ACADEMIA CELESTIAL

Primera clase: Preguntas embarazosas

Los blancos pasillos del cielo bullían con el paso de decenas de ángeles que iban de aquí para allá, solos o en pequeños grupos, atentos a no llegar tarde su primer día de clase. Hacía una eternidad que no se les veía tan atareados, consultando horarios y repasando agendas.

Miguel, Gabriel, Sandalphon y Uriel avanzaban juntos por el pasillo principal.

Siete veces he leído la comunicación – decía Miguel, con el cabello recogido en un apretado moño y su inmaculado archivador apretado contra el pecho- y es completamente oficial. Es voluntad de su Omnipotencia que todos recibamos formación de refuerzo.

Yo también he revisado la comunicación- repuso Uriel- e incluso he mandado a los escribas que hicieran las pruebas pertinentes de detección de documentos falsos. Y todos sin excepción han llegado a la conclusión de que proviene de su Omnipotencia sin ninguna duda.

Pues yo estaba completamente convencido de que se trataba de otro de los tejemanejes de la parejita. Ya sabéis, del demonio chulo y del mariposón de Aziraphale- Sandalphon mantenía el apresurado paso de los demás con cierto esfuerzo.

Gabriel se detuvo y miró a Sandalphon, mientras un grupo de dominaciones armados pasaba con gran prisa en dirección al patio de instrucción.

No olvides, Sandalphon, que Crowley ya no es un demonio, que está casado con Aziraphale con el beneplácito de su Omnipotencia… y que son nuestros profesores de Ciencias y artes humanas.

Yo prefiero no adelantar acontecimientos- suspiró Miguel- Pero si habéis visto el temario, Aziraphale va a empezar con algo que llaman "Literatura" y Crowley con "sexo y reproducción humana". No sé qué más tienen que explicarnos sobre tan pueriles cuestiones a nosotros, que somos arcángeles.

Bah… nada que sea relevante para nosotros… estoy seguro de que esta tontería no durará mucho- repuso Sandalphon, y siguió andando junto a los demás.

Las aulas de la academia recién creada eran amplias y en muchos aspectos similares a las que se usan en la tierra para impartir formación actualmente. Un selecto grupo de ángeles y no solo Aziraphale y Crowley habían sido elegidos para la tarea docente, y las asignaturas y temarios les habían sido presentadas a todos los demás ángeles del cielo una vez que ellos mismos superaron una serie de rigurosos exámenes no sólo de la materia que impartirían, sino de todas las demás también. Tanto el Principado como el ex demonio habían sido las dos notas globales más altas de estos exámenes preliminares, que Aziraphale había disfrutado y Crowley sufrido meses atrás, pero ahora a todo el mundo le había pillado por sorpresa que dichas pruebas habían tenido la finalidad de preparar a unos pocos para enseñar al cielo al completo. Y para muchos, la sorpresa había sido muy desagradable.

El grupo de arcángeles encontró el aula indicada y entró en ella. Una de las principales diferencias con las salas que nosotros conocemos era su gigantesco tamaño y altura. Sin embargo, para un ángel aquello no suponía ningún problema para ver u oír a alguien situado en el estrado de la parte delantera de la clase, ya que sus desarrollados sentidos les permitían captar cada palabra que se dijese o escribiese en el gigantesco encerado.

Gabriel, Miguel y los demás se sentaron juntos en un lado del aula, mirando desdeñosamente a las primeras filas que estaban ya abarrotadas. Ese profesor en concreto despertaba gran curiosidad, ya que era el único caso conocido de ángel redimido y, bendita fuera Ella, casado. No podía ser más polémico en su forma de hablar y de comportarse, y sin embargo, la decisión de que formara a los demás en asuntos de los humanos provenía directamente de su Omnipotencia en persona, de modo que ningún buen ángel debía ni siquiera plantearse el cuestionar si era el idóneo para el puesto.

- Y sigue vistiendo de negro… ¡Y llevando esa cosa… esas… gafas de sol! ¿Pero qué se habrá creído?- susurró Uriel a los demás cuando Crowley entró en la sala y subió al estrado.

- Hoooola! Pues aquí estamos… - el ex demonio se encaró con sus alumnos y sonrió- Bueno, pues… ya me conocéis todos, ya habéis visto el temario y sabéis de lo que vamos a hablar, no? Pues hale, al lío!

Hubo un murmullo general en el que podía distinguirse la expectación de algunos pero también el escepticismo de otros. Había sucedido todo tan rápido que muchos aún estaban asumiendo todavía el hecho de que se les hubiera ordenado recibir formación; aunque peor era el caso de otros que, casi un año después de que Crowley y Aziraphale hubieran vuelto al cielo, todavía no asimilaban que el que tenían delante ya no era de los malos.

- En fin… voy a empezar por una breve introducción…- Crowley abrió sus grandes alas, ahora blancas y negras, y se levantó un par de metros del suelo para que pudieran verle y oírle mejor- después haremos un debate y tras el resumen, será el momento de las preguntas…bien…

Crowley suspiró y se tomó un instante para aclarar las ideas y para echar un vistazo a la sorprendida concurrencia. Luego se aclaró la garganta y comenzó:

- Como todos sabéis, cuando Ella creó la vida en la tierra la diseñó de manera que estuviese en un ciclo constante de renovación. Es decir, los seres que habitan el mundo nacen y mueren constantemente, y los nuevos ejemplares toman el lugar de los viejos que fallecen para que siempre haya una población estable. No viven eternamente como individuos, pero de alguna manera sí pueden ser eternos como especie. Hasta aquí todo claro?

Algunos ángeles asintieron y otros pusieron cara de fresa, ya que no les importaba. Si su Omnipotencia lo habría hecho, bien hecho estaría, no tenían ni que pensar en algo así, era como tratar de comprender como funciona la fontanería de una vivienda para nosotros… a fin de cuentas, lo importante es que salga agua del grifo, ¿no? Sin embargo, un arcángel alzó la mano.

- Perdón, pero tenía entendido que esta clase versaba sobre los seres humanos- dijo, con un ligero tono despectivo.

- Y versa sobre seres humanos – repuso Crowley encogiéndose de hombros- Lo que he dicho vale para ellos también, pues son animales. Además, el protagonista no suele salir en la introducción en las buenas películas, así que por favor, no hagas spoilers.

Hubo algunas risillas y el arcángel cerró la boca, malhumorado. Crowley prosiguió.

- Para que este ciclo fuera posible, Ella diseño lo que conocemos como reproducción. Cada criatura tiene sus peculiaridades en este sentido, y veremos en detalle las de los humanos (ahora sí, ya salen) pero el mecanismo común es igual para todos: la célula femenina se une con la masculina y plas! Ya tenemos un nuevo ser. Hay algunas salvedades y excepciones a este proceso, pero en comparación con los demás seres, son pocas y raras. Ahora, acotando un poco, prácticamente todos los animales tienen dos sexos diferenciados, macho y hembra, y los humanos entre ellos. Esto no os debe ser desconocido, pues en el Génesis se dice específicamente de los hombres que Ella "macho y hembra los creó"

Aquí los murmullos de asentimiento subieron de tono. Por fin su peculiar profesor hablaba de algo con sentido para un ángel. Incluso Miguel hizo un gesto de aquiescencia con la cabeza.

- Vaaale… entonces, teniendo en cuenta que los humanos fueron diseñados para perpetuar su propia especie a través de este mecanismo, os podréis figurar lo que influye en su comportamiento, ¿no?- hubo algunos asentimientos- Perfecto. Pues hasta aquí el rollo de la introducción. Ahora debatimos; bien, ¿Quién me dice como se encuentran la célula femenina de las chicas aka óvulo con la célula masculina de los chicos, o espermatozoide?

El silencio que siguió a la pregunta de Crowley fue tan profundo que podría haberse cortado con un cuchillo.

- Venga, que hay que perder la timidez chicos… el examen va a ser oral, así que mejor que vayáis practicando ya- el ex demonio se acercó volando a las primeras filas- alguien? No? Pues entonces, pregunto yo…

Crowley buscó un momento con la mirada y luego fue derecho y con una sonrisa ligeramente malvada hasta donde estaban Gabriel, Miguel y los demás.

- Bueno, pues… ya que te consideras un experto, cuéntanos, Gabriel. ¿Cómo dirías que ocurre el encuentro del óvulo y el espermatozoide?

El pobre Gabriel sintió miles de ojos clavarse en él. Notó como el sudor se deslizaba por su rostro mientras todos sus compañeros estaban pendientes de su respuesta. Tragó saliva con dificultad. En otro tiempo, hubiera respondido desdeñosamente que dicho encuentro sucedía en el tiempo y forma decretado por su Omnipotencia… por dar una respuesta completamente impersonal y ambigua. Pero ahora sabía perfectamente bien de qué estaba hablando Crowley. Su relación con Beelzebub avanzaba lentamente en lo que a reconocimiento oficial se refería, sin embargo, en relación a otras facetas más… pasionales, iba mucho más rápido de lo que el arcángel habría imaginado jamás. Aquel engañoso demonio señor de las moscas era un torbellino capaz de los actos más dulces y más pervertidos prácticamente a la vez. Lívido ante la perspectiva de ponerse en evidencia delante de todo el Cielo, balbuceó algo, mirando a Crowley rogando misericordia y el ex demonio, cumplida su pequeña venganza contra el antaño arcángel supremo, asintió ligeramente y se encaró con otro de sus asuntos pendientes, Sandalphon.

