Draco pensó que Harry estaba en su modo exagerado y algo sobreprotector cuando le dijo que le había puesto al pequeño Severus un hechizo que le avisara si estaba en peligro.

En la segunda semana que tenían ahí, el hechizo se activó durante la noche.

Los restos de esos instintos de la guerra se activaron y hubo un caos de dos magos saliendo del cuarto y rompiendo las barreras de Hogwarts con pura fuerza mágica para Aparecerse una y otra vez siguiendo el rastro del hechizo encendido hasta que se encontraron con James Potter y Severus Snape peleándose junto al Sauce Boxeador, magullados, sin aliento, con el árbol a punto de golpearlos, un pasadizo abierto y Sirius Black riéndose de una manera demasiado similar a cómo lo hacía Bellatrix de adulta para que no fuese preocupante.

Como Harry era el que sabía lo que debía haber pasado sin tener que escuchar nada, corrió para separarlos y se agachó para examinar a Severus con magia de inmediato. El muchacho lo empujó dos veces antes de que Harry lo dejase ir tras una revisión con un hechizo.

—¿Qué está pasando aquí? —El tono de Draco era bastante serio.

James se levantó de mala gana, se sacudió la ropa y mandó a Sirius a dejar de reírse.

—Nada, profesor, estábamos-

—El señor Black pensó que sería gracioso dejar al señor Snape en un sitio con un licántropo en luna llena —Harry le contestó en su lugar, dándole una mirada de "ayúdame con esto porque escapa de mi control".

Draco asintió y le hizo una seña de que él se ocuparía y Harry podía concentrarse en Severus.

—¿Están bien? —Draco caminó hacia James y Sirius y los revisó con un hechizo a cada uno.

—Sí —James se relajó al notar la preocupación—. No pasó nada- fue una broma, no-

Antes de que terminara de hablar, Draco los agarró y comenzó a caminar dando zancadas sin darse cuenta de que los arrastraba exactamente como el profesor Snape lo arrastraba a él cuando lo regañaba siendo un niño.

—Profesor- ¡profesor! No hicimos-

—¡Sólo era una broma!

—¿Les parece que yo me estoy riendo? —replicó Draco sin dejar de llevarlos con él.

—¡Se lo merecía! —gritó Sirius, sacudiéndose para que él lo soltara, por lo que Draco lo dejó ir a mitad del trayecto hacia el castillo.

—¿Sí? ¿Por qué exactamente?

Sirius hizo un sonido de disgusto.

—Es Snivellus.

James intentó apoyar a su amigo.

—Lo que pasa es que-

—¿Saben cómo se contagia la licantropía? —Draco no lo dejó intervenir. Cuando recibió silencio, insistió:—. Estoy preguntando si saben cómo se contagia la licantropía.

Sirius masculló un "sí" y James asintió.

—¿Querían que su compañero se convirtiese? ¿O que el lobo lo matase? Porque saben que en ambos casos lo más seguro es que el Ministerio venga a cazar al licántropo que lo atacó, ¿cierto? ¿Pensaron en eso o no son capaces de pensar en absolutamente nada más allá de sí mismos?

—No puede jalarnos hasta la mitad del patio y empezar a hablarnos como-

—No, señor Black —Draco le contestó entre dientes—, resulta que sí puedo. Puedo hablarles así porque usted acaba de cometer un intento de asesinato según las leyes mágicas y el Ministerio se los puede llevar junto con el licántropo si esto es notificado, ¿así sí lo entiende?

Sirius quiso pelear con él y James lo jaló, murmurando que recordara que era un profesor.

—No pasó nada —insistió James.

—¿Y si hubiese pasado qué? ¿Qué iban a hacer? ¿Les parece que esto es algo con lo que se pueda jugar? A su edad no ven ninguna consecuencia directa en lo que hacen y creen que por eso todo lo pueden y nada es tan grave, pero lo es, lo es si involucran a otras personas, lo es si alguien pudo haber muerto y lo es si traicionan a uno de sus amigos revelándolo así.

—¿Cómo sabe…?

—¡No somos traidores! —Sirius se enojó tanto por esto que no dejó que James hablase.

—¿Cómo más se le dice a utilizar el secreto de un amigo para intentar atacar a alguien más, señor Black? ¿Manipulación? ¿Soberbia excesiva? ¿Completa inmadurez? ¿Falta de lealtad?

