Capítulo 15

Una Nueva Vida

Abril había llegado, y Shirayuri Joshi Kōtō Gakkō abría nuevamente sus puertas. Los cerezos en flor adornaban los senderos, esparciendo sus pétalos al viento, mientras las estudiantes, tanto veteranas como nuevas, llenaban el campus con risas y conversaciones. Algunas buscaban a sus amigas, otras, un poco más perdidas, seguían a quienes parecían conocer bien el lugar.

Un lujoso auto se detuvo frente a la entrada principal, destacando por su diseño y su evidente exclusividad. Ruby bajó del vehículo con una mezcla de nervios y curiosidad. Llevaba puesto el uniforme oficial de Shirayuri: una elegante blusa blanca con detalles bordados en hilo plateado, adornada con un lazo azul celeste en el cuello, acompañada por un blazer gris oscuro con el emblema dorado de la escuela bordado en el bolsillo izquierdo. La falda plisada, en tonos azul y gris, llegaba justo por encima de las rodillas, y completaban el conjunto calcetas blancas y zapatos negros impecables.

Ririka, siempre a su lado, bajó con elegancia, ajustándose los guantes. Eve-chan, por su parte, cerró la puerta del auto mientras daba una mirada rápida al campus, evaluando el entorno con su actitud protectora. Ruby tocó tímidamente el dobladillo de su falda, mirando a Riri-chan.

—¿Me veo bien, Riri-chan? —preguntó Ruby con un leve sonrojo, intentando asegurarse de que todo estuviera perfecto.

—Se ve fantástica, Milady Ruby —respondió Ririka con una sonrisa tranquila, acomodándole un mechón de cabello detrás de la oreja—. Estoy segura de que llamara la atención por lo bien que se ve.

Evelyn añadió, mientras revisaba discretamente a las estudiantes cercanas: —Si alguien tiene el atrevimiento de pensar lo contrario, no durará mucho.

Ruby no pudo evitar reír suavemente por el tono serio de Evelyn. Juntas, comenzaron a caminar hacia el tablón de anuncios donde se encontraban las asignaciones de salones por curso.

Mientras caminaban, Ruby miró de reojo a Ririka y le preguntó en voz baja:
—Riri-chan, ¿no es raro que estés aquí conmigo? Digo, siendo mi sirvienta...

Ririka negó con suavidad y le señaló discretamente hacia los alrededores. —No tiene nada de extraño, señorita Ruby. Mire a su alrededor, hay muchas otras estudiantes acompañadas por sus sirvientas. En academias como esta, es algo común.

Ruby observó a las otras estudiantes y, efectivamente, muchas estaban acompañadas por asistentes personales que llevaban bolsas o las ayudaban a orientarse. Ruby parpadeó, intentando asimilar la escena. Esta vida definitivamente es diferente de lo que esperaba, pensó mientras buscaba su nombre en el tablón.

Ruby se abrió paso entre la cantidad de personas que habían buscado sus nombres, los salones estaban divididos por secciones, desde el A hasta el D seguido de un numero, los que llevaban un 1 significaba que pertenecían al primer año, el 2 al segundo y el 3 al tercer año siendo este el ultimo curso, la preparatoria constaba de 3 años de estudio.

—¡Aquí estoy! —exclamó Ruby con una mezcla de emoción y alivio—. Salón A-1.

Se giró para buscar a Ririka, quien estaba revisando otro tablón de otro pabellón. Sin embargo, al voltear, chocó de lleno contra unos pechos inusualmente grandes, suaves, voluminosos y cálidos. El impacto fue suficiente para hacerla tambalear y caer al suelo.

—¡Ay, lo siento mucho! —exclamó una voz femenina con evidente nerviosismo.

Ruby, aún en el suelo, levantó la vista, frotándose la frente. Frente a ella había una chica alta, de cabello azul brillante que caía en una cascada hasta su cintura. Su expresión era una mezcla de preocupación y confusión, mientras se inclinaba para ofrecerle una mano a Ruby.

Ruby aceptó la ayuda y se puso de pie, sacudiéndose la falda y acomodándose el blazer. —No pasa nada, no se preocupe Senpai. —Miró a la chica con curiosidad, notando su altura y presencia. Creyendo que se trataba de una chica de algún curso superior, entonces decidió presentarse con etiqueta. —Soy Ruby Harlaown, un placer conocerte.

La chica de cabello azul pareció iluminarse y aplaudió varias veces de forma animada. —¡Qué formal y educada! Me encanta. Yo soy Aoi Fujiwara, hija del clan Fujiwara. —Se inclinó con entusiasmo antes de añadir—: ¿Estás buscando tu salón? Yo también. Espero que esté en el pabellón A-1 y no en el D-1.

Ruby la miró con una mezcla de incredulidad y curiosidad. —¿Pabellón A-1? ¿No eres una senpai?

Aoi negó rápidamente, moviendo su largo cabello de un lado a otro. —¡No, no! Yo también tengo 14 años. Estoy en primer año, asumo que igual que tú.

Ruby parpadeó, sorprendida. —¿Tienes 14 años...? —Observó a Aoi, notando su altura y sus enormes pechos. ¿Cómo es esto posible? Pensó mientras bajaba la mirada a su propio pecho, plano como una tabla. Un suspiro resignado escapó de sus labios.

Aoi rió suavemente, inclinando un poco la cabeza mientras sus ojos brillaban con emoción. —¡Sí, tengo 14! Pero, oye, tú también me sorprendiste. ¡Tu cabello rubio es precioso! Parece mas dorado—Se acercó un poco más, admirando las ondas doradas de Ruby—. Pareces una muñequita de porcelana con ese cabello y los ojitos rojos.

El comentario hizo que Ruby se sonrojara ligeramente. —¿Muñequita de porcelana...?

Aoi, sin notar la reacción de Ruby, añadió con entusiasmo: —¡Te ayudo a buscar nombres! Así encontramos mi salón también.

Ruby solo quedo mirandola con una expresión algo incrédula para luego solo reír —Esta bien, ¡vamos!

Juntas revisaron el tablón hasta que Aoi señaló su nombre con emoción. —¡Aquí estoy! Aula A-1. ¡Estamos en el mismo salón! —Aoi volvió a aplaudir mientras decía alegremente—: Ojalá nos toque sentarnos juntas.

Ruby, aún intentando procesar el torbellino de energía que era Aoi, asintió. —Sí... claro.

Decidieron apartarse del bullicio para respirar un poco, y Ruby aprovechó para buscar a Ririka, quien finalmente había terminado de revisar el otro tablón. Aoi continuaba parloteando animadamente, llenando el espacio con su energía contagiosa. Ruby, aunque confundida, no pudo evitar sonreír. Quizá el día no había empezado tan mal después de todo.

El bullicio en los alrededores de Shirayuri Joshi Kōtō Gakkō seguía en su apogeo mientras nuevas y viejas estudiantes recorrían los pasillos y jardines de la prestigiosa academia. Entre ellas, una figura destacaba, no por su elegancia, sino por su actitud despreocupada. Nina Iseri avanzaba con paso firme entre la multitud, con su guitarra al hombro y el uniforme de la preparatoria que había decidido usar a su manera. La chaqueta estaba desabotonada, dejando ver una camiseta negra debajo, y el lazo azul estaba suelto alrededor de su cuello, como si se hubiese rendido a la mitad de atárselo. Su falda plisada estaba ligeramente subida de un lado, y sus calcetas no coincidían en altura.

Había llegado caminando desde la parada de autobús más cercana, algo poco común entre las estudiantes de Shirayuri, la mayoría de las cuales llegaban en autos lujosos o incluso limusinas. Sin embargo, a Nina no le importaba. Había aceptado la beca con entusiasmo, sabiendo que era una oportunidad única para explotar su talento musical, y estaba dispuesta a demostrar que podía destacar, aunque no encajara del todo con el perfil de sus compañeras.

—Bien, Nina, primero lo primero —se dijo a sí misma mientras caminaba hacia los tableros de asignación de cursos—. Encuentra tu nombre, ve a tu aula, y trata de no llamar demasiado la atención.

Sin embargo, con su actitud y estilo, ya estaba atrayendo miradas curiosas. Algunas estudiantes cuchicheaban, pensando que quizá era miembro de una banda ligera de la academia, mientras otras simplemente la miraban con curiosidad, preguntándose qué hacía una chica con una guitarra en el campus.

