Capítulo 20

Al Borde del Abismo

Nanoha se encontraba de pie frente a su padre, Shiro Takamachi, cuyo semblante endurecido era un reflejo de la gravedad del momento. Sus ojos, normalmente serenos, mostraban ahora una mezcla de tensión y tristeza. Nanoha parpadeó varias veces, insegura de lo que sucedía, Shiro le dio la espalda y miró tras el gran ventanal de su oficina mientras la incomodidad crecía con cada segundo de silencio entre ambos. Finalmente, se atrevió a romper la quietud con voz dudosa.

—¿Papá? ¿Todo está bien? ¿Me necesitas para algo? —preguntó, con el tono cuidadoso de quien no quiere incomodar más de lo necesario.

Shiro no respondió de inmediato. Su mirada seguía fija en el horizonte, y el silencio que le devolvió fue tan denso que hizo que el estómago de Nanoha se encogiera. ¿Qué podía ser tan grave? Ella permaneció de pie, esperando pacientemente, aunque su inquietud aumentaba con cada segundo. Finalmente, Shiro se movió, girándose hacia ella con un rostro sombrío. Sin decir una palabra, le indicó con un gesto que se sentara frente al escritorio.

Nanoha obedeció, acomodándose en la silla tapizada de cuero oscuro. Sus ojos se mantuvieron fijos en su padre mientras él se sentaba lentamente tras el escritorio. El sonido del sillón de madera crujiendo bajo su peso fue lo único que rompió el silencio por un momento. Shiro depositó la carta sobre el escritorio con un gesto firme y, finalmente, habló.

Finalmente, Shiro habló.

—La princesa Xiaomao —comenzó con voz baja, como si pesara cada palabra—. Será nombrada oficialmente como la nueva emperatriz de China.

Nanoha parpadeó un par de veces, intentando procesar lo que él había dicho. Era un hecho que ambos conocían de antemano, algo que eventualmente ocurriría. Xiaomao era la única heredera legítima del trono, y su ascensión era solo cuestión de tiempo.

—Bueno… sabíamos que esto iba a pasar. Es la única heredera, ¿cierto? —respondió con cautela—. ¿Es un problema?

Shiro suspiró pesadamente, como si las palabras de su hija hubieran reabierto una herida oculta.

—Xiaomao ha extendido invitaciones a todas las casas nobles y familias influyentes que están en su círculo interno. No solo a los chinos. Será una ceremonia de gran magnitud, algo que atraerá la atención de muchos países. Todos estarán atentos... toda Asia tendrá los ojos puestos en esta ceremonia.

Nanoha asintió lentamente, empezando a comprender la magnitud del evento. Aun así, algo no cuadraba.

—Entiendo… Entonces, ¿tú no quieres asistir? ¿Es por lo que ocurrió la última vez que ella vino aquí? —preguntó, recordando los tensos encuentros que Xiaomao había tenido con su padre durante una visita diplomática.

La respuesta de Shiro fue un bufido, seguido de una mirada severa que hizo que Nanoha enderezara la espalda inconscientemente.

—No se trata de que yo no quiera ir —dijo con voz firme—. El problema es que no me han invitado.

El aire pareció detenerse en la habitación. Nanoha abrió los ojos de par en par, sorprendida. Shiro dejó caer la carta sobre el escritorio con un golpe sordo.

—La invitación está dirigida exclusivamente a ti, Nanoha. A ti, no quieren a los Takamachi como casa representada por mí… quieren que tú vayas. Tú serás quien represente a nuestra familia, nuestra historia, y nuestro honor.

Nanoha quedó sin palabras por un momento. A medida que la información se asentaba en su mente, el significado de aquella invitación especial se hizo más claro. Xiaomao no quería a Shiro. Quería a ella.

—¿Yo…? ¿Pero por qué yo? —preguntó en un susurro.

Shiro suspiró y se frotó el puente de la nariz, como si la situación le produjera una enorme fatiga mental.

—No lo sé con certeza. Pero es evidente que Xiaomao ha decidido que tú eres la única persona de esta familia con la que desea tratar. Quizás por su edad, o quizás porque cree que es hora de que tú asumas un rol más activo en el liderazgo del clan.

Nanoha tomó la carta del escritorio y comenzó a leerla detenidamente. El sello dorado del dragón, emblema del clan Tang, estaba grabado en la parte superior del documento. Todo estaba redactado con un lenguaje formal y diplomático, pero las instrucciones eran claras: solo ella podía asistir como representante de la familia. No había lugar para interpretaciones.

—Entonces… ¿iré sola?

—Podrás llevar algunos acompañantes si lo deseas. Pero yo no puedo acompañarte. Parecería que mi relación con la futura emperatriz ha llegado a su límite —respondió Shiro con un toque de sarcasmo en la voz. Caminó hacia el ventanal nuevamente, cruzando los brazos detrás de la espalda mientras miraba el vasto paisaje que se extendía más allá de los terrenos Takamachi.

Un silencio cayó entre ambos. Nanoha seguía absorta en la carta, mientras intentaba asimilar el peso de la responsabilidad que acababa de serle impuesta. Finalmente, fue Shiro quien rompió el silencio.

—Nanoha, el tiempo no se detiene. Me estoy haciendo viejo. Y tú ya tienes 29 años... pronto cumplirás 30. No sé si estés lista para esto, pero no podemos esperar más. A partir de ahora, estas responsabilidades serán tuyas. Lo que digas o hagas en eventos como este tendrá repercusiones. Esta será tu prueba de fuego.

Nanoha alzó la vista, encontrándose con los ojos de su padre reflejados en el cristal del ventanal. Había una mezcla de orgullo, preocupación y tristeza en su mirada.

—¿La sucesión…? —murmuró, más para sí misma que para él.

Shiro se volteó y la miró fijamente. Sus ojos, llenos de expectativas y preocupaciones, se clavaron en los de su hija como un recordatorio de todo lo que estaba en juego.

—La sucesión se llevará a cabo en julio. De ahora en adelante, asistirás a todas las reuniones del círculo interno. Debes conocer a las otras casas nobles, entender sus intereses y sus políticas, sus tradiciones. No será fácil, pero es necesario. ¿Tienes alguna pregunta?

Nanoha suspiró profundamente, sintiendo cómo la presión se acumulaba en su pecho. Sin embargo, no era una mujer que se dejara intimidar fácilmente. Apretó los labios y asintió.

—Tengo muchas preguntas, pero creo que se irán resolviendo con el tiempo, padre.

Shiro sonrió levemente, una expresión fugaz que desapareció tan rápido como había aparecido.

—Bien. Puedes retirarte.

Nanoha se levantó, sujetando la carta con cuidado. Caminó hacia la puerta, sus pensamientos aún enredados en la maraña de responsabilidades que acababa de recibir. Cuando salió, cerró la puerta suavemente tras de sí.

Shiro permaneció inmóvil por un momento, luego se sirvió una copa de sake y la bebió de un solo trago. Sus ojos se posaron en el horizonte una vez más, donde el sol comenzaba a salir detrás de las montañas.

—El tiempo siempre ha sido mi peor enemigo… —murmuró para sí mismo. Sabía que el camino por delante sería difícil, tanto para él como para su hija. Pero el futuro ya había comenzado a tomar forma, y no había marcha atrás.

Nanoha salió del estudio de su padre, sus pensamientos todavía enredados en la inesperada conversación. La carta, doblada cuidadosamente en su mano, parecía pesar más con cada paso que daba. Se mordía el dedo pulgar de manera inconsciente, un hábito que resurgía cuando se encontraba abrumada o preocupada. La brisa matutina acariciaba su rostro, fresca y ligera, pero no lograba disipar las nubes de incertidumbre que flotaban en su mente.

Era temprano en la mañana. Las luces tenues de la mansión Takamachi iluminaban los pasillos con una calidez discreta, mientras los sirvientes comenzaban con sus rutinas diarias. A pesar de la hora, Nanoha aún vestía el pijama con el que había acudido a la reunión, algo que le recordaba lo abrupto que había sido el llamado de Shiro. La urgencia con la que su padre le había pedido verla era inusual, y aunque ahora sabía el motivo, no podía evitar sentirse aún más desconcertada.

Llegó a la puerta de su habitación y la abrió con sumo cuidado, evitando hacer el más mínimo ruido. Sabía que Fate probablemente seguía dormida, y no quería despertarla de manera brusca. Sin embargo, al entrar, se encontró con una escena distinta. Fate estaba sentada en la cama, su tableta encendida en las manos, la luz azulada del dispositivo iluminando su rostro sereno. Al ver a Nanoha, le hizo señas para que se acercara y se sentara junto a ella.

Nanoha obedeció sin decir nada. Apenas se sentó en el borde de la cama, Fate se posicionó detrás de ella y comenzó a masajearle los hombros con suavidad. Los dedos de Fate se movían con precisión, aliviando lentamente la tensión acumulada en el cuerpo de Nanoha. Además, Fate se acercó más, presionando su pubis contra el trasero de su esposa en un gesto íntimo y protector.

—¿Qué tan malo fue? —preguntó Fate en voz baja, mientras continuaba con el masaje.

Nanoha suspiró, cerrando los ojos para disfrutar de aquel momento de calma. Los dedos de Fate parecían capaces de borrar, aunque sea temporalmente, el peso emocional que llevaba encima.

—Fatal… —respondió con un tono cansado.

Fate se inclinó hacia adelante, dejando un beso suave en la mejilla de su esposa antes de susurrar:

—Cuéntame.

Nanoha dejó que su cuerpo se relajara completamente, apoyando la espalda contra el pecho de Fate. Esta la abrazó con ternura, rodeando su cuello con los brazos. Por un instante, Nanoha sintió que estaba en un refugio donde el tiempo se detenía.

—Xiaomao va a ser coronada como emperatriz de China —comenzó a explicar Nanoha—. Ha invitado a las familias nobles y a los círculos de poder más cercanos a ella. Sin embargo, no ha invitado a mi padre. La invitación es solo para mí. Quiere que yo vaya como representante de los Takamachi.

Fate apoyó el mentón en el hombro de Nanoha, acariciando sus brazos con delicadeza.

—¿Y qué piensas hacer?

—Tengo que ir, amor. No hay otra opción. Necesito armar una comitiva y evaluar los escenarios políticos que podrían presentarse. También debo hablar con Hayate para planificar todo esto. ¿Crees que se moleste si la despierto a esta hora?

Fate soltó una pequeña risa, casi inaudible, y le dio otro beso en la mejilla.

—Eso es más que obvio, Nanoha. Pero… es una emergencia, así que tendrás que hacerlo.

Nanoha se dejó mimar por un momento más, disfrutando del cálido contacto de su esposa. La seguridad que le brindaba estar con Fate era algo invaluable. A menudo, en momentos como este, se preguntaba cómo habría podido enfrentar tantas responsabilidades sin ella.

—Te amo… —murmuró con suavidad.

—Yo también te amo, Nanoha —respondió Fate, estrechando el abrazo.

Tras un instante de silencio, Fate añadió con una sonrisa:

—Asumo que solo iras con Hayate, ¿cierto?

Nanoha giró ligeramente la cabeza para mirarla a los ojos.

—¿Y perder la oportunidad de que tú conozcas China? No, amor, vienes conmigo. Eres mi esposa, y en un evento internacional como este, es importante que las demás familias te conozcan también.

Fate rió, sacudiendo levemente la cabeza.

—Ay, Nanoha…

Nanoha se volteó por completo para enfrentarla, colocando sus manos en los hombros de Fate. Ambas se miraron durante unos segundos antes de que Nanoha se inclinara para darle un beso en los labios, uno lento, lleno de amor y gratitud. Al separarse, Fate le acarició la mejilla con ternura.

—Hay algo más… —continuó Nanoha—. Mi padre quiere acelerar el proceso de sucesión. Será en julio. Dice que ya estoy cerca de los 30 y que debo asumir el liderazgo antes de hacerme vieja.

