A/N: Bien, si pude terminarlo esta semana. Lo cual es un alivio, porque esto debio de haber salido el mes pasado. Bienvenidos a la sorpresa.
He estado escribiendo tambien algunas escenas de tanto el capitulo 47 como el 10, y han ido bien. Pero hoy me tome mi tiempo con darle los toques finales a esta cosa. Y bueno, la verdad es que estoy satisfecho.
Tenia planeado iniciar esto desde el oscuro año de 2023, y el pasado estaba ocupado con otras cosas como para dedicarme a esto. Pero en fin, aqui la primera entrega. Imagino que la sinopsis ya dio una idea mas o menos de que va esta cosa, pero aun asi... Heh
Naturalmente, hay una nota de fondo al final mucho mas larga.
AVISO Obligatorio: La serie de Fate, sus personajes y todo elemento del Nasuverse presente en lo siguiente no me pertenece. Es propiedad de Type-Moon.
Clave:
'Pensamientos.'
"Diálogo."
Especial
"Voz sobrenatural/Resaltado"
"Taumaturgia."
Í͕̟͓̈́͑ǹ͛͒co͎͉̍̐n̨̼͔̤̉ͮ͊c̘̪̟͉e̖͐b̬̝̪͢í̡ͣ̏̄̚bͤl̗͙͕̘͠ͅͅe̟̝͓̘̘͍̮ͤ̿͒ͯ̽̒̀ ̺͕̇ͪ
Konton no Tatakai: Leudh Weyd
"Aquí hay dragones."
Poti - Georgia.
17 de Julio de 2003, 16: 45 PM...
"Y pensar que el barco en que llegamos nos hubiera llevado hasta Crimea si no hubiéramos bajado en el puerto." A estas alturas, era bastante obvio que Shinji de verdad amaba el sonido de su propia voz. Durante las dos horas que llevaban caminando a través de las afueras de Poti, rumbo a la vereda que les conduciría al sitio donde necesitaban estar, el heredero de los Matou no se había callado en un solo instante, mientras que Shirou se limitaba a asentir y contestar apenas una oración mientras que apreciaba el paisaje.
No tuvieron mucho tiempo para observar la ciudad. Apenas bajaron del barco, luego de entregar un fajo extra a los trabajadores, comenzaron a caminar sin detenerse. Eventualmente, los adoquines dieron paso a grava y al cabo de una hora, se internaron en un sendero dentro del monte habiéndose guiado por los signos que mostraban la cercanía al sitio arqueológico de Fasis.
Se detuvieron para descansar las piernas por unos minutos cerca de un risco, que ofrecia una impresionante vista al Mar Negro, misma que era amplificada cuando el haz del cercano crepusculo a la distancia teñia la costa en sus colores. Muy diferente a lo que les había tocado observar en el Bósforo.
"Piensalo, Emiya. Playas que nada tienen que envidiarle a las de Grecia, licor de durazno abundante y barato, y eso sin mencionar a las muj..."
"Shinji. Tu fuiste quien me pidió acompañarte aquí." Shirou le recordó secamente. "Y sabes bien que a nadie le hubiera dado gracia que te fueras de vacaciones sin todos."
"Tsk. Si tenía que venir con el circo, obviamente me traería al payaso más capacitado." Resoplo Shinji antes de volver a caminar, con Shirou siguiéndole mientras sacudía ligeramente su cabeza.
"Y estoy seguro de que nadie te aguante, no tuvo que ver." Murmuró por lo bajo.
"Te escuche."
La clase El-Melloi llevaba alrededor de una semana en Turquía, y no precisamente por cuestiones de placer. Las ceremonias de elección para participar en el Gran Certamen que tomaría lugar dentro de un par de años terminaron siendo una competencia encarnizada donde habían tenido que batirse contra una docena de otros grupos, muchos de ellos con caras familiares. Entre exámenes, exhibiciones, lecturas y naturalmente, enfrentamientos... No había ninguno en la clase que no había llegado a rozar el fastidio. Durante el peor día, hasta la prima de Shirou quien a menudo era considerada la más calmada de la clase, había terminado por perder el control cuando hizo que una fruta ornamental explotara detrás de las gemelas Pentel durante un argumento en trazado de Círculos Mágicos.
Para cuando los demás habían llegado a la escena, Ayaka ya había estado a punto de tirar a una de las gemelas por la ventana, mientras que la otra estaba colgando de cabeza, cortesía de una enredadera.
Hasta ahora. Se les había otorgado una semana extra disponible, y todos lo habían aprovechado de una forma u otra. Misaya, Tohsaka, Doris, Svin, Izcalli y ella permanecieron en Estambul, dándose un paseo por los pasillos y puestos casi infinitos del gran mercado. El profesor Waver naturalmente estaba con ellos, manteniendo una correa fija en Flat con la ayuda de Gray mientras que Sion y Ayush continuaban estudiando. Sin contarlos a ellos, solo dos más habían salido de la ciudad, con Caules habiendo tomado un tren para Bucarest con el fin de dirigirse al asiento de su familia en Trifas a petición de Lord Yggdmillennia mientras que Luvia había partido a una excavación financiada por su familia en Hisarlik. Le había pedido a Shirou el acompañarla, pero apenas recibió la noticia de que su hermana estaba por llegar ahí, la urgencia la consumió y terminó por partir un día atrás a toda velocidad.
Shirou había optado por ir hacia allá cuando ella lo pidiera. Si es que lo hacía, claro.
Eso le había dejado con la opción de permanecer con los demás, y darse paseos por ahí. Sin embargo, ya había visitado varios de los museos, y no había encontrado muchas cosas que valieran la pena leer. Insistir en acercarse a donde las muestras originales estaban resguardadas había estado en su mente, por supuesto. Pero Waver había sido más que claro en que no debían de llamar mucho la atención ahí. Turquía no llevaba ni un siglo bajo la influencia de la Asociación, como para hacer cosas así de temerarias... E insultantes.
Fue entonces, cuando Shinji le había pedido acompañarlo a explorar un sitio cuya ubicación había sido compartida por su abuelo. Un punto arqueológico en Georgia, del antiguo reino de Cólquida que la Asociación no se había molestado en excavar más a fondo desde su descubrimiento en el Siglo XVIII, y que había sido prácticamente ignorado por el Directorado Arcano Rojo de la Unión Soviética, pese a haber estado registrado.
Naturalmente, tener algo así en sus manos hubiera hecho salivar a cualquier magus. Y Shinji no hubiera dudado en aventurarse solo con tal de quedarse con lo que fuera que pudiera encontrarse ahí. Pero no era estupido, meterse en un sitio así sin apoyo extra bien que sería un hermoso preludio a terminar convertido en un puñado de algas quemadas o peor.
'Honestamente, ni idea de lo que encontremos ahí. Las posibilidades de que alguien más haya llegado primero y saqueado el lugar son muy altas, después de más de doscientos años.' Pensó Shirou. 'Eso, o la Asociación lo abandonó porque no encontró nada.'
Y una vez que llegaron al lugar, esa última línea de pensamiento comenzó a sonar más probable. El sitio consistia en una pequeña explanada rodeada por varias columnas de estilo vagamente parecido al dórico, de las cuales ninguna permanecía en pie. Una serie de montículos, que muy seguramente había actuado en otros tiempos como las fundaciones del sitio yacían desperdigados por ahí, y no faltaban los rastros de muros que habían sido sujetos a los estragos del tiempo.
La maleza había crecido de manera interrumpida por el lugar, dificultando aún más el que pudieran distinguir algún otro rasgo más notable de todo ello.
"Bueno, Emiya. Tu eres el arqueólogo aquí, es tu turno." Sintió la mano de Shinji en su espalda, casi empujándolo hacia la explanada. Mano que terminó por retirar con un gesto de la suya.
"Esa es Goodfellow, Shinji." Puso los ojos en blanco mientras comenzaba a internarse. Nada conseguiría viendo a la distancia de igual manera.
El resoplido soltado bien hubiera logrado romper su concentración, de no ser porque ni siquiera había comenzado a analizar a fondo. "Como si tú no te hubieras metido en más lugares que ella."
Shirou no negó ni confirmó nada, limitándose a resoplar de su parte mientras observaba mejor las columnas. Eran antiguas, si. Fácilmente con más de dos milenios de antigüedad, pero definitivamente no lo suficiente para cumplir la marca de unos tres. Necesitaba saber más.
" Lo mitológico ya sabemos. ¿Pero qué tal lo histórico, alguna idea?" Le pregunto a Shinji, mientras que ahora se inclinaba sobre un bloque en busca de alguna inscripción que al menos le diera una idea de con que estaba tratando.
"Hmmm." Shinji pareció pensarlo, y no tuvo la necesidad de mirar por encima del hombro para saber que tenía una mano sobre su mentón. "Bueno, eran de influencia griega pero durante la Edad de Hierro. No creo que un sitio así, tan cercano a todo lo demás no tuviera civilización en la del Bronce."
"Hmm, en ese caso." Shirou suspiro antes de activar sus circuitos y concentrarse en su interior. No le tomó nada encontrar su hechizo interno más preciado, y no tardó en desplegarlo en su mente.
ⱽᵃⁱⁿᵃ ᶠᵃⁿᵗᵃˢᵐᵃˡ
"Scīnseaxscēaþ."
Visitar los registros que tenía minuciosamente almacenados era una experiencia que siempre apreciaba. Originalmente, todo había sido colocado allí por orden de ser analizado, algo que se había vuelto un caos durante los primeros meses. De ahí a que invirtiera un tiempo en ordenar de acuerdo a "cajones" dentro de la vaina con tal de no demorar mucho en pasar por ahí. No era un plano mental, no exactamente. Cuando interactuaba con este, no podía observar su propio cuerpo. Solamente se movía entre paredes blancas y etéreas, hasta llegar a las corrientes donde estaba lo que necesitaba. Y apenas tocó la de espadas, tuvo que parpadear cuando la pálida luz se encendió más allá de lo que sus ojos podían tolerar y lo llevó entonces al nuevo espacio donde reposaban cientos de las armas de ese tipo que había registrado hasta el momento.
'Algun dia, deberia de acomodarlas por región. Si no igual me perderé.' Terminó por fruncir el ceño. Preferiblemente, antes de que tuviera que cargar un nuevo parche con tal de que la vaina no se desbordara.' Pensó mientras se acercaba a uno de los espacios más cercanos.
Por el tiempo que Shinji había mencionado, así como la cercanía, había solamente una cultura con armas que poseía que quizás podría ofrecerle una respuesta. Y daba la casualidad, que más de una de sus nuevas proyecciones provenía de esta. No eran espadas muy bien cuidadas; todas de hierro, y con suerte conservando uno que otro rasgo en sus empuñaduras rasgadas, superaban por un par de siglos la marca de tres milenios.
'No muy diferentes que las que vi por primera vez, en Mineralogía años atrás.' Pensó Shirou una vez que estuvo frente a las cuatro espadas hititas. Donde aquellas habían sufrido el ignoble destino de terminar en una amalgama horrenda y desperdiciada, las que tenía en frente permanecían separadas y con historias acumuladas relativamente intactas.
"A ver..."
Tres de ellas, no supieron decirle mucho. Habían sido empleadas por guardias que pocas oportunidades había tenido para usarlas, salvo en la ocasión donde una había tomado la vida de un lancero enemigo tras aprovechar que la efectividad de un arma así era reducida en un espacio estrecho, pero fue la cuarta la que mejor llamo su atención, especialmente por la memoria más fuerte contenida en su interior.
"̴̞̒̃̈́̆͑̊̿̔H̸̛̛̼̻̊̋̔̈́͑̿̈́̾̾͌̕͠͝A̶̧̟̭̤̹̘͖̼̝̱͕̙̻͕͈̮̣̓̈̉̉̑͌̊̅̋͐̉̈́̚͝Ş̴̧͇̗̱̝͍̹̪̺̣̌̈̄̇̏̌͘Ş̷̪̤̮̩̌̃͐͆͗̈͠A̴̧̡̢͙̥̩͔̺̱̤̦̰̰͍͎̽́͜͝ ̴̼̯͔̙̩̗̠̞̪̣͙̲̰̙̫͖̓̄͊͒̎w̸͍̟̩̳̖͍̹͔͝ͅǎ̸̢̰̺̮͍̳̗̣̒̃͐̅̀͛̓͝r̴̙̫̟͍͍̪̬͕̯̽͝͝ŕ̵̢̯̭̲͆̓̑̌̾̾̾̏̆̀̅̂ą̶͓̦̞̤̱͔͙̫͖͖̻͉̮̻̯͊̍ͅ ̸̻̤͚̜͊̾́̋̌ẁ̷̧̫͓͚̺̗͕̠͎̙́̄͜ã̴̛̗̞̝͉͋̊̃ş̴̨̞͖̱̗̌̑̈́͌̑̈̔͆͊̚̕t̸͙͕̩̮͓̳̝͕̼̝̒̌̉͗͑̅̃͐̊̂͒̈́̐͗̚ͅͅä̵̘̃̄̐̈́̏̋̔̀̈́̌̕̚͝i̸̢̛͍̯͚̳̲̥̫̝͉̘̝͈̗͇̹͊̽̌̔̓̍̊̂͗͝͝!̵̢̡̧̝̦͙̰̞̻̻͕͙͎̿͑́̓̿͂̂̔̋͂̈͌̌͛̀̕̚"̷͎̾̅̅̑́͘͠͝
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La batalla era excesivamente brutal, trayéndole recuerdos de lo que había visto en la amalgama. Y tal como en la de Qadesh, los hititas habían sido desamparados de las posibilidades de alzarse con la victoria. Sus carros de guerra yacían destruidos ya a consecuencia del terreno traicionero volviéndo los vulnerables a los asaltos de sus enemigos, y la infantería combatió ya a fuerza de lanza y espada contra las huestes de la tierra que estaban invadiendo. Sus oponentes, una legión de hombres barbados con armaduras grisáceas y rostros crueles, descargaban golpe tras golpe a punta de hacha y garrote, mientras que pendía estandartes en los cuales se exhibía la efigie de una silueta alada con un sol resplandeciente a sus espaldas.
"̶̡̡̯̳͈̺̫͐̓̅͋̊̎̆̃̈́̍̿̈̚D̵̨̮̥̫̏̽́̀́͆̾́̇̇̑̍͊͋̃͝ā̴̻̩̲̬̣̠̻̦̣͑̇̃̃̀́̒̉̃̾m̵̩̤̭̩̼̞̩̭͉̘̮̬͙̋̾͂̋̾͜ī̴̛͙͎̓̇̈́̾̊̊̏̑̓̋͒̊̐̇̕͠ ̷̧̃͆͗̑̄͛̔̓̿͋͑̔̅͘̚ī̵̢̡̧̮̼̩̱͕̗̗̤͖͓͖̓͒͜͜͜͝q̶̨̡̛̦̫̺̳̈́̆́̃͋̕͠ḁ̴̛͈̘͈͂́͒̉̓͒̂͆̃̓̌ḽ̷̬̀͊͂́̎̂̕ļ̸̭̦̘͖̬̼̫̠̟̫̦̘͍̟̫͋͆͛̓͑̉͐̂̎́̚͜͝ư̴̡͇̲̙͚̳̩̱͍͍͓͚͎̪̂̆̓͑̀͒̈́̈́̓̎̋͘!̴̡̧͍̙͖̭̥̩̘͎̈́̓̆̈́̀̈̓́̕͝"̷̢̧̨̧̨̯̦̣̣̠̙̣̹͔̼̏̆̈́̀̏̀́̓͐̓̆̽̂̋
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Tanto el idioma crudo como el símbolo, así como otros rasgos que distinguió fueron suficientes para decirle de que se trataba la cosa. Asirios, entonces. Aquellos que habían terminado con el poderío hitita para siempre. Y ahora le tocaba observar uno de los muchos pasos hacia aquella funesta conclusión.
El dueño de la espada, sin embargo, no era un soldado ordinario. Se había lanzado contra las filas enemigas, dispuesto a vender cara su vida mientras se entregaba al frenesí que le consumía. Aun cuando otro hombre, que a juzgar por lo ricamente decorado de su armadura y la arrogancia de su rostro, no podría ser otro que un noble asirio le cortó el paso mientras blandía un hacha de cuchilla de hierro en una mano, y una daga triangular de bronce en la opuesta, no titubeo.
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Intercambiando insultos en sus respectivos idiomas, ambos hombres se batieron en un duelo sangriento que se prolongó durante varios minutos, con las huestes de sus respectivos campos dándoles un espacio entre los cadáveres y los heridos que pronto irían a parar al Inframundo.
El dueño de la espada desviaba los golpes del hacha, teniendo que cuidarse de la daga de su oponente, que como el aguijón de un escorpión, buscaba clavarse entre su estomago o sus muslos de acuerdo a la oportunidad que se presentará.
