Capítulo 6
Lincoln se encontraba en la sala mirando la televisión tranquilamente, aunque de tanto en tanto revisaba su reloj. La hora se acercaba cada vez más, pero se mantenía muy confiado como para preocuparse por la demora. Estaba por cambiar de canal, cuando de pronto su madre apareció para interrumpirlo con aspecto apurado.
—Lincoln, cariño. Tengo un problemita y quisiera ver si me puedes ayudar.
—Seguro. ¿Qué sucede, mamá?
—Tu padre aún no se ha podido desocupar del restaurante, y yo tengo que salir para cubrir una nota por algo delicado que ocurrió en Sunset Canyon por órdenes de la redacción del periódico y… todavía tenía que llevar a tus hermanas al baile de la secundaria.
Sorprendido, el chico apagó el televisor y apurado le preguntó.
—¿Los abuelos están bien? ¿Qué ocurrió en Sunset Canyon?
Su madre pareció dudosa de contarle.
—Tranquilo. Myrtle y mi papá están bien. Los abuelos no tienen nada que ver con… Mira, más tarde te contaré si quieres. Lo que sucede es que ya tengo prisa y…
—¿Quieres que sea yo el que lleve a las gemelas a su baile de la secundaria?
Con pena, ella asintió.
—Y si es posible, que pases a las casas de sus parejas para recogerlos y llevarlos a ellos también. Los padres de Winston están trabajando, por lo que no podrán venir, y no estoy segura de qué es lo que ocurre con el tal Ralph, que sus padres tampoco pueden pasar por Lana.
Esto último parecía ser lo que más le molestaba, pues había querido conocer finalmente al misterioso novio de su hija.
Aunque en apariencia se mostró algo consternado por lo repentino de todo, al final tras meditarlo apenas unos segundos, Lincoln se puso de pie y la calmó.
—Está bien, mamá. Yo me encargo.
—De verdad me da pena pedirte precisamente esto. Oye, si ya tenías planes lo entenderé. Podría decirle al señor Grouse que…
—No. Está bien, tranquila. De todas maneras, no tenía nada qué hacer está noche.
Rita suspiró.
—Escucha, sólo tienes que llevarlos y luego dejarlos ahí, después de hacer eso puedes regresar a casa. Confío en que los profesores y los padres voluntarios podrán cuidarlos a todos. Ya más tarde me encargaré de ir por ellas para recogerlas yo misma.
—Entiendo. No pasa nada. Tú márchate tranquila.
—Gracias, hijo. Te debo una.
Tras confirmar que podía contar con él, Rita subió hacia la habitación de sus hijas para explicarles el inesperado cambio de planes.
—Está bien, mamá. Espero que no haya ocurrido nada malo en el asilo.
Lola le dijo sin mirarla, más concentrada en aplicarse el delineador sobre sus ojos apoyándose con el espejo de su tocador, que en escucharla con mayor atención. Lana por lo menos sí se dignó a mirarla.
—Sí. Por favor saluda a los abuelos de nuestra parte si los ves.
Rita se conmovió casi hasta las lágrimas al contemplarla.
Como de costumbre, era Lola la que sobresalía de las dos al mostrarse como la más elegante y sofisticada llevando ese vestido rosa sin mangas de falda corta a la altura de sus rodillas junto a su collar de plata, luciendo también algunas pulseras y sus aretes en forma de corazón. Su rubio y bien cuidado cabello tan largo, lo llevaba agarrado con una diadema que brillaba del mismo modo que el resto de la joyería que usaba. Pero no por ello opacaba por completo a su hermana.
Aunque el vestido azul celeste de Lana no destacaba tanto, con todo y lo parecido que era en diseño al de Lola con la obvia excepción del color, en sí de su parte a Rita ya le resultaba impresionante el que estuviera usando uno que le dejara al descubierto las piernas y los hombros, incluso si no llevaba ningún accesorio de joyería. Su dorado cabello, no tan largo como el de su gemela, le caía en cascada al igual que el de Lola, siendo extraño el verla sin su gorra y usando unas… ¡hermosas zapatillas verdes celestes abiertas tipo sandalias y sin tacón a su medida! No fue sólo esto lo que maravilló a Rita, sino también el que las uñas de los pies además de verlas por primera vez bien recortadas, estaban pintadas de un verde azul claro que iban a juego con su calzado.
—¡Cielos, Lana! ¡Luces como toda una princesa!