Fate negó con la cabeza, sonriendo con afecto. Sostuvo el rostro de Nanoha entre sus manos y le susurró:

—No te preocupes. Yo sé que puedes hacerlo. Estoy aquí para apoyarte, siempre.

Nanoha sonrió con sinceridad, sus ojos brillando con un nuevo aire de determinación.

—Sin ti, no sé qué haría.

—Lo harías bien de todos modos —dijo Fate con una sonrisa traviesa, inclinándose para darle otro beso breve—. Ahora ve, tienes que despertar a Hayate. Te veo en el desayuno.

Nanoha asintió y se puso de pie. Sin embargo, justo cuando iba a salir de la habitación, Fate se acercó sigilosamente y le dio una nalgada juguetona, haciendo que Nanoha se detuviera en seco. Fate lanzó un beso al aire y, con una expresión divertida, le dijo:

—¡Ánimo!

Nanoha se giró lentamente, mirándola con incredulidad.

—Sabes que después me lo voy a cobrar, ¿verdad? —le advirtió, aunque con una sonrisa en los labios.

Fate rió abiertamente.

—Ve, amor.

Nanoha negó con la cabeza, aún sonriendo, y finalmente salió de la habitación. Mientras avanzaba por los largos pasillos en dirección a los aposentos de Hayate, su mente se centró nuevamente en la complejidad del evento que se aproximaba. Pero, en el fondo, saber que Fate estaba a su lado le daba la fortaleza necesaria para enfrentar lo que viniera.

Nanoha llegó al umbral de la puerta de la casa de Hayate, su mente aún dando vueltas a todo lo que había discutido con su padre esa mañana. Con precisión, presionó el timbre una vez, pero el silencio fue su única respuesta. Esperó algunos segundos, pero nadie apareció. Frunció ligeramente el ceño y volvió a intentarlo, esta vez con un toque más firme. Pasaron unos momentos más y nada cambió.

Suspirando, tocó una tercera vez, esta vez con insistencia, pulsando repetidamente el timbre como si estuviera emitiendo un código urgente. Finalmente, después de lo que le parecieron minutos de espera, escuchó unos pasos acercándose desde el interior. La puerta se abrió de golpe, revelando a una Hayate Yagami claramente molesta. Su cabello estaba revuelto, sus ojos aún somnolientos y su pijama ligeramente desarreglado le daban un aspecto cómicamente irritable.

—Nanoha… —murmuró con voz rasposa—. Son las 6:20 de la mañana… espero que tengas un buen motivo para despertarme tan temprano…

Nanoha tuvo que contener una sonrisa al ver el estado de su amiga.

—¿Hayate, no eras profesora de universidad? ¿Cómo hacías con las clases de la mañana? —bromeó.

Hayate bufó y cruzó los brazos, claramente exasperada.

—Las cambiaba al turno de la tarde, obviamente. —Su voz era un susurro cansado que no podía ocultar su irritación.

Nanoha rió suavemente. Sabía muy bien que Hayate no era una persona madrugadora y que estaba jugando con fuego al despertarla a esas horas. Sin embargo, la urgencia del asunto la obligaba a hacerlo.

—Lo siento, Hayate, pero tenemos que hablar. Surgió algo importante que no puede esperar. Tal vez también necesitemos hablarlo con Mizuki más tarde. Por favor, déjame entrar.

Con un gruñido resignado, Hayate abrió la puerta por completo, permitiendo que Nanoha pasara al interior. Ambas se dirigieron a la sala de estar, donde se sentaron en el cómodo sofá de cuero. Hayate soltó un gran bostezo, exagerado y prolongado, mientras intentaba mantenerse despierta.

La casa de Hayate era moderna y espaciosa, un obsequio de Nanoha dentro de los territorios Takamachi. Aunque estaba equipada con tecnología de última generación y muebles de lujo, la familia Yagami había logrado darle un toque acogedor, con detalles personales que hacían del lugar un verdadero hogar.

—¿Qué pasó? —preguntó Hayate, frotándose los ojos mientras se acurrucaba en el sofá.

Nanoha se acomodó mejor antes de hablar.

—En resumen: nos vamos a China.

Hayate parpadeó, aún procesando la información sin darle demasiada importancia. Sin embargo, el momento de calma fue interrumpido cuando alguien más apareció en la sala. Una voz femenina sonó desde el pasillo.

—¿Hayate? ¿Quién era?

La figura de Carim apareció en la puerta de la sala, vestida únicamente con un sensual babydoll que dejaba muy poco a la imaginación. La tela semitransparente se ajustaba delicadamente a su figura, revelando más de lo que debería. Carim se congeló al ver a Nanoha sentada en el sofá, y Nanoha, por su parte, abrió los ojos como platos, quedando completamente atónita.

Hayate también quedó paralizada durante unos segundos, pero reaccionó rápidamente, lanzándole un cojín a la cara a Nanoha.

—¡NA-NO-HA! —gritó entre dientes, avergonzada.

Carim, roja como un tomate, trató de cubrirse con los brazos, tapando su pecho y su entrepierna con torpeza.

—¡Lo siento, no sabía que eras tú, Nanoha! —se disculpó apresuradamente antes de darse la vuelta para salir.

Grave error. El babydoll no ocultaba mucho por la parte trasera, y Nanoha accidentalmente vio más de lo que debería. Antes de que pudiera decir algo, Hayate le lanzó otro cojín.

—¡NA-NO-HA TA-KA-MA-CHI! —rugió.

Nanoha levantó las manos en señal de rendición, tosiendo ligeramente para recomponerse.

—¡Lo siento, lo siento! No fue intencional, de verdad.

—¡Estabas mirando a mi prometida! —reclamó Hayate, fulminándola con la mirada.

—¡Pero fue sin querer! —se defendió Nanoha, con el rostro aún ruborizado.

Hayate apretó los dientes, su paciencia al límite.

—Acabas de invadir nuestro espacio privado… Espero que esto sea realmente importante. Si no, te saco a palos, y me da igual que seas mi jefa.

Nanoha no pudo evitar reír, aunque nerviosa.

—¡Lo es, lo es! Lo prometo.

Hayate se frotó la sien, tratando de calmarse.

—Bien… ¿qué tiene que ver China en todo esto? —preguntó finalmente, aún con el ceño fruncido.

Nanoha suspiró, preparándose para explicar todo lo ocurrido esa mañana.

—Agárrate bien al asiento. Te voy a contar detalladamente lo que pasó con mi padre muy temprano hoy.

Tras una larga explicación, Hayate se quedó en silencio, procesando la información. Finalmente, suspiró y apoyó los codos sobre sus piernas.

—¿La coronación es dentro de tres semanas, dices?

Nanoha asintió.

—Sí, en tres semanas.

Hayate se rascó la cabeza, pensativa.

—Vamos a tener que apurarnos. Necesitamos coordinar las actividades y definir el personal que nos va a acompañar. Mizuki debería estar incluida. También necesitamos el itinerario completo.

—Lo enviarán a finales de esta semana —explicó Nanoha.

Hayate asintió lentamente.

—Bien. Tenemos que organizar todo con el equipo de seguridad. ¿Ya hablaste con Signum?

—Todavía no.

—Perfecto. Necesitamos establecer rutas de escape y planificar todos los escenarios posibles.

Nanoha arqueó una ceja.

—¿Rutas de escape?

—Sí. Vas a estar en un terreno extranjero. No podemos arriesgarnos. Necesitamos una vía de salida en caso de emergencia.

Nanoha suspiró nuevamente, entendiendo la seriedad del asunto.

—Está bien. Después del desayuno ordenaré una reunión de emergencia. Incluiré a seguridad, logística y quienes sean necesarios.

Hayate se puso de pie, estirándose.

—Déjame cambiarme y prepararme. Nos vemos después del desayuno.

Nanoha se levantó también, pero antes de irse, no pudo evitar hacer una broma.

—Aunque, viendo cómo estás aquí… creo que ya desayunas de maravilla.

Los ojos de Hayate se abrieron como platos al captar la referencia al cuerpo de su prometida. Con una mezcla de vergüenza y furia, le lanzó otro cojín.

—¡Fuera de mi casa, Nanoha!

Nanoha se rió a carcajadas mientras salía apresuradamente, dejando a una Hayate visiblemente molesta pero también incapaz de ocultar una sonrisa de resignación.

El desayuno en la mansión de los Takamachi había transcurrido de manera tranquila, aunque Nanoha tenía su mente enfocada en lo que estaba por venir. Las instrucciones habían sido claras: necesitaba a todas las personas clave reunidas de inmediato. La sala de reuniones estaba lista, con los asientos dispuestos alrededor de una mesa de madera tallada que reflejaba la tradición y el poder de la familia. Signum ya estaba presente, fiel a su naturaleza disciplinada, esperando de pie cerca de la puerta con su expresión seria e imperturbable.

Poco a poco, las convocadas fueron llegando. Hayate apareció primero, todavía adormilada, rascándose los ojos con desgana. A pesar de su desvelo, se sentó sin protestar, lanzando de vez en cuando grandes bostezos. Mizuki entró poco después, con una postura impecable y una mirada analítica, lista para escuchar cualquier nueva directiva. Finalmente, Nanoha apareció junto a Fate, quien la seguía con paso sereno, mostrando siempre su discreto pero constante apoyo.

—Buenos días —saludó Nanoha, tomando asiento. Signum realizó una reverencia formal como saludo.

—Lady Nanoha —dijo con respeto. Nanoha, no queriendo romper la formalidad pero tampoco dejar que el ambiente se volviera demasiado rígido, alzó una mano en señal de respuesta.

—Siéntate con nosotras, Signum. Nadie más entrará, estamos seguras aquí —le indicó Nanoha, con un tono amigable pero firme.

Signum dudó por un instante, como si abandonar su puesto de vigilancia fuera en contra de sus instintos, pero finalmente asintió.

—Lo que usted diga, lady Nanoha —dijo mientras tomaba asiento. Nanoha soltó un leve suspiro y puso los ojos en blanco ante la formalidad excesiva, pero no quiso reprochar nada.

Mizuki fue la primera en romper el silencio.

—Nanoha, ¿qué ocurre? ¿Para qué es esta reunión de emergencia? —preguntó mientras se acomodaba en su silla.

Nanoha sacó la carta oficial que había recibido esa misma mañana y la deslizó hacia Mizuki. La carta, sellada con el emblema del dragón dorado del clan Tang, llevaba un aire solemne y decisivo.

—Léela. Esto es lo que nos trae aquí —indicó Nanoha.

Mizuki tomó la carta y comenzó a leer en silencio, mientras los demás esperaban con paciencia. Fate, sentada al lado de su esposa, la observó con curiosidad y preocupación, consciente de la importancia de aquella misiva. Mizuki terminó de leerla, su expresión se volvió más seria, y dejó la carta sobre la mesa.

—Entiendo… La ceremonia de coronación de la princesa Xiaomao —dijo en voz baja—. No solo es un evento de gran importancia para China, sino también para todas las casas nobles aliadas. Esto es mucho más que una simple invitación… es una declaración política.

—Exactamente —afirmó Nanoha—. La situación se complica porque la invitación excluye a mi padre. Solo yo estoy autorizada a asistir como representante de la familia Takamachi. Esto significa que todos los ojos estarán sobre nosotras… sobre mí.

—¿Sabes si hubo algún conflicto que provocara esto? —preguntó Mizuki.

—Mi padre tiene una relación compleja con la emperatriz Xiaomao —explicó Nanoha—. Pero más allá de eso, ahora el enfoque está en cómo prepararnos para este viaje. No podemos permitirnos ningún error. Necesitamos una estrategia sólida.

Signum intervino, enderezándose en su asiento.

—Lady Nanoha, sugiero que el equipo de seguridad incluya a Vita y Zafira. Además, sería prudente establecer rutas de escape, tanto dentro del recinto de la ceremonia como en la ciudad. En un evento de esta magnitud, no se pueden descartar posibles incidentes.

