Nota del Autor: Esta historia formaba originalmente parte de los cuentos de la serie "La Zona Roja de Ciudad Macross", no obstante decidí publicarla en forma independiente debido a que se volvió algo más extensa de lo planeado... también he bajado el tono del lenguaje y las descripciones para adaptarla a un publico más juvenil. Espero que la disfruten.

Gerli.


Un Reloj y un Perfume Exótico

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—¿Capitán Focker?

El veterano piloto de combate levantó la vista de su Pad al escuchar su nombre. Un soldado de infantería se encontraba en la puerta de entrada de la sala de pilotos y miraba nervioso en su dirección. Dejó la tableta sobre el escritorio e hizo un ademán con la mano para que el hombre se acercara.

—¿Sucede algo, Cabo? —preguntó cruzándose de brazos en cuanto el soldado se acercó lo suficiente.

El hombre parecía nervioso y miraba a los lados, como asegurándose que nadie lo estaba viendo. —Me dijeron que le entregue esto: —dijo sacando un sobre marrón de debajo de su chaqueta.

Roy no era ningún novato y aquello era demasiado sospechoso como para tratarlo en forma ligera. —déjelo sobre el escritorio. —ordenó con voz grave sin quitar los ojos del hombre. —¿Qué es eso y quién le pidió que me lo dieran? Y principalmente… ¿Cómo es que lo dejaron llegar hasta aquí con un paquete desconocido y sin ningún tipo de escolta?

El hombre se puso blanco, pero no parecía ser un pusilánime. —Quien me lo dió dijo que usara su nombre por si me ponían trabas en la base… dijo que era indispensable que fuera usted quien lo recibiera, de lo contrario no serviría para nada.

—¿Su "nombre"? —preguntó el Capitán Focker ahora picado por la curiosidad.

—Si… hasta ahora he mencionado su nombre a cada guardia que me ha interrogado desde que entré a las barracas de los pilotos y todos me han dejado pasar hasta aquí.

—Hmmm. —dijo el piloto pensativo. —Debe ser un nombre muy importante entonces como para abrir tantas puertas. ¿Se puede saber cuál es?

—Jessica Films. —respondió el soldado con voz solemne.

Roy tomó de inmediato el sobre y con un movimiento rápido lo arrojó dentro de un cajón que abrió y cerró en un parpadeo. —Ha cumplido su misión en forma magnífica, soldado. —dijo Roy levantándose. —Lo acompañaré yo mismo hasta la puerta.

—Pero… ¿Qué es…?

—No se… y le conviene a usted también no saberlo tampoco. —aseguró el piloto empujando al soldado hacia la salida. —Gracias por su trabajo, cabo.

El hombre se alejó por el pasillo ante la mirada atenta del piloto, quien pronto se volvió hacia la puerta y mirando el escritorio en donde había guardado el sobre lanzó un profundo suspiro.

—Mierda. —dijo pasándose una mano por el rostro.

Hubiera querido no tener nada que ver con esa cosa, pero no podía ignorar ese nombre; Jessica Films… una de las prostitutas más famosas del sector D-1, una leyenda viviente de los secretos del sexo de la que los hombres hablaban como si fuera una estrella de cine… y tal vez de seguro lo fuera si no era por estar atrapada junto con Veinte Mil civiles a bordo de aquella nave mientras eran perseguidos por todo el sistema solar por alienigenas gigantes.

Roy conocía a aquella mujer personalmente… aunque no como cliente, sinó como antiguos camaradas. Jessica no había tenido siempre aquel nombre; en los tiempos en los que había sido camarada de armas de Roy y compartían las mismas barracas solía llamarse Jess, más conocido como Jester; un alegre joven de facciones delicadas, pero fuerte y ágil a la hora de luchar cuerpo a cuerpo. Ciertamente las cosas habían cambiado bastante desde la última vez que se vieron.

—Jester… no. —dijo Roy sacudiendo la cabeza. —Ese es su "Nombre Muerto" como dicen las personas Transexuales… ahora se llama Jessica. —se dijo pensativo.

Caminó hasta el escritorio y abrió el cajón. El sobre continuaba allí tal y como lo temía. Extendió la mano y lo tomó aún dudando si era una buena idea, pero si él… es decir "ella" necesitaba su ayuda, él no podría negarse.

Se sentó en la silla y examinó el sobre detenidamente; estaba sellado con un lacre rojo. El piloto acercó su nariz al mismo y percibió un perfume fugaz, exótico… ¿Era el perfume de Jessica? ¿O tal vez todas las cosas que venían del sector D-1 tenían aquella fragancia exótica?

