En el año 2014, un 24 de febrero una niña de 15 años publicó su primer fanfic de pokémon en . De hecho, lo escribió ese mismo día en quizás una o dos horas, no había mucho pensamiento detrás de todo lo que pasó en esos párrafos.

11 años después, decidí rehacerlo ¿Qué me impulsó a esto? ¿La nostalgia? ¿El ocio? No lo sé. Creo que capturé la emoción que tuve aquella vez a los 15 años. Ahora lo subo de nuevo, seguramente no estará la misma gente que en ese tiempo me apoyó y leyó mis historias, que me alentaba a seguir, de hecho, puede que incluso nadie lea esto ahora, sin embargo, si alguien llega a leerlo quiero agradecerte de todo corazón de compartir esto conmigo.

Subiré las dos historias juntas si quieres comparar, reírte un rato, quizás haya gente que incluso disfrute más la primera versión, me da vergüenza ver la primera historia y a la vez me llena de tanto orgullo.

¡Nos leemos!

Disclaimer: Pokémon no me pertenece porque si lo hiciera no escribiría fanfics en esta página.

Blaziken:

Buscar en un viejo armario algo que habías perdido, pero en lugar de eso encontrar objetos que alguna vez guardaste por última vez y jamás volviste a sacar, objetos que trascienden su uso original y se vuelven fuentes del recuerdo, un pasado que vuelve a ti resignificando cada recuerdo y cada momento. Recordar es transformar, transformar los momentos que alguna vez viviste, aquella pieza de arte que en algún momento dibujaste, esos cuentos que escribías, los pasatiempos que te entretenían, las cosas a las que más empeño y amor les ponías vuelven a ti con vergüenza, ternura, nostalgia, asco, desagrado, tristeza, alegría, orgullo, un nuevo sentimiento, un redescubrimiento de lo que alguna vez amaste y lo ves con nuevos ojos, nuevas experiencias ¿Realmente hice esto? ¿Cómo era capaz de hacer esto? Puede ser una pregunta negativa o positiva, puede ser "¿Cómo era capaz de hacer esto? ¡Es maravilloso!" "¿Cómo era capaz de hacer esto? ¡Qué vergüenza!" No importa la forma en que lo pienses, ya está ahí y todos esos recuerdos vuelven a ti de golpe, te ríes, lo piensas de forma distinta a cómo sucedió, la memoria es frágil y en su fragilidad creamos cambios, quizás no era tan maravilloso como lo recuerdas, quizás era mejor de lo que piensas, quizás no lo pasaste tan bien como sucedió o incluso, cambiaste eventos completamente sin notarlo.

Así que más de diez años podrían pasar y te vuelves a encontrar contigo misma, sonríes y piensas ¿Podría volver a hacerlo?

La lluvia golpeaba con furia el techo, ventanas y paredes de la posada de madera en ciudad Calagua, había unas cuantas goteras siendo contenidas con cualquier recipiente de plástico a mano, budineras, ollas, vasos y tazas, estaban todas ocupadas en intentar no esparcir más el agua. El dueño de aquel establecimiento, un hombre de mediana edad, se encontraba revisando las luces del lugar, estaban apagadas debido a las fuertes lluvias con viento, seguramente algún árbol había caído al alambrado eléctrico y provocado un corto circuito, hace tiempo que no sufrían con una lluvia tan torrencial, desde lo que ocurrió con Kyogre si es que lo recordaba bien, pero de eso ya habían pasado décadas. Junto al hombre un pequeño Oddish intentaba ayudar a secar el suelo, con un paño en sus patitas, arrastrándolo por el piso. Era un día lento, por las lluvias no muchos entrenadores habían avanzado de una ciudad a otra, era evidente que mientras durara aquella tormenta nadie llegaría a alojarse en aquel lugar.

