En diciembre Sesshoumaru renunció a la policía, entregó las llaves de la patrulla, las esposas, el arma y todo lo que no le pertenecía. Renunciar a una compañía japonesa era una gran ofensa, todos sus compañeros lo veían confundidos, no entendían por qué el half que tanto trabajo le costó llegar a ser el mejor policía de todo el país, se iba de repente por un berrinche, porque su esposa no podía vivir feliz en Japón.
Sin embargo, en su opinión, sus compañeros eran las pobres almas condenadas a vivir una monótona vida en el trabajo y ser unos desconocidos en casa, donde absolutamente nadie se alegraba con su regreso.
Salió del edificio mucho más ligero, libre, feliz. A medio día pasó por Rin a sus clases de inglés. Como la iba a registrar en el koseki, ya no se quedó a tomar sus clases de sueco. Fueron con todos los papeles al ayuntamiento y registró a Noto Rin como Takahashi Rin.
—Sabes, aunque ya no quiero tener nada que ver con mi familia original, es extraño perder mi apellido y pasar a ser un objeto de otra persona —comentó Rin después de ver su nuevo nombre oficial.
—De hecho, en Suecia vas a seguir siendo Noto Rin.
—¿O sea que no voy a formar parte de tu familia?
—Allá se crea una nueva familia, Takahashi-Noto o Noto-Takahashi, pero no pierdes tu apellido.
—Hum, me gusta, o sea no me gusta ser Noto, pero me gusta conservar mi identidad, no sé si me explico.
—Sí lo entiendo, yo odiaba ser Takahashi cuando mi padre dejó a mi madre, pero ahora entiendo que es parte de mi identidad.
—¡Exactamente! Así me siento… ¿Oye entonces ya somos esposos?
—Sí.
—Wooow… ¿sientes algo diferente?
—Nada. Supongo que ese es el objetivo de las bodas, hacerte entender por medio de una celebración inolvidable, que a partir de ese día ya estás casado.
—Tienes razón, supongo que cuando se haga la boda en mayo, me lo tomaré más enserio jajaja.
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Su casa estaba a penas en construcción y tardaría alrededor de un año en completarse, por lo que tuvieron que llegar a vivir a casa de su madre con todo y perros. Sesshoumaru tenía miedo de que Rin se llevara mal con su progenitora, pero muy a su pesar, se volvieron amigas rápidamente. No solo eso, Kaede también cobijó inmediatamente a Rin como si fuera su nieta y Mathias la trataba como a una princesa.
Probablemente por el nuevo ambiente al que Rin debía adaptarse, había estado de mal humor todo enero; le dolía la cabeza, tenía resfriado, cambios de humor repentinos y un sinfín de cosas más, aunque como él debía ir a su entrenamiento para ser policía en Suecia, los que más sufrían con el mal humor de Rin eran Kaede y Mathias, quienes estaban todo el día en la casa mientras ella aprendía en línea sobre su nuevo trabajo en la compañía de su madre.
Inuyasha le llamó a la salida del trabajo para preguntar sobre los preparativos de la boda y en general para saber cómo estaban.
—Rin no se siente bien recientemente.
—¿Y eso? ¿Qué síntomas tiene? —Preguntó su hermano genuinamente preocupado.
—Ni que fueras médico para tener una idea…
—Quizás, pero he ganado experiencia al vivir con Kagome, aunque si no quieres decirme pues equis, es tu problema…
Cómo odiaba tener que confiarle sus intimidades a su hermano —… Está muy cansada, se molesta por cualquier cosa, extraña la comida de Japón, tiene como una especia de resfriado que no se va…
—Hum… bueno como experto en nada, te diría… ¿no te habrás comido la torta antes del recreo?
—¿Qué?
—O sea, creo que vas a tener que adelantar la boda si no quieres que se note el embarazo…
Sesshoumaru se quedó en silencio un momento y luego colgó la llamada. Lo que decía Inuyasha no era para nada descabellado, Rin y él habían estado copulando como conejos y con lo ocupados que habían estado los últimos dos meses, estaba seguro de que en algún momento se habían equivocado con las fechas.
