Notas del autor: Hello, que tal? me extrañaron? espero que si, bueno aca estamos con un nuevo cap, se que tarde pero dios enserio no entiendo mi motivación, hay ocasiones en las que me estoy 3 días para escribir 20 palabras y en otras escribo medio cap en un día ;-;, pero que se le hace aun soy un novato, espero que disfruten mucho de este capitulo

Notas del Beta"Jeznncz":Jijijaja.

Haoalejandro: Tienes tu propia espacio para poner cualquier cosa y solo pones "Jijijaja"?

Jeznncz: Si.

Haoalejandro: Ok...?

Comentarios:

benjadu22: Thank you so much for reading, I hope you like this chapter too.


El camino al salón fue silencioso, Ruby seguía a su equipo perdida en sus pensamientos

"Concéntrate, nadie dijo que liderar sería pan comido, necesito animarlos, pero... ¿cómo?"

Llegaron temprano al aula, antes que el profesor, pero no fueron los primeros, otros equipos ya estaban sentados conversando entre sí.

Nada fuera de lo común… hasta que escucharon de qué hablaban todos.

—¿Es cierto que ese tipo raro golpeó a alguien ayer?

—También escuché que amenazó con degollar a alguien.

—Debe estar loco.

Los murmullos se esparcen por todo el salón como un zumbido incesante.

—Vaya, no era broma decir que los rumores corren más rápido que el fuego. —Yang se cruzó de brazos, mirando a su equipo.

—Pero… ¿cómo se enteraron? —preguntó Ruby, confundida.

Blake suspiró y le dio una corta mirada a Weiss.

—Fue ayer, mientras hablábamos con el director en los pasillos. No fue exactamente una conversación… discreta.

Weiss apartó la vista con indiferencia.

Antes de que Ruby pudiera decir algo más, una voz familiar la sacó de sus pensamientos.

—¡Ey, Ruby!

Jaune se acercó con su equipo detrás de él. Su rostro reflejaba algo de curiosidad.

—Entonces… ¿son ciertos los rumores? —preguntó, inclinándose un poco hacia ellas, como si intentara ser discreto.

—Depende de qué rumores hayas escuchado. —Yang respondió con los brazos cruzados.

—Ya sabes… —Jaune se rascó la nuca—. Sobre el estudiante de apoyo, que no está en un equipo y que ayer atacó a alguien en los dormitorios.

—Escuché a algunos decir que incluso sacó un cuchillo —añadió Nora con interés.

Ruby sintió un ligero escalofrío. No era solo un cuchillo.

—¿Y qué más dicen? —preguntó Weiss, como si quisiera medir hasta dónde se habían esparcido los rumores.

Ren fue quien respondió.

—Algunos creen que Ozpin lo está encubriendo. Que no es un estudiante común.

—Bueno, eso último es verdad. —Blake dijo con seriedad, atrayendo la atención de JNPR.

Jaune alzó una ceja.

—¿Cómo lo sabes?

Yang, Weiss y Blake miraron a Ruby al mismo tiempo. Ruby abrió la boca, pero dudó. No querían hablar de lo que pasó...

Jaune notó el silencio incómodo y frunció el ceño.

—Espera… ¿ustedes saben algo más?

...Y al parecer, iban a hacerlo.

Ruby exhaló lentamente y asintió.

—Sí… estuvimos ahí cuando pasó.

JNPR miró con sorpresa.

—¿Y qué pasó exactamente? —preguntó Pyrrha, su tono más serio.

Weiss cruzó los brazos.

—Entramos a su habitación por accidente… y él lo tomó bastante mal.

—Golpeó a Ruby y le puso un cuchillo en el cuello a Yang. —Blake agregó sin rodeos.

La reacción fue inmediata.

—¿¡Qué!? —Jaune y Nora dijeron al mismo tiempo.

Ren se quedó en silencio, pero sus ojos se afilaron. Pyrrha frunció el ceño, su postura más rígida.

—Es un completo lunático. —Weiss insistió.

—¿Y Ozpin no hizo nada? —Jaune preguntó, incrédulo.

Ruby dudó un segundo antes de responder.

—Dijo que lo está "manejando".

—Eso no suena muy tranquilizador… —Ren murmuró.

Pero antes de que la conversación pudiera continuar, la puerta del aula se abrió.

Todos los murmullos en la sala se apagaron casi de inmediato.

Nimrod había llegado.


~X~ Antes ~X~


A veces extrañaba dormir.

No recordaba la última vez que lo había hecho, lo cual me perturbaba profundamente. A veces, fragmentos de mi vida antes de ser un no-muerto cruzaban mi mente, pero no eran más que imágenes borrosas, difusas. Ecos de algo que ya no entendía.

Odiaba no hacer nada. En esos momentos, mi mente decidía arrastrarme al pasado.

Esta noche había sido peor. No solo era la culpa lo que me había acompañado… sino una extraña mezcla de anhelo y nostalgia.

¿Por qué reaccioné así? ¿Por qué me aterró tanto que descubrieran lo que hice antes?

Suspiré, observando el amanecer a través de la ventana.

La palabrería de Ozpin sobre volver a empezar me está afectando. Tener esperanza es un error. Uno que sigo cometiendo.

El sonido de alguien tocando la puerta interrumpió mis pensamientos.

