Por su puesto que iba a meter a su pequeña Rin al tan aclamado baño. Sería por que él había nacido en esa casa, que su baño no le parecía la gran cosa y al contrario le parecía que los onsen tradicionales japoneses tenían una simpleza mucho más atrayente y casi meditativa.
Se habían tallado y lavado sus cuerpos mutuamente y luego entraron a la tina o la "piscina" como Rin le llamaba. Jamás había hecho esto con nadie. Por su puesto que se había metido a los onsen con sus compañeros de la escuela en los viajes escolares y con los hombres de su familia, pero obviamente no se tocaban ni mucho menos se abrazaban dentro del agua. Este era un nuevo mundo para él, extraño y sin sentido pero muy agradable y tranquilizador.
Ahora se preguntaba si su padre haría estos rituales extraños con Izayoi, o si alguna vez lo hizo con su madre. No, no podía imaginarse a su progenitora participando en actividades que no tenían mayor propósito que demostrar afecto. Hace un año él también lo hubiese considerado una pérdida de tiempo sin sentido, pero nunca se imaginó que pudiera causar ese extraño y hasta balsámico efecto en su mente.
—¿Sesshoumaru? —Él no contestó, pero abrió los ojos a modo de respuesta —Desearía que este momento contigo fuera eterno.
—Así será. —Juró.
—Te noto distraída, —Kagome la había citado el viernes en el cementerio frente a la escuela —y no me digas que es por los exámenes, ¿Te peleaste con mi cuñado?
—¿Qué? No, claro que no, de hecho, todo va muy bien, demasiado bien.
—Pero…
—¿Pero? No hay "pero".
—No te creo, puedo notar que algo te incomoda del tema, anda ya dímelo, prometo no decir nada.
Todos sabían que Kagome no era muy buena guardando secretos, probablemente en las próximas horas, Inuyasha, Miroku y Sango ya sabrían sobre lo que platicaron. Al mismo tiempo, no tenía con quién más hablar, cuando les contó su problema a sus amigos de Luisiana, le dijeron que no entendían esa actitud mojigata de su novio… quizá si le contaba a Kagome, podía resolver algo —Es que, bueno desde hace un mes hemos estado haciendo cositas.
—¿Qué cositas?
—Sexo oral.
—¡Ohohoho! ¿Y cuál es el problema? ¿Te da pena?
—Solo la primera vez, ahora ya no. El problema es que… quiero más. No sé cómo describirlo sin parecer una maniaca sexual. Es como si mi cuerpo lo llamara a llenarme… ¡Rayos suena horrible! —Se tapó la cara de vergüenza y le dio la espalda a Kagome, estaba a dos segundos de salir corriendo.
—Te entiendo. Antes no me pasaba, pero una vez que pruebas esa cosa… ya no hay vuelta atrás.
—¿Lo han vuelto a hacer después del incidente?
—Uff sí, al principio no dejaba ni que se me acercara, pero luego comencé a tener sueños… y acabé rogándole que lo hiciéramos de nuevo.
—¡Yo también tengo sueños! ¡Y eso que no he hecho nada aún! —Chilló Rin, había estado soñando casi diario en cómo Sesshoumaru la penetraba salvajemente y cuando despertaba, bueno, todo era un desastre y no había nadie ahí que aplacara su fuego. —Me estoy volviendo una adicta.
—Jajajaja somos jóvenes, eso es todo. ¿Le has dicho lo que sientes?
—Sí, al principio dijo que quería esperar a que él tuviera 18, no falta mucho, pero luego me dijo que quizás lo mejor sería esperar a que yo tuviera 18, ¡falta año y medio, me voy a volver loca!
Kagome se quedó en silencio analizando la situación un momento —¿Y si lo seduces? No me refiero a la manera en como lo hice yo en la carne asada, sino a ir a verlo cuando estés en ese día irresistible para ellos, ¿Todavía siguen la app que nos recomendó el señor Toga?
—Sí, de hecho, no nos vamos a ver el sábado 14 de diciembre por eso mismo.
—Pues ve a verlo, cáele de sorpresa, solo lleva condones, no queremos que te pase lo mismo que a mí. Mañana te traigo una caja, Sango me regaló dos.
—¡Gracias! Pero me dijo que iba a estar en casa de su padre y aunque el señor Toga y la señora Izayoi siempre han sido muy amables conmigo, siento que no soy bienvenida, por eso vamos seguido a la casa de mi suegrita…
—¿En serio? ¡Yo voy súper seguido a la mansión Taisho! ¡Me la vivo ahí!
—¿A poco lo hacen ahí?
—No, por supuesto que no, de hecho, no puedo ni pasar a su cuarto después de lo ocurrido. Nos la pasamos en la sala viendo películas o jugando juegos de mesa.