—Estoy de acuerdo. También quiero que Fate me acompañe. No puedo dejarla atrás en un momento así —dijo Nanoha, tomando la mano de su esposa con ternura.

Fate sonrió suavemente y asintió.

—Por supuesto, iré contigo. Sabes que estaré a tu lado.

—Creo que Carim también debería venir —añadió Nanoha—. Hayate, tú y ella podrán encargarse de las interacciones diplomáticas, en caso de que yo esté ocupada con la ceremonia principal.

Hayate, quien ya estaba más despierta, sonrió con un toque de ironía.

—¿Seguro que quieres llevar a Carim después de lo que pasó esta mañana? —bromeó, recordando la escena embarazosa en su casa.

Nanoha rio suavemente, mientras Fate la miraba con una mezcla de curiosidad y diversión.

—Olvida eso, Hayate. Será un apoyo importante. Confío en ustedes.

Mizuki tomó la palabra nuevamente.

—Hasta ahora tenemos a Nanoha, Fate, Hayate, Carim, Vita, Zafira, Signum y yo en la lista. ¿Alguien más que quieras añadir?

Nanoha negó con la cabeza.

—De momento, no. Pero necesitamos trabajar en el itinerario, el alojamiento y los permisos de seguridad. Mizuki, encárgate de coordinar con relaciones internacionales para obtener detalles de las otras casas presentes.

—Entendido. Tendré toda la información antes del final de la semana —respondió Mizuki con profesionalismo.

Signum se inclinó ligeramente hacia adelante.

—Lady Nanoha, es imperativo que organicemos simulacros de emergencia antes del viaje. Esto ayudará al personal a reaccionar ante cualquier eventualidad. Además, debemos llevar un equipo de comunicación de alta seguridad.

Nanoha asintió, sintiendo el peso de la responsabilidad en cada palabra que se pronunciaba.

—Perfecto. Hayate, organiza una junta con logística y seguridad después del desayuno. Necesitamos tener todo bajo control.

La reunión continuó con una discusión detallada sobre las disposiciones de seguridad, el transporte y los protocolos diplomáticos. Nanoha sabía que esto era solo el comienzo de una serie de desafíos, pero con el apoyo de sus aliadas, se sentía lista para enfrentarlos.

Lindy estaba sentada en el comedor de la mansión Harlaown, con una taza de té caliente en la mano, mientras sus esposas, Precia y Saori, conversaban animadamente sobre temas triviales. Ambas se daban pequeños mimos, riendo entre ellas mientras compartían bocados de desayuno. La escena era cálida y tranquila, pero la mente de Lindy estaba en otro lugar. Sostenía una carta formal que había llegado esa misma mañana. Era una invitación oficial para la coronación de Xiaomao como emperatriz de China, dirigida no solo a la familia Harlaown, sino específicamente a su hijo, Chrono, como heredero del clan.

Al leer la carta, Lindy alzó una ceja con escepticismo. ¿Qué estaba tramando Xiaomao? El hecho de que pidiera la presencia directa de Chrono le parecía inusual. En las reuniones anteriores del círculo interno, las interacciones entre Xiaomao y su hijo habían sido superficiales, casi inexistentes. Algo no encajaba, y eso la mantenía alerta.

Perdida en sus pensamientos, Lindy miraba hacia la nada, evaluando las posibles implicaciones de la invitación. Fue entonces cuando Saori, al notar el silencio de su esposa, se inclinó ligeramente y le acarició el brazo.

—¿Qué sucede, Lindy? Te veo preocupada. ¿Ha pasado algo? —preguntó con genuina curiosidad.

Lindy salió de su trance y se inclinó hacia Saori, presionando suavemente la nariz de su esposa en un gesto cariñoso.

—Nada que deba preocuparles, mis amores —respondió con una sonrisa tranquila.

Sin embargo, Precia y Saori no parecían convencidas. Ambas se quedaron mirándola con expresiones inquisitivas. Lindy rió al ver sus caras de sospecha.

—En serio, ¿por qué ponen esas caras tan dramáticas? —dijo, intentando desviar la atención mientras tomaba otro sorbo de su té.

—¿Segura? —insistió Precia, cruzando los brazos.

Lindy dejó la taza sobre la mesa con cuidado y las miró con afecto.

—Sí, mis amores, es solo una invitación a un evento internacional. La princesa Xiaomao va a ser coronada como emperatriz de China y ha enviado invitaciones a las casas nobles de todos los territorios aliados. No es nada de qué preocuparse.

Ambas esposas intercambiaron miradas antes de dirigir sus ojos nuevamente a Lindy.

—Entonces, ¿por qué tenías esa cara de preocupación? ¿Es algo más complicado de lo que dices? —preguntó Saori con seriedad.

Lindy acarició la mejilla de Saori, apartando con ternura un mechón de cabello dorado detrás de su oreja. Luego, respondió con calma.

—Lo único que me parece extraño es que hayan solicitado específicamente la presencia de Chrono en la ceremonia. Nunca ha tenido mucho contacto con Xiaomao.

Lindy se inclinó ligeramente para besar suavemente los labios de Saori, intentando calmar cualquier preocupación adicional. Sin embargo, Precia, sentada junto a ellas, frunció el ceño.

—¿Por qué la princesa quiere la presencia de mi hijo? —preguntó con un tono más firme—. Nunca han interactuado más allá de los encuentros formales. Aquí hay algo que no me convence.

Saori sonrió suavemente, inclinándose hacia Precia para apoyar la cabeza en su cuello y pecho.

—Cariño, te preocupas demasiado. —Le dio un beso en la mejilla y añadió—: ¿No crees que es hora de dejar que nuestros hijos crezcan? No podemos protegerlos de todo.

Precia hizo un puchero adorable y respondió con un tono entre cariñoso y obstinado.

—Lo que pasa es que tú eres la mamá permisiva. Yo quiero que mis bebés sigan siendo mis bebés.

Saori soltó una risita y envolvió a Precia en un abrazo amoroso.

—Y tú eres la mamá amorosa —comentó, acariciando el cabello de su esposa.

Lindy las observaba con ternura, pero no pudo evitar preguntar con una sonrisa divertida:

—¿Entonces qué mamá soy yo?

Ambas se giraron hacia ella al unísono y respondieron entre risas:

—¡La mamá estricta!

Lindy arqueó una ceja, ofendida de forma fingida.

—¿La mamá estricta? —repitió, incrédula—. No soy así de estricta.

Precia y Saori se miraron nuevamente, asintiendo con complicidad antes de repetir al unísono:

—Sí que lo eres.

Lindy negó con la cabeza y soltó una carcajada. Sabía que sus esposas solo estaban bromeando, pero en el fondo entendía que, como matriarca del clan, a veces debía adoptar un rol firme. Aun así, en ese momento, se permitió disfrutar de la calidez de la familia que había construido. Las preocupaciones sobre Xiaomao podrían esperar hasta después del desayuno.

—¿Así que soy la mamá estricta? —dijo mientras alzaba una ceja con una sonrisa juguetona—. Creo que alguien aquí necesita una revisión de lo que es ser estricta de verdad.

Precia hizo un gesto dramático, colocando una mano sobre su pecho.

—Oh no, la mamá estricta se ha ofendido… ¿Qué vamos a hacer, Saori? —bromeó, recibiendo una carcajada por respuesta.

Saori, todavía recostada contra su esposa, le respondió entre risas.

—Tendremos que sobornarla con más amor y tal vez un poco de postre extra... Lindy siempre se relaja cuando hay algo dulce de por medio.

Lindy se cruzó de brazos, fingiendo molestia, aunque no pudo ocultar la ternura en su expresión. Era imposible mantener una actitud seria con esas dos a su lado.

—Está bien, ustedes ganan esta vez —dijo resignada—, pero no olviden que soy la jefa de esta casa, ¿eh?

—Sí, claro, querida jefa —replicó Precia con una sonrisa burlona, acercándose para besar a Lindy en la frente.

Después del momento de diversión, Lindy se recostó ligeramente en su silla y suspiró. Sabía que sus preocupaciones no eran infundadas. Xiaomao siempre había sido impredecible, pero ahora que sería nombrada emperatriz, las cosas podían volverse aún más complejas. El hecho de que pidieran específicamente la presencia de Chrono en la ceremonia le daba una sensación incómoda. Era como si se estuviera trazando una jugada política en la que no había sido informada.

—Hablando en serio —dijo finalmente, adoptando un tono más formal—, no puedo quitarme de la cabeza la sensación de que hay más en esta invitación de lo que parece. No es normal que pidan la presencia de Chrono. La última vez que hubo una interacción con el círculo interno chino, apenas se dirigieron la palabra.

Precia asintió, también dejando de lado la broma anterior.

—Exacto. No me gusta que se involucren con nuestros hijos sin un motivo claro. Espero que no sea un intento de trampa o presión política.

Saori acarició el brazo de su esposa, buscando calmarla.

—Nuestros hijos son fuertes y capaces, Precia. Además, Chrono tiene experiencia en estos asuntos. No creo que Xiaomao intente algo directamente, no con tantas casas nobles presentes. Sería demasiado arriesgado para su reputación.

Lindy asintió, agradecida por las palabras de Saori, pero aún así no dejaba de pensar en las posibles implicaciones.

—Tienes razón, Saori, pero eso no significa que bajemos la guardia. Chrono necesitará una comitiva adecuada. Nos aseguraremos de que esté bien protegido y que tenga a alguien de confianza para apoyarlo en todo momento.

Precia se cruzó de brazos, adoptando una expresión de madre preocupada.

—Más vale que esa emperatriz entienda que si algo le pasa a Chrono, tendrá que enfrentarse a mí.

—Y a mí también —añadió Lindy con firmeza, antes de suavizar su tono—. Pero esperemos que no llegue a ese punto. Por ahora, mantengámonos alerta. Prepararé una reunión con Chrono para hablar de los detalles. También incluiré a la familia Takamachi en nuestras comunicaciones. Nanoha probablemente también ha recibido una invitación y estará en una situación similar.

Las tres mujeres asintieron en acuerdo. Aunque la conversación había comenzado de manera ligera, ahora el enfoque estaba completamente en proteger a su familia y asegurar una representación adecuada durante la coronación. Lindy sabía que se acercaban tiempos difíciles, pero con el apoyo de sus esposas y la cooperación entre familias aliadas, sentía que podían superar cualquier desafío.

—Ahora —dijo Saori con una sonrisa para aliviar la tensión—, ¿qué tal si nos olvidamos de las preocupaciones por un rato y disfrutamos de este desayuno juntas?

—De acuerdo, pero después hablaremos más de los preparativos —concluyó Lindy, tomando otra taza de té. Precia y Saori se acercaron a ella con miradas cariñosas, dispuestas a disfrutar ese momento de tranquilidad familiar antes de afrontar lo que estaba por venir.

Chrono Harlaown se consideraba una persona independiente. A diferencia de sus madres y su hermana, él había elegido no vivir en la mansión Harlaown. Desde que cumplió dieciocho años, se mudó a un lujoso penthouse en el centro de la ciudad, en una de las zonas más exclusivas. No era que odiara a su familia, pero necesitaba su propio espacio, lejos de la vigilancia constante de Lindy y de sus dos nuevas esposas, quienes lo trataban con un exceso de cariño que a veces lo agobiaba.

Su vida cotidiana transcurría entre libros de ciencia, administración y algunas novelas de su agrado. Vivía solo… o al menos eso creían todos. Nunca había presentado oficialmente a ninguna "novia" a su madre ni a sus madrastras. De hecho, nadie sabía de su relación secreta con Amy Limietta, su guardaespaldas personal.

