Capítulo 4: Hilos del Destino
Ruby estaba sentada frente a la mesa más grande que jamás había visto en su vida. La superficie parecía extenderse eternamente, cubierta por un impecable mantel blanco adornado con bordados dorados. Había tantos platos, copas y utensilios que se sentía completamente abrumada. Miró de reojo a su madre, Saori, quien no mostraba ningún interés en la formalidad del lugar y simplemente esperaba que sirvieran la comida. Ruby, en cambio, estaba completamente nerviosa, con las manos sobre su regazo y los ojos bien abiertos, sin saber qué hacer.
A su lado, Fate notó su incomodidad. Rio bajito, cubriéndose la boca con la mano para no llamar mucho la atención, y luego se inclinó hacia Ruby.
—No te preocupes —susurró—. A mí también me costó entender todo esto la primera vez.
Ruby la miró desesperada, como si Fate fuera su salvavidas en ese océano de reglas desconocidas.
—¿Me ayudas? —dijo con voz temblorosa.
Fate soltó una risa más audible esta vez y asintió con una sonrisa cálida.
—Por supuesto. Ven, te explico.
Se sentó un poco más cerca y comenzó a enseñarle, con calma, cómo usar los cubiertos. Señaló cuáles eran para el primer plato, cuál era la copa de agua y cómo debía comportarse. Ruby miraba con atención, intentando memorizar todo lo que Fate le decía, aunque seguía sintiéndose insegura.
—Mírala —dijo Alicia desde el otro lado de la mesa, con un tono divertido mientras observaba la escena—. No ha pasado ni un día y ya se cree la hermana mayor.
Miyuki, sentada a su lado, le lanzó una mirada seria y luego respondió en tono seco:
—Es que ya es una hermana mayor, Alicia. Ruby es menor que ella. Deberías aprender algo de tu hermana menor.
Alicia abrió la boca para responder, pero se quedó en silencio. Murmuró algo inaudible y desvió la mirada hacia su plato, cruzándose de brazos. Miyuki solo sonrió satisfecha.
Pronto, las sirvientas comenzaron a traer los platillos, organizando todo con precisión y elegancia. El primer plato fue una entrada de carpaccio de salmón ahumado, acompañado de un toque de eneldo y una ligera vinagreta cítrica. Luego siguió una sopa cremosa de langosta con finas hierbas y trozos de pan artesanal. Para el plato principal, sirvieron un filete mignon perfectamente cocido, acompañado de un puré de papas trufado y vegetales glaseados. Todo estaba presentado de manera impecable, como si fuera una obra de arte. Finalmente, el postre consistía en un mousse de chocolate belga decorado con frutos rojos frescos y hojas de menta.
Cuando todos estuvieron servidos, Lindy, con su habitual tono amable pero firme, dijo:
—Bien, pueden empezar a comer.
Ruby, aún nerviosa, miró a Fate, quien le dio una sonrisa tranquilizadora y un pequeño gesto de aprobación. Ruby siguió torpemente las indicaciones de su hermana mayor, intentando usar los cubiertos de la manera correcta, aunque a veces fallaba y hacía pequeños ruidos con los utensilios. Fate simplemente reía para sus adentros y la ayudaba con paciencia.
Por otro lado, Saori no se complicaba la vida. Comía de manera sencilla, como siempre lo hacía, sin preocuparse por las reglas de etiqueta. Era evidente que su estilo contrastaba completamente con el ambiente lujoso del lugar, pero eso no parecía preocuparle.
Mientras comían, Precia se dirigió a Ruby con una sonrisa.
—Entonces, Ruby, cuéntanos un poco sobre ti. Nos encantaría saber más.
Ruby, que en ese momento estaba concentrada en no derramar su sopa, abrió los ojos como platos. Tragó en seco, suspiró profundamente y comenzó a hablar, aunque con un tono inseguro.
—Pues… estoy en secundaria, en mi último año. Vivo con mi mamá. Tengo 14 años… mi cumpleaños es el 24 de agosto. Mido 1.41 centímetros y… quiero estudiar artes escénicas.
—¿Artes escénicas? —dijo Alicia, arqueando una ceja mientras miraba a Ruby—. ¿Quieres cantar y bailar?
Ruby, avergonzada, bajó la mirada y murmuró un tímido "sí". Miyuki, sin perder un segundo, le dio un golpe en la cabeza a Alicia y la regaño.
—¡No seas bruta! —le dijo.
Alicia comprendiendo lo que había dicho se agarró la cabeza donde había caído el golpe y se disculpó con su hermanita. Miyuki viendo esto luego se dirigió a Ruby con amabilidad y le dijo.
—Es un sueño increíble, Ruby. Lucha por él.
Ruby levantó la mirada hacia Miyuki, quien le sonreía con calidez. Afirmó con la cabeza, sintiendo una nueva chispa de confianza.
La conversación continuó con Precia y Lindy presentando a todos los demás en la mesa. Nanoha se presentó como la esposa de Fate y heredera de los Takamachi. Miyuki, como la prometida de Alicia. Chrono, el hijo mayor de Lindy, también se presentó, aunque su sonrisa cálida y su tono amigable causaron algo inesperado en Ruby, un leve sonrojo.
Alicia notó esto de inmediato y frunció el ceño, su lado protector salió a la luz, si bien Chrono era ahora su hermanastro, desde el incidente con Miyuki, Alicia no terminaba de confiar del todo en Chrono.
—Te estoy mirando —dijo con tono serio, dirigiéndose a él, quien simplemente rio y negó con la cabeza.
El ambiente se volvió más relajado a medida que la cena continuaba. Ruby, aunque aún un poco tímida, comenzaba a sentirse parte de algo más grande. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que pertenecía a una familia, y eso llenó su pequeño corazón de calidez.