¿Qué quiere Ozpin ahora?

Solté un suspiro antes de dirigirme a la puerta. No esperaba encontrar a su asistente esperándome.

—¿Qué quieres? —pregunté secamente.

La expresión severa de la mujer se endureció aún más.

—El director me pidió que le entregara su horario de clases.

—¿No pudo hacerlo él mismo?

—Ozpin tiene muchas responsabilidades más importantes que tratar con usted.

No me sorprendió la respuesta, pero tampoco me molesté en ocultar mi fastidio.

Por más que odie admitirlo… Ozpin es el único con el que no me siento incómodo.

Ver el brillo en los ojos de los humanos solo me recordaba lo que había perdido. Cuando morí por primera vez.

Ozpin es diferente. Él no tiene ese brillo. Él sabe lo que se siente morir una y otra vez.

—¿Ocurre algo? —La voz de Glynda me sacó del pensamiento. Me observaba con una ceja levantada, analizando.

—No. —Respondí antes de tomar el horario de su mano. —¿Algo más?

—Sí. —Metió la mano en su bolsillo y sacó uno de esos artefactos que todos usan.

—Este es tu pergamino. Úsalo para cerrar la puerta. No queremos que se repita el incidente de ayer.

Nos sostuvimos la mirada por más tiempo del necesario.

Aunque en el fondo… me lo merecía.

—No se repetirá. A menos que alguien meta su nariz donde no debe.

—Lo tendremos en cuenta. No llegues tarde a clase. —Fue lo último que dijo antes de darse la vuelta y marcharse.

Otra vez solo.

Le di un vistazo al horario, más por distraerme que por verdadero interés.

"Estudios Grimm con el profesor Port, 7:00 am."

No me entusiasma la idea de ser un estudiante. Desearía que el maestro Logan me hubiera contado más sobre su paso por la Escuela de Dragones de Vinheim.

No importa.

Prefiero estar rodeado de niños tontos que solo con mis pensamientos.

Guardo el horario y veo el segundo objeto que me dieron.

—Tú no eres un pergamino. —Murmuré, girándolo en mis manos como si esperara una respuesta. —¿Cómo demonios funcionas?

Lo agité. Nada.

Me encogí de hombros. Ya lo descubriré más tarde.

Mientras caminaba por el pasillo, no pude evitar estar alerta todo el tiempo. Mis sentidos siempre buscaban algo… un peligro, una emboscada, un rastro de hostilidad.

Puede que haya pasado un mes, pero sigo sin acostumbrarme a esta calma. A que todo esté en buen estado. A la ausencia de peligro constante.

Sin pensar demasiado, metí la mano en mi bolsillo y mis dedos encontraron el talismán de Solaire.

Lo sostuve por un momento.

"Ojalá fueras tú quien viera esto."

No sé cuánto tiempo me quedé mirando el objeto, pero finalmente lo guardé en el bolsillo y continué mi camino.

El aula estaba cerca. Al llegar a la puerta, escuché murmullos al otro lado.

Dude por un momento antes de entrar, y el pensamiento de volver a mi cuarto cruzo mi mente.

"Vamos, atravesé ciudad infestada, esto no es nada"

Sin pensarlo más, abrí la puerta y entré.

El efecto fue inmediato. El murmullo se apagó al instante.

Varios pares de ojos se giraron hacia mí.

"Demonios"

Algunos desviaron la mirada de inmediato. Otros, en cambio, no lo hicieron.

Mi mirada recorrió el salón hasta que me encontré con RWBY, la mayoría de ellas me fulminaba con la mirada, pero... Ruby apartó la vista.

"Tsk."

No dije nada. Solo avancé hacia un asiento vacío en la parte trasera del aula y me dejé caer en la silla sin hacer ruido.

Volví a sentir todas las miradas sobre mí. Esperando que hiciera algo.

Los ignoré.

"Maldita sea Ozpin"

El aula seguía en silencio.

Apoyé el codo en el escritorio y pasé una mano por mi rostro.

Esto es absurdo. Cazar monstruos no debería requerir clases teóricas. O peleas de práctica. O profesores que probablemente nunca han sentido el filo de una espada cortando su piel.

Cazar o mueres. Es así de simple.

Solté un suspiro pesado, sintiendo el peso de las miradas aún sobre mí.

No durarán mucho tiempo. Lo sé... O al menos eso espero.

Pero entonces… mi mirada se cruzó con la de Ruby.

No apartó la vista esta vez.

No era enojo. No era miedo. Parecía… algo más.

¿Lástima?

Chasqueé la lengua y desvié la mirada, volviendo a hundirme en mi asiento.

Que empiece la maldita clase.

Como si el universo hubiera decidido hacerme caso, la puerta del aula se abrió de golpe.

—¡AH! ¡La emoción del conocimiento y la valentía de la juventud! ¡Bienvenidos a Estudios Grimm! —Una voz resonó con tal energía que hasta los más adormilados en el aula se sobresaltaron.

Un hombre corpulento, de gran bigote y pecho inflado de orgullo, entró con paso firme. Parecía el tipo de persona que disfruta demasiado de escuchar su propia voz.

—¡Soy el profesor Peter Port! Y estoy aquí para enseñarles el noble arte de la cacería de Grimm. —Dijo con una teatralidad que hizo que algunos estudiantes suspiraran con resignación.

