Brick entró a su residencia con paso firme, cargando a Blossom con cuidado. La acomodó en la cama con delicadeza, se sentó a su lado y, con una ternura poco habitual en él, le acarició el rostro, deslizando los dedos con suavidad por su mejilla.

El contacto cálido y delicado provocó una leve reacción en la joven. Blossom frunció ligeramente el ceño, emitiendo un pequeño quejido mientras su cuerpo se movía entre las mantas.

Él joven sonrió con emoción, observando con expectación cómo sus pestañas temblaban antes de abrir los ojos con esfuerzo. Ella parpadeó varias veces, tratando de acostumbrarse a la luz de la habitación. Intentó incorporarse, pero un dolor la detuvo en seco.

-No te muevas, solo descansa. -Le indicó Brick en un tono sorprendentemente dulce. -Si necesitas algo, yo te lo traeré.

Blossom lo miró y sintió el rubor subirle a las mejillas cuando los recuerdos de la noche anterior comenzaron a llegar en fragmentos: el calor abrasador, las manos firmes de Brick sujetándola, su respiración entrecortada contra su piel…

-Maldita sea… en verdad sucedió. -Susurró con incredulidad.

Él joven pelirojo soltó una carcajada divertida, mientras que ella se llevó una mano al hombro, donde una punzada de dolor le robó el aliento. Con cuidado, deslizó los dedos bajo la tela de la camisa prestada, rozando la piel sensible. Al apartar la prenda, sus ojos se abrieron con asombro. Allí, sobre su hombro, yacía una marca que su piel llevaba grabada como si fuera un sello.

-¿Me marcaste? -Su voz se quebró entre sorpresa e indignación, como si aún no pudiera creer lo que veía. -¿Estás loco?

-Completamente. -Murmuró Brick con una sonrisa peligrosa. Se acercó sin darle tiempo a retroceder, sus manos firmes tomaron su rostro y la beso. Fue un beso posesivo y exigente, como si con él reafirmara que ahora le pertenecia.

-¡Basta! -Exclamó Blossom, girando el rostro y empujándolo con torpeza por el pecho.

-Ayer me pedías más. -Susurró el joven con una chispa de picardía en la mirada, negándose a retroceder.

-Fue un error… No entiendo cómo llegamos a eso.

-Estabas en celo y yo solo te ayudé. Es todo lo que necesitas saber. -Replicó con tono suave, acariciando su mano con una ternura desconcertante.

Blossom presionó los labios. Sabía que eso no era cierto, pero señalarlo solo haría resaltar lo distinto que era ella, así que optó por cambiar el tema.

-Me duele el cuerpo y no me siento bien… Será mejor que vaya a casa.

Brick se levantó de la cama sin decir una palabra y salió de la habitación. Ella no le dio importancia, solo suspiro, frustrada consigo misma.

-¿Qué demonios hice? -Murmuró, pasándose una mano por la cara. -Esto me pasa por curiosa… Y al final, ni siquiera sé cómo es que habla mi idioma. ¡Tonta! Sabías que esto terminaría mal.

Con cuidado, se deslizó hacia la orilla de la cama. Sus piernas tocaron el suelo, y con esfuerzo trató de ponerse de pie… solo para caer de bruces contra la alfombra.

La risa de Brick llenó la habitación cuando regresó y la vio en el suelo.

-¿Estás cómoda? -Se burló.

-Mmm… No es gracioso. Me duele todo. -Se quejó, intentando moverse.

Él negó con la cabeza, divertido. Sin esfuerzo, la levantó entre sus brazos estilo princesa y comenzó a caminar fuera de la habitación.

-A ¿dónde me llevas? -Preguntó ella, mirándolo con recelo.

-A darte una ducha de agua caliente. Te aseguro que te sentirás mejor después de eso.

Entraron al baño, y él la depositó con suavidad dentro de la tina, sin siquiera quitarle la ropa. El agua tibia la envolvió de inmediato, y Blossom sintió un leve escalofrío recorrer su piel.

-¿El agua está bien? -Preguntó Brick, observándola con una media sonrisa.

Ella lo miró con asombro antes de asentir en silencio. Él tomó un pequeño frasco de vidrio y vertió unas gotas en el agua.

-¿Qué es eso? -Preguntó con desconfianza.

-Aceite de lavanda. Te ayudará a relajarte.

Él joven dejó el frasco a un lado y, sin previo aviso, intentó despojarla de su ropa.