Amy había trabajado anteriormente para los Takamachi, pero ahora prestaba sus servicios a los Harlaown, con la misión de garantizar la seguridad del heredero de la familia. Para cumplir con su deber, se había instalado en el penthouse de Chrono, convirtiéndose en su sombra. Lo que nadie sabía es que su relación había evolucionado más allá de la profesionalidad. En la intimidad de su hogar, eran más que protector y protegido.

Chrono suspiró mientras se sentaba en la cama, su torso desnudo apenas cubierto por las sábanas de seda. Sobre la mesa de noche, una carta oficial yacía abierta. La invitación a la ceremonia de ascensión de la emperatriz Xiaomao en Pekín era clara: se requería su presencia. No tenía opción. Asistir a un evento de esa magnitud era una obligación ineludible. Faltar dañaría su reputación y la de su familia. Como heredero de los Harlaown, debía desempeñar su papel, sin importar cuánto lo detestara.

Una suave mano femenina acarició su pecho desnudo.

—Regresa a la cama… aún es temprano —susurró Amy, su voz ronca por el sueño.

Chrono sintió cómo el cuerpo cálido de la mujer se acomodaba contra él. Amy estaba igual que él, cubierta solo por las sábanas. Lo tentaba, como siempre.

—Tengo un evento importante… uno al que no quiero ir —murmuró con resignación.

Amy suspiró, apoyando la cabeza en su hombro.

—Pero vas a ir de todos modos.

No era una pregunta, era una afirmación. Lo conocía demasiado bien. Chrono se pasó una mano por el rostro, sintiendo el peso de su linaje sobre sus hombros.

—Sí… no tengo elección.

Hubo un momento de silencio entre ambos antes de que Amy se deslizara sobre él, apoyando una mano en su pecho y mirándolo fijamente.

—Entonces deja de pensar en eso por ahora —susurró, inclinándose para rozar sus labios con los suyos—. Solo por un rato…

Chrono no respondió con palabras, pero sus brazos la rodearon por la cintura y la atrajeron hacia él. Se perdió en el único refugio que tenía antes de enfrentar la realidad.

Entre caricias y besos, Chrono dejó escapar un pensamiento que lo atormentaba.

—A veces siento que tener el apellido Harlaown es más una prisión que un honor.

Amy continuó acariciándole el cabello con ternura.

—Lo es… pero gracias a eso nos conocimos.

Chrono escondió el rostro entre sus pechos y Amy sonrió suavemente.

—Acaso Ruby no puede heredar todo y dejarme a mí en paz… —murmuró con frustración.

Amy soltó una pequeña risa.

—Eres el mayor y de sangre directa, no hay opción. Además, sé que lo que realmente te molesta no es la herencia en sí.

Chrono se apoyó sobre un codo y la miró con intensidad.

—No quiero casarme con alguien más… Te quiero a ti.

Amy se sonrojó y desvió la mirada.

—Tonto… sabes que lo nuestro no tiene futuro.

—Lo tendrá si yo lo decido.

—Si tu madre se entera de que me acuesto con su hijo, perderé mi trabajo… o peor.

Chrono escondió el rostro en el cuello de Amy y ella lo abrazó con fuerza.

—Puedes ser mi segunda esposa… —sugirió con tono juguetón.

Amy levantó una ceja.

—¿Disculpa?

Chrono soltó una carcajada.

—Mi madre se casó dos veces, ¿sabes? ¿Por qué no podría hacerlo yo?

Amy bufó.

—Olvídalo. No pienso compartirte con nadie. O eres mío, o no lo eres.

Su firmeza hizo que Chrono riera aún más.

—Eres adorable cuando te pones celosa.

Amy chasqueó la lengua.

—Veo que ya estás más que despierto, señorito Harlaown. Será mejor que desayune y se prepare para el día.

Intentó apartarse, pero Chrono la atrapó con una mirada traviesa.

—Espera… aún no lo hemos hecho por la mañana.

Amy enrojeció.

—No podemos, se te acabaron los preservativos.

Chrono la miró con una sonrisa pícara.

—¿Y eso desde cuándo ha sido un problema?

Amy intentó responder, pero sus labios fueron silenciados por un beso. Se rindió ante su amante, sabiendo que lo que tenían estaba destinado a ser efímero… pero dispuesta a disfrutar cada momento mientras durara.

El desayuno transcurría con la calma habitual en el penthouse de Chrono. La luz del sol se filtraba por los amplios ventanales, iluminando la elegante pero acogedora cocina, donde Amy había preparado una comida simple, pero reconfortante: huevos revueltos, café recién hecho, tostadas a la francesa y un jugo de naranja recién exprimido. No era un desayuno lujoso ni elaborado, pero para Chrono tenía un sabor especial.

Amy, con su cabello ligeramente despeinado y aún con la pijama puesta, se sentó frente a él, disfrutando de su propio café mientras lo miraba con curiosidad.

—¿Qué? —preguntó con una leve sonrisa al notar la expresión de Chrono.

Él, sin dejar de mirarla, rio suavemente y negó con la cabeza.

—Nada, nada. Solo… me gusta todo de ti.

Amy sintió un leve calor subir a sus mejillas.

—Chrono… cuando quieres, eres un completo playboy.

Chrono soltó una carcajada, divertido por su reacción.

—¿Eso crees?

—Apuesto a que esa frase se la has dicho a alguna otra muchacha antes que a mí.

Su tono era juguetón, pero en el fondo, Amy se preguntaba si había algo de verdad en ello. Chrono, sin embargo, solo rió más fuerte.

—Me gusta cuando te pones así.

Amy estaba a punto de responderle cuando el sonido del teléfono interrumpió el momento. La pantalla iluminada mostraba un nombre en grandes letras: "Mamá".

Ambos miraron el dispositivo por un momento. Chrono suspiró antes de tomarlo y deslizar el dedo para contestar.

—Hola, mamá…

—Hola, mi amor. ¿Cómo estás? Asumo que ya estás enterado de las noticias.

La voz de Lindy se escuchaba animada al otro lado de la línea, pero Chrono reconoció el tono subyacente: su madre no lo llamaba solo para charlar.

—Si te refieres a la invitación de China, sí, ya estoy enterado.

Lindy soltó una leve risa.

—Exactamente. Necesitamos discutir algunos temas antes de partir. ¿Por qué no vienes a casa hoy para hablarlos? Es sábado y tu hermana está en la mansión. Sería bueno que la vieras.

Chrono cerró los ojos por un momento. Sabía que la invitación no dejaba espacio para un "no".

—Está bien, mamá. Iré cuando termine de desayunar.

—Perfecto. Te esperamos en casa. Tus mamás también se mueren por verte.

Chrono puso los ojos en blanco, pero sonrió levemente.

—Sí, también las extraño.

—Nos vemos en unas horas, cariño. Besos.

El tono de llamada finalizó. Chrono dejó el teléfono sobre la mesa y miró a Amy, quien había estado observándolo con calma.

—Me quieren en la mansión para discutir algunos temas del viaje.

Amy asintió, ya esperando esa respuesta.

—Entonces prepararé el auto para salir cuando estés listo.

Chrono tomó un sorbo de su café y sonrió de lado.

—Le dije que iría después del desayuno… así que nos da tiempo para ducharnos antes de salir.

Amy alzó una ceja.

—Chrono, cuando nos bañamos juntos, ya sabemos cómo termina eso. ¿Quieres hacer esperar a tus madres?

Chrono rio suavemente, dejando su taza en la mesa.

—Sabes que prefiero tenerte a ti antes que a cualquier otra cosa.

Amy suspiró, pero una sonrisa se dibujó en sus labios.

—Lo que usted diga, señorito Harlaown…

Se puso de pie, dispuesta a recoger los platos, pero Chrono la detuvo, sujetándola por la cintura y atrayéndola hacia él.

—Entonces, ¿me acompañas a la ducha?

Amy puso los ojos en blanco, pero no pudo evitar reír.

—Solo porque después quiero verte vestido de manera elegante para soportar la tortura de la mansión Harlaown.

Chrono sonrió.

—Prometo vestirme como todo un heredero ejemplar… pero antes, quiero hacer que me recuerdes antes de que tenga que irme.

Amy negó con la cabeza, pero dejó que él la guiara hacia el baño. Lindy y las demás tendrían que esperar un poco más.

El día transcurría con la tranquilidad típica de un sábado en la mansión Harlaown. Después del desayuno, Ruby había decidido dar un paseo por los jardines para despejarse un poco. No esperaba encontrarse con su hermano Chrono en los pasillos principales, especialmente tan temprano en la mañana.

Ruby siempre había sentido una especie de muro invisible entre ella y Chrono. No es que se llevaran mal, pero las interacciones entre ellos eran escasas, limitadas a conversaciones triviales o reuniones familiares donde la presencia de su madre o sus madrastras hacía que todo fluyera con naturalidad. Pero cuando estaban a solas, las palabras no salían con facilidad.

No era una cuestión de desinterés, al menos de su parte. Ruby sentía una profunda admiración por su hermano. Desde que formo parte de la familia, él siempre había sido el "ejemplo perfecto" de un Harlaown: inteligente, disciplinado, calculador y elegante. Caminaba con la confianza de alguien que sabía exactamente cuál era su destino, pero también con el peso de una responsabilidad que no había elegido.

Tal vez por eso nunca había podido acercarse demasiado a él. Chrono se había distanciado de la familia desde los 18 años, optando por vivir solo en un lujoso penthouse en la ciudad en lugar de quedarse en la mansión con ellas, actualmente el ya cruzaba los 27 años. Ruby no podía evitar preguntarse si fue por independencia o si, en el fondo, no quería estar atrapado en el mismo círculo de expectativas que a ella también le estaban empezando a imponer.

Cuando lo vio en el pasillo, se sintió un poco fuera de lugar. No lo había esperado. Chrono, con su porte impecable, vestido con una camisa oscura de tela fina, pantalón de sastre perfectamente planchado y un reloj que probablemente costaba más de lo que Ruby podría imaginar, irradiaba esa aura de inalcanzabilidad que siempre lo había caracterizado.

A pesar de eso, Ruby hizo lo que le dictaba la etiqueta y se inclinó con una reverencia educada.

—Onii-sama, qué gusto verte. ¿Qué te trae por aquí?

Chrono esbozó una ligera sonrisa ante su formalidad y cruzó los brazos.

—Ruby, yo también vivo aquí. De hecho, tengo una habitación en esta mansión.

Ruby sintió cómo el calor subía a sus mejillas de inmediato. Se sintió tonta por haberlo dicho de esa manera.

—Esto… no era lo que quería decir. Es decir, eres bienvenido cuando quieras, solo que… bueno… ¡Aish!

Chrono soltó una breve risa y negó con la cabeza.

—No te esfuerces demasiado, Ruby. Entiendo lo que quieres decir. Trataré de venir más seguido.

Ruby suspiró aliviada y le sonrió con gratitud.

—Onii-sama, yo tampoco estoy mucho por aquí. Solo vengo los fines de semana.

Chrono le acarició la cabeza con un gesto fraternal, algo que rara vez hacía.

—Es cierto, ahora estás en el instituto…

Ruby abrió la boca para responder, pero antes de que pudiera decir algo, una voz conocida las interrumpió con una calidez autoritaria.

—Qué lindo es ver a mis hijos interactuar. Deberían hacerlo más seguido.

Lindy apareció en el pasillo con la gracia y la elegancia de siempre. Incluso en un ambiente relajado, su presencia se hacía notar. Su cabello azul estaba perfectamente peinado y su vestido, de un tono celeste claro, realzaba su porte distinguido. No importaba cuánto tiempo pasara, Lindy siempre se mantenía impecable, como si la edad no pudiera alcanzarla.

Se acercó a Chrono con una sonrisa maternal y colocó ambas manos en su rostro antes de depositar un beso en su mejilla.

—Hijo mío, mi león.

Chrono suspiró con resignación y dejó que su madre lo mimara como si aún fuera un niño. Ruby no pudo evitar sonreír ante la escena. Por más independiente y sofisticado que su hermano intentara ser, siempre había algo en su madre que lo hacía volver a ese lado más vulnerable.

