*Hace cinco años*
Era un día común y corriente, el sol salió por el este como siempre, los pájaros cantaron, las personas hicieron su rutina diaria yendo a sus respectivos trabajos, la cotidianidad de siempre, el desayuno habitual, la música que escuchaba cada mañana antes de salir de casa, atender misiones, acatar órdenes, entrenar, todo era como debía ser para el futuro capitán de la marina quien en ese entonces seguía siendo un novato en ascenso con 21 años cumplidos que tenía poco tiempo desde haberse independizado, aunque aún recibía apoyo monetario de vez en cuando, pues su padre era bastante sobreprotector y siempre exageraba con sus cuidados. Cora-san solía decirle que se regresara a vivir con él en tanto se hacía de un grado mayor, pero Law no quería seguir aprovechándose de la amabilidad del hombre que lo había cuidado desde su adolescencia.
Como sea, al ser un día tan normal, el futuro capitán nunca se imaginó que pudiera pasar algo que afectara su rutina. Es por eso que se sorprendió en demasía, cuando a pocos pasos de llegar a la entrada del departamento que rentaba, de pronto sintió cómo alguien lo jaló de la mano para meterlo a un callejón vacío. Ante eso, el marine rápidamente se puso a la defensiva intentando desenvainar su espada, pero su atacante, sabiendo lo que haría, rápidamente lo tomó de la muñeca evitando que este hiciera algo estúpido. El sujeto en cuestión no es como que fuera aterrador, de hecho era bastante pequeño, sabía que podía noquearlo con facilidad de ser requerido, este llevaba una capucha negra cubriendo su rostro por lo que no alcanzaba a distinguirlo, pero aún así, pese a que se veía delgado y frágil, debía admitir que la fuerza aplicada en su brazo era abrumadora, pues ni siquiera podía moverse; es así como pensó en formar un pequeño room para intercambiar sus lugares cuando el extraño de pronto levantó la mirada para enfrentarlo, acto que lo descolocó.
—Soy yo Law —murmuró suavemente— ¿Puedes dejarme entrar? Sería problemático que alguno de tus compañeros o superiores me viera por aquí.
—¡Julietaaaa! —gritó de forma alegre con un tono de voz completamente cargado de ternura que hizo sobresaltar al contrario —¡¿Qué haces aquí?! —preguntó al momento que lo acurrucaba rápidamente entre sus brazos.
—O... Oi... Qué... ¿Qué haces? —preguntó el mencionado al momento que sus mejillas se sonrojaron y hacía el esfuerzo de separarlo, pero sin aplicar demasiada fuerza en realidad— Ya... Ya... ¡Ya te dije que dejes de llamarme así! —regañó frunciendo el ceño e inflando sus mejillas de aire al notar que el marine no lo escuchaba— O... Oye... Laaaaw —musitó aún más avergonzado— Po... Podrían vernos si sigo en la calle.
—Quería verte... —confesó aún sin despegarse de su abrazo el cual se notaba bastante posesivo y desesperado en realidad.
—Que... ¿Qué cosas estás diciendo? —mencionó mucho más avergonzado— E... Ey...
—Ven —dijo para después tomarlo de la mano y jalarlo de nuevo a la calle principal para rápidamente sacar las llaves de su apartamento y meter al menor en su interior en donde éste por fin pudo quitarse la capucha permitiendo que el marine pudiera verlo en su esplendor.
Frente a él estaba ese chico pelinegro de gestos dulces que tanto adoraba, piel semi tostada, con una enorme cicatriz posicionada a la altura de su ojo izquierdo y parte de la mejilla producto de una quemadura, llevaba puesto camisa de vestir de manga corta color negro, guantes, un chaleco y pantalones de vestir color lapislázuli, así como una corbata blanca con el nudo un tanto suelto, unas botas negras altas, con la única diferencia de que este día no estaba usando su típico sombrero de copa, pues trataba de pasar desapercibido por la ciudad, el chico se veía bastante apuesto ya a sus 17 años de edad.
—¿Mmmm? Así que éste es el lugar dónde vives ahora —mencionó el revolucionario observando el lugar mientras comenzaba a quitarse los zapatos para poder ingresar al anterior— ¿Por fin eres un adulto responsable? —se burló.
—Siempre he sido responsable —se encogió de hombros solo para después imitar al contrario no sin antes ofrecerle a este un par de pantuflas de invitados para que pudiera estar mucho más cómodo, colgando también su abrigo en el perchero— ¿Qué te trae por aquí? —preguntó entusiasmado.