Regresó a casa a las 9 de la noche y decidió confrontar a su ahora esposa. —Rin ¿Cuándo fue la última vez que sangraste?
—¡Yo estoy muy bien gracias y tú! —su señora respondió claramente molesta por no haber recibido el saludo habitual… quizá, ya ni sabía bien qué cosas hacía mal.
—Bien…
—…
—…Hmmm…
—¿Qué insinúas?
—Que podrías estar embarazada… —Pocas veces había sentido miedo y hoy era uno de esos días en los que deseó no haber traído el tema a la luz.
—¿Qué?, ¡tú crees que todo mi ser se mueve por hormonas! —Rin de pronto se soltó a llorar.
—Rin, no insinué nada, es una duda genuina.
De pronto su madre entró sin avisar al cuarto donde ellos se estaban alojados temporalmente —Deja de estar molestándola, si quieres saber algo, trae las cosas necesarias para saberlo —lo regañó y le entregó una pequeña caja alargada. Una prueba de embarazo. Por su puesto que siempre debía ser humillado por mamá…
Rin se puso roja, tomó la caja sin decir nada y se encerró en el baño. Cinco minutos después salió disculpándose y preguntando si se podía adelantar la boda para marzo.
Cuando Inuyasha sacó el tema, él se mantuvo calmado, a fin de cuentas, solo eran suposiciones, pero ahora que la paternidad se volvía algo inminente, se le bajó el azúcar o algo, porque hasta se tuvo que sentar en la cama para no perder el equilibrio.
Rin se mordió el labio como tratando de suprimir una enorme sonrisa y caminó hacia él. Se quedaron abrazados un rato sin decir nada, hasta que su madre les recordó que ella seguía ahí.
—Este… lamento interrumpirlos, pero hace mucho frío en marzo… —refutó el repentino cambio de planes.
—Rin se separó de él y mortificada se quejó —No me quiero ver como un corrector en pluma el día de la boda…
Todavía un poco mareado por la noticia, se levantó de la cama y se dirigió a su madre —Estoy seguro de que podemos adelantar la boda o atrasarla, yo solo quiero que Rin esté cómoda.
Al final de cuentas decidieron adelantar la boda, ya que una boda después de tener al hijo no era muy bien visto en la cultura japonesa y había muchos miembros japoneses en la familia.
Mientras el jardín era ligeramente decorado por los empleados de su suegra, ella y Kagome desayunaban pan tostado con mermelada en el enorme comedor. Platicaban sobre a futura boda de Kagome, sobre la casa en construcción de Rin y general sobre el futuro.
—¿Y por lo menos sabes cuándo te quedaste embarazada? —Cuestionó Kagome al ver que Rin acariciaba su aún inexistente pancita.
—Quizás la vez de las esposas.
—¿Las esposas?
—Jajajaja no me veas así Kagome, fue algo muy divertido, después de que Sesshoumaru renunciara a la policía, pasaba por mí diario a la escuela en el auto de Izayoi, porque también vendió su propio carro. Un día, en lugar de regresar a casa, condujo muy lejos hacia la montaña, yo creí que sería una sorpresa romántica, pero en cuanto nos salimos del camino y se detuvo en un lugar muy desolado, supe que algo turbio tramaba. Se bajó del carro, abrió mi puerta y dijo algo así como "queda usted arrestada por alterar el orden público con tremendo durazno tan jugoso"; me mostro unas esposas, supongo que del señor Jaken y me sacó del auto.
—¡!Qué! Kyaaa, noooo no puedoooo, —Kagome se puso roja, pero rogó porque la historia continuara con detalles.
—Me esposó las manos a la espalda me recostó sobre la cajuela, bajó mis pantalones y me dio duro duro contra el auto jajaja, yo todo el tiempo lo único que vi fue la luneta del auto, me hubiera gustado que tuviera un efecto espejo…
—¡Rin! ¿Y luego?
