El sol caía sobre Central City, pintando el cielo con tonos dorados y naranjas. En un parque desgastado por el tiempo, Claudia se encontraba en medio de una situación que, para cualquiera, parecería una simple disputa infantil. Pero para ella, era mucho más que eso.
Tres niños, de cinco, siete y diez años, sus propios primos, estaban rodeados por un grupo de matones mayores. Niños crueles que, con la impunidad que la infancia a veces otorga, los habían acorralado contra la cerca de madera astillada. Les gritaban insultos, empujaban al más pequeño y se burlaban de ellos. Claudia, quien había pasado por demasiadas injusticias en su corta vida, no iba a quedarse de brazos cruzados.
Dio un paso adelante, interponiéndose entre los matones y sus primos. Sus ojos, de un marrón profundo, estaban llenos de determinación.
—¡Basta!— ordenó, con una voz firme y clara. —Si quieren meterse con alguien, intenten conmigo.
Los chicos mayores rieron, mirándose entre ellos con burla. Uno de ellos, el líder, la escaneó de arriba abajo.
—¿Y tú qué vas a hacer? ¿Pegarnos?— se mofó.
Claudia no respondió. En su postura se notaba que estaba preparada. Ella no era de las que hablaban demasiado cuando la acción hablaba por sí misma.
Uno de los matones intentó empujarla, pero en un solo movimiento, Claudia atrapó su muñeca y la dobló en un ángulo doloroso. El chico gritó y dio un paso atrás, sorprendiendo a los demás.
—No los vuelvan a tocar— advirtió Claudia, su tono inquebrantable.
Los matones, después de un momento de tensión, se fueron murmurando insultos. Claudia soltó un suspiro de alivio y se giró hacia sus primos, esperando ver gratitud en sus rostros. Pero en lugar de eso, encontró expresiones de desprecio y resentimiento.
—¡No necesitábamos tu ayuda!— gritó el mayor de ellos, con los puños apretados. —Siempre has creído que eres mejor que nosotros con esas técnicas de karate. ¡No eres parte de la familia!
Los otros dos niños asintieron, con los ojos llenos de una furia infantil que Claudia no entendía del todo. Su corazón se encogió. Había esperado rechazo de muchas personas en su vida, pero no de ellos.
—Yo sólo quería ayudar...— dijo en voz baja, intentando encontrar en sus rostros alguna señal de que no lo decían en serio.
—No necesitamos tu ayuda— repitió el más pequeño, aferrándose a su hermano mayor.
Claudia sintió un nudo en la garganta, pero no dejó que las lágrimas se asomaran. Había aprendido a ser fuerte, a no mostrar debilidad. Se dio media vuelta y comenzó a alejarse, sintiendo un vacío creciente en el pecho.
Por mucho que quisiera protegerlos, parecía que su propia familia nunca aceptaría su ayuda. Y esa verdad, más que cualquier golpe o insulto, dolía de verdad.
Los científicos se encontraban en el córtex probando la velocidad multitareas del velocista, En estaciones la primera, jugaba ajedrez con Harrison Wells; en la segunda, enfrentaba a Cisco Ramon en Ping-pong; y en la tercera, jugaba "Operando" con Caitlin Snow. Mientras tanto, Claudia le lanzaba dardos. Era peligroso, pero la muchacha tenía buena puntería.
—Ni siquiera es anatómicamente correcto —se quejó Caitlin.
—Ese no es el caso, Dra. Snow... —respondió Barry.
—¿Entonces cuál es? —preguntó Caitlin con los brazos cruzados.
—Divertirse —dijo Claudia con una sonrisa.
—Y que continúe con el entrenamiento para probar su velocidad —intervino Harrison—, forzando su capacidad multitarea.
Barry llegó frente a Harrison con una sonrisa.
—Lo estoy esperando, Dr. Wells.
La doctora más joven observó a Harrison antes de ir con él, arrastrando una silla para colocarla junto a la mesa de ajedrez y ver el tablero. Claudia sonrió al ver la jugada que Wells haría.
—Jaque mate —declaró Harrison con calma.
—Espera... —Barry corrió hasta la estación—. ¿Jaque mate?
—Jaque mate —repitió Claudia sin despegar la vista del tablero.
—Supongo que aún tenemos un par de cosas que aprender —admitió Harrison—. ¿O no, Sr. Allen?
—Robo con armas entre la cuarta y Collins —informó Cisco, mientras Claudia observaba un mapa al otro lado del córtex.
—Para que quede claro... —Barry miró a Claudia—. Gané en "Operando" y en Ping-pong.