Genial… un charlatán.

—Pero antes de comenzar con la teoría, ¡permítanme compartirles una historia!

Algunos estudiantes rodaron los ojos. Parece que el preámbulo no los convenció.

Al menos, la atención ya no estaba en mí.


~X~ Un rato después ~X~


—... Y al final, el Beowolf no fue rival para mi tenacidad pura. Regresé a la villa con la bestia capturada, la cabeza en alto, ¡y fui celebrado como un héroe! —El profesor Port terminó su monólogo con una reverencia exagerada, como si esperara aplausos.

Nadie aplaudió.

Para este punto, la mitad de la clase se había dormido. Los que aún resistían empezaban a cabecear, atrapados en una batalla perdida contra el sueño.

Port frunció el ceño. Aclarándose la garganta con fuerza, enderezándose con energía.

—¡Ah, pero qué mejor manera de aprender que con una demostración en vivo!

Algunos estudiantes alzaron la vista con la esperanza de que fuera algo más emocionante.

Port caminó hacia un costado del aula, donde había un gran cajón cubierto con una lona. Con un gesto teatral, tiró de ella, revelando una jaula metálica.

Algo dentro se movió.

Un gruñido bajo resonó en el aula.

Los murmullos murieron al instante.

Nimrod sintió un escalofrío recorrerle la nuca.

Así que la demostración será con un Grimm… El dolor de cabeza era más leve esta vez. Parece que Ozpin no mentía.

Port golpeó la jaula con orgullo. El Grimm gruñó, sacudiendo la estructura de metal con furia.

—¡Damas y caballeros, este es un ejemplar de Boarbatusk! —exclamó con entusiasmo.

Weiss echó un vistazo a su equipo… y su decepción no pudo ser mayor.

Yang estaba roncando.

Blake ni siquiera miraba al frente, pasando la página de su libro como si la clase no existiera.

Ruby… bueno, Ruby trataba de no quedarse dormida.

Weiss apretó la mandíbula.

—Necesito a un cazador honorable… —Port anuncio, Weiss giro lentamente la cabeza hacia su equipo.

Yang roncó más fuerte.

—… Alguien de quien depender.

Blake pasó otra página. Ni siquiera estaba fingiendo interés.

—… Un verdadero cazador debe ser estratégico, bien educado y sabio.

Ruby se rascó la nariz.

Weiss sintió un tic nervioso en la sien.

—¡Oh, oh! ¡Yo, yo, yo! —Nora agitó la mano con emoción.

—¡Ah! Ya sé… —Port sonrió con entusiasmo. —¡Joven Arc! ¡Pase al frente!

Jaune se congeló.

Sus ojos se abrieron como platos.

—¿¡Q-qué?!

Weiss se levantó de golpe.

—¡Profesor! —dijo, con la mano en alto y la voz clara—. Permítame demostrar las habilidades de una verdadera cazadora en formación.

Port asintió.

—Me gusta esa energía. Vamos a ver si tienes lo necesario, da un paso al frente y enfrenta a tu adversario.


"Ahora sí prestan atención."

Caminé con paso firme hacia los casilleros, sintiendo las miradas de todos sobre mí.

Mi equipo apenas empezaba a darse cuenta de que algo serio estaba pasando.

Ruby, siempre tan distraída, por fin levantó la vista con preocupación.

Yang, que hasta hace un momento dormía, ahora estaba completamente despierta.

Blake, que había ignorado la clase, cerró su libro en silencio.

Por supuesto que ahora están atentas.

Dejé escapar un resoplido, abriendo mi casillero de un tirón.

Myrtenaster, reposaba allí, descansando en su funda con la dignidad que solo un arma de una cazadora de mi linaje podría tener.

"Les mostraré como se hace."

La sensación del metal frío en mis dedos me dio una fugaz calma. Mientras la luz tenue del pasillo se reflejaba en el acero, mis pensamientos comenzaron a ordenarse:

"Si mi equipo no puede ponerse a la altura de la situación, entonces tendré que marcar la diferencia. No voy a dejar que el caos nos defina. Yo seré el ejemplo."

Cerré el casillero con un clic seco, lanzando una última mirada de reojo a mis compañeras. Apenas estaban empezando a reaccionar.

Incluso ese tal Nimrod parece tomarse las cosas más en serio que ellas…

La idea me molestó más de lo que quería admitir. Él no debería ser un punto de comparación. Él no debería estar aquí en primer lugar.

Pero si Ozpin insiste en mantenerlo, al menos le demostraré quién es la verdadera cazadora.

No importaba.

Yo ya había tomado mi decisión.

Salí del pasillo con la cabeza en alto, lista para demostrar lo que significa ser una Schnee.

Cuando regresé al aula, el profesor Port ya estaba frente a la jaula del Grimm, sonriendo con orgullo como si fuera un trofeo de caza.

—¡Y ahora, damas y caballeros! —exclamó, abriendo los brazos teatralmente—. ¡El desafío definitivo! Un enfrentamiento entre el ingenio de una cazadora en formación y el instinto salvaje de la naturaleza. ¡La eterna batalla del hombre contra la bestia!

Golpeó la jaula con entusiasmo. El Grimm gruñó con fuerza, sacudiendo la estructura de metal.

