Disclaimer 1: Fanfic sin ánimos de lucro. The Loud House es creación de Chris Savino, propiedad material de Nickelodeon Intl, y está bajo licencia de Viacom International Media y Jam Filled Entertainment.
Disclaimer 2: Los materiales referidos y/o parodiados son propiedad intelectual y material de sus respectivos creadores.
Disclaimer 3: basado en los sucesos del universo de Tierra de Sombras, de El Caballero de las Antorchas
Fiat tenebris
Ronnie Anne
La Gran Mortandad
Great Lakes City, Illinois
8 de mayo de 2018
A veinte calles del Mercado Casagrande
A veces, la mejor solución es simplemente dejar las cosas como están y aprender a vivir con ellas.
-Michael Crichton, escritor estadounidense
Las cosas han cambiado mucho desde que Carlos falleciera.
Primero, tras la primera semana después de la deserción de la Orden Blanca y los Guardianes, no ha habido día en que no hubiera ejecución. Así, no pocos, por igual refugiados y ciudadanos, hallaron su fin. Después de eso, si bien las tasas reportadas (escasas y, a final de cuentas, mal documentadas) eran publicadas, no por ello tenían un asidero cómodo ni mucho menos.
Uno de los problemas más duros, sin embargo, lo representaba el creciente desabasto de mercancías, en lo particular comida. A pesar de los esfuerzos de las ya proclamadas "Fuerzas de Gobierno", los cada vez más reducidos convoyes iban fuertemente escoltados en medida de lo que las tropas pudieran proporcionar. Se daba por descontado que había varias bandas a la expectativa, pero cada baja que estás producían en los asaltos era ya algo grave. Llegaron al punto que Par había sido objeto de un intento de linchamiento por no ceder nada a los asaltantes en más de una ocasión.
Hasta donde los Casagrande y conocidos pudieron resolver para paliar la falta de alimentos, una solución práctica había sido aprovechar los cada vez más osados intentos de algunos dinosaurios y otras criaturas que pudieran cazar o trampear. En esto, al principio Bobby y Carlota se veían obligados a ir junto con Miranda y algunos vecinos más a algunas batidas, pero los resultados eran mixtos yendo a magros. Para colmo, a la hora de repartir las presas a menudo llegaron a estallar algunas peleas que, para variar, varias llegaron a oídos de la milicia, satisfecha por tener algo en qué ocuparse.
Sin embargo, en el seno de la familia las cosas no estaban tan bien. Entre la depresión de Rosa y los cuatro saqueos de los que el Mercado había sido víctima desde que Carlos fue asesinado -desde la perspectiva de los ancianos-, la relativa inoperancia de los mayores cazando y la ya confirmada deserción de María en cuanto tuvo oportunidad al ver atacado el estadio con un alto número de bajas entre médicos y soldados, la situación entre los menores era más que tensa. CJ, en particular, salió afectado, pues pese a contar ya quince años lo siguieron tratando como a un bebé por su condición, estando a cargo de Carlitos en vista de la inoperancia de Frida producto de su duelo. Para colmo, el caso de Ronnie Anne y Carl era ya considerado por todos como una guerra no declarada. Aunque desconocían el por qué, la presencia de Nikki había sido un pequeño consuelo ante las noticias que habían llegado desde marzo.
Los tiempos se hicieron muy aciagos. Si el año pasado les pareció un infierno por los tres saqueos que padecieron, los siguientes meses y todavía lo ocurrido recién se podrían considerar, con justicia, peores todavía. Con Rosa muy afectada de haber perdido a Carlos, Héctor aferrándose todavía a mantener el Mercado a flote pese a haber pasado por un par de asaltos y la tía Frida sumida en un dolor que apenas le dejaba una rutina monótona, a su madre le tocaba tomar las riendas,
Por lo menos, algo que agradecía la familia -los miembros más funcionales, por lo menos- era que la energía, el agua corriente y las comunicaciones todavía siguieron funcionando. De vez en cuando tenían sus altibajos, con días a las mi maravillas o con apenas mantenimiento, pero era de agradecer. En esto, CJ lo tenía más o menos cubierto, con su hermano tomando nota de lo que pudiera servir de ayuda, pues lo malo era que los trabajadores de las centrales eléctricas y plantas hídricas cada día eran menos, y no había día en que los apagones y fugas fueran fuente de problemas.
Ronnie Anne estaba bastante atenta a cualquier cosa que pudiera suceder. Hace semanas que apenas empezó a menstruar, pero eso no era importante, pues entre las cosas que los Chang dejaron atrás había precisamente un gran número de toallas sanitarias que no pudieron cargar. No tenía el problema gracias a ellos, pero debía estar al pendiente. Con dos mujeres todavía en edad fértil, ella misma y una adolescente que vio trastornado su ciclo por las tensiones de los últimos tiempos, había que cuidar esa provisión en particular.
Apelando un poco a cómo veía las cosas desde que Nikki le hizo saber de su total orfandad y su inmediata acogida, para malestar de Carlota y Carl, supo que su amiga se había ganado a pulso su sitio, pero dadas las condiciones en las que están justo ahora, no era ni el momento ni el lugar para discutirlo. Era la primera vez que salía en meses y, con toda seguridad, será la última que lo haga hasta nuevo aviso. Tuvo el renuente permiso de su madre gracias a su insistencia, pero está cometió un error de cálculo al dejarla salir en su primera batida de recolección acompañando a Nikki. Batida que, por desgracia, salió terrible al convertirse en una operación de rescate.
Escondidos en un contenedor de basura, y como si de una película de acción de la carrera temprana de Phoebe Powers se tratara, hizo un esfuerzo por tratar de mantener por los tres la cordura. A pesar del frío invernal remanente, todos llevaban puestas ropas más propias para el invierno por una necesidad que imperaba en este momento. Necesitaban cargar tanto como fuera posible, pero hinvierno perdido las bolsas y los rompevientos que vestían y debían ayudar en su tarea, era obvio que su situación era ya de vida o muerte en el peor de los sentidos.
Mirando a Nikki, le cuesta creer que en la chica relajada y atrevida que conoció y presentó a Lincoln ahora hay una cara fantasmal, demacrada… rota. Sabe que sus padres cometieron un error al asilar a esa gente de Slapneck, feroces adeptos del reverendo Ryker. Sabe que su amiga fue la única superviviente de lo que ahora son los restos de una pira que cometió un error fatal cuando puso un disco de 12 Is Midnight y se negó a convertirse en una de las "vírgenes" de una secta dentro de ese culto. Que, encima de asilar a gente fanática, asilaron a racistas de la más agria cepa, "purificando" el hogar con todos dentro solo porque no querían que el "poder amarillo" quemara sus oídos y los de nadie más.