La puerta se abrió de golpe sin aviso previo, chocando incluso con la muralla, una figura alta se inclinó un poco para poder pasar por la entrada, estaba mojada, llena de barro y traía algo en la espalda, algo igual de embarrado y mojado que él, pero sorpresivamente muy hediondo. Traía una increíble peste consigo, Oddish se asustó y se escondió tras su entrenador tanto por el sonido como el miedo que le tenía a la alta figura. Un relámpago iluminó la habitación por unos segundos y divisó bien a la figura, el hombre vio impresionado al enorme Blaziken que estaba parado delante de él.

-Co… Comida… -Se escuchó una voz débil ¿provenía del Pokémon?

El hombre se paralizó unos segundos tratando de entender qué estaba sucediendo cuando el Pokémon se acercó a uno de los sofás de la recepción y depositó a una criatura con mucho pelo, muy sucia y muy apestosa, el tipo fuego le hizo una seña con su cabeza al hombre para que se acercara a la criatura y éste hizo caso sin pensarlo mucho. Al acercarse cubriendo su nariz con una mano y sosteniendo una vela con la otra se encontró con una niña, una muy embarrada y sucia niña, no parecía tener más de quince años, ella abrió un poco los ojos y volvió a repetir lo que había dicho con anterioridad.

-Comida… -Pidió apenas, su voz sonaba más como un murmullo.

El hombre comprendió la situación luego de sopesar unos segundos y apenas comprendió la idea corrió a su cocina. Oddish se quedó mirando al Blaziken y a la niña que se encontraba en el sofá, curioso y asustado, Blaziken le devolvió la mirada y el pequeño Oddish tragó algo de saliva de los nervios, si ese Pokémon quisiera lo podría achicharrar.

-Está mojado. -Dijo de pronto el Blaziken, rompiendo el lúgubre silencio. Oddish se sobresaltó y lo vio nuevamente, no se esperaba que le dijera algo.

-¿Qué? -Preguntó el tipo planta de vuelta.

-El piso está mojado. -Repitió Blaziken intentando incómodamente hacer una conversación.

-Sí, es que está lloviendo. -Respondió el pequeño Oddish intentando ser amable, eran clientes después de todo, pero en su mente esperaba que su entrenador volviera pronto.

-Si. -Una gota escurrió del cuerpo de Blaziken. -Noté la lluvia.

Oddish miraba de reojo la puerta de la cocina esperando que su entrenador volviera hasta que éste finalmente apareció, soltó un suspiro, venía con una bandeja con comida caliente, una cazuela, pan y un poco de jugo, era lo que quedaba de la cocina. Blaziken se acercó a la chica y la ayudó a sentarse. El estómago de la pequeña empezó a rugir apenas sintió el olor de la comida y el señor no alcanzó a soltar la bandeja cuando la chica agarró el pan y se lo metió desesperada en la boca, mordiendo casi atragantándose, ya sintiéndose mejor tomó la bandeja y caminó hasta la cocina, donde pudo sentarse más cómoda y tragar la cazuela, comía rápido y suspiraba con gusto entre cucharadas. Su pokémon y el hombre la siguieron y la veían comer, unas pocas personas que se habían quedado en la posada miraban extrañados a la sucia y hedionda niña comer como si no lo hubiera hecho en semanas.

-Ahhh, muchas gracias. -Dijo finalmente mucho más tranquila. -¿Cuánto sale la noche? Quiero quedarme 4 días… Y tres noches. -Miró al dueño el cual vio a la hambrienta pequeña y suspiró, no podía cobrarle el precio completo, no cuando estaba en esas condiciones.

No era la primera ni la última vez que veía o escuchaba de jóvenes entrenadores que se descuidaban a ellos mismos en un afán de conseguir medallas de gimnasios, ganar competencias o convertirse en campeones, no podía imaginarse cómo niños tan pequeños de pronto tenían que hacerse responsables de sí mismos y sus pokémon.

-Tienes descuentos de entrenadora, los baños están listos para usarse y Oddish te llevará a tu habitación. -Le dijo con una sonrisa amable. -¿Señorita…?