Con el desagradable asistente de Gabriel no pensaba ser tan benévolo.

Vamos a ayudar a Gabriel un poco, de acuerdo? – miró el rechoncho rostro de Sandalphon y sonrió- Recuerdo que Aziraphale me contó que en una memorable ocasión entrasteis Gabriel y tú en la librería de mi esposo y le pedisteis… "pornografía". Así que asumo que estás bien informado para responder a la pregunta que he efectuado.

Sandalphon miró a Crowley con la boca abierta. El ex demonio enarcó una ceja.

Un ángel...- dijo con un hilo de voz- un ángel no habla de esa…de esos pecados humanos- prosiguió con más aplomo- No deberías pedir que hablemos del mal.

Crowley le miró con expresión aviesa y con un batir de alas, tomó altura. Entonces, sus dos pares de alas restantes se manifestaron, también blancas y negras y miró a Sandalphon.

Así que un ángel no debe ver el Mal – cubrió con su par de alas superiores, las más pequeñas, sus propios ojos- oír el Mal- se tapó los oídos con las del medio- ni hablar del Mal – el último par le tapó la boca.

Eso es – asintió Sandalphon, sin ver a Gabriel que le hacía señas para que no siguiera hablando- no nos arrastrarás a pecar aunque lo intentes.

Sabes en que os convierte eso? – preguntó Crowley suavemente desde detrás de sus alas- Podría decir que en monos sabios, pero faltaría a la verdad. Os convierte en no aptos, en repetidores… si es que Ella da una segunda oportunidad a los que no aprueben…

El murmullo de horror se escuchó incluso en el aula de al lado. Aziraphale se sobresaltó mientras trataba de transmitir de la mejor manera posible la belleza de un soneto de Shakespeare.

Sin embargo, haré todo lo posible por evitar que suspendáis- continuó Crowley, escondiendo de nuevo las alas suplementarias- Y si… aquí vamos a hablar de muchas cosas que tradicionalmente se han llamado "pecado". Vamos a hablar de pornografía, vamos a hablar de genitales, vamos a hablar de sexo, de parejas, infidelidades y hasta de bondage…- Gabriel estuvo a punto de caerse de la silla. Sandalphon ya se había escondido debajo de la misma- porque todo esto es necesario para que bajéis de vuestra nube y empecéis a comprender de que los humanos son seres sexuales y sexuados y que esto ha influido en su historia ya que forma parte de su naturaleza.

De nuevo, las protestas llenaron la sala. Algunos de los ángeles más rancios, entre ellos Miguel, se pusieron de pie con intención de marcharse. Semejantes ideas eran impensables en el Cielo y no seguirían escuchándolas ni un momento más, pero Crowley les detuvo con un gesto de la mano.

Ya es hora de que dejéis de ver la paja en el ojo ajeno en lugar de la viga en el propio. Por favor, dejad de buscar los fallos en los demás y centrar vuestros esfuerzos en puliros a vosotros mismos y haceros mejores… más sabios, más comprensivos, más empáticos… – murmuró aún en el aire- Os aseguro que ese camino de críticas lleva directo al sótano, y que conste que no es una amenaza, sino una amarga experiencia- algunos de los que se habían levantado parecieron dudar. Crowley emitía un suave resplandor opaco y parecía de repente triste, tan viejo como las estrellas, tan cansado como el mismo tiempo.

Una manita se levantó en medio del mar de cabezas, pidiendo la palabra.

Mmm, si? – respondió el ex demonio volviendo a ser él mismo- Dime, Muriel.

En la copilla, señor.

En la… copilla, dices? Es muy pronto para empezar a beber – repuso confuso Crowley, rascándose la nuca.

¡No, no! Me refiero a la pregunta que ha hecho usted. Los humanos se juntan en la copilla – los demás ángeles también la miraban, y ella se sonrojó ligeramente, pero continuó hablando- ya sabe… para lo de los óvulos y los espermatozoides…

Crowley se dio una palmada en la frente.

Benditos sean los nachos con queso…- murmuró atónito- Cópula, Muriel, no copilla – Miguel y Sandalphon, entre otros, se santiguaron- Pero bien, sí, al menos tú tienes un poco de idea y un mucho de valor. Voy a premiar esa iniciativa con medio punto extra en el examen. Muy bien…- volvió con un rápido batir de alas hasta la tarima en el frente de la clase y se sentó en su escritorio- Y ahora, los deberes. Para la próxima clase, vais a escribir una redacción acerca de exactamente eso, la cópula. – levantó la mano para pedir silencio, pues todo el mundo empezó a protestar a la vez- Definición, características e intervinientes. Voy a leer absolutamente todas, y a poneros vuestra primera nota. Sugiero que pidáis permiso al profesor Aziraphale para usar la biblioteca porque creo que os hace falta mucha información. Nos vemos en la próxima clase y por cierto… os recuerdo con todo cariño que mi madre es la misma que la vuestra… no lo olvidéis, hermanos.

Crowley salió del aula por la pequeña salida que había junto a la tarima, dejando que sus alumnos fluyeran como un rumoroso río por las grandes puertas dobles del fondo de la sala. Cruzó una serie de silenciosos pasillos similares a un claustro y llegó hasta la pequeña estancia que hacía las veces de sala de profesores. Aziraphale ya estaba allí.

¿Querido? – el sonriente ángel cambió su alegre expresión al ver la seriedad del ex demonio- Oh, cielo… ¿no ha ido bien?

Tranquilo, ángel. No se les puede pedir más por ahora, están muy muy atrasados – respondió Crowley suavizando su expresión mientras se encogía de hombros- Aunque… es posible que haya empezado un poco fuerte. Me alegro de no haber llevado al final ningún artículo del s*x shop…

Segunda clase: Reproduciendo

Saraqael trataba de que ninguno de los documentos y papeles que llevaba sobre el regazo acabase en el suelo. Le había sorprendido en gran medida el escaso conocimiento que poseían los ángeles en general sobre matemáticas aplicadas y su reflejo en la Creación.

No puedo creerme todavía que sólo el seis por ciento tengan una mínima idea sobre la sucesión de Fibonacci… y la relación aurea… ni la han oído mencionar… -murmuraba entre dientes, abriendo la puerta de la sala de profesores con un gesto de los dedos- un patrón tan claro y perfecto sólo puede ser obra de su Omnipotencia y ni siquiera…

Carraspeó ruidosamente nada más acceder a la estancia. Contra la suave luz que entraba por la ventana distinguió la silueta de dos ángeles unidos en un abrazo, labio a labio, acariciando dulcemente uno el pelo del color del trigo granado, el otro la fibrosa y esbelta espalda, demostrándose ese amor que no solo implicaba el alma sino también el cuerpo físico y que tanta sorpresa había causado en el Cielo. Al escucharla, Aziraphale se separó inmediatamente de Crowley, sonrojado como una colegiala.

Ah… pues… ehm, no querido, no veo ninguna pestaña suelta en tu ojo – balbuceó- … debe ser… una pelusita, si, eso es… en realidad…

Si es posible, os rogaría que mantuvierais esas manifestaciones al mínimo fuera de vuestras estancias privadas – dijo ella tratando de mostrar indiferencia- Comprended que vuestra excepcional situación es tan desacostumbrada, tan… particular, que el impacto que nos causa a los demás ángeles es muy grande.

Yo… es decir, nosotros… hum… si, si, por supuesto…- el Principado buscaba desesperadamente la forma de hacer que el suelo se lo tragase, y no hallando como lograrlo, compuso una sonrisa de guiñol- es una petición muy razonable.

Saraqael hizo un gesto de aquiescencia con la cabeza y depositó sus papeles sobre la pulida mesa de caoba del centro de la sala. Crowley sonrió pícaramente y tomó sus gafas de sol que Aziraphale había depositado sobre el mismo mueble.

Bueno, no te prometo nada… haremos lo que podamos, pero tendréis que iros acostumbrado. Ahora me largo, que he de empezar la segunda mitad de la clase y nuestros alumnos están hambrientos de conocimiento – le guiñó un ojo a Saraqael antes de ponerse de nuevo las gafas- Te veo luego, angelito – dijo, y sin que ella lo pudiera ver, le dio una palmadita en el trasero a su ángel al pasar a por su lado.

La mirada de Aziraphale antes de que Crowley cerrara la puerta le dijo claramente que esa noche le tocaría a él dar palmaditas.

Con más revuelo del que cabría esperar tratándose de un grupo de ángeles, los alumnos entraron de nuevo en la clase. Las clases impartidas consistían en una mañana completa de una materia con dos descansos y una tarde de otra disciplina diferente, con un solo descanso y una hora final de alabanzas en común. Las materias iban rotando sus turnos en los días, de forma que al final de la semana todas ocupaban las mismas horas.

Crowley esperó pacientemente hasta que todos se hubieron sentado de nuevo y luego, pidió silencio con un gesto de la mano. Arrugó la nariz cuando comprobó que aún quedaba un murmullo persistente y sacudió la cabeza. Volvió a alzar el vuelo y desde la altura, fue señalando a los que seguían hablando, llamándoles por su nombre. Luego, les invitó a salir al estrado.

Vamos, chicos… un aplauso para nuestros voluntarios, que van a empezar esta segunda ronda contándonos el proceso de fecundación – los ángeles que habían sido "elegidos" le miraron con cierto terror- De acuerdo, os escuchamos todos, ya que tantas ganas tenéis de transmitir conocimientos. Empezad por explicarnos un poco el aparato reproductor.

