Capítulo 7: Rivales en Casa

Morinoko Nakajima se encontraba frente a una escena que no solo rayaba en lo absurdo, sino que parecía sacada de una mala telenovela. En el centro de su sala, una desconocida mujer se encontraba completamente cómoda, envuelta únicamente en la bata de su esposa y su propia toalla, como si fuera la dueña del lugar. Su cabello húmedo dejaba caer pequeñas gotas sobre el sofá recién limpiado, y su expresión desinteresada hacía que la irritación de Morinoko alcanzara nuevos niveles.

Con la mirada encendida por la indignación, Morinoko buscó respuestas de inmediato.

—¡Subaru! —gritó, esperando que su esposa apareciera y le diera una explicación razonable.

La extraña, sin embargo, fue la que respondió, inclinando su cabeza y apoyando un brazo sobre el respaldo del sofá, como si la tensión en el ambiente no existiera.

—Salió hace cinco minutos. —El tono de la mujer era relajado, casi burlón, mientras secaba perezosamente su cabello con la toalla. Luego, añadió con un leve brillo de malicia en sus ojos—: No tengo un cambio de ropa. La que estaba usando se "ensució", y no puedo usarla.

La forma en que la palabra "ensució" fue dicha, con un claro doble sentido, hizo que la vena de la frente de Morinoko comenzara a palpitar. Sus manos se apretaron en puños mientras intentaba controlar su creciente ira. Sin embargo, la mujer, viendo la reacción de Morinoko, decidió empujar un poco más.

—Oye, ¿tú eres su esposa, no? ¿Moritoko? ¿Ochinoco? —dijo la desconocida, ladeando la cabeza con una sonrisa descarada.

Eso fue el detonante. Morinoko dejó caer las bolsas de las compras al suelo con un ruido seco y avanzó hacia la mujer con pasos firmes y amenazantes. Sus ojos eran dos dagas, y su voz, aunque contenida, estaba cargada de autoridad.

MO-RI-NO-KO—pronunció con énfasis, separando cada sílaba para dejar claro su nombre—. Y sí, soy SU esposa.

La mujer en el sofá apenas pudo contener una risa burlona. Sin embargo, antes de que pudiera responder, el sonido de la puerta principal al abrirse interrumpió la tensión en la sala. Subaru entró, con Nala, su fiel mascota, a su lado, y cargando un par de bolsas que parecían contener ropa nueva. La escena frente a ella le hizo detenerse en seco.

—¿Mi amor? —preguntó Subaru, desconcertada.

Morinoko se giró hacia la puerta, su rostro aún enrojecido por la ira, y apuntó hacia la mujer en el sofá.

—¿Quién es esta puta? —espetó, sin contenerse.

Subaru abrió los ojos con sorpresa y dejó caer la mandíbula ante la declaración de su esposa. Aunque la elección de palabras no era del todo incorrecta, la crudeza del comentario la dejó sin palabras momentáneamente.

Detrás de Morinoko, la mujer estalló en carcajadas, inclinándose hacia adelante mientras se sujetaba el abdomen. Su risa era sincera, un sonido alegre que contrastaba con la tensión en el ambiente.

—¡Carajo, hermanita! —dijo entre risas—. ¡Tu esposa sí que tiene carácter!

Subaru cerró la puerta con un suspiro, dejando caer las bolsas al suelo mientras quitaba la correa de Nala. La tensión seguía en el aire, y ella sabía que necesitaba aclarar las cosas de inmediato antes de que su esposa hiciera algo irreversible.

—Morinoko… —empezó Subaru con un tono paciente—. Ella es mi hermana, Ginga.

El silencio que siguió fue ensordecedor. Morinoko, que ya había girado hacia su esposa, ahora miró a la mujer del sofá con ojos entrecerrados. Ginga, sin dejar pasar la oportunidad, levantó ambas cejas en un gesto de saludo y sonrió.

—Hola, cuñada. —dijo con una voz burlona, levantando una mano en un saludo despreocupado.

Morinoko parpadeó varias veces, procesando lo que acababa de escuchar. Sus ojos pasaron de Subaru a Ginga y de regreso, buscando algún indicio de que esto era una broma. Sin embargo, la expresión seria de Subaru confirmó que todo era verdad. Finalmente, Morinoko exhaló un suspiro largo y profundo, cruzando los brazos frente a su pecho.

—¿Tu hermana? —repitió, con incredulidad en su voz.

Subaru asintió, sabiendo que necesitaba suavizar las cosas antes de que su esposa decidiera expulsar a Ginga de la casa con sus propias manos.

—Sí, mi hermana. Es una situación complicada, pero ahora está aquí. —Subaru le dirigió una mirada a Ginga, quien seguía cómodamente sentada en el sofá, disfrutando del espectáculo—. Y se va a comportar.

—¿Comportarse? —repitió Morinoko, alzando una ceja mientras señalaba a Ginga—. Está usando tu bata, mi toalla, y está desnuda en mi sala.

Ginga soltó otra carcajada.

—¿Qué puedo decir? Me gusta la comodidad. —dijo, encogiéndose de hombros.

Subaru pasó una mano por su rostro, claramente agotada por la dinámica entre su esposa y su hermana mayor.

—Ginga, por favor, ve a ponerte algo de ropa. —dijo Subaru, su tono dejando claro que no aceptaría una negativa.

Ginga suspiró, rodando los ojos, pero finalmente se levantó del sofá.

—Está bien, hermanita. Pero que conste, tu esposa me tiene miedo. —dijo con un guiño hacia Morinoko mientras desaparecía hacia el baño.

Cuando finalmente quedaron solas, Subaru se acercó a Morinoko y le tomó las manos con ternura.

—Lo siento, mi amor. Sé que es mucho, pero… Ginga es familia. Necesito ayudarla.

Morinoko, aunque aún molesta, pudo ver la sinceridad en los ojos de Subaru. Asintió lentamente, aunque su mirada dejó claro que no sería fácil aceptar a Ginga en su hogar.

—Más te vale que valga la pena, Subaru. —dijo, antes de soltar las manos de su esposa y volver a recoger las bolsas que había dejado caer.

Mientras tanto, en el baño, Ginga se reía para sí misma mientras revisaba las bolsas que Subaru había traído. Esto iba a ser interesante.

Ginga salió del baño con un short tan diminuto que, a primera vista, podría pasar fácilmente como ropa interior. Su camiseta ajustada realzaba cada curva de su figura, dejando poco a la imaginación. Era evidente que había elegido ese atuendo a propósito, con la única intención de fastidiar a Morinoko. Subaru, al verla, se llevó una mano al rostro en un gesto de frustración. Sabía lo que venía.

Morinoko, al verla, explotó de inmediato. Su rostro se tornó rojo como un tomate, y su voz retumbó en la casa.

—¿Eso es lo que llamas cambiarte de ropa? ¡Sigues prácticamente desnuda! —dijo señalando a Ginga con indignación.

Ginga, lejos de intimidarse, se rio con descaro, apoyando una mano en su cadera y encogiéndose de hombros.

—¿Qué puedo decir? Esto es cómodo y me da "libertad". —dijo, marcando un claro doble sentido.

Morinoko, sin perder el ritmo, respondió de inmediato:

—Libertad para la putería, dirás. —espetó, ganándose una carcajada por parte de Ginga y un suspiro resignado de Subaru.

Nala, la labradora K9 de la familia, se acercó a Ginga, comenzando a olfatearla con curiosidad. Morinoko, con un atisbo de esperanza, pensó que la perra podría desconfiar o incluso reaccionar mal. Sin embargo, lo que ocurrió fue lo contrario. Nala movió la cola con entusiasmo, se puso de pie sobre sus patas traseras y comenzó a lamerle el rostro a Ginga, quien reía mientras acariciaba al animal.