Nina llegó al primer tablón, correspondiente al Pabellón D, y comenzó a buscar su nombre con desdén.
—Seguramente estoy aquí. Pabellón D, zona de los menos favorecidos, ¿no? —dijo para sí misma, con una risa amarga.

Recorrió la lista con la mirada, pero su nombre no estaba. Frunció el ceño. —¿C? Tal vez...

Caminó hacia el siguiente tablón y revisó los nombres con más cuidado. Nada. Su ceño se frunció aún más.

—¿En el B? Vamos, Nina, no te hagas ilusiones —dijo, intentando no albergar esperanzas. Pero al revisar las listas del Pabellón B, el resultado fue el mismo.

Con una mezcla de incredulidad y resignación, se dirigió al último tablón: el del Pabellón A. El más prestigioso. —Esto debe ser un error. Seguro ya me sacaron de aquí y no me avisaron —murmuró.

Comenzó a recorrer la lista con rapidez, sin esperar encontrar su nombre. Pero entonces, se detuvo en seco. Sus ojos se abrieron de par en par al ver un nombre que reconocía demasiado bien:
Nina Iseri (ニナ 伊芹)

—¿Qué demonios...? —susurró, volviendo a leerlo una, dos, tres veces. Su nombre estaba ahí, justo en el Pabellón A.

Una risa sarcástica escapó de sus labios mientras se giraba para dirigirse al edificio principal. —No puedo creer que esté en el Pabellón A... ¿Acaso hicieron mal las listas?

A medida que avanzaba hacia el interior, su mirada vagó por los alrededores, y algo llamó su atención. Un grupo particular destacaba entre las demás estudiantes. Una chica alta de cabello azul estaba aplaudiendo con entusiasmo, con una expresión algo torpe pero contagiosa. A su lado, una chica más baja, con un cabello rubio dorado que parecía brillar bajo el sol, lucía como una muñequita de porcelana. Pero lo que realmente capturó la atención de Nina fue la tercera figura: una maid.

—¿Ahora las niñas ricas traen a sus sirvientas a estudiar con ellas? —pensó Nina, su tono interno lleno de escepticismo.

Mientras su mirada escaneaba al grupo, Ruby pareció percatarse de su presencia y giró la cabeza, encontrándose con los ojos de Nina. Azul y rojo se encontraron, y en ese breve instante, algo pareció chispear en el aire. Nina sintió un impulso eléctrico recorriendo su cuerpo, una sensación extraña que no pudo explicar.

—¿Qué fue eso...? —se preguntó, desconcertada. Negó con la cabeza rápidamente, tratando de sacudirse la sensación, y apretó el paso, ignorando las miradas.

Ruby, por su parte, siguió con la vista a la misteriosa chica de cabello marrón oscuro mientras se alejaba con su guitarra al hombro. Algo en su andar despreocupado y su actitud decidida la intrigó.

—¿Quién será...? —murmuró Ruby, sin apartar la mirada hasta que Nina desapareció en el interior de la preparatoria.

Ririka, que había regresado a su lado, notó la expresión de Ruby y miró en la dirección de su atención. —¿Todo bien, señorita Ruby?

Ruby parpadeó y regresó su mirada a Riri-chan. —Sí, sí... solo pensaba en algo.

Ririka asintió con suavidad, aunque en su rostro había un leve toque de curiosidad. —¿Encontró su aula, señorita?

—Sí, estoy en el 1-A. —Ruby sonrió, aunque su mente seguía divagando sobre aquella desconocida.

Con eso, el grupo se adentró en los pasillos, listos para enfrentar el primer día en Shirayuri Joshi Kōtō Gakkō. Pero para Ruby, algo le decía que aquel encuentro breve no sería el último.

Nina sabía que la vida en la preparatoria no iba a ser fácil. Desde que cruzó el portón principal, sintió las miradas sobre ella como si fuera un espectáculo ambulante. Esto no era como su antigua escuela estatal, donde la mayoría compartía la misma clase social. Aquí, todo era lujo, excentricidades y, para Nina, una arrogancia irritante. Mientras caminaba hacia el pabellón A, los murmullos de las estudiantes eran más que evidentes.

Una chica de cabello castaño claro y ojos críticos no apartaba la mirada de Nina, analizándola de pies a cabeza con descaro. Cansada, Nina alzó una ceja y le soltó con sarcasmo:
—¿Qué me ves, ricachona?
La chica, ofendida, respondió con un tono exagerado y despectivo:
—Delincuente.
Acto seguido, giró la cabeza dramáticamente, ignorándola mientras se alejaba.

Nina soltó una risa ligera, claramente divertida.
—¿Ese es tu insulto más fuerte? Mejor no te hago llorar, princesa.

Con paso firme, continuó hacia el tablero de asignaciones. Mientras avanzaba, Miki Yanamoto, quien también pertenecía al pabellón A, observaba a Nina con intriga. La elegancia y perfección eran un estándar para Miki, alguien que adoraba la belleza como un arte, y Nina era todo lo opuesto. Su uniforme rebelde y su actitud despreocupada rompían con el esquema estético del lugar.
—¿Será que su familia la mandó aquí para aprender etiqueta? —se preguntó a sí misma, mientras la analizaba.

Nina llegó a la puerta del salón A-1 y, justo antes de entrar, se topó cara a cara con Miki. Aunque Nina era más alta, Miki no mostró señales de intimidación. Nina Cruzó los brazos y dijo con un tono desafiante:
—¿Me das permiso, rojita, o te muevo yo?

Miki arqueó una ceja, sorprendida pero divertida por la actitud de la chica. Antes de que pudiera responder, una voz detrás de ella llamó:
—¿Miki?

Miki, al reconocer la voz, esquivó a Nina con entusiasmo para correr hacia su dueña: Ruby. Sin dudarlo, la abrazó con fuerza, como si no la hubiera visto en años.
—¡Te estaba esperando, Ruby! Sabía que terminarías en la clase A. La escuela no puede negar tu belleza.

Ruby rió suavemente, devolviéndole el abrazo.
—A mí también me agrada verte de nuevo, Miki.

Miki se apartó un poco, oliendo el aire a su alrededor, y su expresión se iluminó.
—Estás usando el perfume que te regalé, ¿verdad? Te lo dije, esa fragancia va contigo.

Ruby se sonrojó ligeramente y asintió con una pequeña sonrisa. Desde su posición, Nina observó la escena de reojo. Sin embargo, no era Ruby quien la miraba, sino sus ojos Rojos brillantes los que seguían el rastro de los ojos azul profundo de Nina. Cuando sus miradas se cruzaron, Ruby sintió un leve escalofrío recorrer su espalda, embobada por la actitud y el estilo rebelde de la chica.

Nina, incómoda con el contacto visual, desvió la mirada rápidamente. Ajustó la correa de su guitarra al hombro, ignoró todo a su alrededor y entró al salón como si nada. Ruby la observó desaparecer por la puerta, sintiendo algo extraño en el pecho.

—Vamos, Ruby —dijo Miki, tomándola de la mano y guiándola hacia el aula. Ruby, aún en su ensimismamiento, dejó que su amiga la condujera, aunque su mente seguía atrapada en la mirada de Nina.

Nina entró al salón A-1 ajustando la correa de su guitarra al hombro, ignorando deliberadamente las miradas que la seguían desde que había cruzado la puerta. El ambiente era completamente distinto al que estaba acostumbrada; los muebles eran elegantes, con una estética impecable que parecía sacada de un catálogo de lujo. Las chicas dentro del aula tenían conversaciones bajas, la mayoría hablando de vacaciones en el extranjero o de nuevas adquisiciones de moda.

Miki Yanamoto, quien había entrado junto a Ruby, seguía mirando a Nina con una mezcla de desdén y curiosidad. "¿Qué hace alguien como ella aquí?", pensó para sí misma. Sin embargo, no comentó nada mientras ayudaba a Ruby a elegir un asiento, asegurándose de sentarse junto a su amiga.

Nina tomó asiento en la última fila, donde pudo encontrar un poco de paz, pero no sin notar cómo Ruby seguía mirándola desde el otro lado del aula. Había algo en esa chica de cabello dorado que la hacía sentir extrañamente nerviosa, pero no tenía intención de explorar ese pensamiento. Con un suspiro, abrió su estuche y comenzó a revisar su guitarra, ignorando completamente el ambiente a su alrededor.