"̴̱̮̮̥͍̹̟̟̮̝̦̬̪͂̐D̷̨̡̛͕̫̲͓̟̲͒̽͘͜a̴̢̠̬͎̣̺͎͑̈́̅̐̌̐͐̓̇͗̋͘͠͠m̴̢̡̱͚͕̻̼̒̒̄̃̅̀͌͝͝m̴̥̟̈̀̊̆͛́̏̉̓̾̑͐͝͝ī̸̱̻́̀́̀̀̈́̋͊͂̽̚͘̕͠͝k̶̨̢̦̬̗̣̭̠̮͕̤̼͕̤̹͕̱̃͂͆̓a̴̖̐͆̎̀̿ ̶̧̡̡̛̯̭͉͈̭̙̣͓̻͉̈́̍̎̅̇̇͌͛̀̈͊͝ͅa̵͓̺̰̎͛̓̎̒̂͒̈́͂d̷̡̘̰̦̗̬͆̆̈́̒̍̿̆͑͒͂̃̀̓͝͝͠ͅi̴̧̫̙̝̲͔͒͛͐͗́͗̇̊͐͒̍̍̚͝͝ ̶̮͓̙̬͚̈́̅̎̚ͅš̵̮͓̞̮̪̤̬̙̺̼̳́̉̌̃͋̔̕͠ả̸̳̩̱̗̱̺͊̓̈̑̍͐͐ṭ̴̡̙͎̬̰̫̗͒̄̐̐̈́͘ͅi̸̳̗̠̥̹͙̐͛̉̄̉̀̍͑͆̐͘͝͠͝r̷̢͕̣̤̼̒͛k̴͓͇͈̻͚͍̯̜̟̰̻̜̝̈́̐̐́̿͋͆̒̐͛͐́̉͂̾̊͐͜a̶̖̞͓̿̓́͊̓̔́̌̕͝ ̵̧̩̗̟͔̹͈̣̳̪͕̜͚͖̼̉͛͋̐̐͂ͅa̶̢̦͈͇͓̺̘̜͋̾͛̈́̊̇̽͒̋̓̚ͅš̷̭̀k̵̢̗̪̞͓͍͉̗̠̓͋̃̐̆͒̏̎͆̕͜͜͝͠ų̴̧̡͔͈̈̈́̒̆̀̌͛̊̐̄͂̿̈͘ṉ̶̡̨̠̯͍͕̠̺̓́́.̶̬̖̭͖̺͚̘̳̜̣͉͔̝͊̆͑̀́̐͋͒̔͒͒̓̏͘͝"̷̧͎̞̱̬̺̝̯̑̒̾̍̈́̓͒̍
El asirio se burló, su rostro retorciéndose en una mueca obscena. Lo que fuera que había dicho, no pareció ser del agrado del hitita, quien profirió un alarido más antes de cargar con todas sus fuerzas contra su confiado oponente. Los ojos del asirio se abrieron de par en par, como los de una estatua sumeria ante la oleada de golpes e intento recuperar la ventaja por medio de sus armas, hasta que una cuchillada certera terminó por cercenar varios de sus dedos, obligándole a soltar su hacha con un aullido de dolor.
Sintiendo la victoria cerca, el hitita se abalanzó contra él, hundiendo el filo de su espada contra su cuello... Al mismo tiempo que la daga de su enemigo finalmente encontraba el desprotegido costado derecho, y se hundió también...
Shirou se apartó de la memoria. Eso había sido interesante, pero no le contaba nada. ¿Quizas podría buscar en el otro lado? No recordaba cuantas armas asirias tenía, pero no debían de ser muchas. Y seguramente, habría alguna que pudiera estar presente en la misma batalla si compartían el mismo tiempo. "Ah, no ser que.."
"Shinji, tú que ayudas a Tohsaka con lo que ella lleva investigando aquí de Asiriología para sus gemas. ¿Recuerdas cuál fue el rey asirio que derrotó a los Hititas?"
Si se lo hubiera preguntado en el idioma de esa cultura, la expresión de Shinji hubiera sido la misma. "Emiya, no me jodas. Solo le ayude a mover unas cajas. ¿No deberías de saberlo tu? Estuviste con ella cuando andaba intentando acceder a esas cuentas azules que se suponía debían de estar en Mineralogía, no Arqueología."
"Cosas distintas." Murmuró Shirou antes de sacudir la cabeza. Tendrían que pasarse por el Medio Oriente durante el verano siguiente de por sí. Lo que tenía de ahí, eran cosas que había observado en algunos registros de Meluastea, y no era precisamente mucho. 'Estelas, estatuillas, cuentas y cilindros es lo que más ahí de Mesopotamia ahí. Las armas escasean, y de estas hay...'
Sus ojos se abrieron ligeramente al recordar una que precisamente había encontrado en una bóveda descuidada. Por su pésimo estado, aun con los rastros del misterio que la envolvían, nadie le había puesto mucha atención. Pero para su talento especial, ningún Noble Phantasm potencial, delatado por los remanentes del Séptimo Factor Imaginario, conseguían escapar.
"Lo tengo." Comentó, provocando que Shinji alzara una ceja.
Nuevamente para sus adentros, Shirou abandonó las espadas para dirigirse a la sección de las armas contundentes. Martillos, garrotes, y mazos iban a parar ahí, y en el caso de los últimos, cuando se trataba de tiempos más antiguos, solamente la cabeza era conservada y por lo tanto...
Ahí estaba. Con la forma de un huevo cuya sección inferior había sido partida, poseía una apariencia rugosa. Tallada en piedra caliza, no era inverosímil que hubiera resistido lo suficiente para ser encontrado milenios después. Seguramente en otro tiempo, hubiera estado soberbiamente bañada en oro mientras que el mango al que hubiera sido ensartada habría sido de bronce, y decorado con un sin fin de gemas y otros tesoros. Pero la dignidad ancestral que cargaba, permanecía intacta en la inscripción que no se había desvanecido en una de sus caras.
"Tukulti-Ninurta, rey poderoso, rey de los reyes,
lugarteniente de Assur,
fundador de tierras anchíssimas e amado de los grandes dioses.
Ninguno fue mi igual ante mi reinado.
Cuatro señoríos henchieron mi corazón.
En la comarca de la Mar Alta, cuarenta reyes —
sí, cuarenta reyes de la Mar Alta —
abatuje yo a mis pies.
Sus ciudades torné en paz,
su sangre vertí cual si fuese agua."
Fortalezas grandíssimas non se alzaron contra la mano de Tukulti-Ninurta,
rey de Asiria, amador de Assur."
Shirou asintió. Eso era justamente lo que buscaba, y no tardó en concentrarse en comenzar la proyección.
ᴸᵃ ˢᵉʳᵖⁱᵉⁿᵗᵉ ʳᵒᵈᵉᵃ ˡᵃ ᵉˢᵖᵃᵈᵃ
"Trace Fractal."
Al cabo de un minuto, la cabeza del mazo yacía en su mano derecha y Shirou la alzó mientras canalizaba energía mágica hacia esta con tal de que lo que guardará en su interior comenzará a desprenderse al ambiente.
"¿Oh?" Shinji ladeo su cabeza hacia la izquierda, antes de que sus propios circuitos vibraran en respuesta al cambio en el aire. "¿No me digas que tienes algo de la Argonautica ahí?"
"Ni de broma. Sabes bien que jamás he llegado a tocar esa parte de la Era de los Dioses." Respondió Shirou mientras continuaba caminando por el sitio, dejando que el Factor continuara escapándose a la tierra para que ésta revelara sus secretos. "Las cosas con más misterio que tengo, son de una más cercana o de las Hadas."
No era una mentira. Alrededor de dos docenas de tesoros heroicos habían sido contemplados por el desde la primera vez que había tomado a Usumidori en el Monte Kurama, y a ellos se les podian unir una docena mas de artefactos que bien que seguramente habían alcanzado ese rango en el Reino de las Leyendas, mientras que sus contrapartes originales habían sucumbido a la erosión y el abandono, como la maza que estaba sosteniendo.
Y sin contar cosas como Caliburn y Carnwennan, la vasta mayoría no eran artefactos inmensamente poderosos, con Fragarach siendo la única excepción. 'Y ni tanto. Para poder usar una parte de lo que tiene, tengo que tomar demasiados desvíos.'
Estaba también la otra cosa que mantenía cuidadosamente sellada en las profundidades de su Taller. Pero aun cuando había logrado depurarla de lo que se le había quedado pegado a consecuencia de la corrupción del Río Mion, no sentía que fuese seguro proyectarla.
De todas formas, tenía bastante claro desde lo que le había pasado tras usar el Nombre Verdadero de la Espada Dorada de los Victoriosos a su máximo poder que a menos de que quisiera experimentar la peor de todas las muertes agonizantes, no estaba en sus mejores intereses en abusar del regalo que había recibido al final. Los Noble Phantasms, eran posesión de aquellas leyendas que los habían blandido por una razón al fin y al cabo.
Al cabo de unos minutos, encontró lo que buscaban.
Sniff, sniff.
Su particular sensibilidad le alertó de una de las posibles grietas y apenas se acercó, no tardó en detectar la saliente tras la cual se escondía. A modo de asegurarse, comenzó a extraer lo mínimo de la energía presente en el ambiente y mientras ignoraba el ligero ardor de sus circuitos intentando filtrar el maná comenzó a rastrear cualquier cambio en este. Solo cuando sus circuitos vibraron nuevamente, como queriendo advertirle de una segunda corriente se permitió soltar un resoplido de satisfacción ante el resultado.
"Ya está. Enciende tus circuitos." Le aviso a Shinji quien alzó una ceja antes de asentir. Su compañero demoró menos de un minuto en dirigirse hacia donde estaba y contribuir también en la búsqueda.
"¿No te parece curioso que casi siempre conseguimos encontrar una de estas cuando salimos? Hasta Lusendra, que tiene la sensibilidad de un pez muerto, consiguió hallar uno en las Bahamas."
"No creo que ese cuente, Shinji. Era la entrada al cubil de una Bestia Monstruosa. Por fortuna, Doris pudo matarla antes de que la intenta asfixiar con esos tentáculos." Ayudaba a que no fuera un espécimen tan grande. Svin lo había llamado un Lusca juvenil y avisado que no era venenoso salvo por por la sobrecarga de energía mágica presente en algunas partes de sus entrañas. Anuncio suficiente para que Shirou tuviera que ponerse el delantal y asar al cefalópodo gigante durante la noche para el deguste de los demás.
"Si tu lo dices." Se rió por lo bajo Shinji ante el recuerdo.
Eventualmente, encontraron el final de la saliente en el aire que terminó por conducirlos a una pequeña colina donde ambos pudieron distinguir directamente una pequeña grieta por la cual la luz del atardecer no conseguía penetrar del todo. El claro indicio de que existía una distorsión misma en el fino velo del espacio por la cual solamente podrían atravesar si mantenían la presencia que la indicaba.
En tanto emitieran energía mágica de sí mismos para marcar el lugar, podrían acceder por el pasadizo sin riesgo de que este se cerrara y los dejará atrapados detrás de este. Y ese no era un destino que alguno de los dos llegaría a envidiar. Anécdotas de personas que habían terminado por quedar atrapadas en el Lado Reverso sobraban, en un contraste de los testimonios que los sobrevivientes presentaban después.
"Y aqui esta." El escalofrío que les abrazó fue suficiente para que sintieran el cambio del ambiente, y era tal y como esperaban. Pesado, sombrío... Y con energía ambiental mucho más pura que la que habían recogido anteriormente. Lo cual solo podía ser un indicio de que ya no estaban en la capa que conocían. Sin embargo, tampoco estaban en el Lado Reverso como tal, la energía estaría más concentrada de ser así el caso, por lo que no era otra cosa que...
"Una burbuja." Shirou sentenció, mirando por encima de su hombro para asegurarse de que la grieta continuará ahí. El término dado a los espacios dimensionales que habían sido escupidos del Lado Reverso hacia la superficie, formando un campo entero que podría ser tan pequeño como una habitación... O tan grande como un continente entero.
Se encontraban en una paradoja, puesto que el límite que la marcaba volvía improbable que en ella pudieran encontrarse horrores cuyo peligro superaba con creces lo que ambos pudieran llegar a manejar, salvo algunas excepciones. Pero también... La propia naturaleza de dichas burbujas las volvía parajes frágiles y efímeros, que podían llegar a colapsar como si nunca hubieran existido en caso de algún fenómeno terminará por perturbar una Línea de Ley cercana.
Sin embargo, a menos de que hubiera un terremoto repentino en aquella zona era dudoso que pudieran tener tan mala suerte. Pero por si las dudas, ambos habían consultado un par de Geomantes en Estambul para que no fueran a caminar directamente hacia su perdición. Confiar en practicantes de aquella taumaturgia en aquella parte del mundo raras veces era recomendable, pero la avaricia era una excelente motivación. Entre el dinero de sobra que Shinji tenía, y un par de diamantes que Shirou había ofrecido les habían terminado por entregar predicciones exactas. El sismo más cercano no tomaría lugar hasta dentro de unos treinta años.
"Esto me trae recuerdos." Escucho a Shinji murmurar a medida que avanzaban por un túnel que definitivamente no había estado ahí antes. Un pasadizo de no más de veinte pies pero cargado con un ambiente que le otorgaba una atmósfera claustrofóbica. Las paredes estaban hundidas en tierra y raíces, revelando a ratos los remanentes de baldosas más colocadas cuyo diseño correspondia a los de las ruinas que habían visto afuera. "¿Cuándo fue la última vez que nos tocó a nosotros dos ver algo así por nuestra cuenta?"
"Ahora que lo mencionas, no lo recuerdo." Shirou parpadeo mientras buscaba en sus memorias. Lo más cercano a ello, no debía de contar dado a que Misaya había estado con ellos, pero aun así...
"Creo que la vez en la que nos topamos con esa Flor de Fern en Rusia."
El chasquido que salió de la boca de Shinji fue todo lo que necesito para darse una idea de que él no tenía los mejores recuerdos de aquella desventura. Puesto que después de tener que pasar por ese tren infernal luego de cruzar las estepas inhóspitas de Mongolia, la expedición por poco llega a su fin cuando el grupo al que perseguían había tenido la grandiosa idea de despertar uno de los pocos medios directos al Lado Reverso. Ninguno iba a llegar a olvidar muy pronto como el cielo se había teñido de rojo antes de agrietarse y revelar así brechas abiertas a este de las cuales comenzaron a emerger moradores de la región salvaje.
Entre lidiar con la horda de especies fantasmales y las otras contramedidas que los Servicios NFF habían dejado atrás, había sido la parte más arriesgada del viaje. Y solo había terminado, cuando Meilan accedió directamente a su verdadera naturaleza para consumir a la condenada flor desde la raíz. Sin embargo, durante la escaramuza, Shinji había terminado por casi ser arrastrado a las alturas por un par de Wyverns, siendo salvado solamente porque Misaya había manifestado su Shikigami directamente.
"Ugh, ni me lo recuerdes." Murmuró, sacudiendo la cabeza en aparente disgusto. "Ya tengo suficiente con el abuelo."
Zouken Matou por otra parte había actuado justamente como un magus de su calibre lo hubiera hecho. Antiguo, poderoso y decidido, sus maldiciones habían causado estragos en la horda con semejante maestría, suficiente para sobrepasar la resistencia mágica inherente en algunas de las criaturas. Y si eso no fuera suficiente, también estaba su carta de triunfo.
"¿Aún no te ha querido enseñar esa cosa?" Se animó a preguntar. Ya habían pasado dos años desde aquella vez y tener algo así a disposición de ambos por si la burbuja resultaba ser un páramo extenso bien que podría ser una bendición.
"No, ni de broma." Shinji resopló molesto mientras se cruzaba de brazos. "El viejo bastardo se guarda las mejores cosas para sí mismo."
'Bueno, eso tiene sentido.' Un magus con un par de siglos de edad tendría que ser el triple de receloso de uno ordinario cuando se trataba de mantener sus propios misterios.
Ambos permanecieron en silencio por un par de minutos más, la única compañía siendo el tenue sonido de sus pasos sobre el suelo irregular y la luz titilante del gusano de Shinji proyectando sombras inciertas en las paredes. En el aire flotaba una humedad estancada, el olor a tierra y piedra vieja que recordaba a un sótano olvidado por el tiempo. Sin embargo, Shirou apenas lo notaba.
Su mente seguía atrapada en el contraste entre él y Shinji. En lo que significaba para cada uno el peso de un legado.
Shinji era heredero de una familia cuya línea de sangre se remontaba a siglos atrás, y aunque la corrupción de su linaje había reducido su potencial, el conocimiento seguía ahí. La voluntad de Zouken era una presencia que lo aplastaba, sofocándolo en un camino sin elección real. Pese a todo, Shinji tenía algo que le pertenecía, aunque fuera una carga.