Los dos lo observaron con expresiones tan disgustadas que Draco sintió que hablaba consigo mismo de adolescente en su momento más terco y se frustró más.

—Ustedes dos son unos niños engreídos e inmaduros con unas claras tendencias violentas y más les vale que ese niño esté bien y el lobo también lo esté o yo mismo llamaré al Ministerio para que venga por ustedes dos-

—No puede-

—Sí puedo —Draco le contestó entre dientes sólo porque se negaba a gritarle a unos niños, que es lo que era alguien de quince años para él—. Sí puedo y lo haré si hace falta porque esas son las consecuencias de sus actos. No pueden vivir sin consecuencias. Si están bien, hoy pudo no pasar nada, pero pueden no tener esa suerte la siguiente vez ¿y entonces qué?

—No habrá siguiente vez —James dio un paso adelante para responder por Sirius—. Tendremos más cuidado con el secreto de…del lobo.

—Ah, tendrán cuidado —Draco se cruzó de brazos y asintió—, sí, claro, tendrán cuidado, eso dice, y sólo por eso tengo que dejarlos ir, ¿cierto?

James titubeó.

—Le prometo que-

—Las promesas son un recurso manipulador de un niño inmaduro, señor Potter.

—¡No sabemos qué más quiere que le digamos para que deje de joder! —soltó Sirius.

Draco tomó una profunda bocanada de aire.

—Justo ahora parece que a mí me encantaría arrojarlos a Azkaban o algo así, pero esto es por su bien, no por el mío, no por el de su amigo, ni siquiera por el bien de ese niño. Es por ustedes dos —Draco señaló a uno y luego al otro— porque hoy pueden salvarse, pero si no entienden que están actuando como unos completos imbéciles egocéntricos y violentos, eso es lo único que serán por el resto de sus vidas y fuera de Hogwarts nadie va a mitigar las consecuencias por ustedes.

—Como si me importara eso-

—Pero le importará cuando pase noches encerrado en Azkaban por sus imprudencias, señor Black, ahí sí importará y ahí sí deseará haber aprendido de sentido común cuando todavía tenía la oportunidad.

Los dos chicos parecieron quedarse sin nada más para decir después de eso. Todavía podían poner expresiones de disgusto, rabia o frustración, pero no era importante. Draco volvió a arrastrarlos con él y James sólo preguntó en voz baja a dónde iban cuando ya estaban dentro del castillo.

—Esperaremos a que se haga de mañana para saber si el Ministerio tiene que venir por ustedes dos o no —Fue lo único que les dijo Draco, metiéndolos a la biblioteca.

Harry le había dicho que al acudir con Dumbledore durante este evento, el director hizo como si no hubiese sido importante e incluso quiso dar a entender que Severus le debía algo a James por sacarlo de ahí.

Draco no pensaba lo mismo.

Él movió una silla con magia, la colocó contra la única puerta de la biblioteca y se sentó con las piernas y brazos cruzados.

—¿Es en serio? —le preguntó Sirius, incrédulo.

Draco asintió.

—¿Nos va a entregar al Ministerio? —James sonó aturdido.

—Si hace falta. ¿Creen que hace falta?

—¡Claro que no! —replicó Sirius—. ¡No pasó nada!

—¿Usted revisó al licántropo para estar seguro de que no le pasó nada por un estallido de magia en medio del desastre? —Draco arqueó las cejas—. ¿Revisó a su compañero para saber que no le pasó nada? ¿Revisó la situación al otro lado de ese pasadizo para saber que su amigo no acababa de ser delatado con todo Hogsmeade? ¿Revisó algo siquiera para poder afirmar que no pasó nada? ¿No? Eso pensé así que aquí nos quedaremos.

—Es que-

—No le estoy preguntando su opinión, señor Black. Esto se llama la consecuencia de sus actos, se lo presento. Acostúmbrese a su presencia.

Cuando vieron que no tenía sentido quejarse, los dos chicos se alejaron y empezaron a hablar entre ellos en voz baja. Draco permaneció en su sitio vigilando la entrada.

También tenía que ser sincero: no iba a convocar al Ministerio si ni Severus ni Remus estaban en riesgo después de esto. Pero ellos no tenían por qué saberlo.