Rompió el sello y tiró de la cinta para abrir el sobre. Del interior se deslizaron dos objetos que cayeron sobre la mesa frente a sus ojos; uno era un reloj de pulsera de una conocida marca, pero lo que inmediatamente captó la atención del piloto fué el papel doblado junto al mismo. Roy tomó la carta y la abrió; estaba escrita de puño y letra con una caligrafía realmente exquisita y pudo sentir aquel mismo perfume, aunque en forma mucho más intensa. La carta era breve; apenas unas pocas líneas, pero eran suficientes para transmitir aquel mensaje. Roy sonrió y dejó la carta sobre el escritorio mientras recordaba aquel rostro alegre y las cosas que habian vivido antes que los Zentradi llegaran al sistema solar.

—¡Senpai!

Roy se había perdido en sus pensamientos y el llamado lo trajo repentinamente devuelta a la realidad. El piloto levantó la vista y vió frente a sí a su "Cohai", Hikaru Ichijyo. Junto a él se encontraban sus flamantes y recién asignados subordinados; Maximilian Jenius y Hayao Kakizaki. —¿Está bien, Sempai? —volvió a preguntar el joven con rostro preocupado.

—Por supuesto. —respondió Roy doblando la carta mientras la guardaba rápidamente en uno de sus bolsillos. —¿Y ustedes? ¿No deberían estar de franco hoy? ¿Qué rayos hacen aquí todavía?

—Huele a perfume. —observó Kakizaki olfateando el aire. —Esa era…

—¿La carta de alguna admiradora? —preguntó Hikaru dando un codazo a su Capitán.

Roy se incorporó y enfrentó a su subordinado. —¿Y a ti qué te importa? Si tanto quieres jugar al detective, entonces voy a darte algo oficial para hacer.

Mientras decía aquello empujó el reloj hacia delante para que todos pudieran verlo. —¿Saben lo que es esto? —preguntó.

—Uh… pues claro, un reloj. —observó Kakizaki.

—Un reloj de piloto. —lo corrigió Maximilian. —Yo tengo un modelo igual. —dijo mostrando el mismo tipo de reloj en su muñeca izquierda.

—Yo también tengo uno de esos, pero el mío es digital. —dijo Hikaru. —¿Qué pasa con eso? —preguntó interesado.

—Alguien extravió esto en uno de los burdeles del sector D-1. —explicó Roy.

—Oh. —exclamaron los tres jóvenes pilotos intercambiando miradas de confusión. —Nosotros… es decir… no conocemos ese lugar… aún. —se excusó Kakizaki.

Roy los miró uno por uno y suspiró. —Por supuesto que no…. En fin, es casi seguro que este reloj es de uno de los pilotos de esta base, quiero que encuentren al dueño. ¿Entendido?

—Eh… estamos de Franco, Roy. —exclamó Hikaru cruzándose de brazos.

—Y por eso mismo son los indicados para este trabajo… yo no puedo ir por toda la base preguntando a los hombres, pero ustedes tienen tiempo de sobra así que… ¡En marcha! —ordenó el Capitán mientras los empujaba fuera de la sala de pilotos. —Tomen esto como un entrenamiento "especial" para aprender a trabajar en equipo… no todas las batallas se luchan en el aire. —dijo poniendo el reloj en la mano de Hikaru, tras lo cual cerró la puerta frente a sus narices.

Los tres pilotos contemplaron el vidrio de la puerta en silencio y suspiraron profundamente.

—Adiós a nuestro franco. —se lamentó Kakizaki.

—Maldito Senpai. —dijo Hikaru apretando el puño. —La próxima vez que lo encuentre borracho lo denunciaré personalmente con la oficial Lasalle.

Comenzaron a caminar por el pasillo pero realmente no tenían idea de como empezar a buscar. —¿Qué opinas, Max? —preguntó Hikaru. —Tu eres el cerebro del equipo.

El joven se acomodó los lentes y miró hacia las barracas de los pilotos. —Hay unos ciento cincuenta pilotos en toda la base. —dijo pensativo. —Podríamos comenzar por filtrar aquellos que estuvieron en servicio el día que encontraron este reloj; eso reduciría enormemente la lista de nombres a buscar.

—¡Claro! —exclamó Kakizaki. —Solo los pilotos que estuvieron de franco y fueron al Sector D-1 pudieron haber perdido ese reloj…

—Pero no sabemos qué día fué. —observó Hikaru.

—Entonces empecemos por preguntar a la persona que escribió esa carta. —dijo Max guiñando un ojo.

—¿Eh? ¿Cómo lo sabes? —preguntó Hikaru.