—Decidimos dejar de jugar cuando comenzó a nevar y a ocultarse el sol…
—Llevo saliendo con Inuyasha toda la vida y nunca se nos ha ocurrido hacer algo así.
—Tú eres doctora, podrías llegar un día en uniforme a examinarlo "profesionalmente" …
—¡Rin! ¡Qué cosas dices! ¡Mi cuñado te ha corrompido por completo! —Kagome no paraba de gimotear y a Rin le causaba gracia que una mujer mayor que ella se ofuscara con estas cosas. —Entonces eso fue en diciembre ¿no? ¿Fue la última vez que te bajó?
—No lo recuerdo, es que hicimos tantas cosas, la mudanza, los trámites de Ah-Un, el registro de matrimonio…
—A pero del arresto bien que te acuerdas…
—La luneta del auto vivirá en mi memoria para siempre jajajaja. Desde que llegamos a Suecia no hemos parado de tener sexo, eso quiere decir que desde diciembre o enero no he sangrado.
—Entonces sí, lo más probable es que los bebés se concibieron el día del arresto pffff los hijos del crimen jajajaja
—¡Ay no! Prométeme que nunca le contarás a tus futuros sobrinos cómo fueron creados.
—Uy… lo pensaré. Oye y ¿ya sabes si van a ser niños o niñas?
—No, no queremos saber, va a ser sorpresa.
—Sesshoumaru es quien no quiere saber y te convenció.
—Nooo de verdad yo tampoco quiero saber, no me agrada que desde antes de que nazcan ya se les impongan ciertos tipos de juguetes o colores. No me parece la gran cosa que no queramos saber, pero nunca me imaginé que tantísima gente se pondría triste por eso, Izayoi casi llora porque no sabía si comprar muñecas o guantes de baseball.
—¿Sabes? Al principio creía que tú y Sesshoumaru no tenían nada en común, o sea, que él era una piedra y tú un sol, pero, aunque tienen un carácter diferente, tienen muchísimos valores en común, casi no pelean, ¿verdad?
—Nunca me he peleado con él, al menos no como se peleaban mis papás, he hecho uno que otro berrinche, pero Sesshoumaru siempre me da mi espacio hasta que se me pasa jiji.
—¡Awwww qué lindos! Voy a venir a visitarte cuando nazcan los bebés, ojalá mi cuñado no se moleste.
—No creo, en el diseño de la casa, está contemplado el cuarto de visitas, aunque sí tuvimos que modificar el plan original para que cada bebé tenga su propio cuarto, nunca planeamos tener más de un bebé y menos al mismo tiempo…
—Bueno como tu mamá tuvo gemelos, era muy probable que tú también.
Rin sonrió melancólicamente al recordar a su familia, Sesshoumaru había sido sumamente cuidadoso con la organización de la fiesta; en lugar de dividir a los invitados de la novia y el novio para que los novios caminasen por el pasillo central, él pidió que no hubiera pasillo y así ellos entrarían por los laterales, de ese modo Rin no sentiría que de su lado no había ningún invitado.
—Rin, perdóname, ¡no debí sacar el tema de tu familia!
—No pasa nada Kagome, —ella sonrió genuinamente —de hecho, he hablado con mis hermanos y vendrán a conocer a los bebés cuando nazcan. Yo creo que perdonar no significa olvidar, el que olvida vuelve a caer en las garras de malas personas. Yo he perdonado a mis papás por lo que me hicieron, pero no los quiero cerca de mis hijos y mis hermanos lo entendieron.
—Nunca lo había pensado así, pero creo que tienes razón. Me alegra que te sigas llevando bien con tus hermanos, ¿ellos siguen viviendo con tus papás?
—Sí, mis papás nunca los han tratado mal, así que ellos no tienen razones para alejarse.
—Eres muy fuerte, creo que a mí me enojaría mucho si mi hermano se llevara bien con alguien que me trató mal
—Todo es gracias a ti que nos presentaste a Miroku, yo he seguido hablando con él por videollamada y me ha ayudado mucho.
—En su vida privada es un tonto, pero es muy buen médico, me alegro que te haya sido de ayuda.
