Siete de la mañana: nave madre de los Ayase.

La mesa de postres era larga, miraba atónita, las extravagancias sobre el mantel blanco.

«¿No es un poco excesivo para un desayuno?», pensaba, mirando de forma inquieta mi futuro plato; trataba de elegir el más simple.

—No te sientas nerviosa —dijo él, sonriendo tranquilamente —, sólo toma lo que más te guste; están para comerse, Azumi-san.

Ese es el problema, todos se veían bien, quería probar un poco de todos; sería la primera y última vez que estaría ante una mesa así.

Pero si quería caber en mi overol, después de salir de ahí, debía moderarme.

—S-Sí…, no se preocupe, sólo no quiero cargar tanto el estómago, en la mañana.

La sonrisa de él se relajó, a la par de sus párpados.

—Si que ambas son diferentes. —Él cortó una rebanada y se sirvió en un plato modesto.

—Si tuviera su estómago, no lo seríamos; es increíble su metabolismo. —Relajé mis hombros, sirviéndome una pieza.

No sólo por la ostentosidad me tomé mi tiempo.

Miré por encima del hombro, hacia la pequeña mesa de dónde venimos. La tensión entre Miya y su madre no disminuía, su tono «casual» no enmascaraba el ambiente afilado.

—Tenía la esperanza que fuera más tranquilo —dijo él, su sonrisa tenue perdía ante la sombra de sus ojos.

—Oh…

De repente, una mujer joven de cabello corto y castaño, se sentó al lado de su madre; su rostro risueño miraba a Miya, quien estaba sentada al frente.

—Hola, Miya-chan, espero que hayas tenido un cómodo trayecto.

—Gracias, Sakiko-san; el viaje fue cómodo. —Levantó su taza—. Y así de rápida espero que sea mi partida. Tengo asuntos importantes.

—Dudo que así sea —dijo su madre —. Para cualquier niño, sí; pero para ti…

—Tomé la decisión, y con ella, la responsabilidad. Así que mi palabra, y orgullo, están a prueba.

—¿Y de la familia? —dijo, con el mentón entre el dorso de sus manos, y mirada estrecha.

—Tu prometiste avances inhumanos, ignorando mis preferencias; eso se acabó. —La taza que había estado suspendida en su mano, tocó su platito con un chirriante ruido—. Mi presencia aquí es para confirmar, de forma inequívoca, los rumores; cursaré la secundaria. Y no me importa si estoy «perdiendo el tiempo»; conformense con las patentes que ya poseo.

Vi perfectamente, de reojo, como la esperanza del señor se hacía añicos.

«¿Y ahora como volvemos a la mesa?», pensaba aterrada, viendo cómo la expresión de esa mujer se endurecía, una mueca hueca.

—Vaya, parece qué: la timidez huyó de Miya-chan —dijo Sakiko, riendo de forma nerviosa.

—Sí…, «parece» que al fin encontraste tus agallas —dijo, con su mirada clavada en ella —. No tenemos de otra que aceptar, aunque se trate de que pierdas tu tiempo con esa institución y esa chica…

—Cuidado —la calló, provocando que se estremeciera —. Si quieres que te vuelva a contestar una llamada o mensaje, ten cuidado cómo te diriges hacia ella.

—¡Guau! ¿Dónde esta Hime-Miya? —interrumpió Sakiko, haciendo un escándalo con sus manos sobre la mesa.

—Por favor, Sakiko-san, no me vuelva a llamar así —dijo con desdén. Volvió a mirar a su madre —. Sé muy bien que te llegó ese documento, con el informe de Polus…; no minimices lo que hizo «ella» —terminó, con su mirada entrecerrados fija, dando a entender que no iba a retroceder.

La Srt, Sakiko miraba a un lado a otro, pensando que otra cosa decir para acabar con esa atmósfera.

—Entonces… ¿Va a ser así? Tú te vas a jugar a ser una adolescente, y…

—Sí.

Abrió sus ojos, pero al final sólo suspiró.

—Como quieras. —Se recargó contra el respaldo—. Pero recuerda: algún día tendrás que ocupar tu lugar. —Ahora, por fin levantó su taza, dando un cansado sorbo.

—Lo sé.

—Bueno, con todo dicho, ¿cómo te ha ido en el instituto? Debió ser un gran cambio, para alguien que se educó en casa. —Sakiko la bombardeó con su curiosidad, cambiando el aire en esa mesa.

—Parece que ya podemos volver, ¿no? Azumi-san.