Que exagerado.

Me acerqué con paso firme, notando de reojo cómo varias miradas me seguían. Jaune, claramente aliviado de no haber sido elegido, se hundió en su asiento. Ruby me observaba con cierta inquietud.

Y entonces, lo vi.

Nimrod.

Su expresión no cambió. No parecía impresionado, ni curioso.

Me miraba como si fuera una niña cometiendo una idiotez…

Casi como Papá.

Infeliz.

El agarre en mi arma se tensó por un segundo.

No importa.

Esto no tenía nada que ver con él.

Me paré con elegancia en el centro del aula y desenvainé Myrtenaster con un giro preciso.

—Estoy lista.


—¡Bueno, comienza! —exclamó Port, dejando caer su arma sobre el candado.

¡CRACK!

Un rugido desgarró el aula cuando el Boarbatusk salió disparado como un proyectil, sus colmillos listos para partir a Weiss en dos.

La heredera apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que la bestia estuviera sobre ella.

Saltó hacia un lado.

El aire zumbó junto a su oído cuando los colmillos del Grimm pasaron a centímetros de su cintura. La criatura se estrelló contra el suelo con un impacto que hizo vibrar el aula.

Ruby soltó un jadeo ahogado.

—¡Vamos, Weiss!

—¡Patéale el trasero, Reina de Hielo! —Yang gritó con diversión.

Weiss gruñó.

"Reina de Hielo. Voy a hacer que se traguen ese apodo."

Se giró con elegancia, Myrtenaster en alto, lista para devolver el ataque.

El Boarbatusk no esperó. Con un rugido gutural, cargó contra ella.

—¡Weiss, cuidado! —Ruby gritó.

Pero la chica no tenía miedo.

Con un movimiento preciso, se lanzó hacia adelante, estoque en mano, directo a la cabeza del Grimm.

¡CLANG!

El impacto resonó en toda el aula.

El filo de Myrtenaster rebotó como si hubiese golpeado acero sólido.

"¿Qué?!"

Weiss apenas tuvo tiempo de procesarlo antes de que el Grimm la embistiera de lleno.

Pero en vez de salir volando… su arma quedó atrapada.

Sus ojos se abrieron con sorpresa. Los colmillos del Boarbatusk se habían enredado en la empuñadura, atrapando a Myrtenaster en un ángulo peligroso.

Y el Grimm no se detuvo.

El Boarbatusk agitó la cabeza con violencia, arrastrando a Weiss con él mientras ella intentaba mantener el agarre en su arma.

—¡Vamos, Reina del Hielo!, ¡enséñale quién manda! —Yang comentó con una sonrisa divertida.

—¡Yang, cállate! —Weiss gruñó entre dientes, su concentración tambaleándose por un segundo.

Y ese segundo fue suficiente.

El Grimm dio un tirón más fuerte y Weiss perdió el equilibrio. Myrtenaster se soltó de su agarre, volando en una dirección mientras ella era lanzada en la otra.

—¡Weiss! —Ruby se levantó de su asiento.

—¡Vaya, eso sí que fue un mal movimiento! …ouch —Yang murmuró, cruzándose de brazos.

Weiss aterrizó de mala manera, rodando hasta chocar contra la pared.

—¡Oh! ¿Qué vas a hacer ahora sin tu arma? —Port preguntó con tono dramático, su hacha en mano, listo para intervenir si era necesario.

Weiss notó el gesto... y no le gustó.

Apretó los dientes, obligándose a pensar rápido. Pero el Grimm no le daría ese lujo.

El Boarbatusk cargó de nuevo, sin dudar.

Weiss rodó a un lado en el último segundo, sintiendo la ráfaga de aire a su espalda cuando la bestia pasó de largo y se estrelló de lleno contra la pared con un impacto seco.

No perdió tiempo. Se puso de pie y corrió hacia Myrtenaster, deslizándose para tomarla de un tirón.

—¡Weiss! ¡Ataca el estómago, ahí no tiene armadura! —Ruby trató de ayudarla.

Pero Weiss ya estaba al límite.

—¡Deja de distraerme! —espetó, frustrada, sin apartar la vista del Grimm.

El Boarbatusk notó su descuido y cargó de inmediato.

Pero Weiss estaba lista.

Clavó a Myrtenaster en el suelo y, en un destello de luz, un glifo se materializó frente a ella.

El Grimm chocó de lleno contra la barrera con toda su fuerza... y salió despedido hacia atrás, rodando torpemente por el suelo.

Cayó de costado, aturdido.

Weiss no desperdició la oportunidad.

Se lanzó hacia adelante, su estoque brillando con determinación.

Con un movimiento preciso, hundió la hoja de Myrtenaster en el cuello del Boarbatusk.

El Grimm chilló, agitando las patas en un último intento de resistirse...

Weiss apretó los dientes y giró el estoque, hundiéndolo más.

El chillido se apagó.

Un último espasmo y luego… nada.

Silencio.

La criatura comenzó a desvanecerse en motas de oscuridad.

Weiss se quedó de pie, respirando con fuerza, sujetando aún a Myrtenaster.

—¡Bravo! Parece que tenemos a una verdadera cazadora en formación entre nosotros. —Aplaudió el profesor.

Para Weiss no había sido una victoria.

