Subaru fue reducido a carne y hueso. Pero aún así, se levantó.
—"Yo... no me rendí. Nunca."
Subió una colina… y en la cima… una silueta.
Rem. Otra vez.
Subaru colapsó frente a ella. Murmuró una última vez:
—"Lo hice, Rem... Morí lo suficiente… para que vivas."
Y murió.
Otra vez.
El silencio cayó.
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Capítulo 11 – La tormenta emocional
—¿Cómo se supone que reaccionemos ante esto...? —preguntó Ram, con la voz quebrada.
—No lo sé —susurró Petra, temblando—. No quiero que muera más…
Emilia se levantó. Se acercó a Subaru. Lo abrazó.
—Nunca te dejaremos solo otra vez. Nunca más.
Beatrice también se acercó, en silencio. Tomó su mano.
—Prometiste vivir. No olvides esa promesa, ¿me escuchas?
Incluso Roswaal murmuró algo:
—El dolor que carga… es más allá de lo que yo mismo planearía.
Garfiel golpeó el suelo.
—¡¿Por qué nadie estaba ahí para detenerlo en ese futuro?!
Otto, con lágrimas, habló por todos:
—Porque ninguno de nosotros entendía cuánto estaba dispuesto a sacrificarse por todos.
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Capítulo 12 – Los engranajes de la esperanza
La pantalla mostró una última imagen.
Una habitación blanca. Subaru, con los ojos vacíos, sentado.
Una voz femenina se escuchó:
—"¿Listo para intentar una vez más?"
Era Satella.
Todos se tensaron.
—¡Tú...! —gruñó Emilia.
Pero Satella no atacó. Solo lo abrazó.
—"Sufriste. Viviste. Moriste. Pero estás aquí. Te amo por eso."
Subaru no respondió.
Solo… sonrió, por primera vez en mucho tiempo.
Y susurró:
—"Sí. Vamos otra vez."
Pantalla negra.