—Tenía una misión cerca —confesó— Aunque no te daré detalles... No soy tan estúpido como para darle información al enemigo.
—¡Qué cruel! —se quejó inflando sus mejillas en un pequeño puchero— Nunca haría nada para perjudicarte, somos amigos ¿Sabes?
—Qué amistad tan más rara —rió alegremente— ¿Cuánto tiempo ya?
—Tres años.
—¿Tanto tiempo? —dijo impresionado— Vaya... Y pensar que antes solíamos juntarnos más seguido. Cuando ninguno de los dos tenía tantas responsabilidades... —suspiró nostálgico— Aún recuerdo cuando te salvé de aquél patético marine aún cuando sólo tenía 14 años de edad —se burló— ¿No fue vergonzoso para ti Law?
—O... ¡Oye! ¡Estuve a punto de defenderme! ¡Lo hubiera detenido aún si no hubieras intervenido!
—¿Así es cómo le agradeces a tu salvador? —contestó ofendido.
—Bien... Te dejaré creer eso sí te hace feliz —respondió encogiéndose de hombros— De cualquier forma, me alegra que haya sucedido de esta manera porque así pudimos conocernos.
—¿Ohhh? ¿Te pondrás sentimental ahora? ¿Te traigo la botella de alcohol para acompañar tu melancolía? —se burló volviendo a reír suavemente.
«Dios... La risa de Luffy-ya es tan encantadora, tiene una voz tan bonita, podría escucharla toda mi vida» pensó el hombre de blanco totalmente embelesado por todo el asunto sintiéndose en el paraíso sólo por estar parado enfrente de su gran amor. Hacía ya algunos meses que no sabía nada de él más que mediante cartas, así que había estado con el corazón en un puño, ya que sabía que el menor arriesgaba su vida diariamente en la armada y no soportaba la angustia de no saber nada de él.
—¿Me invitarás a sentarme o nos quedaremos parados cerca del portón todo el rato? —preguntó el chiquillo obteniendo nuevamente la atención del mayor
—Oh sí... Cl... ¡Claro! ¡Pasa, pasa! ¡Siéntete como en tu casa! —respondió nervioso al momento que festejaba internamente por soler realizar limpieza de manera habitual, ya que de lo contrario se sentiría completamente avergonzado de que el revolucionario viera dónde vive.
Una vez dentro, Trafalgar invitó al menor a ponerse cómodo en el sillón posicionado en el centro de la sala, el departamento tenía solo dos habitaciones, baño y una cocina pequeña, el espacio era reducido pero acogedor. Pese a que el aspecto era humilde, Luffy admiró que el mayor pudiera por fin permitirse su propio espacio sin estar todo el tiempo siendo perseguido por su padre sobreprotector, el cual por lo general no lo dejaba salir de casa muy tarde, muchas veces Law había tenido que escaparse de casa para verlo.
Fue así como pasaron lo que quedaba de la tarde platicando y poniéndose al corriente sobre sus respectivas vidas. En varias ocasiones, Law regañó al menor por meterse en misiones tan temerarias que había logrado enterarse no sólo por los informes de la marina, sino también porque habían salido en las portadas de los periódicos, pues Luffy-ya siempre solía ser la persona encargada de ir al frente de batalla. El revolucionario, ante sus reclamos, sólo podía reír pues sus nakamas también lo solían regañar por actuar siempre de forma imprudente sin pararse demasiado a analizar la situación.
Fue a eso de las ocho de la noche, cuando un sonido proveniente de afuera llamó la atención de Luffy quien rápidamente se levantó de su asiento para dirigirse al pequeño balcón con vista al mar, sorprendiéndose por ver fuegos artificiales en el cielo. Ante la vista, el menor exclamó un grito de sorpresa al momento que sus ojos se volvían brillosos, todo esto mientras recargaba su barbilla en la baranda observando el espectáculo maravillado.
—Es cierto... He estado tan ocupado en el trabajo que había olvidado que era esta época del año —murmuró el marine sin despegar su vista de Luffy quien se veía absolutamente encantador con los destellos de luz alumbrando su rostro y esa emoción inminente naciente en sus gestos— Es el evento local de la isla vecina, suelen realizar un festival por estas fechas.
—Es increíble —dijo al momento que una sonrisa sincera se plantaba en sus labios al momento que sus mejillas empezaban a sonrojarse— hace mucho que no veía fuegos artificiales —confesó— Generalmente sólo veo explosiones y destrucción.
—O... Oye Julieta...