El velocista salió de inmediato, tomando su traje y provocando que el cabello de Claudia se alborotara con el viento que dejó tras su paso. Caitlin intentó sacar una pieza del juego, pero fracasó, provocando un sonido que la frustró.
—No es tan fácil como parece... —murmuró Caitlin.
Claudia siguió su camino hasta las computadoras, sentándose junto a Cisco. Rápidamente hizo una conexión para comunicarse con Barry.
—¿Dónde está el hospital más cercano?
—St. Andrews —respondió Claudia por el micrófono—. Siete calles al norte, dos al este.
—Llamen a emergencias, díganles que tienen un herido de bala.
Después de esa pequeña experiencia, Barry regresó solo para dejar su traje y marcharse a trabajar. Claudia, por su parte, se encerró en la sala de investigaciones del córtex y sacó su cuaderno de Metahumanos para hacer anotaciones.
Las voces en los pasillos comenzaron a escucharse. No les prestó atención, incluso cuando Barry entró acompañado de una joven rubia.
—Y aquí es donde monitoreamos las frecuencias buscando actividad criminal... —explicó Barry—. Podemos rastrear todo lo que sucede en la ciudad. Mira esto.
—Tenemos nuestro propio satélite —intervino Caitlin, caminando junto a Cisco hacia los recién llegados.
—Lo sé —respondió la rubia—. Lo hackeo de vez en cuando.
Claudia sacó un cuaderno y anotó algo, haciendo ruido con su lápiz, lo que atrajo la atención de todos.
—¿Qué haces, Claudia? —preguntó Cisco.
—Anotando un recordatorio.
—¿Para qué?
—Hacer nuestro satélite anti hackeos —respondió, mirando fijamente a la rubia, quien sonrió apenada—. Soy Claudia Urlich
—oh mucho gusto jovencita —respondió la rubia—. ella...es?
—La aijada del Dr. Wells tiene talento —dijo Cisco sin levantar la vista.
—Soy Felicity.
—mucho gusto , se ve que eres increible—respondió la más joven mirandola.
—Lo de los hackeos es algo malo —comentó Caitlin con desaprobación.
—Lo sé, por supuesto.
—Es genial verte otra vez, Felicity —dijo Caitlin—. Solo me pregunto cuánto de nuestra operación necesita saber ella.
—Sí, Felicity trabaja con Arrow —confirmó Barry.
—estàn hablando de ese encapuchado tan genial0 —Claudia miró a Barry como una niña estaba con los ojos brillosos —. Tú eres el que no sabe guardar un secreto.
—Ahora todo tiene sentido —dijo Cisco—. Sabes quién es Arrow. Espera, ¿sabes quién es Arrow?
Solo digamos que mi equipo tiene una propuesta parecida, pero con objetivos más... puntuales respondió Felicity, mientras Claudia caminaba a una computadora.
Bienvenida, Señorita Smoak.
¿Dr. Wells? "El Dr. Wells".
Por favor, dígame Harrison, Felicity.
¿Sabe quién soy?
Posicionada en segundo lugar en el informe de competencia tecnológica a los 19 años Graduada del MIT con grado de doctora en seguridad cibernética y ciencias de la computación.-habló Harrison.
Nos mantenemos alerta en los prometedores talentos en los campos científicos... habló Wells Eso condujo a Cisco y a Caitlin...
Y proveo grandes cosas para ti añadiò Harrison.
Hablando de cosas geniales habló Barry ¿Quieres ver algo genial?
Todos juntos caminaron hacia la sala de la cinta de correr del velocista. Este entró a la sala más enorme, justo en donde estaba la cinta de correr. Él tenía una enorme sonrisa, mientras los demás se quedaban en la pequeña sala de controles. La menor de ellos se cruzó de brazos, mientras Cisco pasaba su brazo por los hombros de la joven para acercarse a su oído.
La menor de ellos se fue a caminar hacia Harrison y recargarse en la mesa junto al hombre, viendo hacia Barry. El velocista subió a la cinta para comenzar a correr, desde lo más lento hasta lo más rápido. .
¿Qué tan rápido puede correr? preguntó Felicity.
No ha alcanzado su velocidad máxima aún respondió Harrison Teóricamente hablando.
¿De verdad está bien? preguntó la rubia.
Su ritmo cardiaco es normal respondió Caitlin.
Para él aclaró la menor de ellos.
No, quiero decir susurró Felicity, el relámpago lo ha cambiado. ¿Sabe alguno de ustedes cuánto?
Sabemos muchísimo habló Cisco.
Si todo él va más rápido habló Felicity ¿Va a envejecer rápidamente?
