Rin entró a la cocina, topándose con un Inuyasha quien se mordía las garras —¿Te hizo algo? —Alarmado se acercó a ella para verificar que estuviera bien.
—No, solo… no lo sé, estaba muy enojado, me preguntó si tú y yo nos habíamos acostado y cuando le dije que solo fue un beso… comenzó a reclamarme y luego se fue.
—Está loco, a él qué chingados le importa con quién tú te beses… ¡oye, no llores, no llores!
Las lágrimas no le dejaban de salir a borbotones. —Siento que hice algo muy malo, como si lo hubiera traicionado. —chilló en la voz más bajita que pudo para no despertar a nadie más.
—¿De qué estás hablando, acaso son novios y yo no sabía?
—No, no, él no tiene novias, me dijo que eso es cosa de humanos y…
—¡Entonces no tiene por qué reclamarte nada!
Rin no supo qué contestar, Inuyasha tenía razón, si se tratara de otra persona ella misma le hubiera gritado la típica frase de "mi cuerpo mi decisión", pero era como si inconscientemente su corazón hubiese formado un vínculo invisible con ese hombre. Ya cuando se pudo calmar un poco, Rin subió al cuarto donde se hospedaba con su madre e Inuyasha regresó al futón de la sala con Miroku.
Al día siguiente su mamá preguntó por Sesshoumaru y ella mintió diciéndole que él se había regresado a Miyoshi por el calor. —Oh qué lástima, me hubiera gustado agradecerle en especial a él por planear todo esto, le mandaré un mensaje más al rato. —Contestó su mamá y a ella no se le ocurrió otra mentira para detenerla, así que dejó las cosas como estaban.
Cuando salió a nadar con sus amigos, todos la miraron con lástima y ella contrariada, miró a Inuyasha en busca de explicación, —les conté la verdad, que Sesshoumaru se enfureció porque tú yo nos dimos un abrazo… —respondió Inuyasha evitando su mirada y concentrándose en un trozo de sandía que tenía en la mano.
Rin odiaba las mentiras, no por una cuestión moral, sino porque era pésima mintiendo.
—Rin, ese hombre es un psicópata, nadie se enoja así por un abrazo, y mucho menos si ni siquiera eres su novia, mejor así que se aleje y te deje en paz —comentó Sango muy coherentemente, el problema era que no fue un simple abrazo y ella no quería que Sesshoumaru la dejara en paz, aunque Sango tuviera razón.
—No tengo nada en contra de él, de hecho, admiro su inteligencia, pero he de admitir que sí es un poco exagerada la reacción, rallando en celotipia y posesividad enfermiza —secundó Miroku, como siempre con palabras sabias.
—Yo creo que está confundido y por eso huyó, para pensar en frío las cosas y no hacerte más daño Rin, se nota que eres muy importante para él, no creo que tenga malas intenciones, aunque… bueno sí es una reacción desproporcionada ante un simple abrazo y mucho peor si entre ustedes no hay ningún acuerdo de exclusividad ni nada. —Kagome intentó excusar el comportamiento de Sesshoumaru, aunque al final Rin quedó igual de confundida.
—¿Exclusividad? Ni si quiera hemos confesado nada como para llegar a ese punto de conversación… pero gracias chicos, apreció mucho sus consejos y aunque aquí él parezca un loco, sé que yo también tengo responsabilidad en esto, solo espero no haber perdido a un muy buen amigo.
—Bueno coincido con Kagome, aunque fue mi idea el juntarte con tu mamá, él se encargó de todo lo demás, desde contactar a tu mamá, buscar los boletos, hasta lo que íbamos a comer cada día, él jamás le había dedicado tanto tiempo a algo que no fuera para beneficio propio, definitivamente eres especial para él y esta amistad no se puede ir a la basura por un malentendido, cuando regresemos a Miyoshi hablaré con él —finalizó Inuyasha dándole la espalda y caminando rumbo al mar.
Rin le dio las gracias y así trataron de pasar lo mejor posible los tres días restantes que les quedaban en la playa. El sábado se despidió llorando de su mamá, pero esta vez mucho más tranquila a sabiendas de que la vería el próximo año, con ayuda de la familia Taisho. La señora Izayoi se fue en shinkansen con su mamá rumbo a Tokio y los chicos tomaron el tren local rumbo a Miyoshi. Todavía les quedaba una última semana más de vacaciones y a la escuela.