Entre el grupito de ángeles habladores se encontraban Uriel y Miguel. Este último, aclarándose la garganta, dijo:

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen dio Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo: fructificad y multiplicaos – miró con suficiencia a Crowley, como si no hubiera más que decir.

Sí, pero no estás aportando nada nuevo, Miguel. Ya hemos dicho que hay machos y hembras. Te pregunto por las diferencias anatómicas y fisiológicas, no por las palabras del Génesis, que ya sabemos qué conoces muy bien.

Muy ofendido, Miguel le espetó:

¿Cómo te atreves a menospreciar de esa manera la palabra sagrada? Te recuerdo que hasta hace muy poco tú eras un caído, y que con ese desprecio sólo demuestras que sigues siendo tan demonio como cuando…

La materia de estudio en esta clase no soy yo, y como sabes, fue Ella misma quien me perdonó. Cuestionar su decisión ya sabes lo que implica – repuso Crowley sin perder la calma, aunque un brillo de furia podía adivinarse en sus ojos, que seguían manteniendo las pupilas verticales de las serpientes- No hay menosprecio ninguno por mi parte hacia nada, pero sí un intento de ocultar tu ignorancia en el tema desviando la conversación y acusándome de impiedad. De manera que, o respondes a la pregunta porque ya sabes lo que voy a explicar y tú puedes hacerlo mejor o permaneces callado escuchando y aprendiendo… arcángel Miguel –dijo, desplegando las seis alas y poniendo un énfasis especial en la palabra arcángel – Podéis sentaros si no vais a aportar nada.

En el aula se hizo un silencio sepulcral. Crowley acababa de poner en su sitio de un modo épico a uno de los ángeles más trepas de todo el cielo. La autoridad que emanaba del antiguo demonio, reintegrado de nuevo a su perdido estatus de serafín, hizo que la mayoría de los presentes empezara a verle con otros ojos. Eso y el respeto que se acababa de ganar por enfrentarse a alguien que llevaba mucho tiempo haciendo lo que le venía en gana.

Una vez que todos volvieron a sus asientos (Miguel con los labios tan apretados que su boca era una simple línea) Crowley recuperó su habitual aspecto desenfadado y se sentó sobre la mesa del profesor, cruzando sus largas piernas.

Bueno, pues como iba diciendo antes de toda esta absurda discusión de a-ver-quien-mea-mas-alto, los humanos hombres, machos, varones, o como queráis llamarlos, poseen unos órganos especializados para generar sus gametos y depositarlos en el interior del otro sexo. Y como es lógico, las mujeres o hembras, tienen otro conjunto de órganos preparados para recibir esos gametos, juntarlos con los suyos propios y además, crear un nuevo ser humano en su interior. Ahora… - una pizarra apareció cuando el profesor chasqueó los dedos. Una tiza suspendida en el aire dibujó el símbolo del hombre y al otro lado el de la mujer- … vais a ir diciendo los nombres que reciben esos órganos, y si son del hombre o de la mujer. Venga, os animáis o voy preguntando… y si pregunto, voy a ser mucho más puñetero.

Los ángeles sentados detrás de Muriel empezaron a darle suaves toques en la espalda para que respondiera. Como la angelita era bastante lanzada y además, le gustaba la clase, no tardó casi nada en levantar la mano.

Profesor… matriz… de… ¿de las chicas?

Crowley asintió.

Matriz o útero, si… - la tiza lo apuntó en el lugar correspondiente- Es justo ese órgano donde se desarrolla una nueva vida. Perfecto, Muriel. Tú te libras de mis preguntas indiscretas.

Animados por esa recompensa, dos o tres ángeles más levantaron las manos.

Los pechos… de las mujeres

Nop, error. Son órganos necesarios para criar a los cachorros… ah, bebés, pero no son órganos reproductores, sino glándulas. Pero, gracias por jugar.

Sandalphon le pasó una nota a su grupito, que decía: "es vergonzoso que estemos hablando de estas cosas". Uriel y Miguel asintieron con vehemencia, pero calladitos. Sin embargo, Gabriel no dijo nada. Tenía la mente en otro lugar (en otros pechos, quizás)

Profesor… valen esas partes… eh… ¿los terpsículos?

Una manera muy curiosa de llamarlos, jejeje… supongo que los de los bailarines podrían denominarse así *- dijo Crowley con una risita- si te refieres a los testículos, la respuesta está bien. Son los encargados de generar los espermatozoides, es decir, la semillita (se escuchó un ahhhhh! general) de los chicos.

Poco a poco, los ángeles más jóvenes o con una mentalidad un poco menos rígida, se fueron animando y dando cada vez más respuestas. Y aunque algunos iban francamente desencaminados (la vejiga, los intestinos, las orejas!) Crowley se sentía cada vez más cómodo con su alumnado, al que por fin parecía haberse ganado. No obstante, todavía quedaban pequeños grupos silenciosos y hoscos, esparcidos aquí y allá por la sala, que en el mejor de los casos, trataban de hacer caso omiso de toda la información, cuando no intentaban que los demás guardaran silencio y no colaborasen con sus respuestas.

Tras el último descanso, Crowley afrontó el tema más difícil de aquel día. En realidad, el segundo tema más difícil, pues el primero sería lidiar con todas las quejas que los ángeles más conservadores (el bando rancio para el ex demonio) levantarían nada más terminar las clases. Así que respiró hondo y de nuevo tomó la palabra cuando todos se hubieron vuelto a sentar.

- De acuerdo. Pues ahora ya tenemos claro que los humanos son chicos y chicas, lo cual es necesario para poder crear más humanos y perpetuar su especie. También tenemos claro que ambos son similares, pero que poseen tienen órganos diferentes con distintas funciones complementarias y además ya sabemos cómo se llama cada parte y su función principal – el profesor permaneció sentado en la mesa, con las piernas elegantemente cruzadas- Hasta aquí todo bien, verdad? – hubo un murmullo de asentimiento. Muchos ángeles ya sentían bastante curiosidad por un tema que siempre había estado diluido en las brumas de lo inefable- De acuerdo; pues ahora vamos a ver como se utilizan esos órganos, primero para su función biológica y luego, para su función… digamos social.

- Perdón, profesor – un querubín levantó la mano- ¿Ha dicho usted función social? ¿Se refiere a que los humanos socializan también con esos órganos?

- Pues sí. Veréis, aunque las partes del cuerpo de los humanos están concebidas para cumplir una función (o varias) en concreto, la interpretación que los propios humanos hacen de esa función puede ser muy variada. Os pondré un ejemplo fácil… las papilas gustativas, en la lengua, están diseñadas para percibir una serie de químicos en los alimentos, e informar al cerebro de la presencia de dichas sustancias. Esa es la función. Sin embargo, cómo se interpreta esa información por parte del humano en particular es la madre del cordero…- sonrió, pensando en alguien muy concreto de la clase de al lado- por ejemplo, puede tomar algo dulce y experimentar un intenso gozo. Sus papilas simplemente han informado de que el alimento es dulce; pero eso se interpreta como placer.

- Disculpe, señor, pero no veo la función social.

- Imagina que ese mismo humano quiere que sus amigos también disfruten de ese placer que él siente al tomar dulce. Así que les invitará a comer lo mismo que está tomando- el querubín asintió, comprendiendo- Perfecto. Pues os adelanto que el acto sexual, coito, comercio carnal, coyunda, el delicioso, el fornicio, hacer el amor, apareamiento, monta, cópula, ayuntamiento, culiar, polvo, casquete, cabalgarse, conocimiento carnal, pasarse por la piedra, bailar el mambo horizontal, despeinar al chino o como queráis llamarlo, también puede producir placer. Y los humanos socializan a través de él. Y eso que no siempre es cosa de dos…- el alumnado parecía en ese momento un órgano visto desde arriba, con tantas bocas abiertas en forma de "o"- pero me temo que estoy corriendo demasiado… iré más despacio.

Crowley hace una broma con Terpsicore, la musa griega de la danza, y la equivocada respuesta del alumno. Seguramente, nadie de su clase la aprecia, pero a él le hace mucha gracia.

Tercera clase: Sodoma y Gomorra

¡Basta! El lenguaje infernal no puede ser empleado en el Cielo- estalló Uriel poniéndose de pie, con la mandíbula temblando de ira reprimida. Los murmullos comenzaron a llenar la clase, y algunos ángeles se revolvían inquietos- Esto es un intento de corrupción en masa, de arrastrarnos a todos a…

Siéntate, Uriel. Te aseguro que el infierno no se habla así, pero sí en la tierra. Esto es completamente necesario. Tenéis que poneros en sintonía con los seres humanos de una vez, la desconexión que tenéis con aquellos que Ella nos encomendó proteger y cuidar es bestial. No sabéis nada de su biología, pues aún pensáis que lo normal es que nazcan de las costillas de los varones – miró de soslayo a Gabriel, que se miraba los pies en ese momento con mucha atención- y aún menos de sus deseos, sus anhelos, su bienestar y su felicidad… si hasta os importaba un pimiento que muriesen todos en el Apocalipsis, por el amor de Dios! – dijo con voz ronca, cada vez más furioso- Así que, os guste o no, vais a escuchar como son, que les mueve, que les atrae, que les entristece y como se relacionan entre ellos. Vais a saber, a aprender, porque Ella es omnisciente, pero vosotros, panda de egocéntricos estirados, no. – Crowley respiró profundamente, tratando de dejar de echar humo sin conseguirlo. Los ángeles más cercanos se retiraron a prudente distancia- Y es la última vez que tolero una interrupción de la clase por esta causa. Podéis hablar conmigo en mi despacho, podéis poner mil quejas a la dirección celestial, y podéis escribir "Crowley cabronazo" en la puerta de los baños tantas veces como queráis…- Miguel se llevó la mano a la boca- pero esto no va a pasar más veces. En este aula vais a escuchar palabras y expresiones que, como dicen algunos meapilas, harían llorar al niño Jesús, pero todo con la finalidad de que de una vez aprendáis que el pecado está en la intención, no en el hecho en sí. Vais a aprender que amar no es pecado, pero dañar a alguien con la excusa de que lo hacéis por amor, si.