—Laaaaaw... ¿Por qué insistes en llamarme Julieta? —preguntó arqueando una ceja— ¿Buscas molestarme?
—Por... ¡Por supuesto que no! —se apresuró a contestar colocando sus palmas enfrente de sí a modo de protección— Es solo que yo... Eh... No lo sé, se me hizo costumbre —desvió la mirada sin querer admitir que su apodo era debido a esa tragedia romántica de los amantes divididos por bandos diferentes.
—Como pensaba, sí que quieres disgustarme —respondió volviendo a inflar sus mejillas— ¿Qué pasaría si mis nakamas te escuchan? ¡Sería la burla, Law! —replicó.
—Yo... ¡Yo jamás te llamaría así enfrente de los demás Julieta! —replicó ofendido «¿Por qué querría que otros se enteren de la manera en la que yo y sólo yo te llamo» pensó lo último un tanto posesivo a lo que Luffy optó por simplemente suspirar y negar con la cabeza sabiendo que el marine seguiría haciendo lo que se le viniera en gana por mucho que replicara.
—Ju... Julieta —el revolucionario volvió a fruncir el ceño— Luffy-ya —se corrigió— Tú... Se puede saber por... Porque viniste a... Es decir... Tú viniste aquí por... —guardó silencio al no querer preguntar si realmente sólo había venido a ese lugar a verlo específicamente a él, pues no quería sonar ególatra.
—También quería verte —respondió sin apartar su vista de las luces en el cielo.
—E... ¿Eh? —exclamó impresionado al tiempo que sus mejillas se sonrojaban, cosa que el contrario no notó pues no lo estaba viendo.
—Eres una de las personas más cercanas que tengo ¿Sabes?, aparte de mis nakamas, claro —rió por lo bajo.
—¿Ah sí? —preguntó tímidamente juntando sus dedos índices comenzando a hacer pequeños círculos con estos.
—Es extraño... —mencionó con tono tranquilo— Por lo general no me hago amigo de la gente de afuera... Es decir... No es como que tenga tiempo para tratar con gente "normal" y mucho menos con un marine.
—O... Oye, no lo digas de ésa manera. Entiendo que odias a la marina, pero... Pero lo haces sonar como si tú y yo fuéramos enemigos.
—Pues... ¿No es eso lo que somos? —preguntó un tanto divertido— Yo soy un revolucionario, tu deber es capturarme, no mirar fuegos artificiales a mi lado.
—Bueno sí, pero... Yo nunca haría eso —musitó bajito— No contigo por lo menos.
—Jajajajaja —soltó una amplia carcajada que sonó como música para los oídos del mayor— ¿Qué dirían tus superiores si te escucharan decir eso? Podrías terminar en la cárcel por esa simple declaración.
—¡Que me encierren! —declaró orgulloso— No me volví marine para seguir las reglas del gobierno al pie de la letra ¿Sabes?, sigo mi propia justicia.
—Sí... Eso es lo que me gusta de ti —musitó tan quedito que el marine no alcanzó a escuchar.
—¿Dijiste algo? —preguntó inclinándose un poco a la altura del menor para intentar pegar su oído pues presentía haberse perdido algo importante.
—No es nada... Sólo estaba pensando en el pasado —cambió el tema— ¿Sabes que cuando te enlistaste en la marina fue como darme un gran golpe en el estómago?
—¿Cómo? ¿Por qué? —preguntó extrañado— Sabías que mi padre es Vicealmirante de la marina y que planeaba seguir sus pasos.
—Decirlo y hacerlo son cosas totalmente diferentes —suspiró— Eres un superviviente de Flevance... Sé que debes odiar mucho más al gobierno mundial que yo —mencionó frunciendo el ceño— En el fondo tenía la esperanza de que me pidieras enlistarte en el ejército revolucionario... Te habría recomendado sin dudarlo si me lo hubieras pedido.
—Julieta... Tú... ¿Realmente querías eso? —preguntó impresionado— ¿Por qué nunca lo mencionaste?
—¿Y cómo se supone que lo hiciera? —bufó por lo bajo al momento que volteaba a verlo por primera ocasión, aún con ese rostro deslumbrante que hizo que el corazón del marine brincara en su lugar— Te veías tan feliz hablando de tu sueño de cambiar al sistema desde dentro que... Simplemente no pude proponerlo.
—Luffy-ya... Tú...
—¡A ver si me alcanzas! —interrumpió el menor al momento que brincaba del balcón en un movimiento ágil sólo para después empezar a correr hacia el acantilado para tener una mejor vista hacia el mar.