—Llegué a ver fugazmente el nombre de quien firmaba la carta antes que el Capitán Focker la escondiera. —afirmó el piloto de cabello azul. —La firma era de alguien llamada Jessica F.

—Jessica F. —repitió Kakizaki. —¿Del Sector D-1? ¿Será una…?

—Una trabajadora. —lo interrumpió Hikaru en forma brusca. —Será mejor interrogar a esa persona primero.

Los tres pilotos intercambiaron miradas entusiasmadas; ya tenían la excusa perfecta para conocer el famoso Sector D-1.

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Hikaru esperó a que el semáforo peatonal cambiara a verde y cruzó la calle con la cabeza gacha, evitando mirar a los demás peatones que recorrian la zona para evitar ser reconocido. El sector D-1 no era muy grande; apenas una manzana y una calle lateral ubicadas al "sur" de la ciudad, lo que en realidad sería hacia la "Popa" del SDF-1.

Su ubicación no había sido fruto del azar tampoco; cuando se creó el comité de urbanización de emergencia de la nueva ciudad, se escogió precisamente ese lugar para que las y los trabajadores de aquel rubro se ubicaran cerca del acceso central que conectaba los dos anclajes principales de babor y estribor del SDF-1, que es donde el Capitán de la Macross había anclado el Daedalus y el Prometheus; un lugar de fácil acceso para los marinos y demás personal militar y relativamente separado de las zonas residenciales y comerciales de la nueva ciudad.

Aún así, no era fácil pasar desapercibido entre tanto personal militar y las precauciones de Hikaru no estaban de más. Su ropa civil no lo protegería de miradas indiscretas, pero al menos pasaría más desapercibido que si llevara su uniforme y sus insignias de escuadrón.

Giró en la esquina en una de las calles secundarias y vió que alguien le hacía señas desde la entrada de un estrecho pasillo entre dos edificios de apartamentos. Se dirigió rápidamente hacia allí y pronto quedó oculto a las luces brillantes de la calle principal.

—Llegas tarde. —le recriminó Kakizaki, sentado en cuclillas al lado de una salida de emergencia de uno de los edificios. —Creímos que te has acobardado a último momento.

—El Teniente no es así. —respondió Max. El joven de cabello azul estaba apoyado contra una pared con su Pad encendido y la pantalla desplegada en un holograma frente a él.

—Lo siento, Minmay me llamó justo cuando estaba por salir y me invitó a ir a su restaurante, tuve que inventar algo creíble en el momento y darle mil excusas. —explicó mientras se rascaba la cabeza.

—Encontré info interesante. —dijo Max sin apartar la vista de las páginas que había proyectado frente a su rostro.

Tanto Hikaru como Kakizaki se acercaron a su compañero y miraron la pantalla en donde la foto de la exuberante mujer estaba centrada en el medio del sitio web.

—¡Wow! —exclamó el joven Teniente. —¿Esa es…?

—Jessica. —leyó Kakizaki soltando un silbido de admiración. —¡Es un bombón!

—Un bombón de los caros. —lo corrigió Max ajustándose los anteojos. —Ofrece sus servicios de compañía en el establecimiento más lujoso de todo D-1… allí.

El piloto señaló hacia el final de la calle en donde podía verse el enorme edificio iluminado con luces de colores (pero principalmente rojas) más exuberante de aquella calle.

—¡Rayos! —exclamaron ambos compañeros.

—Me temo que no podremos entrar los tres juntos. —explicó Max tras examinar detenidamente la información de la página. —Sería demasiado costoso… propongo que cada uno deposite una parte y solo vaya uno de nosotros.

—Ve tú, Max. —ordenó Hikaru.—Tu eres el que mejor sabe extraer información y esas cosas.

El joven piloto sacudió la cabeza. —Una mujer no es una computadora. —dijo. —Me temo que no tengo experiencia en esas cosas… yo creo que debería ir usted, Teniente.

Kakizaki se cruzó de brazos y asintió con firmeza. —Si, yo también creo que nuestro Líder de ala debería ir en nuestra representación, es su responsabilidad.

—Es cierto. —lo respaldó el joven de pelo azul.

Hikaru suspiró. —De acuerdo. —dijo dándose por vencido. —Iré yo.

—Podemos arreglar una cita desde aquí. —dijo Max volviendo la vista hacia la pantalla. —Reservaré un encuentro con tus datos y podrás entrar directamente al edificio sin necesidad de llamar la atención… solo tendrás que validar tu información biométrica en la entrada.

—De acuerdo. —dijo Hikaru extendiendo su Pad. —Hazlo.

