*Las bodas japonesas duran d horas, son muy sobrias, hay música bajita de fondo y nadie baila o hace alboroto.


Durante el entrenamiento del viernes, les hablaron para que fueran a sacar a un Genin encerrado en su departamento, al parecer en vida fue un hombre muy adinerado, pero ya de viejo se fue quedando sin amigos y con las relaciones familiares bastante diluidas en Suecia, nadie lo iba a visitar. Tampoco tenía hijos ni esposa, por lo que, los compañeros policías de Sesshoumaru sospechaban que la depresión lo venció y no buscó ayuda a tiempo.

Él todavía no podía portar arma, pero ayudó haciendo una barricada con un escudo junto a otros compañeros frente al lugar, mientras uno abría la puerta y otro disparaba al Genin. El monstruo cayó al instante y sus compañeros lo amarraron.

—¿Para qué lo amarran si ya está muerto? —Preguntó él sorprendido con la maniobra innecesaria.

—No está muerto, es un dardo tranquilizante —contestó su superiora, —los estamos capturando y almacenando en los sótanos para ver si podemos hacer que retornen a su humanidad, tal como tú lo lograste, pero ahora tenemos el apoyo de médicos y biólogos. De hecho, este método de encerrarlos en sótanos se estableció gracias a tu tesis… ¡No me digas que en Japón los siguen matando!

—Humm… sí.

—Pero en tu tesis decía que por eso se llamaban "Genin" los de abajo…

—Solo en algunas prefecturas de Japón los mantienen en sótanos, el resto del país los mata. —Sesshoumaru no podía creer que Tottori y Shimane, las dos prefecturas más olvidadas del país, en realidad fueran las más vanguardistas en sus métodos para controlar a los Genin, sin duda uno no debe de andar juzgando un libro por su portada…

Una ambulancia se llevó al Genin sedado a un sótano controlado por el gobierno y ellos regresaron al entrenamiento habitual. Gracias a Odín que el incidente no escaló a algo grave, ya que a él le urgía regresar temprano a casa y dejar todo listo para su boda al día siguiente.


El sábado Rin observó desde la ventana cómo el sereno de la mañana estaba convertido en escarcha sobre las sillas del jardín donde se sentarían los invitados, realmente no era buena idea una boda en marzo, pero eso se ganaban por descuidados y no contar bien las fechas. Tomó un baño caliente, bajó a desayunar y a las 9 y media de la mañana llegaron Kagome e Inuyasha a ayudar.

Kagome y su suegra se encerraron con ella en la habitación para ayudarle a ponerse el vestido de manga larga que tenía bordados nórdicos en lentejuela y pedrería, luego se colocó unos guantes gris-azulado y también una especie de capa del mismo color, todo muy elegante, se sentía como una princesa del medioevo.

Mientras Kagome le hacía una trenza que parecía despeinada y aseguraba flores azules y blancas, Su suegra colocó una moneda de oro en el zapato derecho.

—¿Tradición sueca? —preguntó Rin ante la curiosa acción.

—Para asegurar tu prosperidad y un vínculo duradero con tu familia. Según la tradición, la novia lleva en el zapato derecho una moneda de oro entregada por su madre y en el izquierdo una moneda de plata entregada por su padre… —la puerta se abrió y entró Jaken corriendo a colocar la moneda de plata en el el zapato.

Obviamente eso le dio mucho sentimiento y se le llenaron los ojos de lágrimas.

—¡El maquillaje, el maquillaje! —Gritaron las mujeres al unísono mientras Jaken corría por un pañuelo y pedía mil perdones.

—Respira Rin, respira, hiiii uffff hiiii uuuffff, piensa en cosas chistosas, en Inuyasha y Sesshoumaru cocinando o yo qué sé, pero olvídate de esto —recomendó Kagome.

Después de que se calmó, Kagome arregló un poco el maquillaje y por fin salieron a la ultra rápida y helada ceremonia. Algunos invitados miraban el lugar extrañados, al no haber pasillo por donde se suponía que los novios debían caminar, pero igual se alegraron cuando cada uno de los novios entró por los laterales encontrándose así frente a la mesa de la ceremonia civil.