—¿Qué? E... ¡Espera! ¡Te van a ver! —gritó asustado al momento que activaba su habilidad para comenzar a seguir al contrario.
—¡Eres muy lento Law! —gritó aún sin dejar de reír al momento que seguía mirando hacia el cielo aún maravillado por el espectáculo de luces.
—¡Detente! —gritó el marine agarrando la muñeca del revolucionario antes de que éste diera un paso en falso hacia el vacío— ¡¿Estás loco?! ¡¿Acaso quieres morir?! ¡Sabes que soy usuario de fruta del diablo! ¿Qué se supone que haga si caes al mar? —regañó.
—No pasa nada Law —le restó importancia sólo para momentos después girar sobre sus pasos para seguir observando el horizonte— Deberías relajarte de vez en cuando, a veces eres tan apretado.
—Pff... ¿Me lo dice el adicto al trabajo?
—Oye ¡Yo no soy adicto al trabajo! Es decir... Estoy aquí ¿No? —extendió sus brazos al tiempo que se asomaba levemente al vacío ante la atenta mirada de Trafalgar quien tenía los nervios de punta pues no deseaba que diera un paso en falso al agua— Si yo fuera un adicto al trabajo estaría haciendo una misión en éste mismo instante ¿No lo crees?
—Supongo que tienes razón —sonrió.
—Oye Law... ¿No es aburrido quedarse en esta pequeña isla todo el tiempo? —preguntó curioso— Yo he visto todo tipo de lugares en mi travesía, no me imagino lo que es estar constantemente en un solo sitio.
—Está bien para mí, quiero volverme el capitán de esta sede para poder cuidar a las personas de aquí— confesó— El capitán actual... No es muy bueno —admitió— La confianza de las personas está fragmentada porque hay muchos miembros corruptos. Este lugar es un desastre ¿Sabes? pienso que si puedo tomar el mando... Podría restaurar la fe de los ciudadanos. Supongo que no es el gran sueño que tenía en un principio pero es algo.
—Eso es genial —confesó— Supongo que intentas volver a tus raíces ¿No?
—¿A qué te refieres con eso?
—Es decir, perdiste tu casa, tu familia y a tus amigos. Tuviste a Rosinante, pero siempre estuvieron mudándose de ciudad en ciudad debido a su trabajo... Ahora buscas formar tu propio hogar ¿No es cierto?
—Ahora que lo dices... Supongo que es cierto, no me había dado cuenta hasta ahora.
—Que bien debe de sentirse tener un lugar a dónde pertenecer —sonrió tristemente— Yo... Ni siquiera recuerdo mi hogar, sólo sé que hay una razón por la que no quiero volver.
—Espero que algún día recuperes tus recuerdos... Debe ser difícil para ti.
—Lo es... Sé que hay algo importante que estoy olvidando, pero... Como dije, no quiero volver a ese lugar, al igual que tú, no tengo un hogar en la actualidad.
—En ese caso... ¿Por qué no vienes aquí cuando todo esto termine?
—¿Eh? ¿A qué te refieres? —preguntó extrañado— ¿Terminar qué?
—Cuando pueda convertir a esta isla en un lugar digno para vivir y tú puedas derrocar al sistema... Entonces no tendrás que esconderte más, porque ya no existirá el gobierno mundial ¿Verdad? ¿Por qué no vienes tú también? Si no tienes un hogar... Este podría ser el tuyo.
—Law... Qué... ¿Qué estás diciendo? —tartamudeo al momento que sus mejillas se coloreaban de un hermoso tono rosado.
En ese momento, el cielo nuevamente se iluminó por un montón de fuegos artificiales, uno detrás de otro, lo que anunciaba el final del evento, dando así un último show de explosiones coloridas simultáneas, acto que ninguno de los dos pudo apreciar, pues en ese mismo instante, el marine se había acercado lentamente al contrario, el cual al ver la acción se alejó inconscientemente, pero el mayor tomo la barbilla del revolucionario para que este no pudiera escapar y así juntar sus labios, acto que hizo que el menor se congelara por unos instantes, sólo para después empezar a corresponderle suavemente, con movimientos torpes y desacompasados que hicieron que el mayor se sintiera en el cielo.