—Entre perras se entienden. —murmuró Morinoko mientras se daba la vuelta, aún claramente molesta, y se dirigía a la cocina.

Ya sentadas en la mesa, las tres mujeres comenzaron a cenar. Morinoko aún mantenía una mirada severa, claramente incapaz de aceptar la presencia de Ginga en su casa. Subaru, por su parte, comía lentamente, lanzando miradas nerviosas entre su esposa y su hermana. Ginga, en cambio, parecía disfrutar cada bocado, como si la tensión en el ambiente no existiera. La comida de Morinoko era deliciosa, y Ginga no perdía oportunidad de demostrarlo con gestos exagerados de satisfacción.

Finalmente, Subaru rompió el silencio con un suspiro.

—Mi amor… creo que es momento de contarte todo sobre mi hermana. —dijo, dejando sus palillos sobre el plato.

Morinoko, que ya esperaba algo como esto, dejó también su cubierto, cruzó los brazos y levantó una ceja.

—Te escucho. —respondió con un tono serio, aunque algo contenida.

Subaru inhaló profundamente y comenzó su relato. Habló de cómo Ginga siempre había sido un espíritu libre, incluso en su época en la academia de policía. Sin embargo, todo cambió cuando tuvieron una gran pelea con su padre. La pelea terminó con Ginga siendo expulsada de casa tras ser descubierta vendiendo drogas.

—En mi defensa, eran drogas inofensivas, y lo hacía para recaudar dinero. —interrumpió Ginga con un tono despreocupado mientras tomaba un sorbo de agua.

—Inofensivas o no, en Japón está prohibida la microcomercialización de drogas. —replicó Subaru, lanzándole una mirada severa.

Subaru continuó relatando cómo, tras ese incidente, Ginga desapareció por completo. La familia la buscó durante años sin éxito. No fue hasta que Subaru, ahora con el rango de mayor en la policía, comenzó a recibir informes diarios de arrestos que reconoció el nombre de su hermana en uno de ellos. Fue por eso que la encontró.

Morinoko escuchaba en silencio, asimilando cada palabra. Cuando Subaru terminó de hablar, añadió el incidente con Ruby, aunque omitió por completo la participación de Shiro Takamachi. Ginga, que claramente sabía más, decidió no decir nada, limitándose a observar la reacción de su cuñada.

Finalmente, Morinoko se giró hacia Ginga, su expresión dura pero curiosa.

—¿Por qué terminaste en prostitución? —preguntó sin rodeos.

Ginga se encogió de hombros y tomó un trozo de pollo con sus palillos.

—Es la manera más sencilla de ganar dinero. No tengo profesión ni educación formal, así que era lo que me quedaba. El problema fue que elegí mal dónde hacerlo y terminé en una mafia de prostitución. —dijo con franqueza.

Subaru, apoyando el argumento de su hermana, añadió:

—Todos los lugares en el barrio rojo son mafias disfrazadas de locales legales. No hay excepciones.

Ginga simplemente asintió y continuó comiendo. Luego, levantó la vista hacia Morinoko y comentó, con una sonrisa despreocupada:

—Tu esposa cocina de maravilla. —dijo mientras mordía otro trozo de pollo—. ¿Es por eso que te casaste con ella? Porque no le veo nada más atractivo.

La burla fue la gota que colmó el vaso. Morinoko se puso de pie de golpe, golpeando la mesa con las manos.

—¡Fuera de mi casa! —exclamó, señalando la puerta.

Ginga, lejos de sentirse intimidada, soltó una carcajada y levantó las manos en un gesto de rendición.

—¡Era una broma! Relájate, cuñada. —dijo con una sonrisa traviesa.

Subaru, tratando de calmar la situación, puso una mano sobre el hombro de su esposa.

—Por favor, Morinoko, cálmate. —dijo antes de volverse hacia Ginga—. Y tú, deja de provocarla. No estás ayudando.

Ginga rio entre dientes y levantó una mano.

—Está bien, está bien. Prometo no hacer más bromas. —dijo con un tono claramente sarcástico.

Morinoko, aunque visiblemente molesta, volvió a sentarse, aunque sus ojos seguían clavados en Ginga con desconfianza. Ginga, por su parte, le guiñó un ojo con descaro antes de volver a concentrarse en su comida.

Subaru suspiró profundamente, llevándose una mano a la frente. Sabía que la situación era insostenible y que tendría que buscar una solución pronto. De lo contrario, su hogar se convertiría en un verdadero campo de batalla.

La noche había caído, y la casa estaba finalmente en calma… o al menos eso parecía. Subaru y Morinoko se encontraban en su habitación, cada una con su pijama habitual. Morinoko, claramente aún molesta, estaba echada de lado, dándole la espalda a Subaru. La tensión en el aire era palpable.

Subaru, sabiendo que su esposa seguía molesta, se acercó con cuidado. Se deslizó detrás de ella, abrazándola por la espalda, y plantó un beso suave en su cuello.

—Mi amor, perdóname. Ya no estés molesta. —murmuró en tono conciliador mientras acariciaba la cintura de Morinoko.

—Tu hermana me desespera, Subaru. —respondió Morinoko, sin mirarla—. No quiero que viva aquí para siempre.

Subaru suspiró profundamente, sintiendo la frustración de su esposa. Sabía que la situación era difícil para ambas.

—Es temporal, mi amor. Lo prometo. Solo necesito asegurarme de que esté bien. —dijo con sinceridad.

Morinoko, aún molesta, se dio la vuelta para mirarla de frente. Su mirada, aunque severa, reflejaba una mezcla de cansancio y preocupación.

—Ella ya está grandecita para cuidarse sola. —dijo con tono firme.

Subaru asintió lentamente, reconociendo que su esposa tenía razón en cierta medida.

—Lo sé… pero ella no se preocupa por sí misma. Entonces alguien tiene que hacerlo, y ese alguien soy yo. Es familia, amor. —respondió Subaru con suavidad.

Morinoko suspiró pesadamente, sabiendo que no ganaría nada peleando más. Finalmente, cedió.

—Bueno… ya qué. —dijo con resignación, aunque su tono mostraba que seguía algo molesta.

Subaru sonrió aliviada y se acercó para besarla. El roce inicial de sus labios fue suave, pero pronto se convirtió en algo más pasional. Sus bocas se sincronizaron en un ritmo perfecto, como si todo lo demás se desvaneciera a su alrededor.

Justo cuando el momento se intensificaba, una voz completamente fuera de lugar interrumpió el ambiente.

—Tienes buena técnica, hermana. Apuesto que también sabes usar bien la lengua. —dijo una voz burlona desde la puerta.

Ambas mujeres se separaron de golpe, mirando con incredulidad hacia la entrada de la habitación. Ahí estaba Ginga, apoyada en el marco de la puerta con una expresión divertida y descarada.

Morinoko se sonrojó violentamente, una mezcla de vergüenza y furia invadiendo su rostro.

—¡¿Qué demonios haces aquí?! —gritó, claramente al borde de perder los estribos.

Subaru, por su parte, se llevó una mano a la cara, cubriéndose los ojos con frustración.

—Ginga… no ayudas en nada. —murmuró, claramente agotada.

Ginga, ignorando por completo el estado de ambas, rio inocentemente y levantó las manos en un gesto de rendición.

—Lo siento, hermanita, cuñadita. Solo entré porque no tengo una manta y hace frío. —dijo, haciendo pucheros fingidos.

Morinoko, incapaz de contenerse más, se puso de pie de un salto. Cogió una manta abrigadora del armario y se la lanzó con fuerza a la cara.

