La noche había caído y hace tan solo unas cuantas horas desde que "Ángel" lo había rechazado, ahora la ciudad estaba en completa quietud, envuelta por el velo nocturno. Eran cerca de la una de la noche y las calles estaban casi vacías, pues aún había una que otra persona caminando tranquilamente por ahí, pero había un gran problema, alguien estaba acechando los alrededores, aunque más que acechar, se podría decir que ya tenía completamente claro su objetivo, por lo que sin demasiadas energías de por medio, caminó tranquilo por la acera del lugar y con una calma que no reflejaba para nada lo que estaba a punto de hacer se acercó a una casa en particular.

Este era el hogar de una bella familia de tres integrantes, el padre era un simple empleado cualquiera y al parecer del Donquixote apenas si podía mantener a su familia en pie, la madre por su parte era un ama de casa cualquiera, devota a su familia en todo, siempre al pendiente de su esposo y su adorable hija quien no tendría más de seis o siete años, la niña era una damita completamente, respetaba a sus mayores e incluso ya podía ir ella sola a traer algún encargo que sus padres le pidieran. Su apariencia física solo le agregaba más puntos a su favor, pues esta tenía sus cabellos largos y ondulados, de color castaño cenizo, su piel era de color lechoso y tenía una sonrisa que derretiría corazones, algo que fue lo que llevo al cirujano a este a ese lugar en específico.

Sin pensarlo dos veces tocó la puerta de entrada un par de veces esperando que lo atendieran. Mientras tanto, dentro del hogar, la dulce pareja de padres aún se encontraba despierta, habían estado disfrutando de un íntimo momento en compañía del otro al momento que veían una película abrazados sobre el sofá de la sala. Es por ello, que cuando el sonido del llamado de la puerta los sacó por completo de su atmósfera romántica, la mujer procedió a levantarse del lugar no sin antes darle un tierno beso a su esposo para después acercarse a la entrada bastante extrañada de que alguien toque su puerta a esas horas de la noche, acto que la obligó a mirar antes por la mirilla en donde pudo descubrir el rostro conocido del capitán Law lo que la incitó a abrir, pues posiblemente sería algo importante si es que el capitán había venido por cuenta propia.

—¿Sucede algo cap...? —dijo la mujer, pero esta no pudo siquiera terminar su pregunta cuando el Donquixote con una completa maestría, cortó profundamente su garganta con su escalpelo.

En ese momento ni siquiera le importó si alguien pudo verlo o incluso si esta lo había manchado con su propia sangre, pues se enfocó más en observar el momento exacto en que el cuerpo de la mujer cayó al piso de rodillas presa de su mismo peso, aún luchando por sobrevivir, momento que el hombre aprovechó para entrar al recinto tirando de sus cabellos arrastrándola por el suelo hacia la sala de estar, claro no sin antes cerrar la puerta tras de sí. Mientras tanto, el esposo completamente ajeno a la situación seguía en lo suyo, sin percatarse del intruso y solo escuchando un par de pasos acercándose de nueva cuenta hasta su posición.

—¿Quién era cariño? —preguntó sin mirar atrás, pero al no recibir respuesta se decidió a voltear logrando notar que delante suyo no estaba su esposa, sino alguien más.

Grande fue su sorpresa al encontrarse con el rostro del capitán Trafalgar delante de sus narices, el cual estaba completamente lleno de sangre, al mirar alrededor en busca de su esposa descubrió que esta estaba en el suelo, con sus manos completamente llenas de sangre sujetando su cuello de donde salía el vital líquido rojo a borbotones, mientras esta se retorcía y su rostro reflejaba absoluto terror, pero debido a su distracción no vio el momento en el que el Donquixote tomó un florero cercano.

Cuando regresó su atención a este, solo pudo verlo sosteniendo el jarrón de porcelana el cual estrelló en la cabeza del hombre, quien ahora se encontraba en el piso de la sala, aquello simplemente descoloco por completo al jefe de la familia, pues si algo caracterizaba al capitán era su devoción por el bienestar ajeno y aquello era todo lo contrario, Law por su parte al ver que este aún se encontraba consciente tomó otro objeto de la repisa golpeándolo nuevamente, esta vez en el área del pómulo, lo que en esta ocasión le dejó semiinconsciente.