La cena estaba llegando a su fin. En la mesa solo quedaban las mujeres reunidas, Chrono había tenido que retirarse antes debido a una "urgencia" comunicada por Amy, no se especificó bien de que era la urgencia, pero Chrono amablemente se despidió de todos, incluida Ruby, quien, cual príncipe de cuento de hadas se arrodillo y beso la palma de su mano despidiéndose de ella logrando un sonrojo extremo en la pequeña y un grito enojado y colérico por parte de Alicia. Ruby respiraba con cierto alivio; a pesar de los nervios y los tropiezos iniciales, había logrado sobrevivir a la experiencia con la ayuda de Fate. Sin embargo, el agotamiento emocional se reflejaba en su rostro mientras dejaba caer los brazos a los costados. Fate, sentada a su lado, notó el cansancio de la pequeña y le dedicó una sonrisa cálida.
Nanoha, que observaba la interacción, tocó suavemente la pierna de Fate, enviándole una señal con una sonrisa. Fate comprendió y decidió aprovechar el momento.
—Ruby, ¿te gustaría dar un paseo? —preguntó con amabilidad.
Ruby, sorprendida, intentó levantarse de inmediato, pero en su torpeza jaló el mantel de su lado, derribando varias copas de cristal que cayeron al suelo con un estruendo. El sonido llenó la sala y todos los presentes se detuvieron. Ruby, horrorizada, se agachó rápidamente, murmurando disculpas mientras lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos. —lo siento… lo siento… lo siento… lo siento…— con lágrimas tapándole la visión Intentó recoger los fragmentos de vidrio con sus manos temblorosas.
Fate reaccionó de inmediato, deteniéndola antes de que pudiera cortarse.
—Ruby, tranquila, no pasa nada. Solo son unas copas —le dijo con ternura, colocando sus manos sobre las de la pequeña para detenerla.
Ruby, entre sollozos, seguía pidiendo perdón. —perdónenme… perdónenme…lo siento—un sonoro mierda se escuchó desde la boca de Saori, quien desde el otro extremo de la mesa, intentó levantarse, pero Lindy le puso una mano en el brazo, deteniéndola con un gesto firme pero sereno.
—Está bien. No hay nada de qué preocuparse —dijo Lindy con calma.
—Suéltame… —intentó replicar Saori.
—No es nada —insistió Lindy con una voz tranquila pero firme.
Precia, que también se había levantado de su asiento, se acercó a Ruby. Sin dudarlo, se agachó para abrazar a la pequeña y comenzó a acariciar su cabello.
—Todo está bien, cariño. No tienes por qué preocuparte mi amor, mami esta aquí—repetía en un tono suave, tratando de calmarla.
Ruby, sintiendo la calidez del abrazo de Precia, poco a poco dejó de llorar. Saori, desde su lugar, observaba la escena con sentimientos encontrados, precia estaba tomándose muchas atribuciones para con su hija y si había escuchado bien, se había llamado ella misma mami para con Ruby, ¿estaba intentando quitarle su lugar? En la mente de Saori se estaba formando una sola frase, "maldita perra". Ella sabía también en el fondo que nunca había sido la madre cariñosa y amorosa que Ruby necesitaba, era su hija, pero jamás había tenido la capacidad emocional para demostrarle ese tipo de afecto, de pequeña su madre, el poco tiempo que estuvo viva solo le hablaba con insultos y le daba con un palo, nunca tuvo una madre amorosa. Sentía celos de cómo Precia, que acababa de conocerla, podía brindarle algo que ella nunca había sido capaz de dar.
Cuando todo se calmó, Fate volvió a ofrecerle a Ruby el paseo, con sollozos suaves Ruby levanto la mirada, la duda aún se reflejaba en su mirada, ella no quería arruinarlo de nuevo, esta vez mirando la escena y asegurándose de que todo estuviera en orden. Alicia, desde su lugar, se puso de pie y se unió al grupo con su típica actitud despreocupada.
—Vamos enana, yo también quiero ir a pasear. —dijo, estirándole la mano a Ruby en una actitud despreocupada.
Ruby, ahora de la mano de su ahora la mayor de sus hermanas, sintió algo completamente nuevo, la confianza que pueden darte las hermanas mayores en los momentos de duda. Mientras desaparecían por el pasillo, Saori dejó escapar un suspiro profundo viendo como Ruby, con una sonrisa en el rostro, caminaba por el pasillo con sus hermanas, un temor interno empezaba a crecer dentro de ella.
Lindy, quien había estado observando con discreción, habló primero.
—Ahora que los niños se han ido, creo que es hora de que los adultos hablemos con más calma —dijo, dirigiendo su mirada hacia Saori.
Saori, que aún no entendía del todo lo que estaba pasando, intuyó que la conversación no sería fácil. Precia fue la primera en tomar la palabra.
—Saori, necesitamos hablar sobre el tipo de vida que está llevando Ruby.
Saori frunció el ceño, claramente sin comprender.
—¿De qué tipo de vida estás hablando?
Precia suspiró y aclaró su punto.
—Me refiero al entorno en el que está creciendo, relacionado con tu… trabajo.
La incomodidad en la sala era palpable. Saori apretó los puños, su rostro mostraba una mezcla de enojo y defensiva.
—¿Estás insinuando que soy una mala influencia para mi hija? —preguntó con dureza.
Precia no titubeó.
—Sí, lo estoy insinuando.
Saori se levantó bruscamente, sus ojos llameando con furia.
—¡No escogí esta vida! —exclamó—. Nací y crecí en este entorno. No tuve la opción de nacer en una cuna de oro como ustedes. ¡Si pudiera elegir, yo no hubiera nacido!