Max usó el Pad de su superior y registró sus datos en la aplicación de citas del establecimiento donde trabajaba Jessica. Tanto él como Kakizaki transfirieron una significante cantidad de créditos a la billetera digital de Hikaru y con todo ese dinero lograron confirmar una de las reservaciones más económicas… apenas la oportunidad de tomar un trago y charlar con la anfitriona.

—Quiero oir todos los detalles. —exigió Kakizaki dando un empujón a su líder de formación. —Pásala bien por nosotros dos… ¿Ok?

—Hey, se supone que es una misión. —se excusó el joven. —Ustedes permanezcan en guardia y avisen si sucede algo sospechoso. ¿Entendido?

—¡Sí Señor! —respondieron ambos pilotos haciendo el saludo militar.

Hikaru se volvió y salió del callejón, encaminandose directamente hacia las brillantes luces del gran edificio que lo esperaba como si de una enorme nave nodriza Zentradi lo contemplara amenazadoramente.

—Ojalá fueran Zentradris. —pensó mientras se acercaba a las brillantes luces de neón escarlata . —Al menos a ellos les había perdido el miedo.

Kakizaki mantuvo la vista fija en el Teniente Primero hasta que desapareció entre el gentío que había en la entrada del edificio, solo entonces se volvió hacia su compañero. —Bueno, espero que pueda encontrar lo que buscamos. —dijo caminando en forma aburrida. —¿Quieres jugar una partida a las cartas mientras esperamos? —preguntó.

—Se supone que tenemos que estár alertas para apoyar al Teniente. —respondió Max sin levantar la vista de la pantalla en donde varias fotos de Jessica flotaban frente a sus ojos. —Vaya. —exclamó al cabo de un rato.

—¿Haz descubierto algo nuevo? —preguntó Kakizaki.

—Si… aunque no es algo crítico para la misión. —respondió el piloto levantando la vista. —Parece que Jessica es una famosa Transformista.

—Ya veo… ¿Qué? —exclamó de pronto el piloto dando un salto hasta donde estaba su amigo —¿Estás seguro? ¿Jessica es…?

—Asi es.

La boca de Kakizaki se abrió del asombro pero no tardó en comenzar a reírse a carcajadas, lo que produjo que algunas ventanas en los edificios linderos se iluminaran y varios gritos de protesta se escucharan amenazando con llamar a la policía militar.

Tanto Max como Kakizaki salieron corriendo de allí, aunque no llegaron muy lejos, más que nada porque el corpulento Teniente Kakizaki se había quedado sin aire de tanto reírse imaginando lo que le esperaba a su líder de ala.

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El guardia de seguridad era enorme; unos dos metros de puro músculo enfundados en un traje negro que hacia juego con sus anteojos oscuros. El gorila miró hacia el joven que se acercaba a la entrada y había ignorado la fila de clientes que esperaban su turno para entrar al Salón Afrodita, uno de los establecimientos dedicados al entretenimiento y placer más exquisitos de toda la ciudad.

Hikaru ignoró al bruto (Sabía más de una forma de poder tumbarlo al piso de ser necesario cortesía del entrenamiento de su Sempai) y en cambio acercó su Pad a una pantalla de identificación junto a las grandes puertas enchapadas en lo que parecía ser una imitación de oro. Una luz verde se iluminó y una puerta lateral se abrió. El hombre de seguridad perdió el interés en Hikaru y volvió su vista a los clientes regulares que esperaban su turno en la acera.

La puerta que se abrió ante Hikaru conduce a un pasillo ricamente adornado con una alfombra roja y muchos cuadros y espejos elegantes colgados de las paredes; incluso el techo estaba espejado y su rostro parecía hacerle burla desde lo alto en cuanto dirigió su mirada hacia arriba. Al final del pasillo se encontraba un elevador que lo esperaba con la puerta abierta; era uno de esos modelos antiguos que parecía ser una dorada jaula de pájaros, decorada con mucho estilo y que parecía colgar de un precario cable de acero. El joven entró al mismo y la puerta se cerró automáticamente tras él a la vez que el elevador se ponía en marcha lentamente. Al atravesar el primer piso se encontró subiendo por un espacio abierto; podía ahora ver allá abajo el salón principal decorado con sillones, cortinas y cojines de seda de una docena de tonos diferentes de terciopelo rojo. Aquí y allá podían verse a las chicas que trabajaban en el establecimiento y a sus clientes, aunque la mayoría se encontraba en pequeñas mesas rodeadas de cortinas que les proporcionaban algo de privacidad del movimiento alrededor del transitado espacio.