El ex demonio se pasó la mano por el cabello rojizo, intentando serenarse. Ser paciente era una de las cosas que más le había costado siempre, y sus años en el infierno no le habían ayudado precisamente. Cuando le pusieron al frente de aquella asignatura sabía que iba a tener que vencer ciertas resistencias, pues no hay nadie más mojigato que un ángel cuando se lo propone, pero le estaba costando mucho superar este primer día y sobre todo, dejar de recordar cuando esos mismos ángeles habían intentado destruir a su amado Aziraphale. Recordó el termo con tila que su marido le había preparado con cariño y que estaba en un cajón de la mesa, y lo buscó para beber de él. Sabía dulce y fuerte, y Crowley sintió una oleada de gratitud hacia su amado, que tan bien le conocía, y que siempre le apoyaba aún sin estar presente. Cerró los ojos un instante y notó como gracias a este pensamiento comenzaba a recuperar su volátil autocontrol.

Os pido disculpas por mi arranque de ira, hermanos – comenzó de nuevo, con voz más tranquila- Solo intento cumplir lo mejor posible la tarea, la primera tarea, que Ella me ha encomendado desde mi redención. Es muy importante para los hombres y para vosotros… pero para mí, representa la prueba de fuego, el signo de que soy digno de su confianza y del premio que me ha concedido. Por favor… - bajó la mirada- os pido que me ayudéis a lograrlo pero sobre todo que dejéis de verme como el enemigo que nunca quise ser…

Una mano se levantó entre la concurrencia.

Señor… profesor Crowley…- este miró a Muriel, propietaria de la mano- ¿Es adecuado que vaya a darle un abrazo?

Los pasos del ex demonio hicieron eco al volver él solo al gran salón de la coral celestial. La extraordinaria resonancia del lugar era tan perfecta que incluso la caída de un alfiler podía escucharse desde cualquier punto de la gigantesca sala. Crowley miró un momento hacia arriba, calculando su altura. Era una de las estancias más grandes de todo el cielo, diáfana y espaciosa. Hacía tan solo unos instantes que se habían apagado los ecos de las voces angelicales al cantar las alabanzas que se llevarían a cabo allí al final de las clases, y todos se habían marchado ya al terminar sus obligaciones de ese día. El ex demonio se tomó un momento para asegurarse de que estaba completamente solo y luego chasqueó los dedos para invocar el aparato de sonido que había llevado desde su antiguo apartamento a la librería de Aziraphale. Introdujo un pendrive y buscó Whatever it takes de Imagine Dragons. A continuación se situó en medio de la sala y se despojó de la chaqueta y de la camisa. Abrió las grandes alas blancas y negras al tiempo que alzaba los brazos, sin importarle que las cicatrices que cruzaban su espalda y alas fueran visibles pues nadie estaba mirando.

Falling too fast to prepare for this
Tripping in the world could be dangerous
Everybody circling, it's vulturous
Negative, nepotist

Everybody waiting for the fall of man
Everybody praying for the end of times
Everybody hoping they could be the one
I was born to run, I was born for this

Dio una patada al suelo y ascendió formando círculos, dejándose llevar, expresando a través del vuelo y la danza todo el torbellino de sus pensamientos.

Whip, whip
Run me like a race horse
Pull me like a ripcord
Break me down and build me up

I wanna be the slip, slip
Word upon your lip, lip
Letter that you rip, rip
Break me down and build me up

Batiendo las alas cada vez más rápido, tomó velocidad para subir a una altura que le permitiese poder hacer una salvaje pirueta triple en caída libre con la entrada del estribillo.

Whatever it takes
'Cause I love the adrenaline in my veins
I do whatever it takes
'Cause I love how it feels when I break the chains

La música parecía correrle por las venas como el aire penetraba entre sus plumas erizadas, y sus miembros dibujaban pasos de danza en tres dimensiones, dando forma a todas las emociones que le devoraban, intensas y salvajes, más vivas que nunca.

Unos ojos aguamarina contemplaban las evoluciones del bailarín aéreo desde un discreto rincón, sobrecogido y con el vello erizándose con las subidas y bajadas de la música, pero sobre todo con la emoción que transmitían aquellos movimientos, aquellas caídas al vacío y aquellas milagrosas remontadas, a una velocidad y con una precisión fuera del alcance de la mayoría de sus hermanos. Un relámpago viviente de luz y sombra. Crowley era belleza desatada en aquellos instantes, una belleza feroz como el estallido de un volcán; era la perfección del colmillo de la serpiente, la precisión de la garra del halcón. Tantos años junto a él y aún los nervios le cosquilleaban en el estómago cada vez que una sonrisa asomaba a sus labios, así que ver esos impetuosos movimientos y la magnífica fuerza que emanaba de ellos que de puro milagro no hacían que se desmayara.

Finalmente, la música dejó de sonar y lentamente, descendiendo en círculos, Crowley aterrizó, tocando el suelo con los pies extendidos. Nada más hacerlo, sintió la presencia de Aziraphale, y le buscó con la mirada.

Aziraphale?- buscó, con los grandes ojos dorados muy abiertos

Que… querido… si, eh, aquí…- la voz apenas le salía- aquí estoy…siento haberte interrumpido, es que te buscaba y…

Ah, no, no te preocupes… sólo necesitaba… hum, echar nervios fuera, ya sabes…-tras guardar las alas, Crowley se acercó al ángel y le abrazó- Que tal te ha ido tu primer día, cielo?

Difícil – reconoció el Principado, algo abrumado- ha sido más duro de lo que esperaba. Pero creo que he conseguido sentar las bases del curso de un modo bastante aceptable. Al menos, nuestros hermanos ya saben de modo fehaciente que los humanos escriben.

Fantástico. Gran trabajo…- dijo, y sacudió la cabeza, tratando de no echarse a reír- Venga, vamos a cenar, te invito al Ritz para celebrar que hemos sobrevivido a nuestra primera clase.

Creo que no es lo más conveniente, mi querido muchacho – suspiró Aziraphale- Recuerda que nos han solicitado moderación y que no bajemos a la tierra por el momento si no es estrictamente necesario y me temo – ahora el Principado parecía sentirlo de veras- que ir al Ritz ahora podría considerarse un lujo completamente superfluo.

Crowley frunció los labios en un gesto de fastidio. Le molestaba bastante eso de la contención y la humildad, pero no quedaba otra que predicar con el ejemplo. Y desde luego, lo que tenía ahora no le llegaba a la suela de los zapatos a un millón de cenas en el mejor restaurante.

Entonces, te propongo que vayamos a nuestra habitación directamente. Ya picaremos algo después si tenemos ganas- el ex demonio sonrió pícaramente y atrajo a su ángel junto a él para besarle en los labios.

Bueno, eso sí es más apropiado. Hacer uso del matrimonio es perfectamente aceptable, y no un lujo superfluo.

Cuarta clase: La Celestina

Un cursi gorgorito angelical sonó por todas las estancias celestiales, marcando el inicio de una nueva jornada para todos los habitantes de las regiones etéreas. De entre las sábanas inmaculadamente blancas asomó una cabeza con el alborotado cabello pelirrojo destacando entre tanta blancura. Somnoliento, miró su reloj, descuidadamente tirado en la mesilla de noche junto a una prenda que resultó ser un bóxer celeste de media pierna. Crowley dio un salto en la cama al ver la hora.

No puedo creerlo! Ya? Donde demonios se ha ido la noche? –resopló y echó a un lado la ropa de cama- Despierta, angelito… tenemos cinco minutos para llegar a la clase!

Mmm…¿Eh?...¿Qué es lo que han de comer cinco diminutos para que se sacie?

Levanta, hombre, que no llegamos…- el demonio se puso de pie y comenzó a reunir su ropa, desperdigada por todas partes, a una velocidad de vértigo.

Si…jijiji, sí que llegamos, sí. Yo varias veces además… - la cara de Aziraphale emergió entre las sábanas igual que si éstas fueran nubes, risueño y aún medio dormido. Crowley no pudo resistirse y paró para darle un tierno beso en los labios. Mirándole con amor, le dijo:

Cuatro minutos, mi amor. Si siendo los profesores llegamos tarde, estamos jodidos y no en el sentido erótico festivo.

Pero…- el Principado se frotó los ojos- mi querido muchacho… ¿Qué hora es?

Tres minutos después, ambos corrían por el pasillo de los profesores como centellas, sin haber tenido tiempo para ducharse y mucho menos para desayunar, pero sintiendo la felicidad de haber estado juntos aquella noche tanto como la adrenalina en las venas.

