Aquí, con otro capricho personal :D Hay un par de lindas historias de Sono-Hana, que ya no sabia que contar; ¡pero no me iba a quedar con las ganas de escribirlas!

Así que me arrasqué un poco el coco, y recordé otro universo que me gustó.

Será una historia de romance, pero el mundo está fuertemente inspirado en Among us; igual trataré de que el ambiente se sienta como el de "las novelas visuales" Ya qué mi propósito no está encaminado al drama y peleas del juego "Among us"

Espero que pasen un buen momento .


—¡Miya-san!, ¡vuelve aquí! —gritó sin vergüenza, en el pasillo, mirando impotente como la distancia entre las dos crecía —. Esa haragana... —exhaló con veneno.

—¿Ya renegando, Risa-chan?, jiji. Te saldrán arrugas de tanto fruncir el ceño~

—Sara-san, es temprano para eso. Risa-san, buenos días.

—Nanami-chan, Sara-san, buenos días. —Risa volteó y dio una pequeña sonrisa.

—¿Enserio son buenos? —acotó Sara.

—Haa... —suspiró negando.

—¿Problemas con Ayase-san? —dijo Nanami.

—Lo mismo de siempre: no tolera levantarse a horario y se la agarra conmigo; las envidio chicas, ustedes si tuvieron suerte.

Hace nada, Risa pensaba que no le importaba que tipo de chica le tocara, con que sea humana le sería suficiente... Hasta que llegó Ayase Miya y la hizo arrepentirse; ahora no le importaba si era: impostor, humana o androide, con tal de tener a alguien que la ayude con una mísera tarea, y que no haya que andarla buscando por cada «maldito rincón» de la nave.

—Ya ya, Risa-chan, te acompañaremos a hacer tus tareas. —Palmeó su hombro.

—No, ya... las vengo atrasando con esto, hace tiempo.

—No pasa nada; la nave es grande, sí, pero las tareas sencillas, además, no es como si tuviéramos a dónde ir. —Nanami empujó su hombro.

Exacto, la nave era de gran calibre, pero su tripulación pequeña, suena tonto y un desperdicio, si preguntas; el detalle está cuando entiendes el contexto de: una criatura desconocida que, toma forma humana y puede actuar en consecuencia. Así no suena tan tonta la decisión de mantener los números bajos.

—Compañera o no, todas somos tripulación de la nave; vamos.

—Chicas..., gracias.

—Nada nada, además, así juntas nos quejamos de nuestras compañeras de habitación ¡Yo empiezo! —gritó Sara, levantando un brazo —Nanami-chan ronca al dormir, ¡ush!, no sabes lo fuerte que suena cuando está cansada.

—¡Eso no es cierto!, y-yo no ronco.

—¿Cómo estás tan segura?, si estás dormida, jejeje. Cuando estaba teniendo una charla, por teléfono con Kaede-chan, le pregunté si su ventilación estaba fallando, jajaja. —Tentada, se agarraba de la panza por la risa.

Risa rió por lo bajo.

—¡Cállate, Sara-san! Tú sólo estás celosa de que me haya tocado de compañera —gritó con las mejillas rojas.

—Apretemos un poco más el paso, no me gustaría perderme el almuerzo —dijo, interviniendo, antes de que la broma se transforme en pelea.

Su nave era una de las más seguras, toda su flota venía de una misma institución «St. Michael», su tripulación era exclusivamente femenina y los relevos de tripulación eran generacionales, ya que eran preparadas un mismo campus. Y si se incluía alguna recluta fuera del círculo: eran de "buena familia" o de cargos altos.

Un ejemplo, de ese trato especial, eran las tres nuevas tripulantes adquiridas: Ayase Miya, hija y heredera de la farmacéutica más grande del espacio; y entre las contadas familias opulentas, está Kawamura Reo, protegida hija única, prodigio en el canto, con habilidad en el mantenimiento; por último, está la chica que se sale de la regla: Rabitt, sólo eso o así la hacen llamar.

A Risa le pareció irresponsable que no le pusieran un nombre de verdad (más serio y no tan lindo). La pobre no recordaba nada, no podía hablar y cubría su rostro de manera constante (con una máscara electrónica) … Había sufrido un desafortunado accidente con su antigua tripulación; cuyo paradero es confidencial, pero como eran de la empresa MIRA, podía hacerse una idea de su destino… Y a pesar de eso, demuestra una actitud risueña e inocente; quitándole el primer lugar a su amiga Sara, de la chica más alegre.

Ya después de una rápida, y exhaustiva, carrera por el primer piso, se reunieron a comer; todas las tripulantes reunidas en la cafetería. Pues, aunque quisieran privacidad o mayor comodidad, por motivos obvios no podían (y por higiene también).