—¿Por qué? —alcanzó a preguntar con voz débil sintiéndose completamente herido moralmente, ya que todos en ese lugar confiaban en el marine, por lo que toda la situación no hacía más que hacer que sintiera profundamente traicionado.

«¿Qué está pasando? ¿Qué está pasando? ¡¿Qué demonios está pasando?!» lograba pensar el hombre aún en su estado de semi consciencia «¿Por qué el capitán Trafalgar hace esto? ¡Maldición! ¡Confiábamos en usted! ¡Joder! ¡Joder! ¡Joder!» pensó al instante que sus ojos empezaban a empañarse en lágrimas.

En sus ratos de consciencia alcanzó a retorcer su cuerpo para mirar a su esposa, quien se encontraba en un estado deplorable, ahora bañada completamente en sangre, al tiempo que su tono de piel parecía ahora el de un fantasma «Linda... Tengo que salvar... A Linda» y tal vez fue la adrenalina en su cuerpo lo que lo incitó a tratar de arrastrarse hasta el cuerpo de la mujer entre ratos, manchándose con el líquido rojo del piso en el proceso «Linda... Linda... ¡Linda!» gritaba internamente hasta que finalmente alcanzó el cuerpo inerte de la mujer que amaba, lo cual lo horrorizó, pues esta tenía los ojos abiertos de par en par, ahora sin brillo ni vida, su boca semi abierta, debido al esfuerzo de intentar tomar aire sin ahogarse en su propia sangre y una clara expresión que demostraba su pánico al no poder hacer nada para evitar su inminente muerte más que seguir aferrando sus manos a su pequeño cuello.

—No, por favor no, no, ¡Noooooooooo! —soltó un tono de súplica para finalmente soltar un grito ahogado, el que apenas fue perceptible y todo debido a que en cuanto este empezó a hacerse un tanto ruidoso, el atacante interfirió.

—Silence —murmuró Law viendo al hombre con desprecio, luego de bajar por las escaleras tras explorar la casa y observar con atención todo el esfuerzo de aquél sujeto por alcanzar a su mujer.

—¡Hijo de puta! ¡Te voy a matar! ¡Pagarás por esto! —gritó el sujeto, pero ningún sonido salió por fuera de su "burbuja" por lo que toda la energía gastada en insultar era en realidad inútil dado que el atacante no estaba escuchando una mierda de lo que salía por sus labios.

Fue así como, sin entender por qué no estaba recibiendo respuestas, volvió a hacer un esfuerzo monumental para girar nuevamente su cuerpo y mirar hacia arriba, junto en el lugar donde sabía estaba aquel demente, pero en cuanto sus ojos miraron al hombre de negro, no pudo más que horrorizarse nuevamente ante la imagen que vio. Allí, frente a él, se encontraba el Donquixote abrazando a su hermosa pequeña arropada en su manta favorita entre los brazos de este, la niña en cuestión se encontraba dormida por lo que era completamente ajena a todo lo que estaba sucediendo.

El intruso se había tomado la molestia de explorar la casa anteriormente, pues... Aunque para el padre de familia todo el ataque había empezado hacía pocos minutos, la verdad es que este había estado luchando entre la consciencia y la inconsciencia todo ese tiempo que hizo malabares para lograr llegar hasta su esposa, acto que el violentador aprovechó para revisar la casa, y localizar a la pequeña sin mucho esfuerzo, sólo para después cargarla con cuidado y cariño, intentando no despertarla ni turbar sus sueños, logrando así depositarla con calma encima del sillón ante la atenta mirada del hombre en el piso, quien sólo pudo observar cómo el sociópata desaparecía de su rango de visión una vez más.

En esta ocasión, al ya estar un tanto más al tanto de lo que pasaba a su alrededor, se puso de pie con la clara intención de salvar lo que quedaba de su familia, tenía que poder rescatar a su hija de las manos de aquel demonio que ya le había arrebatado a su esposa y saliendo de aquella "burbuja" comenzó a dirigirse al contrario, pero desgraciadamente para él, su atacante supo de su ataque debido a su haki, estando incluso al tanto de que su presa había tomado el pisapapeles de cristal, que minutos antes había usado en este, lo que solo lo hizo sonreír maquiavélicamente, pues aquello significaba que el padre no era del todo un inútil, por eso mismo se mantuvo de espaldas hasta que supo que este estaba a centímetros de golpearlo.