Ay! eso no lo habìa pensado ,espero que no susurró Claudia mirando a Caitlin asustada
¿Qué pasará si él corre más rápido todavía? preguntó Felicity Es decir, ¿podría solo correr y luego, puff, desempolvar un traje rojo?
Todo lo que hacemos aquí en los laboratorios S.T.A.R. es proteger a Barry Allen habló Harrison.
Confía en nosotros, Felicity hablo Harrison, aquí está en buenas manos
¿Quieres ver cuán rápido corro hacia atrás? preguntó Barry
¡Barry! gritó Claudia cuando vio a Barry caer
No te preocupes también sana rápido... hablo Caitlin hacia Felicity. Al parecer a alguien se le olvida
Después de aquella pequeña demostración y de tiempo con Felicity Smoak. El velocista y la rubia salieron del lugar, por lo que Claudia camino hacia su oficina, pero en el camino se encontró con Caitlin, Cisco y Harrison.
¿Qué pasó? preguntó la menor entrando al cuarto de tecnología
Un arma no está respondió Cisco, ella lo observo al joven sin creerlo
¿Cuánto tiempo tiene extraviada? pregunto Claudia a su amigo preocupada
No lo sé respondió el joven
es un arma de hielocomenta Cisco , mientras Wells se acercaba
Te lo preguntare ahora yo, Cisco hablo Harrison. Pero cuando lo haga, espero una respuesta más específica que "no lo sé" Claudia observo a Harrison preocupada Bien, ¿cuánto tiempo ha estado perdida esta arma?
Un día, quizás dos la voz de Cisco sonaba temblorosa Uno de los conserjes no vino al trabajo esta mañana, probablemente es quien la tomó. No pienso que...
Cisco se vio interrumpido por Harrison, quien cerró la puerta de reja con fuerza haciendo que la menor de ellos se sobresaltara "nunca lo habìa visto asì , ni cuando yo era pequeña" piensa la joven
No pensaste, porque si lo hubieras hecho, lo habrías discutido conmigo primero tu deseo de construir algo que pudiera, en teoría, lastimar a alguien hablo Harrison algo molesto. Y en particular, a Barry Allen
Lo siento. Si tan solo me dejara explicar...
Sabes lo que opino de las armas, Cisco respondió Harrison. No pertenecen a los laboratorios S.T.A.R, ahora, tienes que encontrar la manera de localizar esa arma, y lo harás ahora mismo-
Claudia observo a Cisco algunos segundos antes de ir hacia Cisco y darle un pequeño abrazo.
nunca lo había visto asícomenta la muchacha hasta con un poco de miedo al ver por primera vez a Wells tan molesto
Esto que construiste susurró Caitlin ¿Qué puede hacer? y la muchacha interroga Claudia con la mirada
Cosas malas responde Ramón nervioso
Después de que ellos se tranquilizaran un poco, caminaron hacia el córtex en donde una ráfaga de viento llegó apenas ellos entraron
Las puertas del ascensor se abrieron de golpe. Barry Allen cayó de rodillas, tiritando, con la piel pálida y cristales de escarcha cubriendo su rostro y sus pestañas.
—¡Barry! —gritó Caitlin, corriendo hacia él con Cisco detrás.
Pero fue Claudia quien llegó primero. Se arrodilló frente a él sin pensarlo, colocando ambas manos sobre su pecho.
—Tranquilo, estás bien ahora —susurró con dulzura.
Los cristales de hielo comenzaron a derretirse. Barry respiró hondo por primera vez en minutos, sus músculos relajándose.
—Gracias... —murmuró con la voz rasposa, mirando a Claudia.
Ella sonrió, alegre de verlo abrir los ojos.
—Ya puedo curarte sin agotarme tanto —dijo con una sonrisa orgullosa.
Caitlin se acercó con una manta térmica y envolvió a Barry, observando a Claudia con atención profesional.
Pensé que tenía hiper-curaciónhablo Felicity
Si tus células no se estuvieran regenerando al ritmo en que lo hacen y Claudia no hubiera intervenido , tus vasos sanguíneos se hubieran congelado y el daño a los nervios hubiera sido permanente, tienes suerte de estar vivo- hablo Caitlin
—Tu recuperación energética va avanzando... lento, pero constante.
—Sí —dijo Claudia mientras se ponía de pie—, aunque tengo que comer como si estuviera en una competencia de CrossFit para mantener el ritmo.
Snart no era otro meta humano todos vieron a Barry
¿Qué?