—¡Fuera de mi cuarto! —exclamó, señalando la puerta.

Ginga atrapó la manta, todavía riendo, y salió de la habitación mientras levantaba una mano en señal de disculpa.

—Lo siento, lo siento. Buenas noches, amorcitos. —dijo con un tono claramente provocador antes de cerrar la puerta.

Morinoko se giró hacia Subaru, aún con el rostro rojo de ira y vergüenza.

—¡Un mes! ¡Solo un mes! —dijo, señalándola con un dedo para dejar claro que no habría margen de negociación.

Subaru asintió rápidamente, sabiendo que su esposa estaba al límite.

—Entendido, mi amor. —dijo con un suspiro resignado.

Mientras Morinoko se volvía a acostar, aún claramente alterada, Subaru se quedó mirando el techo. Sabía que tendría que encontrar una solución pronto. Ese mes prometía ser el más complicado de su vida.


Lindy estaba recostada en su elegante silla de cuero, el suave brillo de su tablet reflejándose en su rostro. Su ceño fruncido dejaba en claro su molestia. Frente a ella, la pantalla mostraba a Shiro Takamachi, quien mantenía una expresión calmada, casi indiferente, mientras escuchaba el reclamo de la Harlaown.

—¿Cómo te atreves a liberar a esa mujer? —comenzó Lindy, con un tono afilado—. Cualquier persona que intente acercarse a mi hija o a mis esposas debería ser castigada sin miramientos, Shiro.

El hombre en la pantalla levantó las manos en un gesto de aparente rendición. —Lindy, entiende que esta mujer no sabía quién era Ruby. Fue un error, uno desafortunado, pero no creo que sea justo arruinarle la vida por eso. Una conocida mía solicitó mi ayuda para sacarla de un agujero en el que se metió por sí misma. Te prometo que no será un problema para ti ni para tu familia.

Lindy entrecerró los ojos, dudosa. Tomó aire profundamente antes de hablar de nuevo. —Espero, Shiro, que entiendas que no tengo tolerancia para este tipo de cosas. Mi familia es mi prioridad, y cualquiera que atente contra ellos enfrentará mi furia. Y sabes de sobra cómo se ha ganado mi reputación.

El hombre sonrió con esa expresión de zorro astuto que tanto irritaba a Lindy. —Por supuesto, "Leona de Galia". No necesitas recordarme quién eres. Prometo que esto no volverá a ser un problema.

Lindy asintió, pero su expresión aún era tensa. —Bien. No quiero escuchar más de esta mujer. Y asegúrate de estar listo para la reunión de las casas al final de año.

Shiro hizo un gesto de despedida antes de que la pantalla se apagara. Lindy soltó un largo suspiro mientras dejaba la tablet sobre la mesa de su oficina.

En silencio, Alexandria Seraphine, su leal sirvienta y jefa del personal doméstico, se acercó. Con movimientos precisos y elegantes, vertió whisky sobre un gran cubo de hielo en una copa de cristal y se la ofreció a Lindy.

—Su trago, mi señora —dijo Alexandria con su tono formal y educado, inclinando ligeramente la cabeza.

—Gracias, Lexie —respondió Lindy, tomando la copa y dando un sorbo. El líquido dorado calentó su garganta, relajándola ligeramente—. Shiro a veces me saca de quicio. No sé qué pasa por su cabeza cuando toma decisiones como esta.

Alexandria, impecable en su postura y expresión, respondió con calma. —El Señor Takamachi es conocido por actuar sin consultar a las otras casas. Es un comportamiento que podría traerle problemas en el futuro, mi señora.

Lindy asintió lentamente. —Mientras no afecte a mi familia, los Takamachi pueden hacer lo que quieran. Aunque espero que Nanoha tenga más sentido común que su padre.

Alexandria se permitió una ligera sonrisa antes de hablar de nuevo. —Mi señora, si puedo preguntar, ¿debería comenzar a preparar a la señorita Ruby para heredar el Escudo de los Harlaown?

Lindy negó con la cabeza, tomando otro sorbo de whisky. —No. Chrono seguirá con el legado. Pero Ruby... Ruby será el objetivo de muchas casas. Es preciosa, y habrá familias interesadas en casarla por alianzas. Eso es algo que debemos vigilar muy de cerca.

Alexandria inclinó ligeramente la cabeza. —La señorita Ruby es un tesoro, mi señora. Es nuestra responsabilidad protegerla. Cualquiera que intente lastimarla no vivirá para contarlo.

Confirma hoc mandatum —dijo Lindy, en un tono bajo y solemne.

Hoc mandatum vita mea confirmo, Señora Harlaown —repitió Alexandria con firmeza.

Lindy dio un largo sorbo a su whisky, sintiendo cómo la tensión en sus hombros comenzaba a disiparse. —Mis hijos, mis esposas, todos están protegidos bajo este escudo. Evelyn sabe lo que debe hacer, y tú también, Lexie.

—Por supuesto, mi señora. —Alexandria inclinó la cabeza una vez más, permaneciendo estoica y lista para cualquier orden.

Lindy cerró los ojos un momento, permitiéndose un instante de tranquilidad. Sabía que su familia estaba a salvo, rodeada por un círculo de leales guardianes como Alexandria y Evelyn. Pero también sabía que el mundo exterior siempre buscaba una grieta, un punto débil. Y mientras ella estuviera al mando, no permitiría que nadie se acercara lo suficiente para causar daño.

La habitación de Ruby estaba iluminada tenuemente por la luz cálida de una lámpara de noche, proyectando sombras suaves en las paredes decoradas con tonos pasteles. Ruby estaba sentada en el borde de su cama, su mirada perdida mientras jugaba con los pliegues de su falda. Los eventos de ese día seguían dando vueltas en su cabeza. A pesar de todo lo que había ocurrido, su mente volvía a la mujer que Evelyn había reducido con tanta facilidad. ¿Estaría bien? Esa pregunta no dejaba de rondar en su mente.

Ririka, siempre atenta, estaba ordenando las cosas alrededor de la habitación. Había seleccionado cuidadosamente un pijama suave de algodón para su señorita, colocándolo sobre la cama con precisión. Al notar el aire pensativo de Ruby, se acercó con una sonrisa tranquila.

—Señorita, es hora de su cambio de ropa —dijo Ririka con su tono suave y educado, inclinándose ligeramente.

Ruby suspiró, levantando los brazos sin oponer resistencia. Ririka, con manos ágiles y delicadas, le quitó la ropa del día y le puso el pijama con la misma destreza y cuidado con el que manejaba cualquier tarea. Mientras terminaba de acomodar la tela sobre los hombros de Ruby, esta rompió el silencio.

—Riri-chan... ¿Crees que la chica de esta tarde estará bien? —preguntó Ruby con una voz baja y un poco insegura.

Ririka dejó escapar una risa suave, tierna, mientras alisaba el pijama de Ruby. —No se preocupe, mi señorita. Estoy segura de que todo está bajo control. La señorita Evelyn es muy capaz y se encarga de estas cosas con total seriedad.

Antes de que Ruby pudiera responder, se escucharon unos toques en la puerta. Ruby giró la cabeza hacia la entrada, un poco sorprendida, pero rápidamente se recompuso.

—Adelante —dijo, tratando de mantener la compostura.

La puerta se abrió lentamente, y por ella entró Alexandria Seraphine, irradiando elegancia y autoridad. Su porte recto y su mirada segura eran inconfundibles, y con un movimiento fluido, levantó ligeramente los pliegues de su falda e hizo una reverencia perfecta.

—Buenas noches, mi señorita Harlaown —saludó Alexandria con una voz respetuosa y clara.