Fue ahí que sujetó su muñeca con fuerza obligándolo a soltar el objeto que estaba en su mano. No falta decir que el hombre se sorprendió de sobremanera ante el repentino acto, la sonrisa en el rostro del tatuado se agrando un poco, pues al parecer las cosas no serían como las tenía pensadas, pues su primer pensamiento sobre este es que era alguien quien era completamente incapaz de proteger algo tan sagrado para él como lo era su propia familia, o bueno... Tal vez si era un completo inútil, pero al menos le alabaría el intento.

—Vaya, tal parece que el estorbo puede intentar defender lo que ama —dijo con esa pequeña sonrisa, la cual no duró mucho tiempo en su faz— pero... ¿De qué sirve intentar algo cuando ni siquiera puedes mantener junta a tu familia? —soltó en un susurro para sí mismo.

Y luego de decir esas palabras una pequeña y traicionera lágrima se escapó de su ojo derecho sin que este pudiese hacer algo para evitarlo, teniendo demasiados pensamientos sobre sí mismo y sobre "Ángel" y lo que pudo haber sido si tan solo este no lo hubiera rechazado. Debido a todo esto, una ira en su interior resurgió de manera repentina, por lo que terminó doblando la muñeca de su presa de forma brusca, logrando dislocarla y cuando el sujeto intentó gritar, el Donquixote golpeó fuertemente su garganta para enmudecerle, sólo para después acercar sus labios al oído derecho de su víctima, comenzando a susurrarle algo con desprecio.

—Debes guardar silencio imbécil, no creo que quieras despertar a mi niña ¿o sí? tienes que dejarla dormir tranquila, ella debe descansar.

El contrario no pudo contestar nada y no solo por el golpe recibido hace nada, sino que también su boca estaba siendo cubierta por la mano libre de su agresor, por lo que solo se escuchaban leves tosidos y gemidos ahogados algo que hizo molestar aún más a Law, pues el que esté no quisiese callarse lo desesperaba, por lo que luego de soltar un suspiro cansino volvió a hacer uso de su habilidad y entonces todo a su alrededor volvió a estar en "silencio".

Después, el agresor procedió a pellizcar un par de puntos específicos en zonas nerviosas que lograron paralizar a su víctima al mismo tiempo que lo dejaba totalmente consciente de lo que sucedía a su alrededor. Toramingo al verlo ahí tirado suspiro de alegría, ya que ahora no tenía ninguna cosa por la que preocuparse, por lo que volteo a ver a la menor una vez más para luego sonreír dulcemente al verla dormir en el sillón.

Tras eso decidió que era momento de continuar con lo que estaba haciendo antes, por lo que ahora volvió a dirigir su atención al cuerpo ya sin vida de la madre, al ver su expresión de terror, una mueca de disgusto se posó sobre su rostro, pues aquello no iba para nada con la imagen que tenía clara en su mente, por lo que con una delicadeza casi impropia de él comenzó a moldear su rostro para que pareciera en calma, casi como si durmiese y al verlo logrado sonrió una vez más, ahora el semblante de esta era todo lo que deseaba, pues la pequeña sonrisa que adornaba sus labios era perfecta y sus ojos cerrados daban la apariencia de que estaba en completa calma.

—Lo siento Ángel, —soltó juntando su frente con la fría de la mujer— no creas que este seria tu final.

Después de decir aquellas palabras soltó un leve suspiro y acto seguido cargo a la mujer a la cocina donde comenzó a desnudarla con calma, en cuanto el padre de familia vio aquello quiso volver a levantarse, no quería que ese malnacido mancillara la memoria de su esposa, pero desgraciadamente sus extremidades no le respondían, por lo que solo le quedaba resignarse a ver cómo ese sociópata le hacia sus malditas cosas al cadáver de esta, pero para sorpresa de este nada de eso paso. Pues contrario a todo lo que pensaba, el pelinegro comenzó a limpiarla, quitando casi con amor cada pequeña mancha de sangre con un paño limpio.

Incluso por más retorcido que pareciera terminó por cerrar la incisión que él mismo le había provocado, dejándola casi en un perfecto estado de limpieza, lo único que aún no terminaba de convencerle del todo era el largo de su cabello y ese maquillaje cargado que aún no había removido del todo, por lo que luego de soltar un chasquido de molestia comenzó a quitar todo rastro de este, pero en esta ocasión lo hacía de forma un tanto brusca.