Se desearon suerte en su segundo día con un gesto, y entraron en sus respectivas aulas, intentado serenar su respiración antes de abrir la puerta y dar permiso a los alumnos para entrar.

Crowley se colocó junto a la puerta y respiró hondo antes de abrir. Al mirar hacia abajo para comprobar que todo estaba en su sitio, reparó que llevaba un calcetín de Aziraphale.

"Pues ya no se puede hacer nada. Por lo menos, no he olvidado ponerme los pantalones"- suspiró y se colocó la pernera un poco para que no se viera nada del pie. Giró el picaporte- Buenos días, hermanos.

Con cara de aquí no ha pasado nada, el ex demonio aguardó mientras todo el alumnado pasaba delante y se dirigía a sus respectivos asientos. Se preguntó si alguno de los que tanto habían protestado el día anterior se negaría a acudir a clase, pero no tardó en ver a Miguel y a su grupito pasar ante él sin dirigirle la mirada. Sin embargo, Gabriel no estaba con ellos.

Cuando todos hubieron entrado, Crowley hizo amago de cerrar la puerta, pero entonces vio a Gabriel en el pasillo, haciéndole gestos. Sorprendido, alzó una mano para pedirle un momento y se dirigió a la clase desde el lugar donde se encontraba.

Chicos… tengo que salir un instante a hablar con alguien. Hoy vamos a empezar hablando del cortejo entre las personas. Por favor, echad un vistazo al Cantar de los Cantares y leerlo buscando ahí ejemplos. Enseguida estoy con vosotros.

Dicho esto, salió y cerró la puerta tras él. Miró a Gabriel, que parecía tremendamente desdichado.

Está bien… que es lo que te pasa y por qué he de ser yo el que lo arregle? – preguntó con cierto fastidio.

Porque tú eres… has sido… un demonio – comenzó Gabriel frotándose las manos angustiado.

Ah… claro, claro. Pero ya no- Alzó una ceja- Además, si crees que te van a salir pelos en la palma de las manos, ya te digo yo que eso es mentira…

Se trata de Beelzebub… - dijo Gabriel mirándole con los ojos brillantes por las lágrimas- La he visto con… con otro.

Crowley enarcó una ceja, mirando a Gabriel con indiferencia.

Y eso debería sorprenderme porque…?

Por favor, Crowley…yo sé que nunca hemos sido amigos, pero…no tengo a nadie más a quien acudir- suplicando ayuda con las manos unidas, el arcángel bajó la vista hasta sus zapatos- ni siquiera sé qué debo hacer ahora…

Tú fuiste uno de los que me echó del cielo; luego también quisiste matar a mi ángel. No puedo olvidar eso – dijo el ex demonio con algo muy parecido a un siseo – Por otra parte, no sé de qué te sorprendes. Beelzebub es un príncipe infernal, uno de los leales de Satán. No pretenderías encontrar fidelidad y sinceridad en alguien así, verdad?

Gabriel parecía tan destrozado en ese momento como si fuese él y no Crowley quien hubiese pasado siglos en el infierno. Dejó caer las manos a sus costados y dio media vuelta, derrotado. El pelirrojo sintió un nudo traidor apretando su pecho. Gruñó y sacudió la cabeza.

Oh, por todos los dem…los santos! Por todos los santos, Gabriel, espera. Entra a clase, y luego ven a verme a mi despacho, anda.

¿Me ayudarás? – dijo, con los ojos violeta anegados, y le agarró las manos- pese a todo lo que te he hecho, ¿me ayudarás, Crowley?

Hissss… no hagas eso- hizo una mueca como si le diera un escalofrío y se metió ambas manos en los bolsillos- hablaremos, pero no prometo nada. Ni que pudiera hacerlo, de todos modos…

Sonriendo ligeramente pese a las lágrimas, el antiguo arcángel supremo apoyó la mano en la puerta del aula. Crowley le dio un toque en el hombro y le ofreció un pañuelo negro sin mirarle.

El leve murmullo de la sala se aquietó cuando el profesor entró en el aula, dirigiéndose con su particular paso al estrado. Tras él, Gabriel se sentó silenciosamente en las filas delanteras, pese a que junto a Uriel había un lugar vacío. Crowley introdujo la mano en un cajón de su escritorio y sacó el libro favorito de los presentes.

Bien; habéis encontrado los ejemplos que os dije en la Biblia u os habéis encontrado con alguna dificultad? – preguntó al alumnado. Algunos se revolvieron incómodos, pues la pregunta tenía trampa, pero otros que ya se habían dado cuenta de que había que pensar las respuestas en aquella clase antes de darlas, levantaron tímidamente las manos- Si?

Profesor… el Cantar de los Cantares no se encuentra en la Biblia – dijo un ángel con pinta de empollón.

Mmm… esa respuesta es mitad correcta y mitad equivocada. Todo depende de la edición que consultéis, la tradición a la que se suscriba y su año de impresión. Está incluido en el Antiguo Testamento, pero es cierto que se trata de un libro único en la Biblia, pues no sigue el género de todos los demás. Básicamente, el texto es una pareja tirándose los trastos* el uno al otro. Para ciertas corrientes, la judía por ejemplo, supone un problema por sus particularidades; los humanos nunca se ponen de acuerdo entre ellos, pero puedo aseguraros que fue directamente inspirado por su propia Omnipotencia para enseñar que el amor siempre triunfa. Una vez aclarado este punto, vamos al lío. Venga, que ejemplos de cortejo habéis encontrado?

Yo… eh…he visto este: "Que hermosa eres, amada mía, que hermosa eres. Son palomas tus ojos a través de tu velo" (Cantar de los Cantares 4:1)

Ajá, bien. Como veis, el esposo le dice a la esposa en estos versículos que es hermosa y hace una comparación se supone que bonita para alabar sus ojos. Eso es lo que se llama un cumplido, o un piropo. Unas palabras para regalar y agradar a la pareja- dijo Crowley, muy contento- Venga, otro caso.

"Como un lirio entre los cardos es mi amada entre las doncellas?" (CdlC 2:2) – dijo una voz un poco estrangulada en las filas de atrás.

También. En este caso, el esposo dice que ella es muy guapa y las demás mujeres un poco orcos. No es precisamente el más poético de los cumplidos pero oye… hay a quien le funciona. Muy bien! Más, venga.

Profesor…- la mano de Gabriel se alzó pidiendo permiso para hablar, y una vez concedido, se levantó para recitar los siguientes versículos con voz temblorosa- "Que bellos son tus pies con las sandalias, hija de príncipe! El contorno de tus caderas es una joya, obra de manos de orfebre. Tu ombligo es un ánfora en que no falta el vino; tu vientre, acervo de trigo rodeado de azucenas. Tus senos dos cervatillos, mellizos de gacela.." (CdlC 7:2)

Todas las cabezas se giraron para mirar a Gabriel.

Ahm… si… si, ese es justamente uno de los ejemplos más explícitos que hay…- titubeó Crowley- Gracias por tu aportación, hermano, siéntate. Ehm… bueno, con estos ya hay ejemplos suficientes; pasemos a lo siguiente.

Para distraer la atención de la clase de Gabriel, que se había puesto más rojo que las amapolas, Crowley chasqueó los dedos y dos siluetas, una masculina y otra femenina, se dibujaron en el pizarrón situado al frente de la clase. En la mano del ex demonio apareció un puntero láser, con el que señaló a las figuras.

Hay que saber que las alabanzas de determinadas partes de la anatomía del otro son la salsa y el fundamento del ritual de cortejo humano. Normalmente, dichas partes son el lugar donde se sitúa el principal foco de interés para la pareja potencial. Y que aunque no todos los individuos tienen los mismos objetivos, si está como muy estandarizado que es lo "deseable" y como ha de ser dicho atributo para cumplir con las expectativas- Crowley miró a sus alumnos, que le miraban con sonrisa boba y mirada perdida. Con la mosca tras la oreja, preguntó- Alguien se ha enterado de algo de lo que acabo de decir, hermanos?

Un montón de cabezas se movieron al unísono de izquierda a derecha.

Que sincronización! De acuerdo, lo explicaré con un ejemplo para que se vea mejor…mmm…ah! No… mejor no empezamos por ahí – dijo Crowley con una ceja levantada y frotándose la nuca- Entonces… no, eso tampoco… a ver... desde luego, esto se le da mucho mejor a Aziraphale…Ah, si! los ojos...- sonrió y volvió a adoptar su pose docente (y casi decente)- En el Cantar hemos leído como se alaban los ojos de la chica; se los compara con palomas, que son aves asociadas con el amor y la paz. Es decir, con algo hermoso y por tanto, agradable. Y como se supone que lo hermoso es bueno, pues es como si durante el cortejo, la pareja se dijese "eres bueno y por eso me gustas"…Ahora sí se ha entendido?

Las cabecitas se movieron arriba y abajo.

Fenomenal! Pues esas regiones anatómicas se circunscriben a áreas concretas, que en realidad son las que participan más activamente en la reproducción y en la obtención de recursos. Nadie, salvo alguien muy raro, le diría a su posible pareja " tus codos son tan maravillosos como un amanecer de primavera"… porque el codo, así en principio, no tiene nada que ver con la reproducción. Sin embargo, en número y variedad de alabanzas, los pechos y las caderas femeninas son los que se llevan la palma – en las figuras cambió el color de las partes mencionadas- Y si hablamos de las chicas, ellas alaban el torso masculino, a poder ser musculoso, y las piernas en menor medida, porque son las herramientas para conseguir recursos con los que alimentar a las crías. Así que en realidad esto es tan antiguo como el mismo hombre.