Ririka, al ver la entrada de su jefa directa, imitó el saludo con precisión, inclinándose hacia Alexandria.

—Señorita Seraphine —saludó Ririka con el mismo respeto.

Alexandria devolvió el saludo con una leve inclinación de cabeza antes de dirigir su atención nuevamente a Ruby. Esta última observaba a la mujer con cierta curiosidad. No la había visto muchas veces, pero sabía que Alexandria no era cualquier sirvienta. Era la mano derecha de su madre Lindy y la jefa principal de todo el personal doméstico de la casa Harlaown.

—He venido para informarle sobre un asunto importante, mi señorita —comenzó Alexandria con calma—. Es necesario que comencemos a preparar a la señorita para la ceremonia de fin de año. Hay ciertos protocolos que se esperan de usted como heredera de la casa Harlaown.

Ruby sintió un nudo en el estómago al escuchar esas palabras. Las expectativas siempre la hacían sentir un poco nerviosa. Bajando un poco la mirada, respondió en voz baja: —¿Es... difícil?

Ririka, que estaba a su lado, no pudo evitar reír suavemente por lo bajito que había hablado Ruby. Sin embargo, la risa fue interrumpida rápidamente cuando Alexandria raspó su garganta, lanzando una mirada de advertencia a Ririka, quien inmediatamente se corrigió.

—No es difícil, mi señorita —respondió Alexandria, su tono impecable—. Son protocolos que debe aprender, pero no se preocupe, he tomado medidas para que sea más cómodo para usted.

Ruby levantó la mirada, sus ojos reflejando curiosidad. —¿Cómo?

Alexandria permitió que una leve sonrisa cruzara su rostro antes de continuar. —He invitado a sus hermanas, la señorita Fate Takamachi y la señorita Alicia T. Harlaown, para que participen en el mismo curso. Estoy segura de que su presencia hará que la experiencia sea más agradable para usted.

Los ojos de Ruby se iluminaron al instante. —¡Fate y Alicia estarán ahí! —exclamó con entusiasmo.

Alexandria asintió con calma, satisfecha con la reacción de Ruby. —Así es, mi señorita. Espero que pueda contar con su presencia.

Ruby asintió rápidamente. —¡Iré, Lexie!

Alexandria inclinó ligeramente la cabeza con aprobación. —No esperaba menos de mi señorita Harlaown. —Volvió a tomar los pliegues de su falda e hizo una reverencia antes de retirarse—. Buenas noches, mi señorita. Ririka.

Cuando la puerta se cerró, Ruby giró hacia Ririka, una chispa de emoción aún en sus ojos. —Riri-chan, tienes que levantarme temprano. No quiero llegar tarde a las clases con mis hermanas.

Ririka sonrió, inclinando la cabeza con suavidad. —Es parte de mi deber, mi señorita. No tiene que preocuparse por nada.

Ruby sonrió, dejando escapar un suspiro de alivio. Sentía que, al menos por un momento, las expectativas no eran tan abrumadoras si podía compartirlas con Fate y Alicia. La noche avanzaba tranquila, y su corazón, aunque un poco nervioso, estaba lleno de una renovada determinación.

Ruby se repetía una y otra vez las palabras de Alexandria: "No será difícil." Pero la realidad era otra. El día había sido agotador. Después de terminar las clases regulares en la secundaria, fue llevada directamente a las lecciones de etiqueta y formación que Alexandria Seraphine había organizado para ella. No había margen para quejarse; todo estaba perfectamente programado.

Desde el principio, Ruby se sintió abrumada. Clases de baile, modales en la mesa, cómo presentarse, caminar adecuadamente, y por alguna razón, incluso lecciones de latín. Cada segmento del programa parecía diseñado para moldearla en una perfecta dama Harlaown. En la sala de formación, decorada con espejos de cuerpo entero y una pista de baile en el centro, Ruby se sentó junto a Fate y Alicia mientras repasaban las primeras instrucciones.

Fate trataba de consolar a Ruby mientras hojeaban un libro sobre etiquetas de baile. —Si te sirve de consuelo, a mí el latín también me cuesta muchísimo —dijo Fate, sonriendo con complicidad.

Ruby levantó la mirada con un poco de alivio, hasta que Fate añadió: —Y Alicia no sabe bailar.

Alicia, indignada, se levantó de su silla con el ceño fruncido. —¡Metiche! —exclamó, lanzándole una mirada acusadora a su hermana.

La escena arrancó una risa a Ruby, y pronto Fate también se unió. Alicia, aunque ofendida, terminó sonriendo a regañadientes.

En ese momento, Alexandria Seraphine entró en la sala. Su porte impecable y la firmeza de su presencia captaron la atención inmediata de las tres chicas. Con un par de palmadas elegantes, Alexandria atrajo la atención.

—Mis señoritas, es momento de las lecciones de baile —anunció, su tono firme pero no carente de calidez—. Por favor, al centro de la sala. Vamos a comenzar con los pasos principales.

Ruby, Fate y Alicia se colocaron en la pista, frente a Alexandria. Esta última comenzó con las instrucciones, moviéndose con una gracia envidiable.

—Lo primero es la postura. Espalda recta, hombros relajados pero alineados. Los pies deben estar ligeramente separados, con el pie derecho ligeramente hacia adelante. —Alexandria caminó alrededor de las tres, ajustando sus posturas con leves toques en los hombros y caderas.

—El paso básico es el siguiente: pie izquierdo adelante, pie derecho a un lado, pie izquierdo junta. Después, pie derecho atrás, pie izquierdo a un lado, pie derecho junta. —Demostró el movimiento con precisión.

Ruby intentó imitarla, pero al principio parecía que sus pies no le respondían. Fate lo hacía de manera aceptable, aunque a veces perdía el ritmo. Alicia, en cambio, parecía estar luchando contra un enemigo invisible; sus movimientos eran torpes, y sus pies chocaban entre sí.

—Alicia, querida, mantén la compostura. Imagina que llevas un vestido largo y necesitas moverte sin pisarlo —dijo Alexandria, corrigiendo la postura de Alicia con paciencia.

A medida que la lección avanzaba, Ruby comenzó a captar el ritmo. Sus movimientos se hicieron más fluidos, y con cada repetición, su gracia se volvía más evidente. Alexandria observó con atención, y una pequeña sonrisa de satisfacción apareció en su rostro.

—Muy bien, señorita Ruby. Parece que tiene un talento natural para el baile —comentó Alexandria, genuinamente impresionada.

Fate y Alicia también notaron la mejoría de Ruby. —Es como si hubieras nacido para esto —dijo Fate con una sonrisa, ganándose un sonrojo de Ruby.

Por el contrario, Alicia seguía luchando. Cuando tropezó nuevamente, Fate no pudo evitar reírse, lo que provocó que Alicia le lanzara una mirada fulminante. Alexandria, aunque estricta, evitó cualquier crítica dura.

—Con práctica, incluso los pasos más difíciles se vuelven naturales, señorita Alicia —dijo Alexandria con tono alentador.

Después de varias rondas, las chicas finalmente lograron dominar los pasos básicos. Ruby, especialmente, se movía con una elegancia inesperada, como si la pista de baile fuera su lugar natural.

Tras el baile, pasaron a las lecciones de etiqueta y presentación. Alexandria comenzó con el tema de cómo caminar adecuadamente.

—Cuando caminen en eventos formales, deben mantener la barbilla ligeramente elevada y los brazos relajados a los lados. Los pasos deben ser firmes pero silenciosos, como si flotaran sobre el suelo. —Alexandria demostró el movimiento, deslizándose con una gracia impecable.

