Como zorros y conejos...
- "Hey, estoy cuerdo" – Personajes hablando normalmente.
- (Tal vez no tanto) – Pensamientos.
Disclaimer: El mundo, razas, conceptos, artilugios y personajes presentados pertenecen a Kenkou Cross, Rick Veitch, Garth Ennis, Pat Mills y Kevin O'Neill, Heart Machine, Goichi Suda (Suda51), entre otros. No soy dueño de nada.
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La luz del sol se deslizaba entre las copas de los arboles y con su llegada se despertaban los pequeños animales del bosque, pequeñas aves cantoras de muchas especies que soltaban sus delicadas melodías para endulzar los oídos de quien las oyera, las ardillas que recorrían las ramas enmarañadas con la ansiedad por conseguir sus preciadas semillas y frutos secos para el invierno que se acercaba amenazante, los sigilosos y ágiles zorros rojos que se movían entre las sombras de los troncos en búsqueda de las presas esquivas que saltaban entre los traicioneros arbustos espesos que ocasionalmente dejaban que los conejos quedaran atrapados entre las bifurcaciones de la madera.
Lo ultimo era aprovechado por los zorros, quienes inteligentemente aprovechaban la situación desafortunada de los inofensivos mamíferos lagomorfos para darles la mordida final, aunque habían algunos cuantos que ignoraban a los pequeños lepóridos atrapados por aquellos que estaban libres y escapando.
¿Por que hacían esto?, te estarás preguntando, la respuesta es muy sencilla, a ellos les gusta la emoción de la cacería, de hecho, a todo depredador le encanta saber que su presa esta dando todo de si para librarse de la muerte cercana y que el cuerpo de ambos se esta llenado de adrenalina en la persecución.
Pero el ciclo de vida del bosque no nos incumbe, lo importante era aquello que ocurría a unos escasos metros, en un pequeño claro del bosque.
‑ "¡Hyaaa!" ‑ Se escucho el grito de una jovencita que ahogo el cantar de la fauna, su voz se escucho llena de esfuerzo, furia, cansancio y, lamentablemente, decepción hacia si misma, sentimientos que la consumían lentamente con cada gota de sudor o el punzante dolor en sus extremidades inferiores al dar patadas y zarpazos contra la madera de un árbol que servía momentáneamente como un muñeco de entrenamiento improvisado. ‑ "¡No, no, no, no, esto no es suficiente, nunca es suficiente!… ¡Necesito mas fuerza para acabar con el maldito!" ‑
La voz provenía de una Arpía negra, con vendajes en varias partes de su cuerpo, rodeando su torso casi en su totalidad, en los muslos, en sus hombros y parte de las que alguna vez fueron las orgullosas alas con las que surcaba los cielos velozmente…
Con un cuerpo tan destrozado como el suyo, ya era bien conocido por la misma Mamono y todos a su alrededor que ella no volvería a volar. Los huesos en sus alas estaban tan rotos que requerían de magia muy rara y costosa para poder revolotear unos pocos metros por encima del suelo.
Esta mujer ave oscura, de cuerpo y mente irremediablemente dañada, siguió golpeando la corteza con sus garras hasta que algunas perdieron el filo por los impactos y sintiendo la piel de la planta de sus pies enrojecerse.
Ella quería venganza, la dulce y satisfactoria venganza por la muerte de sus hermanas y madre, por sus amorosos tíos que perecieron… No, que fueron asesinados en el reino Lescatie por acción del monstruo verde, el demonio de las chispas, el maldito bastardo que había arruinado su vida.
La Arpía, de nombre María, quiere acabar con ese malnacido de la manera mas lenta y humillante posible.
Esto es algo increíble, una Mamono no podría, o al menos no debería, desear la muerte de esa manera tan brutal a un humano, era parte de la naturaleza impuesta por la señora de los monstruos actual como un intento de separarse de las ideas de las violentas y patéticas criaturas antiguas.