—Eso tiene más sentido. Creo que Inuyasha se lleva mucho mejor con sus papás y por eso les dan chance de estar ahí, pero Sesshoumaru se la pasa peleando con su papá, en especial si se trata de mí, por eso no quisiera ir…
—Mira, los sábados los señores Taisho suelen salir, pero a veces en la mañana y a veces en la tarde, lo que podemos hacer es que yo te avise cuando se vayan y así seduces a mi cuñado, pero tendrían que irse a otro lado porque obviamente por el olor el señor Toga se va a dar cuenta de lo que hicieron.
—¿Y si no funciona? ¿Además a dónde iríamos? La casa de la suegra está muy lejos. ¿Ustedes dónde lo hacen?
—Créeme que no se va a poder resistir, se vuelven como verdaderos perros. De lugares hay muchos, este… a veces vamos al almacén del gimnasio, otras veces en los vestidores de la alberca de la escuela, a veces en el ático del dojo donde entrenan los youkai. Inuyasha dice que ahí van todos los del dojo a hacer sus cosas, pero en la noche, cuando no hay nadie… jeje.
—Rayos, sí que han estado ocupados.
—Pues es que, es como un ciclo, o sea; lo haces, te calmas, dejas de pensar en eso, te concentras en otras cosas de manera alegre, lo comienzas a extrañar, te pones irritable y lo vuelves a hacer jajaja, algo así.
.
.
.
El viernes 6 de diciembre, Sesshoumaru cumplió 18 y Rin le festejó su cumpleaños hasta el sábado, llevándole un pastel de camote hecho por ella, porque leyó que a los perros les gusta mucho. Lo comieron en casa de su suegra y después hicieron cositas.
El sábado 14 Kagome le mandó un mensaje a las 2pm —Los suegros han salido rumbo al super, llega lo antes posible, normalmente tardan hora y media.
Rin salió corriendo de su casa con algo de trabajo, ya que había mucha nieve acumulada, pero llegó sin percances a la parada del autobús que la llevaría a la mansión Taisho. Como si el universo y los usuarios del transporte público hubiesen confabulado en su contra, una serie de peripecias la obligaron a llegar tarde.
Primero un niño no quería subirse en la primera parada porque le tenía miedo al antipático chofer. En la segunda parada una viejita se subió al camión y luego se dio cuenta que se había equivocado así que le pidió al chofer que la bajara, pero el chofer se negó a detenerse a medio camino y la bajó hasta la tercera parada, donde se hicieron de palabras. En la quinta parada, una persona se cayó al bajar los resbalosos escalones por el agua de nieve derretida y todos se pararon a ayudar.
Y así, hasta que llegó a las 2:50pm a la séptima parada, que se encontraba colina abajo de la escondida mansión. Después de la empinada cuesta que subió corriendo, apresuradamente le mandó un mensaje a Kagome para que le abriera. Su amiga abrió la puerta en silencio y la dejó pasar, caminaron a hurtadillas, no entendió bien por qué, pero decidió que lo mejor sería seguirle el juego. En cuanto pasaron por la cocina la voz de Inuyasha la sobresaltó —¡Rin! ¿Qué haces aquí? Creí que hoy no verías a mi hermano…
—Es que necesito hablar con él, será rápido.
Definitivamente era muy mala mintiendo, porque Inuyasha le lanzó una mirada de completa incredulidad, se acercó a ella amanzánate y la olfateó —Hueles a flores y …fruta lista para comerse… tú no deberías estar aquí, por eso mi hermano no fue a verte hoy, ¿cierto?
—Cierto. —Contestó ella y pegó carrera escaleras arriba, pero obviamente para cuando llegó a la puerta del cuarto de Sesshoumaru, Inuyasha ya estaba ahí custodiándolo.
—Te prohíbo verlo, ¿estás loca, acaso quieres que te pase lo mismo que Kagome?
—Eso no sucederá porque vengo preparada, ahora ¡quítate que necesito verlo! —Lo jaló de la ropa, pero era inamovible, así que comenzó a jalarlo del cabello y ahí sí que gritó.
—¡Si me dejas calvo te demandare! ¡Vieja loca!
—¡Sesshoumaru! Perdóname, pero por favor, ¡yo te necesito! —No podía creer que estuviera rogando por sexo, definitivamente había perdido la cabeza.
—¡Quítate de la puerta Inuyasha! —La normalmente inalterada y grave voz de Sesshoumaru, ahora resonó aterradora y gutural.
—No. Papá te matará si hacen algooooaaaaaa…. — Rin no supo ni qué pasó, hubo como una explosión, luego vio blanco, cerró los ojos y cuando los volvió a abrir, estaba a medio vuelo en los brazos de Sesshoumaru y bien cubierta por mokomoko.
Sesshoumaru estaba leyendo tranquilamente a un muy pesimista pero acertado Cioran, cuando un delicioso aroma se escabulló por debajo de la puerta, inmediatamente se le hizo agua la boca, dejó el libro sobre la cama y se levantó para ir tras ese olor de manera casi automática, hasta que escuchó a su hermano nombrar a Rin, fue entonces que comprendió lo que ocurría.