Draco prefería hacer esto frente a una estupidez de este tipo que dejarlos ir con Dumbledore, que les daría una palmadita en el hombro como si no hubiese pasado nada, y luego estar imaginándose en qué clase de escenarios peores podían meterse o el daño que podían causar por creer que nada tenía consecuencias.

Pasó más de una hora antes de que James se atreviese a caminar hacia él.

—Profesor —le dijo en voz baja—, no puedo ser llevado por el Ministerio, mi mamá y mi papá ya están mayores y su salud a veces se pone muy delicada y…

—Y seguramente su salud se pondría peor por el estrés si su hijo estuviese involucrado en un caso de asesinato a otro estudiante —contestó Draco, ignorando el dolor en su pecho, porque alguien tenía que hacerlo.

James no pudo discutirle esto y regresó con su amigo.

Draco los vio hablar en voz baja, mirar por la ventana como si pidiesen que algo sucediese que pudiese ayudarlos, caminar sin rumbo por la biblioteca, incluso tener movimientos repetitivos a medida que el tiempo pasaba y los nervios aumentaban. James se sacó los lentes en cierto momento y balbuceó algo sobre su madre, y cuando Sirius lo quiso animar, recibió un empujón y comenzaron a discutir. En cuanto estallaron, ambos parecían convencidos de que el otro era el más idiota en la habitación.

Él los dejó gritarse, reclamarse e insultarse. En la siguiente hora, también los vio acurrucándose sentados en el suelo murmurando como si su destino ya estuviese sellado y esperasen ser enviados a Azkaban.

Hubo más discusiones, murmullos, se alejaron, se reconciliaron de nuevo, James se puso a llorar y Sirius se desesperó y comenzó a exigir que le echasen toda la culpa a él sin mencionar la presencia de James.

—¡Él no sabía, profesor! ¡Se lo juro! —le decía a Draco, que volvió a sacudir la cabeza.

—Las cosas malas que hacemos no sólo lastiman a la gente que nos cae mal, señor Black, también a veces lastiman a quienes queremos, lo siento.

No importó qué tanto gritaron, pidieron, argumentaron o lloraron, Draco no se movió de la silla hasta que vio los primeros rayos de sol por la ventana.

Entonces por fin exhaló y le mandó una nota a Harry.

—0—

La noche de Harry no fue mucho mejor.

Después de que vio que Draco se llevaba a James y Sirius, él tuvo que ir detrás de Severus.

—Señor Snape, no debería-

—¡No se me acerque!

Harry exhaló.

—Tengo que llevarlo a la enfermería-

—¡No quiero! ¡¿No escuchó que no pasó nada?! ¡Sólo me iban a matar! ¡Eso no es "nada"!

—Snape, es importante comprobar que no tenga lesiones del licántropo que no fuesen detectadas por la magia y-

—¡Váyase a la mierda! ¡Déjenme en paz!

Severus se estaba adentrando al bosque dando zancadas para huir de él y Harry se preguntaba si así era cómo se sentía Dumbledore cuando él destruyó su oficina a esa edad.

—Estar asustado está bien, Snape. Es lo más-

—¡No estoy asustado! ¡Y deje de seguirme! ¿Es un acosador o algo…? ¡Mierda!

Severus pisó algo y una figura se movió en el suelo y comenzó a alzarse. El adolescente gritó, intentó huir, se cayó y empezó a arrastrarse maldiciendo y buscando su varita.

Harry utilizó un lumos y vio a una de las arañas gigantes de Hagrid jalando la ropa del muchacho. Él negó, lanzó un hechizo para asustarla y la vio huir.

Después le tendió la mano a Severus y este lo vio como si estuviese más enojado porque lo ayudó que por la araña que lo jalaba.

Harry intentó de nuevo en el tono suave que usaría con sus hijos:

—Esto no debió pasar y nadie debería pasar un susto como ese, mucho menos tan jo-

—Le dije que se fuese a la mierda —Severus le dio un manotazo a su mano para apartarlo y se levantó tambaleándose—. No necesito ayuda. No estoy pidiendo ayuda. Regrese con esos estúpidos Gryffindor para hablarles de cómo son héroes maravillosos y a mí déjenme en paz.