"¿Cómo era posible que un Grimm tan básico, me diera tantos problemas?"

—Fue un combate emocionante y del cual podemos aprender bastante, ¿Alguien quiere compartir alguna crítica constructiva? —Port dijo, parándose al lado de la heredera

Los murmullos comenzaron a surgir entre los estudiantes, algunos aún asombrados por la pelea, otros demasiado distraídos para haber prestado verdadera atención. Pero ninguna observación, tal vez por la falta de experiencia de la mayoría o la cara de pocos amigos de la heredera.

Weiss respiró hondo, recomponiéndose.

"Que alguien más lo intente. No hay nada que puedan decirme que no haya notado ya."

—Yo tengo una.

El aula quedó en silencio.

Weiss parpadeó, girando levemente la cabeza.

—¿Oh? Joven Nimrod, por favor comparte tu opinión. —Dijo Port, cediéndole la palabra.

El encapuchado la observaba con la misma expresión imparcial de siempre, apoyado contra su asiento con los brazos cruzados.

—Eres rápida —comentó—, y tienes técnica. Pero subestimaste a tu adversario y te dejas distraer demasiado fácil.

A pesar del tono neutral, Weiss apretó los puños, sintiendo como si la mirara por debajo del hombro, igual a su padre cuando le echaba sus errores en cara.

—¡Mi equipo me distrajo! —replicó de inmediato.

Nimrod negó con la cabeza.

—¿Crees que un combate real es más silencioso?

Su voz era monótona, pero en el aula solo había silencio.

—Estarás rodeada por el caos —continuó—, el sonido del metal siendo desgarrado y los alaridos de los moribundos. Si no eres consciente de eso, mejor vete.

El tono de su voz no tenía burla ni desafío, lo que de alguna manera lo hacía peor.

Weiss sintió los dedos apretarse alrededor de Myrtenaster.

Yang dejó escapar un silbido bajo.

—Bueno, alguien vino de malas hoy.

Weiss respiró hondo, recordándose que no valía la pena seguir la discusión.

Port carraspeó, queriendo recuperar la atención de la clase.

—Bien, bien. Excelente análisis. Tal vez fuera demasiada franqueza, pero ¿Alguien más quiere agregar algo?

Los murmullos volvieron a surgir.

Weiss enderezó los hombros y guardó su estoque con un giro elegante.

Aunque no quería admitirlo, las palabras de Nimrod le quedaron en la cabeza más de lo que le gustaría.

Port retomó su lugar al frente del aula, con una gran sonrisa.

—¡Excelente demostración! Y con eso, terminamos la teoría por hoy...

¡Ding-dong!
La campana sonó, marcando el final de la clase.

Yang se desperezó con los brazos por encima de la cabeza.

—Uff... esta clase me dejó agotada.

Ruby parpadeó, confundida.

—¿Pero si solo hubo una pelea y tú dormiste la mitad?

Yang le guiñó un ojo mientras salía del aula.

—Dormir bien también requiere energía, ¿sabes?

Ruby se quedó mirándola, sin saber si estaba bromeando o completamente seria.

Weiss, detrás de ellas, soltó un leve resoplido.

Al menos la próxima clase es combate. Tal vez ahí sí presten atencion


Nimrod caminaba en silencio, apartado del bullicio del resto de los estudiantes.

Aún recordaba el rostro de esa chica, la que tanto le recordaba a Priscilla: su expresión tensa, molesta... y un poco avergonzada, a pesar de que él había intentado ser suave en su crítica.

"No está mal", pensó. "Pero aún está lejos."

Recorrió los pasillos en busca del aula correspondiente.

Terminó llegando al mismo lugar donde se había enfrentado a Qrow.

"¿Dónde estará ahora?" Había tratado poco con él, pero no le pareció mala persona... y al menos no era un enigma como Ozpin.

Dejó ese pensamiento atrás. La clase de combate estaba por comenzar.

Al fin, algo que entendía.

Buscó un lugar apartado para sentarse. No sabía qué esperar de esta asignatura. En la clase anterior, Port había enseñado cómo derrotar a los Grimm de manera más eficiente, aunque envuelto en una historia tan recargada que hacía falta resistencia al sueño para extraer algo útil.

Pero a juzgar por la arena frente a él, esta clase era distinta: combate contra otras personas.

Parece que no importa la era... el humano siempre termina peleando contra su propia especie.

No tuvo que esperar mucho para que llegara la instructora de combate y alzó la ceja al reconocerla.

Glynda Goodwitch, no espero que la asistente de Ozpin fuera también la instructora de combate, parece que el director tiene menos personal del que juzgo en un principio.

—Bienvenidos a su primera clase oficial de combate. —Su voz era tan cortante como su mirada—. Aquí se evaluará no solo su habilidad individual, sino su disciplina, su control del aura y su disposición táctica en un entorno realista.

Nimrod mantuvo los brazos cruzados, sin moverse de su asiento apartado.

—Las reglas son simples: cada enfrentamiento termina cuando el aura de uno de los combatientes cae por debajo del veinte por ciento. En ese momento será considerado incapacitado. También puedo intervenir de considerarlo necesario. —Hizo una pausa, permitiendo que el mensaje se asentara—. No toleraré imprudencias. Esto no es un espectáculo.

"Más permisivos de lo que esperaba."

