Mundo de los Mugiwara (Tiempo transcurrido desde la desaparición de Law y Luffy: 22 horas)*
2:05 p.m.
Zoro estaba que se lo llevaba el demonio, había pasado casi un día entero desde que su capitán había sido mandado a quién sabe dónde por culpa de una usuaria de fruta del diablo incompetente y a este paso se notaba que por lo menos ese día tampoco conseguirían saber nada de Luffy lo cual lo preocupaba en demasía. El espadachín era malditamente leal hasta los huesos, por lo que perder a su líder era algo que no podía perdonarse, necesitaba saber si el hombre que tanto respetaba se encontraba o no a salvo, Trafalgar no le preocupaba demasiado, su ansiedad era provocada sólo y para su capitán, pues él era su mano derecha, el encargado de cubrir su trasero cuando éste lo necesitaba, y saber que no podía hacer nada para ayudar o acelerar el proceso para que éste volviera lo frustraba y mucho.
Es así como había estado con un humor de perros desde el día anterior, caminando de un lado a otro cual león enjaulado, mientras cada tanto amenazaba a la mocosa de pelo morado con la mirada. Usopp, estaba aterrado por verlo con ese mal humor por lo que prefería mantener su distancia al igual que Franky, quien a pesar de hacer un par de intentos para calmarlo pero, terminó por resignarse y simplemente dejarle su espacio. Con toda su ansiedad había estado tomando hasta desfallecer y prácticamente no había podido pegar ojo, pues pensar en que Luffy pudiera estar en peligro era algo que no le ayudaba en nada. Justamente estaba por ir a amenazar a la usuaria de fruta del diablo con sus espadas para ver si eso la ayudaba a motivarse a aprender a usar su habilidad de una puta vez cuando se vió detenido por la arqueóloga de la tripulación.
—Apártate —mencionó con un tono de voz frío a lo que la mujer sólo soltó una enorme sonrisa divertida lo que le hizo arquear una de sus cejas pues la mayoría de las veces no entendía a esa mujer.
—¿A dónde se supone que vas Zoro? No vas a molestar a Tomoe-chan otra vez, ¿verdad?
—Esa mocosa estúpida está tardando demasiado, tengo que asustarla un poco para motivarla un poco —dijo al momento que una sonrisa macabra se dibujó en su rostro.
—Detente de una vez, no lograrás nada molestándola ahora —respondió con voz tranquila mientras daba un sorbo a su taza de té caliente— Tú mismo has visto que hace lo que puede, no ha dejado de practicar desde ayer. Si vas ahora lo único que harás será retrasar aún más el proceso y al final serás tú quien termine entorpeciendo la misión de rescatar a Luffy y nuestro aliado.
—¡¿Se supone que simplemente me quede quieto?! —explotó al momento que apretaba su puño en frustración sólo para después obligarse así mismo a respirar pues no quería desquitarse con ella.
—Eso es justamente lo que tienes que hacer —continuó sin siquiera inmutarse con su clara molestia— No puedes hacer nada más que esperar, así que tendrás que aguantar como todos nosotros. No creas que eres el único al que le preocupa nuestro capitán.
—Eso ya lo sé —chasqueó la lengua resignado a lo que Robin amplió su sonrisa sólo para después decidir juguetear un poco.
—Como sea… Si sigues teniendo problemas con el estrés que estás sintiendo, yo puedo ayudarte con eso fufufu —rió divertida, al momento que deslizó su dedo lentamente desde el hombro a la espalda del espadachín, quien se tensó al instante y sus mejillas se sonrojaron ante la evidente insinuación recibida.
—Mujer, ¿A qué diablos estás jugando? —preguntó con un tono de advertencia, que en lugar de asustarla le sonó completamente seductor.
—Oh nada… Sólo digo que conozco una manera de ayudarte, claro, si tú así lo quieres —volvió a sonreír entretenida al momento que empezaba a alejarse sólo para detenerse unos instantes y girar su cabeza para después agregar— Piénsalo un poco —le guiñó el ojo antes de marcharse aún divertida con todo ello.
«Esa mujer da un poco de miedo» pensó el peliverde aún con el evidente sonrojo en sus mejillas, sólo para después soltar una leve sonrisa volviendo al interior de la cocina un poco más calmado, pensando que podría comer un aperitivo para variar.