Fue así, que un poco más animado por el ambiente, decidió rodear la cintura de Luffy para tratar de profundizar el contacto, pero en cuanto el menor sintió el mínimo contacto de los dedos de este rozar sus caderas, en ese momento algo en la mente de este se quebró y toda la chispa y ambiente que habían formado hasta en ese tiempo se rompió, pues al inicio, Trafalgar pudo sentir como el menor dejó de corresponderle, lo cual lo extraño al inicio, pero cuando este inmediatamente después de eso lo empujó fuertemente haciendo que terminara de espaldas en el suelo, solo hizo que aquel sentimiento de extrañeza fuera aun mayor, puesto que pensó que él también estaba disfrutando del contacto.
En cuanto el marine se recompuso del shock causado y justo cuando, aún en el suelo, iba a preguntarle qué hizo mal, fue cuando tuvo que obligarse a guardar silencio al observar el gesto contrario, el cual era un completo poema, lo que lo hizo levantarse lentamente debido a la preocupación. El rostro del revolucionario se había deformado en uno de total dolor, miedo y desesperación, al momento que su labio inferior y cuerpo en general temblaban, sus ojos estaban en blanco y se veían apagados, con la pupila contraída y la mandíbula desencadenada en una expresión de completo terror, tenía sus manos delante de sí, viendolas fijamente temblar erráticamente como si estas fueran la cosa más interesante del mundo, para que estas terminaran en su rosto y finalmente arrastrarlas hacia su cabello el cual sujetó con fuerza entre sus dedos
—Esto está mal —murmuró en un tono de voz apenas perceptible mientras negaba con la cabeza— Esto está mal, esto está mal, no debí... yo... —soltó en un gesto de frustración que descolocó al marine.
—Ey... Luffy-ya por qué estás... —acercó su mano para intentar agarrar el rostro del menor, pero este lo apartó de un manotazo, con miedo y culpa en sus ojos y este sentimiento solo aumentó al ver la expresión de inquietud del contrario, sintiendo como las lágrimas se comenzaban a formar en sus ojos y antes de que pasara algo más o siquiera derramar una sola gota de líquido por sus ojos, echarse correr nuevamente, esta vez sin esperarlo, sin mirar atrás en ningún momento, ni reducir la velocidad para que pudiera alcanzarlo y... Dejándolo totalmente destrozado, pues en ese mismo instante, supo que la había cagado en grande.
*De vuelta a la actualidad*
Después de que Torarine rememorara el trágico incidente que provocó que su Luffy se volviera frío y cortante con él, no pudo evitar volver a sentirse como un completo imbécil. En ese momento creía entender al revolucionario, llevaban tres años de amistad y eran lo suficientemente cercanos como para que él se sintiera cómodo al contarle sobre Flevance y este también le hablara sobre su pérdida de memoria, podría decir que incluso eran uña y mugre. Tampoco es como que rechazara sus muestras de afecto, aunque se quejaba de que fuera tan "cariñoso", la verdad es que nunca lo apartaba, no como lo había hecho aquella noche y como lo haría de ahora en adelante cada que lo viera. El marine creyó que era correspondido, realmente pensó que su Julieta se sentía de la misma manera que él, pues muchas veces había notado esas pequeñas señales de que lo quería igual. Aún en la actualidad, el menor seguía mandándole señales confusas y aunque ya no hablaban tanto como antes, seguían enviando correspondencia bajo un seudónimo falso para que nadie sospechara que se comunicaba con uno de los criminales más buscados por el gobierno mundial.
Pese a que se mandaban cartas de forma cotidiana, la verdad es que después de ese incidente nada volvió a ser igual, el revolucionario era muy expresivo aún a través de la escritura, pero si llegaban a tener llamadas telefónicas o lo veía en persona, este se comportaba como un témpano de hielo y es por eso que desde entonces jamás había vuelto a hacer el intento por confesar sus sentimientos hacia él, pues le daba miedo arruinarlo más de lo que ya había hecho.
—Ey... Acércate un momento —la voz de su contraparte en la celda de la derecha hizo que el marine volviera a la realidad.
—¿Qué pasa Torao-kun? —preguntó curioso al ver como el contrario hacía un gesto con la mano para indicarle que se acercara mucho más— ¿Qué pasa? ¿Qué pasa? ¿Me contarás un secreto? —bromeó divertido al momento que acercaba su oreja a la celda para saber qué quería.
—¿Puedes hacerlo? —preguntó tras finalizar con su petición.
—Por supuesto —sonrió.
—Bien... —contestó volviendo a recostarse en la cama.
—¡Ey! ¡¿Qué tanto murmuran allá al lado?! ¡¿Qué fue lo que le dijiste Torao?! ¡Yo también quiero saber! —gritó el monito pero no recibió ninguna respuesta de su parte lo que volvió a hacer que este se fastidiara al recordar nuevamente su discusión.