—De nada —exclamó Lola mientras su hermana le sonreía a su madre—. Luciría todavía mejor si también me hubiera dejado maquillarla. ¿Y qué tal me veo yo?
La madre quedó todavía más impresionada al comprender que fue Lola la responsable de haber arreglado a Lana. Si no fuese porque en serio le resultaba imposible prescindir de su trabajo, faltaría con tal de poder llevar a sus hijas al baile ella misma.
—Te ves preciosa, cariño —tras contestarle a Lola, volvió una vez más su atención hacia Lana—. No sabía que tenías esas zapatillas tan divinas.
—Y no las tiene —las interrumpió Lola—. Fue ventajoso que hasta en la talla seamos iguales. Aunque sigo pensando en que se vería mejor usando zapatillas de tacón como yo.
Lana hizo una mueca.
—Ya te dije que no sé usar tacones.
—Y eso es porque nunca quisiste aprender a usarlos.
La madre zanjó la discusión.
—Ya está bien. No se peleen en esta noche tan especial. No importa eso, Lana. Estoy segura de que tu novio quedará muy impresionado al verte así.
Más que feliz, Lana estaba radiante. Aunque le costara admitirlo en voz alta, se sentía fantástica por lucir tan bien.
—Sí. Igual estoy segura de que a Lincoln le gustará como me veo.
—¡Y a Ralph! —Exclamó Lola alarmada.
—¡Y a Ralph también! —Lana se apresuró a agregar—. Principalmente a él, por supuesto.
Rita asintió. Miró su reloj y con frustración se apresuró a despedirse de sus hijas.
—Espero que se diviertan. Hagan caso de lo que Lincoln les diga. ¿Está bien?
—Por supuesto, mamá —Lana asintió—. Te prometo que por lo menos yo haré caso de todo lo que él me pida.
Lola la miró con reprobación.
—Lisa, quedas a cargo.
La adolescente gótica de quince años protestó en el acto.
—¿Es en serio, hermano? ¿Por qué ella, sí soy yo la mayor?
Su hermanita de once años fue quien le respondió.
—Tal vez porque intelectualmente tengo una madurez superior a la tuya, por lo que daría con una mejor solución para resolver cualquier eventualidad que pudiera acontecer.
Lincoln asintió.
—Sí. Lo que dijo ella.
La adolescente gruñó.
—Haces esto como represalia por haber descubierto tu funesto secreto, ¿no es verdad?
—¿Cuál secreto? —Lily preguntó interesada—. ¿Es ese de que a Linky le gustan los niños?
—¡Por última vez Lucy, ya te dije que no soy gay! Y por lo que más quieras, ¡deja de estar contándole eso a todo el mundo! Tuve que soportar media hora de regaños de Lori por teléfono, otra media hora de una muy incómoda charla con Luna, y no me hagas que te repita la sarta de tonterías sin gracia a las que Luan llamó chistes que tuve que aguantarme junto a las amenazas de Lynn acerca de lo que me hará si llega a enterarse de que "me porté mal" con algún menor.
Esto último fue lo que más miedo le había dado de todo. Seguramente el castigo con el que lo amenazó, no sería nada en comparación al que en verdad le proporcionaría si ella llegaba a descubrir que "el menor" con quien estaba involucrado en realidad se trataba de Lana. Por lo menos Leni había resultado más comprensiva al decirle que lo aceptaba tal y como era, siendo lo complicado el convencerla de que nada de lo que había escuchado era cierto.
—Personalmente yo no me creí aquella paparruchada por mucho que las probabilidades te jugaran en contra tras haber sido criado entre un gran número de féminas, unidad fraternal mayor, pero toda una vida en la que llegaste a mostrar interés hacia tus compañeras de tu sexo opuesto ha venido reflejando perfectamente que tu orientación no se vio afectada por tu entorno familiar.
Lincoln con cierta incomodidad meditó aquello.
—Gracias. Y es por eso que tú estás a cargo, Lisa. De cualquier manera puede que sólo me tarde menos de media hora. —se vuelve hacia las gemelas—. Ahora vámonos. Quiero terminar esto pronto.
Lily miraba anonadada a sus hermanas mayores.
—¡Chicas, se ven fantásticas! Sobre todo tú, Lana. Te ves tan… diferente. Me gustaría un día lucir así como tú ahora.
—Gracias, Lily —ella le pasó cariñosamente una mano sobre su rubio cabello—. Cuando menos te lo esperes terminarás la primaria y quizá te toque asistir a un baile como el de nosotras. Aunque son muy distintos a los bailes de la secundaria, o eso es lo que dice Lola.