Mundo de Torarine (Tiempo transcurrido desde la llegada de Law y Luffy: 22 días)*
Cuando Law abrió los ojos esa mañana, los recuerdos de lo ocurrido el día anterior bombardearon su cerebro al instante, acto que inevitablemente le avergonzó, pues ciertamente no esperaba que Luffy lo viera así, ¡nunca en la vida! Episodios como esos había tenido antes en el pasado, pero sólo sus personas más allegadas habían llegado a verlo en ese estado. Hacía tiempo que no le sucedía, cuando era más jóven solía tener cuadros de ansiedad de manera constante, ya que los traumas que tenía de su infancia no eran pocos, en esos casos eran Bepo, Sachi, Penguin y/o Wolf quienes lo intentaron tranquilizar en su momento, con el tiempo había trabajado en esos pensamientos pesimistas que constantemente agobian su cerebro y desataban esos cuadros, aunque debía admitir que, a pesar de tener bastantes progresos, había ocasiones en donde no podía controlar sus pensamientos fatalistas, tal y como había ocurrido la noche anterior, en donde todo el estrés acumulado encontró su manera de salir, el motivo de esta ocasión… Sus sentimientos hacia Luffy los cuales a menudo parecían ser un jodido problema, aunque eso no hacía que se arrepintiera de quererle.
Viendo el rostro del monito, no pudo evitar sonrojarse al recordar lo mucho que éste lo había mimado al verlo tan destrozado, fue tan malditamente dulce, le habló como si fuera un niño, lo halagó, consoló y dió amor como sólo él sabía, y aunque se sentía encantado por recibir tantas atenciones por parte del menor, también se sentía abochornado por haber mostrado su lado más vulnerable, su facción te témpano de hielo había sido rota por unas horas, y sólo quedó a la vista ese niño interior que vivía resguardado bajo todas esas capas de protección, que se aseguraba constantemente de reforzar, para mantenerse protegido, pues no quería que nadie lastimara a ese pequeño asustadizo e inocente que creyó muerto en Flevance, pero que logró prevalecer gracias a las atenciones de Rosinante.
Como sea, el punto es que no sabía como enfrentar a Luffy después de todo el alboroto reciente, pero tenía que ir a su estúpido trabajo sin haber disfrutado su fin de semana como era debido y todo por el asunto de los malditos besos, de manera que aún y con el pesar de su corazón se dispuso a levantarse y darse una larga ducha, sólo para verse detenido por el menor quien se levantó de manera mecánica al sentir movimiento al otro lado de la cama, acto que lo desconcertó un poco, pues Luffy también lo agarró de su muñeca para impedir que se marche.
—¡Torao! ¡¿Ya estás mejor?! ¿A dónde vas? —preguntó rápidamente mientras arqueaba sus cejas en un gesto de preocupación que le rompió el corazón, pues era evidente lo mucho que lo asustó ayer.
—Ya estoy bien, no te preocupes —respondió dulcemente mientras acariciaba su mejilla tratando de brindarle un poco de calma— Sólo iba a alistarme para ir al trabajo, no te asustes.
—Oh… —suspiró un poco aliviado al instante sólo para después volver a poner un rostro entristecido— Torao… ¿De verdad tienes que ir a tu trabajo? —preguntó con esos ojos brillosos que parecían poder echarse a llorar— No quiero que estés solo, ¿Por qué no mejor faltas? No estás muy bien, deberías descansar un poco más.
—Ya estoy mejor, en serio —sonrió dulcemente, pues toda esa preocupación lo hacía sentir cálido por dentro— Me encantaría quedarme aquí pero… No creo poder hacerlo, tengo varías citas agendadas por la tarde y sería grosero dejar a los pacientes plantados.
—Ya veo… —dijo desilusionado sólo para después abrazar la espalda de su aliado frotando su mejilla contra esta— Por lo menos… ¿Puedo ir contigo?
—¿Cómo? —exclamó un poco sorprendido— ¿Qué hay de tu trabajo?
—No pienso ir… Torao es más importante —afirmó al momento que lo abrazaba aún más fuerte— Tengo que estar ahí si te vuelves a sentir triste… No quiero que te vuelvas a poner mal por mi culpa —dijo con su voz quebrada.
—Ey, ey, ey… ¿Qué estás diciendo? —dijo rápidamente al momento que se volteaba para quedar de frente al chiquillo para poder mirarlo al rostro y acariciar su mejilla— No fue tu culpa ¿Por qué dices eso?