Las chicas la imitaron, con resultados variados. Ruby, después de unas pocas correcciones, logró caminar con la gracia que Alexandria buscaba. Fate lo hacía de manera aceptable, aunque con menos naturalidad. Alicia, una vez más, era un poco torpe, pero se esforzaba por mejorar.

Luego, Alexandria les enseñó cómo presentarse. —Al saludar, inclinen ligeramente la cabeza, pero no demasiado. Mantengan el contacto visual y hablen con claridad. Si es necesario, hagan una ligera reverencia. —Demostró el saludo con una mezcla de firmeza y elegancia.

Ruby, aunque algo nerviosa, siguió las instrucciones al pie de la letra, impresionando nuevamente a Alexandria.

—Muy bien, señorita Ruby. Está aprendiendo rápido —comentó con una leve sonrisa de aprobación.

Alicia, en cambio, se sentía incómoda. —¿De verdad tengo que inclinarme? —preguntó, cruzando los brazos.

—Es parte del protocolo, señorita Alicia —respondió Alexandria, con un tono que no admitía discusión.

La última parte del día fue la más desafiante para Ruby: las lecciones de latín. Frente a un libro lleno de frases y declinaciones complicadas, Ruby se sentía completamente perdida.

—¿Por qué tengo que aprender esto? —preguntó con un suspiro.

Alexandria, que estaba supervisando la lección, respondió con calma. —Las casas más influyentes, incluida la suya, tienen siglos de historia. Muchas tradiciones se mantienen en latín, y es importante que usted pueda entender y participar en ellas.

Ruby suspiró nuevamente, resignada, y volvió su atención al libro. A su lado, Fate intentaba ayudarla, aunque admitió que tampoco era su punto fuerte. Alicia, por su parte, parecía estar en su propio mundo, claramente desinteresada en las lecciones.

Cuando finalmente concluyeron las clases, Ruby estaba agotada, pero también satisfecha. Sabía que tenía mucho por aprender, pero los avances que había logrado ese día le dieron confianza. Alexandria, al despedirse, le dedicó unas palabras.

—Hoy ha sido un buen comienzo, señorita Ruby. Estoy segura de que brillará en la ceremonia.

Ruby, aunque agotada, sonrió. Tal vez, solo tal vez, podría cumplir con las expectativas que todos tenían de ella.

El aire estaba impregnado de emoción mientras los estudiantes llenaban el gran salón de actos decorado con flores blancas y doradas. El techo estaba adornado con guirnaldas de luces cálidas que reflejaban un ambiente solemne y festivo. Ruby estaba sentada en la primera fila, con su uniforme perfectamente planchado, el cabello recogido en un estilo sencillo pero elegante, y su mirada enfocada en el escenario. Había esperado este día durante semanas, pero ahora que estaba aquí, sentía que todo se movía en cámara lenta.

Uno a uno, los nombres de los estudiantes eran llamados, y el sonido de los aplausos llenaba el salón mientras los compañeros subían al podio para recibir sus diplomas. Ruby observaba con una mezcla de nervios y entusiasmo, sus manos descansando sobre su regazo mientras el director se preparaba para llamar el siguiente nombre.

—Ruby Harlaown.

El corazón de Ruby dio un vuelco. Se puso de pie con gracia, su postura impecable, y caminó hacia el escenario. Los murmullos llenaron el aire; era evidente que muchos en la sala conocían el apellido Harlaown, un nombre asociado con poder y prestigio. Su andar era elegante, y cada paso parecía resonar con una confianza que había cultivado durante las últimas semanas de intensas lecciones.

Cuando tomó el diploma de manos del director, una cálida sonrisa iluminó su rostro. Las cámaras destellaban mientras sus compañeros y maestros aplaudían con entusiasmo. Ruby hizo una pequeña inclinación de cabeza antes de regresar a su asiento, donde sus compañeras la felicitaron con sonrisas y susurros.

Desde el fondo del salón, Saori y Precia observaban con orgullo, acompañadas por Mathilde y Rosalinde, sus respectivas sirvientas personales. Saori no pudo contener las lágrimas mientras veía a su hija recibir su diploma, mientras que Precia, aunque más comedida, tenía una sonrisa radiante que no podía ocultar.

Cuando la ceremonia terminó, los estudiantes se reunieron con sus familias para celebrar. Ruby bajó las escaleras del escenario y caminó hacia donde estaban sus madres, seguida de cerca por Ririka, que llevaba consigo el bolso de Ruby y una pequeña botella de agua por si su señorita la necesitaba. Al acercarse, Saori abrió los brazos y abrazó a Ruby con fuerza.

—¡Lo hiciste, mi pequeña! Estoy tan orgullosa de ti —dijo Saori, plantándole un beso en la mejilla.

Precia la abrazó también, su voz suave pero llena de emoción.

—Eres nuestra joya, Ruby. Nunca olvides lo lejos que puedes llegar.

Mathilde y Rosalinde, siempre impecables en su porte, inclinaron ligeramente la cabeza hacia Ruby, ofreciéndole sus felicitaciones con una sonrisa discreta. Ririka, por su parte, estaba a un lado, observando con una expresión serena pero vigilante, asegurándose de que nada interrumpiera el momento familiar.

De repente, una voz masculina rompió la armonía del momento:

—Ruby… ¿puedes hablar conmigo un momento?

Ruby se giró, encontrándose con uno de sus compañeros de clase, un chico de cabello oscuro que parecía extremadamente nervioso. Antes de que Ruby pudiera decir algo, Ririka intervino con los brazos cruzados, su tono firme:

—Ni lo pienses. No tienes oportunidad.

El chico parpadeó, visiblemente incómodo, pero reunió el valor para hablar:

—Por favor, solo un minuto.

Ruby suspiró, mirando a Ririka con una mezcla de diversión y reproche.

—Riri-chan, no seas tan ruda —le dijo con dulzura.

—Solo digo la verdad —respondió Ririka, sin inmutarse.

Ruby accedió a hablar con el chico, aunque insistió en que Ririka las acompañara. Caminaron hacia una esquina del salón, lejos de la multitud. El chico, aún nervioso, sacó algo de su bolsillo: el botón de su chaqueta.

—Esto es para ti, Ruby. Quiero que lo tengas como símbolo de mi… mi corazón.

Ruby entendió de inmediato el significado del gesto. En Japón, entregar el botón más cercano al corazón era una confesión de amor, una tradición entre los estudiantes de secundaria. Su rostro se tiñó de un suave carmesí, pero respiró hondo y respondió con amabilidad:

—Lo siento mucho, pero no puedo aceptarlo.

El chico parecía devastado y preguntó:

—¿Por qué?

Ruby lo miró a los ojos, buscando las palabras adecuadas.

—Ahora mismo, mi vida está llena de responsabilidades y compromisos. No sería justo para ninguno de los dos.

Antes de que el chico pudiera replicar, Ririka, con su característico tono directo, añadió:

—En resumen, no le gustas. Te lo dije.

El chico se quedó atónito, y sus amigos, que observaban desde la distancia, comenzaron a reírse mientras uno de ellos decía en voz alta:

—Te lo advertimos.

Ruby se giró hacia Ririka, sus mejillas aún sonrojadas, y le susurró:

—¿Era necesario decirlo así?

—Siempre es mejor ser directa, señorita —respondió Ririka, sin perder su compostura.

Al regresar con sus madres, Saori y Precia intercambiaron miradas significativas antes de que Saori comentara:

—Parece que nuestra pequeña Ruby está entrando en esa etapa en la que tendrá pretendientes por todas partes.

Precia sonrió y asintió.

—Más vale que esos pretendientes estén preparados. No será fácil ganarse su lugar.

Saori, con una sonrisa traviesa, añadió:

—Que vengan en fila. Los estaré esperando.