Mientras tanto, Miki, que no pudo resistirse más, susurró a Ruby: "¿Has visto cómo está vestida esa chica? Parece salida de un concierto de rock barato."

Ruby, aún embelesada por el breve cruce de miradas con Nina, respondió sin pensar: "Creo que es interesante... algo diferente." Miki levantó una ceja, claramente desconcertada. "¿Interesante? Ruby, querida, este lugar tiene estándares."

Ruby negó con la cabeza suavemente, sin querer continuar la conversación. No sabía qué era lo que la intrigaba de Nina, pero algo en su actitud desafiante y su estilo rebelde capturaba su atención de una manera que no podía explicar.

Al fondo del aula, Nina no pudo evitar oír los murmullos, pero decidió ignorarlos. Ya estaba acostumbrada a las opiniones de otros y sabía que, en un lugar como este, no sería bienvenida fácilmente. Sin embargo, tenía algo que demostrar, no a ellas, sino a sí misma. Ajustó un par de cuerdas y sonrió para sus adentros. "No tengo tiempo para preocuparme por estas princesitas", pensó, mientras cerraba su estuche con determinación.

El timbre sonó y todas las estudiantes se acomodaron en sus asientos, listas para comenzar el primer día de clases. Pero aunque la atención debía estar en la maestra que había entrado al aula, Ruby no pudo evitar girar la cabeza para echar un último vistazo a Nina, quien, con una expresión relajada, tamborileaba los dedos sobre el escritorio, claramente en su propio mundo.

Kanzaki Nikishiwa entró al aula con pasos seguros y una sonrisa amable en el rostro. Su cabello rosa pastel caía en ondas suaves hasta los hombros, enmarcando un rostro adornado con unas gafas de montura negra que le daban un aire intelectual pero accesible. Vestía el uniforme característico de los tutores de Shirayuri Joshi Kōtō Gakkō, que combinaba tradición y profesionalismo: una blusa blanca con detalles bordados en las mangas y el cuello, un lazo negro perfectamente atado al frente, y una falda lápiz gris oscura que terminaba justo por encima de las rodillas, acentuada por un cinturón delgado. Un chaleco negro sin mangas con botones plateados completaba el conjunto, junto con zapatos de tacón bajo que aportaban elegancia sin sacrificar comodidad.

—Buenos días a todas —saludó Kanzaki, colocándose junto al pupitre de los tutores—. Bienvenidas al nuevo año escolar. Espero que estemos listas para dar lo mejor de nosotras y hacer de este un año inolvidable.

El ambiente era tranquilo mientras Kanzaki continuaba hablando, pero los murmullos y risitas se incrementaron al oír pasos apresurados y desordenados acercándose al aula. De repente, la puerta se abrió de golpe, dando paso a Aoi Fujiwara, quien entró gritando:

—¡Ruby! ¿Por qué me dejaste sola en el baño?

Ruby, que estaba sentada casi al frente, se puso roja como un tomate mientras las demás estudiantes estallaban en risas. Ruby intentó cubrir su rostro con las manos, pero, al hacerlo, miró de reojo a Nina, quien observaba la escena con una mezcla de diversión y curiosidad, incluso esbozando una sonrisa apenas contenida.

Kanzaki aclaró su garganta, capturando la atención de todas.

—Señorita Fujiwara, por favor, no interrumpa la clase. Tome asiento.

Aoi, visiblemente nerviosa, se disculpó rápidamente.

—¡Lo siento mucho, profesora! —dijo, mientras intentaba entrar al aula con gracia, pero terminó tropezando con el marco de la puerta. Aunque no cayó, el incidente provocó más risas en el aula. Sonrojada hasta las orejas, Aoi se apresuró a tomar un asiento vacío.

La profesora Kanzaki, imperturbable, continuó su discurso.

—Como mencionaba, este año fomentaremos la integración entre todas ustedes. Por eso, los asientos serán asignados al azar. Antes de proceder, ¿alguien tiene alguna condición especial que deba tener en cuenta?

El aula quedó en silencio. Al no recibir ninguna respuesta, Kanzaki asintió y encendió la pantalla interactiva al frente del aula. Los nombres de todas las estudiantes aparecieron en un listado y comenzaron a moverse de forma aleatoria al pulsar un botón.

—Vamos a ver dónde les toca sentarse —anunció Kanzaki con entusiasmo.

Cuando los nombres dejaron de moverse, las posiciones quedaron definidas. Nina, para su fortuna, quedó al fondo del aula, junto a la ventana, lo que hizo que suspirara aliviada. No obstante, al mirar de reojo, se dio cuenta de que Ruby estaba justo a su lado derecho. Mientras tanto, Aoi terminó sentada en la fila de adelante, también junto a la ventana, pero frente a Nina. Miki, para su disgusto, quedó más lejos de Ruby, lo que la hizo soltar un audible suspiro de frustración.

Ruby miró disimuladamente hacia Nina, quien parecía ajena a todo mientras observaba por la ventana. Para Ruby, había algo en la presencia de Nina que resultaba intrigante. Algo en su postura, en su aura... Le recordó a alguien, una persona que había dejado de hablar con ella desde Año Nuevo. Reiko.

La profesora Kanzaki sonrió mientras observaba a todas las estudiantes acomodadas en sus asientos. Con una voz firme pero cálida, comenzó la clase.

—Bien, chicas, voy a darles una introducción rápida a los cursos que llevarán en este primer año en Shirayuri Joshi Kōtō Gakkō. Espero que estén emocionadas por aprender y desarrollarse en cada uno de estos temas.

Mientras hablaba, activó la pantalla interactiva para mostrar una lista organizada de los cursos.

—En Liderazgo y Desarrollo Personal, exploraremos áreas fundamentales para su crecimiento. Aprenderán sobre Introducción al Liderazgo, donde fomentaremos habilidades efectivas para liderar; Gestión de Proyectos, que les enseñará a planificar y ejecutar proyectos; Comunicación Eficaz, para mejorar sus interacciones interpersonales; y Ética y Responsabilidad Social, donde discutiremos los principios éticos esenciales para el liderazgo.

Ruby levantó ligeramente una ceja al escuchar esto último. "Ética y Responsabilidad Social... bueno, eso suena interesante", pensó para sí misma, mientras hacía un par de anotaciones en su cuaderno. A su lado, Nina rodó los ojos discretamente al escuchar "Comunicación Eficaz", pensando que probablemente no lo necesitaría.

—Ahora, pasemos al área de Arte —continuó Kanzaki con entusiasmo—. Tendrán la oportunidad de explorar los Fundamentos del Dibujo y la Pintura, un curso práctico; Historia del Arte, donde veremos los movimientos artísticos más influyentes; Técnicas de Escultura, para trabajar con diversos materiales; y Arte Digital e Ilustración, utilizando herramientas modernas para crear.

Nina, que había estado mirando por la ventana, levantó ligeramente la cabeza al escuchar "Arte Digital e Ilustración". Aunque su verdadera pasión era la música, el arte digital le parecía intrigante. "Quizás no sea tan malo", pensó, mientras Ruby, junto a ella, parecía más interesada en "Historia del Arte".

—En el área de Moda, llevaremos cursos como Diseño de Moda, Técnicas de Costura, Historia y Tendencias de la Moda, y Marketing de Moda.

Miki, desde su lugar, no pudo evitar soltar un pequeño suspiro de emoción. Ruby notó la expresión soñadora de su amiga y le lanzó una mirada divertida. Nina, por otro lado, murmuró para sí misma: "Moda... como si eso fuera útil para algo más que gastar dinero."

—Continuando, en Música, tendrán Teoría Musical, Historia de la Música, Composición y Arreglos, y Desempeño Instrumental y Vocal.

El interés de Nina se encendió de inmediato. Su mirada se iluminó al escuchar "Composición y Arreglos". "Eso sí vale la pena", pensó con una ligera sonrisa, mientras su atención volvía a la profesora.

—Además, habrá cursos adicionales como Psicología Adolescente, Apreciación Literaria, Idiomas Extranjeros, Tecnologías de la Información, y Educación Física y Bienestar.

Ruby parecía emocionada por "Idiomas Extranjeros", mientras Nina pensaba que "Psicología Adolescente" probablemente sería un curso lleno de cosas obvias. Al terminar la introducción, los murmullos comenzaron a llenarse de opiniones entre las chicas. Kanzaki dio dos palmadas suaves para captar su atención.

