Capítulo 4 ~ Línea temporal ~

El camino proporcionado tanto por la deidad como por Trunks llevó a Nanaya a las puertas de la monumental construcción, en medio de ello, ambos guardianes del tiempo hablaron a más profundidad con la singularidad hecha persona.

"Entonces, ¿ustedes desean que yo intervenga al momento en que una línea temporal se vea alterada?" Cuestionó Nanaya con cierta curiosidad. "¿Aún siendo conscientes de que este tipo es muchísimo más poderoso que yo?"

"Trunks es un patrullero aún muy unificado a su línea temporal, así que es más complicado que él intervenga sin alterar los hechos de esta línea en especial." La Kaioshin miró con cierta molestia al chico un tanto apenado. "Así que prefiero que en la historia de este mundo intervengan otros patrulleros, pero sobre todo, necesito que tu particularidad sea la que me apoye con esta calamidad."

"Veo eso, y si puedo preguntar... Kaioshin-" La Sayayin no pudo terminar sus palabras al ser interrumpida de manera brusca por la susodicha.

"Señorita Kaioshin para ti niña." Corrigió la misma con una sonrisa arrogante y moviendo el dedo de manera jactanciosa, provocándole una ligera molestia a la muchacha.

"Señorita... Señorita Kaioshin." Repitió la misma con una vena palpitando. Trunks tembló ante tan agravante primera relación entre las dos. "¿Qué pasa con el resto de patrulleros?"

"¿No es obvio?" Contraatacó con otra pregunta, y Nanaya veía muy tentador el patear a la diosa. "Las amenazas a las líneas temporales que otros mundos deben seguir son frecuentes, generalmente son provenientes de errores cósmicos, pero estos días una anomalía más... particular a llamado mi atención..."

"Si, ¿y porque yo específicamente debo encargarme de esta anomalía?" Cuestionó Nanaya al volver su atención a la estructura por la que estaban ingresando; maravillándose con la belleza etérea que se sentía al transitar por sus pulcros pasillos.

"Tu particular poder es más que perfecto, además de que no quiero molestar al resto de patrulleros." Respondió la Kaioshin con un tono burlón al ingresar al templo junto al dúo a sus espaldas. "...Sobre todo si tienen tantas probabilidades como una hormiga ante un oso..." Esto último lo murmuró, más no paso desapercibido para Nanaya.

Pero antes de que pudiera preguntar, Trunks volvió a alzar la voz.

"Ya llegamos". Bien lo dijo, al pasar por un pasillo dorado, un enorme salón se abrió ante ellos, dando paso al centro del templo, donde el árbol colosal emergía si las enormes raíces ancladas al suelo y paredes no eran un indicio obvio.

"Aquí, es donde convergen todas las líneas temporales." Dictó la Kaioshin mientras ampliaba los brazos en un gran gesto. "Cada pergamino que veas, pertenece a una línea temporal que cualquier mundo sigue o en algún momento a seguido."

Nanaya escuchó esto con atención, tanto anonadada como maravillada; pues como decía la diosa del tiempo, a su alrededor había colosales anaqueles de porcelana, en cuya superficie descansaban un sin número de pergaminos bordados en plata y oro, que brillaban con una tela azul marino muy profunda en su superficie donde cada uno tenía grabadas grandes runas indescifrables e irreconocibles para la Sayayin.

"Cada mundo tiene su propio pergamino, y cada uno de estos conecta las fibras de la misma existencia de nuestro universo en especial." Continúo la diosa, reflejando cierta pasión que la peli negra notó, casi admirando su dedicación. "Y eso nos lleva al núcleo del problema..."

Con cierta prisa, Trunks camino y busco en un estante aún mayor del cuál rebosaban pergaminos, más uno de los apartados del resto fue el centro de atención al este estar cubierto por pequeñas esporas púrpuras y un ligero aura deprimente que Nanaya podía sentir... casi como si se pudriera un cuerpo, o como si la putrefacción de mil mundos llegara a ella.

"Este es... el pergamino de la eternidad , pertenece al planeta tierra..." Empezó a contar Trunks al acercarse al dúo de chicas. "En este pergamino está la historia de los defensores del mundo, guerreros muy poderosos; todo su tiempo, sus vidas, y su final queda reflejado aquí..."