Shirou, en cambio, no tenía recuerdos de una enseñanza familiar. Había heredado su Cresta, sí, pero sin la guía de su creador. Los hechizos inscritos en ella habían sido más una imposición que una herramienta, algo con lo que tuvo que aprender a convivir sin instrucciones. Ninguna mano sobre su hombro, ninguna voz que le explicara los principios de su funcionamiento. Lo mismo aplicaba a su Llave Filosofal.
Había pasado buen tiempo consciente de su propia carencia, buscando respuestas que nunca llegaron. Fue en la Mansión Espiral donde por primera vez aprendió a separarse de la dependencia de su Cresta y a controlar los aspectos individuales de la Llave, aunque solo de forma rudimentaria. Y sus intentos de invocar su Shikigami… Eran más un recordatorio de sus fracasos que de sus logros.
Kuzuryuu solamente respondía ocasionalmente.
No sabía qué era peor: haber nacido sin un camino claro o ser empujado a uno sin opción de desviarse.
"Mira las paredes."
La voz de Shinji lo sacó de sus pensamientos.
Shirou parpadeó, enfocando su vista en los mosaicos que adornaban los muros de piedra. La mayoría estaban dañados, agrietados con el paso del tiempo, pero las imágenes que aún permanecían eran inquietantemente nítidas. Un ser dorado, flotando sobre colinas y valles. Luego, la imagen de un hombre arrodillado ante otro, ofreciéndole una piel del mismo color. Y finalmente, está colgando de las ramas de un árbol… Vigilada por una criatura serpentina de dimensiones titánicas.
La leyenda del Vellocino de Oro.
Shinji dejó escapar un resoplido bajo.
"Dime que no es lo que creo que es…"
Shirou exhaló lentamente.
"Ya estamos en el lugar."
Un silencio pesado se extendió entre ambos.
Una ciudad de la Era de los Dioses. No quedaban registros definitivos sobre qué ocurrió con el baluarte original. pero los Misterios de aquellos tiempos no desaparecían del todo. Se deslizaban entre las grietas de la realidad, dejaban cicatrices en la tierra, fragmentos atrapados entre el mundo humano y el Lado Reverso.
"¿Crees que podríamos estar en una parte de la Era de los Dioses?" Preguntó Shinji, con más curiosidad que temor.
Shirou observó nuevamente los frescos, intentando descifrar más detalles en la penumbra.
"No lo sé." No podía afirmarlo con certeza, pero lo sentía en su piel. En el aire, en la forma en que el espacio mismo parecía doblarse a su alrededor. "Pero es probable".
Shinji no respondió, simplemente asintió con un ligero movimiento de cabeza y continuaron caminando.
El gusano bioluminiscente en su mano proyectaba su luz en un haz tenue pero suficiente para revelar el camino por delante. No había sonidos más allá de sus propios pasos y la ocasional vibración sorda de la humedad filtrándose entre las piedras.
Hasta que lo escucharon. Un sonido seco, quebradizo. Y múltiples huesos chasqueando.
"Esperable." Comentó Shinji, y Shirou no pudo estar más de acuerdo. Los muertos vivientes de ese tipo eran de las apariciones más comunes en sitios así, donde la energía del ambiente o la poca presente en sus cuerpos tras fallecer a veces llegaba a ser infectada por las impresiones más fuertes de sus voluntades, permitiéndoles "regresar" una última vez como cadáveres ambulantes que tarde o temprano se convertirian en esqueletos.
Los chasquidos no tardaron en escucharse cada vez más cerca, y pronto pudieron observar directamente tres siluetas tambaleantes caminar hacia ellos mientras que sus mandíbulas se abrían y cerraban continuamente, anhelando hundirlas ya en la piel de ambos. No eran muy antiguos; a juzgar por los harapos rasgados que aún llevaban colgados y el color de los huesos, y el hedor de la energía mágica corrompida por la podredumbre bastó para que Shirou pudiera identificarlos como magi. Miembros de alguna expedición anterior que habían encontrado la muerte en la penumbra.
Estaba por dibujar una runa ígnea en el aire para encargarse de ellos, concediendoles su último descanso cuando Shinji intervino con un gesto de mano.
"Permíteme."
Con una sonrisa triunfal, terminó por extender aquella mano antes de comenzar a murmurar algo demasiado ilegible para que pudiera llegar a entenderlo. Al mismo tiempo que recitaba aquellos conjuros, un círculo mágico violeta se manifestó frente a su palma antes de teñirse de un carmesí brillante.
ᴬˡᵘᵏᵃ˒ ʰⁱʲᵃ ᵈᵉ ˡᵃˢ ᵗⁱⁿⁱᵉᵇˡᵃˢ˒ ᵇᵉᵇᵉ ˡᵃ ˢᵃⁿᵍʳᵉ ᵈᵉ ˡᵃ ᶠᵒʳᵗᵃˡᵉᶻᵃ
"Aluqah bat-ḥoshekh, sheto dam ha-ko'aḥ.
ᴬᵇᵃᵗᵉ ᵃˡ ˢᵒᵇᵉʳᵇⁱᵒ ᵉⁿ ˡᵃ ˢᵒᵐᵇʳᵃ˒ ʳᵒ́ᵇᵃˡᵉ ˡᵃ ᵍʳᵃᶜⁱᵃ ʸ ˡᵃ ˡᵘᵐᵇʳᵉ
Horidi sha'anan la-afelah, gezol mimennu ḥen va-or.
ᴺᵒ ۹ᵘᵉᵈᵉ ᵉⁿ ᵉ́ˡ ᶜᵉⁿᵗᵉˡˡᵃ˒ ⁿⁱ ᵇᵉⁿᵈⁱᶜⁱᵒ́ⁿ˒ ⁿⁱ ⁿᵒᵐᵇʳᵉˑ
Lo yisha'er lo niṣoṣ, lo berukhah ve-lo she
ᴾᵘᵉˢ ᵖᵒʳ ᵗⁱ ˡᵒ ʲᵘʳᵒ˒ ᵒʰ ʰⁱʲᵃ ᵈᵉˡ ᶜᵒʳᵗᵉʲᵒ ᵈᵉ ᔆᵉᵒˡˑ
Ki bakh nishba'ti, bat shel taḥalukhat She'ol."
Una serie de zarcillos del mismo color salieron disparados del círculo antes de revolverse así mismos en el aire y golpear a los tres muertos vivientes, cuyos esqueletos perdieron por completo la consistencia que solían cargar antes de desplomarse contra el suelo.
"¿Eso no fue..?" Reconoció el hechizo. Un conjuro particular que había visto en las manos del abuelo de Shinji, pero en una escala menor. Con lo que su compañero mencionó, no tenía sentido que lo hubiera aprendido ya. "Dijiste que se reserva lo mejor de su conocimiento solo para él."
"Si, eso dije." Comentó Shinji con sorna mientras pasaba la misma mano sobre su cabello, cuyos flecos brillaron ligeramente cuando remanentes de energía mágica comenzaron a acumularse en este antes de apagarse. "Pero eso no significa que no sepa leer, y la biblioteca en casa tiene peores defensas que el casillero de Forvedge."
'Tengo mis dudas.' Shirou solo habia estado ahi en una sola ocasión bajo la supervisión del señor Byakuya, y tan solo olfatear una vez había sido suficiente para advertirle de las maldiciones que reptaban por los estantes por si alguien tenía la ocurrencia de pasar una mano por ahí sin haber sido invitado a tomar alguno de los tomos.
Pero si Shinji había aprendido a cómo sortear esos obstáculos, muy bien por él.
Al cabo de un rato, finalmente lograron encontrar la salida del túnel que les mostró algo que bien supo tomarlos con sorpresa. El cielo estrellado se proyectaba a la distancia, otorgándoles una grandiosa vista a la Vía Láctea de una forma que la polución luminosa impediría. Pero eso significaba que...
"Wow... El tiempo es distinto en esta burbuja." Comentó Shinji cuando se acercaron finalmente al umbral, y entonces contemplaron lo que había abajo. Una extensa explanada a la cual se descendía por escaleras y se extendía por varias docenas de metros, con múltiples columnas derribadas y mosaicos quebrados que habían sido invadidos por enredaderas y matorrales mucho tiempo atrás.
Pero nada de eso pudo compararse con lo que yacía en el centro. Donde un árbol de tamaño considerable, reducido a una carcasa muerta se mantenía erguido... Lo rodeaba una mole grisácea de más de doscientos pies de largo, si la cola era incluida; con costillas igualando el tamaño de algunos pilares, y un cráneo que fácilmente podría ocupar el lugar de una camioneta, la identidad de la bestia no pasó desapercibida.
Habían visto a sus primos menores que también podían volar un par de veces. Y Shirou se había topado en más de una ocasión con otras variantes que podían encontrarse en las marismas de Irlanda o directamente en los mares alrededor de las islas británicas. Solo había un solo tipo de criatura entre todas las especies fantasmales con aquellas características; una sola. Lo único que faltaba eran un par de alas extendiéndose desde los costados superiores del lomo, pero las articulaciones yacían desperdigadas sin el menor rastro del amplio manto que alguna vez sostuvieron.
"... Dragón."
Por varios minutos, ninguno dijo nada. Había esperado encontrarse con un templo abandonado donde podrían encontrar un par de reliquias o algo que reportar de regreso, pero en su lugar había sido una burbuja del Lado Reverso, con los restos completos de una de las bestias más legendarias que alguna vez habían habitado en el planeta.
Y si, eso cambiaba toda expectativa posterior que albergaban.
"Meluastea y Quimera se van a pelear como perros por un hueso cuando el informe sea distribuido en la Torre." Shirou ni se molestó en responder lo que había dicho Shinji mientras se acercaba, presa aún del impacto. Wyverns, Wyrms y demás existían aun, siendo reportados ocasionalmente bajo tierra o en territorios remotos. Pero los dragones estaban virtualmente extintos en la superficie desde la Rebelión de los Solomonari. Avanzó un par de metros más antes de detenerse, cayendo en cuenta de que estaba abandonando la cautela.
Sniff, sniff.
Con la excepción del aire contando con el triple de energía ambiental a la que estaba acostumbrado a detectar en el campo, las únicas distorsiones las podía olfatear al menos a unos cuarenta metros de distancia, muy detrás del enorme esqueleto. Por lo que no pareciera que su núcleo mágico fuera a estar activo aun... Y entonces el cadáver se alzara para atacarlos; ya le había ocurrido un par de veces con otras criaturas.
'No pude ni comer por dos días después de esos tres Morbunn en el Lago Rojo.' El hedor no se había quitado por una semana encima.
Mientras caminaba, reparó entonces en algunos de los mosaicos entre las baldosas. Tal como los frescos en el túnel, la mayoría tenían sus imágenes tan dañadas que era imposible darse una idea de lo que tenía lugar... Con excepción de uno, donde podía apreciarse la silueta del dragón enredado aún en el árbol... Siendo enfrentado por un hombre blandiendo una espada mientras que una mujer yacía pocos metros detrás de él con la cabeza en lo bajo.
"Oh..." Murmuró Shirou al reconocer la escena y entonces mirar el esqueleto una vez más. "Oh..."
"Ah...Eso lo explica." Shinji era demasiado perceptivo como para no atar los cabos por su cuenta también. Solo le bastó echarle una mirada también al mosaico para atar los cabos. "Emiya... Este es el maldito Dragón de la Cólquida."
Estaban justamente en el lugar, y habían visto suficiente evidencia como para descartar otra posibilidad. Pero eso difícilmente cambiaba que una nueva capa de impresión se cernía sobre ellos. Ninguno de los dos era un extraño a las cosas que pertenecian más al Reino de las Leyendas por sus respectivas experiencias, pero toparse con algo más antiguo que la Asociación, y que encima había existido en una era diferente era...
'Mas de tres mil años.' Shirou había terminado por cortar la distancia que le separaba del esqueleto, colocando su mano en uno de los colmillos. Punzones tremendos de hueso negro, inyectado en una fuerte concentracion de hierro como era propio en bestias asi. Tan solo uno de ellos era tan alto y grueso como una estalagmita común, y las fauces eran tan amplias como para que un uro entero hubiera podido caber ahí cómodamente.
Ni siquiera el espectro del Rey de los Herreros que moraba en el tumulario de Ashbury podría resistirse a elaborar algo con un material así de prometedor. Sin embargo, tenía sus dudas si fuera algo que realmente llegara a requerir en lo que necesitaba.
'El hierro meteórico de por si es demasiado volátil, aún cuando está templado con el de mi sangre.' Pensó Shirou, aun pasando su mano por los colmillos. 'El proceso para convertirlo en acero es lento por lo delicado que es. Agregar algo de aquí por otro lado... No, es muy riesgoso.' Y eso para la hoja, ignoraba exactamente qué propiedades podría complementar al mango por otro lado, por el cual se había decidido por algo más que solo oricalco a diferencia de su Espada de Azoth.
"¿Pensando en saquear el premio del departamento que decida pagarnos mejor, eh?" Shinji por otro lado, se había contentado con admirar las costillas.
"Solo mirando." Respondió Shirou, finalmente apartándose con un suspiro, olvidando sus reflexiones sobre el material. "Increíble. ¿No? Estudiamos en el país donde se supone deberíamos de encontrar restos de estas bestias en cualquier lado y aun así...
"Terminamos por toparnos con una todavía más antigua en otra parte. Si, lo sé." Shinji resoplo, recargándose contra uno de los huesos. "Que irónico."
No podían quejarse, honestamente. La recompensa que recibirían les traería beneficios que no podrían ignorar, todo dependía del departamento donde fuera a parar... Lo cual bien podría brindar discordia entre ellos.
"¿Lo quieres para los Gaiuslink?" Shirou se atrevió a preguntar. 'Cuantos de mis compañeros quieren ir directo a Zoología también de hecho. Svin, Misaya, Doris, Izcalli, Caules.' Con Shinji incluido, eran varios.
"¿Que? ¿No estarás pensando en regalárselo a los Meluastea a ver si esta vez te permiten darle un vistazo a lo que no te dejan ver? Se bien que quieres que tu propia colección aumente." Fue la respuesta que recibió, lo que le hizo suspirar. Shinji era muchas cosas, pero cuando le tocaba ser honesto, no lo disimulaba.
"Ya lo dijiste, Shinji." Finalmente respondió, solo para toparse con este agitando su cabeza.
"Que tortuoso llegas a ser sin darte cuenta, Emiya." Comentó finalmente antes de soltar un suspiro de su parte. "La verdad es que ambos sabemos que los Meluastea son la mejor opción. Tienes suerte. Pero solo esta vez." Y terminó aquello mientras levantaba el índice de su mano derecha como si quisiera señalar algo más. Típico Shinji.
"Gracias." Respondió Shirou, antes de mirar una vez más al esqueleto. "Además. No creo que esto, y los restos fosilizados del árbol de la leyenda sea lo único que hay aquí." Señaló a este mientras fruncía el ceño. Por lo que recordaba del mito, se suponía que formaba parte del recinto sagrado del dios Ares; probablemente habría más de alguna división en Botánica que estaría interesada en transplantarlo a sus jardines más secretos.
"Bueno, bueno. Tienes razón." Shinji soltó una palmada. "Pues entonces hay que buscar. Podemos aprovechar para agarrar algo de paso. ¿Quién se dará cuenta?"
Era una práctica bastante común de igual manera. Y nadie de su clase podía afirmar jamás haberla hecho.
"Bien." Shirou rodeo el cráneo antes de caminar por el costado opuesto del cuerpo, apreciando el tamaño de las vértebras desde ahí mientras se concentraba nuevamente en su olfato. Tal y como lo recordaba, la distorsión que había detectado estaba ahí... Hacia abajo. Una serie de escalones descendian hasta la penumbra, obligandole a reforzar un poco más sus ojos con tal de observar mejor a través de la oscuridad.
'Mala idea.' Sus instintos inmediatamente le alertaron. Eso tenía toda la pinta de ser una tumba y si las que pertenecían a la Era de las Hadas eran peligrosas, solo podía imaginarse la clase de protecciones que debería de tener una de los Dioses. Al final de los peldaños, solo podía observar una puerta doble inmensa compuesta de metal... Y cargada con varias capas de maldiciones apenas contenidas por campos delimitantes, que derramarian una muestra a todo lo que se acercara. No tenía ni la menor idea de saber que hacían o cómo contrarrestarlas, pero el hedor que obtenía de estas no era nada agradable.
Una vez que se lo informo a Shinji, este resoplo.
"Usa la cabeza, Emiya. Si dices que están contenidas, es que tienen un límite. Por lo tanto solo hay una forma de quitarlas." Entonces soltó una mueca antes de morder la yema de su pulgar hasta que salió una gota de sangre la cual procedió a embarrar con un trozo de carne que extrajo de su mochila a la par que recitaba un par de conjuros.
Shirou no se estremeció al ver lo que brotaba desde este. Jamás le tendría un aprecio a la taumaturgia que empleara medios tan viscerales... Pero al menos había logrado superar su repudio inmediato al verlas en acción.