—Por favor, comiencen a tomar nota de los horarios que están proyectados en la pantalla. Hoy iniciaremos con una clase de liderazgo.

La profesora caminó por el aula con calma, pero su mirada se dirigió hacia Nina. Deteniéndose a su lado, le habló directamente.

—Señorita Iseri, entiendo que esté interesada en la música, pero no puede traer un instrumento a clase. Por favor, solo tráigalo cuando el curso de música lo amerite. De lo contrario, déjelo en su habitación asignada.

Nina, confundida, la miró y preguntó:

—¿Habitación asignada?

Kanzaki asintió con firmeza.

—Así es, señorita Iseri. La preparatoria Shirayuri Joshi Kōtō Gakkō es un internado. Cada una de ustedes tiene una habitación asignada que compartirá con una compañera de clase. Las estudiantes se quedarán aquí de lunes a viernes, y el fin de semana podrán regresar a sus casas o clanes. ¿No leyó los comunicados?

El rostro de Nina mostró una mezcla de asombro y preocupación. "¿Dormir aquí? ¿Con alguna ricachona? Pero si ni siquiera traje ropa, solo tengo esto...", pensó, mirando su uniforme. Con una resignación evidente, respondió:

—Está bien...

Kanzaki afirmó con la cabeza y volvió al frente para continuar la clase. Mientras tanto, Nina supo que tendría que buscar ayuda de alguien... o estaría atrapada usando ese uniforme toda la semana.

El timbre resonó con fuerza, marcando el inicio del receso. Nina, apoyada en el respaldo de su silla, dejó escapar un suspiro aliviado. Las clases de liderazgo le parecían soporíferas, aunque sabía que tal vez en algún momento serían útiles. A su alrededor, las estudiantes se levantaban con entusiasmo, formando grupos y hablando animadamente sobre el almuerzo.

La profesora Kanzaki se acercó al frente del aula para dar un último anuncio antes de que todas salieran.

—Chicas, recuerden que deben ir al comedor para el almuerzo. Solo necesitan sentarse en una de las mesas, y el personal de cocina se acercará para tomar su pedido. ¡Disfruten su receso!

Con esa indicación, las alumnas comenzaron a salir en grupos, riendo y hablando de lo que planeaban pedir. Nina, quien seguía siendo la "loba solitaria", se levantó lentamente, tomando su guitarra que estaba apoyada contra su pupitre. Colgándosela al hombro, estaba lista para seguir adelante cuando escuchó su apellido.

—Iseri-san? —llamó una voz femenina.

Nina se giró confundida, encontrándose con Aoi, la chica alta y torpe que se sentaba frente a ella. Aoi la miraba con una mezcla de timidez y curiosidad.

—¿Eh...? ¿Yo? —preguntó Nina, señalándose a sí misma.

Aoi asintió, claramente insegura.

—Esto... ¿sabes cómo llegar a la cafetería? —preguntó con un tono preocupado, mientras jugaba con las mangas de su uniforme.

Nina levantó una ceja y soltó una pequeña risa sarcástica.

—¿De verdad me estás preguntando a mí? Soy igual de nueva que tú aquí, no tengo idea.

Aoi abrió los ojos con preocupación y dejó caer los hombros con resignación.

—¿Y ahora qué vamos a hacer? —se lamentó, justo antes de que su estómago la traicionara con un rugido que resonó lo suficientemente fuerte como para que Nina lo escuchara claramente.

Nina se detuvo por un segundo y luego estalló en una carcajada genuina.

—¡Ja, ja, ja! No puede ser... —dijo mientras sujetaba su guitarra y trataba de controlar su risa. Aoi, enrojecida como un tomate, se cubrió la cara con ambas manos.

—¡No te rías! Es vergonzoso —dijo Aoi, su voz casi ahogada por sus manos.

Nina negó con la cabeza, todavía sonriendo, y le dio un golpecito amistoso en el brazo.

—Tranquila, "Amazonas", será mejor que sigamos al resto. Seguramente ellos saben a dónde ir.

Aoi levantó la mirada, todavía sonrojada, pero con un destello de entusiasmo renovado.

—¡¿Amazonas?! —preguntó con una mezcla de sorpresa y diversión. Nina solo la señaló de arriba a abajo con un gesto sarcástico.

—Mira ese tamaño, chica. Si no eres una amazona, entonces ¿qué eres?

Aoi se llevó las manos a la cadera y sonrió ligeramente, a pesar de su vergüenza inicial.

—¡Vamooooos! —gritó con entusiasmo, levantando una mano como si liderara una expedición.

Nina rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír. Juntas, salieron del aula, siguiendo a los grupos de chicas que se dirigían hacia la cafetería. Aoi caminaba con pasos largos y animados, mientras Nina la seguía con su guitarra al hombro, preguntándose cómo había terminado en compañía de alguien tan peculiar y, sin embargo, curiosamente encantadora.

La cafetería de Shirayuri Joshi Kōtō Gakkō era el epítome del lujo, como si hubiese sido diseñada para aparecer en una revista de alta sociedad. Las mesas estaban cubiertas con manteles de lino impecable, y cada una tenía tazas de porcelana fina, floreros pequeños con arreglos de sakura, y cubiertos de plata perfectamente alineados. El ambiente era vibrante, lleno de estudiantes que hablaban en grupos animadamente, sus conversaciones girando en torno a viajes de verano, reuniones importantes, o los logros empresariales de sus padres.

Cuando Nina y Aoi entraron, su contraste con el resto de las estudiantes era palpable. Nina, con su actitud rebelde y su guitarra al hombro, caminaba con una mueca que dejaba claro su incomodidad. A su lado, Aoi, torpe y despistada, trataba de no tropezarse mientras miraba alrededor con nerviosismo. Nina podía escuchar los murmullos que comenzaban a surgir, comentarios que la hacían hervir por dentro. Se contuvo con todo el autocontrol que tenía, apretando los dientes para no armar un escándalo.

—Iseri-san, ¡todo está lleno! ¿Qué hacemos? —preguntó Aoi con evidente desesperación, mirando las mesas ocupadas.

Nina suspiró profundamente, tratando de mantener la calma.

—Es porque tardamos demasiado en llegar. Solo busquemos una mesa y ya —respondió, señalando a Aoi que siguiera caminando.

Sin embargo, Aoi, gracias a su altura, divisó una mesa en la que Ruby y Miki estaban sentadas. Dos asientos vacíos eran justo lo que necesitaban.

—¡Ahí, Iseri-san! —dijo Aoi emocionada, y sin pensarlo dos veces, lanzó un grito que resonó por toda la cafetería—. ¡RUUUUBYYYYY!

La cafetería entera quedó en silencio por un breve momento mientras todas las miradas se dirigían hacia Aoi. Nina se llevó una mano al rostro, claramente exasperada.

—¡No grites! —le susurró con molestia.

Aoi solo se rió nerviosa, cubriéndose la boca con una mano mientras avanzaba hacia la mesa. Al llegar, Ruby, que estaba en medio de una conversación con Miki, estaba completamente roja de la vergüenza.

—Ruby-chan, ¿podemos sentarnos aquí? No hay espacio en ningún otro lado —preguntó Aoi sin ningún reparo, con su tono animado de siempre.

Ruby levantó la mirada y, al ver a Nina parada detrás de Aoi, su rostro se sonrojó aún más. Quedó momentáneamente en silencio, sin saber qué decir. Aoi, sin notar nada, insistió.

—Por favor, Ruby-chan, ¡no tenemos dónde más ir!

Ruby despertó de su trance y, aún nerviosa, asintió rápidamente.

—Claro, pueden sentarse.

Aoi no perdió el tiempo y se dejó caer en uno de los asientos, dejando que el destino ubicara a Nina frente a Ruby. Mientras Nina acomodaba su guitarra a un lado, sus ojos se encontraron con los de Ruby. Por unos segundos, ambas se miraron en un silencio incómodo, una mezcla de confusión y curiosidad reflejándose en sus rostros.

—Hola... —dijo Ruby tímidamente, rompiendo el silencio.

Nina, rascándose la sien y claramente incómoda, respondió con un simple:

—Eh... hola.

Ruby soltó una risita baja, aún sonrojada.