Tenía algún tipo de arma, congelaba cosas Cisco bajaba la cabeza nervioso
me hacía más lento, lo suficiente que no tuve tiempo de salvar a alguien De acuerdo con sus registros, Snart ni siquiera se molestó en terminar la secundaria hablo Felicity
Entonces, ¿cómo construyo una máquina de nieve portátil de alta tecnología? Porque él no la construyó respondió Cisco provocando que todos lo vieran
Los laboratorios S.T.A.R construyeron el arma de frío
El Dr. Wells, Caitlin y Claudia no tienen nada que ver con esto hablo Cisco serio
Yo construí el arma confiesa Cisco
¿Cisco? tu la hiciste preguntó Barry confundido
¿Por qué? agrega
Porque la velocidad y el frío son opuestos respondió Cisco
La temperatura se mide en qué tan rápido los átomos de algo están oscilando, mientras más rápidos son, más caliente es...
Y cuando se enfrían, son más lentos a nivel atómico Barry colocó sus brazos en su cadera Cuando no hay movimiento absoluto, se llama.. Cero absoluto
Si, yo diseñe una máquina criogénica para alcanzar el cero absoluto susurro Cisco
La construí para detenerte... respondió Cisco No sabía quién eras entonces, Barry, quiero decir, ¿qué tal si te convertías en algún psicópata? Como Mardon o Nimbus
Pero no lo hice, ¿verdad?
Quiero decir, después de todo lo que hemos pasado, pensé que confiabas en mí, pensé que éramos amigos
Lo somos, Barry respondió Cisco
Quiero decir, si tan solo me hubieras dicho, podría haber estado preparado respondió Barry. Pero en cambio, alguien murió esta noche
Y yo tengo que vivir con eso
No, Cisco hablo BarryTodos tendremos que hacerlo
Todos se quedaron en el córtex, Claudia había ido hacia la sala de investigaciones, mientras Cisco trataba de ver cómo podía rastrar el arma que Snart había robado. Todo era un mar de silencio, solo unas cuantas palabras entre Caitlin y Harrison, el velocista llegó al córtex con Felicity, aunque no hablaron para nada.
Los pasos de aquellos tenis característicos de Cisco, la más joven observo sobre su hombro para ver a su amigo entrar por la puerta del córtex, pues Claudia había ido hacia la mesa de computadoras en el centro del córtex con su Tablet entre manos.
Descubrí una forma de rastrear al Capitán Frío hablo Cisco
me gusta ese nombre Comenta la muchacha
Deja de ponerle nombre a esos tipos respondió Caitlin
Esta bien,me gusta
¿Cómo? preguntó Barry girándose, estaba molesto y con los brazos cruzados
El arma de frío es energizada por una unidad de control del motor, un microcomputador que regula la relación aire-combustible, para que el fluido subenfriado en las cámaras no se resbale y...
Explote continuaron las doctoras chocando los puños de lado
Correcto... Esta U.C.M estaba recibiendo actualizaciones inalámbricas desde mi Tablet. Si estímulo la señal usando la red central de Ciudad Central y envió una actualización falsa, obtendremos un rebote y luego...
Podemos ubicar a Snart Claudia sonrió a Barry para sentarse frente a la computadora tecleando
¿Cuánto tiempo tomara esto?
Primero tengo que entrar a la red de la ciudad, así que no sé ¿30 minutos quizás? preguntó Cisco
Puedo hacerlo en menos de uno respondió la rubia Cuando se trata de hackear, soy la mujer más rápida del mundo Felicity se sentó en una silla frente a una computadora portátil
Se está triangulando la ubicación hablo Smoak Listo, se dirige al oeste por Nelson hacia la estación de tres
Se está marchando, parece que el Sr. Snart ha conseguido lo que vino a buscar Barry corrió para colocarse su traje
Cuando nos centramos en ello amigo, nada puede detenernos Barry oprimió el logo en su oreja Oh, apagaste tu audífono, ¿cómo vamos hablarnos?
No tengo ganas de hablar ahora mismo
Claudia observo hacia la computadora cuando el velocista la observo, él se fue corriendo del lugar ,la joven rubia se levantó y camino hacia donde estaban los demás para observarlos completamente.
Todo se volvió a quedar en completo silencio, la joven volvió a salir de la sala de investigación para ir hacia su computadora y poder ingresar en ella. Nadie emitía un solo ruido, tal vez solamente cuando la joven tecleaba.