Al menos media docena de gusanos abultados y con un cutis que recordaba a comida podrida terminaron por caer hasta el suelo antes de comenzar a reptar por los escalones, dejando detrás suyo un rastro de limo verdoso. Sus cabezas se mecían ligeramente en el aire, como buscando algo específico y exponiendo la ventosa que solo podía ser su boca. Mientras estos se movían, Shinji comenzó a pasar energía mágica a su grimorio, dejando que sus páginas se recorrieran como guiadas por una mano invisible. Y poco a poco, el color de su propia energía mágica, teñida de un púrpura oscuro comenzó a desprenderse de este a medida que se concentraba.
ᴳᵘˢᵃⁿᵒˢ ᵈᵉ ˢᵃⁿᵍʳᵉ˒ ᵒˢ ˡˡᵃᵐᵒ ᵃ ᵛᵒˢᵒᵗʳᵒˢ˒
"Krovavye chervi, vzyvayu k vam,
ᶜᵒⁿˢᵘᵐⁱᵈ˒ ᵃʳʳᵃˢᵗʳᵃᵒˢ˒ ᵒᵇᵉᵈᵉᶜᵉᵈᵐᵉ
pogloshchayte, polzite, podchinaytes' mne.
۹ᵘᵉ ᵐⁱ ˢᵃⁿᵍʳᵉ ˢᵉᵃ ᵛᵘᵉˢᵗʳᵒ ᶠᵉˢᵗⁱ́ⁿ˒
Pust' krov' moya budet vashoy pishchey
۹ᵘᵉ ʸᵒ ᵐᵉ ᶜᵒⁿᵛⁱᵉʳᵗᵃ ᵉⁿ ᵛᵘᵉˢᵗʳᵒ ᵃᵐᵒˑ
pust' ya stanu vashim gospodinom."
Una vez terminado, Shinji entorno sus ojos antes de cerrar su grimorio de golpe. "Listo. Casi seguro que esas cosas me atacarán a mi también por mi vínculo con mis familiares."
"¿Cortaste tu conexión entonces?" Shirou ladeo su cabeza hacia un costado. "¿Cómo vas a controlarlos entonces?"
"Emiya, Emiya. Bestias mágicas o no, solo tienen su instinto para guiarse. Y ahora mismo, solo tienen hambre." Y apenas dijo eso, fueron testigos de cómo los gusanos terminaron por prácticamente abalanzarse contra la puerta antes de realizar lo único que estaban diseñados para hacer. Poco a poco, el manto de energía que la cubría comenzó a desprenderse al ser absorbido por estos hasta que finalmente los efectos terminaron por manifestarse. Ante su mirada, los gusanos se retorcieron de maneras viscerales antes de experimentar grietas extendiéndose sobre sus cuerpos que comenzaban a marchitarse hasta finalmente reducirlos a poco más de partículas palpitantes y limo que también sufrió los efectos de la corrosión antes de desaparecer también.
De la distorsión a consecuencia de las maldiciones, no quedaba nada afortunadamente. Lo cual era un alivio, porque con solo ver lo que le había hecho a los familiares de Shinji, ambos se podían dar una idea de como hubieran terminado.
"Ya no hay nada. Solo evita pisar lo que queda de tus gusanos." Le informo Shirou mientras comenzaba a descender.
"Como si fuera a arruinar mis zapatos."
Apenas llegó a la puerta, Shirou olfateó nuevamente y al no detectar nada más puso un dedo tentativo sobre la superficie antes de apartarlo de golpe. A salvo. Estuvo a punto de empujarla finalmente, cuando Shinji se le adelantó al prácticamente moverla hacia atrás, ganándose una mirada de desaprobación de parte del pelirrojo.
Fue entonces, que pudieron admirar un espacio flanqueado entre dos umbrales opuestos, con el que tenían enfrente teniendo una estatua en cada lado. El de la derecha era un hombre joven, ataviado con una armadura ligera y blandiendo una lanza con una mano, y un escudo en la opuesta. La de la izquierda por otro lado, era una mujer cubierta con una capucha que impedía que sus facciones pudieran apreciarse del todo, y blandía un inmenso báculo coronado con la efigie de una media luna.
"Huh." Shinji miró ambas estatuas antes de echarle un vistazo a las escaleras que habían dejado atrás. "Dos hijos; un guerrero y una bruja. Y atrás teníamos al dragón. ¿Sabes lo que quiere decir esto, Emiya?"
"Si, ya me di cuenta." Shirou inmediatamente se concentró en las armas sostenidas por la estatua del joven, sonriendo triunfalmente apenas consiguió detectar los tenues rastros del Séptimo Factor Imaginario circulando sobre sus formas. 'Muy bien.'
ᴸᵃ ˢᵉʳᵖⁱᵉⁿᵗᵉ ʳᵒᵈᵉᵃ ˡᵃ ᵉˢᵖᵃᵈᵃ
"Trace Fractal."
Puso su mano sobre el escudo, permitiendo que su energía mágica se transmitiera sobre este y comenzara a arrastrar la información directamente hacia donde la necesitaba. Al mismo tiempo, sus ojos se enfocaron en la lanza que pasaría por el mismo proceso. 'Ahora si los Meluastea estarán complacidos.'
Dos objetos que bien podrían ser Tesoros Heroicos por derecho propio de acuerdo a la firma de energía mágica que despedían. Para él, de por sí era una ganancia.
'¿Hmm?' Noto como Shinji se había dirigido ya hacia la segunda cámara y lo siguió después de echarle un vistazo a la estatua de Medea, porque no podía tratarse de alguien más.
En la siguiente estancia, las paredes tenían múltiples jarrones alargados y odres gruesos como calderos, a los cuales Shinji estaba por acercarse.
"Cuidado con abrirlos." Le advirtió Shirou, deteniendolo en seco. "Si esto es lo que creemos que es, quizás no sea muy prudente agarrar algo de aquí así como estamos." Y todavía hizo un gesto, indicando al último umbral y lo que muy probablemente descansaba desde aquel lado.
"Pfft. ¿Y qué? No es como si fuera la primera vez que vayamos contra uno de su tipo." Shinji se encogió de hombros, pero podía notarse en su expresión que la interrupción no le había provocado ninguna gracia.
"Shinji." Shirou presionó, inyectando algo de severidad en su tono. "No creo que se manifieste por completo. ¿Pero de verdad quieres arriesgarte a enfrentarse a la sombra de un mago de la Era de los Dioses como el Rey Aetes?"
"Tsk." El chasquido de su boca solo indico desaprobación antes de dirigirse hacia la última cámara antes de que Shirou pudiera detenerlo. Teniendo un mal presentimiento, fue tras él sólo para detenerse al observar entonces un sepulcro labrado en piedra... Cuya tapa yacia contemplamente fragmentada, revelando un interior vacío.
"... ¿Ah?"
"No todos somos como tu, Emiya. Fue lo primero que revisé. ¿Estás contento?" Resopló nuevamente Shinji mientras sacudía una vez más su cabeza, regresando a la cámara anterior para finalmente poder apreciar de cerca sus tesoros. Eso dejó a Shirou solo con el sarcofago, y sus propias dudas.
'... Es verdad.' Entrecerró sus ojos antes de mirar el fondo del ataúd, como si pudiera encontrar alguna respuesta ahí mismo. '¿A dónde habrá ido a parar entonces?"
No recordaba que había sido del rey en sí en los mitos de igual manera. Un misterio para después tendría que ser, y que quizas quedaria en las manos de quienes fueran los que terminarían con el sitio asignado a ellos. Ellos habían hecho su parte ya.
'Bueno... Entonces hay que ver que se supone que hay en el tesoro, supongo.' Shirou miro los alrededores de la cámara funeraria una vez más para asegurarse de que nada pasaba desapercibido y regreso a la estancia anterior, donde lo primero que vio fue a Shinji frotarse las manos avidamente mientras contemplaba un puñado de cuentas cristalinas forradas en bandas de oro. A juzgar por el odre abierto que estaba no muy lejos de él, debía de estar repleto de estas.
"¿Algo interesante?" Pregunto, rompiendo la atmósfera silenciosa que se había cernido sobre ambos.
"Oro. Mucho oro." Repitió Shinji, antes de señalar a otra ánfora. "Esta está llena de gemas que no están atadas a ornamentos. Vi algo de amatista y otras piedras."
Shirou le echó una mirada también, topándose con un montículo completo de cornalina, jaspe, malaquita y por supuesto, el violeta opaco de la amatista. Estuvo a punto de tomarla antes de detenerse tras considerar algo más. "¿La vas a agarrar para Tohsaka, verdad?"
"Que se vaya al demonio ella. Agarrala tu, yo me quedo con estas hermosuras." Y fue para ese momento que noto como Shinji literalmente había comenzado a colocar en sus dedos diferentes anillos. Por un momento, Shirou recordó a Lord Eulyphis y tuvo que reprimir el impulso de reírse por lo bajo.
"Bueno, si tu lo dices." Sujeto gentilmente el carcaj que llevaba colgando antes de pasar su índice por la entrada de este. "Despierta."
Respondiendo a su toque, el Tsukumogami se agito como si se tratara de un animal antes de que el boquete que contenía se expandiera en su interior una vez que el destello púrpura que indicaba la presencia de Números Imaginarios se manifestara. Subo que Shinji estaba haciendo lo mismo con el espacio en su grimorio cuando el olor de la nueva distorsión alcanzó su nariz, pero optó por no prestarle atención mientras colocaba la ánfora en el interior de su carcaj. Una vez que terminó el delicado proceso, examinó los demás odres para ver si algo más llamaba su atención antes de darse la vuelta y revisar el otro lado de la cámara.
Esto le pareció aún más prometedor, especialmente cuando vio una lanza colocada sobre un odre, con su cabeza recargada contra la pared. Sin contar la que había tomado de la estatua en el recinto anterior, difícilmente encontraba jabalinas de bronce tan bien conservadas. 'Ventajas de la Era de los Dioses.'
Mientras la analizaba, aprecio la hoja con un diseño de grabado en oro exquisitamente colocado sobre la superficie y entonces pasó a las dos espadas que compartían espacio en el odre. Ninguna superaba más de un metro de longitud; con una hoja también de bronce con un sombreado que pudo identificar como una mezcla de níquel, así como empuñaduras de marfil decoradas con una cornalina y un agate. Apenas se aseguro de guardar los registros, iba a comenzar a leerlos hasta que algo más llamó su atención.
'Huh. ¿Qué tenemos aquí?'
Era una daga.
Con un mango bastante curioso en forma de columna que estaba forjado en bronce cromado y adornado con múltiples paneles de granate brillante cuidadosamente recortado en múltiples formas geométricas; rectángulos, óvalos, círculos y cuadrados principalmente.
Y entonces, estaba la hoja. Donde estas normalmente serian de bronce o hierro, sometidas ya a los estragos del tiempo y entonces cubiertas de una gruesa capa de óxido si fuesen normales, la cuchilla de la daga se mantenía en un estado perfectamente inmaculado y el color óseo y ceniciento que despedía bien indicaba que no estaba compuesta de metal. Yendo más lejos aún, ni siquiera estaba tallada.
La forma era plenamente natural... Y había solo un tipo de remanente que podría adoptar una apariencia así.
'Colmillo.' Shirou la tomó con cuidado solo para tensarse al detectar una nueva distorsión.
CLINK.
El sonido vino repetido desde distintas fuentes y los puso en alerta. Especialmente cuando empezó a escucharse más de cerca.
"..." Antes de que alguien pudiera hablar, una sombra se perfiló desde uno de los umbrales.
La luz emitida por los cristales luminosos apenas era suficiente para alumbrar la estancia, pero bastó para que pudieran apreciar las facciones de lo que había llegado.
Al principio, lo confundieron con un esqueleto más. El sonido de sus huesos chasqueando al moverse lo delataba, y la silueta era obvia. Hasta que notaron la caja torácica, demasiado pequeña y con costillas afiladas y que se movían en la imitación de un par de fauces que superaban en tamaño a lo que brotaba desde el cuello con el cráneo brillando por su ausencia.
"Mierda."
El monstruo de huesos alzó un inmenso alfanje crudamente elaborado antes de abalanzarse contra ambos.
ᵦₑₛₒ 𑀘ₑ ₗₐ ₛₐₙ₉ᵤᵢⱼᵤₑₗₐ
"Shvu'at ha-'Aluqah."
Ni tardo ni perezoso, Shinji inmediatamente asestó con la maldición que drenaba energía mágica con tal de inutilizarlo, solo para que sus ojos se abrieran de par en par cuando los zarcillos recorrieron inútilmente el cuerpo de la cosa que ya había atravesado más de la distancia que les separaba y...
CLANG!
Otra daga, de hierro forjado y hoja robusta salió disparada desde el aire contra su cuello con la fuerza suficiente para hacerlo tambalear apenas se deshizo, siendo proyectada como poco más que una bala fantasmal. Y no sería la única.
ᴸᵃ ˢᵉʳᵖⁱᵉⁿᵗᵉ ʳᵒᵈᵉᵃ ˡᵃ ᵉˢᵖᵃᵈᵃ
"Trace Fractal." Gruño Shirou, antes de que un martillo de cabeza ancha fuera proyectado encima de esta, y entonces lo dejara caer. La gravedad hizo lo suyo y seis kilogramos de acero puro terminaron por aplastar sin misericordia la parodia de cabeza que eso tenía, desperdigando fragmentos de hueso grisáceo por la estancia. Ante aquel golpe, el resto del cuerpo comenzó a deshacerse.
"Agh... Gracias." Musito Shinji mientras observaba a la cosa.
"Debí haber esperado que nos encontraramos con esto."
"Los reconoces." No era una pregunta y Shirou inmediatamente se fijó en el alfanje que había sostenido, el cual descansaba inofensivamente a un par de metros de distancia, mostrando indicios de deshacerse también. Y ahora que lo notaba bien, la coloración de este compartida con la del "esqueleto" era prácticamente idéntica a la cuchilla de la daga que había sujetado.
"Guerreros de Diente de Dragón, si." Afirmó Shinji mientras sacudía su mano. "¿No recuerdas ese viejo mito donde alguien sembraba esos colmillos en la tierra, y salían hombres armados de esta? Aquí los tienes."
"Espera. ¿Son estos?" Shirou parpadeo mientras colocaba su mano sobre el mango del martillo, disolviendo la proyección de tal modo que un par de unidades de su energía mágica regresaran a sus circuitos. "Pensé que serían más... Fuertes."
"Ni idea. Pero se supone que justamente el Rey Aetes podrá invocarlos. Imagino que le ayudaba mucho el tener una fuente casi inagotable de colmillos."
"Hmm."Shirou asintió sin mucha convicción. Tenía sus dudas de que solamente una de esas creaciones fuese la única defensa directa, sin contar las maldiciones de la puerta.
CLICK.
CLICK.
CLICK.
CLICK.
Y los nuevos chasquidos no se dieron a esperar más. Especialmente cuando vinieron desde la dirección opuesta.
CLANG!
La cuchilla de una espada carolingia se interpuso entre el mandoble de un segundo alfanje que de haber conectado, podría haberlo herido de gravedad mientras que Shirou inyectó energía mágica de sobra en su proyección, infringiendo un corte brutal al arma que consiguió empujar al segundo guerrero que había salido desde la cripta. Pero no estaba solo.
CLANG!
La sensación fantasmal de una flecha cerniéndose por su cabeza fue suficiente advertencia para que pudiera partirla en pleno vuelo a la par que observaba ahora a un tercero, que blandía un arco todavía más crudo. Y entonces brotaba un cuarto, armado con dos espadas cortas, y un quinto con otro alfanje, y un sexto con una lanza. La legion comenzó a recorrer el umbral, teniendolos como objetivo al mismo tiempo que los chasquidos continuaban resonando por la estancia.
"¡Afuera!" Compartieron la misma idea, porque se precipitaron de regreso a las escaleras, con Shirou teniendo que cortar ocasionalmente las saetas enviadas contra ellos, lo que les impidió cerrar las puertas.
"Tienen los remanentes de la energía de un dragón, esa maldición no servirá contra ellos." Le advirtió Shinji, al mismo tiempo que los chasquidos comenzaron a escucharse en el último umbral.
"Terreno alto. Desde ahí los eliminamos." Instruyó Shirou al considerar aquello, y no tomó nada en seguir su propio consejo al reforzar sus piernas y saltar hacia una pila de columnas derribadas. "¡Ábrete!"
Su Tsukumogami inmediatamente se abrió, antes de vomitar una silueta negra y alargada que Shirou tomó desde su centro antes de ajustar la cuerda reforzada en la que no tardó en colocar una de las flechas contenidas en el carcaj.