María se había vuelto una excepción mas a esta regla… Y ella solo siguió esforzándose, haciendo que la mañana se volviera el medio día y que el medio día se vuelva el atardecer.
Sudando su disconformidad a gota gorda y exhalando su odio hacia Bullet Colt para inhalarlo de regreso a su cuerpo siguiendo con ese ciclo de furia autodestructiva.
‑ "¡Por la reina demonio, María, joven cuervo!, ¡Te encontré!" ‑ Se escucho la voz preocupada y ligeramente profunda de una mujer, una High Orc llamada Sertes, líder de una pequeña tribu de Orcos que en el pasado habían tenido un encuentro letal en Zorzal con el infame demonio de las chispas y que se habían librado de ese horrible destino por la acción de una integrante joven, Malacka, que se planto frente al bastardo a pedir clemencia.
María giro su cabeza un poco en dirección a Sertes, detestaba que la llamaran "cuervo", eso le recordaba su único encuentro cara a cara con ese demonio de chaqueta verde, en ese pueblo llamado Wellspie, ubicado al oriente de la capital de la Orden y con frontera a Welsple.
El bastardo la había llamado "cuervo" después de haber asesinado a toda la parvada familiar.
Ella estaba muy metida en sus linea de pensamiento que nunca se dio cuenta de cuando había llegado la High Orc a un lado suyo, a dos o tres pasos de distancia.
‑ "María, todos demás buscarte, estar muy preocupados, Malacka preguntar mucho por ti" ‑ La preocupación era palpable en el tono de la mujer jabalí a pesar de su acento algo primitivo por momentos. ‑ "¿Que estar haciendo?, ¿por que irte sin avisar?… Aun estas muy lastimada… Y apenas hace dos días que por fin te levantaste de cama..." ‑
La Arpía no contesto, solo bajo la cabeza y procedió a seguir golpeando el árbol. Esa acción alerto a Sertes, María no debía sobre esforzarse.
‑ "¡¿Que haces?!" ‑ Pregunto asustada ante la posibilidad de que la joven ave se dañara mas, así que rápidamente llevo sus manos al área menos afectada, la cintura de la Arpía negra, e intento separarla del árbol.
‑ "¡¿Eh?!, ¡suéltame, Sertes, maldición!" ‑ La reacción de la joven ave era la esperada, enojo. Ella agitaba sus alas vendadas o movía su torso a pesar de que eso le provocase un insoportable dolor punzante y una sensación de ardor. ‑ "¡Suéltame, te lo ordeno!, ¡necesito seguir practicando, por favor, esto no es suficiente contra el!, ¡nunca es suficiente contra el monstruo verde!" ‑
‑ "¡Por Lilith, eso no valer la pena!, ¡tienes que curarte pri‑" ‑ Sertes se separo de la Arpía oscura al sentir el golpe que le había propinado con la parte trasera de la cabeza, realmente no le daño mucho pero si causo una enorme molestia en su nariz.
La High Orc llevo su mano a su nariz y después miro a María, quien se había movido y estaba parada a unos 3 metros de ella, de espaldas, sin siquiera dignarse a verla.
‑ "Déjame sola..." ‑ Fue lo único que pronuncio la chica ave. ‑ "Solo hazlo, por favor..." ‑
Sertes la siguió viendo preocupada, la mujer jabalí y su tribu habían estado a cargo de joven cuervo desde que la habían encontrado viva pero en un estado grave entre los escombros y cadáveres de una posada en Lescatie.
Tal vez no se conocieran mucho, pero esos Orcos eran los últimos con los que habían hablado antes del penoso fallecimiento de… Bueno, la Weresheep y el Incubo que la cuidaban, tal vez eso fue lo que genero en la tribu un deseo altruista de cuidar a la joven cuervo.
‑ "P‑pero tus heridas…" ‑ Fue lo único que alcanzo a decir antes de ser nuevamente callada.
