Sabía que sería difícil. Lo había sabido desde el principio y aún así ahí estaba.

Ya era pasada la media noche y a pesar de estar agotada no podía dejar de darle vueltas.

Le encantaba pasar tiempo con él. Era algo que ya había asumido y que incluso se había atrevido a admitir.

Él, por otra parte, solo la había mirado en silencio. Sus ojos negros como la noche observándola. Sabía que pasaban muchas cosas por su mente, sabía que tenía mucho que decir, pero aún así ninguna palabra salía de su boca y ella era incapaz de leer sus pensamientos por mucho que lo intentase.

Ya llevaban un tiempo así.

Pasaban tiempo juntos, incluso le había visto sonreír un par de veces. Su tacto ya era algo conocido, casi familiar a pesar de no ser algo diario.

¿Cómo era que aún así siempre acababan de la misma manera?

El silencio al final de sus encuentros. Su mirada evitando la suya, distante, arrepentida, culpable.

Apagó otro cigarrillo volviendo a mirar al techo en busca de respuestas.

¿Era demasiado intensa para él? ¿Le molestaba? ¿Se arrepentía de mostrar un lado suyo que normalmente no solía ver nadie? ¿Quería distancia aún cuando parecía disfrutar la cercanía?

Preguntas que día y noche rondaban su cabeza y que solo se disipaban al estar a su lado... a pesar de siempre volver con cada despedida silenciosa.

Ella había sabido desde el inicio que no sería fácil. Había sabido que él no demostraría nada fuera de esos momentos utópicos. Sabía que tendría que tomar las riendas. Que tendría que ir con cuidado. Que tendría que ser la cabeza madura y pensante.

Pero ya había caído. Ya se había estrellado y para ella ya no había marcha atrás.

Lo único que le quedaba era esperar que esos ojos profundos e indescifrables le dieran una pista. Esperar que él, con solo palabras que él podía pronunciar, la sacara de esa espiral en la que se había sumido. Que la salvarán de ese pozo de incertidumbre y desesperanza en el que estaba metida.

Cerró los ojos y se volvió a encontrar con los suyos. Negros, oscuros, profundos, crípticos, impenetrables. Esos ojos que un día esperaba ser capaz de descifrar.