-Liz, o sea, Elizabeth, Elizabeth González, aunque la gente me dice Liz, o sea mi familia me dicen Liz, no conozco mucha más gente. -Sonrió y tomó el plato vacío. -¿Dónde lo dejo?

El hombre le dijo que él se encargaba y tomó el plato para que la pequeña pudiera finalmente sacarse esa peste de encima. El señor miró a su Oddish y éste asintió para guiar al Blaziken y su entrenadora a su habitación. La pequeña criaturita de tipo planta caminaba rapidito, casi parecía ir dando pequeños saltitos. Liz y Blaziken lo siguieron a las habitaciones y finalmente cuando estuvieron solos la chica sacó de su mochila cuatro pokeballs y las lanzó al aire, de éstas salieron unas luces rojizas revelando el cuerpo del resto del equipo de la chica; un Absol, una Salamence, una Lopunny y finalmente un Lucario. Todos estiraron sus cuerpos al salir de sus pokeball.

-¿Liz sigue viva? -Preguntó Absol viendo alrededor hasta que la encontró con la mirada. -Pensé que ahora si no la contaba, pero bueno, al menos no tendremos que comer su cadáver para sobrevivir.

Lopunny, Lucario y Blaziken parecieron ignorar a Absol pero Salamence lo veía con los ojos bien abiertos, parecía ser la única que le tomaba atención a las cosas que decía el tipo siniestro ¿Debía decir algo? Se preguntaba mirando a Absol quién volteó a verla lentamente sonriendo. Salamence sintió un escalofrío recorrer desde la última escama de su cola a la primera de su cabeza y prefirió no decir nada por el momento.

-Chiquilines, voy a ir a tomar un baño, Blaze y yo porque me llevó bajo la lluvia y está todo embarrado, pueden quedarse aquí un momento y luego les traeré su cena. -Dijo la chica a su equipo.

Los Pokémon asintieron mientras su entrenadora lanzaba su embarrada mochila al suelo sin mucho cuidado y salía por la puerta por la que momentos antes había entrado, seguida de Blaziken.

-Olía muy mal. –Comentó Lucario cuando la chica ya se había ido.

-Si. –Respondió Lopunny. –Lleva un rato descuidándose. –Ladeó la cabeza pensativa, apoyando un dedo en su barbilla.

Liz había llegado a los baños con su Blaziken, no había visto mucha gente en el camino por lo que asumió que no había nadie en la posada, o al menos no más entrenadores. Abrió la puerta del baño y estaba desocupado, entró seguida de su pokémon y lo hizo sentarse en la bañera.

-Te vas a bañar tu primero porque yo puedo esperar. –Dijo ella sonriendo y mojando un paño con agua caliente.

-No es cierto, hueles horrible y ensucias todo el lugar por donde pasas. –Respondió Blaziken, pero para ella solo eran gruñidos.

-Tienes muchas ganas de bañarte lo sé. –Dijo con sarcasmo y con cuidado pasó el paño por las plumas del pokémon, partiendo por los largos brazos del tipo lucha. –… Blaze. –Dijo ella pensativa. –A veces, o sea no sé, supongo que no te pasa porque quizás a los pokémon estás ideas no les cruzan por la mente, pero ¿No te sientes perdido? –El pokémon volteó a verla ¿Perdido cómo? Ella vio la expresión de inicial y supuso que entendió el cuestionamiento. –No me siento perdida de dónde estoy porque sé dónde estoy, pero perdida de a dónde voy, en general, en la vida. –Volvió a enjuagar el paño y le colocó un champú especial para pokémon para luego frotarlo cuidadosamente sobre las suaves plumas de su pokémon.

Tenía especial cuidado al ser Blaziken tipo fuego, el agua lo debilitaba por lo que desde que accidentalmente casi lo mata cuando era un Torchic aprendió a bañarlo con cuidado y con paños húmedos, de tal forma que el agua se secaba rápidamente por el calor interno del pokémon. Liz miró a su Blaziken, había cambiado tanto desde que era un Torchic, los pokémon parecían crecer mucho más rápidos, cinco años habían volado y pareciera que él ahora era quien se encargaba de cuidarla, como si de pronto ese pequeño pollito que siempre la seguía y dependía de ella hubiera cambiado los roles para ser él ahora el protector.