—Pero… Te pusiste así porque no te conté la verdad —respondió deprimido— Si te lo hubiera dicho desde un principio, no te habrías puesto tan triste ¿verdad? —bajó la mirada sin atreverse a enfrentar los ojos grisáceos que lo observaban con pena— Torarine me lo advirtió… Me dijo que si tardaba mucho en contarte, las cosas serían peor, pero no le creí.
—¿Por qué no me lo dijiste? ¿Pensabas que me enojaría? —preguntó con un nudo en la garganta, sólo para sentirse aún peor al instante que el chiquillo asintió con la cabeza.
—Yo… Yo, no entendía bien qué pasó —confesó aún sin levantar la vista— Sé que me dijiste que tú no eras Toramingo pero ese día yo… Eh… Soy tonto así que lo olvidé.
—No eres tonto… Es lógico que te confundas si hay tres de nosotros conviviendo en un mismo espacio, además, ya sé que se te dificulta reconocer a las personas a primera vista.
—Yo no quería que nada de eso sucediera… Me acerqué a él pensando que eras tú y… y… —tragó duro, pues no le gustaba mucho recordar lo acontecido ya que se sentía fatal cada que lo hacía— Cuando me di cuenta, él estaba demasiado cerca y… —antes de que pudiera continuar sus lágrimas empezaron a resbalar por sus mejillas acto que le rompió el corazón al mayor por lo que inmediatamente lo cobijó entre sus brazos.
—Está bien Lu, no tienes que recordarlo si no quieres —dijo rápidamente mientras acariciaba su espalda— perdón por preguntarte al respecto, no tienes que decirlo, lo entiendo.
—Quiero contarte, no me gusta ocultarte cosas —respondió aún hipeando mientras se daba valor para continuar— Yo… No quería que lo supieras porque me sentía muy culpable.
—¿Cómo? —preguntó sorprendido al momento que volvía a mirar al menor sólo para empezar a enjugar sus lágrimas dúlcemente— ¿Culpable por qué amor?
—Porque me gustó —confesó al momento que más lágrimas gruesas empezaban a correr por sus ojos lo que lo obligó a limpiarlas con el dorso de su mano mientras seguía sollozando y tratando de explicarse— Yo pensaba que eras tú y primero estaba confundido aunque, también un poco feliz, incluso me gustó todo lo que sentí pero… Pero cuando me dijiste que era Toramingo yo… Me sentí mal, me sentía sucio.
En este punto Trafalgar sentía cómo su sangre hervía por la rabia, tenía unas ganas de asesinar a ese maldito bastardo por haber abusado de la inocencia de su pequeño aliado, quería meterlo en su sala de operaciones y lastimarlo de un montón de formas distintas, solo para que probara, aunque sea un poco, del dolor que Luffy había tenido que soportar en silencio hasta el momento. Su niño era el ser más inocente y puro del universo, no era tonto, sabía qué eran los besos y ciertamente lo que hicieron la noche que llegó borracho le dio suficientes pistas para entender que el menor también comprendía lo que era el sexo, aún cuando no reconocía muchas de las sensaciones que conllevaba el proceso de excitación. No le extrañaba en lo absoluto que le hubiera gustado las sensaciones cuando alguien lo estimulaba, pues al fin de cuentas era algo natural, el cuerpo reaccionaba y Luffy consintió el contacto pensando que era él, cosa que a pesar de que le alegraba por esa parte, por el otro lado sólo aumentaba su rabia hacia ese malnacido que se aprovechó de la situación.
—Lo entiendo, lo entiendo amor, pero no es tu culpa —mientras decía eso apartó las manos del chiquillo para volver a secar el resto de lágrimas restantes, para después llenar su rostro de pequeños y cortos besos en la mejilla, nariz, y frente tratando de calmarlo— Tú no hiciste nada malo, tampoco tienes que culparte de que tu cuerpo reaccionó, no te sientas mal por ello… No hay forma de que pudiera enojarme contigo por esto.
—¿De verdad? —preguntó triste— Pero traicioné a Torao.
—No me traicionaste Lu… En ese entonces ni siquiera nos habíamos besado aún, no puedes traicionar a alguien con quien ni siquiera sales ¿verdad?
—¿A qué te refieres con "salir"? —preguntó curioso.
—Me refiero a cuando eres "novio" de alguien.
—¿Cuál es la diferencia entre un nakama y un novio?