Claudia trajo un montón de café y un té
Esta le da un Chocolate caliente a Cisco quien pilla desprevenido
-esto para alegrar el corazón, ya pasó Cisco , todo despues del huracán tiene que pasar, nadie acá es resentido .-le dice la muchacha dandole el chocolate rapidamente , pasa por felcitity
-no se que cafe te gusta así que te traje un cafe expresso , si quieres después me dices cual te gusta.-le comenta la muchacha dejando el cafe en el reposavasos , esta le brillan los ojos
-eres ultra mega tierna!.-le dice Smoak abrazandola y esta tambien la abraza sonriendole
esta va tras Wells
-toma le deje este té dicen que el café hace mal con los nervios .-dice muy sutilmente como tratando de pasar imperceptible, pero Harrison solo asiente mirándola.
-Catilin por ultimo un capuchino, un toque de azucar te ayudará.-le dice la muchacha dandole la tasa de café
-Claudia gracias...que lindo gesto.-dice Caitlin dandole una pequeña sonrisa
-ahora me voy y vuelvo.-comenta la muchacha quien choca con la pared y se va
Mientras Barry estaba sufriendo a manos de nart , Cisco y Felicity partìan a ayudar a Barry en la batalla contra Leonard Snart, Claudia caminaba decidida hacia la salida colocandose unos guantes con nudillos de metal "ahora es mi turno de proteger a barry" piensa la muchacha con una ligera sonrisa . Pero Wells la detuvo justo frente al ascensor, girando su silla de ruedas para bloquear su camino.
—No vas —dijo con firmeza.
Claudia frunció el ceño, deteniéndose.
—¿Perdón?
—He dicho que no vas. Esta pelea es peligrosa. Snart ya ha congelado patrullas enteras. Esto no es un entrenamiento, Claudia. Yo estoy a cargo de ti —agregó con su tono autoritario de siempre.
Ella bajó los hombros, respirando hondo, cruzándose de brazos.
—Vaya... qué alivio. Supongo que los adultos lo resolverán —dijo con sarcasmo, aunque sin alzar la voz. Luego suspiró más sinceramente bajando su mirada—. Harry, entrené toda mi vida para pelear. Soy mucho más capaz que cualquier humano promedio.
—Esto no es un torneo de artes marciales —replicó Wells con los ojos entrecerrados—. Esto es otro nivel. Superpoderes, armas modificadas, caos urbano...
Claudia bajó la mirada un segundo y luego lo miró con una media sonrisa.
—Muy sensato de tu parte. Gracias por... cuidarme —dijo con suavidad sonrojandose y dandole una media sonrisa
Wells parpadeó. Se quedó callado por un segundo, sorprendido por la sinceridad en su voz. Un leve sonrojo cruzó su rostro, que rápidamente trató de ocultar ajustando sus gafas.
Claudia sonrió, como si se hubiera dado cuenta.
—Debí haberles dado una de mis granadas sónicas. Tal vez eso habría ayudado. Pero claro... olvidé que no te gustan mis inventos locos, estas semanas he avanzado mucho en construir cosas.
Wells bufó.
—No es que no me gusten... es solo que tienes una tendencia preocupante a ponerle más voltaje del necesario a todo lo que tocas.
Claudia soltó una risita.
—Salí a ti.
Wells alzó una ceja. Claudia se encogió de hombros con una sonrisa traviesa.
—De hecho... últimamente he estado estudiando más física, y estoy empezando a amar la mecánica. Cuanto más avanzo, más quiero entender cómo funciona todo.
Wells la observó con atención. Hubo una pausa. Luego, su expresión cambió a una más genuina, casi orgullosa.
—Entonces tal vez podríamos... poner a prueba esos conocimientos —dijo, como si no pudiera evitar sentirse entusiasmado.
Claudia asintió, dando un paso hacia él.
—¿Un reto de ingenieros?
—Llámalo así —respondió él con una pequeña sonrisa.
—Espero que estés listo para perder, profesor Harrison.-le dice burlonamente la muchacha
—Eso jamás —dijo Wells, girando su silla con determinación—. Ahora, a trabajar. Antes de que decidas construir un lanzallamas portátil con piezas del microondas otra vez.
—¡No era un lanzallamas! ¡Era un purificador térmico de bacterias a distancia! y tenìa 8!
—Y aún así prendió fuego a media mesa de pruebas...