—Estás más delgado. ¿Has estado haciendo ejercicio o algo? preguntó Lindy con un tono preocupado.

—Estoy bien, mamá. Como bien, solo hago algo de cardio.

Lindy frunció ligeramente el ceño, evaluándolo con la mirada, como si intentara descubrir si le estaba ocultando algo.

—¿Viniste solo? ¿Dónde está Amy?

Chrono desvió la mirada por un momento antes de responder:

—Está fuera, en el área de seguridad, seguramente reportando a Alexandrina.

Lindy asintió con la cabeza, dándolo por hecho.

—Bien. Entonces, pasemos a revisar algunos temas.

Se giró hacia Ruby y le dedicó una sonrisa cálida.

—Ruby, mi amor, me gustaría que vengas también. Eventos como estos son a los que tienes que ir acostumbrándote poco a poco.

Ruby la miró con extrañeza, sin entender del todo a qué se refería.

—Mami-Lindy, ¿qué evento?

Lindy simplemente le guiñó un ojo con esa sonrisa misteriosa que usaba cuando quería mantener la sorpresa.

—Ya lo verás, mi amor. Ven, pasemos.

Antes de que Ruby pudiera hacer más preguntas, su madre la tomó del brazo con suavidad, mientras con la otra mano sujetaba a Chrono con la misma firmeza.

—Vamos, vamos, no quiero que nos retrasemos.

Chrono soltó un suspiro largo y resignado, acostumbrado a que su madre hiciera lo que quisiera con él. Ruby, por otro lado, sonrió con cierta curiosidad. No sabía exactamente qué estaba ocurriendo, pero si su madre estaba involucrada, seguramente sería algo importante.

A medida que se dirigían a la sala de reuniones, Ruby miró de reojo a su hermano. No podía evitar preguntarse cómo sería tener una relación más cercana con él. Tal vez, con el tiempo, podrían aprender a entenderse mejor.

Lindy estaba sentada con tranquilidad en la sala de reuniones, una elegante copa de coñac en su mano, mientras observaba a sus dos hijos con una sonrisa enigmática. Chrono, con los brazos cruzados, ya tenía claro por qué estaba allí. Ruby, en cambio, estaba visiblemente confundida, lo que la hacía ver aún más adorable a los ojos de su madre.

Después de unos segundos de expectación, Lindy finalmente habló:

—Bueno, Ruby no lo sabe, así que explicaré para ella, ¿de acuerdo?

Chrono asintió con la cabeza sin decir nada. Lindy giró su atención a Ruby y comenzó su explicación.

—Mi amor, la princesa de China nos ha enviado una invitación formal para asistir a su coronación como emperatriz. Dado que la familia Harlaown tiene una relación de respeto con la nobleza internacional, se nos ha extendido una invitación especial. Inicialmente, la invitación era solo para Chrono y para mí, pero creo que es una gran oportunidad para que también vayas. Es hora de que te vayas acostumbrando a estos eventos.

Ruby parpadeó varias veces mientras procesaba la información. Lo primero que pasó por su mente fue Nina.

—Y el instituto… ¿asumo que serán varios días en China, verdad?

Lindy dejó escapar una risita divertida antes de responder.

—Así es, pero no te preocupes, hablaré con la administración del instituto. Además, es probable que algunas de tus compañeras también asistan. Recuerda que esta invitación ha sido enviada a personas influyentes que interactúan con la nobleza china.

Ruby bajó la cabeza y murmuró en voz baja:

—Sí… pero no para Nina…

Lindy inclinó la cabeza y preguntó con dulzura:

—¿Qué dijiste, mi nena?

Ruby reaccionó de inmediato, nerviosa.

—¡Nada, nada! —negó rápidamente con la cabeza.

Lindy la observó con una mirada maternal y comprensiva antes de sonreír.

—Déjame adivinar, ¿estabas pensando en tu novia?

Ruby se sonrojó intensamente y Chrono, que había estado en silencio hasta ese momento, desvió la mirada con cierta sorpresa.

—¿Novia?

Lindy soltó una risa encantada y acarició la cabeza de Ruby con ternura.

—Sí, tu hermanita ya tiene novia. Hizo un espectáculo el otro día en la mansión, deberías haber estado aquí para verlo. Eso te pasa por no visitarnos más seguido, Chrono.

Chrono alzó los hombros con desinterés.

—Supongo que me lo perdí.

Lindy arqueó una ceja y luego, con un tono juguetón, agregó:

—Ves, tu hermanita ya te ganó en ese aspecto. Cuéntame, Chrono, ¿cuándo vas a dejar de rechazar las propuestas de matrimonio? Hay muchas chicas hermosas que estarían encantadas de casarse contigo.

Chrono suspiró, claramente acostumbrado a este tipo de comentarios.

—O son demasiado jóvenes o simplemente no me gustan.

Lindy negó con la cabeza, divertida por la respuesta de su hijo.

—En fin, enfoquémonos en el evento. Como dije, la coronación es en tres semanas. Yo iré con tus madres como mis acompañantes. La seguridad de la delegación estará a cargo de Alexandrina. No quiero que ninguno de ustedes se preocupe por ello.

Dicho esto, extendió su mano y acarició la cabeza de sus hijos con cariño. Ruby, que aún estaba nerviosa, bajó la mirada y, con un poco de vergüenza, murmuró:

—Mami… ¿puedo llevar a un invitado?

Lindy se sorprendió ligeramente, pero luego soltó una pequeña risa.

—Mi amor, tú ya eres una invitada, pero… —se inclinó levemente— Déjame ver qué puedo hacer. ¿Quieres llevarla, verdad?

Ruby bajó aún más la cabeza y respondió bajito:

—Sí…

Lindy suspiró y apoyó una mano en su frente como si estuviera lidiando con la más grande de las travesuras.

—Bueno, veré qué puedo hacer… pero solo de favor. ¿Está bien?

Ruby sonrió y asintió con entusiasmo.

—¡Gracias, mami!

Pero Chrono, que había estado guardando silencio, decidió tomar la palabra.

—Bien, ahora que hemos hablado de eso, discutamos el tema real. —Se cruzó de brazos y miró fijamente a su madre—. ¿Por qué exactamente he sido convocado personalmente por la princesa de China?

Lindy se acomodó en su asiento y, con un aire relajado, tomó su copa de coñac y dio un pequeño sorbo.

—Eso es lo que estamos investigando. Por lo que hemos podido averiguar con nuestra red de contactos, la princesa Xiaomao está buscando "candidatos" para algo. Pero no tenemos información concreta.

Chrono arqueó una ceja con incredulidad.

—¿Candidatos? ¿Para qué? ¿Para ser su esposo?

Lindy le dio otro sorbo a su trago y lo miró con una sonrisa que no indicaba ni aprobación ni rechazo.

—Nada está confirmado, pero eso es lo que parece.

Chrono dejó que su cuerpo se hundiera en su silla, sintiendo una molesta punzada de frustración.

—Si ese es el caso, ¿por qué está buscando fuera de China? Pensé que los chinos eran bastante conservadores con esos temas.

Lindy giró el vaso entre sus dedos y miró el líquido ámbar moverse suavemente.

—Xiaomao no es una persona convencional. De hecho, a ella le gusta desafiar las tradiciones. No me sorprendería que esté buscando fuera de su país a propósito, para demostrar algo.

Chrono suspiró pesadamente y miró el techo con resignación.

—No me voy a casar con esa mujer. No la conozco, ni quiero conocerla.

Lindy soltó una carcajada, claramente entretenida con la reacción de su hijo.

—¿No te interesa gobernar China? —preguntó con una sonrisa burlona—. Serías el emperador consorte. El país entero estaría a tus pies.

Chrono puso los ojos en blanco.

—Eso suena horrible. No, no me interesa.

Lindy dejó escapar un suspiro fingido de decepción.

—Bueno, de todas formas, esto es solo una suposición. No sabemos exactamente qué planea Xiaomao. Lo importante es que vayamos y escuchemos con atención. Y, en última instancia, eres libre de negarte si realmente no te interesa tu chino es bastante bueno y no necesitas que alguien traduzca por ti, puedes decírselo a ella misma.

Chrono resopló y Ruby, que había estado escuchando atentamente, lo miró con sorpresa.

—Onii-sama… ¿sabes chino?

Chrono sonrió levemente y respondió en un perfecto mandarín:

—当然,我会中文。我学了差不多十年了。(Por supuesto, sé chino. Lo he estudiado por casi diez años.)

Ruby abrió la boca en forma de una gran "O", completamente atónita.

Lindy no pudo evitar soltar una risa ante la reacción de su hija.

—Bueno, eso es todo. Ahora, ¿qué les parece si vamos con sus madres?

Chrono negó con la cabeza de manera amistosa y dejó escapar una leve risa.

—Vamos.

Los tres se pusieron de pie, listos para salir de la oficina. Ruby, aunque aún sorprendida, tenía una sola cosa en mente: si su madre realmente lograba llevar a Nina con ellas a China. Y si Xiaomao realmente estaba buscando un esposo, entonces ese evento iba a ser mucho más caótico de lo que esperaba.

El inicio de semana transcurría como cualquier otro. El característico sonido de la sirena policial se escuchó a lo lejos, y como de costumbre, el vehículo se detuvo justo frente a la entrada principal de la prestigiosa academia. Subaru Nakajima descendió del automóvil con su uniforme perfectamente planchado, exhibiendo todas sus medallas y cordones de mérito con un porte impecable. Desde hace tiempo había adoptado esa costumbre: proyectar una imagen fuerte e imponente cada vez que dejaba a su sobrina en la escuela.

Las estudiantes de la academia ya se habían acostumbrado a la rutina. Al principio, muchas se sorprendieron al ver a Nina Iseri bajando de una patrulla policial, pero con el tiempo, se convirtió en una escena habitual. Algunas suponían que era la hija de algún alto mando de la policía, mientras que otras especulaban sobre su vida fuera del instituto. Sin embargo, lo que sí era nuevo en esta rutina era la presencia de Ruby Harlaown, esperando en la entrada junto a su inseparable maid, Ririka.

Ruby, como siempre, se mantenía con una postura elegante, su uniforme impecable y su cabello perfectamente acomodado. A su lado, Ririka la acompañaba con su expresión neutral de siempre, aunque sus ojos reflejaban cierta incomodidad. La maid saludó a Nina con una leve inclinación de cabeza, más por cortesía que por auténtico respeto. Nina detectó aquel matiz en su mirada, pero no le dio mayor importancia. Sabía que Ririka la veía con recelo, probablemente porque no consideraba que fuera "digna" de Ruby.

Subaru se despidió de su sobrina con una palmada en la cabeza y una sonrisa antes de volver al vehículo. En cuanto la patrulla se alejó, Ruby se acercó y, sin dudarlo, enlazó su brazo con el de Nina de forma posesiva. Desde el incidente con Sakura, la actitud de Ruby había cambiado; se había vuelto mucho más afectuosa y pegajosa con ella, incluso en público. Sus gestos de cariño eran constantes y, aunque Nina lo encontraba adorable, también podía notar que había un dejo de territorialidad en cada abrazo o roce de manos, especialmente cuando la violinista estaba presente.

—Buenos días, mi amor. —dijo Ruby en un tono suave y meloso mientras apoyaba la cabeza en el hombro de Nina por unos segundos.

—Buenos días, mi princesa. —respondió Nina con una sonrisa, dándole un pequeño beso en la frente.

Ambas comenzaron a caminar hacia los dormitorios, disfrutando de la corta caminata antes de que comenzaran las clases. Ririka las siguió por unos metros, pero pronto se detuvo en el punto donde tenía que despedirse.

—Señorita Harlaown, estaré esperando su llamado más tarde. No olvide que hoy tiene reunión con la profesora de literatura.