—Amm… Con un novio haces cosas que normalmente no harías con tus nakamas como por ejemplo, besarse, tomarse de las manos, tocarse, tener citas, contar cosas que no hablarías con cualquiera y eh… Cuando tienes un novio ambos guardan cierta "exclusividad", lo que significa que estas caricias, besos y demás muestras de afecto especiales las haces sólo con esa persona.
—¿Torao y yo somos novios? —preguntó al momento que sus ojos brillaban con ilusión y sus mejillas enrojecieron.
—Mmm… Aún no.
—¿Ehhhhhhhhh? ¡¿Por qué?! —preguntó totalmente ofendido mientras inflaba sus mejillas de aire y fruncía el ceño lo que le pareció encantador.
—Porque aún no lo acordamos expresamente.
—¡Pero tú y yo nos besamos! ¡Dijiste que eso hacen los novios!
—Dije que eso es sólo es una de las cosas que hacen los novios, ser novio de alguien implica mucho más que sólo darse besos. Hay algunos que besan a otros sin ser novios, lo hacen con diferentes personas de manera indiscriminada sin formar un vínculo único.
—¡No quiero! —escupió aún más molesto— ¡No está bien! —gritó al momento que jaló a su aliado hacia el colchón haciendo que éste se recostara sólo para después posicionarse encima de su abdomen aprisionandolo contra la cama sin dejar de apretar sus hombros, viéndose irritado con todo el asunto— ¡No quiero que beses a nadie más que a mí! ¡Torao es mío! ¡Te prohibo hacer eso con otras personas! ¡Si lo haces te pateo el trasero!
Ante esa declaración, el tatuado no pudo hacer más que sonreír enternecido. Había soñado con que Luffy dijera algo como eso tantas veces, que incluso dudaba si estaba o no dentro de uno de estos. Seguiría pensando que está dormido de no ser porque sus hombros dolían por el agarre del menor, lo que sólo lo hizo feliz en demasía, pues este acababa de gritar a todo pulmón sus intenciones de ser exclusivo tal y cómo él tanto lo deseó durante esos dos años que llevaba de quererlo.
—Está bien —amplió su sonrisa para después jalar la muñeca del chiquillo haciendo que éste se acercara y una vez que lo vió lo suficientemente accesible lo tomó por la nuca posicionando sus rostros uno enfrente del otro chocando sus narices— En ese caso, ¿Quieres ser mi novio Lu?
—Eh… Ah… Yo —balbuceó nervioso por estar tan cerca del contrario y por escuchar esas palabras que no sabía que quería escuchar sino hasta ahora— ¡Sí! —respondió instantáneamente sin perder oportunidad para juntar sus labios una vez más siendo recibido por el tatuado con una suavidad y ternura indescriptible que lo hizo sentir en las nubes.
Una vez que se separaron, Luffy comenzó a reír cual niño pequeño y se dejó caer en el pecho del contrario sin dejar de abrazarlo al momento que escuchaba los suaves latidos de su corazón que lo relajaron al instante. Law por su parte, sólo podía acariciar los negros cabellos de su ahora novio sin poder evitar pensar que era la persona más afortunada del universo, sólo por el hecho de estar ahí en ese momento, a su lado, escuchando su hermosa risa, que era como un canto angelical que lo llevaba a mundos fantásticos e inexplorados. Nunca se había sentido tan bendecido en toda su vida como lo estaba en ese momento, tal vez era Cora-san cuidándolo desde el cielo, mostrándole una vez más que el mundo era bello y no todo era dolor o sufrimiento.
—Fue justo como esa vez —escuchó decir a Luffy.
—¿A qué te refieres Lu? —preguntó curioso sin dejar de acariciar sus cabellos no queriendo levantarse aún sabiendo que se le haría tarde para su trabajo.
—Nuestro primer beso —mencionó— Sé que no lo recuerdas pero… La noche que te emborrachaste, te quedaste dormido rápidamente y entonces yo…
—¡Empezaste a darme besos por toda la cara! —dijo un tanto sorprendido ya que creía que eso era parte de su sueño lúcido.
—¿Lo recordaste? —preguntó ilusionado.
—No muy bien… Que… ¿Qué tanto pasó esa noche?
—Te levantaste y me devolviste el beso, pero después te volviste a quedar dormido —rió por lo bajo— Me sorprendió y asustó un poco pero… Me gustó mucho, fuiste muy dulce tal y como ahora.