Nanoha y Miyuki, hasta ese momento calladas, mostraron en sus rostros la incomodidad de las palabras de Saori. Precia, sin embargo, no se inmutó y la miró directamente a los ojos.
—¿Acaso ustedes quieren quitarme a Ruby? —preguntó Saori con la voz quebrada, casi gritándole a Precia.
La sala quedó en completo silencio. Precia, después de unos segundos, suspiró profundamente y respondió.
—Si es lo mejor para ella, podría considerarlo. Danos un precio si lo que te interesa es el dinero, nosotros podemos darle una mejor vida a esa niña.
Las palabras de Precia fueron como una bofetada para Saori. Se acercó a ella, claramente lista para enfrentarse, pero Lindy se levantó y habló con autoridad.
—Piénsalo dos veces antes de actuar, Saori. Lo que hagas ahora puede definir todo.
Saori, furiosa, no se dejó intimidad por Lindy y soltó lo que tenía dentro con un impulso.
—Ruby es mi hija. No la voy a vender, ni por millones, ni por nada. Ella es mía. Es lo único que tengo, ¡y no voy a permitir que nadie me la quite!, ni siquiera ustedes, cerdos de mierda, que creen que con dinero solucionan todo. Mi hija es mía, yo la parí y no importa si tengo que vender mi culo para sacarla adelante ¡USTEDES NO ME LA VAN A QUITAR HIJOS DE PUTA!
El silencio volvió a llenar la sala. De repente, se escucharon unos lentos y audibles aplausos. Saori, incrédula, volteó hacia Lindy, quien sonreía mientras aplaudía.
—Eso es lo que todos queríamos escuchar —dijo Lindy, dejando de aplaudir.
Saori miró alrededor y notó que tanto Precia como los demás la miraban con una sonrisa de aprobación. Entendió que todo había sido una prueba para medir cuánto estaba dispuesta a luchar por Ruby.
—Son unos retorcidos hijos de perra… todos ustedes —dijo, sentándose con un ceño fruncido mientras miraba hacia otro lado. Pero en el fondo, se sentía tranquila y orgullosa. Había pasado una prueba que ni siquiera sabía que estaba tomando.
Saori seguía en silencio, mirando su taza de té sin decidirse a beber. Precia, mientras tanto, mantenía la mirada fija en ella, intentando descifrar las emociones que cruzaban el rostro de la madre de Ruby. Lindy, siempre paciente, observaba la interacción entre ambas mujeres con un aire de diplomacia.
—¿Crees que no entiendo lo difícil que es? —dijo Precia, rompiendo el silencio con un tono más suave, pero directo.
Saori levantó la vista, sus ojos mostraban un brillo de desafío. —¿De verdad crees que entiendes lo que es levantarse todos los días sabiendo que no tienes otra opción más que vender tu cuerpo para sobrevivir?
Precia suspiró, y aunque sus facciones eran serias, no mostraban juicio. —No sé lo que es estar en tus zapatos, Saori. Pero sí sé lo que es querer proteger a tus hijos a toda costa.
Lindy intervino, colocando su taza de té en la mesa con cuidado. —Ninguna de nosotras está aquí para juzgarte, Saori. Ruby es una niña maravillosa, y eso es un testimonio de lo mucho que has hecho por ella. Pero no podemos ignorar que el entorno en el que crece puede ser peligroso para su futuro.
Saori apretó los labios, su cuerpo rígido ante las palabras de Lindy. Finalmente, habló con voz contenida. —¿Y qué sugieren? ¿Que deje todo atrás? ¿Que desaparezca y les entregue a Ruby como si fuera un paquete que necesitan abrir?
Precia negó con la cabeza. —No queremos quitarte a Ruby. Ella es tu hija, y siempre lo será. Pero queremos ser parte de su vida, apoyarla, darle oportunidades que quizás ahora no tiene.
Saori frunció el ceño y cruzó los brazos.
—¿Y qué hay de mí? ¿Van a darme una conferencia sobre cómo debería vivir mi vida también?
Lindy la miró fijamente, su tono seguía siendo calmado, pero sus palabras eran firmes.
—No estamos aquí para cambiar quién eres, Saori. Pero si realmente amas a Ruby, sabes que esta vida no es suficiente para darle lo que merece.
Saori respiró hondo, las palabras de Lindy resonaron en su mente. Por más que odiara admitirlo, había verdad en lo que decía. Desde que Ruby había nacido, todo lo que había hecho era sobrevivir y asegurarse de que su hija tuviera lo mínimo necesario. Pero nunca había podido darle estabilidad ni mucho menos oportunidades para un futuro mejor.
Precia aprovechó el silencio para hablar nuevamente. —Queremos ayudarte, Saori. No se trata de arrancar a Ruby de tus brazos. Se trata de ofrecerle algo más, algo que también puede beneficiarte.
—¿Beneficiarme? —preguntó Saori, su tono cargado de escepticismo.
Saori sostuvo la taza de té en sus manos, mirando el contenido con una mezcla de frustración y tristeza. Precia mantenía su mirada fija en ella, esperando pacientemente que Saori hablara, mientras Lindy observaba con su usual calma. Saori dejó escapar un suspiro pesado antes de romper el silencio.
—Agradezco lo que están diciendo —empezó, su voz quebrada por la duda—, pero no entienden cómo funcionan las cosas en mi mundo. No puedo simplemente salir del lugar donde estoy.
Precia arqueó una ceja, mientras Lindy inclinó levemente la cabeza, curiosa.
—¿Por qué no? —preguntó Lindy, con un tono que no era de juicio, sino de genuino interés.