La aludida asintió.
—Pronto vas a darte cuenta.
En la entrada de su casa, Winston se despidió de sus padres, enseguida y llevando del brazo a Lola, entró por la parte de atrás del coche de Lincoln quedando en medio de las gemelas.
—Te ves hermosa, Lola.
—Gracias, Winston —miró de mala manera a su hermana—. Ya estaba haciendo falta que recuperara algo de protagonismo.
Por educación, Winston también elogió a Lana a la que notaba tranquila, pero de cierta manera ilusionada también.
—Tú también te ves muy bien, Lana. ¿Con quién saldrás tú?
—Iba a venir con el primo de uno de los amigos de mi hermano. Ralph. Pero nos avisó que se sentía mal y que por eso no vendrá como esperaba.
—¡Oh! Lo lamento mucho. Si quieres puedes quedarte en nuestra mesa con Lola y conmigo para que no te quedes sola.
Miró a su pareja para cerciorarse si ella no tenía inconvenientes con esto. Pero Lana muy relajadamente le explicó.
—Está bien, no pasa nada. Lincoln aceptó quedarse conmigo y ser mi cita para el baile.
—Es lo menos que haría por mi querida hermanita. —El peliblanco al volante agregó sin apartar la vista del camino.
El adolescente rubio hizo una mueca como si tratara de disimular una risa.
—Entonces… ¿tu hermano te acompañará al baile?
Al instante, Lana, un tanto molesta al detectar esto se puso a la defensiva.
—Sí, y más te vale no burlarte de mí. Es más, si incluso alguno de tus amigos lo hace, Lincoln te hará puré y abandonará tus restos en una cueva para quemarlos.
—Tampoco exageres, Lana.
Fue Lincoln quién la reprendió buscando imaginarse semejante escenario sin ningún éxito. Tal vez había sido mejor no poder hacerlo, que se le revolvió el estómago con tan sólo tratar de visualizarlo.
—Tranquilo, Winston —Lola lo calmó al notar lo impactado que quedó tras la declaración de su hermana—. Lincoln sería incapaz de matar siquiera a una mosca.
—Pero igual no juegues con tu suerte y mejor tú y tus amigos pórtense bien, amiguito.
Por el espejo retrovisor el peliblanco pareció querer compartirle al chico una mirada que buscaba ser amistosa, pero que por el contrario lo terminó por inquietar bastante. Definitivamente el hermano de su novia, pensó Winston, era alguien con quien preferiblemente uno no debería de buscarse ninguna clase de problemas. De pronto se vio asaltado por un cosquilleo desagradable en los dedos y en las piernas.
Hasta ese día, Lana siempre había dejado pasar de largo ciertos eventos escolares como lo eran los bailes, pues no eran algo que le interesaran mucho. Que las cosas de glamour eran más propias de su gemela, no de ella. Aún ahora se cuestionaba el por qué la fijación que le había dado por asistir a uno en compañía de Lincoln. ¿Un efecto de tener un novio amoroso, quizás? Durante el día esperaba no arrepentirse de haber convencido a su hermano de que la llevara, y ahora que habían llegado, todo lo que podía sentir por Lincoln además de amor, era un profundo agradecimiento por acompañarla.
El gimnasio estaba decorado de azul en tonos claros y fuertes, así como las luces de colores cambiantes iluminaban ocasionalmente con tonos rosas. Sus compañeros y otros chicos de cursos distintos al suyo y de otros grados ya estaban bailando en la pista, siendo pocos los que se habían acomodado en alguna mesa, todo mientras que de fondo sonaba la música de una DJ que le pareció familiar, aunque se le escapaba de dónde la había visto antes.
—¡Hey, Lincoln! —la chica animadamente saludó a su hermano tras mezclar un par de canciones—. ¿Es que viniste de chaperón, o acaso sales con una de secundaria?
Algo nervioso, primero carraspeó su garganta antes de responderle.
—Acompaño a mi hermana, Tabby. Un gusto verte.
—El gusto es mío, viejo. Tal vez más tarde te saque a pulir la pista para enseñarle a estos niños como se hace.
Con descaro le guiñó un ojo, lo que ocasionó que molesta Lana le apretara la mano y lo alejara de ahí.
—¿Y a esa qué le pasa? ¿Y tú de dónde la conoces?
—Es una de las amigas de Luna, Lana. Tranquila. No pienso bailar con ella ni con nadie que no seas tú.
La adolescente suspiró. Le dedicó una sonrisa confiando que en efecto Lincoln no se atrevería a engañarla.