Así pues, ambos hombres volvieron a quedarse en silencio hasta que dieron las 10:30 de la noche. Luffy había seguido hablando con Torarine hasta el momento, pero ya empezaba a sentirse cansado por lo que le dijo al marine que dormiría ahora a lo que éste asintió con la cabeza y el menor regresó a su cama intentando acomodar la almohada para no estar tan incómodo a pesar de lo horrible que era el colchón. Fue así como justo cuando se envolvió entre la cobija y cerró los ojos para intentar dormir, repentinamente sintió un bulto posicionarse encima de él lo que hizo que volviera a abrir sus párpados sólo para observar cómo Bepo 2 estaba ahora encima de su cuerpo.
—¿Eh? —alcanzó a exclamar confundido sin entender porque estaba eso allí.
—Buenas noches, Mugiwara-ya —alcanzó a escuchar al tatuado desde el otro lado de la pared lo que le hizo entender que esto fue lo que este le pidió de favor a Torarine y fue allí mismo cuando comprendió la verdadera razón por la que el tatuado insistió en llevarse aquél objeto consigo.
—Torao... —murmuró triste al momento que abrazó fuertemente al peluche sintiéndose un completo idiota por haber dudado de su novio y sentir celos de un objeto inanimado— Toraaaaaaaaaaaaaao —repitió ésta vez llorando sin despegarse de Bepo 2— Toraao, no quiero estar aquí, quiero estar contigo... Perdóname por hacerte enojar —gimoteó completamente triste.
—Está bien Lu, no llores —intentó animar sintiéndose miserable por no poder consolarlo como es debido— No te preocupes por eso, ya pasó...
—¡No! ¡No es correcto! —gimoteo— Yo sólo quiero que estemos bien.
—Estamos bien, ya no estoy molesto... No te preocupes, estoy aquí.
—¡No estamos juntos! —reclamó el momento que se levantaba para enfrentar al marine— ¡Torarine! ¡Torarine, déjame dormir al lado de Torao!
—No puedo hacer eso Luffy-ya —respondió con el corazón roto— Me asignaron vigilarlos pero... A Vergo no le haría gracia que los junte en la misma celda cuando me ordenó específicamente separarlos.
—¡Quiero estar con Torao! ¡Por favooooooor! ¡No quiero estar aquí! ¡No me gusta! —gritó al momento que su llanto se hacía mucho más melancólico— Torarineeeeeeeeeeee, odio dormir solo
—Luffy-ya...
—Haré lo que quieras, pero no me dejes aquí —suplicó.
El marine quien tenía corazón de pollo, realmente no soportó mucho de ver a un Luffy totalmente roto por lo que rápidamente se apresuró a utilizar su poder para poner al monito al lado de su novio ignorando así las órdenes de su superior, cosa que poco le importó, pues ciertamente no le gustaba sentirse como un completo monstruo por dejar al chiquillo llorando toda la noche.
Cuando el monito se encontró en la misma cama que su aliado, éste no dudó en soltarse a llorar a moco tendido al momento que buscaba refugio entre sus brazos. El capitán de los piratas Heart, porsupuesto aceptó el gesto y empezó a acariciar los negros cabellos de su novio con su mano izquierda mientras que con la derecha sobaba la espalda de este con movimientos circulares tratando de darle algo de confort.
—Está bien... Está bien, Lu... Estoy aquí —murmuró dulcemente— Ya no llores... Estoy a tu lado —decía pero los lloriqueos del menor no se detenían por lo que simplemente enterró su nariz en la cabeza de este dándole besitos mientras lo dejaba desahogarse.
—Oh por Dios... Esto es tan trágico —chilló el marine mientras sacaba un pequeño pañuelo de su bolsillo con el cual empezó a secar sus lágrimas— Dos enamorados inculpados injustamente y compartiendo el mismo triste destino mientras luchan contra el injusto gobierno que los condena sin pruebas... Podría escribir una novela de esto.
—¿Puedes dejarnos solos? —se quejó el tatuado quien a pesar de su vergüenza seguía haciendo esfuerzos sobrehumanos por calmar a su pareja, al mismo tiempo que intentaba ahuyentar a la peste.
—Me gustaría hacerlo... Pero tengo que hacer guardia —respondió el marine aún gimoteando con su pañuelo en mano.
—To... Torao... —alcanzó a pronunciar hipeando entre frases.
—¿Qué pasa? ¿Qué necesitas? —preguntó dulcemente al momento que empezaba a llenar su rostro de cortos besos limpiando sus lágrimas en el proceso con su dedo pulgar sin dejar de apapacharlo.