Hikaru calculó que una veintena de chicas se encontraba trabajando allí; la mayoría de ellas vistiendo apenas algo más que una fina lencería o directamente nada que ocultase su anatomía. Varias de las chicas clavaron sus miradas en él, atraídas por la novedad del nuevo cliente al que nunca habían visto allí.

El elevador-jaula atravesó el agujero del techo y Hikaru perdió de vista aquel idílico lugar de placer y excesos.

Las rejas del elevador se abrieron en cuanto llegó al que, según sus cálculos, era el 4to. y último piso de aquel edificio. Estaba en un vestíbulo exquisitamente decorado con todo tipo de telas y terciopelos exóticos, pero lo que más hizo alertar sus sentidos era el perfume; reconoció la misma fragancia que había experimentado fugazmente cuando Roy se guardó aquella misteriosa carta. El joven suspiró; al menos era una pista de que iba por un buen camino.

Al final de la habitación se encontraba una gran puerta doble de madera de ébano oscuro que se abrió de par en par cuando el joven se acercó a ella. Desde dentro de la habitación, la luz de las llamas que danzaban en un pequeño hogar derramaron una vacilante luz sobre los objetos que decoraban aquella estancia. Una docena de candelabros completaban la iluminación del lugar, pero era la persona que se encontraba en el centro de aquella habitación la que parecía irradiar la mayoría de la luz.

Un enorme diván de terciopelo rojo ocupaba el lugar central en la habitación. Sobre él, una figura femenina se encontraba echada de lado mirando hacia la puerta por la que había entrado el anonadado joven piloto.

—Adelante, puedes ponerte cómodo. —dijo aquella voz sensual y cargada de autoridad.

Hikaru dió un paso al frente y la puerta se cerró a sus espaldas con suavidad.

—Quítate los zapatos, cariño. —ordenó la mujer con un gesto de la mano.

El joven obedeció y tras dejar sus zapatos a un lado caminó por la suave alfombra hasta quedar a un metro de la mujer tendida frente a él.

Era realmente hermosa; las fotos que Max había mostrado en la pantalla no eran nada en comparación a la impresión que Hikaru tuvo al verla en persona por primera vez. La mujer poseía un aura de belleza que emanaba en forma casi tan poderosa como su perfume; una mezcla de elegancia, madurez y perfección que atraían la mirada de hombres y mujeres por igual. La piel blanquísima, absolutamente perfecta y un rostro que bien podría haber sido de la más exquisita porcelana oriental, aquel cuerpo no parecía haber dejado atrás la flor de la juventud, en cambio había madurado a la vez que conservaba la belleza inherente de una primavera que parecía ser eterna.

—Hikaru. —dijo la mujer y su voz pareció romper el hechizo que había sumido al joven piloto en una especie de parálisis. —¿Deseas beber algo?

—Oh… si… es decir, realmente no debería pero…

La mujer aplaudió una vez y tras unos cortinados apareció una mujer vestida con ropas de sirvienta empujando un carrito de bebidas que condujo en silencio hasta quedar junto al diván. —Prepara algo sin alcohol para el Teniente. —dijo con voz suave. —Se trata de un gran piloto de combate y debe estar listo en todo momento, incluso en su tiempo libre.

La mujer asintió en silencio y comenzó a preparar las bebidas mientras Hikaru se rascó la cabeza. —¿Cómo sabías que…?

—Tus ojos, cariño. —dijo la mujer tomando la copa de Martini que la otra mujer había preparado con habilidad.

—¿Mis ojos?

—Los ojos de alguien que ha matado.

Hikaru tragó saliva en forma nerviosa y recibió una copa de algo que parecía ser zumo de naranja. Recordó como no hacía mucho le había dicho "asesino" a su Sempai por la forma en que el piloto sentía orgullo por su carrera en la milicia y la cantidad de enemigos que había abatido. Aquellas palabras tenían un gusto amargo ahora que las había escuchado de la boca de otra persona.

La sirvienta hizo una pequeña reverencia y salió de la habitación empujando el carrito.

—No lo decía en serio, cariño. —dijo la mujer extendiendo la copa. —No eres un asesino, al menos no más que el resto de nosotros. Brindemos por nuestro encuentro.

Hikaru chocó la copa con la mujer y bebió en silencio mientras no dejaba de mirar los ojos color avellana de la misteriosa mujer.

—Tus ojos… en realidad todo tu rostro me dice muchas cosas. —continuó diciendo ella tras dejar la copa vacía sobre una mesita. —Tienes algo que me recuerda a él… en más de una manera. —dijo con una risita.

—¿Él?

—Roy. —respondió Jessica. —El Cohai termina pareciéndose a su Senpai. —dijo levantando el delicado dedo índice.