El par no necesitó hacer un recuento de su círculo social para saber que prácticamente está sola. En los levantamientos que hubo al iniciar la llegada de refugiados, se enteró de que el padre de Casey había muerto por causa de los racionamientos a comerciantes, toda vez que creyó que el chico había fallecido en el sitio. Tras los hechos que llevaron a la muerte de su tío, sus amigos siguieron el mismo camino, pues Casey murió estando al precario y secreto cuidado de Carlota cuando -pensaron- trató de abrirse paso y recibió una bala en la cabeza, y Sameer, tomado por un saqueador, fue golpeado casi hasta la muerte y ahorcado en el estadio de los Gatos como si fuera un criminal de guerra. Los pocos amigos que le quedan, hasta donde cuenta (y no es mucho, lamenta), son Nikki y Laird.
Apenas y lograron sacar con vida a Laird, de quien hasta apenas hoy tuvo noticias. Con apuros, el pelirrojo explicó que, irónicamente, su casa fue de las primeras en caer cuando sus padres tomaron a decisión de amurallarse aún más y llevar en su huida al personal de confianza que no tenía posibilidades de refugiarse. Desde el inicio de la verdadera Ley Marcial de la ciudad que apenas y adoptó como hogar en su momento, Laird ha tenido una aún más acusada racha de mala suerte, si eso aplicaba aún sobre su persona a juzgar por lo que él le contó horas atrás. Si bien se quedó por necesidad con Artemis y los mellizos, en cuanto se levantó el campamento donde se estaban quedando ninguna familia les dio refugio, reduciéndose a robar o hacer pequeños trabajos en el mejor de los casos, aunque la cacería no estaba por completo fuera de su rutina de vez en cuando con malos resultados. Ya de por si delgado, está aún más esquelético que Nikki, y la carrera que emprendieron desde el abandonado edificio donde vivía el entrenador Crawford lo ha mermado demasiado junto con una herida de bala en el brazo reciente.
El ruido sordo de botes cargados y basura derramando por el impacto los puso en alerta máxima. Un sonoro aleteo nasal les indicó a los tres que aquella cosa no estaba demasiado lejos. Palpando los bolsillos de su sudadera -la misma pieza que Lincoln le regalase hace un tiempo) encontró lo que debió de haber usado para proteger a sus amigos y a sí misma.
Se maldijo por no haberla podido utilizar como debiera. Aquella pistola a menudo le trajo más problemas de los que podría solucionar, cosa nada sorprendente porque en más de una ocasión estuvo a nada de perderla por decomiso. La posición de sus abuelos sobre cualquier arma de fuego en la familia es, en pocas palabras, tenerlas tan lejos como fuera posible. O dicho de otro modo, ñas armas estaban prohibidas en la casa.
Asomando, ve a unos cuatro lycaenops, reptiles que tenían un remoto parecido con los mamíferos. Con unos colmillos salientes del hocico, una piel de color rojizo y patas más o menos rectas, su torpe andar se compensaba con la velocidad y voracidad con que atacaban. Ya hace rato que algunos ejemplares de ellos dieron cuenta de varios vecinos, incluyendo a Artemis pero otros, como los que los tenían acorralados, no se sabía de dónde diablos salieron. Con un metro de largo y esos dientes, muchos podrían pensar que no sería gran dificultad incluso cazarlos, aunque sus esperanzas de que fueran animales idiotas se fueron por tierra.
A Ronnie Anne le recordó la primera vez que se encontró con un dinosaurio. No era algo ni mucho menos aterrador, pero las primeras impresiones quedan siempre en la memoria.
~x~
Un año antes…
Molesta por su encierro, Ronnie Anne no se siente para nada cómoda ni consigo misma. Todos los días se fijó la misma rutina, que para pronto se resume en despertar, darse un baño, desayunar, mirar videos, verse con sus amigos en el sótano o el Mercado y volver para las comidas del día antes de ocuparse de las guías escolares y dormir un poco. Si acaso, Sid era una distracción de aquella rutina, pero hasta ella se había vuelto un tanto monótona por momentos.
Las cosas no habían ido tan mal, dentro de lo que cabía. Han pasado dos meses tras el saqueo y Bobby prácticamente no tenía tiempo para nada fuera del Mercado, Frida seguía esperanzada de que la galería reabriera sus puertas y, en general, se tenía buen ánimo en torno a las expectativas de la familia tanto para reponerse como para ir a lo que cualquier ingenuo llamaría la Edad de Oro de la familia.
Todo empezó con algo de lo más extraño, y es cosa que notó hace meses. Había una notable falta de animales callejeros, incluso de algunos caseros que solían salir por su cuenta. Algunos pasaron a ser la cena de noches previas, pero la gran mayoría, desgraciadamente para los defensores y activistas animales, fueron pasados por las armas bajo alegato de "cuestiones de salubridad". La pandilla de gatos del callejón tras su edificio y la banda de palomas encabezada por Sancho entre ellos, aunque la primera lo agradeció Frida debido a su alergia a los gatos.
Una mañana, apenas y tuvo una pequeña brecha, Ronnie Anne azotó la puerta de su cuarto y aprovechó esa distracción para salir a escondidas.
-¿Qué crees que planea Ronalda? -oyó preguntar a Rosa, preocupada.
-¿Y tú que crees, Rosita? -dijo Héctor con ansiedad- Ha de estar buscando cómo no aburrirse estando encerrada. Seguro que hallará la forma de hacerlo -añadió, tomando la sección de historietas del periódico.
-Pues más te vale que sea verdad -resopló Rosa-. Esa niña no se puede estar quieta ni por un segundo.
Decidiendo evitar en lo posible a los Chang y a los Flores, Ronnie Anne se dirige primero a la salida y, evitando a Bobby y al tío Carlos en el mercado, toma una ruta alterna a casa de Nikki, a unas cuadras del edificio.
Mirando por un momento en el callejón al lado del edificio, se distrajo pensando en cómo estaría su padre. En cuanto se habían dado noticias de gravedad a raíz del toque de queda, toda organización no gubernamental con personal fuera del país optó por dejar a sus empleados a su suerte en lugares distantes, y las noticias de disturbios, le parecía, opacan demasiado bien que algo más se estaba cociendo.