Nanaya escuchó todo con suma atención, cada palabra que el muchacho a su lado soltó hasta que él mismo llegó caminando a un altar justo a su costado.

"Y como puedes ver..." Continuo la Kaioshin mientras trataba de cubrir su nariz al tener al objeto sagrado cerca. "Este, a diferencia del resto está emanando una energía corrupta y podrida."

Nanaya afirmo con un gesto, más la misma no demostró un atisbo de molestia o desagrado evidente, pues su vida había sido una cruzada infinita de batalla tras batalla donde los cuerpos se amontonaban a su alrededor sin parar, prácticamente se había acostumbrado al olor de la muerte.

"Pero lo importante... es lo que está pasando ahora mismo en este fragmento del tiempo..." Finalizó Trunks al extender el pergamino en el altar, revelando varias imágenes residuales plasmadas en su interior al punto en que un panorama verde y exuberante fue revelado a sus ojos, casi como si fuera una grabación, solo que más difuminada y nebulosa. "Este punto de la historia es de suma importancia para los futuros acontecimientos, y está cambiando drásticamente."

Bien lo dijo el chico, en el pergamino se trazó una batalla singular entre un único hombre en contra de otro similar junto a un Namekiano al mismo tiempo. Y no era difícil para Nanaya reconocer a ambos como miembros de su raza, pues con la clásica armadura y cola particular que uno evidenciaba, todo era más que claro... el imperio seguía existiendo aquí.

Aunque, ver a otro de su especie uniendo fuerzas con un Namekiano y oponiéndose a su propia raza era extraordinario y extrañamente reluciente... incluso se había arrancado la cola como ella... le generaba un pequeño atisbó de esperanza.

"Esto, ¿en qué momento paso?" Cuestionó la mujer luego de varios segundos de mirar la batalla encarnizada.

"Esto es cuatrocientos años después de tu deceso." Respondió la Kaioshin sin apartar la mirada del conflicto. Y eso sí que era una suma, una que no apaciguó el corazón de la Sayayin mala sangre, pues tal pareciera ser que la caída del imperio se llevaría mucho tiempo después de su supuesta muerte, por lo que el camino de terror y destrucción no se vería mermado hasta siglos a posteriori.

No obstante, un giro en los acontecimientos del pergamino hizo que saliera de su ensimismamiento y contemplara con cierta tristeza como el Sayayin de buen corazón fallaba en mantener retenido a su homónimo solo para ser perforado por el ataque de gran potencia del Namekiano, cayendo rápidamente muerto en el acto antes de que su compañero le siguiera.

Dejando al Sayayin corrupto por la misma energía podrida como único vencedor de tal combate.

"Este cambio en la historia es inconcebible." Comentó Trunks al cerrar el pergamino con enojo y cierta frustración.

"¿Pero si esto cambia todo, porque aún no nos afecta?" Preguntó Nanaya aún llena de cuestiones con respecto al funcionamiento de las líneas temporales y sus peligros.

"Nos está afectando ahora mismo". Dijo la Kaioshin al momento en que tocaba una de las raíces del árbol eterno, la cual comenzaba a agrietarse y disolverse en polvo. "Debido a este imprevisto cambio, se creó una nueva línea temporal derivada de una ya preexistente, por lo que el riesgo de que las mismas se distorsionen mutuamente es muy alto, casi como si una quisiera devorar a la otra."

Nanaya tembló ligeramente al oír esto, tal situación sería catastrófica sin lugar a dudas.

"Pero como los pergaminos se alteran a una velocidad considerable, la noticia nos llega igual de rápido." Agregó Trunks optimista. "La nueva línea temporal es muy joven y por lo tanto aún no provoca el daño suficiente."

"Ahí es donde entras tú." Siguió la Kaioshin al mirar a la Sayayin una vez más. "Esa energía singular que posee tu ki será de gran ayuda."

"Han hablado mucho sobre mi poder, pero aún no me aclaran del porqué es tan especial." Nanaya realmente estaba preocupada por este imprevisto interés de la deidad temporal por su persona. "Sé que le hice daño a Dodoria pese a que me superaba infinitamente, ¿pero tan benéfico será?"

"Solo lo sabremos cuando lo pruebes..." Respondió casual la deidad, provocando un poco a Nanaya de nueva cuenta. "Pero por ahora, me interesa ver qué vestimenta usarás".