—Entonces sabes por lo que estoy aquí… ¿Verdad? —dijo el joven piloto extrayendo el reloj de su bolsillo. —¿Puedes decirme quién es el dueño?

La mujer miró el reloj sin prestarle el mayor interés y sacudió la cabeza. —Esto del reloj fué solo una excusa, cariño. —reconoció. —¿Sabes? Realmente esperaba que Roy viniera a verme, pero en el fondo sabía que no se atrevería… Han pasado muchos años y Roy Focker ya no es el hombre que solía ser… aunque yo también podría decir lo mismo de mí misma —dijo dejando escapar una risita.

—Yo no creo que Senpai haya cambiado realmente. —observó Hikaru encogiéndose de hombros. —¿Usted lo conoció hace mucho?

—Desde antes que entrara a trabajar en ese circo aéreo de tu padre. —respondió la mujer mirando al techo, como recordando tiempos pasados. —Hicimos el servicio militar juntos, pero a diferencia de él, yo continué en la fuerza varios años más, hasta el comienzo de la Guerra de Unificación, entonces me cansé de toda esa manga de patanes y sus condecoraciones.

—Yo tampoco quería entrar a la fuerza al principio. —reconoció el piloto suspirando. —Solo lo hice para poder proteger a los que amo.

—Lo sé, es una motivación muy noble y es lo mismo que impulsó a Roy a volver a mancharse las manos de sangre. —dijo y por un momento su voz no pareció tan dulce. —No lo culpo, como tampoco te culpo a ti; nos ha tocado vivir en la peor crisis de la historia de la Humanidad; un paso en falso y desapareceremos de la historia para siempre… pero basta de hablar del pasado. —dijo incorporándose. —Ven, siéntate junto a mí. —dijo golpeando con la mano el terciopelo del diván.

Hikaru se sentó nervioso junto a ella aún sosteniendo la copa entre sus manos.

—¿Nervioso? —preguntó ella ocultando una risita. —No te culpo, todo este ambiente puede ser un poco intimidante… ¿En serio solo has venido por ese reloj?

—Mi senpai me pidió que encontrara al dueño. —explicó Hikaru. —¿Sabe algo al respecto?

—Lo encontró una colega hace dos días. —dijo abriendo un pequeño abanico de plumas negras decorado con una delicada filigrana de plata y perlas. —Al ver que se trataba de un reloj de piloto se me ocurrió que valdría la pena tentar un poco al viejo Roy. —dijo mientras se abanicaba en forma sensual. —Y él te envió a ti… ¿No es algo gracioso? Aunque… Ahora que lo pienso, tal vez no está todo perdido.

Al decir aquello acercó su rostro al de Hikaru y por un momento los labios de ambos estuvieron a unos pocos centímetros de tocarse. La intensidad del perfume se volvió tan fuerte que el piloto retrocedió un poco, sintiendo que su cabeza empezaba a dar vueltas, pero su espalda chocó contra el respaldo del diván, lo que provocó que la mujer volviera a reírse. —Eres muy joven y guapo, Hikaru Ichijio. —susurró ella con voz sensual. —No tienes el aura de "Playboy" de Roy, pero eso te hace más adorable, más tierno incluso. —dijo volviéndose a abanicar.

La corriente de aire hizo que Hikaru recobrara un poco el aliento. —Yo… es decir.

—No tienes nada de que avergonzarte, Hikaru. —intentó tranquilizarlo la mujer. —Pero este lugar no es para tí, eso salta a simple vista… y hablando de eso. —dijo volviendo a acercar su rostro al del piloto. —Cuéntame algo sobre tí… hay una chica que te gusta… ¿Verdad?

Por la forma en la que el joven tragó saliva, Jessica obtuvo la respuesta que necesitaba.

—¿Es una joven de tu edad? ¿O es alguien más… mayor? No sé por qué, pero algo me dice que eres de la clase de hombres que busca una relación más… madura. ¿Verdad?

Las imágenes de Minmay y Misa pasaron como un relámpago ante los ojos de Hikaru, quien intentó recuperar la compostura. —No… no tengo mucho tiempo para dedicarme… a eso. —dijo apartando la mirada de los ojos penetrantes de la mujer que tenía delante.

—Eso es un error. —respondió Jessica. —Debes aprovechar todo el tiempo que tengas, más aún siendo un piloto de combate; pregunta a Roy cuantos jóvenes pilotos se fueron a la tumba sin conocer el cuerpo de una mujer… por cierto, ¿Tu ya…?

Hikaru se puso de pié de un salto e hizo una reverencia a la mujer. —Le agradezco muchísimo su colaboración. —dijo. —Estoy seguro que con la información que me ha suministrado podré encontrar al dueño del reloj.