Como tenía toda la intención de adentrarse más en el bosque si eso implicaba alejarse de él, Harry tuvo que jalarlo de vuelta y eso hizo que el adolescente se sacudiera y lanzara manotazos al aire.

—¡Suélteme! ¡Suélteme! ¡Lo voy a maldecir! ¡Sé muchas maldiciones! ¡¿Acaso no ha escuchado ya que soy horrible y un mago oscuro?! ¡Déjeme ir! ¡Que me…! ¡Agh! ¡Le voy a decir a mi Jefe de Casa! ¡Se lo diré! ¡Suelte…! —Al no ver ninguna reacción, Severus hizo un sonido de disgusto y cambió de enfoque:—. ¡Con ese apellido que tiene seguro es un sangresucia! ¡No necesito ayuda de sangresucias!

—Bueno, suficiente —Harry dejó su modo "vamos a hablar", lo levantó sin ningún esfuerzo y puso al chico sobre su hombro como un costal para empezar a caminar fuera del bosque—. Luego hablaremos de su castigo por decir cosas así. Por ahora, vamos a la enfermería.

Severus se retorció, golpeó, pateó, gritó, amenazó e insultó. Harry sólo colocó un hechizo sobre sí mismo para no salir lastimado y otro sobre él para que no se le cayera por lo mucho que peleaba con su agarre. No le contestó a nada más, sino que dejó que siguiese y siguiese hasta que los gritos se volvieron palabras temblorosas y los insultos se convirtieron en sollozos.

Cuando alcanzó la enfermería vacía, dejó caer al adolescente sobre una de las camas y se puso a revisar los estantes hasta dar con una poción calmante que le tendió.

—¿Le duele algo? ¿Hay heridas que no haya notado con magia? —le preguntó Harry sin quitar los ojos del estante lleno de frascos con etiquetas.

Severus se había sentado en el borde de la cama y se tomaba la poción calmante con el rostro todavía húmedo por las lágrimas. Movió la cabeza sin verlo.

—¿Eso es un sí o un no?

—¡No lo sé! —La voz de Severus volvió a temblar y él siguió bebiendo la poción, frustrado.

Harry buscó el polvo de plata que se usaba para heridas de licántropos y empezó a caminar alrededor de él bajo la luz de la enfermería para otra revisión. Notó una parte del uniforme rota y algo de sangre, por lo que se sentó detrás de él para empezar a limpiar con magia y aplicar el polvo.

—Lamentablemente va a dejar cicatriz —le señaló Harry.

Otro movimiento de cabeza sin verlo.

—La licantropía no se transmite por garras así que no se convertirá con la luna llena.

Más movimientos de cabeza.

—Todavía pueden pasarle cosas raras como querer comer carne cruda o gruñir de repente o estar algo alterado por la luna llena, pero nada grave y todo se puede disimular.

Sin palabras, sólo el mismo movimiento de cabeza. Harry terminó de curarlo y pasó a sentarse en uno de los asientos de plástico junto a las camas.

Severus ya se había terminado la poción calmante y estaba jugueteando con el frasco vacío.

—Pasaremos la noche aquí e iré a comprobar a su compañero licántropo por la mañana —Harry regresó al tono suave—. ¿Necesita algo? ¿Comida, agua?

—No se puede tomar agua después de una poción calmante —le respondió Severus sin verlo—, me hará vomitar.

Respondió. Esa era su intención cuando se lo ofreció porque sabía que no había forma de que Severus Snape no le corrigiera algo así sin importar en qué época estuviesen.

Que dijese algo ya era un avance. Le estaba recordando a su Albus de adolescente. Estallidos o silencio y sin punto intermedio. Era preocupante.

—Quiero que sepa que no me parece bien lo que sus compañeros hicieron ni su actitud en general —le explicó Harry en voz baja—. Sé que si le decimos a Dumbledore no los va a castigar así que Draco es quien se está ocupando de eso. Igual usted estará castigado por la parte de "sangresucia", no debería usar esa palabra en ningún contexto, pero sé que estaba aterrado y el castigo no será junto con ellos, ¿de acuerdo?

De regreso a los movimientos de cabeza.

—¿Por qué le hizo caso al señor Black y fue hacia la casa?

Silencio.

—¿Quiere que ponga un hechizo de silencio antes de hablar?

Como no hubo respuesta, Harry sacó la varita y colocó el hechizo.