Por un segundo, vio una mancha negra que corría a su lado. Sorprendida, pensó en lo tentadora que era la idea de un gato en barbacoa al estilo Boy Scout, glaseado en catsup, melaza, cola y algunas otras cosas que no recuerda. No le importa que cause enfermedades o que a la tía Frida le de alergia, pero con el antojo de alguna carne fresca que le ronda hace días y harta como estaba de tasajos, encurtidos y enlatados, la idea se sembró en cuanto el animalejo tuvo un respiro.
"Solo… quédate quietecito", pidió para sí Ronnie Anne. "Quiero invitarte a tomar un rico, delicioso baño en jugo de carne…"
De la nada, un ser de piel verde, apenas algo más grande que el gato, saltó sobre él. El felino dio cátedra de los más refinados mecanismos que la evolución le dio a su especie en la guerra sin cuartel que resulta ser la carrera evolutiva, mas el extraño invasor, de cuello en forma de S, hocico terminado en V con hileras de pequeños y afilados dientes y un andar similar al de un pollo emitió un graznido y una serie de chillidos que pretendían sonar amenazantes.
En un momento de aquella pelea, el gato alcanza a morder abajo del cuello de su atacante, casi en la unión del cuello y el tórax. Este, chillando por el dolor, aprovechó para devolver el favor con sendas mordidas en el lomo y el torso.
Con hondas heridas sobre su tórax, el gato intentó huir, mas un segundo, un tercer y después una turba de aquellos pequeños seres verdes se abalanzaron sobre él. Ronnie Anne no lo comentaría, pero ese fue el principio de algo que empezaría a invadir algunas de sus más oscuras pesadillas.
Garras, dientes, colas largas y cuerpos estilizados como el cuadro de una bicicleta… y esos chillidos. Esos chillidos que se alzaban por encima de los patéticos maullidos y lamentos del gato que, en cosa de segundos, se quedó en huesos, alguna mancha de sangre y lo poco que no se pudieron comer.
Lejos de sentir el hambre de hace unos pocos segundos, Ronnie Anne no tardó en volver el estómago en el contenedor de basura, descuidando su guardia.
Uno de aquellos seres cargó contra ella, famélico, y empezó un despiadado ataque mientras el resto de su manada daba cuenta de los últimos restos del desgraciado gato. De no ser por los años de práctica en la patineta y la rapidez de reflejos que ello le proporciona, sería la cena de aquellos pequeños rapaces, pero empujar el contenedor para cerrar de golpe fue lo que se le ocurrió para evadirse. La tapa, con un estruendoso chirrido, se cernió como una ratonera para prensar y cercenar el largo cuello de esa criatura.
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Luego de tomar un té de manzanilla sin endulzar y haber comido una telera -de las pocas que quedaban, duras y algo rancias debido a la escasez de harina para las panificadoras- "para curar el espanto", narró lo sucedido. Para no variar las cosas, fue Carlos quien se encargó de -sus palabras, en un tono extrañamente hilarante- "hacer el peritaje".
En el momento en que llegaron al sitio del incidente, el cuerpo ya estaba casi en los huesos y con partes del esqueleto infestadas por las moscas, pero había quedado lo suficiente de la cabeza y del cuello, mismos que están algo maltratados por la tapa del contenedor. Con sumo cuidado, Carlos tomó la cabeza y la metió a una bolsa, misma que puso en una hielera con un pequeño bloque de hielo seco que les prestó Miranda.
Ronnie Anne solo se quedaba mirando junto con Carlota, Carl, Rosa y María cómo Carlos realizaba un rápido estudio de la composición dental, la forma y tamaño del cráneo y las pocas vertebras y garras que pudieron rescatar.
-Es un Compsognathus -dijo Carlos, bastante excitado por el hallazgo-. Ojalá no lo hayas dejado en peor estado, pero el cráneo no miente.
-Parece un pollo -interrumpe Carl, notando que había dientes que podrían ser un bonito collar-. Uno que podría hacernos ricos.
-No sabemos si esa cosa valga algo -objetó Carlota.
-No podrías sacarle los dientes ni aunque quisieras -objetó Ronnie Anne.
-En realidad, podían perderlos y reponerlos. No habrías obtenido mucho dinero de ellos de todos modos y serían inútiles -resopló Carlos.
-¿Y tú dónde estabas? -preguntó Rosa, molesta mientras sostiene una sandalia.
-Solo salí a caminar -respondió Ronnie Anne con honestidad.
-¡Sabes que no debes salir del edificio! -espetó la anciana mujer.
-Como si Carl no lo hiciera -replicó la chica, viendo a su primo sonreír burlón.
-Carl no es el problema aquí, jovencita -reprochó Rosa mientras descargaba un cucharón sobre su nieta-. Les dijimos a todos que solo podían salir solos del edificio cuando todo esto termine.
-¡Cono si eso sirviera de algo! -acusó Ronnie Anne.
-No lo dijo por querer torturarnos -intervino María-, lo dijo para que no pasemos por lo que dices que le pasó a ese gato.
-¡Pero las turbas de saqueadores no se comen unos a otros! -protestó Ronnie Anne.
-¿Nos quieren disculpar un momento? -pidió María, frunciendo el ceño.
-No mientras vivas bajo mi techo -esgrime Rosa.
-Es mi hija de quien hablamos, mamá -cortó María con contundencia-, y lo que a ella toca, es mi problema cuando pasa algo así.
-Mi techo, mis reglas, señorita.
Sosteniendo un duelo de miradas, a Ronnie Anne no le quedaba claro el asunto. Sabía por el anuario de su madre de lo complicada que fue su adolescencia antes de estudiar enfermería, pero el que viera por primera vez en su vida una rebelión así le recuerda sus viejos tiempos en Royal Woods, especialmente de la vez que le provocó a Bobby una esguince en el hombro por una palanca al brazo bien ejecutada por ver en relevos increíbles a La Tormenta y a la Princesa Valentina ganar con ese movimiento el Campeonato Intercontinental de Parejas antes de que esta última traicionara a su compañera.
En cuanto Rosa decidió salir para darle oportunidad de hablar, María se aseguró de que absolutamente nadie oyera la conversación.
-Sabes que mi trabajo se ha vuelto muy pesado como para tener que lidiar con esto -dijo María, más preocupada que molesta-. ¿Crees que tengo tiempo para algo así?
-No -respondió Ronnie Anne, bajando la mirada.
-A tus abuelos no les gusta que nadie salga ahora por muchas razones -continúa María antes de bajar la voz-. Hasta a mi me regañan porque creen que no tengo cuidado. ¿Recuerdas que les dije que me caí de las escaleras el mes pasado? -la menor asiente- Mentí.
-¿Tú, mintiendo? -preguntó incrédula Ronnie Anne- No lo creo.