—Lo sé, Riri-chan. Muchas gracias.

La maid hizo una reverencia y se retiró, dejando a las dos chicas solas.

Nina aprovechó la privacidad y entrelazó sus dedos con los de Ruby, llevándola con suavidad hasta su habitación. Ambas sabían que, oficialmente, sus familias no estaban al tanto de que compartían dormitorio, pero en la academia nadie ponía trabas. Este era su refugio, el único lugar donde podían estar juntas sin la presión del mundo exterior.

Ruby la miró con una expresión pensativa antes de hablar.

—En unas semanas vamos a hacer un viaje importante, por una celebración internacional. Iremos a China.

Nina, quien estaba girando la perilla de la puerta, soltó un silbido largo, impresionada.

—¿China, eh? ¿Tu familia tiene negocios por allá?

Ruby rio bajito mientras entraban al dormitorio. Nina comenzó a guardar algunas cosas en su armario y a preparar su mochila con lo necesario para el día. Mientras tanto, Ruby se acomodó en la cama con una sonrisa juguetona en los labios.

—Sí, tenemos negocios, pero no es por eso que iremos. La razón principal es la coronación de la princesa de China como emperatriz.

Nina dejó escapar un largo "ahhhh" mientras sacaba un par de libros de su escritorio.

—Sí, eso lo anunciaron en las noticias del domingo. Dijeron que China tiene un nuevo líder y todo eso. Creo que la chica esa es solo unos años mayor que nosotras, ¿no?

—Lo es. —Ruby asintió— Pero ese no es el punto. El viaje a China durará una semana, así que no estaré en la preparatoria durante esos días.

Nina se detuvo en seco y giró para mirarla.

—¿Una semana?

—Sí.

—Eso es mucho tiempo... —murmuró Nina, sintiendo un pequeño peso en el pecho.

Ruby notó la expresión de su novia y no pudo evitar sonreír con ternura. Se puso de pie y se acercó a ella, rodeando su cuello con los brazos antes de inclinarse para darle un beso suave en los labios.

—Yo también te voy a extrañar.

Nina suspiró, apoyando su frente contra la de Ruby.

—No es justo. ¿Cómo voy a sobrevivir sin ti por una semana?

Ruby rio suavemente y comenzó a acariciar su mejilla con cariño.

—Bueno, estaba pensando en algo…

—¿En qué? —preguntó Nina, curiosa.

Ruby sonrió con complicidad y sin rodeos, soltó:

—¿Quieres ir a China conmigo?

Nina parpadeó varias veces, atónita.

—¿Ah?

—Sí, quiero que vengas conmigo.

Nina sintió que su cerebro tardaba en procesar lo que Ruby acababa de decir. ¿Ir a China? ¿Con ella?

—Pero… espera, ¿cómo?

Ruby tomó sus manos con firmeza.

—Mi madre está viendo si puede conseguirte un pase como mi acompañante. No es seguro todavía, pero ella hará lo posible para que puedas venir.

El corazón de Nina dio un brinco.

—¿Tanto así quieres que vaya?

—Por supuesto. Quiero que estés a mi lado.

Nina sintió un calor reconfortante expandirse en su pecho. Se quedó en silencio por un momento antes de sonreír y besar suavemente la frente de Ruby.

—Bueno… supongo que si la señora Harlaown logra hacer su magia, no podré negarme.

Ruby rió, abrazándola con fuerza y escondiendo el rostro en su cuello.

—¡Sabía que dirías que sí!

Nina solo sonrió mientras su mente comenzaba a imaginar lo que significaría viajar a China con Ruby. Un evento de magnitud internacional, rodeada de familias poderosas y nobles de todo el mundo… sonaba intimidante, pero al mismo tiempo, la idea de estar al lado de Ruby en un viaje así la llenaba de emoción.

Si todo salía bien, aquella semana en el extranjero sería una experiencia que jamás olvidaría.

La tarde avanzaba con rapidez en la sala de música. Era una sesión de ensayo intensa, con cada miembro de la banda concentrado en su papel. Nina afinaba su técnica vocal, Haruka marcaba el ritmo con el piano, Riko llevaba la batería al límite y Sakura, con su característico porte elegante, acompañaba la melodía con el violín.

Sin embargo, aquel día había algo diferente.

A un lado de la sala, dos espectadoras inesperadas observaban con atención el desarrollo del ensayo: Ruby Harlaown y Aoi Fujiwara.

Ruby, quien había insistido en acompañar a Nina para "verla en acción", se mantenía cerca, sentada con las piernas cruzadas y la mirada fija en su novia, como si estuviera evaluando cada movimiento que hacía. A su lado, Aoi parecía más reservada, sosteniendo una botella de agua entre las manos mientras de vez en cuando miraba de reojo a Riko.

Era la primera vez que Ruby presenciaba uno de los ensayos de Nina, y aunque su excusa había sido la curiosidad, era evidente que su presencia tenía otro propósito: asegurarse de que la violinista no intentara nada.

No es que estuviera celosa, claro que no.

Solo era una coincidencia que desde el incidente con Sakura, Ruby se hubiese vuelto más afectuosa y pegajosa con Nina. Y tampoco era raro que, cada vez que la violinista se acercaba a su novia, Ruby encontrara una excusa para interponerse entre ellas.

Por otro lado, Sakura no parecía incómoda con la situación. De hecho, le parecía adorable que Ruby la considerara una amenaza. Había algo en la manera en que la rubia se comportaba cuando Nina estaba cerca que la hacía ver especialmente tierna, y a decir verdad, se moría de ganas por abrazarla y decirle lo linda que era.

La única que no parecía estar disfrutando la presencia de las dos invitadas era Haruka.

Desde el inicio del ensayo, la pianista había estado reprimiendo su frustración, intentando no perder la paciencia con la constante interacción entre Nina y Ruby. Haruka era perfeccionista, y cualquier distracción le resultaba insoportable. Aunque al principio intentó llamarle la atención a Nina para que se concentrara, con el paso del tiempo terminó por ignorar la situación y enfocarse en la música.

El sonido de la batería retumbaba con fuerza mientras Riko intentaba seguir el ritmo impuesto por Haruka.

—Más rápido. —ordenó la pianista sin levantar la vista.

—Matsuuuura… dame un respiro, por favor. —rogó Riko, sintiendo que sus brazos comenzaban a temblar del esfuerzo.

Haruka solo frunció el ceño.

—Sin descanso. La sinfónica es en unas semanas, y quiero que todo salga perfecto.

Nina también estaba sintiendo los estragos del ensayo. Su voz había sido llevada al límite, y ahora su garganta comenzaba a resentirlo. Tragó saliva y sintió la incomodidad de la irritación en su garganta, pero decidió ignorarla por el momento.

Mientras intentaba recuperar el aliento, miró a Riko y le lanzó una sonrisa burlona.

—Tú invitaste a Aoi, ¿verdad? ¿Ya están saliendo? —preguntó con voz ronca.

Riko soltó una carcajada, claramente divertida con la pregunta.

—No seas chismosa, Nina. —respondió, imitando la voz ronca de su amiga de manera exagerada.

Nina frunció el ceño y, sin pensarlo dos veces, le lanzó la toalla que tenía colgada en el cuello.

—¡Oye! ¿Por qué siempre eres tan violenta? —se quejó Riko, aunque su sonrisa delataba que no estaba realmente molesta.

Aprovechando la situación, Riko giró la cabeza hacia Ruby y levantó la voz con dramatismo fingido.

—Harlaown, tu novia es una abusiva y me está maltratando. ¡Haz algo!

Ruby, quien en ese momento sacaba de su bolso una botella de té tibio para Nina, rio suavemente. Se sentó al lado de su novia y le ofreció la botella con una sonrisa dulce.

—No seas mala, Nina.

Nina sacó la lengua en dirección a Riko antes de tomar un sorbo del té.

Aoi, quien había estado observando la interacción en silencio, parecía debatirse internamente. Finalmente, respiró hondo y se acercó con una botella de agua fría en mano.

—H-Hoshisora-san… ten.

Riko, quien estaba sentada, inclinó la cabeza hacia atrás para mirarla y le sonrió.

—Gracias, muñeca.

Aoi se sonrojó inmediatamente y bajó la mirada, acomodando su falda antes de sentarse tímidamente a su lado. Intentaba mantener la compostura, recordando las clases de etiqueta que había estado recibiendo últimamente.

Riko, sin perder la oportunidad, le dio unas palmadas en el espacio vacío junto a ella, indicándole que se acercara más.

—Vamos, siéntate bien, no muerdo… todavía.

Aoi, ahora más roja que nunca, solo pudo susurrar:

—H-Hoshisora-san…

Mientras observaba la interacción, Nina no pudo evitar reírse, y Ruby a su lado la picó en el hombro con un gesto de complicidad. Nina entendió el mensaje y asintió con la cabeza.

Respiró hondo, se puso de pie y miró a los integrantes de la banda.

—Matsuura… esto… hay un evento que va a pasar en… emmm… esto…

Ruby, sin levantar demasiado la voz, le susurró desde su asiento:

—Tres semanas.

Intentó ser discreta, pero todos en la sala la escucharon claramente.

—Eso, tres semanas. —dijo Nina con una ligera risa nerviosa— Es en China y a lo mejor voy, o quizá no… bueno, tal vez sí. La cosa es que si voy, no vendré a los ensayos, y pues… no podré cantar si estoy allá.

Haruka la observó en silencio durante unos segundos, procesando su explicación caótica antes de hablar.

—¿Te refieres al evento de coronación de Xiaomao como emperatriz?

Nina parpadeó varias veces, sorprendida.

—¿Tú también lo sabías?

—Mi familia está invitada, así que iré.

Antes de que Nina pudiera responder, Riko levantó la mano desde su asiento.

—Mi familia también irá.

Aoi, tímidamente, también levantó la mano.

—Mi familia también recibió una invitación…

Nina miró a todas con los ojos bien abiertos.

—¡¿Ehhhhhh?! Entonces… ¿me preocupé por nada?

Las risas llenaron la sala.

Para Nina, este tipo de eventos eran completamente nuevos. En cambio, para las demás, eran parte de su mundo desde la infancia. Habían crecido asistiendo a reuniones de este tipo, conociendo a otras familias influyentes y participando en ceremonias de alto perfil.

Ahora, le tocaba a Nina experimentar de primera mano lo que significaba moverse en estos círculos.

La realidad comenzaba a asentarse en su mente.

Estaba a punto de entrar a un mundo completamente distinto al suyo.


Subaru Nakajima se encontraba de pie, sosteniendo el teléfono con una expresión incrédula en el rostro. Sus ojos azulados miraban fijamente el aparato, como si esperara que la conversación con su sobrina, Nina, fuera una broma de mal gusto.

Había recibido llamadas de Nina en el pasado, pero siempre eran por asuntos triviales: olvidó algo en casa, necesitaba ayuda con una tarea, o simplemente para charlar. Sin embargo, esta vez era diferente.

Esta vez, su sobrina le estaba pidiendo permiso para viajar al extranjero.

No a otra ciudad.

No a una excursión escolar.

A China.

Subaru inhaló profundamente, llevándose dos dedos a la base de la nariz en un intento por calmarse.

—Nina… ¿cómo piensas pagar el pasaje, la estadía y todo lo que vayas a necesitar allá?

El tono de su tía era serio, y Nina pudo imaginarse perfectamente la expresión de escepticismo en su rostro.

—No te preocupes por eso, tía.

El tic en la ceja de Subaru comenzó a manifestarse.

—¿Cómo que "no me preocupe"? —preguntó con exasperación— Estarás en otro país, sin supervisión de un adulto de confianza. No tienes tarjeta de crédito, vives con la mesada que te damos tu tía Morinoko y yo, y eso sin contar que tu papá tampoco te da mucho dinero. ¿Sabes siquiera cuánto cuesta un pasaje de avión a China? ¿Dónde vas a quedarte? ¿Cómo piensas pagar las comidas? ¿Sabes siquiera la conversión de yenes a yuanes?