Ruby no pudo evitar reírse mientras sus madres la abrazaban una vez más. Sabía que la ceremonia era solo el comienzo, y aunque el camino por delante estaría lleno de desafíos, también estaba rodeada de amor y apoyo incondicional.

La fecha de la ceremonia estaba cada vez más cerca. Ruby Harlaown se encontraba preparada, habiendo completado todas sus lecciones con gran éxito. Sorprendentemente, su dominio del latín, el baile, los movimientos protocolares y los saludos era impecable. Era como si hubiera nacido para este tipo de eventos; finalmente, había abrazado completamente su papel como una señorita de la casa Harlaown. Sin embargo, a pesar de su preparación, aún le faltaba un detalle crucial: el vestido perfecto para la ocasión.

Una tarde, mientras Ruby revisaba algunos apuntes en su habitación, su teléfono sonó. Era Fate, su hermana mayor, quien le había llamado para ofrecerle una solución. Fate conocía a un diseñador muy querido que tenía una boutique especializada en eventos especiales y exclusivos. "¿Qué te parece si te llevamos Nanoha y yo a elegir tu vestido?" preguntó Fate con entusiasmo. Ruby, emocionada, aceptó sin dudarlo. La idea de pasar tiempo con su hermana y su cuñada, además de escoger un vestido, la llenaba de ilusión.

Un par de días después, Nanoha estacionó su Lexus en la entrada de la majestuosa mansión Harlaown. Cada vez se le hacía más común visitar los terrenos de su tía Lindy, ya que Fate solía querer pasar tiempo con Ruby y aprovechar para visitarla. El camino hasta allí ya era casi una rutina para ella.

Cuando Nanoha apagó el motor y salió del auto, no tardó mucho en ver salir a Ruby, acompañada como siempre por su inseparable maid, Ririka. Nanoha aún no terminaba de entender la tradición de los Harlaown de tener maids personales. Incluso Chrono tenía una, lo cual, en su opinión, resultaba un poco excesivo. Para ella, la idea de que alguien estuviera siguiéndola constantemente era simplemente una molestia.

—¡Nanoha-san! —exclamó Ruby, sorprendida al verla. Caminó hacia su cuñada con una sonrisa radiante—. ¿Dónde está Fate-nee?

Nanoha le devolvió la sonrisa y se acercó a saludarla.

—Fate está en casa. La boutique está al sur, y los territorios Takamachi quedan de paso. Pensé que podríamos aprovechar para que los conozcas, ya que nunca has estado allí.

Ririka, quien siempre permanecía atenta, intervino con una sonrisa suave.

—Mi señorita, es una excelente oportunidad. Sería bueno que conociera esos terrenos también.

Ruby asintió con ternura.

—De acuerdo, vamos.

Ririka se acomodó en los asientos traseros del Lexus, mientras Ruby tomó su lugar en el asiento del copiloto. Nanoha encendió el vehículo, pero antes de arrancar, algo captó su atención. Una moto se detuvo junto al auto, y una figura alta y rubia con ojos morados se inclinó hacia la ventana del conductor. Nanoha bajó el vidrio, un poco desconcertada.

—Lady Nanoha, por favor, indique el camino. La estaré siguiendo de cerca —dijo la mujer con tono formal y sereno.

Ruby, al verla, sonrió animosamente.

—Nanoha-san, ella es Evelyn, mi personal de seguridad.

Nanoha arqueó una ceja, observando con detenimiento la figura imponente de Evelyn. Luego notó la pistola que descansaba en una funda discreta en la parte baja de su espalda. A pesar de lo acostumbrada que estaba al ambiente de las casas nobles, no pudo evitar sentirse un poco incómoda.

—Entendido, Evelyn. —Nanoha asintió lentamente y luego miró a Ruby—. Primero iremos a los territorios Takamachi. Avisaré a Signum que llevamos a alguien armado. No quiero problemas.

Evelyn, imperturbable, simplemente afirmó con la cabeza.

—Comprendido.

Nanoha volvió a enfocar su atención en la carretera, encendió el motor y comenzó a avanzar con Evelyn siguiendo de cerca en su moto. Mientras el Lexus recorría las amplias calles que llevaban hacia los territorios Takamachi, Ruby no podía evitar sentirse emocionada. No solo estaba ansiosa por elegir su vestido, sino también por conocer más sobre las tierras de la familia de su cuñada. Evelyn, por su parte, se mantenía alerta, sus ojos revisando constantemente el entorno, asegurándose de que todo estuviera en orden mientras seguía al Lexus con la precisión de un guardián leal.

El día prometía estar lleno de sorpresas, y Ruby sentía que cada momento la acercaba más al gran evento.

El Lexus de Nanoha se deslizaba suavemente por las carreteras que conducían a los territorios Takamachi, un vasto terreno diseñado para emular la belleza y la tradición de una Kyoto ancestral. Ruby observaba fascinada por la ventana cómo el paisaje urbano iba transformándose gradualmente en un entorno de árboles altos, senderos de piedra y arquitectura tradicional japonesa. En el horizonte, un gigantesco torii rojo marcaba la entrada a los dominios de los Takamachi, una visión que llenó de asombro a Ruby.

—¿Todo esto pertenece a los Takamachi? —preguntó Ruby con voz incrédula, mientras su mirada se perdía en la inmensidad del lugar.

Nanoha sonrió con orgullo desde el asiento del conductor.

—Así es, Ruby-chan. Nuestra familia siempre ha valorado la tradición y la belleza de Japón. Estos terrenos no solo son un reflejo de nuestra historia, sino también una parte esencial de nuestro legado.

En el asiento trasero, Ririka también admiraba los alrededores, pero sin descuidar su atención sobre su señorita. Evelyn, siguiendo el Lexus de cerca en su moto, mantenía su postura firme y vigilante. Su presencia no pasó desapercibida cuando el vehículo cruzó el torii rojo, atrayendo miradas de los guardias apostados en los alrededores.

Cuando Nanoha detuvo el Lexus frente a la entrada principal, una figura imponente apareció para recibirlas. Era Signum, la jefa de seguridad de los Takamachi. Vestía un chaleco táctico negro, portaba un rifle AR-15 modificado con precisión militar y llevaba un auricular que la mantenía conectada con el resto del equipo. Su mirada seria y profesional se posó inmediatamente en Evelyn, quien descendía de su moto con movimientos calculados.

—Lady Nanoha, bienvenida de nuevo a casa. —Signum inclinó levemente la cabeza en señal de respeto, pero sus ojos se mantenían fijos en Evelyn—. Lady Ruby Harlaown, es un honor recibirla en los territorios Takamachi.

Ruby respondió con una inclinación torpe pero sincera.

—Gracias, Lady Signum. Es un placer estar aquí.

La tensión creció cuando Signum dio un paso hacia Evelyn, su rifle colgado a un lado como una advertencia visual.

—Eres seguridad, ¿correcto? —preguntó Signum con un tono firme.

—Sí, Lady Signum. Soy Evelyn, responsable de la protección de Lady Ruby Harlaown. —Evelyn mantuvo su tono educado y profesional, pero sus ojos no mostraban un ápice de intimidación.

Signum frunció el ceño ligeramente.

—En los territorios Takamachi, no permitimos personal armado que no pertenezca a nuestra seguridad. Deberás entregar tus armas antes de entrar.

Evelyn no se inmutó. Con calma, respondió:

—Con el debido respeto, Lady Signum, mi responsabilidad es proteger a Lady Ruby bajo cualquier circunstancia. No puedo entregar mis armas, ya que hacerlo comprometería su seguridad. Haría lo mismo su señora Takamachi si estuviera en mi lugar.

La respuesta firme de Evelyn hizo que Signum apretara los labios, claramente irritada. Nanoha intervino rápidamente, consciente de la creciente tensión.