Permitiéndose contagiar por el ambiente, Lana no tardó en embriagarse por la música, las luces, y la efusividad de sus compañeros. Tomada de las manos por Lincoln se la pasó bailando junto a él por casi dos horas de manera incansable, siendo su hermano el primero en agotarse.
Por supuesto y sin querer terminaron atrayendo muchas miradas de todo tipo, tanto de quienes conociendo su parentesco, a algunos les parecía indiferente el asunto, mientras que pocos miraban como algo tierno el favor que aquel muchacho le estaba haciendo a su hermana, así como hubo quienes ya sea de forma discreta o descarada se burlaban del hecho. Lola tomó nota mental de los que pudo para tratar con ellos en otro momento. Y sí, muchos otros quienes desconocían que ambos eran hermano y hermana, les pareció sorprendente que la "mugrosita" tuviese un novio, en particular uno tan mayor.
Ya sea para bien o para mal, Lana, que no fue del todo ajena de la atención que a momentos recibían, poca importancia le daban los chismes que generaban.
—Tal vez mañana muchos te pregunten por tu relación conmigo. –Lincoln le advirtió.
—No tengo miedo ni vergüenza de admitir que mi querido hermano fue en mi rescate cuando me dejaron plantada.
Y aún así a momentos se le notaba cabizbaja, algo que a Lincoln no le pasaba desapercibido.
—Lanita, ¿Qué es lo que tienes? ¿En serio no te afecta el que te vean así conmigo? Tal vez y para cubrir las apariencias, quizá deberíamos de pedirle a uno de los amigos de Winston que te saque un momento a bailar y…
Una pieza lenta y romántica comenzó a reproducirse. Lana se pegó más contra él abrazándolo por el cuello, ignorando los pocos entrecejos fruncidos de aquellos quienes no estaban ocupados en sus propios asuntos y los miraron, y entonces le susurró.
—Esto para mí es casi perfecto, pero… por mucho que me gustaría que fuéramos como los demás, puedo entender por qué entre nosotros hay límites de lo que no podemos hacer en público como algunos.
Con tristeza miró a su derecha. Lincoln estaba seguro que miraba a Winston, que de un modo que se le antojó bastante desagradable se estaba comiendo a Lola en un beso apasionado… o quizá lo correcto sería decir que era Lola quien se lo estaba comiendo a él dado que era ella la que lo tenía inclinado un poco hacia atrás, siendo el chico el que proyectaba una expresión de excitación y mucha sorpresa.
Por la incomodidad que le generó, Lincoln desvío su atención hacia otra pareja, la cual estaba en una situación no muy distinta a la de su hermana con su novio, entonces miró a otra, después a otra, luego a la que estaba al lado contrario a la de ellos. ¿Es que el ponche a pesar de que no llevaba alcohol si tenía alguna especie de afrodisíaco? ¡Todo mundo parecía estar besuqueándose!
Miró hacia la mesa de los profesores quienes a pesar de mostrarse también incómodos, con aire resignado en su mayoría no parecían estar muy dispuestos a intervenir en separar a los jóvenes, salvo por un par de profesoras que discretamente se acercaban para amonestarlos, ocasionándoles vergüenza por lo que estaban haciendo haciendo que esas parejitas se separaran un tanto agitadas y abochornadas, siendo pocas las que terminaban por ignorarlas como Lola con Winston. Sin embargo Lincoln comprendió a lo que Lana se refería.
Continuaron bailando mientras que el peliblanco se puso a pensar un momento. Cuando la canción terminó, le susurró al oído.
—¿Podrías acompañarme un momento? Creo que necesito tomar un poco de aire fresco.
Lola fue a sentarse junto a Winston, no sin antes pasar a la mesa donde estaba el ponche. Se dio la vuelta esperando encontrar a su gemela y a su hermano para invitarlos con ellos a una mesa, pero al ver cómo de la mano Lincoln tomó a Lana para escabullirse fuera del gimnasio, un tanto preocupada cruzó los dedos para que ese par de tontos no hicieran alguna imprudencia que los pusiera en evidencia.
—¡Lola!
—¿He? —se sobresaltó al no haberse dado cuenta que Winston la había estado llamando.
—Te preguntaba si está bien que Patrick y Laurie nos acompañen.
—Ah… si, claro. Disculpa. Estaba buscando a Lana.
El tal Patrick se echó a reír tontamente.