Goodwitch proyectó una serie de barras de aura en una pantalla holográfica sobre el campo.

—Sus rivales serán elegidos al azar, aunque también pueden elegir a uno, con la condición de que el retado puede rechazar si lo desea.

Luego, sin más preámbulos, comenzó a llamar nombres.

Los combates comenzaron, uno tras otro. Algunos rápidos, resueltos en segundos con un buen movimiento. Otros más largos, llenos de gritos, bloqueos torpes y ataques desesperados. La mayoría peleaba con energía... pero poca estrategia.

Nimrod apenas prestó atención. Analizaba sin esfuerzo, detectando errores antes de que los combatientes los cometieran.

"El pie izquierdo está mal apoyado. Se va a desequilibrar en el siguiente giro."

Y así era. Una caída, un golpe, una derrota.

Solo algunos mostraban verdadera técnica. Tal vez la pelirroja del equipo de Jaune... Pyrrha, ¿era?

Había luchado con mucha más experiencia de lo que esperaba... pero no podía decir lo mismo de su líder.

La espada de Jaune chocó contra la maza de Cardin, empezando un forcejeo poco favorable para el rubio.

—Esta es la parte donde pierdes —dijo el fortachón con una sonrisa confiada.

—¡Sobre mi cada...! — El aire se le fue con un rodillazo en la ingle, dejando la frase inconclusa mientras se desplomaba como un costal, cubriendo su magullada nobleza.

Cardin alzó la maza, preparado para dar el golpe final.

—¡Suficiente! —La voz de Goodwitch detuvo a Cardin en seco. —El combate termina cuando el aura cae, no cuando el cerebro desaparece —dijo con frialdad.

"La mayoría pelea como novatos, pero pareciera que es la primera vez que toma una espada"

Nimrod suspiró. Esto parecía un juego de niños comparado con lo que había vivido en Lordran. No esperaba que lo eligieran; Ozpin sabía que no era ningún novato. Aunque le frustraba quedarse quieto, entendía que lo querían tener bien vigilado.

—¡Eso ni siquiera sirvió para entrar en calor! —bufó Cardin, estirando los brazos como si no hubiera hecho el más mínimo esfuerzo—. Quiero retar a alguien.

Goodwitch alzó una ceja.

—Tienes derecho a hacerlo. Pero recuerda: el combate termina cuando el aura cae. Ni antes... ni después.

Cardin escaneó el salón con la vista.

—Podría ser Pyrrha... aunque eso sería injusto para ella. —Dijo, soltando una risa baja, como si creyera haber dicho algo ingenioso.

Pero su sonrisa se desvaneció cuando su mirada se cruzó con la de Nimrod.

—No... ya sé quién. —El aire pareció tensarse. —Quiero enfrentar al encapuchado.

Un murmullo recorrió la sala. Algunos se voltearon a ver a Nimrod, otros a Cardin como si no supieran si estaba bromeando o había perdido el juicio.

Nimrod no se movió. Solo lo observó en silencio, su expresión igual de neutra que siempre.

Glynda frunció el ceño.

—¿Estás seguro? Hay muchas otras opciones...

—Estoy harto de cómo se cree superior —dijo Cardin, alzando la voz para que todos lo escucharan—. Quiero ponerlo en su lugar.

Glynda lo observó por un segundo largo, pensativa, pero con esa dureza inquebrantable de siempre.

—No estaba seguro de que Nimrod peleará debido a su rol de apoyo, sus armas no están en los casilleros...

—¿Tiene corona? ¿Es un VIP secreto de Ozpin? —replicó Cardin con sorna—. ¿O solo me tienen miedo?

Ahora todas las miradas estaban puestas en Nimrod. Aún en su asiento, no había dicho ni una palabra.

Glynda suspiró.

— ¿Aceptas el desafío?

—Acepto —respondió al fin, levantándose sin apuro. —Voy a buscar mi equipo

Y sin mirar a nadie, salió del aula.


Mientras el murmullo por el reto lanzado a Nimrod aún flotaba en el aire, Jaune se dejó caer en uno de los bancos al borde del área de combate, frotándose la parte baja con el orgullo magullado.

—No te preocupes, Jaune. —La voz suave de Pyrrha lo sacó de su ensimismamiento—. Es el primer combate, seguro que en los siguientes te va mejor.

Jaune forzó una sonrisa mientras seguía frotándose el estómago.

—Gracias, Pyrrha… pero entre lo de hoy y el bosque, empiezo a pensar que soy más peso muerto que líder.

—Ser líder no significa ser el más fuerte. Significa ser alguien en quien los demás puedan confiar, incluso cuando las cosas se ponen feas.

Ren se acercó a su lado.

—¡Exacto! No te desanimes líder, tú dame la señal y le romperé las piernas.

Nora apareció al lado de Ren, apoyándose sobre el respaldo del banco con una sonrisa chispeante.

—Gracias… chicos. Pero creo que lo último que necesito es empezar una guerra contra mis propios compañeros de clase.

—No sería una guerra. —Nora infló las mejillas, ofendida— Sería una demostración de… trabajo en equipo.

—Demasiado entusiasta para una clase —comentó Ren, aunque en el fondo sonreía.

Pyrrha soltó una leve carcajada, mirando a Jaune con afecto.