Saori dejó la taza en la mesa y miró a ambas mujeres con seriedad. —Porque cada día tengo que pagar una cuota, y mi proxeneta no va a dejarme ir tan fácilmente. Esto no es solo un trabajo; es una mafia. Nadie sale de ahí con vida. Las que intentan escapar terminan muertas.
El silencio llenó la habitación, y por un momento, incluso la respiración de las presentes parecía contenerse. Precia bajó la mirada, claramente impactada por lo que acababa de escuchar. Saori continuó, su voz se tornó amarga, cargada de una verdad que había mantenido oculta durante años.
—¿Sabían que en ese lugar no existe la palabra "jubilación"? —dijo con una risa amarga—. La mayoría de las mujeres que trabajan ahí terminan en un callejón, muertas por un cliente o desaparecidas porque ya no son útiles para el negocio. No hay salida, no hay futuro, y lo único que puedes hacer es sobrevivir un día más.
Precia apretó los labios, claramente conmovida, pero fue Lindy quien rompió el silencio, colocando su taza sobre la mesa con un golpe firme. —Entonces, por lo que he escuchado —dijo Lindy con un tono frío y calculador—, la solución aquí es el dinero.
Saori levantó la vista, sorprendida por la declaración.
—Obvio —respondió con sarcasmo—. Ese burdel, lo único que lo mueve es el dinero. Somos esclavas de ese lugar.
Lindy se levantó de su asiento con una calma imponente y caminó hacia el perchero donde colgaba su saco. —Si eres una esclava, lo único que tengo que hacer es comprarte.
Saori abrió los ojos con incredulidad. —¿Comprarme?
Lindy se giró hacia ella con una sonrisa tranquila, como si acabara de resolver un problema trivial.
—Exacto. Te voy a comprar para regalarte como regalo de bodas a mi esposa.
El rostro de Precia se tornó rojo como un tomate, y rápidamente se puso de pie. —¡Lindy Harlaown! ¿Cómo puedes decir algo tan escandaloso?
Lindy soltó una carcajada despreocupada mientras se abotonaba el saco. —Es parte del plan, mi amor.
Saori miraba la interacción con confusión. —¿Por qué tienen que llegar a tanto? Leon Krauze no va a soltarme fácilmente. Va a exprimirles hasta el último yen que puedan pagar.
Lindy se giró hacia Saori, con una mirada que irradiaba confianza absoluta.
—El dinero es lo último que nos preocupa a los Harlaown.
Precia intentó detenerla, su rostro mostraba una mezcla de preocupación y desconcierto. —Lindy, por favor. Esto no es necesario.
Lindy se acercó a su esposa, tomándola de las manos y dándole una sonrisa tranquilizadora. —No te preocupes, Precia. Esto no me tomará mucho tiempo. Quédate aquí y disfruta de la noche con nuestras invitadas.
Precia intentó insistir, pero Lindy ya se había colocado unos guantes negros mientras salía de la habitación. De su saco, sacó una moneda de oro con el símbolo de un caballero sosteniendo una espada: el emblema de los Harlaown, una prueba de su posición en el círculo interno. Con una mirada seria y colérica, caminó hacia la salida, su porte era el de una líder que no aceptaba un no como respuesta.
Subió a su lujoso auto y arrancó en dirección al barrio rojo. Las luces de la mansión Harlaown se desvanecían en el espejo retrovisor, mientras su mirada seguía fija en el camino. En su mente, ya sabía exactamente cómo manejaría a León Krauze, y no planeaba volver con las manos vacías.
La cena había finalizado, y aunque Ruby se encontraba en un remolino de emociones tras el incidente con las copas, la calidez de sus hermanas mayores, especialmente Fate, la hacía sentir un poco más tranquila. Ahora, mientras paseaba de la mano de Fate y Alicia por los jardines iluminados de la mansión Harlaown, Ruby trataba de ordenar sus pensamientos. Al lado de sus hermanas mayores ella era pequeña, ambas le sacaban casi 2 cabezas de tamaño, Ruby de por si era pequeña, pero al lado de ellas se sentía mucho más pequeña.
El aire era fresco, típico del otoño avanzado. Las hojas secas crujían bajo sus pies mientras caminaban por un sendero iluminado con pequeñas luces que delineaban el camino hacia una fuente central. Ruby miraba a sus hermanas con timidez, aún insegura de cómo interactuar con ellas.
—Entonces, enana, ¿qué opinas de este lugar? —preguntó Alicia, rompiendo el silencio.
Ruby, algo intimidada, respondió en voz baja —Es como un castillo… Nunca había visto algo así. —dijo mirando el piso mientras caminaba con sus hermanas.
Alicia soltó una carcajada, un tanto brusca, pero sin malas intenciones. —Bueno, es que esto en verdad es un castillo, aunque si lo piensas uno ya moderno, Pero con sirvientas y sin dragones.
—¿Cómo sabes que no hay dragones? —intervino Fate con un tono juguetón, guiñándole un ojo a Ruby.
Ruby sonrió tímidamente, pero no pudo evitar sentirse un poco más relajada. Alicia rodó los ojos, aunque en su rostro había una ligera sonrisa.
—Deja de asustarla, Fate. Ya tiene suficiente con esta reunión —dijo Alicia, mientras le revolvía el cabello a Ruby con cariño.
Ruby dejó escapar una pequeña risita, y por primera vez en la noche, pareció sentirse un poco más cómoda.
—Entonces, Ruby, ¿qué tal te llevas con tu mamá? —preguntó Fate, intentando acercarse más a su nueva hermana.
Ruby bajó la mirada y jugueteó con sus dedos antes de responder —Es buena… pero a veces creo que está cansada de todo. Hace mucho por mí.
Fate asintió, tratando de no mostrar demasiada emoción, pero el comentario de Ruby la conmovió profundamente. Alicia, que estaba escuchando atentamente, suspiró.