—Signum, Evelyn solo está aquí para garantizar la seguridad de Ruby. Entiendo tus preocupaciones, pero estoy segura de que ambas pueden trabajar juntas sin problemas.

Signum cruzó los brazos y miró directamente a Evelyn antes de soltar un suspiro pesado.

—A regañadientes lo permitiré, pero te seguiré de cerca durante todo el recorrido. No quiero problemas.

—Entendido. Agradezco su consideración. —Evelyn inclinó levemente la cabeza, aunque su postura seguía siendo inquebrantable.

Con la situación temporalmente resuelta, Nanoha guió a Ruby y Ririka hacia el interior de los terrenos Takamachi. A medida que avanzaban, Ruby quedó maravillada por los jardines perfectamente cuidados, los arroyos cristalinos y las estructuras tradicionales que combinaban detalles modernos en perfecta armonía. Nanoha le explicó cada rincón del lugar, desde los invernaderos de té y café hasta los pabellones destinados a reuniones familiares y diplomáticas.

—Esto es impresionante, Nanoha-san. Es como estar en otro mundo —dijo Ruby, fascinada.

Nanoha sonrió, feliz de ver la emoción en su cuñada.

—Sabía que te gustaría, Ruby-chan. Este lugar representa mucho para nuestra familia.

Mientras recorrían los jardines, una figura conocida apareció a lo lejos. Fate Takamachi, vestida con un atuendo casual pero elegante, se acercó con una sonrisa radiante. Ruby corrió hacia ella y la abrazó con fuerza.

—¡Fate-nee! Pensé que ya estabas en la boutique.

—Quería asegurarme de que todo estuviera listo antes de que llegues, pero no podía perderme este recorrido contigo. —Fate acarició la cabeza de su hermana con cariño.

Signum, quien había seguido al grupo desde una distancia prudente, observaba cada movimiento de Evelyn con desconfianza. La seguridad de los Takamachi rara vez permitía excepciones, y la presencia de una figura armada como Evelyn en sus terrenos era una situación poco común. Evelyn, consciente de la mirada constante de Signum, se mantuvo alerta pero no hizo ningún movimiento brusco, enfocándose únicamente en Ruby.

El grupo terminó su recorrido en un salón decorado al estilo tradicional japonés, donde las esperaba una mesa con té recién servido y dulces elaborados con ingredientes de los territorios Takamachi. Signum permaneció de pie cerca de la puerta, mientras Evelyn se colocaba estratégicamente para tener una vista completa del salón.

—Espero que disfruten este momento antes de continuar hacia la boutique. —Signum habló con su tono habitual, aunque sus ojos seguían fijos en Evelyn.

Ruby, sosteniendo su taza de té, respondió con una sonrisa.

—Muchas gracias, Lady Signum. Este lugar es increíble. Estoy muy agradecida por la hospitalidad.

Nanoha, Fate y Ruby disfrutaron del té mientras Ririka se encargaba de servir los dulces. Evelyn, por su parte, no bajó la guardia ni por un momento, asegurándose de que su protegida estuviera siempre segura.

Al terminar, el grupo se preparó para dirigirse a la boutique. Signum, aunque seguía desconfiando, permitió que Evelyn acompañara a Ruby, siempre manteniéndose a una distancia en la que pudiera intervenir si era necesario. La tensión entre las dos mujeres seguía palpable, pero ambas sabían que su prioridad era garantizar la seguridad de quienes estaban bajo su cuidado.

Ruby, mientras se acomodaba en el Lexus nuevamente, no pudo evitar sentir que el día apenas comenzaba y que muchas sorpresas aún la esperaban.

El trayecto hacia Maison Éclat, la boutique exclusiva de Vice Granscenic, fue tranquilo, aunque cargado de expectativa por parte de Ruby. Durante el camino, Nanoha y Fate compartieron pequeñas anécdotas sobre el excéntrico diseñador, preparándola para lo que seguramente sería una experiencia única. Evelyn, en su moto, seguía al Lexus con la misma precisión de siempre, mientras Ruby se distraía mirando el paisaje y preguntándose cómo sería su vestido para el evento.

Cuando llegaron al lugar, un edificio imponente con detalles arquitectónicos elegantes que reflejaban lujo y sofisticación, Nanoha estacionó su Lexus en la entrada, y Evelyn detuvo su moto justo detrás, descendiendo con la gracia y firmeza de siempre. Maison Éclat tenía un aire de exclusividad, con grandes vitrinas que mostraban piezas únicas y perfectamente diseñadas. Ruby bajó del auto ayudada por Ririka, quien ajustó suavemente la capa de su abrigo antes de entrar al lugar.

—Vamos, Ruby. Es hora de conocer a Vice. Prepárate, porque no es alguien que se olvide fácilmente —dijo Fate con una sonrisa cómplice mientras tomaba la delantera.

La puerta de cristal de la boutique se abrió automáticamente, revelando un espacio amplio y brillante, decorado con detalles dorados y estanterías llenas de vestidos y trajes exquisitos. Los tacones resonantes de Vice Granscenic anunciaron su entrada antes de que su voz inundara el ambiente.

—¡Nanoha Takamachi! —exclamó Vice con un tono dramático mientras avanzaba con movimientos exagerados, sus tacones diseñados a la medida captando la atención de todos—. ¿Cuántos siglos han pasado desde tu última visita? ¿Acaso me has olvidado? —Agarró las manos de Nanoha con fingido dolor, como si estuviera al borde de las lágrimas.

Nanoha suspiró y sonrió, ya acostumbrada a su teatralidad.

—Vice, siempre tan dramático. Sabes que nunca podría olvidarte.

Vice luego giró hacia Fate, quien lo saludó con una sonrisa más cálida.

—¡Fate-chan! Siempre tan divina. —Le plantó dos besos en las mejillas con un aire de familiaridad, antes de detenerse en seco al notar a Ruby.

Su expresión pasó de curiosidad a puro asombro.

—Mais qui est cette princesse? —exclamó en perfecto francés, llevándose una mano al pecho como si no pudiera creer lo que veía.

Ruby, un poco confundida por el idioma, miró a Fate, quien tomó la iniciativa de presentarla.

—Vice, ella es Ruby Harlaown, mi hermana menor. Ruby, este es Vice Granscenic, un diseñador muy querido y talentoso.

Ruby, haciendo gala de las lecciones de etiqueta que había aprendido, se inclinó ligeramente con gracia y se presentó.

—Es un honor conocerlo, señor Granscenic. He oído mucho sobre su trabajo, y estoy encantada de estar aquí.

El gesto y la manera impecable en que Ruby habló hicieron que Vice fingiera un desmayo, llevándose un pañuelo a la frente.

—Magnifique! ¡Una Harlaown con modales impecables y encanto natural! —exclamó, antes de intentar acercarse para darle dos besos en las mejillas como lo había hecho con Fate.

Sin embargo, Evelyn se movió rápidamente, interponiéndose entre Vice y Ruby. Su mirada firme dejó claro que no permitiría ningún contacto sin previo aviso. Vice, sorprendido, retrocedió con un aire dramático.

—¿Pero quién trajo a Rambo a mi boutique? —preguntó con indignación, observando a Evelyn de pies a cabeza.

Ruby, nerviosa, intervino rápidamente.

—Lo siento mucho, señor Granscenic. Evelyn es mi seguridad personal, y es… muy estricta. —Ruby se inclinó nuevamente, intentando suavizar la situación.

Vice la miró de reojo, exagerando un gesto de desdén antes de girar la cabeza dramáticamente.