Severus siguió moviendo el frasco entre sus manos durante un rato en silencio y sin mirarlo.

Después comenzó a hablar.

Harry se acomodó y se dedicó a escuchar, apenas intervino con unos asentimientos, sonidos de entendimiento o para comentar dónde James y Sirius tendrían que haber sido castigados en todo lo que le contaba. Y había partes donde también le hubiese puesto un castigo a Severus, pero estaba bastante seguro de que él sabía cuáles y entendía por qué.

Si tuviese su edad, el Harry de quince años pensaría que es porque así funcionaba y había muchas cosas injustas, se avecinaba una guerra y no se podía hacer mucho.

Pero el Harry adulto se terminó preguntando dónde estaba el personal docente mientras todo esto pasaba para que Severus hablase y hablase y no hubiese una sola intervención adulta real y justa.

Era peor de lo que imaginaba por los recuerdos que llegó a ver, y cuando Severus por fin se durmió después del estallido, el llanto, la poción y hablar, Harry tenía un dolor de cabeza que no experimentaba desde la última tontería peligrosa de sus hijos.

Se quedó allí lo que quedaba de la madrugada, pendiente de que pudiese dormir sin despertarse aterrado y de que el polvo de plata en la herida sí hacía efecto.

Cuando vio los primeros rayos del sol entrando por la ventana, casi de inmediato recibió una nota de Draco. Le decía que estaba encerrado en la biblioteca con James y Sirius, que le parecía que sí entendieron el punto sobre que lo que pasó estuvo mal y preguntaba por Severus. Él le respondió que estaba bien.

Severus despertó cuando la enfermera apareció, algo sorprendida por la presencia de dos personas allí. Harry le comentó el tratamiento que ya le había dado, le pidió a Severus que se quedase en la enfermería, firmó un permiso para que faltase a clases y fue a la Casa de los Gritos.

Todavía tenía que revisar a Remus.

Harry no estaba seguro de qué esperar. No le parecía que las personas involucradas en este evento se preocupasen por si Remus estaba bien, pudo ser lastimado por magia por accidente (por improbable que fuese) o se encontraba aterrado por saber que casi mató a alguien así que llevó comida, chocolate y algunas pociones medicinales.

Remus estaba arrodillado en el suelo en medio de la cabaña. Una pequeña masa llorosa y temblorosa que quiso huir cuando escuchó a Harry acercarse.

Él exhaló, le puso su abrigo encima y se agachó frente al Remus adolescente.

—¿Estás herido? —Harry le tendió una barra de chocolate mientras lo preguntaba.

Remus observó el chocolate, luego a él, como si no entendiese por qué no lo llevaba a rastras hacia el Ministerio o lo encadenaba con magia.

—Snape-

—Él está bien —le aseguró Harry—, y si estás muy preocupado, después puedes verlo.

Remus asintió, todavía algo aturdido.

—Sé que tu amigo Sirius fue el de la idea, ¿él te avisó que quería hacer esto? ¿Tú le dijiste que estabas de acuerdo?

Remus sacudió la cabeza de inmediato, viéndolo con horror.

—Entonces no te eches la culpa —Harry partió el chocolate para darle un trozo—. Un hombre lobo no controla lo que hace cuando está así. Severus estará bien. ¿Tú estás bien?

El chico recibió el chocolate y le dio un mordisco. Luego asintió de forma casi imperceptible.

Harry le revolvió el cabello y se levantó, tendiéndole las manos.

—¿Puede pararse? ¿Necesitamos ir a la enfermería? Firmaré un permiso para que falte a clases, así que hoy sólo tiene que preocuparse por…

Harry llevó a Remus a la enfermería, comprobó que no llegó a ser lastimado por magia de ningún modo y le mandó una nota a Draco.

—0—

Ya había pasado la hora del desayuno cuando Draco se levantó de la silla y la quitó de la puerta. Los dos chicos siguieron sus movimientos con la mirada.

Él agitó la nota que acababa de recibir para que viesen que había una "noticia" de afuera y luego la quemó con magia.

—No voy a llevarlos al Ministerio.

Sirius soltó una exhalación aliviada y abrazó a James, que estaba tan angustiado que comenzó a preguntar si los llevaría a otro sitio en cambio.

Draco asintió.

—A la enfermería.