—Maldita —comenzó a murmurar para sí mismo— como es que al ser madre puede maquillarse de esa forma tan vulgar, el rostro de madre jamás necesito de esto para verse hermosa... —siguió hablando, para acto seguido comenzar a divagar—Y obvio Ángel tampoco lo necesita... claro que no, él es un hombre, esas estupideces solo son de las putas rameras... justo como ella... —soltó la última frase con odio en su voz.

Donquixote Law siguió divagando un poco entre sus propias palabras, mientras quitaba todo ese excedente de productos, si bien él mismo sabía que su madre si usaba maquillaje, está solo lo hacía "en exceso" en las cuestiones de trabajo y aunque esta solía maquillarse a diario, lo hacía de una manera tan, pero tan sutil que sin importar como la viera esta parecía simplemente estar al natural o solo de vez en cuando tener ese hermoso rojo adornado sus labios, su madre siempre se veía hermosa aún si no ocupaba nada.

Cuando finalmente termino de desmaquillar el cadáver y con esto dejar un poco de lado sus divagaciones, volvió su vista al cabello de esta y sonrio para acto seguido tomar unas tijeras que estaban en la cocina, comenzando a cortar este liberandolo de todo rastro de sangre que tenía y haciendo que este tuviera algo similar a un estilo bob, ahora ya con todo terminado y limpio volvió a subir las escaleras, dirigiéndose con toda calma a la habitación de los mayores donde saco un vestido negro de corte recto, un par de zapatos de tacón alto del mismo color y un pinta labios rojo carmín, una vez tuvo todo entre sus manos bajo a la planta baja sin ninguna preocupación.

Es por ello por lo que al bajar y ver a su presa arrastrándose por el suelo para intentar llegar hacia él sillón donde la pequeña estaba descansando, sentimientos tanto de ira como de sorpresa invadieron su ser de sobre manera, pero logró mantener la calma luego de soltar un largo suspiro, y dejo todo lo que traía entre sus manos en un mueble cercano de donde tomó un pesado portaretratos y se acercó lentamente hasta el hombre, al cual le dejó caer dicho objeto en la nuca, antes de que tan siquiera pudiese estar cerca de la menor.

—Creí que había sido muy claro, ¿no? —cuestionó una vez que estuvo al lado de su víctima— Debes dejar descansar a mi princesa. ¿Es que acaso no ves lo tranquila que duerme? ¿Cómo es que puedes ser tan imbécil? ¿Y tú te haces llamar padre?

Y tras la última pregunta pisó la cabeza del contrario con fuerza, poniendo poco a poco un poco más de presión en su pie, con la clara intención de que éste comprendiera la estupidez que estaba cometiendo y finalmente patear con fuerza su rostro rompiendo su nariz en el proceso, pero este a pesar de todo lo que ya había sufrido solo sonrió y le mostró su dedo medio en señal de desafío, lo que nuevamente sacó una pequeña sonrisa en Law quien está vez realmente admiro el coraje del contrario para intentar hacerle frente, aunque supiese lo inútil que era aquello.

—No me importa lo que me pase ahora —dijo con cierta dificultad en su habla debido a la cantidad de golpes recibidos— pero si algo sé, es que el capitán Trafalgar te dará tu merecido, maldito idiota —mencionó con convicción, pues incluso para él era evidente que el hombre que admiraba y ése sujeto no eran la misma persona.

—Kufufu... Kufufu... Kuhahahahahahaha —aquellas palabras no solo hicieron que su sonrisa se ensanchara más, sino que hicieron que comenzara a reír como si de un demente se tratase— ¿Tu inútil capitán? ¿Darme mi merecido? Hahahahaha ese imbécil no puede ni atrapar su maldita cola, el que me llegue siquiera a rozar los talones es algo imposible para él —soltó agachándose a la altura de este y tomando su mano derecha justamente el mismo dedo con el que había osado insultarlo para romperlo unos segundos después— si ese idiota llegara a siquiera encontrarme me vería obligado a renunciar a ser la mano derecha de mi padre, pues que un marine tan poca cosa como él atrape a Corazón seria la mayor vergüenza de todas —mientras decía aquel discurso siguió con los demás dedos, disfrutando del dolor que causaba en su víctima.