—Me... ¿Me perdonas? —preguntó una vez que el mayor dejó de llenarlo de besos y juntaron sus frentes— Yo... No era mi intención hurgar en tu pasado... Solo... Solo quería... Yo sólo quería —tartamudeo al momento que nuevas lágrimas empezaban a acumularse en sus ojos las cuales el tatuado rápidamente se apresuró a besar.
—Lo sé Lu, lo hiciste por mí ¿Verdad? —preguntó— ¿Estabas preocupado? ¿Te asusté mucho?
—S... Sí —confesó— No... No llores Torao... Si Lammy no está contigo, yo estaré a tu lado... No te dejaré solo.
«Así que la Lammy de ese sujeto también murió ¿eh?» pensó el capitán de los piratas Heart mientras anotaba esa nueva información mentalmente intercambiando una rápida mirada hacia el marine quien también pareció verse afectado por dicho comentario «¿Él también? ¿Será que los tres experimentamos el mismo destino en Flevance? ¿En qué medida compartimos historia?».
—¿No quieres? —preguntó el monito herido al no recibir respuesta.
—Claro que sí amor, con estar a tu lado me haces más que feliz... Gracias por ser parte de mi vida —sonrió dulcemente— Tú también perdóname Lu... No quise dar a entender que desconfiaba de ti pero... No me agrada ese sujeto, sé que eres fuerte y capaz de defenderte por cuenta propia, nunca he dudado eso.
—Está bien Torao, tienes razón en molestarte —confesó tímidamente— Entiendo por qué no te agrada... Yo también me enojé y eso que sólo fue por un mísero peluche ¿Me perdonas también por no preguntarte a ti primero?
—Sí, ya no te preocupes por eso.
—¿Entonces estamos bien? —preguntó con ojos brillosos.
—Claro que sí Lu, estamos bien —contestó para después sellar su reconciliación plantando un nuevo beso en sus labios el cual duró unos pocos segundos antes de que el chiquillo se separara y soltara una breve risita para después volver a abrazarlo por el cuello.
—Waaaaaaaaaaaahh... ¡Esto es lo más bello que he visto nunca! —exclamó el hombre de blanco quien ahora lloraba y moqueaba fuertemente— ¡Qué bonito es el amor! ¡Mirarlos me hace recuperar la fe en la vida! ¡Vivan los noviooooos! —gritó mientras empezaba a aplaudir fuertemente dejando correr sus lágrimas restantes sin pena alguna.
—¡¿Quieres largarte de una buena vez?! —gritó el capitán de los piratas de corazón al momento que su rostro enrojeció por completo y su expresión se deformaba en una de completa irritación, frustración y sobre todo, vergüenza.
—Te lo dije... Tengo que hacer guardia —replicó sin inmutarse ni dejar de aplaudir.
—¡Sólo quieres estar de chismoso! —replicó.
—¿Y para qué te digo que no? —confesó.
—¡Desaparece! —gruñó ya bastante fastidiado.
—Ok... Ok... No necesitas actuar como animal salvaje, los dejaré solos... Por veinte minutos solamente —analizó— ¡No se te vaya a ocurrir hacer nada raro! —advirtió a su contraparte— ¡Estaré cerca así que si escucho ruidos extraños volveré! —mencionó al momento que hacía un gesto con los dedos de que lo estaba vigilando.
—Pff... Qué sujeto tan molesto —refunfuñó el tatuado una vez que se quedaron solos.
—Oye Torao...
—¿Qué pasa amor? —preguntó volviendo a su tono de voz dulce y empalagoso.
—¡Me gustas! —gritó al instante que sus ojos se abrían cuan grandes eran mostrando un hermoso brillo.
—¿Ah? —exclamó sorprendido sólo para que segundos después su rostro volviera a ese tono rojizo chillón, pues no esperaba que este dijera eso.
—¡Me gustas mucho! ¡Me gustas! ¡Me gustas! ¡Me gustas! —repitió al momento que tomaba al mayor por los hombros posicionándose encima de su torso mientras lo enterraba contra el colchón— ¡Me gustas tanto Torao!
Ante ese mortal ataque, el cirujano de la muerte tuvo miedo de que su sangre empezara a salir disparada de su nariz tal como le pasaba al cocinero de su novio cada que veía a una bella mujer, pero para fortuna suya, tenía un autocontrol mucho mayor, por lo que pudo cubrirse el rostro con su mano a tiempo sólo para ocultar la sonrisa idiota de oreja a oreja que se le había formado, pues con cada "me gustas" pudo sentir un espasmo nuevo recorriendo su cuerpo. Tan ensimismado estaba en su mundo, disfrutando de aquello que lo siguiente que dijo el menor lo tomó desprevenido.