(mientras Cisco y Felicity en el campo de batalla)
Suéltala... hablo Cisco Este es un prototipo de un arma fría, cuatro veces el tamaño, cuatro veces la potencia
Me preguntaba con quién estabas hablando Snart comento
A menos que quieras probar esta cosa es mejor que retrocedas- dice Cisco
Tus manos están temblando hablo Snart viendo a Cisco
Te disparare hablo Cisco con el arma en alto
Ustedes ganan, niños respondió Snart Los vere por ahi
Oye, deja el diamante Snart no volteó, solo siguió con su camino
No tientes tu suerte respondió el hombre para ver sobre su hombro
Snart siguió su paso sin ver hacia atrás
No podríamos haber disparado, aunque quisiera hacerlo... respondió Cisco
Eso en realidad es la aspiradora de los laboratorios S.T.A.R... respondió Felicity Con muchas luces LEDS
Hagamos que entres en calor Cisco se puso junto a Caitlin y entrelazaron sus brazos
Gracias
todos regresaron a los enormes laboratorios, la Urlich ayudo al velocista con sus heridas o al menos con la mayoría. Una vez termino, se dispusieron a descansar un poco, Claudia decidió ir hacia su silla sentada frente a su computadora.
Hemos tratado de rastrear a Snart Claudia apoyo su cabeza entre sus manos cansada Debe de haber desconectado la señal de alguna forma
Lo encontraremos, Cisco hablo Barry, juntos
El joven sonrió caminando hacia Caitlin y Harrison, la menor de todos sonrió levantando la mirada hacia un lado para ver al velocista.
Todo salió más o menos bien al fin de cuentas respondió Claudia
Tienes un gran equipo, Barry todos observaron a la puerta del córtex al ver a la rubia entrar
Bueno, de verdad creo que tienes un gran equipo... Hablando de equipo, probablemente debería regresar con el mío
Fue un placer conocerla, Srta. Smoak respondió Harrison
"mm tan cortes, quisiera ser tan elegante como el..lastima que mi mama solo me ha enseñado a gritar" piensa la muchacha cruzandose de brazos
Y por favor mande un saludo de nuestra parte a Arrow la rubia asintió un poco
Lo haré Harrison sonrió
sigue siendo tan tierna pequeña, Cisco me mostrò tus inventos debimos haberlos llevado contra Snart , se ven peligrosos pilla desprevenida Felicity a Claudia abrazandola y esta responde a su abrazo igual
hehe a veces soy buena explotando cosas , hehehe hablando de eso deberías enseñarme un poco, quisiera ser mejor usando las computadoras,vuelve prontole dice la muchacha timidamente a Felicity
Barry se acercó a ella con una sonrisa
Adiós, Felicity ella sonrió viéndolo a los ojos
Adiós, Barry Caitlin y Cisco se miraron, Barry y Felicity se abrazaron
Extraordinaria joven hablo Harrison Wells
Lo sé -dice Barry , Claudia solo se cruzó de brazos
Barry volvió a observar a la puerta del córtex para salir de ahí, mientras Cisco observaba al velocista con una enorme sonrisa. El joven se iba a ir del lugar, pero Harrison lo detuvo tomándolo del brazo.
Cisco... Nunca, nuncaHarrison apretó un poco el brazo con mirada penetrante , Nunca Claudia en el tiempo que llevaba había visto a Harrison así Hagas algo así de nuevo, ¿me entendiste?
Si, señor -asiente Cisco avergonzado y con algo de miedo , Claudia acompaña a Cisco hacia su oficina
oye amigo estas bien?.-pregunta la muchacha , este asiente
nunca había visto al dr Wells asícomenta Cisco , la joven asiente
el tiene razón sucedio algo malo..hasta a mi me dio algo de miedo e igual Barry estaba muy enojadodice la muchacha y tomandole el hombro
¿que tal si jugamos a Asseians creed para desestresarnos?.-pregunta la joven juguetona mente, este asiente
Estos quedaron jugando un rato
La relación entre estos dos crecia cada dia eran casi como hermanos , Claudia ganò
quien es la n1.-sonrie la muchacha alardeando
jajaj no puedo creer que una niña me patee el trasero-rie Cisco y la muchacha le saca la lengua , Cisco va y le quita el control , claudia corre detràs de el.
mientras tanto Caitlin entra y ve la escena realmente tierna.
La explosión del acelerador de partículas arrasó Central City con una tormenta de relámpagos y energía oscura. En un hospital a las afueras, Alfred Urlich yacía en una cama, con vendajes en el torso y un pitido regular marcando su pulso. Su rostro estaba sereno, pero dentro de su cabeza, algo había despertado.
—Alfred... —susurró una voz profunda—. Tú no eres como los demás...
Alfred abrió los ojos, confuso. Miró a su alrededor, pero no había nadie. Pensó que era un efecto secundario de la explosión. Pero la voz volvió, más clara, más presente.
—¿Quién eres? —murmuró, apretando los dientes.