En todos y cada uno de los chasquidos del hueso rompiéndose disfruto del dulce sonido de los gritos y alaridos del hombre que a pesar de todo realmente terminó por entretenerle en demasía, una vez se vio con ello completado, volvió a erguirse y tras unos segundos de ver cómo esté se retorcía en el suelo por el dolor decidió que tal vez y aquello no era suficiente, ya que, a su parecer este aún no entendía "el crimen que había cometido" y no quería que volviera a hacer otra estupidez.

Es por ello por lo que se levantó de su lugar a recoger su escalpelo, el cual se había dejado en una pequeña repisa, justo al lado de un florero con rosas rojas y una vez lo tuvo entre sus manos comenzó a trazar un camino que empezó desde su ceja, pasando muy cerca de su ojo cortando profundamente en su mejilla y terminando en su barbilla, donde dejó una larga herida. Después de ello continuó con un nuevo corte, pero esta vez en el pecho y en esta ocasión de una forma tan superficial que apenas si rozaba la piel con su instrumento.

Tras dejarlo retorciéndose de dolor en el piso volvió a desaparecer de la sala, recorriendo nuevamente la casa en busca de algo y cuando volvió al lugar donde dejó a su presa, venía con una pequeña caja de herramientas que encontró y de la cual sacó un martillo en cuanto estuvo delante del hombre que aún se quejaba del dolor, empuño así su nuevo "juguete" con diversión en su rostro y de un instante a otro golpeó con toda su fuerza el pie derecho de su víctima, enseguida de eso balanceo la herramienta estrellado está en la rodilla izquierda que el sujeto había alzado a causa de la reacción de su propio cuerpo.

Esta vez, aunque los gritos eran bastante altos no le preocupaba despertar a la infanta, pues sabía que al estar bajo la "burbuja" que su habilidad formaba no podía salir sonido alguno, es por eso mismo que no se molestó demasiado en contener sus risas al "poner en su lugar" a ese idiota, el cual no dejaba de gritar de dolor ante cada golpe en sus extremidades inferiores y en cuanto lo considero suficiente comenzo de igual forma con los brazos, para que asi no tuviera siquiera oportunidad de intentar algo de nuevo y al terminar soltó un suspiro cansino dejando la herramienta no muy lejos del sofá, para ahora sí, regresar a su anterior tarea.

Ahora ya un poco más calmado al pensar que ya no lo molestarán ni a él ni a la pequeña, volvió a por las cosas que tenía antes en las manos, retomando su andar en dirección a la mujer, con demasiada tranquilidad y al estar junto al cadáver comenzó a vestirla y arreglarla con delicadeza, colocándole el vestido con bastante facilidad, pintando sus labios de ese suave color rojo, poniendo sus zapatillas y claro no olvidando arreglar sus cabellos, dándole un mejor estilo.

Law dio un par de paso hacia atrás con la intención de ver su obra terminada y al apreciar el resultado sonrió nuevamente, pues ahora la mujer se veía bastante decente en su parecer, por lo que ahora solo debía dar los últimos toques, por lo que se acercó a ella de nueva cuenta y la cargo con una delicadeza casi impropia de él, camino hasta el sofá individual donde la coloco y acomodo con ternura en sus movimientos, haciendo parecer que está solo estaba dormida, al ver que está ya se encontraba en la posición que necesitaba volteo su vista al sillón doble, donde la menor aún descansaba, dejando ver su carita durmiente con una pequeña sonrisa y un hilo de saliva saliendo de la comisura de sus labios.

El Donquixote sonrió ante tan hermoso paisaje que le regalaba "su niña", por lo que se acercó con lentitud hasta ella, pero no espero que el padre de esta aun estuviera resistiéndose, pues luego de dar unos cuantos pasos, este le sujeto del tobillo y comenzó a gritarle una infinidad de cosas, que claramente no fueron escuchadas debido al poder de la fruta del diablo. Desgraciadamente la acción de este solo provocó repulsión en el ojigris, el cual vio como este no sólo manchó su traje de sangre, sino que el solo hecho de que un "cualquiera" lo tocara lo molestó aún más.