-¡Ey! ¿Qué crees que estás haciendo? -Exclamó, intentando apartarse.

-No puedes bañarte con la ropa puesta.

-Me la quitaré cuando te vayas.

Brick se echó a reír, con una arrogancia que la desesperaba.

-¿Tienes vergüenza de que te vea? Por favor, ayer te vi todo.

-Eso fue diferente.

Él inclinó la cabeza, divertido.

-¿Diferente? -Luego la miró con un brillo travieso en los ojos. -¿Qué tal si me quito la ropa primero y me uno a ti? Tal vez así no sientas vergüenza.

-¡Qué? ¡No! -Gritó ella, roja como un tomate.

Brick se quitó la camisa y la joven, instintivamente, se cubrió los ojos con ambas manos, pero la curiosidad la traicionó. Poco a poco abrió los dedos y se permitió espiar un poco.

Frente a ella se alzaba un cuerpo masculino digno de una escultura: brazos fuertes, pectorales firmes y un abdomen tan bien definido que parecía cincelado. La jóven apenas podía evitar que su mirada recorriera cada centímetro de él, como si sus ojos tuvieran voluntad propia. Cuando llegó al cinturón de Adonis, su atención se detuvo y sintió su garganta secarse.

Los ojos se le abrieron con sorpresa, mientras un pensamiento cruzó su mente: ¿cómo era posible que ese miembro tan amplio y grueso cupiera dentro de ella? De pronto, entendió el motivo del dolor persistente en su vientre.

-¿Te gusta lo que ves? -Preguntó Brick en forma arrogante.

Ella bajó la mirada, abrumada por la vergüenza que le encendía las mejillas. Jamás había contemplado de frente un cuerpo masculino desnudo, y mucho menos con tanta atención.

-¿Acaso no tienes vergüenza?

Pero antes de que pudiera obtener respuesta, Brick ya se había metido en la tina con ella. Blossom intentó escapar, pero él la sujetó firmemente de la cintura y la atrajo sobre su regazo.

Su cuerpo se tensó de inmediato al sentir su erección presionando contra su trasero. Un estremecimiento recorrió su espalda, y dió gracias de que todavía tuviera su ropa interior puesta.

-Brick, basta, por favor. -Susurró, temblorosa. -Esto... está mal. Apenas nos hemos visto dos veces y no sabemos nada del otro.

-Podemos conocernos ahora. -Dijo con voz ronca y segura mientras acariciaba el brazo de la joven. -Pregúntame lo que quieras, te responderé sin titubear.

Ella lo miró, buscando en sus ojos alguna señal de burla, pero en esa mirada notó calidez y sinceridad, era su oportunidad de saber cómo comprendía su idioma.

-¿Cómo comprendes el dialecto de los humanos?

-Cuando era pequeño, tuve una nana híbrida. Mi madre falleció siendo yo apenas un bebé, así que ella me crió como si fuera su propio hijo, mientras mi padre se perdía en sus negocios. Aquel idioma era nuestro pequeño secreto, una forma de comunicarnos sin que nadie más entendiera... y también una manera de sentirme amado, protegido, en un mundo que a veces me parecía demasiado frío.

Ella bajó la mirada, conmovida por la ternura del comentario, aunque no pudo evitar sentirse triste ya que no era la respuesta que esperaba.

-¿Te decepciona mi respuesta? -Preguntó él, ladeando la cabeza.

Ella negó rápidamente.

-Dime ¿Por qué estás tan obsesionada con ellos?

-No estoy obsesionada.

-¿Me dirás que solo tu curiosidad te trajo hasta aquí? Ayer cuando descubriste que hablo ese dialecto, cambiaste conmigo por completo.

-Tu los has dicho solo fue curiosidad y ¿podemos salirnos de esta tina? Es realmente bochornoso estar así.

-A mi me gusta. Sigamos con las preguntas. ¿Amabas al tonto de tu ex novio?

-No es mi ex. Es mi prometido.

Brick soltó una risa baja y oscura antes de sujetarle la quijada con firmeza, obligándola a alzar el rostro y mirarlo directamente. Sus ojos brillaban con una intensidad posesiva.

-Voy a dejar algo bien claro, cariño. Me perteneces. Eres mía. Solo mía y no me importa lo que seas o lo que escondas… no voy a dejarte ir. Jamás.

Antes de que pudiera replicar, sus labios la silenciaron con una fiereza que le robó el aliento. Blossom jadeó contra su boca cuando una de sus manos atrapó su pecho con descaro, amasándolo, apretándolo y jugando con sus sensibles botones de flor, que se endurecían bajo su toque.