—Yo soy lo que siempre fuiste... la ausencia... el vacío... el poder que te fue negado.
Días después, ya dado de alta, Alfred regresó a casa. Su esposa Euphenia, elegante y fría como siempre, lo recibió con una mezcla de preocupación y cálculo. En el sótano, Alfred colocó un libro antiguo sobre un altar improvisado. Dibujaron símbolos en el suelo, y Euphenia encendió velas negras.
—¿Estás seguro de esto, Alfred? —susurró ella, arrodillada.
—He oído su voz, Euphenia. Él me eligió. No puedo ignorarlo.
Al terminar el ritual, una grieta se abrió en el aire, y de ella emergió una gema negra que palpitaba con energía oscura. Alfred la tomó con manos temblorosas.
—El comienzo de nuestro imperio...
Pero algo lo inquietaba. Esa misma noche, voló a México, guiado por sueños y visiones. En lo profundo de Yucatán, encontró a un anciano maya en un templo oculto.
—Esa gema trae la ruina, no la gloria —dijo el anciano—. Pertenece a un dios antiguo, una sombra llamada Void. Si lo usas, te consumirás.
Alfred no respondió. Guardó la gema y se fue, dejando al anciano con una mirada llena de pesar.
Semanas después, ya de vuelta en Central City, Alfred fue a visitar a su hermano Mark en un acto público benéfico. Se enfrentaron entre bastidores, lejos de las cámaras.
—No te metas con mi familia, Alfred —le dijo Mark, dándole un puñetazo en la mandíbula—. Eres una decepción. Papá estaría avergonzado. Jamás tendrás The Kingdom.
—¿Y tú qué eres? ¿El perrito faldero de mamá? ¿El doctorcito que juega a salvar el mundo en su tiempo libre? Nunca estás en casa, Mark. Nunca lo estuviste.
—Puede que yo no quiera The Kingdom... pero tú tampoco la tendrás.
Ambos fueron arrestados por Joe West tras una denuncia anónima. En la estación de policía, Claudia Urlich recibió la llamada. Wells, serio, le rogó:
—No vayas. No necesitas ver esto.
Pero Claudia fue. En la comisaría, vio a su padre Mark tras los barrotes. Joe intentó tranquilizarla:
—Todo estará bien, Claudia. Tu padre saldrá limpio.
Ahí conoció a un joven detective recién llegado a Central City: Eddie Thawne. Atractivo, confiado y carismático. Le sonrió con calidez.
—He oído hablar de ti. Claudia Urlich, ¿cierto? Capitán Singh me contó lo que pasó hace unos años...
Un recuerdo surgió en su mente.
Era un día de escuela cualquiera. Claudia, con su uniforme y su mochila, salía de clases cuando un hombre de traje gris se le acercó.
—Tu familia me envía —le dijo con voz seca—. Vendrás conmigo.
Pero antes de que pudiera tocarla, Capitán David Singh apareció con su arma desenfundada.
—¡Apártate de ella ahora mismo!
El hombre huyó, y Singh se quedó con Claudia hasta que llegaron los policías. Años más tarde, en el presente, Joe West miraba una carpeta con informes clasificados.
La lluvia golpeaba con fuerza los ventanales de STAR Labs. El cielo estaba teñido de gris, como si el mundo presintiera que algo oscuro estaba por revelarse.
Claudia Urlich entró empapada, con sus botas marcando cada paso en el suelo de metal. Sostenía una hoja arrugada, escrita a mano con tinta casi borrada por los años. Joe West la seguía con paso firme.
En la sala de mando, Wells levantó la mirada desde sus planos. Al verla entrar con esa expresión decidida, supo que algo había cambiado.
—¿Qué es eso? —preguntó con voz grave, entrecerrando los ojos.
—Coordenadas —respondió Claudia, extendiéndole la hoja a Joe—. De la antigua guarida de Alfred.
Joe frunció el ceño.
—¿Cómo conseguiste esto?
Claudia tragó saliva. Miró a Wells con un brillo extraño en los ojos.
—Cuando era niña, me escondí debajo de la escalera una noche. Escuché a Alfred hablando con Euphenia. Hablaban de envíos, de políticos... y de mí. Yo era... "un comodín" para sus planes, eso dijeron. Por eso me enviaron a secuestrar.
Wells bajó la cabeza, su expresión endurecida.
—¿Por qué no me lo dijiste antes? —murmuró, con un tono más herido que enojado—. Soy tu padrino, Claudia. Me confiaste tantas cosas, y esto...