Es por ello que tras una mueca de completo odio y repulsión, pateó su rostro con fuerza, haciendo que este lo soltara y continuando su caminar, donde, una vez la tomó entre sus brazos el sujeto que se encontraba en el suelo debido a todo lo que había sufrido gimió de terror, pensando en todas las barbaries que ese maldito psicópata le podría hacer a su pequeña por lo que nuevamente intentó alcanzar el pie de su violentador, pero esta vez sin éxito, ya que este al estar ahora al tanto de todos su movimientos lo evito, esquivando su mano con total facilidad, para finalmente regresar al sillón individual donde con todo el cuidado del mundo acomodo a la niña entre los brazos de su, ahora, fallecida madre, cabe agregar que este proceso fue un poco más tardío de lo que esperaba, pues los posibles escenario de la menor cayendo o resbalando de los brazos de su madre fueron bastantes, por lo que la reacomodo en más de una ocasión.

Al final se alejo para poder ver la imagen completa, la cual en sí podría ser demasiado tierna, ya que la mujer estaba con ese rostro de tranquilidad, completamente arreglada, con la pequeña niña durmiendo en sus piernas con su cabecita sobre su pecho, mientras la mayor le abrazaba, recargando su mentón en la cabeza de esta, pero cuando llegabas a notar esa enorme herida suturada en el cuello y el tono pálido de piel de la mayor todo terminaba pareciendo solamente una escena de una película de horror, pero eso no era así para él, pues a su vista solo era lo que podría ser su próximo futuro.

—No te preocupes Ángel —comenzó a decir al viento con una sonrisa, acercando su mano a la cabeza de la niña, la cual acarició con suavidad— te prometo que en algún momento nuestro final será hermoso, con ambos cuidando de nuestro retoño —y tras decir aquello beso la frente de ambas.

Todo esto era observado por el padre, quien no podía entender una mierda de lo que es estaba sucediendo en la cabeza de ese maníaco, pero al verlo distraído y al notar que en martillo que momentos antes el contrario había usado en su persona estaba a tan solo unos centímetros de él, decidió dar un último esfuerzo por intentar vengar a su esposa y salvar a su hija, así que cómo pudo se levantó y a pesar del dolor, la dificultad de movimiento y el miedo dio un par de pasos hacia su agresor con el martillo temblando entre sus manos, al verse lo suficientemente cerca subió sus brazos con la herramienta apuntando a la cabeza del contrario, pero antes de que nada pasara, este volteo con una mirada de enojo y sin muchos deseos de seguir jugando y golpeó a su víctima en la nariz, derribándolo una vez más.

—Es por esto qué odio a los inútiles —soltó con un tono que causó escalofríos en el contrario y más debido a la forma en la que lo miro— solo terminan siendo sacos de carne inservibles que intentan de todo para evitar un final que saben es bastante obvio.

Luego de decir aquello tomo el martillo que ahora se encontraba en el suelo y comenzar a golpearlo una vez más y como su habilidad todavía se encontraba activa no tuvo siquiera que molestarse en tener que acallar ya sea los gritos y gemidos de dolor de ese idiota o su propia voz quejándose, reclamando y gritándole por cada pequeñez o estupidez que este hizo a lo largo de la noche, descargando su frustración en cada golpe que le daba, enfocándose más que nada en la cabeza y el torso de este, que a duras penas permanecía con vida.

Una vez terminó con su rabieta el cuerpo delante suyo estaba completamente irreconocible, pues en su pecho se podía notar claramente que todos los huesos de la zona estaban completamente rotos, ya que este tenía una forma bastante extraña debido a la deformación ocasionada por los golpes, por otra parte, la cabeza ahora estaba hecha trizas, ahora todo estaba cubierto de sangre e incluso en el suelo se podían ver algunos restos de lo antes había sido su cerebro. Law soltó un largo y cansino suspiro tras terminar y se quedó un rato observando el techo como si fuera lo más interesante del mundo, en un intento de despejar su mente de lo que le había pasado hace tan solo unas cuantas horas atrás.

Tras unos momentos más así, finalmente termino recuperando su compostura y luego de suspirar una vez más intento retomar su andar, pero fue ahí que piso algo suave y al ver el suelo pudo notar que termino siendo víctima del desastre que él mismo había provocado, pues lo que ahora estaba debajo de su suela no era nada más y nada menos que un pequeño trozo de lo que antes era parte del cerebro de "idiota aquel", el cual ahora incluso muerto seguía jodiéndolo de las peores formas, por lo que luego de chasquear la lengua termino pateando el cadáver y limpiando su zapato en este, ante esto no pudo evitar el verse por completo, notando que están manchado en varios lugares, por lo que decidió que tal vez y debería darse una ducha antes de continuar con todo.