—Bueno, pequeña, ahora tienes dos hermanas mayores para molestarte, así que ya no estás sola —dijo Alicia, cruzándose de brazos.
Ruby levantó la mirada, sorprendida por las palabras de Alicia, pero al ver su expresión cálida, no pudo evitar sonreír tímidamente. Fate notó el momento y aprovechó para dar un pequeño apretón a la mano de Ruby.
—Tienes razón, Alicia. Ahora somos una familia más grande —dijo Fate con una sonrisa suave.
Ruby comenzó a reír más animosamente y en un impulso abrazo a sus hermanas, ellas le correspondieron sonriendo de igual forma, Ruby al terminar el abrazo alzo la mirada hacia sus hermanas y con dudas se armó de valor y consulto —¿puedo hacerles una pregunta? —Ambas Rubias se miraron con interrogantes y afirmaron con una sonrisa a Ruby, ella tomo aire y luego pregunto —¿cuánto…. Cuánto miden? —
La pregunta fue tan abrupta y fuera de lugar que ambas empezaron a reír, Ruby se sonrojo pensando que había hecho una pregunta tonta, la primera en responder fue Fate, limpiándose las lágrimas de los ojos. — yo mido 1.72 centímetros — dijo ella, Alicia volviendo a desordenar el cabello de su hermanita respondió — Yo mido 1.70 centímetros — Ruby mirando el piso afirmo en un susurro —soy mucho más pequeña que ustedes —
El lujoso auto de Lindy se detuvo frente al burdel. A pesar de que la noche estaba fría y oscura, la fachada del local irradiaba luces de neón rosadas y rojas, atrayendo a todo tipo de clientes, desde vagabundos hasta empresarios, no importaba el sexo. Sin esperar, Lindy bajó del vehículo con una elegancia que contrastaba drásticamente con el entorno. Su mirada seria y decidida era suficiente para transmitir que no estaba allí por placer ni por negocios comunes.
En la puerta, un hombre robusto con la cabeza rapada y tatuajes que cubrían gran parte de su rostro cruzó los brazos en un gesto intimidante.
—Alto —dijo con voz grave, deteniéndola en seco—. Solo personal autorizado. —dijo riendo mientras mostraba una mueca viéndole los pechos a Lindy.
Lindy lo miró de arriba abajo, su expresión permaneció fría mientras decía, con un tono gélido pero cargado de autoridad
—Muévete.
El simple peso de esas palabras hizo que el hombre dudara. Aunque era enorme, algo en la mirada de Lindy lo desarmó. Su mente vaciló, y con un ligero gruñido, dio un paso al costado, permitiéndole el paso. Lindy no esperó una invitación, entró al local sin mirar atrás.
El interior era un espectáculo de decadencia luces intermitentes de neón, habitaciones sin puertas donde las trabajadoras atendían a sus clientes sin privacidad, se escuchaban los gemidos de las prostitutas, los movimientos sin cesar de los clientes y una mezcla de música alta y risas estridentes llenaban el aire. El piso era un asco, podía verse desde cigarrillos, botellas de alcohol, preservativos usados y semen esparcido por el lugar. Lindy no mostró reacción alguna, avanzando con pasos firmes hacia las escaleras que llevaban a la oficina de León Krauze, el proxeneta y dueño del local.
Sin molestarse en tocar, giró la perilla y cerró la puerta detrás de ella al entrar. Dentro, León estaba de pie junto a un ventanal, fumando un puro y observando la calle. Al escucharla entrar, se giró lentamente, mostrando una sonrisa que no alcanzaba sus ojos.
—Señora Harlaown, qué sorpresa —dijo con un tono que mezclaba cortesía y burla—. No esperaba verla tan pronto. ¿Algún problema con nuestra chica? Si desea cambiarla, podemos llegar a un acuerdo.
Lindy, sin alterar su expresión, respondió:
—Ningún problema, en absoluto. Mi esposa y yo estamos encantadas con ella. Tiene una lengua afilada y unos enormes pechos.
León entendió el doble sentido de sus palabras y rio, dejando salir una bocanada de humo.
—Es experta en los orales y esas gigantes tetas pueden atrapar hasta los penes de africanos —agregó con una sonrisa macabra.
Lindy no reaccionó. Su silencio pesó en la habitación, apagando la risa de León.
—Entonces, ¿por qué está aquí? —preguntó finalmente, encogiéndose de hombros.
Lindy se acercó lentamente al escritorio de León y, con una calma implacable dijo en un tono autoritario
—Me la voy a quedar.
León arqueó una ceja, su expresión cambió a una mezcla de sorpresa e incredulidad.
—Eso no es posible señora Harlaown, ella es un ingreso importante para mi empresa —respondió, cruzando los brazos.
Por primera vez desde que entró al lugar, Lindy sonrió.
—Todo es posible, señor Krauze, diga su precio —dijo con un tono que hacía parecer la amenaza como un simple hecho.
León dejó escapar un suspiro pesado y, tras un momento de reflexión, lanzó una cifra exorbitante:
—Veinte millones. De dólares, no de yenes.
Lindy mantuvo su sonrisa mientras escuchaba la cifra, como si fuera un número trivial. Lentamente metió la mano en el bolsillo de su saco, haciendo que León pensara que estaba a punto de sacar un cheque, había logrado el negocio del siglo. Pero en lugar de eso lo que observo fue una moneda brillante y dorada con el símbolo de un caballero sosteniendo una espada. Sin prisa, Lindy lanzó la moneda sobre la mesa de León, donde giró antes de caer con el emblema visible.
—¿Qué tal si mejoramos tu oferta? —dijo Lindy, su voz más fría que nunca—. Me quedo con tu chica, y no destruyo este pequeño e insignificante imperio que has construido junto contigo.