Cada una de las preguntas de su tía golpeó la conciencia de Nina con fuerza.

La verdad era que no tenía respuestas claras para ninguna de ellas.

Ella no tenía dinero suficiente para costear un viaje de esa magnitud, y mucho menos para moverse con libertad en otro país. Todo lo que sabía era que Ruby le había dicho que podía llevarla con ella, pero no se le había ocurrido preguntar más detalles.

Con un suspiro, Nina decidió decir la verdad.

—Mi novia me va a llevar.

Subaru entrecerró los ojos.

—¿Cómo que "te va a llevar"?

—La familia de Ruby va a viajar a un evento importante en China, y me invitaron a ir con ellos.

Hubo un breve silencio en la línea.

Subaru tenía un tic nervioso en la ceja.

Sabía que su sobrina tenía una novia, lo había mencionado en uno de los desayunos dominicales que compartían en familia. También sabía que las chicas de la academia a la que asistía Nina pertenecían a un estatus social alto.

Pero enterarse de que la familia de su novia la iba a llevar a otro país con todos los gastos pagados era algo que no había visto venir.

—Voy a necesitar hablar con los padres de tu novia.

—¿Tía… en serio? —se quejó Nina.

—Nada de quejas, Nina. —cortó Subaru— Si vas a viajar al extranjero, necesito estar segura de lo que van a hacer allá, y para ello un adulto responsable tiene que darme respuestas. Habla con tu novia y dile que este fin de semana voy a visitar su casa para hablar con su familia sobre este "viaje" a China.

Nina sintió que la sangre se le iba a la cabeza.

La sola idea de llevar a su tía a la mansión Harlaown para que hablara con Lindy sobre el viaje la hacía sentir una vergüenza inmensa.

Ruby, quien había estado escuchando la conversación desde la cama, tenía una sonrisa divertida en el rostro.

Se mantenía en silencio para no delatarse, pero no podía evitar encontrar la situación adorable.

—Hablaré con ella mañana… —respondió Nina con resignación.

—Bien. Entonces descansa, enana. —dijo Subaru, con un tono más relajado— Tu tía Morinoko te manda un beso también.

—Dile que la quiero… —respondió Nina.

—Lo sabemos, pequeña.

Subaru cortó la llamada.

Nina dejó el teléfono sobre la cama y soltó un suspiro profundo.

Ruby, sin poder contener la risa, se acercó por detrás y la abrazó, apoyando el mentón sobre su hombro.

—¿Te he causado problemas? —preguntó con dulzura.

Nina negó con la cabeza.

—No, pero mi tía es policía, y está en su naturaleza interrogar y dudar de todo.

Ruby rio suavemente antes de inclinarse y dejar un beso en la mejilla de Nina.

—Supongo que ahora tengo que hablar con mamá Lindy… —dijo con cierta diversión, sacando su teléfono.

Nina se dejó caer sobre la cama con el rostro enterrado en la almohada.

El fin de semana iba a ser interesante.

Subaru se encontraba frente a una mansión enorme… corrección, un castillo. Era una estructura imponente, de esas que solo veías en cuentos de hadas o en Disneyland, no en Japón. Para ella, como policía y una persona con una vida mucho más sencilla, este tipo de excesos solo le parecían un recordatorio de la diferencia de clases.

A su lado, su sobrina Nina estaba completamente roja de la vergüenza, enterrando la cara en sus manos mientras murmuraba cosas inaudibles.

—No puede ser, no puede ser… esto es un desastre…

Subaru no entendía por qué estaba tan avergonzada. Para ella, esto no era más que una simple reunión, pero en los ojos de Nina, era un espectáculo ridículo.

El problema no era solo que su tía estuviera con su uniforme de gala, sino que estaban en la patrulla oficial de Subaru, estacionadas en la entrada como si estuvieran a punto de hacer una redada.

Desde su asiento, Nina pudo notar cómo varios guardias de seguridad se habían detenido a observarlas con miradas de confusión y alerta. Algunos susurraban entre ellos, otros se comunicaban por radio. Definitivamente, esto parecía cualquier cosa menos una simple visita.

—Tía, ¿era necesario venir con la patrulla? —susurró Nina con desesperación.

—Estoy en servicio. —respondió Subaru, con calma absoluta.

—Pero no estás aquí por un caso, ¡estás aquí porque quieres interrogar a la mamá de mi novia!

Subaru esbozó una sonrisa de medio lado.

—Interrogar no es la palabra correcta. —dijo con voz calmada, sin soltar el volante— Estoy asegurándome de que alguien se haga responsable de ti mientras estés fuera.

Nina se dejó caer contra el asiento con un suspiro derrotado.

Mientras tanto, un guardia de seguridad de mayor rango se acercó con paso cauteloso, sus botas resonando en la entrada de la mansión. Se detuvo junto a la ventana del conductor y golpeó el vidrio con los nudillos.

Subaru lo escaneó rápidamente con la mirada. Chaleco antibalas, radio de comunicaciones en la oreja derecha, pistola semiautomática en el cinto… No eran simples vigilantes, estaban entrenados y bien equipados. ¿Por qué necesitaban tanta seguridad?

Con un leve gesto de la mano, Subaru bajó la ventana.

—Oficial, ¿tiene algún pendiente con la familia Harlaown? —preguntó el guardia con un tono de precaución.

Subaru mantuvo su mirada fija en él, sin inmutarse.

—Vengo a hablar con Lindy Harlaown.

El guardia se tensó. La policía venía a ver a la matriarca. No había forma de que eso fuera una buena noticia.

Antes de que pudiera responder, una voz firme y elegante interrumpió la conversación.

—Sujihara, por favor, déjame esto a mí.

Alexandrina Seraphine apareció tras la reja, con su postura recta y su mirada calculadora.

El guardia hizo una leve inclinación de cabeza y dio un paso atrás, dejando que la supervisora tomara el control.

Subaru salió del auto y avanzó hasta quedar frente a Alexandrina, sin apartar la mirada de la mujer.

—Oficial… —comenzó Alexandrina con cortesía, pero Subaru la interrumpió sin titubeos.

—Mayor.

—¿Perdón?

—Mayor Subaru Nakajima, de la policía metropolitana de Sapporo.

Alexandrina entrecerró los ojos por un momento antes de inclinar levemente la cabeza en disculpa.

—Me disculpo, Mayor Nakajima. ¿Qué la trae a la mansión Harlaown un sábado por la mañana?

Subaru no bajó la guardia.

—Tengo una conversación pendiente con Lindy Harlaown. Su hija Ruby le confirmó a mi sobrina que podíamos venir hoy a discutir un asunto en particular.

Alexandrina asintió lentamente.

—Sí, la matriarca me mencionó su llegada. Sin embargo… llegar con una patrulla de policía es…

—…. ¿Cual es su nombre? —interrumpió Subaru de nuevo.

Alexandrina exhaló por la nariz antes de responder.

—Alexandrina Seraphine, Jefa Supervisora y ama de llaves de la familia Harlaown. —dijo con formalidad, haciendo una leve reverencia— Aprecio que esté en servicio, Mayor Nakajima, pero…

—Estoy en servicio, lo cual indica que después de la reunión, debo regresar al cuartel de la policía.

Alexandrina simplemente asintió, sin discutir más.

Con un ligero toque en su tableta, las enormes rejas comenzaron a abrirse lentamente.

—La matriarca la espera. Pase y estacione su vehículo en el área de parking. Uno de nuestros guardias le indicará dónde.

Subaru se giró sobre sus talones y regresó a la patrulla. Nina, aún roja, la observó con los ojos muy abiertos.

—¿Y bien? —preguntó Subaru, mientras encendía el motor.

—¿Por qué eres así? —susurró Nina, ocultando su rostro entre sus manos.

—¿Así cómo?

—¡Tan intimidante! ¡Parecía que estabas a punto de arrestarlos a todos!

Subaru solo sonrió de lado.

—¿Ves? No fue tan difícil.

Nina se hundió en su asiento, sabiendo que esto iba a ser un largo día.

El rugido del motor de la patrulla resonó en el amplio camino de entrada mientras Subaru manejaba con precisión hacia el interior de la propiedad Harlaown. Para Nina, todo aquello se sentía como un espectáculo exagerado. Siendo sincera, la idea de que su tía llegara en una patrulla de policía, vestida con su uniforme de gala y con su insignia de mayor en el pecho, le parecía demasiado.

Pero para Subaru, era su forma de imponerse. No era una mujer que se dejara intimidar, y mucho menos por la clase alta.

Desde el asiento del copiloto, Nina observaba con el rostro completamente rojo mientras las elegantes y pulcras áreas verdes de la propiedad pasaban por su ventana. Todo era demasiado lujoso. Demasiado fuera de su alcance.

El camino se extendía varios metros más hasta que llegaron a un enorme pórtico de estacionamiento cubierto, con espacio suficiente para múltiples vehículos de alta gama. Un guardia ya las estaba esperando para indicarles dónde aparcar.

Subaru apagó el motor y se giró hacia Nina.

—Muy bien, Nina. No hagas tonterías.

—¿Qué tipo de tonterías podría hacer? —preguntó Nina con fastidio.

—No lo sé, pero conociéndote, seguro algo.

—...Tía.

Antes de que pudiera responder, la puerta del copiloto se abrió y un guardia de seguridad extendió una mano para ayudar a Nina a bajar. Subaru se bajó con calma y se estiró un poco antes de cerrar la puerta.

El guardia, manteniendo su postura profesional, le dirigió una mirada firme.

—Mayor Nakajima, por protocolo, no se permite el ingreso con armas de fuego dentro de la residencia principal.

Subaru suspiró pesadamente. Esto era algo que ya había experimentado con los Takamachi. Sin decir nada más, sacó su pistola 9mm de su funda, la descargó con un movimiento ágil y la entregó al guardia.

—Quiero que la guarden en un lugar seguro. Si algo pasa, la quiero intacta cuando salga.

El guardia asintió y se la llevó.

—Gracias por su cooperación. Puede seguir adelante.

Subaru puso los ojos en blanco mientras avanzaba junto con su sobrina.

En la entrada de la mansión, Alexandrina Seraphine las esperaba con su porte impecable.

—Mayor Nakajima. —dijo Alexandrina con una inclinación cortés de la cabeza.

—Señorita Seraphine. —respondió Subaru con la misma seriedad.

La diferencia de estatura entre ambas mujeres no era mucha, pero Subaru proyectaba una presencia de autoridad imposible de ignorar. Alexandrina, por su parte, mantenía su compostura elegante, con una leve sonrisa en el rostro.

—La matriarca las espera. —anunció, girándose para guiarlas hacia el interior.

Pero antes de que pudieran dar un paso más, una figura familiar apareció al lado de Alexandrina con una sonrisa.

—Nina, bienvenida.

Era Ruby.

Nina la miró por un momento, sintiendo su rostro arder un poco más. ¿Por qué tenía que verse tan linda incluso en un día libre?

—Hola… —respondió Nina, con un susurro casi inaudible.

Subaru la miró de reojo, arqueando una ceja. ¿Desde cuándo su sobrina se volvía un tomate ambulante con solo ver a su novia?

Mientras caminaban hacia el interior, Ruby tomó suavemente la mano de Nina y la entrelazó con la suya.

—¿Estás nerviosa? —susurró Ruby, con un tono divertido.

—¿Que si estoy nerviosa? ¡Estoy muriendo por dentro!

Ruby rió, inclinándose para darle un beso fugaz en la mejilla.

—Mi mamá no es tan aterradora.

—¿¡Cómo que no!? Es una de las personas más influyentes del país, Ruby.

Ruby solo sonrió.

—Si te ayuda, prometo estar a tu lado todo el tiempo.

Nina no respondió, pero apretó la mano de Ruby con un poco más de fuerza.