Es por ello por lo que nuevamente subió al piso de arriba y se dirigió con total calma al cuarto de baño y comenzó a quitarse poco a poco cada prenda que cubrían ese esculpido cuerpo, dejando así su piel al descubierto y finalmente al verse completamente desnudo adentrarse debajo del chorro de agua que poco a poco fue limpiando la suciedad de su cuerpo, desde la más pequeña mota de polvo, hasta las enormes manchas de sangre que ahora se desvanecían en el piso de del baño.

—Realmente necesitaba esto —dijo mientras enjabonaba su marcado torso.

Siguió duchándose con una completa calma, enjabonando cada rincón de su cuerpo y dejando que el agua se llevara todo aquello que lo hacía sentir sucio, incluyendo esos pensamientos que tenía sobre ángel estando en los brazos de alguien más, una vez terminó salió de la ducha y al no tener más de sus trajes con él, no tuvo más remedio que tomar un poco de ropa de el que fue su última víctima, por lo que se dirigió al cuarto principal, donde comenzó a sacar una prenda tras otra, no solo buscando algo que le gustara, sino algo que también le quedara, pues el Donquixote era un tanto más delgado, pero al mismo tiempo mucho más musculoso, por lo que terminó batallando bastante con esto.

Al final terminó por quedarse con unos pantalones de vestir que se le caían, una camisa negra completamente desabrochada, pues no quería que los estúpidos botones se rompieran, ya después se cambiaría y quemaría aquellas prendas, pues desde que llegó a ese lugar, la ropa no fue realmente un problema, ya que después de la travesura del pequeño pero interesante monito, él claramente aprovechó la oportunidad, no solo para mantenerse en anonimato, sino que incluso para obtener prendas de buena calidad y poder mantener su típica limpieza diaria y cambiarse de prendas como acostumbraba, claro que no era a lo que su padre lo tenía acostumbrado, pero sabía que no podía ser tan exigente en esos momentos de incertidumbre.

Una vez terminó de arreglarse, volvió a bajar, la sala de estar estaba todo como lo había dejado, el padre completamente desfigurado a pocos metros pero lejos de la vista de la menor, la madre "sosteniendo" a la pequeña entre sus brazos y esta última seguía completamente dormida, viajando por su mundo de ensueño ajena a las pesadillas que habían sucedido y del trágico destino de sus progenitores. Law se acercó una vez más a la pequeña y con cariño acomodó sus cabellos para finalmente besar su cabeza, a lo que esta se removió un poco, sonriendo y acomodándose mejor entre los brazos de su difunta madre, algo que le saco una sonrisa al Donquixote que tras eso terminó por despedirse de "su hija", prometiéndole que pronto ella, ángel y él estarían viviendo felices.

Finalmente se marchó del lugar, ya un poco más calmado, no sin antes voltear a ver nuevamente al interior de la casa, casi como si se estuviera despidiendo de alguien, anhelando algo que aún le parecía un tanto imposible, pero que de alguna manera estaba casi seguro de que sucedería en algún momento y así por fin marcharse sin mirar atrás.

A la mañana siguiente fue cuando todo lo ocurrido en aquella casa fue expuesto, pues no solo estaban los gritos desesperados de la menor al no poderse liberar de entre los brazos de su fallecida madre, sino que incluso una vecina un tanto chismosa fue a ver lo que estaba pasando y el porqué tanto escándalo, descubriendo que la puerta de entrada estaba abierta y cuando se atrevió a dar un vistazo al interior su vista fue directamente al enorme charco de sangre, ahora seca, que se encontraba a tan solo un par de pasos de ella, por lo que luego de soltar un grito horrorizado y salir huyendo regreso a su hogar donde no tardó ni dos minutos en llamar al cuartel de la marina.

Tras unos cuantos minutos los marines ya habían llegado a la escena y claro que con estos llegó el capitán del escuadrón Raven, el cual entró al lugar con calma, viendo cada detalle, desde la sangre en la entrada la cual hacia un camino hasta la sala donde había un enorme lago hemático, al voltear a la sala estaba la madre y la menor que no paraba de gritar y más adelante, cerca de la cocina estaba el padre completamente desfigurado.

—Maldito hijo de puta —soltó al aire, apretando fuertemente sus puños, viendo aquello con molestia y tristeza.

Continuará...