—Me gustas mucho así que... ¿Yo también te gusto? —preguntó al momento que sus cejas se arquearon en un gesto de completa tristeza y preocupación.
—¿Cómo? ¿A qué viene esa pregunta Lu?
—¡¿Te gusto o no?! —replicó más desesperado— ¡Nunca me lo has dicho!
«Oh... Ya veo, se siente inseguro» sonrió dulcemente al momento que empezaba a acariciar la mejilla de este «Es cierto... Todo pasó tan rápido que ni siquiera tuve tiempo de decirlo. Estaba tan entusiasmado que simplemente di por hecho que él ya sabía lo que siento» analizó al momento que empezaba a pasar su dedo por la cicatriz del chiquillo delineándola con extremo cuidado y cariño «Luffy es despistado... Él no entiende las cosas a menos que se las digan de forma directa... Soy un tonto por no darme cuenta antes. Tengo que hacerle saber».
—No es así, Lu —respondió sintiéndose un poco mal por decir aquello cuando vio el pinchazo de dolor en el rostro contrario lo que hizo que se apresurara a continuar— Yo te amo.
—¿Eh? —exclamó extrañado al momento que su rostro se congelaba intentando analizar lo que este acababa de decir— ¿Qué dijiste?
—No sólo me gustas... sino que te amo —repitió al momento que empezaba a sentarse en la cama sosteniendo la cintura del chiquillo para acomodarlo en su regazo, para lo cual Luffy tuvo que rodearlo con sus piernas para evitar caer hacia atrás quedando así frente a frente, con Law recargando la espalda contra la cabecera de la cama— Te amo tanto que a veces no sé qué hacer con esto que siento... Quiero tenerte siempre a mi lado, cuando despierto eres lo primero en lo que pienso y también lo último que recuerdo al cerrar los ojos. Eres mi sol y la luz que me anima a levantarme todos los días. Te amo tanto que un simple "me gustas" no basta para expresar lo mucho que te adoro.
—Tú... Torao, tú... —balbuceó al momento que nuevamente las lágrimas empezaban a resbalar por sus mejillas volviendo a gimotear igual o más fuerte que antes, pero esta vez por el alivio que sentía por escuchar todo eso.
—Perdón por no decirlo antes... Sé que me tardé en hacerlo, siento mucho que tuvieras que preguntarme —tarareo tiernamente sólo para volver a juntar sus labios con el menor el cual ante ese gesto se apresuró a corresponderle mucho más desesperado y hambriento, como si tratara de confirmar eso que el idiota de negro le hizo dudar en la tarde.
Fue así como rápidamente, el contacto empezó a hacerse mucho más íntimo, juntando sus lenguas con desesperación, pues se habían extrañado mutuamente a pesar de que las discusiones últimamente no duraban tanto, se sentía como una maldita eternidad cada que estaban separados. Y mientras estos se demostraban el cariño mutuo que se tenían, Law no podía evitar pensar en todas las cosas que haría para aprovechar esos veinte minutos de privacidad que el marine amablemente les había ofrecido.
Por otra parte, unas horas después de la reconciliación de los dos tortolitos. Dentro de una casa de la ciudad, se encontraba parado cierto hombre de negro justo en medio de la sala. Este tenía la mirada clavada en el techo como si se tratase de la cosa más interesante del mundo al mismo tiempo que trataba de tranquilizar su respiración agitada. En la mano derecha sostenía un martillo de 22 onzas completamente cubierto de sangre, el cual era el principal testigo del crimen cometido recientemente; decorando el tapiz, piso y el mismo cuerpo del sujeto en cuestión, había un rojo chillón salpicando todo el lugar, tal y como si hubiera explotado un bote de pintura.
Lo más inquietante de toda la escena era el cuerpo inerte de un hombre de no más de unos cuarenta años tirado en medio de la sala de estar, con el rostro desfigurado, las piernas completamente destrozadas debido a múltiples golpes, pero a pesar de todo aquello no era más que un simple espectáculo para lo que estaba a solo unos metros del cuerpo sin vida del hombre, pues allí, en el sillón individual podía verse un par de cuerpos que parecían descansar con tranquilidad, y totalmente contrarios al desorden, estaban impecables.
Continuará...