Entorno sus ojos al sentir el despliegue de energía, y entonces divisó a Shinji recorriendo furiosamente las páginas de su grimorio mientras recitaba en voz baja, estabilizando el círculo mágico que había conjurado frente a él. Una espiral triple y viciosa que giraba sobre sí misma antes de que sus fauces se abrieran, despidiendo una esfera púrpura inyectada en rojo que salió disparada contra los esqueletos que habían llegado ya hasta la superficie.
SPLASH!
La esfera vampírica viciosamente arrasó contra media docena de estos, antes de expandirse y devorar la energía emitida por sus carcasas efímeras. Pero Shirou no se quedó atrás.
Con la marcada excepción de Waver, a muy pocos les había impresionado el razonamiento detrás de la creación de su arco. Habían esperado demasiado de él como creador, especialmente para producir un armamento de ese tipo que pudiera competir con las cosas del Reino de las Leyendas. Los materiales, aún si eran menores, estaban ahí, eso era verdad. El misterio tampoco era un obstáculo.
Pero eso difícilmente sorteaba el problema principal. Shirou no podía competir físicamente con los hombres y mujeres de la Era de las Hadas, mucho menos la de los dioses. Aun si empleaba Reforzamiento, había un límite de cuánto podía empujar su cuerpo sin sacrificar efectividad. Y si la Taumaturgia por su cuenta no era suficiente para ayudarle con esa barrera, tuvo que mirar a la otra cara de la moneda.
TWIGH!
La flecha disparada encontró su blanco en la inexistente tráquea de uno de los guerreros que se había acercado a la pila donde estaba apostado, atravesando limpiamente. Entonces, alrededor de media docena de runas ardientes comenzaron a brillar antes de liberar una explosion carmesí que consumió a buena parte de los esqueletos a la redonda. Antes de que pudieran reaccionar, un par de flechas más terminaron por clavarse en otros, desatando un auténtico infierno en aquella parte de la explanada.
BOOOM!
La presión que su arco era capaz de soportar se traducía a la capacidad de liberar el poder de fuego individual más impresionante de la Historia Humana... Sin la necesidad de tener que depender de aumentos esotéricos más exóticos. Phantasm Breaker había sido fabricado con materiales y medios relativamente normales, sin contar un par de procesos alquímicos para forzar ligeramente la integridad de su estructura. Una saeta común y corriente disparada desde esta, contaba con el mismo impacto potencial de un arma de fuego de calibre considerable. Y cuando tocaba el turno de emplear Taumaturgia por otro lado...
BOOOM!
Sus Flechas Rojas, facilitaban enormemente el proceso al detonar apenas la carga de energía mágica inestable concentrada en su interior terminaba por fallar. Aquello en conjunto con una de las maldiciones ofensivas más viciosas de Shinji fue suficiente para terminar con la horda.
"Hah... Hah..." Shirou jadeo, bajando su arco mientras examinaba la explanada. Fuera de las baldosas calcinadas, no quedaban más que remanentes de huesos retorcidos y apenas un par de armas que habían conseguido sobrevivir a las detonaciones. Ninguna de ellas era particularmente especial, pero aún así observó cuantas pudo detenidamente, interrumpiendo el flujo de información lo suficiente para que fueran a parar a Scīnseaxscēaþ.
"¿Ya estás contento con tu paranoia?" Escucho a Shinji preguntarle, y solo respondió con un jadeo antes de saltar desde las columnas. Si, había sido una protección peligrosa. Individualmente, esas cosas no eran fuertes. Un novicio con una buena cabeza sobre sus hombros y con conocimientos básicos hubiera tenido algo de problemas en enfrentar uno, pero alguien más experimentado se habría encargado en menos de un minuto. ¿Pero un grupo de ellos? Bien que podrían llegar a abrumar a alguien que cayera en las redes de la confianza. Eso, y en un espacio cerrado.
"¿Prefieres convertirte en carne molida ahí abajo?" Shirou señaló a las escaleras. "Y si hubiéramos peleado ahí abajo, íbamos a dañar las cosas. No creo que terminaras de guardar todo lo que te ibas a llevar." Él tampoco, aunque quizás lo mejor sería solamente conservar la ánfora que había almacenado. Las armas las había leído ya y aun si las espadas podrían servirle para un par de experimentos, quizás sería mejor que los de Arqueología las preservarán.
'Y claro, la daga.' Parpadeo al recordarla. Su hoja prácticamente había sido un colmillo de dragón, y si bien no podía compararse en tamaño al del monstruo que seguía reposando en su muerte a poca distancia de donde se encontraban ahora, lo que Shinji acababa de mencionarle sobre los esqueletos planteaba una pregunta interesante. '¿Cómo funciona exactamente ese misterio?'
Antes de irse, debía de leer a detalle esa daga. Nunca sabía que podría llegar a encontrar.
"Como sea." Shinji puso los ojos en blanco antes de dirigirse nuevamente hacia el subterráneo. "Terminemos con esto antes de qu..."
"SKREEEEE-RAAAHHHH!"
Un nuevo bramido perforó el aire, indicándoles que venía desde las alturas y ambos fueron rápidos en mirar hacia el cielo, intentando penetrar la oscuridad de la noche con el reforzamiento aplicado en sus ojos. Y casi desearon no haberlo hecho, porque de inmediato detectaron las siluetas que descendian en picada hacia la explanada.
Cuando vieron el cuerpo y las alas, un escalofrío recorrió las columnas de ambos. 'Oh no.'
Mientras que Shinji soltó un quejido poco valeroso y evadió el ataque de las garras de uno al esconderse detrás de una columna, Shirou rodó fuera del alcance del segundo, experimentando un dejo de alivio al ver que las criaturas sólo tenían un par de patas. Sus demás miembros consistian en alas curtidas que agitaban constantemente para mantenerse en vuelo y hacían un trabajo admirable en mantener un cuerpo de más de siete metros y una tonelada en ello.
"... Wyverns..." Gruño Shinji, reconociendo lo que eran. De las criaturas que más aborrecía y en mala hora, les estaban atacando dos.
De menor tamaño que sus primos más imponentes. A menudo muy subestimados por carecer el mismo poder de los dragones pero cualquier aventurero que los hubiera tenido que enfrentar en su hábitat natural sabía bien que eran un riesgo extremo, especialmente considerando que nunca atacaban solos.
"SKREEEEE-RAAAHHHH!" Bramó uno de los Wyvern, retorciéndose en el aire para dar la vuelta y cargar de nuevo contra ellos.
"¡Derriba a uno! ¡Rápido!" Shinji prácticamente le ordenó, y si bien Shirou no se detuvo a protestar, tampoco se lo tomó con gracia aun cuando apuntaba nuevamente hacia una de las bestias, y soltaba la cuerda.
Con un silbido, la flecha atravesó rápidamente la distancia que le separaba del Wyvern antes de clavarse en uno de sus hombros y detonar. Las escamas, casi tan duras como una lámina de metal cedieron ante la presión exponiendo los tendones ensangrentados.
"SKREEEEE-RAAAHHHH?!"Un graznido de dolor indignado fue emitido por la criatura al perder uno de sus soportes y terminó por desplomarse presa de la confusión contra un montículo descuidado, levantando una nube de polvo.
"¡Perfecto!" Gruñó triunfalmente Shinji antes de prácticamente correr hacia allí mientras desplegaba su propia energía mágica. El brillo ominoso emitido por su Cresta acompañado de una serie de chasquidos quitinosos no tardó en mezclarse con los gruñidos adoloridos del Wyvern, y no tardaron en convertirse en alaridos de pánico apenas Shinji hizo contacto con este, condenandolo a una de las muertes más horrendas.
"SKREEEEE-RAAAHHHH!" El segundo Wyvern, abandonando todo sentido de cautela descendió también a una velocidad abrumadora con sus garras extendidas, listas para desgarrar a quien tuviera la desgracia de sujetar en su trayectoria.
"¡Ugh...!" Shirou rodó nuevamente por el suelo con algo de dificultad al blandir aun a Phantasm Breaker y apena cubrió la suficiente distancia, disparó de nuevo. Pero el Wyvern, mucho más ágil en tierra de lo que aparentaba, alcanzó a mover su cuello sinuoso a tiempo y saltó a la par que descargaba una dentellada en el aire.
"Tsk..." Decidido a no dejarlo al azar, cargó hasta tres flechas sobre la cuerda antes de liberarlas en un despliegue de severidad. Las saetas impactaron en distintas partes del cuerpo de la bestia; su desprotegido vientre, uno de los pliegues de sus alas, y una última golpeando la punta del morro, infringiendo heridas terribles. Heridas, que empeoraron aún más, cuando la energía mágica hizo lo suyo y entonces explotó.
BOOOM!
"AIIIIEE..." Un graznido entrecortado fue lo único que alcanzó a vociferar la criatura antes de caer con un golpe sordo contra el suelo. Algo así no sería suficiente para matar a una Bestia Monstruosa, eso era evidente. Y Shirou no solía dejar las cosas incompletas.
Su Tsukumogami no tomó nada en vomitar la cabeza de maza que había proyectado antes de encontrar el pasadizo, y apenas Shirou la sostuvo, comenzó a rellenar aún más los huecos de su estructura con energía mágica.
"Trace Overload."
El concepto no era nuevo, para nada. La Casa Meluastea lo tenía como uno de sus hechizos ofensivos más estrictamente regulados, pero no lo habían creado. En base a algunas cosas que él había alcanzado a leer y contemplar por su propia cuenta por medio de sus Análisis Estructural único, sabía que los Broken Phantasms existían milenios atrás de la Era Común. Pero en sus manos, había una diferencia bastante marcada.
Dada la conexión intrínseca entre sus proyecciones y el núcleo conceptual de sus aptitudes como magus, él tenía una idea completa de como tomaba lugar el proceso, y no requería de pasar cierta cantidad de tiempo para establecer un vínculo simpático con el objeto. Después de todo, había venido de él.
En respuesta a sus manipulaciones, la maza comenzó a recuperar su antigua gloria. Como si el tiempo mismo estuviera en retroceso en torno a su figura, su superficie se volvio lisa y brillante a la par que la escritura soberbiamente grabada sobre esta recuperaba su claridad perdida, y en su interior resonaban los ecos que hablaban de autoridad y poder investido que ansiaba por ser desatado de nuevo. El Nombre Verdadero y sus efectos estaban ahí también, como un río contenido por una presa que esperaba pacientemente la hora de desbordarse. Pero no tendría la oportunidad completa. Su poder especial como Noble Phantasm, caía al final en una sola función que no podría ser más inutil en aquellos momentos.
Pero al final del día, incluso con su rango común. Un Broken Phantasm, con una edad de más de tres milenios acumulados, seguía siendo un Broken Phantasm
ⱼᵤᵣₐₘₑₙₜₒ 𑀘ₑₗ ᵣₑᵧ 𑀘ₑ ᵣₑᵧₑₛ
"Sar Sarrani..." Declaro Shirou, antes de arrojarla como si se tratase de una pelota directamente hacia la cabeza del Wyvern, quien de inmediato detectó la muerte que se le acercaba.
BOOOM.
La piedra y el metal que la componían, de haberse tratado de meramente un artefacto normal no hubieran infringido mayor daño en una especie fantasmal. Pero reforzada por su propio misterio, y su naturaleza intrínseca como el emblema de un Espíritu Heroico fue más que suficiente para compensar aquella falla.
Shirou contempló sin ningún rastro de satisfacción el cuerpo del Wyvern, ahora desprovisto de tanto su cabeza como sus hombros, y soltó un suspiro agotado.
"Ah. ¿Ya terminaste?" Miró por encima de su hombro, topándose con Shinji recargado contra otra columna mientras jadeaba por el esfuerzo. A la distancia, distinguió el cadáver del otro Wyvern, ahora deformado en una masa abultada y palpitante que seguramente estaba siendo usada como suelo de crianza para sus familiares. "Fue más fácil de lo que creía."
"SKREEEEE-RAAAHHHH!"
Como queriendo probarlo lo contrario, nuevos bramidos se escucharon no muy lejos, haciendo que el rostro confiado de Shinji palideciera un poco. Y mirando a los alrededores, nuevas siluetas terminaron por manifestarse desde los bordes de la ruina. A Shirou le pareció ver cinco, la vasta mayoría siendo iguales a los que acababan de matar, pero también pudo distinguir a uno de menor tamaño. Todos eran de una coloración verdosa opaca, con una figura esbelta y ágil que le recordó a la cruza poco exitosa entre una serpiente y un murciélago.
Y todos, parecían formar parte de la misma camada. Camada de la cual había liquidado ya a dos de sus hermanos.
"KHYYYAAAAAAAK-CHRRRHH!"
"Que fastidio..." Shinji comentó antes de realizar un gesto más extremo con su brazo izquierdo. Y en respuesta a ello, el bulto en el cadaver del Wyvern se abrio en un despliegue de visceras nauseabundas, revelando asi un autentico enjambre de avispas demoniacas de color gris, bañadas en fluidos de los cuales Shirou no queria averiguar.
Aquello pareció irritar aún más a los Wyvern, cuando dos fueron directamente hacia Shinji quien dirigió a sus familiares contra estos. Las imitaciones de insectos, nacidas de la Taumaturgia de los Matou y las entrañas de la misma progenie que atacaban zumbaron mientras buscaban abrumar con sus números a las criaturas, siendo repelidas por las docenas a punta de dentelladas y golpes con garras.
No contento con aquello, Shinji chasqueo sus dedos al cerrar su grimorio, y el propio cadáver del Wyvern se alzó como una grotesca parodia de lo que había sido, siendo sostenido por otros familiares desde adentro y no tardó en abalanzarse contra los demás.
Por su parte, Shirou encaró a los tres restantes que realizaban gestos amenazantes con sus fauces a la par que avanzaban, buscando acorralarlo contra una esquina y cebarse con él.
Shirou inmediatamente desecho Phantasm Breaker de regreso a su contenedor mientras retrocedía, sin perder de vista a las bestias. Tendría que medirse contra estas de manera cercana, no tenía de otra.
Por un momento, imagino el peso ideal de las empuñaduras de Kanshou y Bakuya en sus manos y estuvo a punto de proyectarlas. Pero las Espadas Casadas, pese a lo viables que eran en la mayoría de las situaciones seguían teniendo un rango bastante limitado y todavía no dominaba el estilo que había estado ideando con su uso.
'Ni que fuera a practicarlo aquí.' Pensó, retrocediendo aún más. Necesitaba otra arma.
Una de medio alcance con la que pudiera tanto atacar como defender. Una que tuviera un peso místico considerable como para imponerse a la durabilidad natural de los Wyvern. Una que contara con alguna propiedad que le ofreciera alguna ventaja.
ᴸᵃ ˢᵉʳᵖⁱᵉⁿᵗᵉ ʳᵒᵈᵉᵃ ˡᵃ ᵉˢᵖᵃᵈᵃ
"Trace... Fractal."
Justo para cuando el primero de los Wyvern se había animado a abalanzarse de manera directa, ya había tomado su decisión.
SPLOOSSH!
Una punta carmesí dentada, elaborada con el propósito de infligir el mayor daño posible se clavó en la mandíbula inferior de la bestia antes de retraerse como el aguijón de un insecto.
El Wyvern profirió un chasquido de irritación ante el embiste y entonces sus ojos se inyectaron en sangre cuando un hedor humeante y desagradable comenzó a surgir desde la herida, donde una costra amarillenta comenzaba a extenderse a lo largo de esta.
Veneno. Veneno lo suficientemente vil como para afectar a una criatura cuya propia sangre era bien considerada como uno.
Lo suficientemente potente como para impulsar al Wyvern a intentar retirarse, colisionando con uno de sus compañeros, quien arremetió con una dentellada ante el gesto de agresión improvocada. Algo que Shirou aprovechó para rápidamente aguijonear un costado de este.
La propia cabeza de la lanza estaba bañado en este, goteandolo desde su interior, donde un saco que nada tenía que envidiarle a un órgano lo segregaba como si se tratase de un ser vivo. Los Noble Phantasm difícilmente seguian las estrictas leyes de la lógica e intentar encontrarle un sentido a sus mecánicas más íntimas, no era algo que alguien podría sondear con precisión.
"¡Haaaah!" El tercero de los Wyvern descargó un golpe con su morro contra él, obligando a Shirou a saltar antes de clavar firmemente la punta de la lanza en su cuello, la cual se hundió sobre la carne al ser ayudada con la caída, asegurándose de inocular una dosis todavía peor.
"SKREEEEE-RAAAHHHH!"
Sus instintos le alertaron de movimiento detrás suyo, obligándole a saltar una vez más con tal de evitar una mordida, cuando el primero que había atacado intentó tomar su desquito, tropezando torpemente con el tercero.
Shirou aterrizó sobre una columna, visualizando la mole entrelazada de las dos criaturas, que habían comenzado a morderse entre ellas en un despliegue de dominación y discordia mientras que el segundo comenzaba a aletear ya hacía él, con las fauces abiertas de par en par de las cuales comenzaban a derramarse ya hilillos de saliva ennegrecida a consecuencia del envenenamiento.