-Llevo ya cinco años entrenando al equipo, niños de diez años ya son campeones y yo no he conseguido todas mis medallas. –Dijo ella apretando el paño con sus manos un momento. –Ni tampoco sé si quiero conseguirlas o si me gustan las batallas del todo. –Murmuró por lo bajo. –No sé si tú o el resto del equipo quieran hacer otra cosa tampoco. –Levantó la mirada para encontrarse con los azules ojos de su pokémon quién la escuchaba en total silencio.

¿Qué es lo que él quería hacer? Toda su vida dependía de esa pequeña niña, esa niña que amaba como si fuera su propia madre, era su mejor amiga, pero desde que evolucionó por primera vez a Combusken comenzó a notar las múltiples debilidades de aquella chica, era normal, era una niña, era humana y aun la quería, pero ya al ser Blaziken se dio cuenta de que él había madurado rápidamente y la debilidad humana principal era lo mucho que tardaban en desarrollarse, ella seguía siendo una niñita y él no. Ya estaba en la adultez de un pokémon, si ella, su guía no sabía qué hacer ¿Cómo lo iba a saber él? Suspiró un poco y le dio palmaditas en la cabeza como ella solía dárselas a él cuando era Torchic, era una situación muy extraña, no estaba molesto pero esa revelación lo hizo sentirse quizás igual de perdido que ella. Ella lo siguió viendo a los ojos.

-¿En qué momento dejé de cargarte yo y me empezaste a llevar tú? –Se preguntó en voz baja. –Cinco años se sienten una eternidad, pero aquí estamos, cinco años después y pareciera que no hice nada. –Sus ojos brillaban con las lágrimas que se acumulaban. –Quiero llegar a mi casa y dormir mucho. –Sacudió la cabeza, no quería llorar.

Entonces le puso atención a su entrenadora, se veía tan pequeña, muy baja, muy frágil, no era esa enorme criatura enérgica que corría, se caía, se levantaba y seguía corriendo, que se preparaba todas las mañanas para ir a una nueva aventura sin miedo de lo que iba a pasar, ahora era una adolescente, parecía tener más miedo de lo que fuese a pasar con su vida que de pokémon peligrosos, había días que no comía, días en los que no quería levantarse, no arreglaba su cabello, se ponía su polerón que le quedaba gigante y caminaba, iba lento como sin ganas de avanzar o quizás sin tener la motivación real para caminar. Ahora él debía pensar en esa pregunta que le había hecho ¿Qué le gustaría hacer a él? Le gustaban mucho las batallas pokémon, no es que Liz perdiera contra los líderes de gimnasio, sino que pareciera que ella no los quería enfrentar en primer lugar, ni siquiera parecía decidida a qué región le dedicaría su entrenamiento, ahora no sabía si realmente quería ser campeona como todo el resto de niños. ¿Qué querría hacer él? ¿Los pokémon podían darse el lujo de decidir? Ella lo había dejado caer de pronto y no sabía cómo levantarse.

-Liz, voy a hacer lo que tenga que hacer para ayudarte y que seas feliz, después de todo esa es mi misión como tú pokémon. –Respondió finalmente luego de pensar unos minutos, es lo que él debía hacer después de todo, no había más opciones, ella era su humana, la niñita de la que debía preocuparse. Liz sonrió, aunque no le entendiera, pero presentía que intentaba darle ánimos, la barrera comunicacional entre ellos era enorme, pero pareciera que siempre se entendían.

-Quiero saber qué hacer. –Dijo ella apoyando su frente en el brazo de su pokémon. –Quiero saber qué es lo que ustedes quieren hacer. Tus plumas son tan cálidas. –Murmuró para luego enterrar su rostro en el suave plumaje en el pecho de su pokémon.