Cuando los ángeles salieron de la clase para el primer descanso, los indignados murmullos del día anterior habían sido sustituidos en gran medida por interesadas charlas acerca de la materia. Y es que los más avispados estaban empezando a ver que, lejos de querer traer caos al Cielo, el ex demonio Crowley tan solo quería traer al Cielo otro punto de vista diferente, sacudir las telarañas de todos esos conocimientos almacenados durante eones en las polvorientas bibliotecas celestiales.

En el argot de buena parte de España, tirarse los trastos significa flirtear, ligar. No dudéis en decirme si estas aclaraciones os ayudan o no son necesarias ;)

Un descanso: Lobos con piel de cordero

Y hablando de polvo y telarañas, eso era lo que Crowley había pensado siempre que tenía Gabriel en la cabeza. Y poco le había importado hasta ese momento que los piojos y las pulgas se comieran el poco cerebro que allí había cuando supo que el arcángel estaba liado nada menos que con el príncipe infernal Beelzebub. Era bien sabido por todos los demonios que el Señor de las Moscas tenía un amante, cosa que a nadie asombraba ni preocupaba en el infierno, y que aquel amante era un pez gordo de las altas esferas, aunque todos habían asumido que se trataba de algún político o de un alto eclesiástico. Sin embargo desde el día en que desnudo y desmemoriado, Gabriel se presentó en la librería de Aziraphale, habían ido cambiando cosas, muy a pesar de Crowley.

Y ahora le tenía allí enfrente, como un cachorro abandonado bajo la lluvia, mirándole con una irritante mezcla de súplica y esperanza en su mirada violeta, sentado en la silla que había frente al escritorio de su despacho.

A ver, Gabrielito…- dijo, inclinándose hacia atrás en el asiento y poniendo los pies sobre la mesa- me cuentas por qué narices has acudido a mí precisamente? Y sobre todo… que es lo que pretendes que haga yo con este asunto?

Pues que medies, claro está. Que hables con Beelzebub y que le expliques que…

Es una broma, verdad? – repuso Crowley, enseñando un colmillo en una mueca de incredulidad- Se trata de alguna novatada o algo así, no?

¿Por qué te resulta tan difícil de entender? Eres inteligente y estamos hablando la misma lengua – contestó Gabriel con genuino asombro- Sin duda otro demonio ha debido intervenir y ha confundido a Beelzebub y ahora no sabe lo que quiere. Tú puedes hablar con los demonios todavía, nos lo han dicho a los arcángeles, ellos piensan que aún eres de los suyos…

Ya… ya entiendo que papel juego yo en esto.

Crowley, irritado, se puso de pie empujando la silla hacia atrás tan bruscamente que casi la tira. El fluido movimiento al erguirse recordó más que nunca al de una serpiente enderezándose para atacar. No podía permitirse el dejarse llevar por su temperamento y mandar a Gabriel a hacer algo que sin duda era muy improbable que pudiera poner en práctica, y mucho menos ahora que se había convertido en un educador y por tanto un supuesto modelo a seguir. Pero se suponía que era un secreto que el pelirrojo conservaba, junto con su recién recobrada naturaleza angelical, también la esencia demoníaca y por tanto podía bajar al infierno sin ser detectado. Realmente no sabía por qué Ella había decidido que así fuese, pero estaba segurísimo de que no era para andar haciendo de alcahuete de Gabriel y sus mierdas amorosas.

Escúchame bien, Gabriel. Voy a abrirte los ojos, y voy a intentar hacerlo de un modo suave y cariñoso. Nadie ha engañado a Beelzebub ni le ha liado para que te ponga los cuernos. Está haciendo exactamente lo que quiere, lo que está en su naturaleza, sabiendo perfectamente que eso te duele y riéndose de ti – Gabriel se puso de pie y abrió la boca para contestar, pero Crowley le detuvo con un gesto- Olvídate de esa relación por tu bien; un ángel y un demonio no pueden estar juntos, porque son como agua y aceite.

Tan pronto como estas palabras abandonaron sus labios, a la memoria de Crowley acudió un recuerdo antiguo, muy antiguo, que implicaba el mismo lugar y a los mismos seres.

Ya te he dicho en más de una ocasión que no le sigas la corriente- el arcángel Gabriel, con las manos apoyadas en su escritorio y echado amenazadoramente hacia delante, increpaba al serafín pelirrojo que una vez más había vuelto a preguntar por la conveniencia de las decisiones de su Omnipotencia – Las ideas que Luzbel está metiendo en tu cabeza no son las apropiadas para un servidor del Cielo. *

Pero si lo único que pretendemos es limar las pequeñas imperfecciones de su Plan! Hemos pensado que en vez de que Ella atienda a esas nimiedades, nosotros podemos ayudar a…- comenzó suavemente el pecoso serafin.

¿Cómo osas proferir semejantes palabras? – alzando la voz, Gabriel abrió las alas como un águila a punto de atacar- Que barbaridad, pensar que el Plan de su Omnipotencia tiene imperfecciones… es más – dijo con gesto despectivo- pensar es algo que no tienes que hacer. Un ángel obedece, no piensa. Así que haz lo que tienes que hacer, obedecer, y deja de ir contra nuestra naturaleza con tus… ideas, o atente a las consecuencias. No habrá más advertencias.

Esta idea se explica y desarrolla en el fic Crimen y Castigo

Cuando la mente de Crowley volvió al momento presente, se dio cuenta por la mirada de Gabriel que también él se había acordado de aquella escena y de las relacionadas… y de que lamentaba haber sido tan severo e inflexible con el ingenuo serafín pelirrojo, seducido por el más astuto de los enemigos, aquel que la traicionó incluso a Ella.

Crowley…por favor. Yo también deseo que mi demonio se redima y poder vivir junto a él. Deseo fervientemente seguir vuestro ejemplo, ser como Aziraphale y tú, poder rescatar a Beelzebub que también fue nuestro hermano…- unas amargas lágrimas rodaron por sus mejillas- ahora lo entiendo; he tardado demasiado tiempo, pero ahora entiendo que vuestra caída fue el fracaso de todos nosotros, porque no supimos brindarlos la ayuda que necesitabais y romper la telaraña en la que os atrapó el Adversario.

Crowley le miró sin dar crédito. ¿Un arcángel reconociendo que había cometido un error? ¿Liberándole de la responsabilidad del pecado cometido por estar en el bando de Lucifer?

Cuando estamos juntos es como si…- la sonrisa de Gabriel mezclada con sus lágrimas era dura de ver- como si el paraíso fuera más grande y sólo para nosotros dos. Beelzebub cambia junto a mí, vuelve a ser como antes, un dulce ángel, como si su paso por el infierno no fuera más que un mal sueño. No… no puedo concebir ya la existencia eterna si no es a su lado; si no está, yo no quiero seguir.

Gabriel…- el ex demonio sintió como un mazazo en la boca del estómago al escuchar las sinceras palabras de su desconsolado hermano. Cuantas veces le había maldecido desde el infierno, odiando cada gesto, cada línea de su rostro, cada palabra que había salido de su boca en el Cielo. Se había jurado a sí mismo que si tenía ocasión, se vengaría del arcángel Gabriel, devolviendo centuplicado todo el dolor y la humillación recibidos. Y sin embargo ahora… ahora que le pedía ayuda desde el pozo negro del terror de la pérdida del ser que más amaba sentía que no podía negarle ayuda. Cerró los ojos, luchando contra las lágrimas. También había deseado desaparecer para siempre cuando creyó perder a su propio ángel- …déjame hablar con Aziraphale.

¿Con Aziraphale? Pero si él no puede hablar con Beelz…

Mira, no puedo asegurarte de que vayamos a poder hacer nada; pero lo que sí sé es que para conseguir que un demonio salga del infierno, es imprescindible Aziraphale.

Quinta clase: Razones y porqués

Mientras los alumnos de Crowley volvían al aula charlando animadamente, los de Aziraphale ya estaban sentados en silencio en sus respectivos lugares. Así como el aula del ex demonio mostraba las paredes desnudas y diáfanas y el profesor iba invocando los materiales que necesitaba a medida que explicaba, la sala donde el Principado impartía clases se encontraba atestada de estanterías, mapas, pergaminos y libros de todo tipo. En realidad, el lugar recordaba mucho a su antigua librería en el barrio del Soho e incluso su escritorio de profesor, situado delante de un cómodo sofá con estampado de tartán, estaba tan cubierto con más libros, papeles y cuadernos que cuando se sentaba, apenas se vislumbraba de él más que los dorados rizos.

Los alumnos también disponían de sillas tapizadas y escritorios con cajonera, y cada uno tenía ya un buen montón de libros de lectura obligatoria en su mesa. Los ángeles podían simplemente apoyar la mano en el libro y de ese modo conocer lo que contenía, pero Aziraphale había insistido en que todos aquellos títulos debían ser leídos de la manera tradicional, pues eran grandes obras del pensamiento humano y para ser correctamente comprendidos habían de ser trabajados a la manera de los hombres.