—Perdón por no recordarlo bien —se lamentó.
—No pasa nada —sonrió— Porque desde entonces me has dado muchos más.
—Y seguiré haciéndolo cada que quieras —contestó para después girar sobre sí mismo posicionando al chiquillo debajo de su cuerpo sólo para volver a unir sus labios en un nuevo beso que formalizó su ahora nueva relación.
Después de darse cariño por aproximadamente unos veinte minutos, Law, con toda la pena del mundo decidió que era tiempo de meterse por fin a la ducha, pues ya era tarde. Luffy quiso imitarlo y bañarse con él, pero el tatuado no lo dejó, definitivamente aún no se sentía mentalmente preparado para todo aquello, ya que si volvía a verle desnudo, definitivamente se le lanzaría encima y nunca saldría del hotel, ya tendrían tiempo para hacerlo de forma adecuada después.
El capitán de los mugiwara, fiel a su palabra, optó por no ir a su trabajo y en lugar de eso acompañó al mayor al suyo. Todo el camino fue brincoteando y festejando por ser ahora el novio de Torao, lo que el doctor sólo observaba complacido con una sonrisa estúpida impregnada en su rostro que definitivamente no desaparecería por mucho que lo intentara. Fue así como llegando a la clínica, atravesó los largos pasillos aún con el chiquillo pisando sus talones ignorando las miradas curiosas de sus compañeros, que ya en ese punto, ni siquiera le importaban.
La mañana fue bastante tranquila en realidad, no hubo muchos pacientes por lo que sólo tuvo que atender su papeleo mientras el chiquillo se entretenía jugueteando en los jardines, pues no quería molestarlo, pero a pesar de intentar de todo por mantenerse de esta forma al final terminó por aburrirse un poco, por lo que optó solo por recostarse en el pasto y dirigir su vista a las dos enormes puertas francesas que llevaban al consultorio de su novio, le agradaba la imagen que apreciaba de este en aquellos momentos, pues se le notaba una pequeña sonrisa en sus labios en todo momento, algo que calmaba un tanto al chiquillo que no deseaba volver a ver a su pareja del mismo modo de la noche pasada.
Y tal vez fuera esa misma calma lo que le comenzó a relajar poco a poco, ocasionando que el sueño comenzará a apoderarse de sus sentidos, dando largos y fuertes bostezos o cabeceando de vez en cuando, al tiempo que sus ojos luchaban por mantenerse abiertos, y si bien estaba un tanto acostumbrado a no dormir demasiado tiempo, esta vez durmió menos de lo normal, pues en la mayor parte de la noche, Trafalgar comenzaba a moverse intranquilo entre sus brazos, lo que hacía que despertase y al notar la situación volvía a dedicarle esas amables y cariñosas palabras o nanas que sabía para apaciguarlo y aunque eso funcionaba, después de un tiempo las pesadillas volvían y repetían el ciclo.
Es por ello que, de manera inconsciente debido a la comodidad del pasto, el calor del sol y la falta de sueño se quedó perdidamente dormido en el patio de la clínica, justamente delante de las narices de Law, quien tenía ganas de agarrar a su pareja y acomodarlo en la camilla, pero en esta ocasión ni su habilidad podría ser su salvadora, ya que la camilla y el sofá que tenía estaban ocupados, el primero por la paciente y el otro por el padre de ésta, por lo que maldijo para sus adentros aquello, ya que no quería que Luffy se resfriara por dormir de aquella forma. Cuando la consulta finalmente terminó, no dudó ni un segundo en dirigirse al jardín y llamar al menor suavemente.
—Lu, Lu, despierta amor —dijo mientras lo movía suavemente y al ver que esto no funcionó decidió que era mejor cargarlo y llevarlo adentro, pero en cuanto lo levantó del suelo este se despertó completamente alterado.
—¿Eh? Torao —balbuceo y cuando se despabiló por completo y se vio entre los brazos de su novio no dudó ni un segundo en abrazarlo— ¿Pasó algo? ¿Te sientes mal otra vez?
—No, tranquilo, no pasa nada —lo tranquilizó depositando un beso su mejilla— solo te quedaste dormido y planeaba acomodarte en el sofá.
—Oh, estoy siendo una molestia otra vez para Torao —se dijo a sí mismo, desviando su rostro con la intención de no ver al mayor.
—¿Qué? No eres una molestia, Lu, jamás lo serás —declaró con firmeza en su voz— sólo quería que estuvieras más cómodo.