León miró la moneda, y su rostro se deformó por la ira. Había oído hablar de las monedas de las familias élite, había oído hablar sobre los negocios y el control que ejercían esas familias y que esas mismas familias manejaban los hilos del país. Sabía que aceptar la moneda significaba doblegarse. Pero también sabía lo que pasaría si no lo hacía. Si se negaba lo iban a desaparecer, iban a eliminarlo y nadie lo iba a buscar.
Lindy sacó un reloj de bolsillo de su saco y lo abrió.
—Los segundos pasan, León. — dijo de manera trivial mientras observaba el reloj, como si esperara que un trámite termine de procesarse.
El tiempo corría. León pensó en resistirse, en hacer que la mujer pagara su atrevimiento, abalanzarse hacia ella, noquearla y violarla de mil maneras, pero sabía que sería un suicidio. Afuera, probablemente tenía un ejército esperando. Estaba acorralado. Si le hacía algo aquí y ahora seguramente entrarían por esa ventana y acabarían por él, en su paranoia había observado una pequeña luz roja, un francotirador, pensó, ¡esta perra va a matarme ahora si no respondo!
—Cinco segundos, León —dijo Lindy con tranquilidad, mirando el reloj.
León tragó saliva, sintiendo el sudor correr por su frente. La desesperación se reflejaba en su rostro, su mirada viajaba en distintos lados, estaba perdido, había perdido, ¡tenía que responder ya!
—Es tuya —dijo finalmente, derrotado.
Lindy cerró el reloj con un clic y asintió.
—Bien. Ahora necesito una garantía de que no la buscarás ni cobrarás.
León sacó un bolígrafo y una hoja certificada de su escritorio, escribió el nombre de Saori, y firmó el documento. Todo de manera rápida y torpe, estaba nervioso.
—Aquí tienes —dijo, entregándole la hoja mirando a todos lados, su paranoia la estaba siguiendo.
Lindy la examinó y asintió, guardándola en su saco.
—Estás advertido, León. Un solo error, solo uno, y destruyo esta basura que llamas imperio antes de que puedas darte cuenta. Inténtalo, te reto.
Sin más, se dio la vuelta y salió de la oficina, dejando a León sudando frío y mirando fijamente la puerta cerrada. Sabía que Lindy Harlaown no era una mujer con la que jugar. Había perdido el control, y con ello, su sentido de poder se desmoronaba. Su mirada bajo hacia la moneda dorada que estaba en su mesa, un recordatorio de que si incumplía lo que Lindy le había advertido su vida se habría acabado. Por primera vez en mucho tiempo, León se sentía un títere más y cayó en cuenta que el no gobernaba nada, era un títere que estaba siendo manipulado por las elites que regían el mundo.
Lindy subió a su auto, se ajustó los guantes y arrancó. Su semblante mostraba la seguridad de alguien que siempre consigue lo que quiere. En su mente, sabía que había cerrado un capítulo oscuro para Saori y Ruby, y aunque el precio no era monetario, había dejado claro quién tenía el control en ese mundo de sombras.
Saori estaba sentada en un sillón de la sala, claramente más cómoda y relajada ahora que los niños y las jóvenes habían salido de la habitación para explorar la mansión Harlaown. A diferencia de su comportamiento previo, ahora se sentaba con las piernas abiertas, apoyando un brazo en el respaldo del sillón. Soltó un suspiro pesado, reflejando su mezcla de cansancio y escepticismo. Frente a ella se encontraba Precia quien la miraba con una sonrisa de lado, Saori podía sentir que la mirada de Precia iba desde sus pechos, sus piernas y caderas, no le tomo importancia.
—No va a ser fácil convencer a León de que me suelte —dijo en voz alta, rompiendo el silencio entre ella y Precia, quien permanecía sentada con un porte elegante en el sofá opuesto.
Precia, sin mostrar preocupación alguna, replicó con serenidad
—Lindy sabrá cómo resolver eso.
Saori bufó incrédula.
—Confías demasiado en tu esposa. Ese tipo no es alguien con quien se pueda negociar fácilmente.
Precia sonrió con confianza mientras tomaba una taza de té de la mesa frente a ella.
—Lindy tiene una habilidad especial para hacer que los hombres reconsideren sus decisiones.
Saori suspiró profundamente y se cruzó de brazos.
—Y si, por algún milagro, me liberan de ese infierno, ¿qué voy a hacer? No sé hacer nada más. Toda mi vida he trabajado con mi cuerpo. No tengo profesión, ni habilidades. Lo único que sé hacer es complacer.
Precia dejó la taza de té en la mesa y la miró fijamente, su expresión maternal mezclada con determinación.
—No te preocupes por eso. Lindy encontrará una solución.
—¿Cómo puedes estar tan segura? —preguntó Saori, incrédula.
Antes de que Precia pudiera responder, la puerta de la habitación se abrió. Lindy entró con una sonrisa triunfal en el rostro, ajustándose los guantes negros que aún llevaba puestos. Saori, al verla, se enderezó inmediatamente en el sillón.
—Eso fue rápido —dijo Saori, intentando ocultar su sorpresa.
Lindy dejó escapar una suave risa mientras sacaba un documento doblado de su saco y se lo entregaba.
—El asunto con León está resuelto. Ya no tienes que volver a ese lugar.
Saori tomó el documento con manos temblorosas. Lo leyó una vez, luego otra, incapaz de creer lo que veía.
—¿Qué...? —balbuceó—. ¿Esto es real? ¿Cómo lo lograste? No es posible que ese bastardo haya cedido tan fácilmente.
Lindy se rio con más fuerza y se cruzó de brazos.
—Digamos que tengo mis métodos.