Bienvenidos de nuevo, hermanos. Decíamos ayer que el pensamiento humano es universal y que a grandes rasgos ha coincidido siempre en líneas generales a pesar del espacio y del tiempo – comenzó con una sonrisa el ángel- En estas clases introductorias hemos hablado ya de que, desde que el hombre es tal, sin duda se ha preguntado constantemente por cómo funciona el mundo, pero también ha buscado explicaciones acerca de su propia naturaleza. Estas sencillas preguntas, a saber, ¿Qué es esto? y ¿Quién soy yo? son el germen de todo el vasto conocimiento, en ocasiones muy imaginativo, que ha desarrollado el ser humano.

Con una exquisita caligrafía, Aziraphale apuntó en la pizarra ambas preguntas, y abrió un árbol de flechas con origen en cada una de ellas.

Entonces, cuando el hombre se preguntó por el mundo que le rodea, es decir, la Creación de su Omnipotencia, originó disciplinas tales como la Química, la Geografía, la Astronomía o la Botánica, por citar sólo un pequeño número- apuntó estas ciencias en la pizarra- y cuando se preguntó por sí mismo, dio lugar a un conocimiento aún más abundante, pues para el hombre la mayor fuente de curiosidad del universo es él mismo. Para mañana, por favor, debéis haber encontrado al menos diez ciencias humanas que exploren una faceta de esta segunda pregunta.

Los ángeles se miraron entre ellos; además de tener que leer todo aquello, ¿también les ponía tarea para casa? Desde luego, iba a hacerles trabajar de lo lindo.

Bien, hoy nos vamos a centrar en la presentación de las primeras disciplinas, las que tratan de explicar la Creación. Por supuesto, muchas, si no todas, intentan incluir de alguna manera al propio ser humano y…- una pequeña serpiente entró reptando en el aula y, como si fuera lo más normal del mundo, se acercó a Aziraphale y escaló por su escritorio, donde se enroscó en una espiral perfecta justo sobre las notas manuscritas que el Principado había llevado para organizar la clase. Le miró con descaro y le sacó la lengua bífida- dis… disculpadme un momento. Parece que, jeje, sin duda parece que tengo un mensaje.

El Principado tomó cuidadosamente al reptil entre sus manos y lo acercó a su rostro. Los ojillos del animalito brillaban con sagacidad. Adelantó su cabeza triangular hasta que su morrito impactó contra la nariz del rubio. (boop!)

¡Cielos! Que singular… ahm… supongo que vienes de parte de Crowley, ¿no es así?- la culebrita levantó la cabeza y asintió vigorosamente- Lo suponía… ¿acaso está en problemas mi querido muchacho?- al obtener una negativa, Aziraphale suspiró aliviado- Bien; eh… entonces, se trata de otra cosa…¿tal vez una petición para que nos veamos? – la serpiente se puso a bailotearle en las manos- ¡Fantástico, he acertado! Bien, pues… ¿Puedes comunicarle a Crowley que estaré disponible a medio día, en la sala de profesores?

La pequeña serpiente asintió de nuevo y se deslizó por su brazo para bajar por la pierna del ángel hasta el suelo, por el cual se alejó siseando algo que sonaba sospechosamente parecido a "Mrs. Robinson"

Disculpad la interrupción, por favor – con una sonrisa algo culpable, Aziraphale revisó sus notas, convenientemente arrugadas por la serpiente, para recuperar el hilo de la clase- Bien, empezaremos ahora hablando del conocimiento mágico religioso, entendido como los primeros pensamientos abstractos del ser humano. Si sois tan amables de tomar nota… esto es ya materia de examen.

Unas horas después, la pareja inefable se encontró en la sala de profesores, tal como habían acordado por ofidimensaje. Aprovechando que estaban solos, Crowley se acercó a Aziraphale y le tomó por la cintura, acercando su rostro al del ángel como si fuera a besarle hasta que su afilada nariz chocó con la de su querido ángel.

Boop!- susurró, y sonrió feliz con la pequeña travesura.

Oh, serpiente burlona, pensé que ibas a…- acercó los dedos a sus labios como si quisiera consolarlos por el beso no otorgado y luego compuso una suave sonrisa- … que sepas que no voy a conformarme con eso, naturalmente.

Claro que no. Pero has puesto un gesto muy gracioso, así, sacando morritos – Crowley puso boca de pez (3)- Me parece que deberías plantearte poner esa cara permanentemente…

¡Pero que disparate, querido!- aprovechando que sus manos rodeaban la cintura de su esposo, Aziraphale le propinó una suave palmada en el trasero- Haz el favor de comportarte como el respetable profesor que eres, y no como un gamberro incorregible, o me veré obligado a tomar medidas.

Crowley se echó a reír, una maravillosa risa cálida, juguetona y alegre, por la que el cielo había esperado eones y Aziraphale había entregado en prenda de matrimonio su alma inmortal.

Pues no quiero, hale! – sentenció el pelirrojo, sacándole la lengua- Mide lo que quieras, por mí como si me mides de arriba abajo – y le guiñó un ojo – sin nada de ropa, por supuesto.

Crowley, si continúas con esa actitud, no me vas a dejar otra opción que…- comenzó severamente el Principado, provocando un destello de diversión y lujuria a partes iguales en los ojos del ex demonio. Por desgracia, la puerta se abrió en aquel momento para otros dos profesores, fastidiando otra vez el momento erótico-disciplinario- … no habrá otra opción más que la correcta y la incorrecta, por supuesto… claro, al ser un examen de tipo test, ya se sabe…

Eh… si, si, claro…- Cruzando las piernas, Crowley se apartó disimuladamente de Aziraphale- Pues… como comentábamos, profesor Aziraphale, hay una serie de detalles que tal vez sería conveniente discutir mientras… damos un paseo, eso es, para refrescarnos y… eh, estirar las piernas.

Magnífica idea, profesor Crowley – Aziraphale se acercó rápidamente a la puerta, mientras los otros dos profesores les miraban con cierta curiosidad- Después de ti, por favor.

Exiliados al pasillo por el que circulaban los estudiantes, la pareja se miró entre fastidiada y aliviada por la interrupción. De no haber tenido lugar, tal vez habrían llegado mucho más lejos y se habrían metido en un buen lío. El ex demonio sacudió la cabeza.

Más vale que seamos más discretos con lo nuestro… ya nos han dado un toque ayer y ya sabemos que en el Cielo no son muy amigos de segundos avisos.

Es… no puedo permitir que esto vuelva a suceder – el Principado, de color fresón, estrujaba nerviosamente un pañuelito bordado que había sacado del bolsillo- Válgame Ella, que poco autocontrol tengo últimamente… es tenerte cerca y perder los papeles, no me lo explico.

Me temo que eso es culpa mía- confesó Crowley, compungido- Haré lo posible para mantenerlo a raya. Y por cierto, en realidad te había pedido que quedáramos para hablarte de un asunto importante, lo que pasa es que como te echo tanto de menos cuando no estoy junto a ti, pues…

Oh, querido…- Aziraphale le puso cariñosamente la mano en la mejilla- también yo te echo de menos, aunque estamos más tiempo juntos que nunca. ¿Por qué dices que es culpa tuya? ¿Y cuál es ese asunto importante?

Por el pasillo se acercaban unos estudiantes charlando animadamente de sus clases angelicales. Aunque sólo era el segundo día, la mayoría de los ángeles se habían puesto ya en su papel de aprendizaje y parecía que llevaban toda la vida haciéndolo. Crowley les contempló mientras se aproximaban, les saludaban respetuosamente y continuaban su camino por el pasillo, abrazados a sus libros.

Les has puesto deberes?- preguntó, al escuchar la conversación- Oh, bueno, es culpa mía porque soy un Tentador… y justamente el problema que quería comentarte tiene que ver mucho con eso. Te acuerdas de que hemos hablado largo y tendido acerca de que Ella me haya reintegrado a mi naturaleza de ángel sin anular la de demonio, y que tú habías llegado a la conclusión de que era algo inefable y yo de que ya pitaría por dónde fuese? Pues creo que ya ha pitado.

Querido muchacho… no sé si te sigo- saludó también a los estudiantes y luego se encaró de nuevo con Crowley- Francamente, no sé qué tiene que ver el pito con las tentaciones y sus designios…

Jijijiji… algo tiene que ver, sí. Pero al hilo de esto, creo que Ella me ha dejado así para que pueda volver a descender al Infierno.

Aziraphale se puso serio de repente, tensando el rostro. A pesar del engaño del agua bendita y el susto correspondiente que se llevó la burocracia infernal cuando vieron que no podían ejecutar a su marido, no hay advertencia que cien años dure y menos para unos tarambanas tales como los demonios.

Eso es una temeridad tremendamente arriesgada, querido. –dijo, agarrándole de las manos- ¿Para qué querríais Ella o tú que descendieras de nuevo al Infierno?

Para hablar con Beelzebub, por ejemplo. Creo que es Su voluntad que no sólo yo pueda ser redimido – repuso, con los ojos brillantes- Pero no podré hacerlo sin tu ayuda, porque en realidad tú fuiste quien me sacó de allí abajo.

Sexta clase: Males antiguos

Un nuevo conato de rebelión surgió durante las clases de la tarde en el aula de Crowley. Entre que el ex demonio quería adelantar materia y que sus alumnos llevaban desde el principio de los tiempos siendo unos mojigatos, se estaba produciendo un alboroto considerable.