—Estoy segura que lo harás. —respondió Jessica cubriéndose el rostro con el abanico. —Dile a Roy que ha sido un verdadero placer el poder conocerte y que me alegro muchísimo que no hayas seguido su ejemplo de Playboy irremediable.

—Se lo diré, Madam. —respondió el joven. —Se lo prometo.

Hikaru hizo un ademán para volverse, pero la mujer se aclaró la garganta. —¿No te olvidas de algo? —dijo con tono ofendido cerrando el abanico con un chasquido metálico.

—¿Eh? ¿yo?

—¿Vas a irte así nomás? ¿Sin darme un beso de despedida? —lo recriminó inclinándose hacia delante. —Esa no es forma de tratar a una dama, Teniente Primero Hikaru Ichijio.

Hikaru suspiró y acercándose a Jessica le dió un rápido beso en la mejilla. La mujer soltó una risita y volvió a cubrirse el rostro con el abanico. —Eres un encanto, pero no vuelvas nunca más al sector D-1 ¿Entendido? Este no es lugar para ti cariño. —dijo.

Hikaru no recordaba haberse siquiera puesto los zapatos, se encontró en la calle fuera del establecimiento corriendo hacia el callejón con más preguntas que respuestas en la cabeza, así que grande fue su sorpresa al ver que no había nadie allí esperándolo.

—¿A dónde habrán ido esos dos? —se preguntó rascándose la cabeza.

Se volvió hacia la calle y examinó a ambos lados de la acera, pero no vió a sus compañeros, por lo que sacó su Pad y comenzó a marcar el número de Max, pero no pudo terminar de hacerlo.

Una camioneta negra se detuvo junto a él y las puertas corredizas se abrieron de par, entonces unos grandes brazos lo sujetaron de los hombros y lo jalaron hacia el interior.

El instinto de lucha de Hikaru se activó de inmediato, pero antes que pudiera reaccionar una mano le tapó la boca y ni siquiera pudo gritar, no obstante instintivamente mordió con todas sus fuerzas en el afán por liberarse.

—¡Auuuuch! —exclamó Kakizaki sujetándose la mano. —¡El Teniente me mordió! —exclamó mientras Max cerraba la puerta de la camioneta y se ponían en marcha de inmediato.

—¿Max? ¿Kakizaki? ¿Qué demonios está pasando…?

—Eso es lo que yo también quiero saber. —dijo una voz proveniente del asiento del conductor. Inmediatamente Hikaru perdió toda su voluntad de lucha y sus músculos se aflojaron simultáneamente; conocía demasiado bien esa voz; la escuchaba regularmente por la radio durante sus salidas de combate.

—¿Misa? ¿Cómo es que…?

La camioneta se detuvo en un semáforo y la oficial se volvió hacia los hombres que la miraban asustados desde la parte de atrás. —¿Qué rayos están haciendo en el Sector D-1? ¿No tienen un poco de decencia? Entiendo que Tu y Kakizaki son casos perdidos… ¡Pero Max es una persona que no debería estar en un sitio como este! —los recriminó.

—Le aseguro que tenemos una razón de peso. —intentó tranquilizarla el piloto de lentes y pelo azul. —El Teniente solo estaba siguiendo órdenes.

—¿Órdenes? ¿En el Sector D-1? ¿Creen que soy tonta?

El semáforo pasó a verde y Misa tuvo que arrancar, por lo que la conversación quedó truncada allí. —De acuerdo. —dijo antes de llegar a la próxima esquina. —Vamos a detenernos a comer algo y escucharé su explicación…

El vehículo se detuvo en la puerta de un conocido restaurante de la ciudad y los tres hombres y la Comandante Hayase entraron al mismo.

—¡Bienvenidos al Restaurante Nyan-Nyan! —exclamó la mismísima Minmay vestida con su uniforme de camarera. —¡Oh, Hikaru! ¡Pudiste venir al final!

—Mesa para cuatro. —pidió Misa en forma fría.

—Por supuesto, por aquí por favor. —pidió la joven con una sonrisa. —Las mesas para los oficiales están en la parte de atrás del salón. —dijo. —Pronto estaré con ustedes. —agregó tras lo cual hizo un pequeño saludo con la mano hacia Hikaru y salió corriendo hacia las otras mesas.

El grupo de militares se sentó en la mesa indicada y Misa fué directamente al grano. —Expliquenme todos… ahora. —ordenó.