-Espera... -Logró decir entre el beso.

Pero Brick no se detuvo. Su mano descendió por su abdomen, rozando su piel con un hambre que la hizo temblar. Al sentir cómo se acercaba peligrosamente a su pelvis, la joven reaccionó por instinto, mordiendo su labio inferior.

Él se apartó, y lejos de enfadarse, sonrió y se relamió la sangre con perversión pura.

-Eso solo me excita más… ¿lo sabías?

-¿Por qué dijiste eso? -Preguntó ella, con la voz temblorosa y el pecho subiendo y bajando rápidamente.

-Por qué te deseo. -El joven intentó besarla de nuevo, pero ella lo empujó.

-No hablo de eso. ¿por qué dijiste que no te importa lo que sea o lo que esconda?

-Porque es la verdad. No me importa.

-¿Y cómo puedes asumir algo así? ¡No sabes nada de mí!

-Da igual. Lo único que debería importarte… es que te acepto por completo.

-¡No! -Espetó ella, con los ojos ardiendo. -¡No tienes ni la menor idea de nada! ¡Ahora déjame ir!.

-¿Por qué complicas las cosas?

-¡Tú eres el que lo complica todo! -Le gritó con rabia contenida. -¡No tenías derecho a tomar mi primera vez, ni a marcarme! ¡No soy tu maldita propiedad!

-Entonces no debiste buscarme. -Dijo él con calma. -Acepta que también tienes parte de la culpa.

-Solo estaba buscando respuestas… -Murmuró Blossom, bajando la mirada. -Quería saber si eras como yo. Por primera vez en mi vida, solo quería sentirme comprendida, aceptada… pertenecer a algo.

Sus ojos comenzaron a nublarse por las lágrimas, y su voz se volvió quebradiza. Brick tragó saliva, sintiendo un nudo en la garganta. Se acercó un poco más, sin invadir su espacio.

-Te entiendo. -Dijo en voz baja. -Yo también he deseado eso. Sé que no es fácil. Por eso, cuando descubrí que eras mi Mate, me emocioné como un idiota. Creí que sería como en esas estúpidas definiciones de los libros, o como en esas novelas cursis que tanto detesto… donde todo encaja, donde todo tiene sentido.

Blossom se rió por lo bajo al escuchar eso último.

-¿Por qué hablas como si fueras el único? Eres un Alfa, hay muchos como tú.

-No soy un Alfa querida, soy un Enigma y hasta ahora, que yo sepa no hay otro.

Ella abrió en forma de sorpresa los ojos al escuchar eso.

-¿Y tú qué eres? ¿Un ypsilon, un cappa?

-No soy nada de eso.

-No me dirás ¿cierto?

Ella bajo la mirada, Brick tomó su rostro, acaricio con su pulgar su mejilla y la miró con ternura.

-Blossom, en verdad no me importa lo que seas y tal vez creas que es estúpido, Pero siento que tenemos una conexión.

La joven lo miró a los ojos, algo en ellos le daba confianza y solo por esa única ocasión quiso confesar la verdad que pesaba sobre sus hombros a diario.

-Soy humana, Brick. Tal vez la única.

Él la miró fijamente, sorprendido.

-Es broma ¿cierto?

Ella no pudo evitar bajar el rostro y soltar lágrimas al escuchar esas palabras. Ahí comprendió Brick que no era una broma.

-Lo siento, es solo que es... Muy... Inesperado.

El acomodó su rostro entre hueco del hombro de la joven y la abrazo con fuerza.

-Pero no miento al decir que no me importa, prometo protegerte y guardar tu secreto.

Blossom finalmente dejó que las lágrimas fluyeran. Por primera vez en su vida, se sintió comprendida.

Ahora Brick entendía por qué ella no podia ir al hospital. De ahora en adelante debía de ser más cuidadoso con ella y obtener más de esa sustancia X.

~§~

La Banda Gangrena se encontraba reunida en un club nocturno lleno de humo y luces parpadeantes. El ambiente era ruidoso, pero la tensión en la mesa se sentía como una corriente eléctrica. Ace, el líder del grupo, estaba visiblemente molesto, su ceño fruncido y su actitud hablaban por sí solo.

-Imbécil... -Espetó con desprecio, limpiándose la boca con el dorso de la mano después de vaciar de un solo trago su cerveza.