Apenas alzó el vuelo y busco acercar sus garras contra el, Shirou se hizo para atrás, manteniendo la lanza sujeta a dos manos frente a él a modo de asegurarse de que el Wyvern cubriera distancia. Este, habiendo identificado el arma como la causa de su dolencia se mantuvo apartado a la par que vociferaba su rabia por medio de graznidos indignados que se mezclaban con los de los demás, que continuaban aún en su disputa a fuerza de garras y colmillos.
En grupo, eran peligrosos. Depredadores capaces de volar con una mordida que superaba con creces a la de un cocodrilo de agua salada, y garras lo suficientemente afiladas para rasgar un panel de acero sólido. Pero seguían siendo gobernados por sus instintos. Y si sus números se mantienen dentro de lo razonable a manejar, no era imposible encargarse de ellos sin sufrir riesgos mayores.
Y claro. Estaba el medio que usaba contra ellos.
"SKREEEEE-RAAAHHHH!" Un intento de revolotear más de cerca contra el fue todo lo que Shirou necesito para poder dar el golpe de gracia apenas canalizo la energía suficiente en la lanza ante de arrojarla como una jabalina contra el vientre del Wyvern. La punta atravesó brutalmente su torso reduciendo parte de la carne a jirones mientras que la propia energía que la envolvía era despedida en hilillos amarillentos, que comenzaban a teñir la herida en una gama viciosa.
Entre los muchos episodios que componen el Ciclo Feniano, hubo una ocasión en la que las costas septentrionales de Erin se vieron oscurecidas por una amenaza desde las olas. Hombres de hierro de Lochlann, cuyos barcos ahogaron el mar por docenas antes de emerger desde las aguas como las hordas de los Fomorianos de antaño. Su rey, el perfido Caisel era el igual en valor y fuerza de un ejercito entero, y contaba con la crueldad suficiente en su negro corazon como para igualar a la de sus huestes por su cuenta. Hubiera trazado un sendero de saqueo y destrucción hasta el corazón de la isla, de no ser por el arma que superó la protección casi invulnerable de su yelmo al alcanzar su boca.
Croderg. La lanza de Druimderg, asesino de Caisel y héroe de la Batalla de Tráig Liathán.
Los pandemonios que eran las manifestaciones de Bánánachen de Irlanda a veces podían arrojar sorpresas de ese tipo si tenía suerte. La espada de Tipraiti Tireach, único mérito a su leyenda había sido obtenida en Louth por ese medio, la vez que había evitado que la horda fantasmal se comiera a Bazett-nee.
Y en el caso de Croderg, se la había topado justamente en una travesía casual por el sitio de la batalla cuando intentaba encontrar una fisura directa durante la Primavera pasada. Lo único que había encontrado al final era uno de esos fenómenos, donde no le quedó de otra que correr por su vida.
"Regresa..." Extendiendo su mano, se concentró en su vínculo con la proyección antes de que su asta se encontrara firmemente sujeta en su palma. Tanto los Fraga como sus propios estudios hablaban de Gae Assail, uno de los Noble Phantasms del dios Lugh; la lanza de tejo que podría ser disparada y regresar a su portador con tan solo dos palabras. Esperaba que el arma de un Dios de la Guerra tuviera algo más, porque de lo contrario no sabría ni que decir con el hecho de que una de las funciones más básicas de su poder le igualaba.
"SKREEEEE-RAAAHHHH!" Por el rabillo del ojo, vio una escena repugnante. El cadáver del Wyvern que Shinji había levantado como una extensión de su voluntad había caído ya. Su cuerpo se encontraba desgastado a consecuencia de los embistes de las dos criaturas y el propio daño que había infringido su compañero desde dentro, pero aquello difícilmente habia sido un obstáculo para él; especialmente cuando sus tripas habían sido transmutadas en arpones coronados con las clavículas rotas, y disparadas como los colmillos de un caracol cono contra los otros dos. Uno había muerto ya, con las avispas nacidas de sus gusanos cebándose con el tejido para producir más de su progenie, y ahora ese mismo cadáver sujetaba al último que quedaba, queriendo condenarlo al mismo destino.
"¿Que se siente ahora, lagartijas?" Shinji seguramente había tomado cubierta. No era tan temerario como para exponerse a un zarpazo que bien podría partirlo a la mitad si llegara a conectar.
"SKREEEEE-RAAAHHHH!" "SKREEEEE-RAAAHHHH!"
Unos alaridos del otro lado, lo llevaron a mirar a los Wyvern que había enfrentado primero, los cuales habían dejado de pelear ya entre ellos, presa de la agonía que había abandonado sus venas tiempo atrás. El solo recuerdo de la persecución bien que se desvaneció de sus memorias, incentivado por el veneno que había nublado sus sentidos.
'... Es lo que tu decidiste usar.' Un dejo de remordimiento terminó por morderle la conciencia, provocando que Shirou soltara un suspiro en su mente antes de concentrarse en su Cresta, murmurando los comandos suficientes para poder activar una de las funciones más avanzadas del primer hechizo almacenado en esta. Como era de esperarse, las operaciones se manifestaron en su cabeza, obligándole a realizar los cálculos necesarios.
'Tres y tres. Nueve. Tres veces. Veintisiete.' Su Vaina Fantasmal se activó de paso, aceptando la consulta a sus registros hasta que regresó con los datos de tres objetos distintos que rápidamente insertó en cada uno de los Anillos colocados en la periferia de sus Circuitos Mágicos. Una daga de acero, bendecida. Un puñal de obsidiana, reforzado. Un punzón de oricalco, purificado. 'Tres y tres. Nueve. Tres veces. Veintisiete.'
Realizar un proceso así, requería tiempo y concentración. Raras veces tenía la oportunidad de usarlo en combate, donde un solo segundo descuidado bien podría ser la diferencia entre la vida y la muerte. Pero en aquellos instantes, por otro lado...
"Trace Bullet, Full Barrel."
Las siluetas fantasmagóricas de las proyecciones manifestadas se convirtieron en un auténtico aluvión de metal que salió disparado contra las dos criaturas, que apenas pudieron emitir nuevos chillidos de dolor cuando los proyectiles se hundieron brutalmente en sus cuerpos, cortando articulaciones y mutilando huesos, antes de clavarse firmemente en sus órganos, brindando una muerte certera. En cuestión de un par de segundos, ninguno se movía ya.
"Hah..." Shirou jadeo mientras se apoyaba en la lanza que no había soltado en ningún instante. Normalmente, usar aquello de golpe le hubiera costado decenas de unidades de su Od; motivo por el cual dependia de Trace Revolver en caso de que quisiera descargar disparos de ese tipo contra múltiples objetivos.
Pero los Anillos de la Fortuna le cuidaban la espalda, al permitirle usar su Número Mágico a su máximo potencial. Tres veces tres llevado a su cúspide, no era otra cosa que veintisiete al final, lo mismo que marcaban sus circuitos naturales. Y por ende, si seguía todo el proceso al pie de la letra, un despliegue así costaba el módico precio de solo tres unidades.
"Como odio a estas cosas." Mirando por encima de su hombro, pudo ver como Shinji había terminado finalmente con los de su lado. Nada mal; siete Wyverns muertos por esfuerzo de ambos hablaba bien del nivel que manejaban. Aun cuando era dudoso que pudieran conseguir algo con los cadáveres de este, gracias al veneno que había usado y la taumaturgia de su compañero, la experiencia ayudaba.
"¿Aún piensas que solo soy paranoico?" Shirou resopló, con un dejo de sorna. Algo que no fue del agrado de Shinji, cuya expresión se agrió pero antes de que pudiera abrir la boca para comenzar a despotricar...
"SKREEEEE-RAAAHHHH!"""SKREEEEE-RAAAHHHH!" "SKREEEEE-RAAAHHHH!" "SKREEEEE-RAAAHHHH!""SKREEEEE-RAAAHHHH!"
No vinieron desde el cielo. De haber venido con esa advertencia, hubieran tomado una posición mejor o directamente huido hacia la salida. Pero no tendrian la oportunidad a menos de que fueran a abrirse paso con agresión desmedida. Especialmente, por el hecho de que uno de los nuevos Wyvern aterrizó directamente sobre las escaleras que conducían al camino que habían tomado, mientras que el resto se apresuraba a descender desde las paredes, trepando como poseídos.
'Seis. Nueve. Doce...' Shirou tomó nota del número mientras apretaba su agarre sobre Croderg al mismo tiempo que Shinji se tensaba y la velocidad en la que sus gusanos trabajaban en los cadáveres que tenía más cerca, se intensificaban. Si ambos cooperaban, podrían encargarse de estos, pero los demás bramidos que se escuchaban a la distancia indicaban que un nido entero estaba en camino, y ahí sus posibilidades de sobrevivir comenzaban a descender.
"Aughhh..." Shirou tomó nota del que justamente les cerraba el paso y frunció el ceño. Necesitaban distraer al resto y matar a ese, solo entonces podrían correr rumbo a la salida y colarse por la rendija, a través de la cual los Wyvern serían incapaces de seguirles. Pero para eso, necesitaba.
Croderg vibró en su mano, como si pudiera predecir cuál sería su destino mientras Shirou comenzaba a inyectar energía mágica en su estructura. Un Broken Phantasm sencillo para matar de un solo golpe al obstáculo, solamente eso. "Apenas te diga, corremos."
Shinji solamente asintió, con dos de los cadáveres que usaba como marionetas estando listos para poder ser manejados. No iba a ser nada sencillo, pero aun así...
"VRAAAAAAAULK!" "VRAAAAAAAULK!" Un par de Wyverns se alzaron sobre sus patas y agitaron sus alas, claramente perturbados por algo más. Y entre chasquidos de sus fauces y otros gruñidos, terminaron por retirarse poco a poco al emprender el vuelo a la distancia, muy para la sorpresa de ambos.
"... ¿Alguna vez los habías visto retirarse?" Shirou parpadeo al escuchar a Shinji, y se limitó a negar con la cabeza antes de hablar.
"Para nada... Prefieren morir antes de pasar hambre." Y sin embargo, ahí estaban. Las Especies Fantasmales estaban removidas del orden natural por el misterio que contenían en sus existencias, pero aun así obedecían ciertas nociones de lógica presente en los seres vivos engendrados de manera apropiada por Gaia. Y si una Bestia Monstruosa optaba por trasladarse de donde estaba, la razón detrás de ello normalmente caía en...
"¡CUIDADO!" Sintieron el calor antes de que una columna rampante de fuego descendiera desde el cielo, bañando buena parte de la explanada en un lago de lenguas abrasadoras que los hubieran alcanzado de no ser porque habían saltado lo suficiente para quedar apostados sobre un par de columnas.
"VRRAAAAAAUUUUGHHHHH!"
Un nuevo rugido les obligó a mirar hacia arriba, donde ya se perfilaba una nueva silueta. Tres veces más grande que un Wyvern, revoloteaba en las alturas con una elegancia feroz antes de que la luz de la luna permitiera que se le pudiera observar de mejor manera.
Pardo, casi rojizo. Más largo que un autobús y con unas alas extendidas que le hacían lucir como una pesadilla todavía más inmensa, no necesitaron ni observar el segundo par de patas que surgía desde su torso. Este no era un primo menor u otro bastardo de la familia.
"... Oh."
El dragón sobrevoló por encima de ellos, escupiendo ocasionalmente una que otra bocanada de fuego cuyos fragmentos iban a parar hacia la explanada como una lluvia de aerolitos ardientes. Desde donde estaba, Shirou era perfectamente capaz de sentir la presión que la criatura ejercía contra el propio aire; el Núcleo Mágico de uno bien que podría generar suficiente energía como para abrumar a docenas de magi.
"Tsk... Quemó los cadáveres." Escuchó a Shinji maldecir y alzó una ceja al ver que solo parecía quedar uno, y no precisamente en un estado que le permitiera ser de mucha utilidad a su compañero. No importaba si un cuerpo se encontraba en un estado miserable, en tanto se mantuviera relativamente intacto... Y la carbonización definitivamente no ayudaba. "Vas a tener que estar por tu cuenta si tenemos que pelear."
En otras circunstancias, le hubiera sorprendido enormemente el hecho de que Shinji estaba dejando de lado su arrogancia. Pero Shirou no tenía ni el tiempo ni el humor para considerar aquello en esos momentos, era obvio. Sus familiares eran lo único que le permitiría siquiera dañar a la bestia en vista de la resistencia mágica que obviamente tendría, y teniendo apenas lo mínimo para trabajar estaba claro que le tomaría tiempo preparar algo útil.
"Mantente fuera de su alcance." Shirou inmediatamente extrajo Phantasm Breaker al mismo tiempo que continuaba con el proceso de preparar a Croderg como un proyectil, solo para que sus ojos se abrieran de par al sentir el calor a la distancia y entonces saltar, teniendo que soltar la lanza de la sorpresa, que fue a parar al suelo con un tintineo.
FLOOOOOSH!
Logró aterrizar sobre una saliente justo antes de que una nueva llamarada consumiera el pilar donde había estado parado segundos antes. Sin embargo, no tuvo nada de tiempo para acostumbrarse al nuevo sitio, especialmente cuando una segunda carga de menor tamaño pero el doble de rápida salió disparada contra él.
BOOM!
"Tsk..." Shirou salto hacia otra saliente, usandola como plataforma de impulso para atravesar el espacio hacia el lado opuesto de la explanada, donde tuvo que dar una voltereta en el aire con tal de evadir un par de cargas más, yendo a parar a otro pilar. 'Bien...'
Ni se molestó en apuntar. Apenas coloco las flechas sobre la cuerda, la jalo con todas sus fuerzas antes de soltarla, dejando que las saetas terminaran por colisionar contra una quinta carga, que detonó en pleno aire al entrar en contacto con la energía inestable presente en las cabezas de las flechas. No contento con ello, Shirou preparó un par de saetas más, asegurándose esta vez de apuntar contra el dragón.
Múltiples relámpagos carmesí atravesaron el espacio que les separaba, antes de clavarse en distintas partes del cuerpo de la bestia, quien rugió irritado por los embistes. Esperable, a diferencia de los Wyvern, que debían de esperar un par de siglos para adquirir una resistencia brutal, los dragones estaban bendecidos ya desde sus primeras décadas de vida. Nada que no fuera un Broken Phantasm podría llegar a provocar siquiera un daño superficial.
Al contrario, solo habían conseguido fastidiarlo lo suficiente para concentrar su atención exclusivamente en Shirou, quien no tardó en tener que saltar hacia otra dirección con tal de evadir ser quemado vivo.
Y mientras tanto, lejos de la línea de fuego...
Shinji apretó sus dientes apenas terminaba de absorber algo de energía del ambiente. Debajo de su piel, sus circuitos yacían hinchados y palpitaban ya en señal de alarma, advirtiendole de la sobrecarga de energía a menos de que acomodará el flujo.
ᴿᵉᶜᵒⁿᵒᶻᶜᵃⁿᵐᵉ
"Priznái menya." Maldijo por lo bajo, dejando que poco a poco el exceso de Maná fuera repartido a sus circuitos de mejor calidad, y siseo cuando el ardor se intensificó. 'Ahora no...'
Las páginas de su grimorio comenzaron a recorrerse de acuerdo a su voluntad mientras jadeaba, antes de concentrar cuánta energía que pudiera en su palma y colocarla directamente sobre la cabeza del último cadáver que quedaba. Trago saliva cuando su Cresta palpito en respuesta, y entonces comenzó a trabajar para que los gusanos pudieran hacer su labor en el cuerpo.
Ocasionalmente, escuchaba como el dragón rugía, cada vez más iracundo así como las explosiones que Emiya descargaba por medio de sus flechas.
'... Como si no pudiera hacer algo igual.' Gruño, mientras que uno de sus gusanos había terminado por segregar lo suficiente de sus fluidos para sellar algunos de los boquetes del cadáver. Si estuviera en su mejor condición, con más recursos... Podría, definitivamente podría.
"Insuficiente." La voz de su abuelo le taladro la consciencia, y casi pudo visualizar perfectamente sus ojos color carmesí fulminandolo. "Jamás tuve alguna expectativa contigo, y aun asi encuentras nuevas maneras de decepcionarme."
Para cuando lo noto, sus nudillos habían palidecido tras apretar sus puños y entonces liberó la tensión.
CLICK.
CLICK.
CLICK.
'Lo que faltaba.' Por el rabillo de los ojos, vio a uno de los esqueletos bizarros tambalear hacia él mientras sostenía una cruda lanza, y desde otros ángulos ya podía detectar a un par más.
ᴳʳⁱˡˡᵉᵗᵉˢ ᵃ ˡᵃ ᴾᵉⁿᵘᵐᵇʳᵃ
"Ili ischézni v t'me."