‑ "¡Solo déjame!, ¡¿esta bien?!" ‑ Exclamo con molestia, con esas palabras se lo dejo muy en claro a Sertes.
La High Orc solo asintió con la mirada baja.
‑ "S-si, solo… Solo no regresar muy tarde" ‑ Dijo Sertes mientras se retiraba a paso lento y, como era de esperarse, la Arpía no le contesto mas.
Una vez que estuvo completamente sola, María siguió golpeando el tronco con sus garras hasta que estas sangraron…
Su cuerpo seguía doliendo y, aun así, nunca se iba a detener…
En su mente recorrían las imágenes de su tía Selene y de su tío Frederic, ambos muertos por esa explosión y con partes de su cuerpo aplastadas por los escombros o atravesadas por la madera.
Como todo estaba yendo tan bien en su vida, con una madre y hermanas amorosas, para que todo se fuera de entre sus plumas como la oscura ceniza por culpa de un maldito… Un cruel, terrible y violento monstruo verde.
Ya no le importaba morir enfrentándolo, solo esperaba lastimarlo, aunque sea un poco, como una cicatriz o un rasguño… O quitándole algo que tanto aprecia.
Y entonces, sin que ella se diera cuenta, en el cielo, una cosa, pequeña y alargada, de menos de 10 centímetros de tamaño que tenia un pedazo de papel atado a un costado y hecha de metal reluciente comenzó a descender a directamente hacia ella con mucha velocidad.
No tardo mucho en chocar contra la coronilla de su cabeza.
¡TAC!
‑ "¡Ouch!" ‑ La arpía intento aliviar el dolor del impacto al llevarse sus alas a su cabeza, aunque eso le terminara provocando una punzada dolorosa en sus extremidades. ‑ "¿Que fue eso?" ‑
Adolorida, miro a su alrededor y fue entonces que su vista se centro en un pequeño objeto que no había caído muy lejos de ella, dio dos pasos, se agacho y recogió esa extraña cosa.
Era un cilindro metálico reluciente, al moverlo un poco se dio cuenta que tenia un liquido en su interior, a un costado pudo ver que tenia una letras talladas que decían "Borealis", y en una de las caras tenia una especie de botón y en la otra una entrada, además de todo lo anterior, a un costado tenia un pequeño papel que parecía tener algo escrito.
Con algo de dificultad logro sacarlo de la superficie del cilindro plateado y al abrir el papel vio un mensaje escrito con una letra que no pareciera ser escrita a mano.
Esto era lo que decía:
"He oído tu deseo, es hermoso, acá esta algo que te ayudara a cumplirlo… Aprovéchalo bien, joven cuervo"
‑ Tu amigo siempre vigilante, G.
Termino de leer eso y dejándose llevar por la curiosidad apretó el botón de cilindro, al instante, de la otra cara salió una punta delgada como un pelo que goteaba una extraña sustancia negra tornasol.
De la impresión, soltó el botón y la punta se retrajo.
Sostuvo el objeto cerca de su cara y repaso en su cabeza la promesa de mas poder… Para enfrentarse al bastardo que acabo con sus seres queridos.
Miro al cielo, ya estaba comenzando a oscurecer y ya necesitaba retirarse hacia donde estaba el resto de la tribu de Orcos.
Claro, no sin antes guardar el pequeño cilindro entre sus ropas y vedas, algún día…
Algún día, seremos como zorros y conejos… Y ella cazara al monstruo verde sin importar que...
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Hola, ¿Qué tal?, se preguntaran por que el capitulo es tan corto(no pasa de las 2000 palabras), ¿verdad?, sencillo...
Se podría decir que es una especie de avance, estoy haciendo algo que lamentablemente me va llevar bastante tiempo y pues esto es para que no piensen que he abandonado la historia.
Se vienen cosas grandes, violentas, salvajes, enfermizas, graciosas y tristes.