Su mirada ardía con furia mientras la botella golpeaba la mesa con fuerza, haciendo que esta temblara. Con cautela, uno de sus secuaces, se atrevió a preguntar.

-Jefe, ¿está bien?

Ace lo fulminó con la mirada.

-¿Tengo cara de estar bien, genio?

El silencio se extendió unos segundos antes de que el subordinado respondiera con torpeza.

-No.

Ace tocó la mesa con el puño.

-Ese idiota nos humilló. Se llevó nuestra diversión y, para colmo, el jefe JoJo está muy molestó con nosotros.

-Pero eso no fue culpa de Brick… -Intervino Arturo, solo para arrepentirse al instante.

-¡Cierra la boca! Claro que fue su culpa. Estábamos a punto de divertirnos con esa chica, y el jefe habría entendido la situación. ¡Pero no! Perdimos contra él, y aún no me explico cómo.

-Tal vez si le pregunta a Bersek ella sepa.

Ace entrecerró los ojos con desprecio.

-Esa zorra... No quiero ni verla. Odio su vocecita chillona. ¿Por qué la mencionas?

-Porque ahí está. Con Brute y Brat.

-¿Brute?

Él joven giró la cabeza en dirección a donde señalaban. Su expresión de fastidio cambió de inmediato a una sonrisa. Se pasó una mano por el cabello, se acomodó la chaqueta y, sin pensarlo dos veces, le arrebató un vaso de vodka a uno de sus hombres antes de caminar con aire despreocupado hacia el trío de jóvenes.

-Pero miren nada más… dos tontas y un hermoso ángel que ha caído del cielo.

-¿A quién le llamas "tonta", imbécil? -Espetó una rubia de ojos azul cerúleo, cruzándose de brazos.

-¿Qué haces aquí, Ace? -Preguntó Bersek con evidente desdén.

Él hombre se acercó con paso firme, pero relajado, ampliando su sonrisa cuando sus ojos se posaron en Brute, una joven de belleza fiera y peligrosa con ojos verdes oscuros que siempre le había parecido particularmente atractiva.

-Sólo disfruto de la vista.

-¿Por que no te largas? -Gruño
Brute.

-No deberías estar Besándole el trasero a JoJo. -Habló Bersek en forma divertida.

-¿Y tú? -Soltó con una sonrisa burlona. -¿No deberías estar con el imbécil de tu noviecito? Ah, espera… -Chasqueó los dedos fingiendo haber recordado algo. -Olvidé que ya no es tu novio.

Los ojos de Bersek se afilaron peligrosamente.

-Cierra la boca. Brick es mío. Nadie más lo soporta como yo.

-En eso estamos de acuerdo. -Dijo Ace con sorna. -Pero anoche lo vi muy entretenido con una chica que parecía necesitada de atención.

La joven de cabello carmesí mantuvo la compostura, pero su mandíbula se tensó.

-Deja de inventar tonterías. Bersek lo tiene comiendo de su palma. -Intervino Brat, la rubia del grupo.

-Pues yo diría que anoche estaba comiéndose otra cosa.

-¿Quién era? ¿La conoces? -Preguntó Brute, con aparente curiosidad.

-No. -Respondió él, esbozando una media sonrisa. -Pero era un espécimen delicado… y hermoso. Esos ojos color morganita no se ven todos los días.

Ace disfrutó del brillo de furia en los ojos de Bersek, aunque su victoria se vio interrumpida por uno de sus hombres, que se acercó torpemente.

-Jefe, ¿ya le preguntó por qué su novio nos pudo ganar?

Él joven giró la cabeza lentamente, clavándole una mirada asesina.

-Cállate, Cerebro.

-Ah, ya entiendo… ¿toda esta sarta de estupideces es porque te pateó el trasero, ¿verdad?

-No me pateó el trasero. -Negó Ace, crujiente los puños.

-Nos ganó, y aún no entendemos cómo. -Agregó Serpiente, sin notar la ira creciente de su líder.

-¡Quieren callarse! -Bramó el líder del grupo. -¿Y qué hacen aquí?

Bersek, Brute y Brat se miraron y se estallaron en risas.

-Oh, Ace, Ace… -La de cabello carmesí negó con la cabeza-. Brick está en la cima de la jerarquía. No es un simple Alfa. Jamás podrás ganarle.

Él mencionado frunció el ceño, cruzando los brazos con fastidio.

-Por eso nos dio pelea… y se llevó a la chica sin esfuerzo. -Murmuró Billy, más para sí mismo que para los demás.