En respuesta, parte de la energia magica que no habia estado usando se desplego como un zarcillo violaceo curvandose en torno a el antes de azotar el aire como un latigo. Si creian que era presa facil, estaban muy equivocados.
ᴬᵇʳᵃᶻᵒ ᵈᵉˡ ᴿᵒᵐᵖᵉᵈᵒʳ ᵈᵉ ᴬˡᵐᵃˢ
"Fugu nu Kaji Mabui."
No era un Elementalista; pero el uso de Interferencia Natural había sido uno de los pocos campos que había podido practicar sin la supervisión de su abuelo o de su padre, y los Matou habían guardado muchas cosas interesantes para hacer empleo de su elemento.
Escupió un orbe de energía mágica rápida que rápidamente comenzó a tornarse en una corriente de agua en espiral que entonces salió despedida, antes de que múltiples colmillos líquidos emergieran de esta a la par que se expandía como un pez globo, terminando por golpear a los esqueletos, descalabrandolos por el impacto. Desde su grimorio por otro lado, numerosas lanzas de penumbra terminaron por formarse apenas el Vacío que era el Elemento que las componia se estabilizaba lo suficiente para adquirir una consistencia sólida.
ᴸⁱᵇᵉʳᵉⁿˢᵉ˒ ᴸᵃⁿᶻᵃˢ ᴺᵉᵍʳᵃˢ
"Ten', Mraka Kopěya."
CLICK.
CLICK.
CLICK.
Pero más seguían acercándose, completamente ajenos al paraje infernal que estaba siendo desatado en la explanada gracias al dragón.
"..." Shinji chasqueó la lengua con rabia, antes de que las páginas de su libro de hechizos continuarán recorriendose. 'La próxima vez, voy a traer un maldito traste con carne podrida.'
Mientras tanto, del lado de Shirou..
FLOOOSHHH!
"Feoh, Ur... Þorn."
La fijación del dragón era demasiado intensa. Por más que revoloteaba en las alturas, no dejaba de seguirlo e intentar calcinarlo. Y el juego de contrarrestar sus cargas con sus flechas ya había sido abandonado. Los dragones no eran estúpidos, algunos lograban desarrollar hasta sapiencia y este no había tardado en entender que los disparos de fuego interrumpido que podía descargar eran oportunidades que Shirou aprovechaba para darle una cucharada de su propia medicina. De ahí a que se limitara a soltar bocanadas enteras, que ardían a una temperatura vastamente superior a lo que un Elementalista que se especializara en la manipulación de aquel elemento podría llegar a alcanzar. Las llamas que Misaya producía por su cuenta no eran nada en comparación.
"Wynn, Hægl, Nyd."
Siempre, siempre guardaba una proyección de Beagnoth dentro de su carcaj como medida de emergencia. El código místico antiguo vibró ligeramente en su mano a medida que Shirou continuaba evocando los nombres de las runas grabadas en su cuchilla, respondiendo entonces a su voluntad.
"Sigel, Tir, Beorc." En sus manos, y en las de cualquier otro que supiera usar aquel alfabeto, se convertía en un catalizador taumatúrgico casi perfecto. Pero para su función ordinaria, no sería suficiente para atravesar la resistencia mágica del dragón, la diferencia de misterio simplemente no lo permitiría. Pero había más de una forma de aprovechar sus propiedades.
"Æsc,Yr... Ior."
Y aunque el hombre que había sido su artífice, casi mil años atrás; Eadric, seguramente jamas hubiera pensado en ello, Shirou estaba seguro de que si llegara a saber las cosas que la seax que había forjado antes de morir había conseguido lograr en sus manos, probablemente derramaria unas lágrimas de orgullo. Antes de desear estrangularlo.
ⱽᵉⁱⁿᵗ' ᵉ ᵒᶜʰᵒ ˢᵉˡˡᵒˢ˒ ᵈᵉ ᵈⁱᵒˢᵉˢ ˡᵃᵇʳᵃᵈᵒˢ˒
"Þā twēontīg and eahta tīed-sēlas."
FLOOOOOSH!
Evadiendo una nueva llamarada, Shirou casi perdió el equilibrio cuando una cornisa cedió bajo su pie, alcanzando a saltar en el último instante.
ʸᵃᶻᵉⁿ ᵃᵘ́ⁿ ˢᵒᵇʳᵉ ˡᵃ ʰᵒʲᵃ ʰᵉⁿᵈⁱᵈᵃ ᵖᵒʳ ˡᵃ ˡⁱᵈ
"ēac god-gewyrht, restað on bǣrscearp sweorde."
Cómo agradecia haber pasado horas y horas durante varios días practicando el cómo pronunciar una lengua tan áspera y extraña para el. Si llegaba a fallar en esta, no sería tan efectivo como lo necesitara.
ⱽᵒˡᵘⁿᵗᵃᵈ ᵉˢ ᵈᵉ ᵂᵒᵈᵉⁿ˒ ᵖᵉⁿˢᵃᵐⁱᵉⁿᵗᵒ ᵈᵉˡ ᴳʳᵃⁿ ᴬⁿᶜᵉˢᵗʳᵒ˒
"Wōdenes willa, ealdfæderes geþanc."
ᵛᵉʳᵈᵃᵈ ᵐᵘʳᵐᵘʳᵃ ᵉⁿ ᵗⁱᵉʳʳᵃ ᵈᵉ ᵗᵘ́ᵐᵘˡᵒˢ ʳᵒᵗᵒˢˑ
"sōþ sprecð he on beorgbrocenum lande."
Mas de una vez, sintió el calor muy cerca de su espalda, con múltiples zarcillos ardientes intentado alcanzarle. Y los bramidos ensordecedores del dragón solo le advertían como la paciencia de este estaba llegando a su fin.
ᴱˢᵗᵉ ᵍᵒˡᵖᵉ ᵗʳᵃᵉʳᵃ́ ˡᵃ ᴰᵉˢᵒˡᵃᶜⁱᵒ́ⁿ ᶠⁱⁿᵃˡˑ
"Þys sweng sylle forlorennes."
'...' Trago saliva una vez que terminó el último verso y apretó firmemente a Beagnoth antes de comenzar a alterarla ya. Pero no tendría tiempo si lo hacía de la forma normal, necesitaba tomar un desvío. Pero menos mal que justo en el último paso, tenía justo lo que necesitaba.
ᵞᵒ ˢᵒʸ ᵉˡ ᴴᵘᵉˢᵒ ᵈᵉ ᵐⁱ ᴱˢᵖᵃᵈᵃ
"Bān ic eom, sweord mīn."
En respuesta a aquellas palabras, la cuchilla comenzó a alargarse hasta adquirir una apariencia más esbelta y afilada; convertida en una auténtica flecha cuyas escrituras brillaban aún de manera ominosa mientras Shirou la colocaba sobre la cuerda y apuntaba entonces hacia el dragón.
ᴹᵘᵉʳᵈᵉ˒ ᴾᵒʳᵗᵃᵈᵒʳ ᵈᵉˡ ᴬⁿⁱˡˡᵒ
"Māg, Bēagnōþ."
La ilusión quebrantada salió disparada rumbo a la bestia y se clavó como un colmillo en su torso antes de detonar en un relampagueante destello multicolor que obligó a Shirou a cerrar los ojos.
"AIEEEEEEE."
El nuevo rugido del dragón le taladro sus oídos y no tardó en sentir la presión en el aire que le advertía sobre como este definitivamente había sentido el impacto, y aun si los efectos del proyectil no serían tan fuertes como debería gracias a su condición... No había escapado del todo de estos. La Resistencia Mágica de un dragón aplica de manera exclusiva a Taumaturgia... Si esta se encuentra dirigida hacia su ser. Un hechizo colocado en un arma o que afectara directamente el ambiente, no vería sus efectos inválidos. Y cuando se trataba de una espada con el poder de todas las Runas Antiguas liberándose al mismo tiempo y concentrado en un hechizo que evocaba destrucción...
"NAUUUUUUURRR'KHHHHH!"
El dragón se agitó en el aire, presa de espasmos mientras vomitaba fuego a los alrededores como queriendo librarse de todos los golpes que estaba sufriendo por dentro. No sería suficiente para terminar con él, pero era un avance y...
"¡ALGO DE AYUDA POR AQUÍ"
Claro, Shinji.
Apenas observó como este estaba bajo el riesgo de ser abrumado por múltiples esqueletos, no lo pensó ni dos veces antes de apuntar con la mano que había sostenido la espada mientras colocaba su arco sobre su carcaj.
"¡TRACE BULLET, FULL BARREL!"
Una serie de centellas brillaron en la palma de aquella mano antes de converger en un solo orbe giratorio que no tardó en ser empujado hacia las alturas; entre destellos deslumbrantes, no tardaron en asomarse las cabezas de múltiples cuchillas etéreas antes de descender a medida que el brillo que emitian delataban que se habían solidificado ya. Una colección de distintas espadas aleatorias terminaron por acudir en su ayuda, compensando cualquier potencia de fuego individual con volumen.
"¡Agh! ¡Ten más cuidado!" Se quejó Shinji, al tener que quedarse completamente estático mientras las espadas llovían en torno a él, cada una siendo suficiente para destruir a los últimos esqueletos que le habían estado hostigando. De no ser por la puntería de Shirou, un alfanje lacrado hubiera terminado por quedarse clavado en su cabeza.
ᴸᵃ ˢᵉʳᵖⁱᵉⁿᵗᵉ ʳᵒᵈᵉᵃ ˡᵃ ᵉˢᵖᵃᵈᵃ
"Lo siento." Shirou comentó, antes de tensarse al escuchar un nuevo rugido y sentir la columna ardiente acercándose. "¡TRACE FRACTAL!"
No tuvo la oportunidad de escoger un escudo que pudiera contarse entre sus más fuertes, pero por fortuna tenía el registro de uno presente en sus circuitos ya, y este no tardó en aparecer entre sus manos, siendo alzado en el último instante antes de que la descarga flamígera le alcanzara.
FLOOOOSH!
"... Ugh..." Sin embargo, la fuerza del golpe fue suficiente para mandarlo a volar a varios metros de distancia, golpeándose contra una pared antes de ir a desplomarse en el suelo, soltando el escudo de paso.
De haber sido uno normal, aun sujeto a ciertos encantamientos, no hubiera sido capaz de soportar aquel embiste. Pero su naturaleza como un misterio cristalizado, aún estuviera atado a su forma física le otorgaba el peso suficiente como para no recibir más que solo calor a consecuencia del aliento de un dragón.
"KHRYYYYYYAAAUUGHHHH!"
'Y ahí viene...' Shirou se incorporó con algo de dificultad, no tardando en experimentar un par de punzadas en sus costados. 'Una costilla rota, quizás dos.' No teniendo el lujo de poder revisar aquello, inmediatamente atrajo el escudo hacia sus manos, ignorando como el asa de metal, apenas cubierta con cuero le quemó las palmas.
El dragón sobrevoló a menos de veinte metros de donde se encontraba, abriendo sus fauces de par en par para despedir una nueva bocanada que tendría que bloquear momentáneamente antes de huir, hasta que...
"KRRRAAAWWWRRRRHH!"
Un destello verde y marrón se abalanzó a un costado del animal, obligándole a cambiar su trayectoria mientras que sus zarpas intentaban deshacerse de su nuevo oponente. No era una visión para nada agradable; un cúmulo de carne quemada cubierto por parches pálidos y supurantes que conservaban poco de la elegancia feroz del Wyvern que había sido. La cabeza había sido sustituida por una protuberancia retorcida y desprovista de todo rasgo salvo una boca cuyas mandíbulas se abrían y cerraban, derramando saliva amarillenta seguramente producida por los gusanos en su interior. Recordaba más a un monstruo de película espacial.
Y la comparación no mejoró, cuando una de las zarpas del dragón desgarró su torso, exponiendo una segunda boca que se abrió como una fosa en lo profundo antes de revelar las entrañas convertidas en lenguas. Docenas de zarcillos gelatinosos y húmedos, coronados con espolones de hueso y cartílago se clavaron en las escamas del dragón, hundiendo sus colmillos a medida que la energia magica de Shinji viajaba a través de dichas conexiones, transmitiendo el veneno que eran sus maldiciones.
"¡No te quedes ahi parado, idiota! ¡Corre!" La voz de su compañero le devolvió a la realidad, obligándole a salir del estrecho espacio a donde había ido a parar.
'¡...!' Pero los mismos riesgos estaban presentes. Aun cuando Shinji manejaba a su nuevo familiar para mantener ocupado al dragón, este seguía despidiendo bocanadas ocasionales en forma de distintas cargas igneas, una que explotó peligrosamente cerca de una columna, convirtiendo fragmentos de piedra en metralla que Shirou bloqueo con el escudo antes de finalmente trepar por una pared con tal de mantenerse fuera del alcance de esos ataques.
"RRRROOOAAAARRRRRRRHHH..."
El dragón soltó un nuevo rugido antes de finalmente descargar una dentellada sobre la cabeza del Wyvern muerto y arrancarla de cuajo en un despliegue de brutalidad. Pero Shinji parecía haber previsto aquello a juzgar por su expresión triunfal, y el dragón terminó por notarlo antes de vomitar una nueva carga, acompañada con las carcasas carbonizadas de los gusanos que por poco se había tragado, una distracción suficiente para que las lenguas que brotaban del estómago del cadáver consiguieron finalmente abrir una herida lo suficientemente grande como para permitirle a un par de gusanos introducirse en calidad de parásitos a donde no hubiera fuego que pudiera purgarlos.
'Pero los órganos de un dragón deberían de ser todavía más hostiles para estos.' Pensó Shirou mientras intentaba recuperar la calma luego de todo el esfuerzo que había realizado. Los familiares de los Matou, por muy grotescos que fueran, eran cosas muy resilientes... Pero había un límite de que podían llegar a invadir con éxito. Algo más tenía que hacer para terminar las cosas.
Miro el escudo que no había dejado de soltar, y lo examinó rápidamente con la mirada. Si, había sido un código místico anteriormente y escrito por alguien que seguramente había sido el propio rey Aetes... No podría ni de broma descifrar como lo había hecho exactamente, pero su taumaturgia si llego a caer en cuenta de su función, especialmente cuando la sensación que asociaba con fuentes así recorrió su propia memoria.
'Un escudo de luz, entonces.' Ni siquiera era necesario emplear el Nombre Verdadero, con solo inyectar un poco de energía, este se encargaría de despedir un haz deslumbrante que paralizaria a aquellos que tuvieran la desgracia de observarlo. 'Pero es Taumaturgia aún, en teo...' Detuvo aquella línea de pensamiento antes de resoplar por su estupidez. Taumaturgia que surgia de algo bañado en el Séptimo Factor Imaginario, era más que capaz de ignorar los límites convencionales que regían lo que nacía del Quinto.
Si, podría funcionar para dejar al dragón ciego por un par de segundos, pero...
"¡SI VAS A HACER ALGO, QUE SEA RÁPIDO, EMIYA!" No quedaba mucho del Wyvern. Por fortuna, Shinji no necesitaba estar cerca para que su conexión funcionara, pero estaba claro que no duraría más de un par de minutos, y eso si tenía suerte.
"¡Trata de mantenerlo sujeto unos segundos!"
"¡¿COMO QUE UNOS SEGUNDOS?!" Esa fue la última queja de Shinji, antes de que tuviera que gruñir de dolor cuando el esfuerzo de usar sus circuitos de una forma tan intensa finalmente logró alcanzarlo, obligándole a tener que cortar su conexión por un momento, algo que el dragón definitivamente supo aprovechar cuando sus garras y colmillos se clavaron en la carne podrida del familiar y comenzaron a descuartizarlo.
Shirou extendió su mano derecha, concentrándose en el vínculo de la proyección que había tenido que soltar tiempo atrás. Y respondiendo a su voluntad, Croderg levito rápidamente desde otra sección de la explanada para llegar hasta su palma. Estaba bien registrado en su historia acumulada como había alcanzado su fama. Cuando Caisel había invadido, estaba armado con más que un yelmo que ningún mandoble era capaz de alcanzar... También con un escudo cuya cara emitía brasas venenosas. Como si se tratara de una encarnación del Ojo de la Ruina, Caisel había sido prácticamente imparable... Hasta que Druimderg había arrojado a Croderg con todas sus fuerzas, y esta evadió las llamas que habían consumido a tantos otros misiles antes de matar al rey de Lochlann.
En teoría, en teoría...
Shirou jadeo mientras blandía tanto la lanza como el escudo y caminó sobre la explanada, justo a tiempo para observar cómo el dragón dejaba escapar una bocanada infernal por encima de la carcasa que le había herido, y todavía la aplastaba con un marcado dejo de triunfalidad.
"¡Oye!" Exclamó, llamando la atención de la bestia, quien apenas movió su cabeza hacia un costado en una mezcla de intriga y fastidio. Apenas le divisó, las venas en su cuello se abultaron y la ventana a su garganta en sus fauces se iluminó en un fulgor diabólico mientras preparaba una llamarada más.