—Y si mi tía se pasa de intensa, prométeme que me rescatarás.

Ruby rió más fuerte.

—Prometido.

Al ingresar a la mansión Harlaown, Subaru se sintió incomoda. Todo era enorme. Desde los ventanales que dejaban entrar la luz natural hasta los tapices elegantes y la decoración sobria pero exquisita. Definitivamente, esto no era el tipo de casa en la que ella se sentía cómoda.

Fueron guiadas hacia una sala de reuniones de lujo, donde Lindy Harlaown estaba sentada en un elegante sillón de cuero oscuro, con una taza de té en la mano y una expresión serena.

A su lado, Saori y Precia conversaban tranquilamente, pero al notar la llegada de los invitados, ambas sonrieron con cortesía.

—Bienvenidas. —dijo Lindy, posando su mirada en Subaru.

Subaru avanzó con pasos seguros y se cuadró formalmente antes de hablar.

—Mayor Subaru Nakajima, de la Policía Metropolitana de Sapporo. Aprecio la invitación y su tiempo para esta reunión.

Sin embargo, en cuanto Subaru mencionó su apellido, Saori alzó ligeramente las cejas, su expresión mostrando un atisbo de sorpresa y curiosidad.

Lindy sonrió con amabilidad y dejó su taza sobre la mesa.

—El placer es nuestro, Mayor Nakajima. Permítame presentarles formalmente a mis esposas. —hizo un gesto elegante hacia las mujeres a su lado— Saori Harlaown y Precia Harlaown.

—Bienvenida, Mayor Nakajima. —agregó Precia con un tono amable.

Subaru asintió con educación.

—Un gusto. —dijo Saori con una sonrisa.

—El gusto es mío.

—Disculpe, Mayor Nakajima… —comenzó con cautela—. ¿Por casualidad usted conoce a una tal Ginga Nakajima?

Subaru arqueó una ceja y la miró con atención.

—Sí, es mi hermana.

Saori abrió un poco más los ojos, claramente sorprendida. Su expresión suavizó notablemente, como si aquel nombre trajera consigo recuerdos lejanos.

—¿Cómo está ella? —preguntó con genuina preocupación—. Hace mucho tiempo que perdimos comunicación…

Subaru, quien ahora observaba a Saori con más detenimiento, respondió con tono neutral, aunque algo más relajado.

—Ginga está bien. Vive en mi casa con mi esposa y está llevando una vida estable.

Saori soltó un pequeño suspiro de alivio y sonrió con calidez.

—Me alegra saberlo. Fuimos conocidas hace mucho tiempo. No puedo evitar preocuparme por ella.

Subaru asintió con la cabeza, ahora entendiendo un poco más la reacción de Saori. No era el momento ni el lugar para profundizar en los detalles, pero aquello quedaría en su mente para más adelante.

Lindy, observando el intercambio con interés, decidió retomar la conversación central.

—Bueno, pasemos al asunto principal.

Subaru volvió a enfocarse y habló con firmeza.

—Mi sobrina me informó que su familia la está invitando a China por una semana. Quiero saber exactamente bajo qué circunstancias.

Lindy dejó su taza sobre la mesa con calma y cruzó las manos sobre su regazo.

—Entiendo su preocupación, Mayor Nakajima. —dijo con su tono tranquilo— Y la aprecio. No tienes que preocuparte, Nina estará completamente segura bajo nuestra supervisión.

Subaru entrecerró los ojos.

—Apreciaría detalles más concretos.

Lindy esbozó una pequeña sonrisa.

—Ruby pidió que su novia nos acompañara, y consideramos que no habría problema en llevarla. Todas nuestras reservas están hechas en hoteles de lujo con estrictos protocolos de seguridad. Nina tendrá su propia suite, y estará bajo el cuidado de nuestro equipo de seguridad personal, además de contar con la presencia de Ruby en todo momento.

Subaru frunció los labios.

—¿Y el aspecto financiero?

—Todo corre por nuestra cuenta.

—¿Todo?

—Sí. Pasajes, estadía, comida, transporte y cualquier necesidad que tenga Nina estarán cubiertas por nuestra familia.

Subaru sintió que le dolía la cabeza. Esto sonaba demasiado bueno para ser cierto.

—¿Y en caso de que haya un problema o emergencia, qué medidas han tomado?

Lindy respondió con naturalidad.

—Nuestro equipo de seguridad está compuesto por ex agentes de inteligencia y fuerzas especiales altamente capacitados. Además, el evento al que asistiremos estará fuertemente resguardado por la seguridad china.

Subaru exhaló pesadamente. Los Harlaown no escatimaban en seguridad, eso era seguro.

Miró a Nina, quien se encogía en su asiento con nerviosismo.

Finalmente, Subaru suspiró y cruzó los brazos.

—Está bien.

—¿Eso significa que apruebas el viaje? —preguntó Ruby con una sonrisa esperanzada.

Subaru resopló.

—Significa que, aunque tengo mis reservas, confío en que no pondrán a mi sobrina en peligro.

Lindy sonrió.

—Nos alegra contar con su confianza, Mayor Nakajima.

Subaru la miró fijamente y con voz seria agregó:

—Pero si algo le pasa a Nina, si ocurre el más mínimo incidente, la persona con la que tendrán que lidiar seré yo.

Lindy simplemente tomó otro sorbo de su té.

—Lo tendré en cuenta.

Lindy dejó la taza sobre la mesa con tranquilidad y miró a Subaru con una expresión más relajada.

—Dígame, Mayor Nakajima, ¿tiene algunos minutos más?

Subaru la miró con suspicacia, pero asintió.

—Sí, ¿por qué?

Lindy sonrió y luego giró hacia Ruby y Nina.

—Ruby, querida, ¿por qué no llevan a Nina a tu habitación o al jardín? Nos gustaría conversar algunos asuntos con la Mayor Nakajima en privado.

Ruby entendió la indirecta y asintió rápidamente.

—Sí, mamá.

Se giró hacia Nina y tomó su mano con dulzura.

—Vamos, te enseñaré algo bonito del jardín.

Nina la miró con algo de duda, pero cuando Ruby entrelazó sus dedos con los suyos, decidió seguirla sin más.

Cuando ambas salieron de la sala, Lindy exhaló con calma y cruzó las piernas, observando a Subaru con una mirada más analítica.

—Bien, Mayor Nakajima. ¿Qué tanto conoce usted a Shiro Takamachi?

La pregunta de Lindy tomó por sorpresa a Subaru.

"¿Qué tanto conoce usted a Shiro Takamachi?"

Subaru parpadeó, sintiendo que la conversación tomaba un rumbo inesperado.

Shiro Takamachi…

Si era honesta consigo misma, sabía muy poco sobre él. Era un hombre envuelto en un aura de misterio, con más conexiones de las que cualquiera podría imaginar. Su poder no se limitaba a lo económico, sino a las relaciones que había construido con las familias más influyentes del mundo. Siempre había algo oculto tras su imagen impecable.

Suspiró y apoyó los codos en la mesa.

—No mucho. ¿Por qué la pregunta?

Lindy tomó un pequeño sorbo de su té antes de responder.

—Porque es raro que alguien como Shiro Takamachi acceda a ayudar a alguien así como así.

Subaru entrecerró los ojos.

—¿A qué se refiere?

Lindy dejó la taza con calma y cruzó las manos sobre su regazo.

—¿Sabe usted que está en un estado de fidei pendens?

Subaru alzó una ceja.

—¿Fidei pendens?

Alexandrina Seraphine, quien se encontraba de pie junto a Lindy, intervino con su tono impecablemente profesional.

—Fidei pendens significa que tiene usted una deuda… un favor pendiente con Shiro Takamachi. Un favor que él puede cobrar en cualquier momento, y usted estará obligada a cumplir sin rechistar.

Subaru sintió una punzada de incomodidad. Entendía a la perfección lo que decían.

Era sobre Ginga.

Sobre cómo Shiro Takamachi había intervenido en un asunto que nadie más pudo resolver, sobre cómo le había dado la oportunidad de salir del bajo mundo.

El favor no había sido para ella, sino para su hermana.

Lindy la observó con atención, evaluando cada uno de sus gestos.

—¿Qué fue lo que la obligó a comprometerse con los Takamachi? —preguntó con suavidad.

Subaru entrecerró los ojos.

—¿Estoy obligada a responder?

Lindy sonrió con diversión.

—No. Pero sería bueno saberlo. ¿Sabe que pocas personas pueden oponerse a los Takamachi?

Subaru no respondió de inmediato. No le gustaba cómo sonaba eso.

—¿Es algún tipo de chantaje?

Lindy rió suavemente y negó con la cabeza.

—Le conviene tener más aliados, Mayor Nakajima. Al igual que a nosotras, nos conviene tener aliados dentro de la policía.

Subaru mantuvo su expresión firme, sin demostrar ni aceptación ni rechazo.

—El favor no fue para mí. Fue para mi hermana. Ella vivía tiempos difíciles. Necesitaba ayuda para sacarla de donde estaba.

Lindy asintió con comprensión.

—Una causa noble, Mayor. Digno de alguien que sigue el camino de la justicia.

Subaru no respondió. No necesitaba que le dieran elogios.

Lindy cambió ligeramente de postura y apoyó un codo en el brazo de su asiento.

—¿Sabe usted que el evento al que vamos es la coronación de la emperatriz de China?

Subaru asintió.

—Sí, varias casas han sido invitadas.

—Exactamente. Las casas más poderosas de cada nación han sido convocadas… excepto alguien.

Subaru frunció el ceño.

—¿Quién?

—Shiro Takamachi.

Subaru levantó la cabeza con una expresión de sorpresa.

—¿Lo vetaron?

Lindy sonrió levemente.

—Así es. Nanoha, su hija irá en representación de su familia, pero los chinos no confían en su padre.

Subaru entrecerró los ojos.

—Eso es extraño.

—Lo es. —asintió Lindy— ¿No le parece sospechoso, Mayor?

Subaru cruzó los brazos y meditó en ello.

Shiro Takamachi tenía una presencia demasiado fuerte en la economía y política global. Era el tipo de persona que no podías ignorar, y sin embargo, China lo había excluido de un evento tan crucial.

—Habrá hecho algo que molestó a los chinos. —dijo en voz alta, más para sí misma que para los demás.

—O quizá oculta algo. —respondió Lindy con calma— Algo que los chinos descubrieron y no les gusta.

Subaru no podía descartar ninguna posibilidad.

—Si lo han vetado, significa que hay razones de peso detrás.

Lindy asintió.

—Es una suposición. Pero, como dije antes, Mayor Nakajima, le conviene tener aliados.

Subaru la miró con detenimiento.

—Habla como si una guerra se avecinara.

Lindy suspiró y tomó otro sorbo de su té.

—No una guerra tradicional… pero el equilibrio de poder cambiará. Los chinos van a tener mayor control en ciertas áreas, y el balance se verá afectado.

Subaru frunció el ceño.

—La gente no lo notará de inmediato, pero lo sentirán a largo plazo.

Subaru entendió el mensaje. Era un asunto de poder e influencia.

El público no vería la lucha, pero el mundo entero sentiría sus consecuencias.

Miró su reloj.

—Debo retirarme. Iré por Nina.

Lindy le ofreció una sonrisa serena.

—Si gusta, puede dejarla con nosotros. La llevaremos a su departamento más tarde.

Subaru dudó por un momento.

—Déjela disfrutar con Ruby. Nos aseguraremos de que regrese sana y salva.

Subaru exhaló con resignación y asintió.

—Está bien. Pero si ocurre cualquier problema, me llaman de inmediato.

—Por supuesto.

Subaru se puso de pie y saludó formalmente a las presentes antes de partir.

Cuando salió de la mansión y regresó a su patrulla, su mente seguía en un solo pensamiento.

¿Seguía siendo Shiro Takamachi un hombre en quien se podía confiar?

Era una pregunta que no podía ignorar.