—Soy Ruby Harlaown —se presentó con una sonrisa amable.

Nina dejó escapar un pequeño suspiro mientras ajustaba su guitarra en el suelo.

—Nina Iseri.

Antes de que la conversación pudiera continuar, Miki intervino, mirando a Nina con una expresión de desconcierto y escepticismo.

—No conozco a ningún clan o familia Iseri —dijo con un tono que parecía una mezcla de curiosidad y desprecio contenido.

Nina, que ya esperaba ese tipo de comentario, simplemente negó con la cabeza y respondió con calma:

—Mi familia no es adinerada. Soy becada en este lugar.

Los ojos de Miki se abrieron como platos, claramente sorprendida.

—¿Becada dices? —repitió, casi incrédula—. Eso es casi imposible. Para que otorguen una beca aquí, debes ser extremadamente buena en algo que destaque para la academia.

Nina rodó los ojos y soltó una pequeña risa sarcástica.

—Lo que has oído, "rojita". Ya lo verás.

El apodo hizo que Miki se quedara momentáneamente sin palabras, claramente indignada. Antes de que pudiera responder, un mozo se acercó a la mesa, colocando cuatro menús frente a las chicas.

Miki miraba a Nina de reojo, con desconfianza evidente en sus ojos. La presencia de Nina rompía con todo lo que Miki consideraba elegante o digno de la academia. Nina podía sentirlo, y sabía que había ganado su primera enemistad en Shirayuri Joshi Kōtō Gakkō. Pero no le importaba. Con una leve sonrisa de autosuficiencia, se acomodó en su silla, lista para ver qué más tenía reservado este lugar.

Nina miraba el menú como si fuera un jeroglífico, con un ceño fruncido y la mandíbula apretada. Las palabras en francés bailaban frente a sus ojos, completamente ininteligibles para ella. Cada plato tenía nombres elegantes y complicados, sin una sola traducción al japonés para facilitarle la vida. Tras varios segundos de frustración, levantó la mano para llamar al mozo.

—¿Me puedes traer el menú en japonés? —preguntó con seriedad.

El mozo la miró con una ligera inclinación de cabeza, como si no hubiera entendido la pregunta. Finalmente respondió:

—Lo lamento, señorita, pero solo contamos con menús en francés. El francés es una asignatura básica en las escuelas, debió haberlo cursado.

Nina lo miró incrédula, sus ojos llenos de una mezcla de sorpresa e irritación. Claro, en las escuelas de élite el francés era obligatorio, pero en la secundaria estatal donde ella había estudiado, el único idioma extranjero que enseñaban, y mal, era inglés. Lo único que sabía en francés era "Bonjour", y eso no la iba a salvar de morir de hambre. Con un suspiro resignado, volvió a mirar el menú, como si en cualquier momento las palabras fueran a transformarse mágicamente en algo entendible.

A su lado, Aoi ya estaba pidiendo. Pero en lugar de facilitarle las cosas a Nina, Aoi hablaba en un francés impecable, con una fluidez que parecía casi ridícula. La chica enumeraba tantos platillos que el pobre mozo apenas podía seguirle el ritmo mientras anotaba.

—Ahora entiendo por qué es tan grandota —murmuró Nina para sí misma, cruzando los brazos y mirando con resignación la interminable lista que Aoi estaba ordenando.

Miki, por su parte, no parecía tener ningún problema. Con su actitud siempre refinada, pidió algo en francés que a Nina le pareció ser pollo con alguna salsa, aunque no estaba segura. Era evidente que no podía esperar ayuda de Miki, quien apenas le dirigía miradas llenas de desdén.

Entonces sintió una mano suave tocándole el hombro. Al girarse, se encontró con los ojos Rojizos de Ruby, que la miraba con una mezcla de intriga y timidez.

—Yo tampoco sé mucho francés, pero lo entiendo un poco. ¿Quieres que te ayude? —preguntó Ruby con una sonrisa tímida y un ligero sonrojo.

Nina se recostó en la mesa, apoyando su mejilla en su mano mientras su codo descansaba en el borde, y la miró directamente a los ojos.

—Eres un ángel, Ruby —dijo con un tono despreocupado, como si no fuera nada.

El efecto en Ruby fue inmediato. Su rostro se encendió como un tomate, completamente sonrojada. Que Nina usara su nombre sin ningún honorífico, y en ese tono tan casual y cercano, fue suficiente para dejarla completamente fuera de guardia.

—Eh... ¿quieres algo ligero? ¿Carne, pollo, patatas? —preguntó Ruby mientras intentaba ocultar su nerviosismo.

—Pollo está bien —respondió Nina con una sonrisa ligera.

Ruby asintió, recuperando un poco de compostura, y se giró hacia el mozo. En un francés sencillo pero comprensible, hizo el pedido de Nina y el suyo propio. El mozo asintió, tomó nota y se retiró rápidamente.

Desde su asiento, Miki observaba la interacción con una mirada que apenas ocultaba su desagrado. La forma en que Ruby le sonreía a Nina, cómo parecía estar completamente cómoda ayudándola, y cómo Nina respondía con esa actitud relajada y confiada, todo eso hacía hervir la sangre de Miki. No le gustaba para nada la becada, y cada vez que veía a Ruby mirándola con esa sonrisa, su incomodidad crecía más.

Nina, completamente ajena a los sentimientos de Miki, tomó su guitarra, la acomodó en su regazo y dejó escapar un suspiro de alivio. Al menos no moriría de hambre ese día, y todo gracias a Ruby. Por ahora, eso era suficiente para mantener su humor en equilibrio.

El almuerzo había pasado sin mayores inconvenientes, y Nina había conseguido comer tranquilamente gracias a Ruby. Durante el resto de las clases, todo transcurrió con normalidad, aunque Miki no volvió a mirarla ni una sola vez. Nina notó este detalle, pero no le importó mucho; ya sabía que la tensión con Miki no iba a desaparecer pronto.

Cuando la última campana del día sonó, la profesora Kanzaki se puso de pie frente al aula para darles un último anuncio.

—Atención, señoritas, ahora deben dirigirse al auditorio principal para la asignación de sus dormitorios. Por favor, sigan las indicaciones al pie de la letra para evitar confusiones.

Las alumnas comenzaron a levantarse, organizándose para salir en grupos. Nina también se puso de pie, preparándose para ir al auditorio, pero la profesora Kanzaki la llamó antes de que pudiera salir.

—Señorita Iseri —dijo Kanzaki con un tono neutral—, la directora preguntó específicamente por usted. Me dio instrucciones de que al terminar las clases se dirija directamente a su oficina. Le sugiero que no la haga esperar.

Nina levantó una ceja, algo desconcertada.

—Entonces, ¿primero voy a la dirección o al auditorio? —preguntó con su característico tono despreocupado.

La profesora Kanzaki le dirigió una mirada firme antes de responder.

—A la dirección primero, por favor.

Nina dejó escapar un suspiro pesado, agarró su guitarra y se dirigió hacia la salida del aula. Mientras caminaba hacia la puerta, la voz de Aoi resonó por el salón.

—Iseri-saaaaaaan, ¡buena suerte! —gritó Aoi con su habitual entusiasmo.

Nina solo negó con la cabeza, murmurando algo para sí misma mientras seguía caminando hacia la dirección.

Ruby, quien había estado mirando a Nina salir del aula, parecía perdida en sus pensamientos, sus ojos fijos en la figura de la chica rebelde que desaparecía por el pasillo. Estaba tan concentrada que no se dio cuenta de que Aoi se había acercado por detrás hasta que esta le habló al oído.

—No dejas de mirarla, ¿verdad? —susurró Aoi con un tono juguetón.

Ruby soltó un pequeño grito de sorpresa, uno tan tierno que hizo reír a Aoi a carcajadas.

—¡Eres tan tierna, Ruby-chan! —dijo Aoi, llevándose las manos a la boca para contener la risa.

Ruby, con las mejillas encendidas de vergüenza, replicó rápidamente:

—¡No la estaba mirando! —dijo con un tono más agudo de lo que pretendía.

Aoi comenzó a aplaudir con entusiasmo.

—¡Es como en las novelas cuando niegan algo obvio! —exclamó, aún riendo.

Ruby infló las mejillas en un puchero adorable, cruzando los brazos para intentar recuperar algo de dignidad.