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Rin entendió perfectamente que Sesshoumaru no quería volver a verla, le había quedado clarísimo al tener 15 mensajes en visto y sin respuesta por parte de él. Sabía que en la cultura japonesa el ghosting era la norma para evitar el conflicto a toda costa, pero lamentablemente para Sesshoumaru, ella tenía otra cultura, una donde les encantaba discutir y no se rendían fácilmente. Por supuesto que respetaría su decisión de no volverse a ver, pero ella necesitaba un cierre y necesitaba saber qué hizo mal, para no volver a cometer ese mismo error con alguien más en el futuro.
En el instante en que sonó la campana para el recreo, ella salió corriendo rumbo al tercer piso y se detuvo en la ventana del 3-A viendo a Sesshoumaru fijamente, él por supuesto que sabía que ella estaba ahí, aunque no la volteara a ver y Rin no se iba a mover de ahí hasta que Sesshoumaru se dignara a hablar con ella.
Después de unos minutos en los que los murmullos de los compañeros se hacían más grandes, Sesshoumaru por fin se levantó de su asiento, caminó hacia ella y sin mirarla a los ojos dijo —camina.
Terminaron en el patio trasero de la escuela donde casi no había nadie. Después de verificar que los pocos alumnos presentes estaban lo suficientemente lejos como para escuchar su plática, Rin tomó aire y fue al grano. —Entiendo que ya no quieres ser mi amigo y después de hoy no volveré a molestarte, lo prometo, pero necesito que me digas ¿qué hice mal, por qué estás enojado conmigo?
—Tú no has hecho nada malo, eres libre de hacer lo que quieras. Soy yo el que no soporta verte libre besando a cualquiera que te lo pida, por eso es mejor que me aleje y te deje ser feliz.
—¡Pero no he besado a nadie más que a tu hermano desde que llegué aquí! —Se había dicho a sí misma que iba a ser una plática calmada, pero ya estaba con la ansiedad a mil y gritando.
—¡No me importa! ¡No me importa si es solo uno o mil! ¡Yo quiero ser el único que pueda hacerlo!
«¿Todo esto por un maldito beso, pues no que son cosas de humanos?» pensó Rin confundida —Si lo que quieres es un beso, puedo dártelo ahorita y…
—No Rin, ese es el problema, que no solo quiero un beso, quiero que no vuelvas a besar a nadie más que no sea yo, que no vuelvas a abrazar a nadie más que no sea yo…
—Pues yo tampoco quiero que le des lamidas a tus amigas y que ellas te laman quién sabe dónde, pero por más que me duela imaginar esas escenas, ¡yo no soy ni tu novia, ni tu esposa, ni nada como para exigirte tal cosa!
—¡Nunca he lamido a otra mujer que no seas tú! …Excepto a mi mamá, pero ya no lo recuerdo…
—¡Qué! ¿Qué? ¿Cuándo?…
—Fue sin querer... no pude contenerme, fue mientras dormías.
—¿Y qué me lamiste? —Inconscientemente dio un paso hacia atrás, nunca imaginó que la plática tomaría este camino tan turbio.
—La cara y la mano…
—Ay bueno, menos mal... —Rin se llevó la mano al pecho para calmar su corazón.
—Lo siento, no volverá a suceder.
—Ash, yo no dije que no quiero que suceda, es solo que me gustaría estar consciente ¿sabes?
—¿Entonces sí puedo lamerte?
—Sólo si eres mi novio, si no, no.
—Quiero ser tu novio.
—Bien, acepto.
—Bien.
—Bien... —Todo fue tan rápido que Rin no entendió qué rayos acababa de suceder, se suponía que Sesshoumaru no tenía novias, que él amaba su libertad y ahora solo por conseguir lamerla con permiso, ¿se iba a subyugar a la categoría de novio?
—¿Y exactamente en qué consiste ser un novio? —preguntó él quizás ya con la cabeza más fría y analizando por fin en lo que tan impulsivamente se acababa de meter.