-No les dije que un soldado quiso algo conmigo. Le dije que no, una cosa llevó a otra y…
-¡No me digas que…!
-No es lo que crees -cortó María-. El caso es que tuve suerte de que un superior lo mandó llamar. Se fue y el soldado que vino por él me dejó esto… por si acaso.
Con reservas, María tomó su bolso y sacó de este una pistola de aspecto un tanto descuidado. El arma no es muy grande, midiendo unos veinte centímetros de largo por quince de la empuñadura. De un color terroso, su dueña la ve con cierta repulsión.
-SIG Sauer P320. Me dijeron que es de uso reglamentario en el cuerpo de Marines y la Guardia Nacional -explica María-. Desde que me la dieron, me siento muy incómoda.
-¡Sabes lo que piensa la abuela sobre las armas! -exclamó Ronnie Anne- ¡No las quiere ni ver!
-Si, si, sé bien eso -tranquiliza María-. Escucha, no me gusta usarla. Me recordó un día que asaltaron el Mercado y me quedé sola porque fueron a una presentación de tu tío Carlos. Todo lo que tenía era la escoba, y no supe que hacer.
Por desgracia, María recordó y le contó cada detalle. El aliento con olor a enjuague bucal barato, un tatuaje de una chica desnuda en el brazo derecho, otro en el izquierdo con el nombre Rubiner escrito en una fuente antigua, un tupido mostacho y un físico que todo fisicoculturista quisiera tener. Ya de por sí imponente, cargar con una pistola calibre .22 lo hacía más aterrador, pero un descuido de su parte y ella pasó los siguientes seis meses en terapia hasta superar el haber tomado una vida, amén del papeleo que tuvo que presentar en la estación de policía y un castigo que duró hasta que pudo salir a la escuela de enfermería.
Obviamente es algo que no quiere contar.
-Quiero que la tengas -sentenció María-. Se la daría a Bobby, pero él no es lo bastante despierto para tener una. Tu hermano podrá ser muchas cosas, pero no es un tirador.
-¿Tienes idea de lo que me pueden hacer solo por tenerla? -cuestionó Ronnie Anne.
-Hablaré con tu abuela en cuanto salga. Mañana compraré munición de salva para que puedas practicar.
-Pero…
-Sin peros. Es mejor que, si llegas a salir -añade María con un tono escabroso-, lo hagas tan armada como sea posible.
~x~
Se había olvidado del aroma de los desperdicios. La basura que allí botan es la de una parrilla uruguaya, misma que por lo general despide aromas deliciosos de carnes jugosas, alfajores y algo que llaman yerba mate, cosas que ahora son una pésima elección para botar. Cuesta creer que el local se volviera una suerte de posada de la que la Orden Blanca había hecho uso como barracas antes de volver a su uso original luego de la huida de dicho grupo y que mantuviera cierta inmunidad entre los saqueadores, como decían de Acapulco y su dudosa neutralidad en el periodo de dominio de los cárteles.
-¿Ya se fueron? -dijo Laird, atenazado por el agotamiento.
-No podemos asomarnos -razonó Nikki, tomando algo que parecía ser una empanada en no tan mal estado-. Si abrimos, seremos la cereza del pastel de esos.
-No queremos acabar como los gemelos -dijo Ronnie Anne, afectada por creer cómo murieron estos.
Minutos atrás, a poco rato de haber podido salir de una calle que se había vuelto un campo de batalla, habían perdido a los mellizos. Al parecer, Ricky se atoró y Becky se quedó atrás para ayudarle, perdiendo a Malo en la fuga por un asaltante que quiso abusar de Becky, acabando el perrazo con un cuchillo de carnicero partiendo su lomo. Tras eso, les perdieron el rastro, aunque eso fue lo de menos al haber encontrado a aquellos Lycaenops.
Se odió a sí misma por verlo, pero la imprudente y temeraria actitud de varios conocidos del club de lucha, sumado a que muchos de estos y sus vecinos restantes tomaron lo que pudieron como armas -ya que los repetidos asaltos, incursiones y tiroteos agotaron pronto las municiones y las pocas armerías de la ciudad ya fueron saqueadas- ocasionaron que el prospecto de una caza para surtir al menos un par de carnicerías y a varias familias se convirtió en una de las masacres más abyectas que hayan podido presenciar.
No hubo mucho a qué apelar. Cuando le presentó la idea a María -a la postre, está se mostró muy intransigente. Logró convencerla, pero con la única condición de que se escondieran al menor ruido posible.
A través de una grieta en la esquina donde está recargada le llegó un haz de luz. Curiosa, Ronnie Anne pudo constatar que dicha grieta era lo bastante grande para permitirle ver y, para su consternación, confirmar que algo realmente no andaba bien y había buenas y malas noticias.
Las buenas, que las cosas que los perseguían, y no les daban nombre o algo más allá de "lagartos dientes de sable", ya no estaban salvo una. Las malas… algo más sacudió el contenedor. Algo enorme, robusto y hambriento en tamaño familiara unos treinta metros.
Con tres y medio metros de largo de la nariz a la cola, parecía la madre de una de esas cosas. Siendo que tiene las patas largas y rectas como un perro, era evidente que sus fauces están más elevadas del suelo. Por la forma, uno podría decir que, a lo lejos, parecerían un león o un tigre, con la diferencia de que el más grande felino se quedaba muy corto de peso a su lado, la piel es moteada en tonos arena y rojizos, casi completamente calva salvo por unos muy rudimentarios bigotes y parecía algo a medio camino entre la de un mamífero y un reptil. Los colmillos, largos en las mandíbulas, solo decían que si los pequeños perseguidores podían ser un problema por número, este llega a serlo sin dificultad alguna por tamaño y fuerza.
Contrario a lo que había visto, eso no era un dinosaurio. Los únicos cuadrúpedos que había observado desde ese primer encuentro en el callejón eran animales con los que un carnicero podía manejarse o piezas de algunos grandes. Ninguno carnívoro, pero aquello de lo que quieren escapar es bastante grande, y está dando cuenta de uno de sus perseguidores originales, muy parecido pero bastante más pequeño y con la piel enteramente arenisca.
-Creo que está ocupado -avisó Ronnie Anne, empezando a levantar la tapa del contenedor.
-Ojalá que sí -suplicó Laird, quitándose su viejo y raído saco-. No soportaría otra carrera como la de hace rato.
-Da gracias a que logramos subirte a tiempo -masculló Nikki antes de dar una mordida a su empanada y hacer una mueca un tanto reprobatoria-. ¡Puaj! Carne con aceitunas, ¡que asco!
