Julio había llegado con ligeras lluvias veraniegas y un clima fresco muy agradable, por lo que se esforzaba por llegar temprano a casa para poder sobar el vientre de Rin y verla en ropa ligera disfrutando del jardín.

Lamentablemente, ese jueves llegó tarde de trabajar, ya que perdió la noción del tiempo mientras estudiaba sobre leyes suecas en la biblioteca. Cuando miró el reloj por casualidad, ya eran las 9:30 de la noche.

Se coló en silencio bajo las cobijas de la cama, tratando de no despertar a Rin, pero fracasando al instante en que sigilosamente su mano la tocó y es que desde que supo que Rin estaba embarazada no podía evitar tocar su vientre todo el tiempo esperando sentir algo con vida ahí. Le parecía increíble que un par de versiones miniatura de su esposa estuvieran cocinándose dentro de ella.

Porque sí, en secreto deseaba que fueran niñas; si su persona favorita en el universo era mujer, qué mejor que tener 3, su propio ejército de amazonas, valquirias…

—Es tarde, ¿cenaste? —La voz de Rin lo sacó de sus delirios bélicos.

—No tengo hambre —murmuró en su oído y la cuchareó más fuerte con cuidado de no molestar a los bebés.

—Vamos a que comas algo —ella insistió y trató de zafarse de su abrazo, pero él se lo impidió.

—Te comeré a ti —contestó él bajando el tirante y dejando una hilera de besos desde el hombro hasta el cuello. Rin suspiró y él tomó esa reacción como permiso para levantarle el camisón, bajarle la ropa íntima y adentrarse en ella.

Se hundía y emergía tortuosamente lento, temeroso de hacerle daño a sus hijos.

—No va a pasar… nada si lo haces más fuerte —Rin se quejó entre gemidos.

—Imagínate estar dormido cuando inesperadamente tu mundo tiembla y no hay a dónde correr…

Rin rio de buena gana y él aceleró un poco más sus estocadas hasta que terminaron ahogando suspiros y gemidos tratando de no hacer más ruido. Ni siquiera hizo el intento de salir de ella, dentro de esta húmeda y tibia cueva se le antojaba quedarse a vivir toda la vida.

Antes de quedarse completamente dormido, preguntó —Rin, ¿no te arrepientes de haber venido conmigo hasta este desolado lugar?

Ella bostezó y después rio claramente adormilada —¿Recuerdas cuando me pediste caminar a tu lado por la calle que nos llevaría al infierno?

—Ah… la peor propuesta de matrimonio en el mundo…

—Sí, jiji, bueno al final de cuentas, me trajiste al cielo.

Fin~