A Berserk le llamó la atención ese comentario. Billy podía ser un completo tonto, sí, pero también era brutalmente sincero. Si él lo decía, entonces había una gran posibilidad de que Ace no estuviera mintiendo. Y eso la inquietó más de lo que quería admitir.

-Vámonos, chicas. -Dijo Brat con un tono despectivo. -Si seguimos aquí, se nos pegará lo perdedor de estos.

Sin más, las tres dieron media vuelta y se alejaron. Brute notó la expresión hosca de su amiga de cabello carmesí y frunció el ceño.

-¿Qué pasa? ¿Por qué esa cara?

-Lo que dijo ese imbécil... parece que es cierto.

-¿Lo de la chica? No lo creo. Cualquier mujer que se acerca a Brick sale corriendo después de unos minutos. Tú eres la única loca que puede soportarlo.

Berserk se mordió la uña del pulgar, perdida en sus pensamientos. La noche anterior, Brick la había rechazado sin explicación alguna y simplemente se marchó. Y ahora, por más que intentara evitarlo, su mente no dejaba de llenarla de dudas y escenarios que la hacían arder por dentro.

-¡Miren, chicas! -Exclamó Brat con una sonrisa traviesa. -Unos alfas guapos nos están mirando.

Al otro lado del club, un grupo de hombres fornidos y bien vestidos se acercaban con miradas llenas de interés.

-Hola, preciosa. -Susurró uno de ellos, un castaño de ojos oscuros y mandíbula marcada, dirigiéndose a Berserk con una voz grave y seductora. -¿Te gustaría divertirte conmigo esta noche?

La de cabello carmesí le sonrió en forma coqueta. Él aprovechó el gesto para rodearla por la cintura y atraerla hacia su cuerpo con confianza.

Ella decidió que esa noche se divertiría y que mañana iría a casa de su novio para averiguar que había sucedido. Brick era solo suyo. Había trabajado en él como quien pule un diamante: moldeándolo, soportando sus altibajos, haciéndose un lugar en su vida. Él era su pase al mundo que siempre había querido. A esa vida de poder, respeto y estatus. Y no pensaba perderlo por nada del mundo.

~§~

Había pasado apenas un día desde que Blossom se recuperó, y desde entonces, Brick no le quitaba los ojos de encima. La observaba con cautela, como si temiera que se rompiera en cualquier momento. La cuidaba con la delicadeza con la que uno trataría a una muñeca de porcelana.

Para Blossom, toda esa atención era abrumadora. jamás había recibido tanto cuidado ni afecto por parte de un hombre que no fuese su padre. Ahora se encontraba en la cocina, sentada a la mesa mientras Brick le servía un almuerzo saludable que acababa de preparar con sus propias manos.

-Brick, esto es ridículo. Es demasiada comida y ya me siento mejor. Quiero irme a casa, mis hermanas deben estar muy preocupadas por mí.

-Ellas saben que estás conmigo. -Respondió con naturalidad, como si eso lo resolviera todo. -Ahora come. Estás demasiado delgada y pálida. Así no podrás concebir y dar a luz a nuestros cachorros.

Blossom se atragantó con el aire y lo miró con los ojos abiertos de par en par.

-¡D-Deja de decir esas cosas! Porque no va a suceder. En primer lugar, es muy difícil que una humana quede… preñada.

Brick apoyó un codo en la mesa y sonriendo con picardía.

-Difícil, pero no imposible. Además, si es necesario, lo intentaremos más de una vez al día.

Blossom se sonrojó intensamente ante aquel comentario y, con un gesto instintivo, se cubrió el rostro con ambas manos. Brick estalló en carcajadas al ver su reacción, disfrutando del evidente nerviosismo de la joven. Sin embargo, la calma se rompió de golpe cuando el timbre sonó insistentemente, acompañado por golpes secos y desesperados en la puerta principal.

-¡Brick! ¿Por qué diablos cambiaste el código? ¡Abre la maldita puerta! -Una voz femenina, llena de furia, atravesó las paredes.

Él joven tensó la mandíbula y se levantó de golpe, su expresión se tornó dura y peligrosa. Blossom sintió un escalofrío al notar el cambio en su semblante.

-¿Quién es? -Le preguntó la joven.

-Alguien que no debería estar aquí. -Respondió con frialdad, sin apartar la vista de la puerta. Luego se giró hacia ella, con una seriedad implacable. -Ve al cuarto y quédate ahí.