—¿Ves? No estás solo. Incluso si las cosas no salen bien al principio, seguimos creyendo en ti.

Jaune bajó la mirada un segundo, visiblemente más tranquilo, antes de asentir.

—Gracias... de verdad.

—Por cierto ¿cómo creen que le vaya al chico raro? —Nora preguntó llevándose un dedo al mentón —Es bastante más bajo que Cardin.

Ren paso a una expresión pensativa.

—No tengo ni idea, por los rumores parece un matón, pero el equipo RWBY parece saber más —Dijo señalando a dicho equipo que no habían despegado la mirada de la puerta por la que había salido Nimrod.

El equipo RWBY no decía una palabra. Ruby se mordía el labio, los brazos cruzados contra el pecho, sin apartar la vista de la puerta. Yang se sentaba con los codos apoyados en las rodillas, los ojos clavados en el suelo, sería por una vez. Blake hojeaba su libro, pero no pasaba página, y Weiss... Weiss mantenía una postura erguida, digna, pero sus labios estaban apretados en una fina línea.

—¿Crees que estén bien? —Pregunto Pyrrha.

—Solo hay una forma de saberlo —Respondió Jaune antes de acercarse a su equipo hermano.

El grupo RWBY apenas se movió cuando se les acercaron. Fue Yang quien rompió el silencio primero.

—¿Qué pasa, Jaune?

—Nada malo… solo queríamos saber cómo están. —Rascó su nuca con torpeza, sintiendo el peso de las miradas del resto—. Digo, lo de Nimrod… parece que lo conocen mejor que nosotros.

Blake cerró su libro con suavidad.

—No lo conocemos. Solo… nos cruzamos con él antes.

—¿Y qué piensan? —preguntó Ren, directo como siempre.

Ruby abrió la boca para responder, pero Weiss se adelantó.

—Da igual lo que pensemos. Cardin lo retó. Ahora, todos van a saber lo que puede hacer.

Yang resopló.

—O lo que no puede.

Pyrrha observó las expresiones de las cuatro chicas, especialmente la de Ruby.

—¿Crees que es peligroso?

Ruby se tocó la mejilla. Luego, bajó la mirada.

—No lo sé —dijo al fin—. Pero no creo que antes reaccionara solo por rabia. Había algo más. Miedo, tal vez.

Yang giró la cabeza lentamente hacia su hermana.

—¿Estás diciendo que le tengamos lástima?

Ruby negó con la cabeza.

—Solo digo que algo no está bien con él…

Y Nimrod entró.

Lento. Seguro. Silencioso como una sombra.

El murmullo entre los estudiantes se apagó casi al instante, como si el aire en la sala hubiera cambiado. Incluso Cardin, con su sonrisa arrogante, bajó el mentón en un gesto de desafío.

Yang exhaló por la nariz.

—Bueno. A ver si el psicópata puede pelear de verdad.

Ruby lo miro antes de quedar confundida.

—¿Por qué su equipo está en tan mal estado?

El encapuchado portaba un bracamarte que crujía con el óxido al menor movimiento y un escudo de madera que parecía tan podrido como una tapa de barril vieja.

—¡Pff! ¿En serio vas a luchar con eso? ¿Dónde lo encontraste, en la basura? —Cardin se burló de su rival.

Nimrod exhalo cansado.

—Parece que juzgue mal —Dijo mientras enfundaba la espada. —No la voy a necesitar.

La sonrisa se borró de la cara del bravucón al instante.

—¡Sigue provocándome! No vas a poder ni levantarte cuando acabe contigo.

El encapuchado lo ignoro y en cambio miro a Goodwitch impaciente de que empezara el combate.

—Presumido —Bufo Weiss.

—¿En serio va a luchar con eso? — dijo Nora en voz baja —Ese escudo parece que se va a romper al primer golpe.

—Parece un riesgo innecesario —añadió Ren.

Pyrrha lo miraba fijamente. Como una entusiasta del combate, le emocionaba ver nuevos estilos de lucha, pero no sabía que pretendía el encapuchado, ¿Luchar sin arma contra un rival que es al menos un cabeza más alto?

Diría que se sobreestimaba, pero algo en su postura lo contradecía. No demostraba confianza ni arrogancia... mostraba aburrimiento.

—¡Empiecen!

Ni bien Glynda dio la orden, Cardin se abalanzó con un poderoso ataque. Golpeó su maza contra el suelo, activando el cristal de Dust. Una violenta llamarada estalló hacia el encapuchado, engulléndolo en una cortina de humo

El bravucón sonrió, sintiéndose victorioso.

—¡Ja! Parece que no era más que un debilucho... —Se detuvo al mirar la pantalla de la arena, el aura de Nimrod seguía al cien por cien.

Incluso algunos alumnos se inclinaron hacia adelante, incrédulos.

—Reconozco que ese fue un poderoso ataque —la voz del encapuchado sonó desde dentro del humo —Pero demasiado fácil de leer.

Nimrod emergió de la humareda intacto.

—¿Eso era todo?

Cardin apretó los dientes.

—¡No me subestimes!

Cargo contra el encapuchado dispuesto a lograr un golpe directo.

Nimrod lo esquivo como si lo viera venir con un día de antelación, Cardin no se detuvo. Desató una andanada de golpes, tratando de abrumar a su rival… sin éxito.