Asentí sin mirarlo, con el mentón pegado al hombro; mi corazón dolía. «¿Q-Qué demonios?, empezó a hacer calor», pensé, inhalando de forma pausada.

No había forma que unas palabras tan audaces, me pudieran hacer sentir así. «¡Controlate! estaba a punto de discutir con su madre». Me decía, pero no paraba «ese» latir.

La Miya que conocí, sin duda era orgullosa y no se dejaba regañar… Pero nunca, salió a favor de alguien, nunca a favor mío.

Con calma, empezamos a caminar hacia nuestros lugares. Mejoré mi temple y abrí la silla al lado de Miya.

—Querido, al fin regresas, no falta mucho para que esto termine, ¿acaso no te entusiasma hablar con tu hija?

—P-Perdón… —Sonrió con nervios.— Charlaba un poco con Azumi-san; parecía que ustedes tenían una conversación animada.

—Haa…, tan escurridizo como siempre.

Él curvó sus cejas mientras reía por lo bajo.

Me sentía inquieta, me removí en la silla; sentía pena; Miya no lo miraba, ni a ella. Su atención estaba en su taza, con una expresión aburrida.

Cómo si no existieran.

De pronto ese pesado zumbido en mi pecho, cayó en mi estómago, pesado como un yunque.

—Miya-chan, ¿y ese curioso pin? —dijo Sakiko, con una postura relajada, con un codo sobre la mesa.

—Oh. —Tocó el accesorio en su pecho—. Es un preciado regalo. —Ladeó su mirada hacia mí, tomándome por sorpresa. Tragué nerviosa por su atención; su mirada borgoña se tornó cálida.

Ahora, esa pesadez en mi estómago, se enroscó y se hizo cálida.

—He~ —emitió Sakiko, deslizando sus ojos también —, qué encantador, ¡seguro que se llevan bien!

—Mou… —Volteé la cara, acomodando un mechón detrás de la oreja.


Makino estaba confundida, de pie, miraba como en el rincón de su cama, estaba Rabbit, hecha un ovillo mientras se tapaba las orejas.

De fondo, sonaba la intermitente alarma, convocandolas; usualmente sólo era un sonido profundo, nada más, pero por alguna razón, no se detenía.

—¿Rabbit-chan…? —dijo, pero como se lo imaginó, no hubo respuesta.

Hace un minuto, ambas estaban leyendo, una al lado de la otra, en su mullido colchón. Pero dentro de la tranquilidad, el estridente llamado rompió eso.

Lo curioso fue qué, de inmediato, Rabbit se sobresaltó, acelerada, miró hacia todos lados antes de ponerse a resguardo.


—¡Chicas, hay que actuar rápido! —dijo Shizuku, con tono autoritario, mientras desactivaba la alarma.

—Rabbit-san y Makino-chan aún no llegan… —dijo Kaede con preocupación.

—No hay cuidado, tenía previsto eso —respondió ella, mirando al resto —. Miren, las llamé aquí porque detecté una pequeña fisura por fuera de la nave; no un problema mayor, pero para prevenir que se abra hay que actuar.

—Justo uno de los asteroides que destruía, estaba muy cerca. —Mai suspiró—. Maldito perdigón, vino a fastidiar.

—Entiendo, hay que usar una de esas pistolas para sellar, ¿quién será la que salga? —dijo Reo, dando un paso al frente —. Me encargo del mantenimiento de la nave, pero no soy muy buena afuera.

—Kitajima Sara será la encargada de salir, tendrá a dos o más asistiendo desde la nave.

—Confié en mí, capitana —dijo con ímpetu, saludando cual soldado —. Chicas, ¡estoy a su cuidado!

—Sara… ¿e-estás segura? —Kaede, a su lado, la miró con duda.

—Jiji, no te preocupes Kaede-chan, soy muy buena en la gravedad; muchas de mis sesiones de fotos eran en ella.


—Um, ya la apagaron —murmuró Makino —. Hay que ver qué sucede, Rabbit-chan…

Pero, en cuanto dijo eso, la figura ágil de su dúo, se abalanzó hacia sus brazos. Cayó sobre su espalda, con los brazos de ella alrededor de su cuello.

La tomó por sorpresa.

—Ugh…, ¿q-qué pasa? —El ardor en su espalda lo calmó enterrando sus dedos en la de ella; pero también, por el tiritar de su cuerpo, quien no para de negar, de forma furiosa, con su cabeza.

"—No salgas. No… salgas"

Su voz rasposa, la hizo estremecer…; no esperaba que pudiera hacer eso.