—¿Estás seguro? ¿No te estoy molestando en tu trabajo?
—Completamente seguro —soltó besando la nariz del menor.
—Entonces está bien —dijo bajando de los brazos de su pareja, regalándole una de esas enormes sonrisas que siempre adornaban su rostro.
—Pero sabes realmente me preocupa que estés aburriéndote aquí, ¿qué te parece si mejor regresas al hotel a descansar un rato?
—¿Qué? ¡No! ¡No quiero dejarte sólo! ¿Y si te sientes mal otra vez?
—No te preocupes por eso, no creo que nada me pueda hacer sentir mal hoy.
—¿E… estás seguro? —preguntó con un toque de tristeza en su voz.
—Si, después de lo de esta mañana no creo que haya fuerza en el mundo que pueda hacer que me sienta mal —afirmó antes de besar sus labios— Sé que no pudiste dormir bien por estarme cuidando, así que ¿Por qué no disfrutas de tu tarde libre? seguramente cuando despiertes, ya estaré de regreso.
—Supongo que está bien, de todas formas siento que estando aquí te distraigo—expresó desviando la mirada.
—Entonces te veré en cuanto salga —aseguró no sin antes plantarle un largo beso en los labios el cual fue suficiente para que el monito se marchara brincoteando feliz de la vida.
Fue así como Luffy regresó sobre sus pasos canturreando una de las tantas canciones que Brook solía tocar en el barco, cuando repentinamente se detuvo enfrente de una cafetería de donde salía un delicioso olor a dulce, proveniente de diversos pasteles que le hicieron notar que tenía bastante hambre para esas horas. Justo estaba pensando en que tendría que resignarse a volver con el estómago vacío, cuando pudo visualizar al marine sentado en una de las mesas de afuera, lo que le hizo sonreír y correr hacia él.
—¡Torarine! —llamó el chiquillo sacando al hombre de blanco de sus pensamientos.
—¿Luffy-ya? ¿Qué haces por aquí a éstas horas? —preguntó extrañado— Creí que trabajabas.
—Falte hoy por… Por ciertas razones —mencionó por lo bajo sin querer explicar lo que le sucedió a su aliado después de que él se fue.
—¿Pudiste hablar con Torao-kun? —dijo preocupado— Espero que no hayan vuelto a pelear fuerte como la última ocasión.
—¡Estamos muy bien! —respondió al momento que dibujaba una sonrisa deslumbrante— ¡Torao me pidió ser su novio! —rio alegremente.
—¡¿Que el tsundere hizo qué?! —gritó totalmente desconcertado— ¡No puede ser! ¡Debe ser el impostor! ¡No hay manera de que ese sujeto tuviera el valor para eso! ¿O si? ¿De dónde viene todo ese repentino avance? ¿Cómo es que ese sujeto hizo en menos de un mes lo que yo no he podido en años con mi Luffy-ya? —lloró por lo bajo.
—¿Torarine, estás bien?
—Ahm… Sí… Perdón por eso —tosió un par de veces para disimular su reacción— Entonces… ¿Aceptaste? —el chiquillo asintió con la cabeza completamente contento lo que le hizo soltar un par más de lágrimas dolorosas— Ya veo… Ya veo… Duren —musitó dramáticamente mientras levantaba el pulgar.
—Por cierto, ¿Estás en tu hora de almuerzo? ¿No estás trabajando ahora?
—Me tomé un descanso de mi investigación —respondió al momento que su mirada se endurecía recordando el caso que estaba trabajando.
—¿Qué investigas? ¿Hay algo en lo que pueda ayudar?
—Mmm… Supongo que sí —sacó una fotografía de su bolsillo en donde podía verse a un hombre de entre treinta a cuarenta años de edad, pelo castaño y piel tostada— Este hombre fue reportado como desaparecido, la última vez que se le vio fue el sábado a las 11:45 p.m. después de que saliera de un bar con sus compañeros de trabajo, apenas hoy se abrió el expediente pues se necesitó un tiempo de espera de 24 horas para catalogar el caso como persona extraviada. Si lo ves por la isla, o escuchas algo que pueda sernos de utilidad no dudes en decírmelo.
—Entendido —respondió analizando a detalle la imagen— ¿Cómo se llama?
—Tanaka Ren, he iniciado interrogando a sus conocidos, pero bueno… Apenas estamos empezando, aún no puedo decir nada concreto.