Al decir eso, la rubia tiró la empanada con la esperanza de que esta cayera al contenedor. Para horror del trío, el bocadillo cayó fuera de este, atrayendo en principio atención no deseada.
Un procompsognathus, al parecer errante solitario, hizo acto de presencia. Atraído por los olores a basura y sangre fresca, parecía que este iba a tener algo de suerte. Algo verdadero a medias, pues en una cadena alimenticia la cosa se resume en comer, ser comido o ser oportunista. Y una oportunidad como esta es tentadora incluso para el más estúpido animal, si no fuera por un depredador para el que necesita toda una legión de su especie para abatirlo.
Lo malo con esa pequeña especie de carroñero es que, contrario a lo que las películas han hecho creer, no atacan a la primera cosa viva que ven. Tantear y esperar a que el cazador termine de comer para hacerlo, si el hambre no es tan apremiante. Y con ese enano, que en su piel exhibe marcas de haber tenido una mala racha con las ratas del drenaje, el impulso le hace cometer el peor de los errores y salta sobre el contenedor.
Alertado tanto por el sonido de la empanada de Nikki golpeando el metal como por los felices gorgoteos del pequeño saurio dándose un festín con la basura del contenedor, el reptil, que de estar vivo el tío Carlos le diría que puede ser un Inostrancevia, abandonó su primera comida, se alzó sobre sus patas traseras y aplastó con su enorme boca al infeliz dinosaurio, como si demostrase que la vieja escuela tiene trucos que los nuevos no tienen a su disposición.
En cuanto escucharon un gruñido del gorgonópsido al dar cuenta del animalejo, Nikki volteó y soltó un grito agudo al ver la cabecita del dinosaurio colgando de su boca. En la primitiva mente de la bestia, el predador solo tiene una idea clara.
Comida. Perseguir comida. Matar… comer…
Por nervios, Ronnie Anne sacó la pistola que le diera su madre y empezó a jalar el gatillo sin éxito. Nunca se preocupó demasiado por estudiar cómo funcionaba una SIG Sauer P320, si era automática, tenía seguro o algo en general, pues apenas la vieran y después de una fuerte discusión entre padres e hija, sus abuelos le prohibieron terminantemente tenerla y usarla, prefiriendo dársela a Bobby. Si él se la dio de vuelta, había sido más porque él mismo admitió que estuvo a nada de pegarse un tiro por donde pasaría de ser Bobby a Bobbie, optando por pedirle a Carlos antes de aquella noche que le enseñara a disparar..
El predador, tomando por una ineficaz forma de disuasión, empezó a correr, desatando una persecución a lo largo de la avenida.
A los cincuenta metros Laird ya estaba agitado, resintiendo tanto su lamentable estado físico como las constantes privaciones que se habían vuelto una constante en su vida. Sintiendo su límite, empezó a rezagarse, lo que aprovechó la bestia que ya solo requería un último esfuerzo para comer algo más tierno que un pariente ya sea enfermo, herido o joven, y el pelirrojo cumple cabalmente con las tres, pues con la persecución su herida volvía a sangrar con intensidad.
De la nada, una mano les hizo señas, habiendo corrido ya los noventa metros. Sin dudarlo, el grupo se metió a una casa que, con dolor, Nikki reconoció como la suya, con Laird a nada de ser presa del Inostrancevia.
-¿Ricky? -preguntó sorprendida Nikki.
-¿Qué están haciendo aquí? -preguntó Ronnie Anne.
-Quitándoles de encima a esa cosa -respondió una voz que Ronnie Anne no recordaba desde hace tiempo.
Su interlocutor, en quien la latina reconoció a Chandler McCann, no había cambiado mucho. Mismo aire pagado de sí, misma actitud de superioridad y cobardía y el cabello evidentemente más largo.
-¿Quién es él? -preguntó Laird, sofocado y cayendo al suelo.
-Un dolor de trasero en Royal Woods -respondió Ronnie Anne, molesta.
-Te salvé el culo, mojada -respondió el pelirrojo-. Un "gracias" nunca está de más.
El "agradecimiento" se tradujo en un seco "gracias" y una mirada de desdén. Era comprensible, pues las cosas entre ambos en Michigan no eran precisamente las más cordiales. Era un secreto a voces que, mientras ella era considerada popular por actitud, él lo era solo por la evidente riqueza de sus padres. Y dado que entre ambos había cierta animadversión, lo cierto fue que no se metían en los asuntos del otro. Dicho eso, Ronnie Anne no fue invitada a aquella fiesta en la planta de tratamiento de aguas antes de aquél baile al que Bobby llevó a Lori en ese traje de pescado mutante, mientras que el pelirrojo forzosamente respetaba ciertos límites, y uno muy en particular.
Algo debe decirse de Chandler. Cuando la Orden Blanca y los Guardianes abandonaron la ciudad, el primer foco de la ira popular se había enfocado primero hacía los negocios que estaban indefensos, ya fuera que estuvieran bajo la protección de uno y otro grupo o tenían un pacto con alguna de las bandas que, para variar, se cobraban con cierto porcentaje de las ventas o en especie cuando se hacían los repartos de mercancías. Empero, la respuesta de muchos sectores de la población apuntaron sus armas hacia los refugiados. En los primeros momentos, estos ya se estaban preparando para cualquier eventualidad, mas no así para una refriega que no solo los rechazó, sino que incluso los forzó a una precipitada huida y a abandonar prácticamente todas las cosas con las que llegaron. Algunos encontraron un valioso botín, ya fueran joyas o comida, pero otros optaron por darles caza a muchos de estos para que pagaran con su vida por lo que le "robaron" a ellos. Los pocos refugiados que se quedaron, Chandler entre ellos, se adaptaron a llevar una mala vida y se dedicaron al saqueo y el pillaje cada que podían.
-¿Qué haces? -preguntó Chandler, mirando de reojo.
-Solo estaba revisando -respondió Nikki.
-Pues más te vale que no lo hagas -objetó Chandler-. Está ya es mi casa.
-¿Tu casa? -cuestionó la alta rubia.
-Me lo deben -exclamó Chandler-, les salvé el pellejo. Yo la encontré desocupada la semana pasada, es mía.
-Que raro -dijo Becky-, porque te nos pegaste la semana pasada y no quieres hacer ningún trabajo para…
-Vete a morder una alfombra, ¿quieres?
Indignada, Becky solo se fue a acompañar a Nikki para revisar.
-¿Y qué haces aquí? -preguntó Ronnie Anne.
-Sobreviviendo -respondió Chandler.
-Cleptoparásito -murmuró Laird, dejándose caer en el piso carbonizado.