Pero vamos a ver… qué es lo que tanto os perturba del sexo, alumnos míos? De verdad pensabais que a los bebés los traía la cigüeña? He leído las redacciones que os pedí y salvo un par de excepciones, todos los demás dais vueltas como molinillos sin llegar a hablar nunca del tema solicitado. Mis clases son acerca de las relaciones humanas, no sobre política- Crowley se pasó la mano por el cabello rojo, frustrado. Los ángeles le miraban desde sus asientos, algunos avergonzados, otros indignados, y la mayoría simplemente confundidos – Os he pedido que estudiéis los mecanismos, no las variaciones. No hay nada de lujurioso en la creación de nuevas vidas…en realidad, puede incluso entenderse como un milagro, casi una forma de eternidad.

Miguel le miraba con severidad desde su asiento. No importaba lo que Crowley dijese, él estaba seguro de que no había necesidad ninguna de prestar atención a la fisiología humana. Era tan ridículo como que un conductor se preocupara por saber cómo funciona el radiador de un vehículo. Su mirada no le pasó desapercibida a Crowley.

Miguel, por favor. Tienes la palabra. Dime cuál es tu dificultad con este tema- dijo, tratando de mostrar amabilidad y cercanía en la voz-

No tengo ninguna dificultad. Simplemente, un ángel no habla de perversiones ni pornografía, ni lo piensa siquiera, porque mantiene la mente en pensamientos elevados.

No, no. Esos temas son para el segundo trimestre. Ahora mismo estamos hablando de fisiología. Del acto natural y biológico. Como cualquier otro animal, ya sabes – repuso, encogiéndose de hombros.

Si es cuestión de instinto, ellos sabrán cómo deben hacerlo, me parece. ¿Por qué debemos conocer nosotros los detalles?

Porque es la base para el resto de cosas que explicaremos. Porque si seguís pensando que todos los hombres nacen adultos de una costilla de un tal Adán que anda por ahí donándolas como si tuviera millones no podéis comprender muchas de las motivaciones humanas, ni buenas como el arte o la ciencia, ni malas, como los crímenes.

Algunos de los alumnos asintieron, de acuerdo con el razonamiento. Sin embargo, Miguel no iba a rendirse tan fácilmente. Torció el gesto y compuso una desagradable sonrisa.

¿Y las clases también incluyen demostraciones? ¿Vais a ilustrarnos tú y el… profesor Aziraphale – dijo, escupiendo las palabras- copulando sobre la mesa para que veamos de qué trata el sexo?

La luz del aula se tornó súbitamente roja como el vientre de un volcán. Crowley, con las alas y los colmillos desplegados, lanzó una mirada de fuego a Miguel.

Sal de mi clase, maldita arpía envidiosa, pero ya.

Miguel hizo un gesto de fingida sorpresa, pero luego asintió con la cabeza, recogió sus cosas y salió de la clase. El silencio se apoderó del aula entera. Ni siquiera se les había pasado por la cabeza que un ángel pudiera ser expulsado de algún lugar. Era simplemente inconcebible. Y sin embargo, Crowley acababa de hacerlo. ¿Significaba eso que ya no asistiría a más clases? ¿Entonces, cómo recibiría la materia de la que tendría que examinarse al final del curso, y de cuyo aprobado dependía que permaneciese en el cielo como un ángel?

Algunos empezaron a revolverse incómodos en el asiento cuando el arcángel salió y cerró la puerta. Pese a los eones transcurridos, en el recuerdo de todos estaba fresco todavía el recuerdo de aquella batalla entre hermanos cuando los que desafiaron la voluntad de su Omnipotencia fueron expulsados del cielo.

…las acrobacias de los serafines rebeldes les ponían a salvo de los proyectiles de fuego celestial de los pesados tronos, con sus armaduras acorazadas, tremendos tanques para el cuerpo a cuerpo pero lentos en sus movimientos contra los ágiles cabalganubes de seis alas. Por todas partes resonaban los impactos de las bolas de fuego, que erraban prácticamente todos sus esquivos objetivos, y se sentía el inmenso calor de las llamaradas aéreas de los serafines, que sin embargo poco hacían contra la armadura de los tronos. La infantería angelical, rota la formación por varios puntos, trataba de reagruparse bajo las órdenes de los arcángeles, que intentaban aguantar mientras llegaban los refuerzos de tropas y armas, de manos de la intendencia que formaban las virtudes. Las órdenes eran capturar a todos y cada uno de los levantiscos comandados por Luzbel y aunque toda la jerarquía celestial tenía formación militar, aquella era la primera vez que estaban utilizándola para algo que no fuese un juego de guerra.

Agotado, Miguel se parapetó tras un pilar y sintió la frialdad de la piedra en su espalda con una lucidez desacostumbrada. Una llamarada lamió las estriada columna, dejando un largo quemón en la superficie y cristalizando la roca. El arcángel, con el vello de punta, dio gracias mentalmente por haberse librado de aquel impacto que hubiese hecho mucho daño a su corporación. De repente, sintió un súbito cariño por la misma que jamás había experimentado antes. La delicadeza y perfección del movimiento armónico de todos sus miembros, el suave ciclo de la respiración y del fluir de su sangre… obra y creación de Ella que sus propios hermanos se afanaban en destruir. Una oleada de fría rabia le envolvió. No sólo no habían acatado las órdenes de rendirse sino que habían lanzado una ofensiva contra los portadores del mensaje. Ya nada podía hacerse para volver de nuevo al buen camino a aquellos ángeles. Ya no eran sus hermanos.

Miguel salió súbitamente de detrás de la columna y arrojó su lanza celestial contra el serafín que le había atacado, mientras describía una curva en el aire para volver a ascender. La punta del arma y el ala central derecha del objetivo confluyeron en el mismo punto, y el serafín cayó a tierra con un grito angustiado. El arcángel sonrió. Otro rebelde más hecho prisionero…

Esa noche, cuando Aziraphale entró en su dormitorio, ya era muy tarde. Había tenido ese mismo día sus primeras tutorías después de las clases, y no pocos hermanos habían pasado por su despacho para consultar las decenas de dudas sobre la materia, los trabajos y la bibliografía que iba desarrollando en sus lecciones. Las horas habían ido pasando, horas en las que el Principado había atendido solícitamente (y de forma muy amplia) todas y cada una de las preguntas de sus alumnos, feliz de ver su interés y de poder compartir el conocimiento acumulado en la Tierra sobre los seres humanos. Sin embargo, el precio a pagar fue que no pudo pasar ni un momento de aquel día con su marido, ni tan siquiera intercambiar una palabra con él.

Ahora viéndole dormido sobre su cama, las ondas rojas destacando sobre las sábanas blancas, semiarropado y abrazado con fuerza a la gran almohada con brazos y piernas, le recordó tanto a una pequeña serpiente enroscada al calor de su escondite que no pudo evitar recordar su primer encuentro en el Edén… cuando le confundió con una verdadera serpiente y adelantó sonriente una mano para posar suavemente el dedo encima del suave hocico escamoso.

Cuando el reptil sacó la lengua, parpadeó y correspondió tocando con el morro la nariz de Aziraphale, entonces empezó a sospechar que aquella serpiente tenía truco.

Casi se rió al recordar aquello, pero entonces se dio cuenta de que su querido ex demonio tenía el ceño fruncido y la mandíbula tensa. Estaba dormido, sí, pero no relajado. Aziraphale sabía que algo le preocupaba y mucho. Ya llevaba más de 6000 años junto a él como para saber que esa expresión no indicaba nada bueno. Recordó con aprensión lo que había dicho de bajar al infierno a hablar con Beelzebub y entonces lamentó no haber dejado al menos un pequeño espacio de tiempo para su marido aquel día.

Con cuidado de no despertarle, se dispuso a sentarse ante su escritorio. Sólo Crowley conservaba la costumbre desarrollada en la Tierra de dormir todas las noches, y Aziraphale tan solo lo hacía cuando los dos se acostaban juntos. Así que no tenía ningún sentido tumbarse junto a él y arriesgarse a interrumpir su sueño, por lo que decidió que aprovecharía la noche para adelantar trabajo. Apenas había empezado a ordenar silenciosamente los papeles cuando la respiración de Crowley cambió.

- Has estado muy ocupado hoy, ángel.

- ¡Crowley! Oh, cuanto lamento haberte despertado… yo… eh, si, ciertamente. Mis alumnos tenían muchas consultas para efectuar y no podía atender a unos sí y a otros no, claro…- respondió, sonriendo nerviosamente- Tú… ¿has tenido un buen día, querido?

- Meh, los he tenido peores. Anda, ven un rato a la cama. Deja ya los dichosos papeles, ratón de biblioteca – se movió para dejarle espacio, creando un hueco rodeado por su cuerpo.

- Ah, pero ¿no quieres dormir? Aunque si deseas hablar, por supuesto que estoy dispuesto siempre…

- Deseo abrazarte y aspirar tu olor. Ven, hoy necesito sentirte junto a mí.

Enternecido y alarmado a partes iguales, el Principado se apresuró a ponerse su ropa de dormir y a acostarse junto a su querido muchacho. Pocas, muy pocas veces Crowley hablaba sobre cómo se sentía. En el infierno había aprendido a esconder sus sentimientos, igual que un animal salvaje que sabe que si muestra debilidad, los demás se echarán sobre él para destrozarle. Con enorme paciencia, Aziraphale había conseguido que el ex demonio se abriera en determinadas ocasiones, solo con él y solo cuando sentía que el problema le superaba mucho. En eso consistía en parte su milagrosa relación; en estar ahí para el otro.

- Cuéntame, mi querido muchacho – acarició tiernamente las ondas rojas- ¿qué es lo que te preocupa?