—¿No sería mejor que fueras a buscarla, Lola? Que tal vez su novio podría aprovecharse de ella llevándosela a lo oscurito.
Su risa se vio interrumpida por un codazo que Winston le dio.
—¡Tonto! Ese tipo, Lincoln, es el hermano mayor de Lana y Lola.
—¡Oh! ¡Lo siento!
Laurie hizo un comentario burlón del por qué Lana tuvo que ir acompañada de su hermano, pero Lola, tan concentrada en que quizá Patrick no estaba tan desencaminado en sus suposiciones, no la regañó por lo que dijo. Esperaba enterarse de lo que hicieron al marcharse ya en la casa, y no al poco rato por alguien que los hubiese visto.
A pesar de que estaba prohibido el acceso al techo del recinto, Lincoln gracias a algunos recuerdos de la geografía de la escuela que aún conservaba, se las arregló para qué tanto él como Lana pudieran llegar hasta ahí sin que nadie se diese cuenta de nada.
El cielo estaba tan despejado como podría esperarse en un pueblo mediano al que la contaminación urbana más propia de una ciudad todavía no alcanzaba a contaminarlo. Las estrellas brillaban en el firmamento y ambos las contemplaban tumbados sobre la lona que cubría el almacén con la forma de un enorme cajón donde por años permanecían guardadas algunas cosas rotas sin importancia que mantenimiento tenía pendiente por reparar.
Lana cerró los ojos y sonriendo disfrutó de la paz y la tranquilidad que le venía bien tras el agitado, pero gratificante baile.
—Esto se siente tan bien. No me puedo imaginar cómo podría mejorar.
Lincoln, de lado, la contempló unos momentos antes de aventurarse a acercársele. Lana apenas y chistó cuando sintió los labios de su amado en los suyos dándole un beso al principio casto que poco a poco fue subiendo en intensidad. Ella lo abrazó impresionada por su iniciativa, pero dejándose contagiar por la pasión con que más que darle sólo un beso, parecía buscar tomarla ahí mismo.
Las manos del peliblanco le acariciaban las piernas por encima del vestido que poco a poco le fue subiendo, por lo que ella comenzó a moverse un poco para facilitarle la tarea, hasta dejarle resto en sus manos, mientras que ella con las suyas buscó la hebilla del cinturón de su pantalón para desabrochárselo.
La boca de Lincoln se dirigió hacia su cuello al mismo tiempo que con ayuda de Lana maniobraba su miembro liberado, para poder pasarlo entre las piernas abiertas de Lana, la cual consiguió hacer de lado su pantaleta lo suficiente para permitirle que ingresara sus cinco pulgadas dentro de su intimidad de una manera tan rápida y directa, que la punzante sensación le arrancó un gritó que Lincoln se apresuró a contener al besarla, aunque él también tuvo que aguantarse de gritar cuando, y producto de la excitación, ella le mordió un poco fuerte el labio superior.
—Con… con cuidado, Lana. Tal vez deba de…
—¡No se te ocurra salirte hasta terminar!
Compuesta, fue capaz de soportar el beso de su hermano encima de ella, así como las embestidas, encontrando sobradamente gratificante el encuentro. De todos los sitios posibles, como la casa, el parque o el cine, nunca se imaginó que fuese posible hacer algo así en la escuela.
Lincoln mantenía un buen ritmo. Iba lento cuándo podría hacerlo rápido, pero su prioridad no era él, sino que Lana pudiera pasarlo mejor que bien dándole una experiencia que pensó seguro ninguna otra pareja tendría aquella noche… algo que lamentablemente comprobó más que pronto que quizá no sería del todo así.
Ambos se paralizaron cuando escucharon tanto el ruido como las risas de un chico y una chica que era evidente sabían aquello que Lincoln creyó sólo era suyo el conocimiento. Debido a que el almacén tenía por lo menos casi dos metros de altura fue que la pareja no los había visto, pasándolos de largo para dirigirse hacia la parte trasera del almacén encajonado.
Lana, aún con el rígido miembro de su hermano en su interior, levantó el oído. Las risas no tardaron en convertirse en gemidos que se le figuraron bastante familiares. Lincoln no tenía que poner atención a lo que escuchaba, pues desde la posición en la que se encontraba era capaz de distinguir incluso el color de los senos de aquella adolescente pelirroja que a horcajadas cabalgaba al muchacho tras que sin mucha resistencia por parte de este lo había puesto debajo de ella.
Lincoln pensó que la chica era bonita, sexi a su modo, aunque algo imprudente por quitarse más ropa de la que podría ponerse de manera apresurada si alguien apareciera de pronto.