—No es nada de eso, Aoi. No sé de qué estás hablando —dijo con firmeza, aunque el rojo de sus mejillas la delataba por completo.

Aoi la miró con una sonrisa traviesa y se inclinó un poco hacia ella.

—La gente puede decir que soy tonta, pero créeme, me doy cuenta de muchas cosas. Y desde que llegamos esta mañana, no has dejado de mirarla, Ruby-chan.

El rostro de Ruby se puso aún más rojo, y, sin decir nada más, le dio la espalda a Aoi. Empezó a caminar hacia la puerta del aula con pasos rápidos, intentando ocultar su evidente nerviosismo.

—Será mejor que te apures, Aoi, o me iré al auditorio sin ti. Luego te perderás y vendrás corriendo a buscarme como siempre.

Aoi dejó escapar un pequeño grito de protesta, cubriéndose las mejillas.

—¡Espera, Ruby-chan! —dijo mientras corría detrás de ella, su entusiasmo tan grande como siempre.

El camino a la dirección no fue complicado para Nina. Mientras las demás alumnas seguían el flujo hacia el auditorio, ella simplemente tenía que ir en sentido contrario, como si su estilo siempre gritara ir en contra de la corriente. Finalmente, se encontró frente a una puerta imponente adornada con detalles elegantes. En el frente, una placa dorada anunciaba: "Directora Urushikawa". Nina dejó escapar un suspiro antes de tocar la puerta.

—Adelante —se escuchó una voz firme y serena desde el interior.

Giró la perilla y entró. Frente a ella, sentada tras un escritorio de madera impecablemente pulido, estaba la mujer que había hecho posible que ingresara a este mundo tan diferente al suyo. Era una señora mayor, probablemente en sus sesenta, con cabello celeste perfectamente peinado. Su figura delgada y su porte elegante denotaban autoridad. Aunque su rostro era naturalmente serio, esbozó una ligera sonrisa al ver entrar a Nina.

—Adelante, señorita Iseri, la estaba esperando —dijo con calma.

Nina avanzó unos pasos, cruzando los brazos con una actitud despreocupada, pero respetuosa.

—¿Me mandó a llamar, verdad? —preguntó, algo directa.

La directora asintió y señaló el asiento frente a su escritorio.

—Por favor, tome asiento.

Nina se sentó, cruzando una pierna sobre la otra mientras miraba con atención a la mujer frente a ella.

—¿Hice algo mal? —preguntó, arqueando una ceja.

La directora soltó una ligera risa y negó suavemente con la mano.

—Me resulta curioso que su primera pregunta sea si hizo algo mal, señorita Iseri. ¿Tan rápido se quiere rendir?

Nina negó con la cabeza rápidamente.

—No me he rendido, ni planeo hacerlo —respondió con firmeza.

La directora sonrió, satisfecha con la respuesta, y se inclinó ligeramente hacia adelante.

—Dígame, ¿cómo le ha ido en su primer día?

Nina levantó una ceja, tomándose un segundo para pensar antes de responder.

—Las cosas son… muy diferentes aquí que en cualquier otra preparatoria. Pero hasta ahora, he podido llevarlo.

La directora la observó con atención, como si estuviera evaluando cada palabra que decía. Después de un momento de silencio, formuló una nueva pregunta.

—¿Sabe por qué está aquí, señorita Iseri?

Nina ladeó la cabeza, como si la respuesta fuera obvia.

—Porque gané una beca —dijo, encogiéndose de hombros.

La directora dejó escapar una risa ligera y negó con la cabeza, dejando ver una sonrisa más amplia.

—Está aquí porque su voz la trajo a este lugar, señorita Iseri. Tiene una voz espléndida, una que sería una verdadera desgracia que el mundo no conociera. Está aquí porque creo en su talento, en esa habilidad especial que posee. Y quiero que dé lo mejor de sí misma, para que tanto usted como esta institución podamos beneficiarnos de ese don.

Nina parpadeó un par de veces, algo sorprendida, antes de responder simplemente:

—…OK.

La directora rió nuevamente, su expresión relajándose un poco.

—He contactado a sus padres para que traigan sus cosas —continuó la directora—, pero me informaron que ambos están ocupados trabajando. Así que una de sus tías, Nakajima Ginga, se encargará de traerlas.

El rostro de Nina se torció al escuchar el nombre.

—Oh… no —murmuró para sí misma.

La directora, al notar su expresión, levantó una ceja.

—¿Sucede algo?

—Nada —respondió rápidamente Nina, fingiendo indiferencia—. Solo dígame dónde estará mi tía para que pueda encontrarla rápido y terminar con esto.

—Probablemente la harán pasar al lobby principal. Puede dirigirse allí cuando salga de aquí.

Nina asintió, poniéndose de pie.

—Gracias, directora. Prometo que no la defraudaré.

La directora la observó con una mirada segura y cálida.

—No espero menos de usted, señorita Iseri.

Nina estaba a punto de salir cuando la directora la detuvo.

—Espere un momento, Iseri-san. Todavía no sabe cuál es su habitación.

La directora abrió un cajón de su escritorio y sacó una pequeña llave con un número grabado: "A-14A". Extendió la mano para entregársela.

—Habitación número 14, cama A. Bienvenida a los mejores tres años de su vida, señorita Iseri.

Nina tomó la llave, mirándola por un segundo antes de levantar la mirada y asentir.

—Gracias —dijo, antes de girarse y salir de la oficina.

Con un suspiro, se dirigió hacia el lobby, mentalizándose para enfrentar a su tía Ginga. "Espero que esto sea rápido", pensó mientras avanzaba por los pasillos.

Ruby recibió la llave con el número de habitación A-14B grabado en ella. Caminaba dubitativa por los pasillos del dormitorio, mientras Ririka llevaba sus maletas con la elegancia que solo una maid de la familia Harlaown podía tener. Ruby dejó escapar un suspiro y murmuró para sí misma:

—Nunca apareció en el auditorio...

Ririka, siempre atenta, se acercó a su señorita con una sonrisa suave.

—¿Pasa algo, Milady?

Ruby se sobresaltó ligeramente, saliendo de sus pensamientos, y negó rápidamente.

—Eh... no, no pasa nada, Riri-chan.

Ririka la miró con ligera duda, pero mantuvo su compostura.

—Es una lástima que no pueda quedarme aquí con usted, Milady. Sin embargo, vendré todos los días para hacer la limpieza de su habitación mientras esté en clase.

Ruby esbozó una sonrisa forzada al escuchar eso.

—Riri-chan, no tienes que hacerlo todos los días, de verdad.

Ririka negó con firmeza, su tono educado, pero lleno de determinación.

—El trabajo de una maid es servir a su señorita en todo, Milady. Esta es una labor que no puedo dejar de hacer. Además, puedo mantener informadas a sus madres sobre cómo está llevando su vida en la preparatoria.

Ruby dejó escapar otro suspiro. Ahora estaba claro que Ririka no solo estaba allí por ella, sino también para reportar todo a sus madres. Al llegar a la puerta con el número A-14, Ruby giró la llave con cuidado, revelando una habitación sorprendentemente amplia, iluminada y decorada con un toque elegante, aunque compartida. Dos camas ocupaban el centro del espacio, cada una con un pequeño letrero en la cabecera: una con la letra A y la otra con B. Ruby entendió que le tocaba la cama B.

—Esta es mi cama, Riri-chan.

Ririka asintió con la cabeza y, sin perder tiempo, entró con las maletas y comenzó a desempacar, organizando cuidadosamente las pertenencias de Ruby en el armario asignado. Cada cama tenía su propio armario, escritorio y silla. El único espacio compartido era el baño, equipado con una ducha y una tina que parecía sacada de un hotel de lujo.

—Riri-chan, no tienes que apresurarte tanto —dijo Ruby, mientras observaba cómo su maid trabajaba con rapidez y precisión.

—No se preocupe, Milady, pronto todo estará en orden —respondió Ririka con una leve sonrisa, ajustándose las mangas para continuar con su tarea.

Ruby, mientras tanto, se sentó en el borde de su cama, mirando a Ririka trabajar con una mezcla de agradecimiento y culpa. Pero su mente seguía en otro lugar: ¿Qué tipo de persona sería su compañera de cuarto? ¿Qué tipo de habitación le habría tocado a Nina Iseri?