—Hmpf. Muy bien, ignoraré a Rambo por ahora. ¿Qué es lo que necesitan de mi humilde tienda? —preguntó, volviendo su atención a Fate.

Fate dio un paso adelante y explicó:

—Vice, tenemos un evento importante: la reunión anual de las casas. Necesitamos vestidos para todas, pero especialmente para Ruby. Queremos que ella sea la estrella de la noche.

—Magnifique! —exclamó Vice en francés nuevamente, antes de aplaudir emocionado—. ¡Por supuesto! Entren, queridas, pero… ella —dijo señalando a Evelyn—, no. No permito armas en mi espacio creativo.

Evelyn abrió la boca para refutar, pero Ririka puso suavemente una mano en su brazo.

—Lady Evelyn, yo me encargaré de asistir a mi señorita. Usted puede esperar aquí con Lady Nanoha.

Evelyn frunció el ceño, claramente no muy contenta con la idea, pero finalmente asintió.

—Estaré vigilando. —Su mirada pasó rápidamente de Vice a Ruby, dejando claro que no bajaría la guardia.

Nanoha, observando la escena, suspiró y le dio una palmada en el hombro a Evelyn.

—Mejor siéntate, Evelyn. Esto va para largo. Créeme, lo sé por experiencia.

Evelyn tomó una posición estratégica cerca de la entrada, mientras Ruby, Ririka, Fate y Vice desaparecían en el interior de la boutique. Nanoha se acomodó en un sofá cercano, sacando su teléfono para pasar el tiempo mientras observaba de reojo a Evelyn, quien se mantenía alerta incluso en ese entorno aparentemente seguro.

Dentro de Maison Éclat, Ruby se encontraba rodeada de colores, texturas y diseños únicos que parecían sacados de un sueño. Vice, moviéndose con energía, ya estaba seleccionando varios vestidos mientras murmuraba para sí mismo en francés, completamente inmerso en su elemento.

Ririka observaba con atención cada elección, lista para dar su opinión y asegurarse de que Ruby tuviera solo lo mejor. Fate, por su parte, se divertía viendo cómo Ruby intentaba mantenerse a la altura del ritmo frenético de Vice, quien no dejaba de halagarla y llamarla "princesa".

La búsqueda del vestido perfecto acababa de comenzar, y Ruby sabía que sería una experiencia inolvidable.

Vice observaba a Ruby con un ojo crítico, caminando alrededor de ella como un artista que inspecciona su lienzo. Sus dedos tamborileaban sobre su barbilla, y de vez en cuando murmuraba en francés palabras como "magnifique" y "impeccable". Después de unos momentos, hizo un ademán dramático hacia Ririka.

—Maid-chan! —llamó con su tono característico—. ¡Por favor, toma las medidas de nuestra princesa! Necesitamos precisión quirúrgica para este evento.

Ririka, con una inclinación educada, sacó su cinta métrica, una libreta y un lápiz, acercándose a Ruby con una sonrisa tranquilizadora.

—Mi señorita, por favor, estire los brazos —le pidió suavemente.

Ruby, obediente pero algo nerviosa, levantó los brazos mientras Ririka comenzaba a medir cada centímetro de su figura. La cinta métrica pasó por sus hombros, brazos, pecho, cintura, caderas y piernas. Aunque el proceso era estrictamente profesional, Ruby no pudo evitar sentirse algo sonrojada cuando Vice, de reojo, comentaba en francés sobre proporciones perfectas y elegancia innata.

—No se preocupe, mi señorita. Vice es un profesional en esto. Está asegurándose de que luzca como una verdadera princesa —le susurró Ririka con amabilidad, lo que ayudó a Ruby a relajarse un poco.

Cuando terminaron las medidas, Ririka anotó todo en la libreta y se la entregó a Vice, quien la tomó con un movimiento teatral y comenzó a murmurar mientras recorría la boutique.

—Quelle silhouette! Quelle grâce! —exclamaba mientras rebuscaba entre los bastidores, sacando vestidos con movimientos rápidos y decisivos. Los colores, las telas y los diseños llenaron el espacio mientras Vice creaba una tormenta de opciones.

Fate rió suavemente, apoyada contra una de las paredes.

—Ruby, paciencia. Conmigo también tardó horas. Es parte de su proceso creativo.

Vice, todavía sumido en su mundo, llamó a Ririka desde los bastidores.

—Maid-chan! Necesito tus manos mágicas. Ven aquí, querida.

Ririka se acercó, y los dos comenzaron a conversar en voz baja mientras seleccionaban cuidadosamente una serie de vestidos. A pesar de la personalidad extravagante de Vice, él y Ririka parecían llevarse sorprendentemente bien. La maid asintió varias veces mientras Vice le entregaba una pila de vestidos junto con instrucciones específicas.

Uno a uno, Ruby probó los vestidos. Cada uno de ellos era una obra maestra: telas de seda, encajes intrincados, pedrería delicada. Cada vestido resaltaba la belleza natural de Ruby, pero ninguno parecía ser el indicado. Después de casi tres horas, Ruby comenzaba a sentirse cansada, aunque mantenía una sonrisa educada.

Fue entonces cuando Vice salió de los bastidores con un vestido que parecía brillar con vida propia. Lo sostenía con sumo cuidado, como si fuera un tesoro.

—C'est ça. Esto es —anunció con solemnidad, mientras caminaba hacia Ruby—. Este vestido no fue diseñado; fue soñado. Y fue soñado para ti.

El vestido era una auténtica obra de arte. De un blanco perla reluciente, el corsé estaba decorado con bordados plateados que formaban delicadas formas de lirios y estrellas fugaces, símbolo de pureza y elegancia. Las mangas caían de manera sutil sobre los hombros, dejando al descubierto el cuello y los brazos de Ruby, pero con un toque de modestia que añadía gracia. La falda, hecha de capas de tul etéreo, parecía flotar con cada movimiento, y pequeños cristales Swarovski estaban cosidos estratégicamente, reflejando la luz como un cielo estrellado.

En la cintura, un lazo plateado acentuaba su figura, con una caída larga que se fundía con el movimiento de la falda. La espalda del vestido tenía un corte en forma de lágrima, cerrado con pequeños botones de perlas, añadiendo un toque clásico al diseño moderno.

Cuando Ruby se lo puso, el silencio llenó la sala. Ririka, que la había ayudado a vestirse, dio un paso atrás con una mezcla de admiración y orgullo.

Ruby salió lentamente del probador y se colocó frente al espejo principal. Sus ojos se abrieron de par en par al ver su reflejo. Parecía salida de un cuento de hadas, como una princesa de un mundo mágico.

Vice, al verla, llevó una mano a su pecho y dejó caer una lágrima dramática.

—C'est parfait... absolument parfait. Este vestido fue hecho para ti, mi princesa. —Se limpió la lágrima con un pañuelo y exclamó—. ¡Estoy listo para morir ahora que he visto la perfección en vida!

Ruby, aún sonrojada, giró hacia Fate, quien simplemente sonrió con orgullo.

—Ruby, estás deslumbrante. Todos quedarán boquiabiertos.

Incluso Ririka, conocida por su compostura inquebrantable, asintió con una leve sonrisa.

—Mi señorita, este vestido es digno de usted. Será la estrella de la noche.

Ruby miró su reflejo nuevamente y, por primera vez, se sintió completamente preparada para representar el nombre de los Harlaown en la reunión de fin de año. Con un agradecimiento tímido, se giró hacia Vice.

—Gracias, señor Granscenic. Es más de lo que jamás imaginé.

Vice, siempre el escandaloso, respondió con un gesto exagerado.

—Mais non! Soy yo quien te agradece, princesa, por darle vida a mi creación. Ahora, el mundo sabrá quién es Ruby Harlaown.