—Es bastante más ágil de lo que parece —Murmuro Blake.

—Ni siquiera lo está intentando —soltó Pyrrha.

—¿Eh? ¿A qué te refieres? —Jaune la miró confundido.

—Fíjate, no ha intentado contraatacar una sola vez, a pesar de que su velocidad supera con creces la de Cardin.

Jaune prestó más atención.

A pesar de que el bravucón atacaba sin descanso, no conseguía encajar un solo golpe, Nimrod por su lado no jadeaba. Ni un solo paso en falso. Su mirada parecía vacía… o calculadora.

—¡Quédate quieto! —Cardin rugió, poniéndole más fuerza al último golpe.

El encapuchado se deslizó hacia atrás, evadiendo sin esfuerzo.

—Te falta velocidad y descuidas demasiado tu defensa.

Cardin golpeó el suelo con irritación.

—¡Deja de sermonearme! —El bravucón se lanzó con un ataque de barrido amplio.

Pero Nimrod se adelantó.

Antes de que la maza chocara con su cabeza, se acercó en un parpadeo, Golpeó la muñeca de Cardin con precisión quirúrgica. La maza cayó con un sonido hueco al suelo.

—Enojarte no te va a volver más fuerte, así no es cómo funciona.

Esta vez el bravucón no respondió, se limitó a mirarla con fuego en los ojos mientras sujetaba su muñeca.

Nimrod negó con la cabeza.

—Esto no tiene sentido.

Caminó hasta donde había caído la maza de su rival, la levantó con calma… y la arrojó de nuevo cerca de él.

—Me rindo.

El silencio fue inmediato. Y luego, como si alguien rompiera el aire con una piedra, el murmullo explotó en el salón.

—¿Qué?

—Pero si lo tenía dominado…

—¿Se cansó?

Incluso Cardin se quedó pasmado, preguntándose si había oído bien. Hasta que vio la figura del encapuchado alejarse.

—¿Te retiras? ¿Dónde está tu orgullo?

Nimrod se detuvo. Miró sobre el hombro, sin expresión.

—No hay orgullo en vencer a alguien más débil que yo.

La ira burbujeó en el interior de Cardin, mezclándose con la humillación.

—¡Maldito! —rugió, levantándose de golpe. Agarró su maza y se lanzó hacia el encapuchado.

Nimrod se movió justo antes de que la maza lo aplastara. Giró sobre su talón y contraatacó con un gancho brutal de su escudo.

El escudo estalló en mil piezas contra la mandíbula del bravucón, que cayó como un saco al suelo.

—Último consejo —Nimrod se puso encima de él, levantándolo del cuello de su ropa. —Cometer estupideces duele.

Nimrod lo soltó y se incorporó con calma, sin mirar atrás.

Yang soltó un silbido bajo

—Parece que el bicho raro sabe controlarse...

Weiss cruzó los brazos, la mirada fija en Nimrod mientras se alejaba de Cardin como si la pelea nunca hubiera importado.

—Eso no fue disciplina. Fue arrogancia. Cree que está por encima de todos.

Blake, sin apartar la vista de su libro, murmuró:

—Fuertes palabras para alguien que le echó la culpa a su equipo por su propio desempeño.

Weiss giró la cabeza, molesta.

—¿Y acaso era mentira? Si no fuera por ustedes, habría vencido a ese Grimm en un instante. Al menos yo me lo tomo en serio.

Blake levantó la vista, serena pero firme.

—Tomárselo en serio no es lo mismo que creerse mejor que todos.

El aire entre ambas se tensó. Ruby lo sintió antes de que una palabra más se dijera.

—Chicas, basta ¿Sí? —intervino, con la voz más tranquila de lo que esperaba—. No va a servir de nada pelear entre nosotras.

Hubo un breve silencio.

Weiss desvió la mirada y Blake bajó la vista de nuevo a su libro, pasando de página esta vez.

Pero ninguna parecía completamente convencida.


El viento agitaba levemente las cortinas de la oficina del director.
Ozpin permanecía de pie frente al ventanal, con su inseparable taza de café entre las manos. Sus ojos no miraban el paisaje… sino la grabación de una pelea en su pergamino.

Observaba la silueta de Nimrod proyectada en su pergamino. Algo en ella le había dado un presagio... no del todo oscuro.

—¿Y bien? —preguntó Glynda, cruzada de brazos a unos pasos detrás de él. Su tono era cortante, pero su mirada contenía preocupación—. Deberíamos reconsiderar su permanencia.

Ozpin tomó un sorbo lento, meditativo.

—Pudo haberlo herido seriamente. Pero no lo hizo.

—Eso no lo convierte en un estudiante ejemplar.

—No —admitió—. Pero tampoco busca la violencia sin sentido.

Glynda frunció el ceño.

—¿Entonces?

Ozpin sonrió antes de darle un sorbo a su café.

—Dime ¿ha habido más robos de Dust?

Goodwitch suspiro, ya acostumbrado a los cambios de tema de su jefe.

—Van tres esta semana, estamos un poco cortos de personal.

El director asintió.

—Parece que es momento de que Nimrod pruebe su valía.


¡Gracias por leer! Si te gusto no dudes en dejar un comentario, realmente me motivan bastante a escribir, ¡Hasta la próxima!