Mientras tanto, en el lobby, Nina esperaba con impaciencia, su guitarra colgada en el hombro mientras movía rítmicamente el pie contra el suelo. Con el teléfono en mano, marcó el número de su tía Ginga, quien contestó casi al instante con su característico entusiasmo.

—¡Ehhhh, NINAAA!

—¡Tía! —respondió Nina, con un tono más apagado—. Sigo esperando a que traigas mis cosas. No tengo otro cambio de ropa. ¿Vas a demorar mucho?

Ginga rió al otro lado de la línea.

—¡Ya estoy aquí! Pero este lugar es enorme. Me dijeron que fuera de frente, pero... creo que me perdí.

Nina suspiró, llevándose una mano a la frente.

—¿Cómo puedes perderte con una indicación tan simple? ¿Dónde estás, tía? ¿Qué ves?

Ginga miró a su alrededor, buscando algo que pudiera describir.

—Veo unas piletas... y unas bancas. Creo que es una plaza.

Nina rodó los ojos.

—Quédate donde estás. Preguntaré en el lobby.

Después de recibir las indicaciones del personal, Nina se dirigió rápidamente hacia las piletas, rogando que su tía no se moviera. Al llegar, encontró a Ginga, quien estaba sentada en una banca con dos maletas enormes a su lado, observando el lugar con curiosidad.

Al verla, Ginga levantó las manos y corrió hacia ella con los brazos abiertos.

—¡Mi musa de la música, mi niña preciosa! —dijo, abrazándola y rozando sus mejillas contra las de Nina.

—Tía, menos melosa y más ágil, por favor —dijo Nina, apartándose rápidamente.

—No seas tan renegona, Nina. Solo quiero mimarte un poco —respondió Ginga, abrazándola nuevamente con fuerza.

—¡Basta, tía! Tengo que ir a mi habitación y organizar todo.

—Está bien, está bien —rió Ginga, soltándola finalmente—. Tus cosas están aquí. Todo lo que tus padres pudieron meter.

Nina miró las maletas y suspiró aliviada.

—Gracias, tía.

Con una maleta en cada mano y su guitarra aún al hombro, Nina comenzó a caminar hacia el interior de la preparatoria.

—¿Necesitas ayuda? Puedo acompañarte a tu habitación —preguntó Ginga.

—No es necesario, tía. Puedo sola. Muchas gracias por todo. Ten un buen regreso a casa y saluda a la tía Subaru de mi parte.

Ginga la miró con una sonrisa antes de despedirse y buscar la salida del lugar.

Después de unos largos 40 minutos llenos de papeleos, registros y tratar de encontrar los dormitorios, Nina llegó finalmente a la puerta de la habitación A-14. Exhausta, giró la llave y abrió la puerta. Había luces encendidas y alguien más ya estaba adentro. Sin mirar, cerró la puerta detrás de ella.

—Buenas noches —dijo con voz cansada.

Un segundo de silencio, hasta que una voz familiar la hizo congelarse.

—¡Iseri-san!?

Nina levantó la mirada y ahí estaba Ruby Harlaown, ya cambiada en un adorable pijama de seda que parecía más una obra de arte que ropa de dormir. Su cabello rubio caía suelto sobre sus hombros y sus mejillas tenían un leve tono rosado.

Nina parpadeó, incrédula.

—¿Harlaown...?

Ruby asintió lentamente, su sonrojo intensificándose.

—¿Tú eres mi compañera de cuarto...?

Nina dejó caer las maletas al suelo, mirando al techo como si estuviera implorando al destino.

—¿Es en serio...? —murmuró con resignación.

Ruby, aún sonrojada, dejó la taza de té sobre el pequeño escritorio al lado de su cama y dio un par de pasos hacia Nina.

—Bueno... supongo que esto... es una coincidencia, ¿verdad? —dijo con una pequeña risa nerviosa, jugando con un mechón de su cabello.

Nina se cruzó de brazos, mirándola con una mezcla de resignación y diversión.

—Coincidencia o no, parece que estamos atrapadas en esto, Harlaown. Espero que no ronques, porque si lo haces, voy a dormir con auriculares.

Ruby abrió los ojos como platos, completamente avergonzada.

—¡Yo no ronco! —protestó rápidamente, haciendo un pequeño puchero.

Nina soltó una carcajada, relajando un poco la tensión en el ambiente. Dejó sus maletas junto al armario asignado y observó su nueva cama. Aunque no era algo a lo que estaba acostumbrada, el espacio era mucho más cómodo que cualquier cosa que hubiera esperado. No obstante, la idea de compartir habitación con Ruby no dejaba de parecerle una broma pesada del universo.

Ruby, mientras tanto, intentaba recuperar la compostura. Tomó un respiro y miró a Nina.

—Si necesitas ayuda para acomodar tus cosas... puedes pedírmelo —ofreció con una sonrisa sincera, aunque su sonrojo aún persistía.

Nina la miró de reojo y sonrió de manera burlona.

—Gracias, Harlaown, pero creo que puedo manejarlo sola. No quiero que te preocupes más de lo necesario por una becada como yo, ¿no crees?

Ruby negó rápidamente con la cabeza.

—¡Eso no tiene nada que ver! —dijo con firmeza—. No importa si eres becada o no, estás aquí porque lo mereces.

La sinceridad en sus palabras hizo que Nina la mirara con sorpresa por un segundo. No esperaba ese tipo de respuesta, mucho menos de alguien que parecía tan fuera de su mundo como Ruby. Después de un momento de silencio, Nina simplemente sonrió.

—Eres toda una sorpresa, Harlaown. Pero gracias.

Ruby bajó la mirada, sonrojada nuevamente, mientras jugaba con las mangas de su pijama.

—Supongo que... podemos llevarnos bien como compañeras de cuarto, ¿verdad? —preguntó con suavidad.

Nina tomó asiento en su cama y apoyó su guitarra contra la pared. Asintió mientras se recostaba hacia atrás con los brazos cruzados detrás de la cabeza.

—Supongo que sí. Pero ya te advierto: si traes a tu maid todos los días a espiarme o algo raro, voy a mudarme al pasillo.

Ruby rió nerviosamente, negando con la cabeza.

—¡Riri-chan no haría eso!

Ambas se miraron por un momento y, sorprendentemente, la tensión inicial comenzó a disiparse. Aunque sus mundos eran completamente opuestos, parecía que ambas tenían algo que aprender de esta convivencia inesperada.

Nina había entrado al baño para cambiarse, recordando el desastre que había causado minutos atrás al intentar cambiarse de ropa en sí, un desastre que claramente delataba su forma apresurada de sus padres por empacar.

Las maletas abiertas revelaban prendas arrojadas sin orden alguno, como si hubieran sido metidas en el último minuto. Mientras sacaba cosas para organizar, Ruby no pudo evitar observarla con curiosidad. Nina parecía tan enfocada en su tarea que ni siquiera notó cómo parte de su ropa interior había caído al suelo junto con varias prendas más.

Ruby, sentada en su cama, sintió cómo el calor subía a su rostro al ver los sujetadores de Nina, mucho más grandes de lo que ella misma usaba. Sus ojos se quedaron fijos por un momento en las prendas hasta que su mente gritó que mirar estaba mal, pero sus esfuerzos por apartar la vista no parecían funcionar del todo.

—¡Aquí está! —exclamó Nina de repente, sacando un pijama cómodo de su maleta. Era una sudadera grande con un estampado de una banda de rock que Ruby no reconocía y unos shorts cortos que parecían perfectos para dormir. Sin embargo, Nina, completamente olvidada de la presencia de Ruby, comenzó a desabrochar su camisa, dejándola caer al suelo y quedándose solo en su falda y sujetador.

Ruby sintió cómo su rostro ardía al instante. Su voz salió atropellada y llena de nerviosismo.

—¡I-ISERI-SAN!?

El grito de Ruby sacó a Nina de su ensimismamiento. La castaña parpadeó, recordando que no estaba sola en la habitación. Su expresión pasó de sorpresa a resignación en un segundo.

—Oh, mierda... —fue lo único que salió de su boca.

Nina se giró lentamente hacia Ruby, quien estaba completamente sonrojada, con las manos cubriéndose parcialmente el rostro, aunque no podía evitar espiar entre sus dedos. Nina suspiró y se cruzó de brazos para cubrir su pecho.

—Lo siento... me olvidé de que estabas aquí —dijo mientras recogía su pijama del suelo—. Me voy al baño a cambiar.