—Si me entero de algo te lo haré saber.
—Gracias.
—Por cierto… Hay algo que quería hablar contigo.
—¿De qué se trata?
—Torarine… ¿Conoces a una tal Lammy?
—¿Qué? —dijo mientras sus ojos se abrían en su máximo tamaño al momento que sus ojos entristecieron y su rostro palideció— ¿Lammy? ¿Por qué quieres saber sobre Lammy?
—Yo… Eh… Es secreto…
—¿Qué sucedió ayer Luffy-ya? —interrogó desconfiado— Es obvio que algo le preocupa a Torao-kun o no estarías mencionando a Lammy.
—Pero… ¿Quién es ella? por tu expresión puedo saber que es alguien importante.
—No creo que me corresponda a mí hablarte sobre ella —negó con la cabeza.
—¡¿Por qué no?! —gritó algo irritado.
—Es obvio que estás escarbando en el pasado de Torao-kun al preguntarme sobre ella… Y ya estoy en malos términos con él por haber ocultado el asunto de tu beso con el tercer Law.
—Yo no estoy escarbando nada —susurró.
—La verdad, ni siquiera sé qué tanto te sirva hablarte de mi vida para que entiendas a mi otro yo, somos la misma persona, pero por lo que hemos hablado nuestros universos tienen muchas diferencias, ¿De qué sirve que te diga quién es mi Lammy sí probablemente no es la misma Lammy que la de Torao-kun? Es decir… Nunca podríamos saber si son la misma persona o no, y aunque lo fueran ¿Qué te asegura que pasamos por las mismas experiencias?
—Pero yo te estoy preguntando a ti, no a Torao… —dijo al momento que desviaba la mirada.
—Luffy-ya… Tú y yo sabemos que no te importa mi historia, lo que quieres es saber la de Torao-kun.
—Yo no… —guardó silencio por unos minutos sólo para después continuar— Torao está teniendo pesadillas, quiero ayudarlo, pero no sé cómo —admitió con la esperanza de obtener respuestas.
—Si eso te preocupa, lo mejor que puedes hacer es preguntarle directamente a él. Como dije… No me corresponde a mí decirte cosas de las que ni Torao-kun te ha hablado. Son novios ahora, así que mejor hablarlo en pareja.
«Pero no quiero que Torao se vuelva a poner mal» pensó el chiquillo quien aún estaba asustado por la escena que presenció la noche anterior.
—Si no vas a decirme nada, me voy —refunfuñó fastidiado levantándose de la silla dispuesto a marcharse.
—Espera, Luffy-ya…
—¿Qué quieres? —desvió la mirada un tanto ofendido por no obtener lo que quería.
—Ten, llévate esto —le ofreció una bolsa con unos cuantos postres que había ordenado para cenar en la noche pero que optó por dárselos al menor al notar lo mucho que a este le gruñía sus tripas— Asegúrate de refrigerarlos bien para que no se derritan, así puedes compartirlos con Torao-kun más tarde
—¿De verdad puedo quedarmelos? —preguntó al momento que un gran hilo de saliva resbalaba de su boca totalmente extasiado, olvidando todo su enojo al momento.
—Claro, tómalo como mi forma de disculpa por no poder decirte lo que querías escuchar.
—Está bien, está bien, no te preocupes Torarine, acepto tus disculpas… Entiendo perfectamente que no quieras contarme —confesó al momento que abría una rebanada de pay de queso con zarzamora que empezó a devorar instantáneamente— ¡Está muy bueno! —festejó tras probar el primer bocado.
—Me alegro de oír eso —sonrió enternecido— Y Luffy-ya… Asegúrate de ir con cuidado de ahora en adelante. Cosas extrañas han estado pasando en la ciudad y no me gustaría que les sucediera nada malo a ti o a Torao-kun —dijo al momento que su rostro endurecía haciendo notar que hablaba muy enserio— Te lo digo a ti específicamente porque sé que sueles encontrarte de manera constante con Toramingo… Por favor, no bajes la guardia.
—Está bien, no te preocupes… ¡Soy fuerte! —aseguró para después echarse a correr rumbo al hotel— Ah por cierto… Hoy no creo que podamos vernos más pero… ¿Podemos hablar algún otro día con más calma?
—Claro, cuando quieras.
—¡Genial! ¡Muchas gracias Torarine! —festejó antes de desaparecer.
Continuará…