James y Sirius vieron que abría la puerta con una expresión que le recordó a la que tenían las personas que dejaban el Ministerio tras los juicios del final de la guerra.

Draco los hizo caminar con él y les habló en voz baja durante el trayecto.

—No estoy para nada de acuerdo con su comportamiento y quiero pensar que entendieron que estuvo mal y que no harán algo parecido de nuevo…

James asintió y codeó a Sirius para que asintiera también.

Cuando llegaron a la enfermería, Harry saludó y les indicó que había dejado desayuno para James y Sirius en una de las mesas. Los dos corrieron y casi se pelearon por los platos.

Draco caminó hacia las camillas, comprobó que Severus y Remus estaban bien y por fin pudo respirar tranquilo.

Nunca volvería a decir que sus chicos fueron difíciles de adolescentes.

Harry cerró la puerta de la enfermería y se paró frente a los dos Gryffindor que devoraban su desayuno.

—¿No tiene algo para decirle a su compañero que casi muere anoche, señor Black? ¿O a su amigo que pudo ser llevado por el Ministerio?

Sirius le dirigió una mirada que parecía decirle "no me está diciendo que haga eso, ¿verdad?" que Harry respondió arqueando las cejas y cruzándose de brazos.

—Lo siento, Remus —le dijo Sirius a su amigo de mala gana.

Harry carraspeó con fuerza y siguió mirándolo hasta que Sirius se quejó.

—Eso, Snivellus —Sirius rodó los ojos—, lo que acabo de decir.

—Las disculpas no suenan muy sinceras si usan un apodo despectivo —comentó Draco, encogiéndose de hombros—, ¿cierto, Harry?

—Cierto —Harry asintió.

Sirius soltó otro quejido.

—Severus —pronunció el nombre como si fuese un insulto—, lo mismo que le dije a moony.

—Eso es lo mejor que ha hecho en su vida —James intentó ponerse del lado de su mejor amigo—. Ni siquiera se disculpó conmigo la última vez que rompió mis lentes.

—¡Claro que me disculpé, James!

—Me dijiste "uy, qué mal", Sirius. No sé qué tanta disculpa sea esa…

Harry los detuvo antes de que discutieran por algo así y le habló a los cuatro.

—Miren, pueden enojarse, pueden odiarse si quieren, no necesitan volverse los mejores amigos. Pero una cosa es que alguien te caiga mal y otra cosa es…esto, ¿entienden? Van a tener sus castigos, sus lecciones, su supervisión, y si no son capaces de convivir como personas civilizadas, entonces esto va a terminar mucho peor para todos ustedes…y deja de hacerme caras, Sirius Black, sé que las estás haciendo.

Harry esperó a tener cuatro respuestas de acuerdo antes de suspirar y decirles que podían terminar su desayuno.

Cuando Sirius se enteró de que Remus tenía permiso para faltar a clases, preguntó en voz alta si James y él también lo tendrían y Draco le dio una mirada tan seria que Sirius terminó mascullando que mejor se iba a su primera clase y jalando a James con él.

—¿Qué dices? —Draco se acercó a Harry en cuanto sólo quedaron ellos dos y los dos adolescentes en sus respectivas camillas—. ¿Hay esperanza?

Harry lo pensó durante un momento y asintió.

—Necesito un poco más de tiempo. Sí creo que hay esperanza para Snape. ¿Qué hay de mi papá y Sirius?

Draco hizo un sonido de disgusto.

—Sí hay esperanza, sólo es agotador. Voy a añadir aprender a disculparse a la lista de "cómo no ser un perfecto imbécil".

—Bueno…tú no aprendiste a disculparte hasta que te casaste con Astoria…

Draco lo observó con incredulidad.

—¡Me disculpé contigo en los juicios! ¿No lo recuerdas?

Harry soltó un "ah".

—¿Eso fue una disculpa?

Draco se cruzó de brazos y giró el rostro en otra dirección, lo que lo hizo reír.

—Sí lo recuerdo, amor. Fue bastante agrada-

—No, ya me ofendiste, Harry. Estoy ofendido. Fui severamente ofendido el día de hoy.

Harry se quedó mirándolo con un puchero hasta que Draco también soltó una risita. Luego le dio un beso.

En las camillas, Severus y Remus intercambiaron miradas extrañadas y tomaron la decisión de no decir nada.