Se alejó de la puerta y con las manos en la cara hizo un intento fallido por taparse la nariz, «esa niña tonta» pensó, mientras daba vueltas por la habitación, rogándole a los dioses que su hermano lograra hacerla desistir de cualquier estúpido plan que tuviera en mente.
Supo que los intentos de su hermano habían sido fútiles cuando lo sintió atrás de la puerta y ese olor delicioso se hacía cada vez más penetrante. Su miembro comenzaba a hincharse por la anticipación y le costaba trabajo mantener su pensamiento coherente.
Todo se fue a la mierda cuando ella le rogó que la tomara. ¿Cómo diablos se iba a resistir a eso? Le gritó a su hermano que se quitara de la puerta, pero el imbécil se negó. Nada ni nadie iba a separarlo de Rin, ¡mucho menos una puerta!
De un puñetazo hizo un agujero en la madera, frente a él estaba una muy sorprendida Rin. Pisó a su hermano, tomo a su mujer y salió por la puerta principal como alma que se lleva el diablo.
Aterrizó en el monte Takatani, a esas horas no había nadie, aunque por si las dudas, se quedó un poco lejos del observatorio. Estaba entre feliz, furioso, caliente, de todo pasaba por su agitada mente. Envolvió a Rin con el mokomoko y de manera muy brusca la acostó sobre la nieve. En seguida se le fue encima.
Bajó el cierre de la chamarra naranja pero ya no tuvo paciencia para botones y blusas, así que con sus garras rompió todo el envoltorio de su regalo. Hundió su nariz entre ese par de pechos que sus manos estrujaban, arrancándole suspiros a Rin. Después de llevárselos enteros a la boca y succionarlos, tomó el pequeño y colorado rostro de su novia y la regañó. —No tienes idea de lo que haces.
—Tus ojos… —comentó ella acariciándole la mejilla con su mano todavía enguantada.
—No es el lugar indicado, —gruñó empujando su pelvis contra la de ella —ni el momento indicado, ¡ni el clima indicado! —Le reprochó arrancándole los guantes de las manos y aventándolos a quién sabe dónde. —Pero ahora te vas a aguantar, porque no pienso detenerme.
Ella se mordió el labio inferior —Pues castígame —le dijo la muy sínica y él la calló con un hambriento beso mientras sus manos recorrían la desnuda piel de Rin.
En algún momento ella le quitó la ropa y él utilizó más de su youki para ensanchar al mokomoko y mantenerlos protegidos de la nieve lo mejor posible.
Su miembro palpitaba peligrosamente cerca de aquella húmeda entrada, pero haciendo uso de todo su poder, contuvo las ganas de clavarse en ella en ese mismo instante y mejor bajó su boca hacia aquel lugar que emanaba la mayor concentración de miel. Sus manos la mantenían abierta para él mientras su lengua la llenaba y bebía de ella. Quizás Rin se corrió dos veces, o quizá más; hasta contar le costaba trabajo, por lo que esperó que eso fuera medianamente suficiente para que lo recibiera sin mucha resistencia.
Así sentado sobre sus piernas, posicionó la punta en la entrada y la diferencia en diámetros era preocupante. Él era quizás el séxtuple de grande, no había manera… aunque se supone que por ahí puede salir un bebé… empujó tentativamente el glande e inmediatamente Rin abrió los ojos y se incorporó sobre sus codos. —¿Duele?
—Solo hazlo así de golpe.
—No.
Rin se echó para atrás rendida y el volvió a intentarlo, pero esta vez acariciando el clítoris con la esperanza de que lubricara un poco más y eso ayudara en algo. Entró la cabeza y escuchó a Rin sisear de dolor, volvió a salir de ella, pero esta vez se acostó completamente sobre Rin. —Todavía no pierdo completamente la cabeza, puedo llevarte a casa…
—¡No! —contestó firmemente con ojos llorosos.
—Maldita sea Rin… —murmuró y volvió a abrirse paso, besándola para que se distrajera y dejara de tensarse. La verdad es que él también la estaba pasando mal, aparte de que no le gustaba verla sufrir, sentía que en cualquier momento se iba a derramar dentro de ella, ese lugar era tan cálido y apretado, se sentía delicioso, pero el terror de hacerle daño lo mantenía al margen.
Empujó lentamente hasta que sintió como si la piel a su alrededor se desgarrase, ella chilló y le enterró las uñas en la espalda. Ninguno de los dos se movió por unos segundos.
Nota: este capítulo está ligeramente basado en hechos reales. Una vez dejamos encerrados a los niños (4 perros) en la casa porque hicimos una carne asada en el jardín y mis amigos traían a una perrita muy hermosa ¡Mi pug negro le hizo un hoyo a la puerta porque quería echarse a la perrita! Ahora la puerta es de vidrio muy resistente… Dejo foto de la puerta en Twitter (X): FernandaAmitla