Precia se levantó de su asiento y se acercó a Saori con una sonrisa radiante.
—¡Felicidades! —dijo, abrazándola con calidez. Saori, aún en shock, correspondió el abrazo de forma automática notando algo que no había sentido antes, los pechos de Precia los cuales se presionaban intencionalmente contra los suyos, ella dejo pasar el hecho.
Cuando Precia se separó, caminó hacia Lindy, envolvió sus brazos alrededor de su cintura y le plantó un beso suave en los labios.
—Hiciste un buen trabajo, mi amor —le susurró.
Lindy sonrió y acarició la mejilla de su esposa.
—Siempre lo hago.
Precia se giró hacia Saori y dijo
—Voy a buscar a las niñas para darles la buena noticia. Esto es algo que todas deben escuchar.
Precia salió de la habitación, dejando a Saori y Lindy solas. El silencio llenó el espacio por unos segundos hasta que Saori volvió a mirar el certificado en sus manos. Su mirada se detuvo en un detalle que había pasado por alto en la primera lectura.
—Un momento... —dijo lentamente, alzando la vista hacia Lindy—. Este certificado dice que ahora yo te pertenezco. ¿Qué significa esto?
Lindy sonrió ampliamente, mostrando un toque de picardía.
—Exactamente lo que lees. Ahora tú me perteneces.
Antes de que Saori pudiera procesar la declaración, Lindy se inclinó hacia ella con rapidez, sus manos agarraron los pechos de Saori con posesión mientras sus labios se encontraban en un beso inesperado. Saori abrió los ojos de par en par, pero no se apartó. Dos dedos de Lindy, con la misma naturalidad que su actitud decidida, se deslizaron hacia uno de los pezones de Saori, ejerciendo una presión. Saori gimió ante el acto.
—A partir de ahora —dijo Lindy con suavidad, pero con firmeza—, formas parte de esta familia. Complacerás tanto a Precia como a mí. Pero más importante aún, tendrás prosperidad, estabilidad, y una nueva vida para ti y Ruby.
Saori, todavía con el rostro teñido de rojo por el atrevimiento, apartó la mirada. Su respiración estaba agitada, pero no dijo nada. Después de unos segundos, asintió levemente.
—Tu esposa no va a estar feliz con esto —logró murmurar, con una mezcla de incredulidad y aceptación.
Lindy soltó una carcajada suave y replicó
—Oh, no digas eso. Precia no ha dejado de mirarte el escote desde que llegaste. Estoy segura de que también se muere de ganas de llevarte a la cama.
Saori la miró, sorprendida. Una sonrisa involuntaria se formó en su rostro.
—Son unas pervertidas... —dijo, negando con la cabeza—. Y yo también lo soy.
Lindy sonrió con satisfacción mientras se enderezaba y se alisaba el saco.
—Bienvenida a la familia, Saori. —Y con esa frase, dejó caer la tensión en el aire.
Ambas mujeres intercambiaron miradas y rieron suavemente, dejando atrás la oscuridad de sus vidas pasadas. La promesa de un nuevo comienzo se sentía más cerca que nunca.
Ruby estaba sentada en uno de los sillones de la sala principal, mirando a su alrededor como si todo fuera un sueño. Apenas podía creer lo que había pasado durante la cena y lo que estaba escuchando ahora. Lindy Harlaown, con su porte imponente pero calmado, anunciaba oficialmente el cambio radical en la vida de Ruby y Saori.
—A partir de ahora, Saori ya no trabajará más en el burdel. Ella prestará sus servicios a nuestra familia, y tanto ella como Ruby vivirán aquí en la mansión Harlaown —declaró Lindy con una seguridad que dejó a todos en silencio por un momento.
Ruby sintió cómo las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos. Su vida estaba cambiando por completo, y por primera vez, esas lágrimas no eran de tristeza ni frustración. Era felicidad pura.
Precia, al notar la emoción de Ruby, se acercó y la abrazó con calidez.
—No llores, pequeña —le susurró con ternura—. Todo esto es real. Ahora podremos pasar más tiempo juntas.
Ruby, incapaz de contenerse, rompió en sollozos y corrió hacia su madre, abrazándola con fuerza. Saori, aunque visiblemente emocionada, intentó mantener su compostura. Acarició el cabello de su hija y le habló con suavidad:
—Todo está bien ahora, Ruby. Todo estará bien. Ahora podemos seguir adelante.
Ruby levantó la cabeza, aún entre lágrimas, y afirmó con un sonoro "sí" antes de abrazar aún más fuerte a su madre.
Lindy se dirigió a ambas con una sonrisa cálida.
—a partir de ahora, quiero que se queden aquí. Mañana enviaré a alguien a recoger sus cosas de su antigua casa.
Ruby, todavía emocionada, levantó la mirada hacia Lindy y balbuceó:
—Pero... no tengo pijama.
Precia soltó una risa melodiosa y acarició el cabello de Ruby.
—Eso ya lo había pensado. —Precia caminó hacia un armario cercano, sacó una caja envuelta en papel decorativo, y se la entregó a Ruby—. Ya tengo un pijama listo para ti.
Ruby tomó la caja con manos temblorosas y miró a Precia con sorpresa.
—¿Sabías esto desde antes?
Precia le guiñó un ojo.
—Digamos que tenía una corazonada.
Nanoha, Fate, Alicia y Miyuki se pusieron de pie. Nanoha tomó a Fate de la mano y anunció:
—Es hora de que nos retiremos. Mañana pasaremos a saludarlas.
Fate y Alicia caminaron hacia Ruby, la abrazaron una por una y le dijeron palabras de aliento.
—Luego te mostraremos dónde vivimos —dijo Fate, acariciándole la cabeza con ternura.