Sesshoumaru se veía muy hermoso, como siempre, con un tuxedo negro que hacía resaltar sus brillantes ojos dorados, lo mejor de todo es que le cumplió su capricho de no cortarse el pelo, aunque para la ceremonia lo tenía amarrado en una pequeña coleta.

Hacía mucho frío, así que firmaron, Ah-Un entraron vestidos de tuxedo negro, combinando perfectamente con su papá. Ah le entregó el anillo de la novia a Sesshoumaru y Un le entregó el anillo del novio a Rin. Era la primera vez que Rin veía los anillos, ya que Sesshoumaru no le consultó para nada los diseños, pero se sorprendió mucho al ver que eran una especie de arcos, el de ella mucho más estilizado que el de Sesshoumaru.

—Hice mi mayor esfuerzo porque tuvieran tintes barrocos, pero acabé eligiendo el arco gótico… —le murmuró a modo de disculpa.

—Son hermosos —contestó ella conmovida con el hecho de que él siguiera tratando de complacerla con todos sus gustos y de verdad que le encantó cómo abstrajo algo tan complicado en un simple anillo de bodas.

Se dieron un beso fugaz, porque a su esposo no le gustaba demostrar afecto en público y por fin todos casi que corrieron al interior de la cálida cabaña.

Aunque el lujoso hogar de su suegra era enorme, o al menos para los estándares japoneses, tener en la sala alrededor de 50 personas, más 3 meseros y 2 perros, se sentía un caos total, aunque nadie parecía estar incómodo, supuso que era otras de las diferencias culturales, en Suecia todo se sentía mucho más relajado.

Los meseros comenzaron a repartir bebidas y unas entradas muy coloridas —¿Qué es esto? —le preguntó a Sesshoumaru

—Kalix Löjrom, caviar Kalix, se parece al mentaiko, te va a gustar.

Después llegaron los nigri sushi que había estado preparando la señora Kaede toda la noche para los invitados japoneses.

Como plato fuerte había dos platillos de carne ambos se veían deliciosos, pero por si las dudas, Rin volvió a preguntar —¿Y esto qué es?

—Carne de ternera y carne de reno.

—¿Un bambi…? —Corroboró con voz temblorosa. En Japón se come venado… pero en los pueblos montañosos, no en Osaka, así que ella nunca se había comido a un pobre bambi…

Sesshoumaru agarró la carne de ternera para ella. —la vaca bebé será.

Rin trató de no pensar en que todos los animales que se comía podían ser bebés. Después de eso gracias al cielo sirvieron takoyakis, definitivamente le debía un gran regalo a la señora Kaede por hacerla sentir cómoda en su pequeña boda.

Mientras todos bebían alcohol y se la pasaban dando discursos en sueco que a duras penas entendía, ella bebía té de hoja de frambuesa roja. Veía con envidia cómo hasta Kagome que no entendía ni pe del idioma nórdico, cantaba canciones en inglés con primos lejanos de Inuyasha mientras derramaban algo de vino en el piso de madera.

Cuatro horas después de que cada invitado daba discurso tras discurso y hasta repetían, los familiares japoneses se retiraron, Kagome se acercó a ella para despedirse —Ya nos vamos al hotel, Izayoi y Toga están muy cansados, ¡además yo no sabía que las bodas en el extranjero duraran tanto!*

—Ayñññ no te vayas —Rin hizo un puchero para tratar de convencer a su amiga para que no la dejara sola con un montón de suecos borrachos que, por alguna razón, cada que Sesshoumaru se distanciaba, hombres y mujeres aprovechaban para llenarla de besos en la mejilla, al parecer era un extraño y tradicional juego de los nórdicos.

—Mañana nos vemos para desayunar, lo prometo, además hoy en la noche seguro estarás muy ocupada jejeje, ¡nos vemos!

Y así los únicos mitad japoneses que quedaron fueron su esposo y su suegra. Gracias al frío invernal, después de 6 horas de fiesta, todos regresaron a sus casas cuando anocheció alrededor de las 6:00 pm.