En respuesta, Shirou colocó el escudo frente a él mientras su brazo derecho era acomodado hacia atrás, sosteniendo firmemente la lanza, a la espera. 'Ya casi, ya casi...'
Finalmente, el dragón arqueó su cuello antes de estirarlo hacia adelante al mismo tiempo que la cabeza de la lengua fogosa comenzaba a emerger desde sus fauces.
Aquello le impidió rugir cuando un destello dorado surgió del escudo apenas Shirou lo alimento. En cuestión de segundos, el destello se convirtió en una tormenta concentrada de luz que se clavó sin misericordia en los ojos del dragón, impidiéndole ver lo que vendría, especialmente cuando el rayo de su propio aliento ígneo se mezcló con esta.
Ignorando el ardor de sus circuitos por emplear un canal más, Shirou concentró todavía más de su energía en la lanza, dejando que esta fuese envuelta por un tenue manto luminoso carmesí cuyos arcos se perdían a lo largo de su contorno. Recordó lo que nunca había vivido, pero vio en sus memorias; aquel desolador campo de batalla donde los bramidos de los vencedores se mezclaban con los gemidos de quienes agonizaban. Los estandartes perdiéndose en el fango, pisoteados por quienes intentaban aferrarse aún a la sangrienta contienda. El fuego que todo lo consumía, como el que se acercaba a él.
ᴱˡ ᴬᵍᵘⁱʲᵒⁿ ۹ᵘᵉ ᑦᵒⁿ۹ᵘⁱˢᵗᵒ ᵉˡ ᶠᵘᵉᵍᵒ
"...Croderg..." Gruño Shirou, antes de arrojar la lanza con todas sus fuerzas, sumándose a la que existía ya en el recuerdo de aquella proeza. La jabalina confrontó la lengua ardiente, y la atravesó al partirla, como si las llamas temieran a su filo mientras que Shirou se había movido a un costado, evadiendo aun los remanentes que le hubieran alcanzado de haberse quedado ahí. Para cuando la tormenta de luz se disipó sin embargo, era demasiado tarde.
"KHRYYYYYYAAAU—!" El bramido bestial del dragón fue silenciado cuando la cabeza de Croderg terminó por encontrar su blanco justo dentro de sus fauces, queriendo enterrarse en su garganta, donde el borde serrado se aseguro de mantenerla sujeta. Los ojos del dragón, del mismo tamaño de una pelota, se abrieron por completo ante la impresión... Y los quejidos que surgieron desde su boca trabada solo podían ser descritos como agonizantes. Incapaz de sostener el vuelo, se retorció en tierra mientras hacía descender su cuello hacia sus patas frontales con tal de que sus garras le permitieran deshacerse del suplicio.
".-IEEEE-IEEEE..." Pero fue un esfuerzo inutil, que solo consiguió hundir aún más la lanza dentro de sus fauces, algo que Shirou había estado esperando.
"Trace... Overload."
No había terminado de romperla, eso era verdad. Pero los primeros pasos del proceso estaban ahí, así como una saludable cantidad de energía de más. Haber intentado aquello por fuera no habría causado mucho, incluso con la naturaleza de un Tesoro Heroico. Pero por dentro y en una posición así... Era una historia muy distinta. Y la lanza terminó por explotar, desperdigando docenas de fragmentos viciosos desde adentro de la cabeza de la bestia, asegurando una hemorragia fatal, coloreada encima por el veneno que estaba siendo derramado en su totalidad en aquellas heridas.
"RRAAAAAAAHHHHHHRRRRRRHHH!"
El dragón intenso vomitar fuego nuevamente, esta vez hacia el cielo por puro instinto. Pero las llamas que eran su mayor arma, no fueron suficientes para destruir aquellos fragmentos... Y el daño estaba hecho ya.
"Santa mierda..." Le pareció escuchar a Shinji maldecir a la distancia, pero con la nube de cenizas que el dragón levantaba al seguir estrellándose contra las ruinas impedía que pudiera ver donde se encontraba el peliazul.
Y no podía culparlo por la reacción. Ambos habían estado de lo más nerviosos al haber visto a la criatura aparecer desde arriba, sabiendo bien lo peligrosa que era. Y aun asi, ahi estaba... En el estado más lamentable de todos.
"RRRRROOOAAAAARRRRR… KHHHHRRRRRHHH… GGGHHHAAAAAAARRRR!" El dragón graznó, en un eco miserable antes de que sus ojos divisaran nuevamente a Shirou y adquirieran el coloreo familiar del frenesí. Sus alas, implementos inútiles en tierra se agitaron mientras que sus garras se clavaron en las baldosas incineradas mientras se acercaba, en un intento por alcanzarlo.
"KHHHHRRRRRHHH…" Un par de cargas igneas salieron disparadas contra él, con una siendo fácilmente esquivada mientras que la segunda fue parada en seco por el escudo. Pero aun así, el dragón no cesaba en su intento de persecución. Estaba herido, gravemente herido. Entre sus esfuerzos y los de Shinji, le habían llegado a infringir quizás lo peor que había experimentado en su vida. Y sin poder alzarse en vuelo para retirarse a consecuencia del dolor... Haría hasta lo imposible por al menos llevarse consigo a uno de los responsables de su agonía.
'Tengo que matarlo...' Pensó Shirou, saltando hacia una columna que tuvo que abandonar al cabo de unos segundos cuando fue derribada por un zarpazo.
Algo más fácil de decir que de hacer. El dragón estaba malherido, y consumido por sus propios impulsos; pero aun debilitado como estaba, un golpe directo suyo no sería algo que él pudiera ignorar. Tenía que ser algo rápido y certero...
'Otro Broken Phantasm...' Aún tenía suficiente energía mágica, si. Pero aun si destruía por completo la cabeza del dragón, el cuerpo aún se movería por un tiempo. Moriría, si. Eso o su núcleo terminaría por colapsar sobre sí mismo, permitiéndole alzarse como un no muerto, algo que era terriblemente común en criaturas con un atributo así. No, eso era lo que tenía que atacar. El corazón mismo.
'Tsk...' Shirou salto en el aire cuando una carga ignea pasó peligrosamente por un costado suyo, y aterrizó de regreso a la explanada, teniendo que evadir ahora un golpe de parte de la cola del dragón, que descendió sobre él como un látigo mientras su dueño intentaba darse la vuelta para seguir persiguiendolo.
ⱽᵃⁱⁿᵃ ᶠᵃⁿᵗᵃˢᵐᵃˡ
"Scīnseaxscēaþ." Algo fuerte, algo viable. Era algo demasiado general, y le brindó demasiados resultados que no tendría tiempo de revisar. "Agh..."
Esta vez, fue un intento de dentellada en el aire. Las fauces se cerraron bruscamente, como queriendo al menos arrancar uno de sus brazos, y el cuello serpentino se agitó ligeramente antes de intentarlo de nuevo.
'Dragón... Dragón entonces...' O lo que fuera que hubiera abatido una criatura similar. Esa nueva búsqueda arrojó un par de armas más, entre las cuales destacaba no otra que...
ᴸᵃ ˢᵉʳᵖⁱᵉⁿᵗᵉ ʳᵒᵈᵉᵃ ˡᵃ ᵉˢᵖᵃᵈᵃ
"Trace Fractal." Un cuchillo que no era un cuchillo. Tal como Beagnoth, era una Seax, pero mucho mejor conservada. Los indicios que la marcaban como algo que no había nacido de la Era del Hombre pudieron apreciarse a medida que se manifestaba en la mano derecha de Shirou, con su único filo contrastando en un reflejo opaco del escudo luminoso que aún blandia. Era una espada, una espada corta que igualaba una daga en grosor, pero solo un hombre como su dueño la hubiera considerado poco más que un cuchillo.
"Aiee... Aieee..." El dragón, experimentando aun el dolor que lo devoraba desde adentro continuó lanzando dentelladas al aire, ignorando el nuevo peligro que se avecinaba. Para Shirou, estaba bien. No estaba listo de igual manera.
"Trace... Overedge." No era lo suficientemente grande para él. Aun cuando canalizara una semblanza de la prodigiosa fuerza de su portador, no sería suficiente para usarla del mismo modo que había sellado su lugar entre los armamentos del Reino de las Leyendas. Pero tenía sus medios para lidiar con ese límite.
En respuesta a la inyección de energía mágica, el cuerpo de la espada comenzó a cambiar. Prana y hierro se fundieron en un vórtice casi líquido mientras que el uso continuo de Alteración y Reforzamiento hacía su magia. El vórtice colapsó sobre sí mismo cuando el metal se agrieto antes de expandirse, y la cuchilla aumentó su volumen a consecuencia, transformándose en la quijada retorcida de una bestia coronada con un aguijón que nada tendría que envidiarle al de un morador de los abismos.
"Ha... ¡Haaaaaah!" Shirou corrió directamente hacia el dragón, evadiendo por el suelo un intento de zarpazo al mismo tiempo que arrojaba el escudo como si se tratara de un disco a la boca de este, quien intentó romperlo al cerrar su mandíbula.
CLANG!
La confusión se apoderó de la bestia cuando el Noble Phantasm no cedió a la fuerza de sus fauces, y fue todo lo que Shirou necesitó antes de concentrarse plenamente en la espada, ahora sujeta por ambas manos.
ᴸᵃ ᑦᵘⁿ̃ᵃ ᵈᵉ
"Wael..."
Sus músculos protestaron cuando una fuerza que no podían igualar los invadió, amenazando con desgarrarlos. Sus tendones casi se partieron en respuesta, y una presión inmensa taladro su craneo hasta que la singularidad llego a completarse.
ˡᵃ ᴹᵃˢᵃᶜʳᵉ
"...seax."
El cuchillo implacable de Beowulf, guiado por la voluntad del golpe que había cegado la vida de una de las grandes bestias de la tierra, terminó por atravesar limpiamente las escamas de adamantina del dragón, hundiendose mas y mas a testamento de tanto su filo como de la fuerza inhumana que había sido imitada. Como un clavo siendo torturado por un martillo, toda la hoja desapareció detrás de la carne hasta finalmente perforar su objetivo.
"...AIEEEE... AIE..." El dragón intentó rugir por una última vez mientras sus ojos se partían ante el inminente abrazo de la muerte, y finalmente se nublaron antes de que su cuello se desplomara, afortunadamente a un metro de donde Shirou había ido a parar.
"Hah... Hah..." Jadeo nuevamente, antes de intentar extraer a Waelseax de donde la había clavado. Pero la espada se resistió, como si hubiera sido soldada a la carne, obligándole a deshacerla. El Noble Phantasm menos afamado del Rey de los Gautas se deshizo en partículas efímeras, exponiendo así la inmensa marca de punzón que había infringido, desde la cual comenzó a brotar un torrente de sangre ardiente que por poco salpicó a Shirou. Nuevas grietas en torno a la herida, alcanzaron a expandirla un poco más, permitiéndole observar como había logrado mutilar el corazón mismo.
Sniff, sniff.
Quedaba energía mágica aún en el cuerpo, pero no era bombeada ya por el órgano. La manifestación física de su núcleo había sido destruida y con ella, la vida misma del dragón se había apagado. Estaba totalmente muerto.
Shirou apretó los dientes, mientras respiraba y exhalaba a la par que sus circuitos se desactivaban. Definitivamente, no podría usar nada fuerte por el resto de ese día a menos que quisiera que algo se fragmentara dentro de él. No sintió nada metálico en su boca, lo cual era buena señ , cuando usaba múltiples Nombres Verdaderos de manera consecutiva, terminaba escupiendo sangre.
Eso, y con su cabeza ardiendo. Lo cual llevaba a la pregunta que no se atrevía a formular más allá de sus pensamientos.
'¿Qué perdí ahora después de esto?' Las consecuencias de abusar de esa habilidad ya se había manifestado varias veces en los últimos años. Y aun cuando había buscado los medios para disminuir los riesgos, al final del día solo había una cosa que pudiera hacer.
Y con la vida que llevaba, no tenía de otra.
"Sigo sin poder hacer mucho..." Murmuró con un último suspiro. Mientras más cambiaban las cosas, más permanecian igual. Entonces parpadeo al escuchar unos aplausos, y miró por encima del hombro.
"Muy bien hecho, Emiya. Me quito el sombrero." Shinji se acercó sin perder de vista el cuerpo del dragón. Se notaba a leguas que no perdía la cautela, aun si podía ver que estuviera muerto. Y también, a pesar del ánimo que llevaba, no pasó desapercibido para Shirou él como sus manos temblaban, y podría apostar con total seguridad que debajo de sus mangas, las quemaduras tan características de abusar de los circuitos de uno podrían apreciarse.
"Shinji." Shirou asintió con cansancio. "Pues si, lo logramos."
"Puedo verlo." Comentó su compañero, alcanzando la suficiente confianza para acercarse a la cabeza. "Y vaya trabajo. Otro dragón, y uno muerto por los dos." Al decir aquello, le propinó una ligera patada a un costado de esta, granjeandose una mirada poco impresionada de parte de Shirou, que pasó totalmente de largo.
El pelirrojo normalmente lo reprenderia por algo así... Pero en esos momentos, quizás lo mejor sería enfocarse en otra cosa. A diferencia del esqueleto, que había recibido un par de rafagas fogosas a consecuencia del bombardeo del dragón pero ningún daño notable... Esta había sido una especie fantasmal que les había atacado. Las leyes al respecto de la Asociación (prácticamente copiadas por todas las demás organizaciones taumatúrgicas) eran claras: Lo mataste, tú lo manejas. Y un dragón sí que sería algo cotizado, en muchas formas.
"Deberíamos encargarnos ya de sacar lo que necesitemos de su cuerpo." Señaló, con un segundo suspiro. "De preferencia, antes de que los Wyvern regresen y quieran comérselo."
"Ugh, ni lo menciones." Shinji abrió nuevamente su grimorio, antes de caminar al cuello del dragón y colocar su mano sobre las escamas mientras recitaba algo en voz baja. "Empieza a agarrar lo que quieras." Y apenas dijo eso, la piel se abultó antes de colapsar a medida que múltiples gusanos comenzaban a emerger de esta y sus mandíbulas trabajaban ya en purgar cuanto pudieran de los huesos. Por su parte, Shinji extrajo desde su mochila un par de bolsas cuyo espacio era engañoso. Carne de dragón, aun con sus escamas y órganos, era mucho más valioso para él comparado con los tesoros que tenía planeado saquear de la tumba.
Por su parte, Shirou se dirigió hacia la cabeza y le echó una mirada a los colmillos. Con la excepción de los huesos y quizás el cuero de sus alas, no había mucho que pudiera llegar a usar del cadáver. Especialmente si Shinji le disputaria el tejido.
Se detuvo apenas llegó a uno de los ojos, que había adquirido ya una textura vidriosa. Sabía que no era el caso, pero podía imaginarse perfectamente como el dragón lo seguía viendo, aun en ese estado. Mirándolo, con una condena que nunca podría reprender.
"Lo siento." Murmuró Shirou antes de pasar su mano por las escamas de la cabeza.
"Le ladras al árbol equivocado, Emiya." El tono nasal de Shinji resopló desde el otro lado, y su cabeza no tardó en asomarse por el cuello. "Esta cosa quería convertirnos en barbacoa. ¿Qué demonios te pasa?"
"Nada." Shirou apartó la mirada, antes de abrir su carcaj. Ya que estaba ahí, aprovecharía al menos.
"Típico tu." Shinji puso los ojos en blanco al resoplar por última vez. "Realmente, nunca serás uno de nosotros."
Shirou no respondió, por obvias razones no iba a poder llevarse todo el esqueleto. Pero un par de colmillos y uno que otro hueso podrían caber en algunos contenedores que tenía guardados.
"Tsk." Al no escuchar una respuesta, Shinji continuó con su propia labor. "Al menos fue un día muy productivo."
Y con eso, Shirou estuvo de acuerdo.
A/N: Bienvenidos al futuro. Mas en especifico, cuatro años despues de los eventos actuales del Libro 2 y no sera el unico vistazo que veremos a esos tiempos.
Porque este proyecto basicamente liberara en calidad de One-Shots varios episodios que tomaran lugar entre los espacios de Time-Skips a lo largo de toda la historia. Especialmente, uno de dos años que sirve como Interludio entre Libros 3 y 4.
Y si, lo estoy aprovechando para explorar mas partes del mundo por medio de uno que otro evento que normalmente no tendria cabida en la historia principal.
Esta fue solo la primera cucharada, eventualmente habran mas. Muchas mas. Tengo toda una lista de ideas a ser implementadas. Y me muero de ganas por escribirlas.
Nos vemos la siguiente semana con el capitulo 47 y quizas el 10. Pero por lo pronto, espero hayan disfrutado esto.
- Yima.
10/04/25.