—¡Psss! —Lana le chistó susurrándole—. Lincoln, quiénes son.
—No tengo idea. Tal vez no sean compañeros tuyos, se ven un poco más grandes que tú —en realidad no había visto al chico, aunque no es que tuviese mucho interés en reparar en él, mientras que la muchacha a lo mucho tendría un año más que Lana—. Tal vez debamos esperar a que se vayan primero.
Lana se mordió los labios extrañamente excitada por los gemidos de esos dos que sin duda se la estaban pasando tan bien como ellos hace apenas un minuto. Con ambas manos llamó la atención de Lincoln tomándolo por el trasero.
—Bueno, ellos están en lo suyo, lo mejor es que sigamos con lo nuestro.
Lincoln la miró apenas con asombro, quizá preguntándose por qué debería de sorprenderle.
—¿Es en serio? ¿Y si nos escuchan?
—Pues seamos silenciosos, que ellos están demasiado ocupados como para ponernos atención. Además, y si nos descubren… si ellos no nos delatan, nosotros les prometemos no delatarlos.
El chico no estaba del todo seguro qué tan equitativo sería eso. ¿Realmente esos chicos podrían guardar el secreto de que vieron a una pareja de hermanos tener sexo con tal de no meterse en problemas por estar haciendo lo mismo? Al ponerse en la posición, por lo menos del chico, imaginando que su novia fuese cualquier otra chica como Ronnie Anne, Stella o Jordan y ante la posibilidad de tener que enfrentar a sus padres y a sus hermanas…
Lentamente por lo menos al inicio Lincoln reanudó su actividad amatoria con Lana, siéndole difícil el contenerse y hacerlo cada vez más deprisa, pues aunque deseaba enfocarse solamente en ella, sus ojos a momentos se dirigían hacia la otra chica que con intensidad parecía estar disfrutando lo suyo con su novio, tanto como este, o la misma Lana al escucharlos, la cuál lamentaba no estar en la posición de su hermano para también poder ella darles un vistazo, ya no tanto para tratar de reconocerlos, sino por el simple morbo de observarlos. ¿Sería algo así lo que lola fantaseaba cuando con lujo de detalle le pedía que le detallara sus encuentros con Lincoln? Por un momento le pasó por la cabeza la idea de un día invitar a su hermana a que los contemplara mientras lo hacían, idea que descartaría cuando terminaran teniendo que admitir que incluso para ella eso sería demasiado, aún si Lola contrario a mostrarse asqueada, se mostrara interesada.
Lincoln una vez más conectó su boca con la de Lana al sentir que estaba por terminar, la cual gustosa la recibió dándole la bienvenida a su lengua con la suya entrelazándola, a la vez que se le figuró que las estrellas, las cuales sí podía ver, de pronto se iluminaron con mayor intensidad. El chispazo eléctrico que la recorrió desde su intimidad y de ahí por toda su columna hasta llegar a su cerebro fue en medida mucho más intenso que los últimos que Lincoln le había hecho sentir hasta ese día.
Poco a poco la erección de Lincoln fue bajando, pero permaneció aún dentro de su hermana abrazándola, la cuál para no terminar aplastada, lo obligó a rodar sólo un poco, de manera que pudiese ser ella ahora la que estuviese recostada encima de él abrazándolo con mimo a la altura del pecho, por la diferencia de altura que había entre ambos y que con cada año… parecía mantenerse, pues si Lana crecía, Lincoln lo hacía también para su desconcierto y alegría, pues un novio alto era algo que incluso desde niña cuando mentía diciendo que no estaba interesada en esas tonterías, era algo que había fantaseado con tener.
Hubo más ruidos, más risas. Lana, que se había olvidado de la otra pareja hasta ese momento, apoyada en Lincoln se incorporó un poco provocando con el movimiento que su hermano se saliera de ella. Con decepción, todo lo que pudo ver fue a la otra pareja entre risas desaparecer por donde de seguro habían llegado, que por cierto, era el mismo sitio por el que ellos mismos lo habían hecho. Lana regresó recostándose sobre el pecho de Lincoln más satisfecha que decepcionada.
—Eso fue increíble.
—Sí que lo fue.
Y lo decía en serio, quizá para él no tanto como le había resultado tiempo atrás hacérselo a Lana por el "otro acceso", pero tenía que admitir que si debía de evaluar sus encuentros, este fácil podría posicionarlo en un segundo puesto, con todo y el miedo que sintió por el riesgo. No pudo evitar sentirse como un hipócrita por el modo en el que había regañado a su hermana por buscar hacer cosas así en sitios públicos, cuando había sido ahora él quien había incentivado aquél encuentro en la escuela.