-¿Clepo-qué? -cuestionó Ronnie Anne, sorprendida.
-Lerdo solo está divagando, eso es todo, Santi-asco.
Santi-asco. Él solo mote le producían ganas de querer romperle la cara a Chandler, quien se tomó la molestia de aprender "asco" en español para poder utilizar la palabra como sustituto del final en Santiago, rebuscado e infantil aún para alguien despreciable.
-Les ofrecería algo, pero me hicieron perder lo que fuimos a recoger -añadió Chandler, ignorando adrede la patada que le dio a Laird.
-¡¿Fuimos?! -explotó Ricky- ¡Por tu culpa Artemis murió, idiota!
-Él se quedó atrás para ayudar a esos lentos, no yo -mintió Chandler-. No es mi problema si esas cosas se lo tragaron.
-Pues yo no dejé la puerta abierta -acusó Ricky.
-¿Y dónde quedó el chico genial del campamento? -preguntó Nikki, bajando con Becky.
-¡Mejor cálmense antes de que los calme! -tronó Becky- No hay casi nada aquí, y lo que había ya se lo llevó la gente.
La pregunta de Nikki no tuvo respuesta hablada.
Mientras tanto, Ronnie Anne estaba bastante preocupada por Laird, quien había caído dormido por la fuga. Sin materiales de curación, lo más que podía hacer era arrancar una manga de la camisa del chico y hacerla tiras para contener la leve hemorragia que tenía a causa de su herida.
Esperaron unos minutos más. La situación afuera parecía haberse calmado, pues ni los toscos gruñidos del sinápsido ni su profunda respiración se dejaban escuchar, más allá de los lejanos disparos de todo calibre y las explosiones que ya no eran para nada algo anormal.
-Si, mamá -respondió Ronnie Anne a su teléfono, habiendo recibido un mensaje de voz-. Los vemos en un rato antes del toque de queda -colgó-. ¿Nada nuevo?
-No hay comida, no hay casi agua si no es del grifo -enlistó Ricky, preocupado-, y lo mejor es que nos vayamos de aquí.
-¿Por qué dices eso?
-¿Por qué no te gusta ese chico? -cuestionó Becky, a su vez.
-No confío en él -resopló Ronnie Anne.
-Pues ya somos tres -añadió Becky-. No hace nada, pero cuando reparte siempre se lleva lo mejor.
-Es todo un líder -objetó sarcástica Ronnie Anne, ignorando que el pelirrojo los podía escuchar-. ¿De dónde lo conocen?
-Venía con muchos refugiados de febrero -contestó Becky.
-Es una rata -agregó Ricky-. No me gusta que ese se nos haya pegado cuando asaltaron una tienda de la calle 98 y se quedó con lo mejor al repartir.
No pasó mucho tiempo para que Ronnie Anne y Nikki supieran de inmediato con quiénes fueron a parar Laird y los sobrevivientes de su clase. Entre un par de historias y las actitudes del chico, todos quedaron de acuerdo en que Chandler era más un estorbo que una ayuda.
Media hora más, y ya más o menos repuestos -aunque sedientos y con los músculos un poco agarrotados por el breve descanso-, Ronnie Anne fue por Nikki a la que, imaginó, fue su habitación. Lo que encontró fue un tanto desolador, pues entre los restos carbonizados había una calavera blanquecina frente a la chica.
-No me dejes -pidió Nikki-. No… siento que debí hablar antes de venir aquí.
-No sabía que vendríamos -dijo Ronnie Anne, incómoda-. No sabía que…
-Si sabíamos en cuanto entramos -dijo cortante Nikki-. ¿Recuerdas la última vez que vimos una película, los seis juntos? ¿La película que vimos?
-¿Tren a Busan? Se me hizo aburrida -respondió Ronnie Anne, queriendo aligerar lo que parecía un momento tenso.
-Hubiera preferido eso a… ya sabes. Tener que venir y ver todo quemado aquí.
-Sabes que no fue tu culpa.
-¡Lo fue, Santiago! -cortó Nikki, afectada- Esa gente, no sabía que tipo de gente era. No era más que asesinos y ra…
-¿Ratas?
-Si… ratas. Habría preferido zombies por todos lados, algo mutante, pero no. Me tocó una… asesina.
No queriendo dejarla sola, sintió un ligero desliz que me hizo voltear.
-Vaya, ¿qué tenemos aquí? -preguntó Chandler, sosteniendo la pistola.
-Deja eso, Chandler -dijo Ronnie Anne, buscando recuperar su arma y tomándola por el cañón.
-¿O qué? -replicó Chandler, irónico.
-¡Suelta eso, Chandler! -secundó Nikki, cargando contra el pelirrojo.
-¡Es mi paga! -contestó Chandler en medio del forcejeo- ¡Oye!
-Nos vamos ya -sentenció Nikki, arrebatando la pistola de Ronnie Anne y mandando al suelo a Chandler de un empujón- ¡No eres más que un maldito mentiroso!
-Y tú una puta que se coge a una mojada, pero ¿quién les discute eso?
Saliendo ofendidas de la pieza, se encontraron con que Laird hacía lo posible por caminar al baño.
-Nos vamos, Laird -dijo Nikki.
-¿Ahora? -preguntó el chico, algo somnoliento- Pero tengo que…
-Es por su bien -dijo Ronnie Anne, señalando a Nikki.
Sin ganas de objetar nada, Laird apuró sus pasos como pudo y fue tras las chicas.
Por unos minutos, Ronnie Anne pensó en lo personal que fue lo dicho por Chandler. "Una puta que se coge a una mojada"… de por sí sabe que "puta" ya es un insulto bastante fuerte, y encima atacando sin saber a su familia. Recordó lo que le contó Héctor años atrás, de cómo él llegó de México y conoció a Rosa colándose a una preparatoria una vez que ya estaba establecido para declarar sus intenciones con ella, razón por la cual ella no era ni de lejos una inmigrante, mucho menos una ilegal.
Sin voltear, Ronnie Anne y Nikki hicieron lo posible por cargar al chico en cuanto llegaron a una esquina. Un craso error que les costarían valiosos metros de ventaja y recordar las sandeces del entrenador Crawford sobre correr hasta agotarse en su clase cuando no había juego de quemados.
Los siguientes cincuenta metros ya podían ver el Mercado. Les faltaba un último esfuerzo para tener que explicarse y, con el perdón de sus abuelos, pedirles que reciban también a Laird. No era ni de lejos lo que esperaba llevar, pero a su modo era mejor una boca más que alimentar y pudiera ayudar con algo en cuanto estuviera en mejor condición a volver con las manos vacías. Treinta metros más, y ya había problemas, pues escucharon tras ellos un gorgoteo que, por el recuerdo reciente, era familiar.