Hikaru parecía estar ofendido por el trato que la oficial del puente le estaba dispensando injustamente (Al menos a su parecer) por lo que dejó que Max explicara todo el asunto. Cuando el joven piloto llegó a la parte de la petición de Roy, pidió a su líder de ala que mostrara el reloj, Hikaru lo sacó de su bolsillo y lo puso delante de la confundida Misa Hayase.

—Comprendo. —dijo la mujer soltando un suspiro tras una pausa en la que pareció procesar toda la información. —Les pido mis más sentidas disculpas, realmente no pensé que algo así hubiera sido la razón por la que ustedes estaban en ese lugar. —intentó disculparse.

—Disculpas aceptadas. —dijo Kakizaki. —¿Qué les parece si nos olvidamos de este malentendido con unos buenos bistecs? En ese momento llegó Minmay y tomó la orden de todos mientras no paraba de lanzar miradas de reojo a su amigo Hikaru, quien parecía estar de bastante mal humor. —¿Sucede algo, Hikaru? —preguntó cuando llegó el turno del piloto de ordenar.

—No… no es nada, Minmay. —respondió él. —Es solo que mi Sempai nos metió en uno de sus líos, eso es todo.

La joven aspirante a cantante se inclinó hacia el piloto y olisqueó su cabello. —Ese perfume… jamás lo había sentido ¿Es nuevo? —preguntó con interés.

—¡Fideos fritos! —exclamó el joven apartándose de inmediato. —¡Un gran plato de fideos con salsa dulce!

—Cla-claro. —respondió la joven algo confundida con la reacción de su amigo. —En seguida les traigo su orden. —dijo terminando de digitar los pedidos en su pad. —Disfruten de la noche. —pidió guiñando un ojo mientras se alejaba de la mesa.

Ahora fué el turno de Hikaru de suspirar aliviado mientras Max se volvía hacia la oficial del puente. —Nosotros ya hemos explicado el por que de nuestra presencia en el sector D-1. —dijo. —¿Pero qué hay de usted, Comandante? ¿Por qué estaba allí?

—Por él. —dijo Misa señalando al Teniente Primero.

—¿Por mi? —preguntó Hikaru.

—Teniente Ichijio. —dijo la joven inclinándose sobre la mesa. —Entiendo perfectamente que es su franco y no tengo autoridad para decirle como o donde usar su tiempo libre… pero su presencia en el sector D-1 es algo que, me temo, debo protestar enérgicamente.

Max y Kakizaki intercambiaron miradas confundidas.

—¿Por qué? —preguntó el joven piloto.

—Porque para la prensa, tu y Minmay son algo más que amigos. —explicó la mujer. —Desde el incidente del despegue del SDF-1 y que ustedes quedaran encerrados juntos en las partes clausuradas de la nave, los rumores no han hecho nada más que ir en aumento.

—¿Y? —preguntó el joven cruzándose de brazos.

—¿Y? ¿Qué crees que pasaría si la prensa te vé caminando por el sector D-1? —preguntó escandalizada Misa. —¿Crees que ellos van a entender la historia del reloj? ¡Sería un escándalo!

—Pero yo…

—La Comandante Hayase tiene razón. —apuntó Max. —Además piensa en Minmay… ¿Acaso te gustaría que ella se enterase por esos rumores? ¿Cómo crees que reaccionaria al saberlo?

—¿Saber que? —preguntó Minmay poniendo el plato con carne delante de Kakizaki, quien de forma brusca tomó un tenedor y pinchó con el un gran pedazo de jugosa carne que de inmediato se metió en la boca para evitar decir alguna palabra.

Todos se habían quedado callados de pronto y no vieron a la conocida figura que se acercó a la mesa de pronto atraída por las caras familiares que había allí.

—Oh, justo había perdido esto el otro día. —dijo el Capitán Bruno J. Global tomando el reloj que había quedado frente a la confundida Misa. —Gracias por encontrarlo, buen trabajo chicos. —dijo mientras se lo guardaba en el bolsillo.

Kakizaki comenzó a ahogarse con la carne y Max tuvo que empezar a golpearlo en la espalda para que no muriera ahí sobre la mesa. Hikaru se puso de pié de inmediato pero Misa lo detuvo poniendo la mano sobre su hombro. —Teniente… ni una sola palabra de esto… ¿Entendido? —dijo con voz temblorosa mientras el Capitán de la SDF-1 se alejaba de allí fumando tranquilamente su pipa favorita.

Minmay observó confundida como el caos se había desatado en la mesa por lo que optó por retroceder lentamente y volver más tarde, cuando las cosas se hubieran calmado un poco; al menos parecía que su amigo Hikaru había mejorado su estado de ánimo y eso la hacía sentir feliz.