Pero.

Pero, obviamente, Miya no estaba allí. Si no fuera porque es hija de una multimillonaria empresa, Risa sospecharía.

Ahora, como en otros tantos almuerzos, se encontraba sentada entre sus dos amigas, charlaban tranquilamente tras cada bocado ocasional. Mientras ella se recuperaba de la vergüenza de haber entrado sin su compañera. «¡Una terrible humillación!», pensó, apretando sus cubiertos. Se suponía que debía acompañarla, cuidarse y asistir en caso de alguna complicación con una tarea...; pero no. «Quedo como una inútil, que no puede seguirle la pista», pensó bufando y tomándose del cabello.

—Risa-chan ¿otra vez frunciendo el ceño?, dejalo descansar —dijo Mai acercándose a su mesa, acompañada por sus amigas Yuuna y Kaede, las cuales saludaron al instante de arribar.

—Buenos días, ¿cómo les ha ido? —dijo su otra sempai de segundo grado.

—Buenos días —dijo una voz apacible.

—¡Kaede-chan! ¡Buenos días!~ —No pudo resistir el impulso de pararse y apoyar sus manos sobre la mesa—. Yuuna-sama, Mai-sama, buenos días.

—H-Hola, Sara...

—Tan encantadora como siempre, Sara-chan, jajaj —dijo Mai, sentándose en sincronía con sus compañeras.

—Veo qué otra vez no está Miya-san —dijo Yuuna, mirando a las tres jóvenes con una grácil sonrisa.

—Lo lamento... —murmuró Risa, encogiendo su cuello.

—No hay nada porqué hacerlo.

—Pero yo...-

—Eres su compañera, bien, pero Miya-san está bastante mayorcita como para perseguirla. —Kaede la miraba a los ojos, transmitiendo su dureza, pero también, para evitar la arrasadora atención de su prima. Teniendo cuidado de no devolverle la mirada por más de un segundo. —Sabe lo importante que es respetar el código; aunque no estemos en peligro aún.

—Recuerda que es una chica con otras costumbres, la gente de su posición están acostumbrados a manejar sus tiempos; hace muy poco que se unió a nuestra tripulación.

—Sí, Yuuna-san, pero tú también lo eres. —Mai la codeó.

—Ella es joven, y aunque sea solo un poco, hace la diferencia lo crean o no —respondió tranquila, moviendo su mentón al dorso de sus manos entrelazadas.

Risa miraba con calidez a sus senpais, iba a ofrecer su gratitud por su comprensión, pero la risilla de Sara la desvió; conocía el tono, era uno juguetón, bromista. Miró hacia su otro costado, dónde estaba la mirada de Sara, con disimuló observó la expresión de Nanami. No sabía con certeza en que momento pasó, y sentía una enorme lástima y vergüenza ajena; su amiga se había quedado prendada por la presencia de Yuuna: los ojos le brillaban con ternura y ellos podías ver qué, sólo enfocaban a ella.

«¡Necesito hacer algo ya!, no la puedo dejar así, ¡soy su amiga!», pensó, decidiendo que pretexto poner ( o con que salirle) para salvar a la pobre púber.

—¡E-Ejem! N-Nanami-chan ¿ya probaste el postre? —La miró con los ojos bien abiertos, haciendo movimientos que iban de su charola hacia ella.— Sabe bien ¿no?

—Ah..., em... —dijo, mirándola asustada.

—Risa-chan, no le exijas más palabras, jiji, parece que es demasiado bueno.

—Sí, me alegra que podamos disfrutar de una buena despensa —dijo Mai, disfrutando de su jugo.

—Sería una pesadilla estas largas travesías.

—Todas estaríamos como Sara-san, de lo poco que comeríamos, jajaja.


Las luces rojas parpadeaban a la par de la intermitente de la bocina; correr entre esos pasillos era un auténtico terror.

Risa llegó con una disciplinada puntualidad, jadeando frente a la mesa.

Sólo dos horas habían transcurrido desde su almuerzo.

—Azumi Risa presente, mi capitana —dijo mostrando su respeto —, ¿qué sucede? —Firme, la miraba a ella y a su compañía.

Las demás tripulantes aparecían unos segundos después, saliendo de distintos pasillos que conectaban a la habitación; todas con una cara de preocupación.

La capitana Kirishima Shizuku, la miró un momento, para a continuación desplazar la mirada hacia las demás.

—De la central nos llegó un comunicado; les pido que guarden la calma en todo momento. —Tomó la tableta que le pasó la subcapitana.

Por un instante, la atención de Risa se desvió fuera de la mesa. Atrás, en uno de los pasillos: estaba Ayase Miya, observando en la penumbra la reunión.