—Hum... pues como estar casados, pero sin hijos, sin vivir en la misma casa y… sin ningún papel firmado.
—¿Como un prometido?
—Sí, creo que sí, aunque aún somos demasiado jóvenes, no tienes por qué pensar en que nos vamos a casar, solo disfrutar del momento y dejar lo demás al destino.
—¿Pero y si sí me quiero casar contigo?
—¡Qué! —Y sonó la campana. Estaba exhausta, esto sí que fue una montaña rusa de emociones. Caminaron rápidamente de regreso al edificio y antes de que ella se dirigiera a su salón y Sesshoumaru continuara subiendo al tercer piso, él la detuvo del brazo.
—¿Pero al ser mi novia, eres solo mía? —Preguntó él en voz normal, como si hubiera preguntado si mañana iba a llover. Los estudiantes a su alrededor se detuvieron y esa área quedó en completo silencio. Ella estaba a punto de desmayarse, estaba segura de que su corazón se había detenido y su cerebro ya no obtenía oxigenación.
—Ss sí, solo tuya. —Se tapó la cara con las manos y salió corriendo hacia su salón. Era el fin, estaba segura de que esto se volvería el chisme del año y más fans de Sesshoumaru le echarían bronca.
A los pocos segundos llegó Inuyasha, por la mirada de extrañado que le echó, supo que todavía no se entraba de nada y ahí le cayó el veinte, iba a tener que decirle, que estaba saliendo oficialmente con su hermano… «Ay qué horror» pensó para sus adentros y esquivó la mirada de su amigo.
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—Veo que se contentaron demasiado rápido, toda la escuela está hablando de ustedes. —la voz de Inuyasha vino desde la rama de un árbol, pero no dio indicios de querer bajar, por lo que ella se recargó en el tronco para contarle todo lo que había ocurrido.
—…Y así es como al parecer ya tengo novio.
—Hum... yo no soy ningún experto, pero creo que es mejor que le expliques bien en qué conociste todo, no ha querido hablar conmigo, pero sé que esto de tener sentimientos es algo nuevo para él, hasta ahorita su corazón había sido de piedra y ahora que ha comenzado a latir, estoy seguro de que no sabe ni qué hacer con él.
—Sí, hablaré con él el sábado. ¿Pero por qué no bajas?
—Es que, siento que ya no es correcto que estemos los dos solos, tú sabes cómo es aquí, si me ven hablando contigo se van a malinterpretar las cosas.
Rin se puso muy triste, sí conocía las reglas, las mujeres no se mezclaban con los hombres y aunque su grupo de amigos, era de los pocos grupos disruptivos que no seguían la regla, una cosa era salir en grupo y otra que la vieran sola con Inuyasha… definitivamente nunca iba a poder acostumbrarse a esta cultura tan restrictiva. —Entiendo, adiós entonces. —La alegría que había sentido en todo el día, se había ido un poco al carajo al saber que ya no podría hablar con Inuyasha como antes, pero quién era ella para venir a quejarse de las reglas de otro país. No le quedaba más que resignarse a ver a Inuyasha solo cuando fuera en compañía de más personas.
Llegando por primera vez en mucho tiempo sola a su casa, cenó, hizo su tarea, luego ayudó a Hideaki y Hiroaki con sus tareas de primaria, se metió a bañar, se puso su pijama y subió las escaleras a su pequeño cuarto que antes fungía como bodega. Abrió la puerta, prendió la luz y pegó un grito agudo al toparse con alguien adentro, los ojos sorprendidos de Sesshoumaru la regresaron a la realidad y la voz de su abuela subiendo las escaleras la alarmó.
—Rin, ¿qué pasó?
Ella salió para bloquear las escaleras —Ho lo siento abuela, no pasa nada, es que vi una cucaracha, pero ya la maté jeje.
—Tanto escándalo por una cucaracha… —la abuela dio media vuelta y bajo las escaleras.
—Perdón por el susto abuela, buenas noches. —Regresó a su cuarto y cerró la puerta con seguro.
—¡Sesshoumaru! ¡Me asustaste! ¿Qué haces aquí?
—El beso.