Alicia, fiel a su estilo, le revolvió el cabello con un gesto cariñoso pero algo tosco.
—Tú descansa, enana. Mañana te contaremos todo.
Ruby asintió con una sonrisa y observó cómo sus hermanas y las demás se despedían y salían de la sala.
Una de las sirvientas, una joven de cabello castaño recogido en un moño impecable, se acercó a Ruby con una sonrisa cortés.
—Señorita Ruby, por favor, sígame. Le mostraré su nueva habitación.
Ruby asintió tímidamente y siguió a la sirvienta por los largos pasillos de la mansión. Cada paso revelaba más de la grandiosidad de aquel lugar. Finalmente, la sirvienta abrió una puerta doble y se hizo a un lado para dejarla pasar.
Ruby entró en la habitación y quedó sin palabras. Era enorme, con una decoración acogedora pero elegante. Una cama king-size ocupaba el centro, con sábanas suaves y mantas de colores cálidos. Frente a la cama había una televisión gigante, junto a una consola de videojuegos última generación. En un escritorio cercano, una laptop reluciente esperaba ser usada.
El armario era prácticamente una habitación aparte, lleno de ropa, zapatos y accesorios que Ruby ni siquiera sabía que existían. Las lágrimas volvieron a brotar mientras miraba todo a su alrededor.
—Es un paraíso... —susurró para sí misma, abrazando el pijama que Precia le había dado.
Por otro lado, Precia y Lindy acompañaron a Saori a la habitación principal. Era igual de imponente que el resto de la mansión, con detalles lujosos y una cama matrimonial adornada con cortinas de seda. Saori miró alrededor con incertidumbre, preguntándose cuál sería su lugar en todo esto.
—¿Dónde voy a dormir? ¿Con Ruby? —preguntó, sintiéndose fuera de lugar.
Lindy y Precia intercambiaron una mirada antes de reír suavemente.
—No, Saori —dijo Lindy, cerrando la puerta detrás de ellas—. Dormirás aquí, con nosotras.
Saori giró hacia Lindy con incredulidad.
—¿Qué?
Antes de que pudiera continuar, Lindy se acercó a ella con una sonrisa traviesa y se inclinó para susurrarle al oído:
—Ahora eres parte de esta familia. Dormirás aquí, en esta cama, con Precia y conmigo.
Saori sintió cómo su rostro se calentaba de inmediato. Intentó articular una protesta, pero Lindy se colocó detrás de ella, abrazándola por la cintura.
—Relájate, Saori. Te acostumbrarás.
Precia, con las mejillas sonrojadas, intentó intervenir.
—Lindy, no tienes por qué ser tan directa...
Lindy rio suavemente y subió las manos hacia los pechos de Saori.
—Es parte del plan, mi amor. Además, creo que Saori ya está entendiendo cómo funcionamos aquí.
Saori soltó una risa nerviosa y negó con la cabeza.
—Son unas pervertidas.
Lindy sonrió ampliamente.
—Quizás, pero tú también lo eres, Saori.
Precia con una sonrisa se acercó a ellas y se pegó hacia Saori, con sus manos le agarro el trasero y empezó a besar su cuello, Saori comenzó a gemir sintiendo como Lindy masajeaba sus pechos y Precia apretaba su trasero.
Lindy comenzó a bajar el vestido de Saori, dejándola en ropa interior, Precia dejo de besar su cuello para besar a Saori en los labios, Lindy aprovecho esto para desabotonar el sujetador de Saori y dejar libre sus pechos, ambos cayeron por el tamaño que tenían. —Son enormes— dijo Precia mirando los pechos de Saori, sus pezones estaban erectos ya.
—Si, son naturales— dirá orgullosa Saori para luego gemir por ser presionados por las manos de Lindy, Precia empezará a bajar las bragas de Saori y esta dirá que no a podido afeitarse completamente. Precia reirá y le dirá que eso no importa quitándole por completo las bragas dejando totalmente desnuda a Saori.
Lindy y Precia empezaran a desnudarse, Saori las vera atónitas mientas las dos quedan totalmente desnudas, Lindy besara a su esposa y luego besara a Saori, empujaran suavemente a Saori a la cama dejándola boca arriba y Precia y Lindy se colocaran cada una a un costado de Saori, Lindy a la izquierda y Precia a la derecha, Precia acariciara el abdomen de Saori e ir bajando acariciando los muslos de ella de manera suave haciendo que suelte más gemidos, Lindy no se quedara atrás y acariciara sus pechos mientras lame una de las orejas de Saori, la temperatura ira subiendo y Saori entrara en un estado de excitación nunca antes vivido, Precia empezara a acariciar la entrepierna de Saori y le susurrara —Estas muy mojada— haciendo que gima más, sintiendo que Saori está lo suficientemente mojada, Precia entrara en ella, introduciéndole 2 dedos, el gemido no se hará esperar, Lindy sonreirá mientras toma uno de los pezones de Saori con sus labios, morderá suavemente el pezón y lo estirara, Saori estará en el limbo sintiendo cosas nunca antes vistas, antes de lo que espera ella llegara al orgasmo, sintiendo una fuerte corriente dentro de ella y soltando un grito ahogado de placer inmenso.
su respiración estará agitada, Precia y Lindy estarán sobre ella ambas besaran una mejilla de Saori mientras le dirán que lo hizo muy bien, una sonrisa saldrá de la boca de Saori y ella después dirá —me toca— se pondrá a un costado de Precia y Lindy tomara el otro costado.
—Prepárate porque te voy a hacer venir muchas veces— dirá ella.
Con esa frase, las tres mujeres compartieron una mirada y una risa ligera. Saori no sabía lo que le deparaba el futuro, pero por primera vez, sintió que estaba en el lugar correcto.