«Ni siquiera se digna a venir», pensó irritada pero respiró. El alivio de que la alarma sea sólo por un comunicado, era enorme; así que decidió ignorar por el momento a Miya-san.

"—No es mi intención provocar el caos, así que por favor, les ruego que mantengan confidencialidad con la información; dado qué, es un minúsculo grupo, el cual se encuentra en peligro. Hay más casos como el de: Suminoe Takako, más avistamientos por nuestras rutas, chicas que desertan sin motivo. Mis más sinceras condolencias, porque forman parte de ese hecho; les imploro que no se dejen engañar, abran más los ojos que, estás bestias, vienen más inteligentes y pacientes... "

La capitana Kirishima Shizuku, bajó la tableta con la cual leyó el comunicado, mirando desde lo alto a su tripulación.

—Por este motivo fue que las llamé, como escucharon, es imperativo que: toda información, o chisme, no salga de esta nave; así que cuidado cuando tengan llamadas con sus familias. —Su mirada las escaneó a todas. —Y por este nuevo peligro silencioso, vamos a implementar una dinámica de respaldo; la mayoría de aquí se conocen hace tiempo, vamos a hacer grupo de a dos: compartirán cuarto, ya no sólo se escoltaran en las tareas diarias; no quiero a nadie sola. Espero haber sido clara.

Al unísono respondieron con un «sí» mirándose de forma nerviosa.

«Quién querría contar algo así», pensaba tocándose el codo. «Ya me imagino… "Mamá, ya no hay sólo aliens, sino parásitos entre nosotros"», suspiró mirando a todas… Quienes murmuraban entre sí, con evidente preocupación.

—Antes de que se vayan. —Estrelló sus palmas.— A pesar de todo esto, quiero informales que haremos un pequeño desvío; ya envié un aviso al respecto. —De su bolsillo sacó un pequeño proyector, al activarlo mostró la imágen de un paisaje nevoso. —Polus es nuestra próxima parada; un mensaje de ayuda captó nuestra comunicación.

—Espera…, Shizuku-sama —jadeó Mai.

—Sí, sé cómo suena —respondió levantando una palma —, pero no podemos ignorar un mensaje así; está en nuestro reglamento.

—Además, contamos con la ventaja de que somos pocas; no tenemos excusa para abandonar esa alma a su suerte —dijo Yuuna, mirando con una expresión optimista.

—El viaje recién comienza y ya se pone tenebroso… —Sara se abrazó así misma, pero cambió de opinión y abrazó a su prima.

—Calma, calma —dijo Eris —, Polus es pequeño y es una misión de entrada y salida; nos organizaremos por par. Será lo más controlado posible. Y hablando de par… ¡yo ya tengo a mi compañera! —Abrazó a Shizuku, quien suspiró.

—Todas ya tienen su dúo, y bajo ninguna circunstancia deberán separarse allá abajo —completó Shizuku, aún con los brazos atrapados por el abrazo.

Aún con chiste, Risa seguía tensa; Polus era inseguro, y a pesar de estar entrenadas, nunca habían hecho algún descenso exploratorio. «¡Esta es nuestra primera misión mercante!», pensaba, conteniendo el creciente pánico. Pero, no podía ignorar el hecho de: una persona atrapada, en esa tierra que abunda la nieve y lava.

—Eso es todo. Mañana mismo, a partir de la tarde, descenderemos, así que descansen bien; pueden retirarse.

Entre el movimiento, Risa vislumbró el pasillo donde había visto a Miya: vacío. «¿Lo habré imaginado?», pensó, pero de inmediato negó. «Esa haragana, seguro que escuchó parte de la reunión y se fue». Respiró profundo y se determinó a seguirla, pues, le guste o no, era su dúo. «Y mi deber como tal, es cuidarla».

Diez minutos recorriendo esos largos pasillos. En un principio lo hizo con gran ímpetu pero, a medida que avanzaba el tiempo, relajó sus pasos.

«Sabrá Dios, cuántas veces me hiciste dar vueltas aquí», pensaba con frustración, recordando las semanas que empezaron el viaje.

—Haa…, ¿por qué lo haces difícil? —murmuró escaneando alrededor, y en eso, vio el vestigio de unos cabellos negros —¡Ah…! —Plantó con fuerza sus talones, empezando a seguirla con ligereza.

«¡Ya te tengo, Miya-san!, esta vez no te me escaparas», pensó con nueva energía, y con cuidado se escabulló detrás de su sombra.

Sólo minutos tardó en llegar a su objetivo: su escondite; Risa sabía que tenía uno, por su precisa forma de desaparecer. Siempre que la perseguía (desde que abordaron), daba vueltas por los corredores del segundo piso, hasta despistarla; no le tomaba mucho, dada su capacidad atlética.