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Después de la boda, estaban tan cansados que no hicieron más que abrazarse y besarse bajo las gruesas cobijas.

—Te aburriste terriblemente, ¿cierto? —preguntó Sesshoumaru un poco preocupado.

—Para la próxima boda, me aseguraré de no estar embarazada y poder tomar alcohol jajaja —bromeó ella para aligerarle el ánimo —ya en serio, estuvo muy bonito todo, muchas gracias por cumplir todos mis caprichos —declaró mientras acariciaba ese sedoso cabello que ya se había librado de la liga opresora. —No puedo esperar a que tu pelo vuelva a ser como una cascada de plata.

—¿Para qué?

—Para jalarlo controlarte a mi antojo —contestó Rin pícaramente y trató de jalar el cabello hacía atrás y exponer ese largo cuello para morderlo, sin embargo, al faltar longitud, perdió rápidamente el agarre —¡Jum! ¡Ves, qué triste!

Sesshoumaru jaló su enorme trenza azabache y le mordió el cuello. —Mmmm tienes razón, el pelo largo tiene ventajas —Rin rio por las cosquillas que le provocaban esos dientes en su yugular, las cosa se estaba calentando cuando, de pronto, escucharon la madera crujir bajo pasos sigilosos que descendían por las escaleras.

—No inventes que tu mamá también nos va a espiar… —reclamó ella harta de estas interrupciones.

Solo su suegra y la señora Kaede dormían en el segundo piso y los pasos de su abuelita adoptiva eran pesados y lentos; no había duda de que se trataba de la señora Irasue.

Sesshoumaru no dijo nada, aunque tenía el ceño fruncido, no obstante, ambos se sorprendieron muchísimo cuando los ligeros pasos no se detuvieron frente su cuarto, si no que siguieron su camino, alejándose de ahí.

Su esposo, intrigado salió de la cama y ella lo siguió sin saber bien cuál era el problema —quizá va a la cocina por agua —trató de apaciguarlo.

—La cocina está casi frente a este cuarto, no rumbo a la puerta principal —contestó él tratando de mantenerse calmado. Salieron descalzos y a hurtadillas rumbo a la parte frontal de la casa.

Rin estampó su nariz en la espalda de Sesshoumaru cuando éste se detuvo abruptamente frente al cuarto de Mathias.

Gemidos femeninos y murmullos masculinos eran a penas perceptibles. Rin se llevó las manos a la boca, no lo podía creer… aunque su desconcierto fue rápidamente desplazado por preocupación al ver que Sesshoumaru reanudaba su avance hacia la puerta.

Ágilmente lo detuvo del antebrazo y lo jaló. Él la miró molestó y ella negó enérgicamente con la cabeza, rogándole con la mirada que volvieran a su cuarto. Su esposo pareció entrar en razón y regresaron.

Ya bajo el resguardo de las cuatro paredes, Rin tomó su mano y lo llamó, ya que él seguía con la mirada perdida hacía la puerta. —Sessh…

—Lo voy a moler a golpes, ¡cómo se atreve a propasarse con mi madre!

—A lo mejor están saliendo…

—Ese tipo es como… 10 años menor que ella, está claro que le está viendo la cara.

—No subestimes a tu mamá, ella es una mujer extremadamente perspicaz, estoy segura de que sabe los que hace. Además, después de todo lo que pasó con tu papá, ¿no te da gusto que ahora ella esté disfrutando del amor? Sé que quizás como hijo varón ha de ser extraño ver a tu mamá con un novio, pero ella merece rehacer su vida y Mathias es un buen hombre… creo, ya lleva muchos años trabajando para ella, ¿no?

—Como 7… — exhaló pesadamente él y afianzó el agarre en su mano.

Rin correspondió acariciándolo con el pulgar. —Si sale algo mal, fabrico una ballesta y le disparamos en el culo, ¿qué te parece?

Sesshoumaru sonrió ligeramente más tranquilo. —Magnifico plan.