—No quería ponerte en peligro —dijo ella, acercándose a él—. Tú... tú importas demasiado. Si el nombre de STAR Labs se veía envuelto en algo como esto, si tú salías afectado, perderíamos todo. Preferí callar. No era el momento.
Wells cerró los ojos. Sentía el peso de una vida de secretos caerle encima. Entonces, Claudia dio un paso más y le apoyó la mano en el hombro. Su voz tembló, pero fue firme.
—¿Recuerdas cuando me rompí el brazo? Dijimos que me había caído jugando.
Wells la miró, los ojos entornados, recordando una vieja herida y una mentira infantil.
—No fue un accidente —continuó—. Alfred me empujó por las escaleras. Tenía ocho años... Me dijo que no debía meterme en su oficina.
El silencio pesó. Solo se oía el zumbido leve de los equipos funcionando en STAR Labs.
—Por eso siempre que había una reunión importante de The Kingdom... yo huía. Me escapaba, me escondía, y corría hacia ti, mi padrino.
Wells la observó con una mezcla de culpa, dolor y orgullo. Puso una mano sobre la suya, apretándola levemente, esta se sonrojo.
—Le fallé a mucha gente No puedo fallarte a ti también —murmuró—. Joe, haz esa búsqueda. Ese hombre... Alfred... es un verdadero cáncer para este mundo.
Joe asintió, ya con el archivo en su portapapeles. Pocos minutos después, estaban en una vieja fábrica abandonada en los márgenes de Central City. Una estructura de concreto, con una entrada oxidada, sin ventanas.
Las coordenadas coincidían.
—¿Estás seguro que esto es...? —empezó Joe.
—Sí —interrumpió Claudia—. Lo reconozco. Es aquí.
Al ingresar, linternas en mano, el lugar los recibió con polvo y ecos. Bajaron unas escaleras metálicas, y ahí, tras una pared falsa, encontraron una bóveda sellada con símbolos extraños.
Joe forzó la cerradura. Un chasquido metálico se oyó, y la puerta se abrió revelando un cuarto lleno de archivadores, cajas fuertes y computadoras cubiertas de polvo.
Y al fondo, en una pared, un mural: un mapa mundial con hilos conectando países, nombres de políticos, empresas, incluso fundaciones benéficas.
Claudia se cubrió la boca. Joe caminó hacia un archivo etiquetado como "Gobierno de las Sombras". Lo abrió.
—Santo Dios...
Había documentos firmados con sangre. Fotos de líderes mundiales reunidos en secreto. Cuentas bancarias. Y en el centro de todo: Alfred Urlich, el cerebro de una red criminal que había manipulado al mundo desde las sombras.
—Él no era solo un mafioso local —dijo Joe, con la voz grave—. Estaba en el corazón de una conspiración global.
Wells, que había seguido al grupo con cautela, hojeó los archivos.
—Esto es más grande de lo que imaginé... Él tenía acceso a tecnología experimental, rituales antiguos... incluso menciones de metahumanos desaparecidos.
Joe respiró hondo.
—Vamos a necesitar refuerzos. Esto es territorio federal.
Mientras las luces de patrullas iluminaban el lugar y los agentes se preparaban para incautar los documentos, Wells se giró hacia Claudia.
—Esta vez... no dejaré que él te toque otra vez. Lo juro.
Ella lo miró con suavidad.
—No necesito que me salves, padrino. Solo quédate a mi lado. Eso es más que suficiente.
Wells asintió. Pero en su interior sabía que la tormenta apenas estaba comenzando.
Un nuevo interrogatorio a Alfred Urlich revelaba la verdad.
—Fui yo quien intentó llevársela. Esa niña... era una pieza clave. Singh arruinó todo.
Joe cerró el archivo con furia.
—Entonces es cierto. No solo eras un empresario corrupto. Eras el mafioso detrás de la red política mundial.
El caso se volvió público. Euphenia desapareció. Alfred fue trasladado a Iron Heights, bajo máxima seguridad. Mark quedó en libertad, limpio de cargos.
En su celda, Alfred sonrió al mirar la gema que aún brillaba en su mente. La voz regresó.
—Muy pronto, todos verán quién eres realmente... y vendrá el nuevo orden.
Mientras tanto, Claudia caminaba por los pasillos de la estación junto a Eddie Thawne.
—¿Siempre fuiste tan bueno? ..me protegiste todo el camino cuando estabamos ahì en la guarida de Alfred—le preguntó ella.
—Solo intento hacer lo correcto... especialmente cuando sé que alguien lo necesita.
Y aunque no lo sabía aún, Claudia acababa de cruzarse con alguien que marcaría su destino más de lo que podía imaginar.