Pero nunca le confirmaron lo contrario.

Otra razón debía ser la causa, de su voto de silencio.

Makino, poco a poco disminuyó la fuerza en sus dedos.

—No saldré…, tranquila —dijo en un susurro.

¿Qué otra cosa podía hacer?, esa chica estaba sufriendo algún tipo de episodio de estrés; no sabía cómo manejarlo.

—Estaré aquí, hasta que pase.


La suspensión con sólo una correa, la ponía de los nervios, ¡pero ella tenía que terminar! No podía echarse para atrás en plena ejecución, así que, agarró con saña la herramienta y apuntó hacia el problema de: cincuenta centímetros de largo.

«Tú puedes Sara, sólo ignora a la nada detrás… y al escalofrío por el cuerpo». Sin duda era una experiencia diferente, comparado al ambiente controlado de su trabajo; con decenas de ojos ocupándose de su seguridad…

Hace once minutos estaba ahí, tomando posición; los nervios iban al pecho y sus dedos temblaban.

¿Por qué ahora su vista le fallaba?, se le hacía complicado medir la distancia.

«¡Te cerraré, sea como sea!», pensó, con la quijada apretada y sus ojos fijos a la grieta.


—Capitana, lamento la demora —dijo Makino, de pie, del otro lado de la mesa; ambas mirando las imágenes en la pantalla.

—Descuida, Makino-san; ese suceso era esperado. —Shizuku, estiró su mano hacia la pantalla, agrandando la imagen de tiempo real—. ¿Cómo está ella?

—Se quedó dormida, después de calmarse.

—Lamento que hayas pasado por eso. Pensé…, la vi tan bien estás semanas, el cómo se enfrentó a la bestia… Asumí que lo superó, por eso utilicé esa alarma. —Apretó los labios, con culpa—. Ella no es de esta tripulación, la incorporaron hace poco.

Decidió no opinar nada, o preguntar, acerca de eso.

—Entiendo, así que ese sonido lo provocó.

—Sí, detona su memoria y la transporta a ese instante… ¿Huh? —Miró la pantalla, entrecerrando la mirada—. Algo pasa con la misión.

Agarró su micrófono, y dijo:

—Mai-san, Yuuna-san, ¿me oyen?, creo que algo va mal con Sara. La imagen no es muy clara desde mi posición, ¿pueden verificar?

—"Sí, capitana" —se oyó al instante.


«Se suponía… que debía durar dos minutos», pensaba, mientras ponía cada gramo de fuerza en sus brazos. Cuales, tambaleantes, luchaban por mantener la puntería. «Rayos…, sólo llegué a la mitad (y un poco más). E-Esto es malo…, me falta el aire».

Cerró sus ojos con cólera, y los abrió con decisión.

«Debo terminar, ¡tengo qué!».


—¡Mira!, Mai-san, esto es malo. —Yuuna, le mostró su tableta, indicando la salud de su compañera.

—D-De amarillo paso a naranja… ¡Espera un segundo! ¡¿No debe ser verde?! Hay que sacarla.

Eufórica, tomó la tableta y miró un segundo más, pero como temía, no había ningún tipo error.

—Ya mismo hay que cancelar la misión.

Miraron por última vez a la ventanilla, dónde el cuerpo de su amiga suspendía inmóvil.


—Al parecer, había un desperfecto en su traje, no nos dimos cuenta por lo imperceptible de la falla.

Yuuna vio a todas en silencio, alrededor de la mesa.

—Desde el inicio estuvo perdiendo oxígeno, lo suficiente para que no se diera cuenta, pero, el prolongado tiempo… —Agarro su pantalla, con los ánimos por el piso, pero con el profesionalismo suficiente, para estar entera—. Ahora mismo, se encuentra estable, inconsciente, siendo asistida con una mascarilla de oxígeno.

—Perfecto, Yuuna-san —dijo Shizuku sin poder verla a los ojos —¿La misión?

—Kitajima-san, fue capaz de completarla.

—Bien, pueden retirarse. Escribiré un informe del incidente; son libres de actuar como les place.

En segundos, la sala estaba vacía, como lo supuso. Todas debieron correr a ver el estado de su amiga-compañera; no las culpaba. Si ella no la hubiera tratado, habría seguido sus pasos.

Su madre le había dicho: "la parte difícil es, que a veces, tratas a quienes amas".

Y Kitajima Sara, era una preciada compañera, a quien veía todos los días desde que despegaron.