"¿Eh?" La Sayayin parpadeo un tanto desconcertada.

"Tu armadura, claramente es de las fuerzas de King Cold". Señaló la diosa. "Supongo que la usabas para burlarte de ellos... pero aquí ya no sirve y llamará mucho la atención, y entre menos cambies la historia al momento de tu intromisión mejor."

Antes de que Nanaya pudiera decir cualquier cosa, la Kaioshin rápido chasqueo sus dedos, provocando que el cuerpo curvilíneo de la otra mujer fuera cubierto por un destello momentáneo antes de que su vestimenta cambiara por completo; primero cubriendo su cabeza y cuerpo con vendajes oscuros que tapaban lo importante, más dejaban a la vista su rostro casi en su totalidad, dando libertad a su cabello que caía sin dificultad, solo pasando por su frente un par de vendajes. Llevaba ahora un atuendo oscuro con tintes rojizos, y por encima un traje de los mismos colores, además de que de sus brazos colgaban los vendajes sobrantes, y por debajo, cuatro 'tirantes' caían hasta la punta de sus botas doradas.

También llevaba un protector bucal de metal negro que le cubría la nariz y todo lo demás; extendiéndose por el cuello igual.

"Ya estás, ¡mucho mejor!" Declaró la diosa convencida con su elección de ropa, permitiendo a Nanaya estirarse y contemplar con cierto gusto su nuevo atuendo más pulcro. "También es un gran alivio que te quitarás la cola, nos ahorra tiempo".

Desde atrás, Trunks se acercó a la deidad curiosa. "Eligió una vestimenta muy al estilo egipcio Kaioshin..."

"Si, me a cautivado aquella cultura desde hace eones..." Comento la misma antes de aplaudir con fuerza. "Bien, por último, toma esto". Con un chasquido de dedos, otro objeto se materializó en la palma de la diosa, un reloj de arena nada más ni menos, de un tamaño aproximado de diez centímetros.

Nanaya se acercó y tomó el objeto, mirando un tanto fascinada el cómo en su interior los vientos mágicos agitaban la arena celeste con fuerza.

"¿Esto para que lo ocupare?" Cuestionó la misma, con su voz un poco amortiguada por el protector.

"Este objeto es fundamental para todo patrullero del tiempo, es una Cronosfera." Explicó la deidad con cierta fascinación. "Pese a todo, el hecho de que invadas una línea temporal es peligroso, tu mera presencia ya creará otra línea temporal, así que este objeto tendrás que usar cuando la anomalía sea desterrada."

"Supongo que esa energía pútrida es la invasora..." La diosa lo ratifico con un simple gesto. "Bien... yo me encargo, incluso con ese desagradable poder potenciando su fuerza, ese Sayayin seguramente es de clase baja, no será un problema."

"Eso es seguro, pero te recomiendo igual no afectar mucho los acontecimientos, Trunks y yo te diremos en qué momento no intervenir..." Agregó la Kaioshin antes de que la misma se acercara a Nanaya y posara la palma de su mano en su cintura, dejando un poco desconcertada a la Sayayin.

"¿Ehhhh... que estas...?" Más un pequeño destello dorado impregno el cuerpo de la mujer, silenciando cualquier duda.

"Te cubrí con mi energía divina, así que los seres pertenecientes a la línea no podrán sentir tu poder, cambiar lo menos posible hará el trabajo de la Cronosfera mucho más fácil." Con eso dicho, la diosa rápido se retiró hasta encontrarse una vez más al lado de Trunks que con cierta emoción tendió el pergamino corrupto a la nueva patrullera temporal. "Ve con precaución."

"Si, y agradezco de corazón tu apoyo en tan agravante situación." Añadió Trunks con una alegre sonrisa al ver a Nanaya tomar el pergamino.

"Aún no estoy muy contenta con el recibimiento..." Respondió Nanaya con una ceja alzada antes de mirar el pergamino y esperar por más instrucciones.

"Solo apriétalo con un poco de fuerza." Expuso la deidad, y tan pronto como Nanaya lo hizo, tres enormes engranajes de energía divina cubrieron el cuerpo de la Sayayin al punto de desvanecer su estructura de la inexistencia que era este plano del universo.

Continuará...