El Inostrancevia les había seguido el rastro, y ahora lo tenían corriendo tras ellos.
Toda esperanza de que esté fuera un animal estúpido se derrumbó, y habían sido lo bastante confiadas como para pensar que les perdería interés. Una cosa era segura, pues cayeron en cuenta que criaturas como esa no eran como las palomas y las ratas. Estas, apenas y obtienen un poco de comida y ya están satisfechas. Los recién llegados, por su lado, podían ser ahuyentados, mas no dejarían de lado alguna comida tan voluntaria.
Un bramido, seguido del alarido de dolor que soltó Laird, les inflamó al sentir un tirón tras ellas.
-¡Suéltame! -suplicó jadeante Laird, viendo cómo su pierna estaba siendo destrozada a sacudidas por la bestia
-¡LAIRD! -aullaron ambas al unísono.
Siendo tan mal luchador como lo fue siempre, el chico hizo un esfuerzo patético por zafarse de ahí, sin más éxito que para tomar una bayoneta rota del suelo y desgarrar parte del hocico de su verdugo, llegando incluso a apuñalar su ojo izquierdo. Entre los chillidos, aullidos y gritos, el inostrancevia se limita a mantener su agarre un momento, soltando al chico unos segundos y saltando sobre su espalda, poniendo fin a su sufrimiento y arrancando de un mordisco su cabeza, misma que engulle con cierta satisfacción.
Dejando atrás a ese monstruo, ambas chicas corrieron hasta alcanzar el edificio donde viven, entrando al viejo local del Mercado y yendo a la bodega.
-¡Ronnie Anne! -llamó Bobby, ocupado con un hacha de bomberos que encontró después del saqueo- ¿Qué te pasó?
-¡Fue Laird! -llora desconsolada esta, aterrada y por completo deshecha- Lo encontré, lo sacamos y… y…
-¡Por favor, Bob! -detuvo Nikki, no menos histérica pero sí más controlada- ¡Déjanos en paz! ¡Ten algo de consideración por ella!
-Seguro que ella puede decirme lo que pasó -replicó Bobby-. No podemos…
-¡Roberto! -insistió destrozada Nikki.
Oyendo al mismo tiempo unos disparos y alaridos agónicos, Bobby se apresuró a bajar la cortina del local. Ignora que su hermana, y para ella sería mucho mejor así, acaba de ver morir en la forma más dantesca a uno de sus últimos amigos.
En los siguientes días, no estuvo para nadie. No comía por su propia voluntad, su higiene empeoró y rehusó a cualquier visita. Incluso Nikki, que insistía en sus llamadas, era rechazada. El único que tuvo algo que decirle, y resultó ser una muy mala sorpresa, fue Carl.
El chico estuvo viendo distintos foros de internet, buscando por lo general bienes con los que pudiera traficar o alguna noticia de amigos o conocidos. Fue él quien le dio detalles del zoológico a su hermano de las restricciones a menores en el subterráneo, y enterarse de lo de un par de chicas sobrevivientes a un ataque de una criatura no identificada fue gracias a él la comidilla del edificio entero.
Al décimo día, le tocó llevarle de comer. Eso le arruinó la oportunidad de conseguir algo de la gente que pudiera encontrar, motivo por el que en su cara había una expresión como si oliera excremento de perro con lombrices.
Abriendo la puerta de la habitación de Ronnie Anne, encontró a esta tallando una tabla sobre la mesa. Tal y como pensó, el olor a sudor y otros fluidos corporales vició el aire de la misma. Cosa extraña, la música de K-pop brillaba por su silencio, así como los platos de por lo menos dos días dominaban parte del escritorio.
-Tía María quiere hablar contigo -dijo Carl con sequedad, dejando en el escritorio la comida.
Sin voltear siquiera, ella siguió en lo suyo.
-Ah, ¿es por tu novio? -dijo burlón el chico- Porque fue muy tonto al dejarse comer por esa cosa y…
Por primera vez en su vida, Carl probó el miedo como nunca antes. En cosa de segundos, la bandeja con un plato de chilaquiles con pollo y un vaso de horchata cayeron al suelo, rompiéndose y desperdigando el contenido por el piso. Sobre su cuello, la mano de Ronnie Anne se cerró con una ira asesina.
-Lo diré una sola vez, primo -silbó Ronnie Anne, conteniéndose de hacer algo peor-. Vuelves a hablar así de Laird… o de cualquiera de mis amigos, y me vale madres que seas familia, ¡vas a chingar a tu reputísima madre!
Viendo que su primo no podía respirar, decide soltarlo. Este, sin dudarlo, sale hecho un manojo de terror y lágrimas chillando como si él fuera totalmente víctima de ella.
Un par de horas más tarde, estando completamente a oscuras, alguien llama a su puerta.
-Voy a pasar -escuchó la voz de María.
-Vete -rechaza Ronnie Anne-, quiero estar sola.
-No estoy diciendo que necesites un tiempo a solas, pero quiero hablar contigo de todas formas.
-Cuando el infierno se congele.
-No vas a dejármelo tan fácil, ¿ verdad?
Evitando el desastre de la que debía ser la cena de su hija, María se sentó tras de ella y empezó a acariciar su cabello.
-Nadie la tiene fácil, en realidad -dijo pensativa su madre, tomando una salchicha de hace tres días que ya empezaba a agusanarse antes de tirarla por la ventana-. Todos aquí perdimos a alguien en estos días. Hasta Carl se enteró de cosas que no eran para él, y trata de manejarlo como mejor puede.
-No lo… defiendas.
-¿Quién dijo algo de defenderlo? -reprochó Héctor, entrando tras su hija- A veces él se desaparece y luego nos encontramos con que estaba en el sótano todo el tiempo jugando con algo que encontró, pero no ha salido más del edificio
-Entonces ¿a qué vienes?
-Hablé anoche con tu papá -respondió María.
-¿Y eso qué? -gruñó Ronnie Anne, encogiéndose un poco sobre la cama.
-Me pidió grabarte un mensaje.
No le tomó gran cosa dar con el video, pues puso el reproductor en la pantalla principal de su teléfono. Echó un ojo a la carpeta donde tenía el mensaje y, antes de reproducir el video, conectó unos audífonos, mismos que le tendió a la chica.
-Ranita -empezó el mensaje, con Arturo mostrando manchas marrones de lodo y sangre en la ropa-, tu mamá y tu abuelito me dijeron lo que pasó con tu amigo…
-¿En serio? No me di cuenta -soltó mordaz Ronnie Anne, ignorando la pantalla y familiares.