Sin darle tiempo a Ruby de responder, Nina se dirigió al baño apresuradamente y cerró la puerta tras de sí. Ruby quedó sola en la habitación, aún sintiendo el calor en sus mejillas. Sus ojos recorrieron el desastre de ropa en el suelo, y por un momento pensó en lo que diría Ririka si viera ese desorden.

—Ririka seguro se va a molestar con este desorden... —dijo en voz alta, más para distraerse que como una verdadera preocupación.

Ruby giró su mirada hacia la puerta cerrada del baño. Por alguna razón, el corazón le latía más rápido de lo normal. No podía entender por qué, pero la imagen de Nina seguía en su mente. "¿Por qué me estoy poniendo tan nerviosa?", pensó mientras intentaba calmarse.

Decidió levantarse y comenzar a recoger algunas prendas del suelo para aliviar el caos. Quizás, de esa manera, no tendría que enfrentarse a la vergüenza de volver a mirar a Nina directamente cuando saliera del baño.

Nina había salido del baño con su pijama ya puesta. La sudadera grande que usaba le daba un aire relajado y despreocupado, mientras los shorts dejaban a la vista sus piernas tonificadas. Al salir, se encontró con Ruby agachada, recogiendo las prendas que habían quedado esparcidas por el suelo. La escena le arrancó una sonrisa; ver a Ruby, tan delicada y con esa pijama adorable, tratando de organizar su desorden, le resultaba casi surrealista.

—No tienes que hacer esto, Harlaown. Deja, lo hago yo —dijo Nina mientras dejaba su uniforme sobre la cama y se agachaba para recoger la ropa.

Ruby, todavía algo sonrojada, negó con la cabeza.

—No tengo problema, Iseri-san. Es mejor dejar todo ordenado, ¿no crees?

El ambiente se tornó tranquilo mientras ambas trabajaban en silencio, robándose miradas discretas. Nina no podía evitar observar los finos rasgos de Ruby, su delicado cuello, la clavícula que quedaba expuesta gracias al escote del pijama y, sin querer, su mirada bajó un instante más. Se dio cuenta de que Ruby no llevaba sujetador y sus pequeños senos podían verse ligeramente. Nina sintió cómo el calor subía a su rostro y mordió ligeramente su lengua, tratando de mantener la compostura mientras un ligero cosquilleo en su entrepierna comenzaba a sentirse, Nina apretaba las piernas para despejar cualquier pensamiento inapropiado.

Ruby, por su parte, notaba cómo la presencia de Nina llenaba la habitación de una energía particular. Aunque trataba de concentrarse en doblar las prendas, la forma relajada y algo ruda de Nina la hacía sentir ligeramente inquieta... pero no en el mal sentido.

Cuando terminaron, el reloj ya marcaba las 10 de la noche. Milagrosamente, habían logrado organizar todo el desastre en el armario de Nina. Esta última dejó escapar un suspiro de alivio y miró a Ruby con una sonrisa genuina.

—Harlaown, de verdad que eres un ángel —dijo con gratitud—. Gracias por ayudarme a ordenar este desastre... y disculpa por todo el caos.

Ruby negó con la cabeza, sonriendo de manera tierna mientras su cabello dorado danzaba con sus movimientos. Ese gesto hizo que Nina se quedara mirándola, como si Ruby perteneciera a otro mundo. Sin poder resistirse, le devolvió una sonrisa, una que Ruby pensó que era sorprendentemente linda.

—Será mejor que vayamos a dormir ya —sugirió Ruby—. Yo soy muy lenta para levantarme, así que... si llegan las 7 y no estoy despierta, por favor, levántame y no te vayas sin mí.

Nina rio suavemente y asintió.

—Claro que sí, Bella Durmiente.

Se dio la vuelta y subió a su cama. Antes de acostarse, miró a Ruby desde su cama y le dijo.

—Buenas noches, Harlaown.

Ruby alzó la vista hacia ella y corrigió rápidamente:

—Ruby. Solo Ruby, sin honoríficos.

Nina sonrió aún más, encontrando adorable cómo Ruby decía aquello con tanta naturalidad.

—Entonces, solo Nina. Sin honoríficos.

Ruby rió suavemente, cubriendo su boca con una mano mientras se acomodaba en su cama.

—Buenas noches, Nina.

—Buenas noches... Ruby.

Ambas se acomodaron en sus camas, con una sensación de calma en el aire. Aunque apenas era el primer día compartiendo habitación, parecía que el destino ya había decidido entrelazar sus vidas.

Nina no podía conciliar el sueño. Acostada en su cama, su mente divagaba, procesando los momentos del día y, en particular, la imagen de Ruby ayudándola a recoger su ropa. Había algo en ella que no podía ignorar: la delicadeza de sus movimientos, la dulzura de su sonrisa y esa tranquilidad que transmitía incluso sin intentarlo sus pensamientos iban en lo delicada y linda que se veía Ruby además de lo indefensa y propensa a que la "ataquen" sus senos a pesar de ser pequeños estaban formados, el calor en el rostro de Nina comenzaba a manifestarse. Ruby parecía una muñeca de porcelana, perfecta e inalcanzable, pero también terriblemente cercana, lo suficiente para que Nina sintiera un nudo en el estómago que no entendía del todo.

Con la habitación sumida en el silencio, lo único que se escuchaba era la respiración suave de Ruby, quien dormía profundamente en la cama contigua. Nina, con cuidado, giró la cabeza para mirarla. Ruby parecía tan pacífica, con sus labios ligeramente entreabiertos y su rostro relajado, como si el mundo entero estuviera en calma en torno a ella. Sin quererlo, Nina sintió una oleada de calor en sus mejillas, Nina solo tenia el impulso de besar esos labios

"¿Qué mierda me pasa…?" murmuró para sí misma, Ruby era bonita si, era como una princesa, sin embargo era todo lo contrario a lo que ella era, por otro lado Nina quería mandar al carajo todo, y quería probar esos labios, con el autocontrol suficiente regreso a su posición original acurrucándose como cucharita. Trató de cerrar los ojos, pero las imágenes de Ruby seguían apareciendo en su mente: su sonrisa, sus ojos, su voz amable. Había algo tan fascinante en ella, algo que hacía que Nina sintiera que estaba perdiendo el control. Se revolvió en su cama, intentando ignorar los latidos acelerados de su corazón.

Finalmente, Nina se acurrucó sobre sí misma, abrazando su almohada con fuerza. con pesadez ella sabia que tenia que liberar esa tensión. "Lo siento, Ruby…" susurró en voz baja, mientras su mano derecha bajaba a su entrepierna y con sus dientes mordía la almohada intentando liberar la tensión que la estaba matando, al meter su mano en la ropa interior se dio cuenta que estaba mojada, con sorpresa Nina se dijo a si misma "como es posible…." En movimientos rítmicos con sus dedos comenzó a masajear su clítoris a la vez que mordía la almohada para no hacer ruido y despertar a Ruby, mientras Nina seguía masturbándose su imaginación daba rienda suelta a los deseos mas profundos de Nina, imaginando que Ruby es quien se lo hacia a ella, en un suspiro, Nina introdujo dos dedos dentro de ella misma mientras el movimiento rítmico seguía en un sonido inconfundible, Nina estaba empezando a perder el control, mientras los movimientos eran mas rápidos no pudo evitar decir un nombre "Ruby… Ruby…" entre jadeos y el sonido de sus dedos entrando en ella, en un impulso, Nina alcanzo el clímax mordiendo la almohada y pronunciando el nombre de Ruby.

En el momento en que Nina entro en si, dándose cuenta de lo que había hecho se sonrojo de tal manera que desvió la mirada hacia Ruby asegurándose que se encuentre dormida, al verla aun con una respiración suave y constante suspiro, se acomodo con cuidado en su cama y salió en dirección al baño para limpiar su desastre.

Ruby lo escuchó todo, y en un sonrojo tremendo escondió su rostro entre las sábanas, era la primera vez que ella se enteraba que alguien se había masturbado pensando en ella, sin embargo, no le molestó, al contrario, Ruby de manera curiosa bajó su mano hacia su entrepierna dándose cuenta que ella de igual manera estaba mojada, cerró los ojos con fuerza e intento ignorar lo ocurrido en este primer día de convivencia, aún quedaban 3 años por delante.