—Muchas gracias por todo, Lincoln. No creo que te hagas una idea de cuánto atesoraré lo de esta noche.
Ella lo besó en los labios, esta vez de una manera tierna, casta y un tanto infantil que lo enterneció.
—Todo por la mujer que amo.
Por un segundo se cuestionó si había sido correcto el haber llamado "mujer" a su hermana de trece años. decidió que lo mejor era no sobre pensarlo mucho y continuar dejándose llevar por el momento, en especial ahora que Lana volvió a recargarse contra él y susurrar con una honestidad evidente.
—No tanto como yo te amo a ti.
Sin haber tenido que arreglarse mucho, más allá de darse una buena peinada en los aseos (Lincoln se había prevenido en llevar consigo un par de peines), ambos regresaron al gimnasio donde ya las últimas canciones continuaban emitiéndose, siendo ya pocos los que continuaban bailando, prefiriendo descansar en las mesas tomando algunos bocadillos.
Lana atacó con la ferocidad propia de un animal salvaje unas alitas de pollo fritas que Lola le había guardado, produciéndole algo de risa a Lincoln quien con más propiedad comió las suyas pasándoselas con soda. Lola los observó esperando buscar algo fuera de lugar en ambos, cuando tras entre risas Winston escuchó a uno de sus amigos decirle algo al pasar por la mesa antes de irse a otra, pálido la miró y después con cierto temor a Lincoln. Esto encendió las alarmas de la chica.
—¿Qué? ¿Qué es lo que pasa, Winston?
—Ah… ¿podría hablarte en privado?
Teniendo un muy mal presentimiento y ya imaginándose de qué se trataba, Lola se levantó pensando en cómo podría desmentir el rumor que de seguro en aquellos momentos ya se estaría extendiendo como la pólvora de manera inevitable. ¡Ese par de tontos debieron de ser más discretos! Tras haber quedado aislada de sus hermanos, Lola con nerviosismo le increpó.
—Bien, ¿qué ocurre?
—Yo… no sé cómo decirte esto, Lola, pero… hay… están diciendo algo muy delicado… tan delicado que temo que…
—¡Sólo dímelo ya con un demonio!
Winston retrocedió y a ella no le importó asustarlo, que si le iba a soltar la maldita bomba, quería que lo hiciera de una buena vez y se dejara de tantos rodeos, que de todos modos ya estaba mentalizada a lo que le contaría. Su novio suspiró y le hizo la gran revelación.
—Se está rumoreando que Amber y Jhonny lo hicieron en el techo de la escuela.
Lola lo miró fijamente con incredulidad un largo rato antes de preguntarle…
—¿Quiénes? ¿Que hicieron qué?
—¿No los conoces? Van en un grado superior al nuestro en el grupo D. Creí que te impactaría más algo como esto, en especial porque se supone que ellos dos habían roto y vinieron con parejas distintas. Y me refiero a… ya sabes… "sexo". ¿Puedes creer que algo así podría ocurrir? Hasta parece que la pareja de Amber le montó una escena a la salida por eso. Vaya escándalo.
Lola tuvo que fingir que en efecto estaba escandalizada, pensando en algo todavía mucho más escandaloso, tanto que haría parecer como una simple niñería lo de aquellos chicos que le contó, pero igual interesada le pidió todos los detalles que pudiera darle, recordando de pronto de quién se trataba aquella chica.
—¿Por qué quisiste contarme esto en privado?
—Creí que a tu hermano no le haría mucha gracia enterarse que algo así pasó en la escuela, de hecho a mí también sigue sorprendiéndome. No lo sé. Temí que indignado querría ya llevárselas a casa. No te ofendas, pero me da la sensación de que tu hermano es algo mojigato.
Se hubiera querido echar a reír, pero con esfuerzo logró contenerse. Sí, Lincoln, Lincoln Loud, su hermano mayor, su hermano mayor de edad, ese que le había dado por todos lados a su propia hermana cinco años más joven que él era sin duda un mojigato.
—Sí, gracias por tu prudencia. Sin duda es un gran chisme del que todos hablarán mañana. Regresemos ya. Creo que necesito un poco más de ponche.