«Ahora que te agarré distraída, será diferente, jiji. Al fin sabré dónde paras ¡Y no te desharás de mí!», pensaba mientras sonreía, guardando la emoción que quemaba en su pecho.

Resulta que su escondrijo estaba en el mismo piso, sólo que aparentaba ser un simple almacén de suministros en caso de escasez. Entre las cajas y estantes, al final, había una puerta que disimulaba lo que era por su mimetización con las paredes.

—"Sugoi" —murmuró tras verla entrar en ella, y al cerrarse, desaparecer…, como si nunca hubiera existido.

Quince segundos esperó, entonces abrió la desapercibida puerta, encontrando una escalera ascendente de quince metros; tragó pesado antes de empezar. Y al llegar a su final, no dudo en abrir esa puerta.

—Bienvenida, Risa-san. —dijo sentada cómodamente, con una taza de té en mano.

A diferencia de el resto de la nave, ahí estaba escasamente iluminado, dando la sensación del anochecer que, usualmente, con las luces especiales, lo hacen a corde el reloj. Sólo unos pocos segundos tardó en ajustar sus ojos.

—H-Hola… —respondió, aturdida por su templanza, y el entorno a su alrededor —, ¿qué es todo esto? —preguntó, mirando los muebles de sala y… «¿Un sillón?», pensó, observando su ubicación: cerca de la pequeña mesa redonda donde Miya merendaba.

—Estaba vacío cuando me tropecé aquí. —Dio un sorbo, disfrutando del sabor exótico, y el gruñido de ella.— Exceptuando un modesto tablero de comunicaciones y una hielera; una habitación de pánico.

—Una sala segura… Creí que no la necesitábamos…, aún que…

—Sería estúpido no tenerla, a pesar de la seguridad de ST. Michael, hm.

Silencio, uno en el cual: Risa desplazó su mirada, específicamente, en torno a Miya.

La ventana detrás de su silla, el juego de té y bocadillos sobre la mesa (la cual tenía una silla extra), y… ella. Parpadeó al no creer lo que vio.

—¿Quieres sentarte y acompañarme? Risa-san.

—S-Sí… —Con pasos dudosos se acercaba, haciéndose más visible la imagen de su compañera.— ¿M-Miya-san? —dijo de pie frente a la mesa.

—¿Sí?

—¿T-Te sientes bien? —dijo, pensando en una razón por la qué, parte de su overol, esté enrollado alrededor de su cintura; una musculosa negra al cuerpo, hacía lucir la piel blanca de sus hombros.

—Perfectamente. —Sirvió una taza y la dejó a su lado.— ¿Azúcar? —preguntó con una sonrisa.

—Sí…, gracias. —Se sentó a su frente, mirándola con duda, pero más que nada, lo hizo para desviar su atención de la vergüenza.

—Es incómodo para tomar el té.

—¿Huh?

—El traje —afirmó —, demasiado rígido, por eso me quito parte de él —dijo con naturalidad.

—Y-Ya veo. —Tomó la taza; el calor recorrió sus dedos, y el tímido sorbo la hizo jadear de gusto.— ¡Increíble…!

—Me alegro. —Bajó su taza.— Hay dulces si gustas.

—Muchas gracias, ¡Ah!

—¿Risa-san?

—La reunión de emergencia, ¿por qué no apareciste? —Se enderezó en su silla, y dejó en la mesa el bocadillo que había elegido.— Alertas así no son cualquier cosa.

—Sí estuve por ahí.

—A penas te asomaste.

—Ah, así que sabías, ¿entonces?

—Porque seguro te perdiste ¡información importante! —Levantó un poco el tono, a la par que apoyó un brazo en la madera; la miró a los ojos mientras decía: —Eres mi dúo, nos guste o no, tenemos que cuidarnos.

Otra vez hubo una pausa.

—Vaya, qué intensidad…, característica de mi «honorable tripulante»

—Tch, ¿no puedes ser seria? —Se sentó de lado.— Mañana a primera hora partimos; todas.

—Sí, sí, lo que tú digas. —Se sirvió un poco más de té.— ¿Ahora podemos terminar?

—Mouh… —Se desplomó en su respaldo, tomando su galleta; no quería despreciar el gesto. Y tras varios minutos de saborear y saciar su estómago, se sobresaltó.—¡Ah! ¡¿A qué hora planeas terminar tus tareas?! Ya van siendo las seis de la tarde.

—Aquí vas otra vez.


Una hora antes de acostarse; e-mail de la capitana:

"Las chicas con habitación propia, serán reubicadas con su dúo. No hay lugar para la discusión."