Viéndola hacer sus deberes con entusiasmo; el ímpetu al lado de sus amigas (del mismo grado), o con la pasión que confesaba su amor por su prima.

Verla ahí, fría y en silencio…

Suspiró, guardó su tableta, necesitaba dormir.

Pero, se percató de la presencia de alguien, en una de las sillas.

—Nanami-san… —susurró, pero no hubo respuesta, a pesar del silencio.

Ojos profundos, orillas rojizas, semblante pálido… Esa chica era lo más parecido a un zombie.

Nada que ver, con la niña que conoció a principios de año. Nada, de la doncella tímida que socorrió en su ayuda; siempre el color en sus mejillas, la vibrante juventud en su mirada, su pasó temeroso pero audaz.

Ahora, parecía que su alma pendía de un hilo.

Se le congeló el pecho, ardía, como nunca antes.

—Nanami-san —la llamó, agarró una silla y se sentó a su lado.

Normalmente, se pondría inquieta por esta acción audaz, pero no reaccionó. No respondió a su llamado, ni se molestó en subir la mirada.

Se percató que mascullaba algo, entre dientes.

—Ah. —Se estremeció ante el repentino golpecito; Nanami había dejado caer su cabeza, apoyada contra su pecho.

—Debí… haber dicho algo —susurró, con su voz quebrada.

—¿Qué?

—Es mi culpa…, yo también soy un tripulante.

Se atrevió a rascar su cabello.

—Sé cómo te sientes, todas lo somos. Saber que una pudo ocupar su lugar…

Sus brazos la rodearon con fuerza.

—E-Es diferente… ¡No eres igual a mí! ¡No soy igual que el resto! ¡Yo no importo como las demás! ¡Y-Y Sara…, y S-Sara…! —Su grito sonó amortiguado; su rostro no lo movía. Yuuna miraba como el color de la tela, se oscurecía por las lágrimas.

Con ambas manos abrazó su cabeza, y acariciaba sus mechones sueltos.

Le dolía escuchar esas palabras, le dolía que existieran…, le dolía… que nacieran de la boca de su querida.

Así que esperó, cuando su llanto cesó, preparó su valor y dijo:

—No digas eso…, eres preciada —se detuvo en seco, apretó los labios —, no, eres «muy querida» por mí, Nanami. —Cerró sus ojos tras esa confesión, siendo aturdida por sus propias palabras; se había expuesto, y tenía miedo.

Por mucho tiempo, temió el resultado de sus sentimientos profundos… Nanami no era la primera que la admiraba, tenía una multitud detrás que la idolatraba… Aún así, no quería pecar de orgullosa y confundirse; lo último que quería (en su vida) era perderla.

Abrió lentamente sus ojos.

Nada, no hubo respuesta.

—¿Nanami-chan…? —dijo, bajando sus ojos con temor; una respiración apacible le respondió.

Contuvo su risilla, y la calma le burbujeó el pecho.

—Eres un cosita adorable, Nanami…, te quiero —susurró con anhelo —, de verdad te quiero —; y no pudo contener el impulso de probar la piel de su frente.


"Mamá, el viaje fue rápido (pero no placentero), es increíble el poder de los Ayase; aunque sea abiertamente conocido, presenciarlo me hizo sentirlo de verdad. La nave donde me hospedo, es la más grande que he visto (y veré), no creo que pueda recorrerla sin perderme; los pasillos son muy largos, y la decoración delicada no sigue ningún patrón.

El miedo de chocar algo, por error, me sigue.

No tengo la experiencia o el conocimiento de: niveles de privilegio en este «mundo», lo que sí sé, es qué, mi habitación es demasiado para mí: baño propio, una cama enorme, un armario para dos personas, y un tocador digno de una princesa, de aquellos cuentos.

Estoy tan nerviosa, a nuestro almuerzo asistirá gente importante, del círculo cercano a la familia; tengo miedo de decir algo fuera de lugar… ¡Pero me esforzaré!; Miya-san me prestará un vestido a medida.

Ahora lo importante…

El primer encuentro con sus padres… fue bien; el padre era muy amable, haciéndome sentir cómoda a su alrededor. Por otro lado, su madre, era muy estricta y formal; en ningún momento me faltó el respeto, pero no me sentí bienvenida en absoluto.

No salió tan mal como esperaba, pero fue un inicio estresante; no te preocupes, ¡me manejaré de la mejor manera!, no deshonraré el apellido Azumi.

¡Te quiero mamá! ¡Ánimo en el trabajo!

PD: no le causes problemas a Yukino-kasan.