Más aliviada regresó a su sitio, en el que sus hermanos mantuvieron su distancia entre sí comportándose como podría esperarse de ellos: Una chiquilla salvaje sin modales, y un hermano celoso que ya algo aburrido por haber tenido que ir de niñero, miraba cada tanto su reloj esperando la hora para irse. Lola no podía estar más satisfecha por la prudencia que habían tenido en todo momento.
—Hey, Lola —Lana la llamó bajando la voz—. ¿Aún tienes o puedes conseguir esas pastillas del "día siguiente"? Las que me diste el mes pasado me las terminé y creo que necesitaré más.
Bufando por lo bajo, le dedicó una mirada hosca antes de levantarse apresurada e ir a buscar a la tal Amber, lamentando el favor que tendría que deberle. Esperaba que la pelirroja tan tonta no fuera por lo que había hecho y tuviera algo que la ayudara.
Animadamente Rita estaba terminando de escribir el artículo que el periódico le había encargado. Una vez que la impresora le arrojó la última hoja, se dirigió a la cocina para prepararse otra taza de café y de ahí ir al comedor para disfrutarla al mismo tiempo que le daba un último vistazo a lo que había hecho.
En el comedor se encontró con Lana, quien animadamente leía un libro. Se le veía muy tranquila y animada, a pesar de que lamentablemente había roto con su misterioso novio algunas semanas atrás, después de que él la dejara plantada en el baile. Se había tomado de manera muy madura las cosas, por lo que apenas y tuvo que intervenir para consolarla. Estaba orgullosa de ella por eso, pero también por esto, que estaba haciendo algo distinto a estarse ensuciando las manos dentro del motor de algún vehículo, atendiendo a algún animal, sin más que concentrarse en sus estudios acerca de… consiguió darle un vistazo al título del libro: "Guía para madres adolescentes".
Lana con susto levantó la vista del libro cuando escuchó que su madre se atragantó con el café. Al instante se puso de pie y le dio unos golpecitos en la espalda hasta que consiguiera reponerse dejando de toser y volviera a respirar con naturalidad.
—¡Mamá! ¡Calma! ¿Estás bien?
Ella con esfuerzo, primero le señaló el libro que tenía antes de terminar por reponerse y recuperar el habla.
—Por… ¡¿por qué estás leyendo eso?!
Ella no terminó por entenderlo al inicio. Encogiéndose de hombros, le respondió.
—Por curiosidad. El libro es de Lola.
—¡¿Qué?!
Por mucho que eso para Rita tuviera más sentido a que fuera de Lana, no ayudó precisamente en nada para calmarla.
—¡¿Y por qué tu hermana tiene algo así?!
—Lo compró para regalárselo a una amiga de la escuela que… bueno… aún no se sabe con certeza, pero se rumorea que podría estar embarazada.
Aunque aún sorprendida, por lo menos Rita ya estaba mucho más calmada.
—¿En serio? ¿Una de sus compañeras?
—No. De otro grado. Tiene catorce años.
Igual a Rita le seguía pareciendo muy joven como para haberse metido en semejante situación.
—Pobre muchacha. Es lo que pasa cuando una no se espera.
—O no se sabe cuidar.
—Eso también —se sentó al lado de Lana y la tomó de las manos con afecto—. Es por eso que una debe de cuidarse bien, pero sobre todo esperar para vivir de manera correcta cada etapa de la vida. Catorce años no es una edad adecuada para convertirse en mamá.
Lana suspiró. Entendía mejor el por qué Lola le insistió mucho en que ella leyera primero el libro antes de dárselo a Amber.
—Lo sé, mamá. Tranquila. No es que esté pensando en tener un bebé con nadie en este momento.
Conmovida, Rita abrazó a su hija agradeciendo el breve momento madre e hija que acababan de compartir. Sobre el hombro de su madre, Lana le guiñó un ojo a Lincoln que tras escuchar el exabrupto de su madre había ido corriendo para auxiliarla, pero tras ver que Lana controló la situación, se limitó a contemplarlas y a escucharlas sin intervenir.
Tragó saliva. A lo largo de los años había aprendido a leer casi perfectamente las expresiones de su hermana favorita, su ahora novia secreta, y lo que pudo leer en su cara no era muy distinto a lo que acababa de decirle a su madre, al menos en la mayoría.
"No es que esté pensando en tener un bebé con nadie en este momento…
aunque después…"
Pensando a futuro, Lana creía que algunas vueltas de vez en cuando por la biblioteca alternando entre sus libros de mecánica y veterinaria con los de maternidad, le harían bien para aprender más de aquello que de verdad le interesaba.