-… y de verdad lo siento -continuó el doctor Santiago, mientras que alrededor suyo había algunos capibaras, más concentrados en su simpática holgura que en nada-. Mira, sé que las cosas por aquí no están yendo nada bien, pero ten fe de que nos volveremos a ver.
Ronnie Anne duda de eso último. Sabe de sobra las medidas de las ONGs que tenían personal en el extranjero, y dado que su padre estaba adscrito a Médicos Sin Fronteras, enfureció cuando se enteró que su padre no sería repatriado, en parte por las condiciones de vuelo, en parte por diversas situaciones locales que era mejor olvidar.
-No quiero meterme con tu vida -continuó-, pero hiciste lo que pudiste por salvar a ese chico, y eso me enorgullece como no tienes idea. Me da esperanza de que seas una mejor persona de lo que tu mamá y yo pudimos ser -añadió Arturo con una lágrima en los ojos-. Tarde o temprano tendrás que hacerte cargo de tu vida, ya sea que estés sola o con la familia, y si todo esto no mejora, aguanta lo que el mundo te arroje. Si te arrancan algo, devuelve el favor sin perderte, pero… -mientras habla, uno de los roedores se le trepa al regazo-… ¡ay! Es que ¡de verdad, tengo ganas de verlos a ti y a Beto! ¡Hasta extraño a tu mamá! Y creo que estoy divagando demasiado. El caso es que… no puedes salvarlos a todos, pero no dejes de hacerlo por tantos como puedas. Solo no dejes de ser tú… te amo, Ranita… ¡Oh, sáquese, perro! -el video terminó, con uno de aquellos roedores gigantes metiendo su cabezota en pantalla.
Conmovida dentro de su enajenación, Ronnie Anne solo se sintió un poco menos culpable. En cuanto a Héctor , mientras volvía a escuchar a su otrora yerno, estaba hilvanando lo que está por decirle. Desea ser corto, conciso y, sin embargo, algo para lo que igual está encantado de hacer por sus propios hijos.
-Creo haber entendido lo que dijo tu papá -dijo María con voz trémula, quien esperó en el quicio de la puerta-. Lo que quiso decir con eso de "no perderte" es que trates de ser la de siempre aunque la vida te golpee una y otra vez.
-No entiendo.
-Hay cosas que a tus primos ni a tus abuelos no les hemos contado -continuó la enfermera.
-El bobo de mi consuegro -exponía Héctor- quería venir para acá por Frida y los niños, pero los caminos de California están cerrados, y en la ciudad cada vez tenemos menos amigos.
-¿Cómo es posible eso? -preguntó Ronnie Anne.
-Saquearon la galería donde Frida vendía su arte, Romeo murió al defenderla… -describió María, un tanto desolada-… perdí amigos y aún los niños no saben que sus amigos podrían estar… como los tuyos y los míos. ¿Crees que es fácil saber que algún día mi mamá ya no va a estar? ¿Qué hasta yo me tenga… que ir? ¿Qué lo que hice al final no valdrá nada?
Tragando saliva, María desconoce si su hija en verdad le está escuchando. Solo siente un ligero estremecimiento, seguido de un débil quejido. Por ello, se queda con ella hasta que se aseguró de que estuviera dormida.
Conforme avanzaron los días, Ronnie Anne se mostró más repuesta, aunque seguía sin convencerse del todo de la muerte de Laird. El chico, junto con Nikki, eran los últimos jóvenes de su edad que quedaban a los que ella le cayera bien en la ciudad. Intentó llamarlo a su último número hasta que la rubia le recordó que él ya no estaba. En sus pesadillas, incluso llega a ver, y a recordar de estas, los sucesos que llevaron al chico a una muerte horrible. Aún así, ha estado haciendo lo posible por levantarse lo mejor que puede, con cada día prometiendo ser peor que el anterior. Y eso lo confirmó cuando, yendo por algunas cosas al Mercado, vio en un "periódico" (más bien un panfleto de tres hojas impresas con las pocas cosas a reportar de la semana) que Chandler entregó a Ricky y Becky para la ejecución del día anterior.
~o~
11 de abril de 2025
Un día tras la liberación del primer tráiler de Paseando con Dinosaurios
Diría que es un gran día para actualizar, pero... si, ¿a quién engaño? Hoy es un estupendo día para actualizar, modestia aparte *sale todo coquetón con su vieja taza de Pachycephalosaurus rebosando de café*. Amaneció, El Caballero de las Antorchas me avisó del tráiler que no esperaba hoy... obviando que no tiene música de Ben Bartlett y hace sospechar lo peor... en efecto, es cine.
Perdón, me estoy yendo por las ramas. Mejor nos vamos por las ramas.
Están nada menos que ante el otro capítulo que hizo posible el germen que ahora tenemos en cuestión, lo que nos reúne aquí. Y ciertamente, como hace dos citas, hubo bastante a mejorar, corregir y añadir. Viejo... ¿algo que quieras añadir?
Es sobre Chandler. Lo dejaste listo para que entre en Tierra de Sombras, así que tiene mucho que y por hacer a futuro desde aquí.
¿Algo más?
Sin spoilers.
Ok...
Sobre el título, es algo muy poco sutil. Bastará decir que los gorgonópsidos (como los mencionado Lycaenops e Inostrancevia), seres por decir más emparentados con los mamíferos que con los reptiles, tuvieron su punto final en la extinción del Pérmico tardío y Triásico temprano, en la que alrededor del noventa por ciento de las especies en el planeta no pasaron el corte... así es, la famosa Gran Mortandad. Algo poético, pues, considerando que la amiga que le queda a Ronnie Anne es Nikki, y de hecho ella es la única adolescente no emparentada a los Casagrande que les quedaría en este punto con quien tienen relación estrecha.
Otra cosa que desde ya quería aclarar, Laird. Antes del final de Los Casagrande le tomé mucho aprecio. Admito que su muerte si fue atroz, pero en el borrador original iba a ser peor. Mucho peor, como el desgraciado remate de una vida de porquería. Propenso a accidentes aún siendo de familia rica, malhadado una vez probó la vida de un proscrito. Ya habrá otro día para el pobre rico... pero no aquí.
Ya que toco el tema de María, que venga la testigo más silenciosa. Lo suyo es, en parte, retroceso, pero uno ligeramente necesario. Y como tal...
Este fanfic no está muerto, pero hoy termina esta transmisión .
Sam the Stormbringer
y
El Caballero de las Antorchas