¿Qué es lo que yo quiero hacer? Se preguntó Blaziken viendo hacia el techo.

Al terminar su baño fue a encontrarse con su equipo, dejando que ahora su entrenadora se quitara la peste de encima, pero seguía pensativo, si ella no sabía a dónde ir ni por qué hacían las cosas que hacían entonces ¿Qué les quedaba a ellos? Abrió la puerta de la habitación y se encontró al resto de su equipo conversando casualmente, no parecían preocuparse por nada. Él por su parte estaba en babia, confuso, desde que era un pequeño Torchic su entrenadora le había llenado la cabeza de entrenar para luchar contra la liga pokémon algún día y volverse campeones, cosa que él no terminaba de comprender, pero ahora viéndola de esa forma, solo caminando por caminar y entrenando por la diversión de hacerlo se encontraba vacío ¿Si quiera conseguirían un nuevo miembro en el equipo a esa altura? Se sentó en la cama bajo la atenta mirada de los otros cuatro pokémon, Blaze solía ser un líder para ellos, en quién confiaban, pero ahora parecía preocupado.

-¿Pasó algo? –Preguntó Lucario acercándose al tipo fuego. Blaziken lo vio, y luego al resto, todos parecían estar atentos a él.

-No. –Respondió mirando a todo el equipo, si él ya siendo quizás el mayor del equipo, nadie sabía la edad real de Absol, estaba preocupado, no se imaginaba poner ese peso en sus muy poco maduros compañeros. –Solo pensaba en qué hacer después de que nos enfrentemos al campeón de Kanto, ya falta menos. –Les dijo con una pequeña sonrisa.

Lucario vio a Blaziken, sabía que él solía esconder cosas, lo sentía en su aura que le costaba detectar, pero podía sentir una especie de inquietud. Cerró sus ojos intentando concentrarse para entender mejor a su compañero, pero su cabeza empezó a doler y se tomó la frente con su pata, siempre le había costado demasiado ver las auras, más que a un Lucario común. Lopunny volteó a verlo.

-¿Pasa algo Lucario? –Preguntó y éste apenas la miró fue como si se comunicaran con los ojos, ella comprendió que no le creía a Blaziken, algo pasaba.

-¿Estás seguro? –Le preguntó de pronto a Blaziken y éste asintió con la cabeza sonriendo levemente.

-Si, deberían comer y descansar. –Dijo registrando la mochila de Liz, encontró una bolsita con comida para pokémon y unos platitos plegables para cada uno, tenían colores para no confundirlos. Blanco para Absol, morado para Salamence, amarillo para Lopunny, azul para Lucario y rojo para Blaziken. Le sirvió su alimento a cada uno y se sentó mirando por la ventana mientras comía.

¿Qué haría él? No había nada realmente que él podía hacer, debía hacer caso a su entrenadora, él la quería mucho, a ella y a su equipo, no se imaginaba una vida sin ellos, pero el preguntarse a sí mismo que es lo que él quería lo confundió como nunca antes en su vida ¿Qué quiero yo cuando siempre he seguido y hecho caso a mi entrenadora? ¿Qué quiero yo como pokémon? Miro hacia fuera, si tuviera un día para sí mismo lo sabría, lo entendería ¿De verdad estaba disfrutando ese camino?

Liz llegó luego de un rato, con pijama y ya bañada, estaba peinando su largo cabello con un cepillo roto. Tenía el pelo muy largo, castaño y ondulado que le llegaba a las caderas y que usualmente amarraba en una cola de caballo para que no le estorbara en sus aventuras, se le veía muy cansada. Se acostó en la cama y revisó su teléfono, su equipo encontró lugar acomodándose alrededor de ella, todos menos Salamence y Blaziken al ser los más grandes, la dragona solía tener una manta esponjosa en el suelo y acurrucarse ahí mientras que Blaziken se quedaba un rato despierto para luego acomodarse junto a Salamence o en la cama, el tipo fuego se aseguraba que todo estuviera bien, que su equipo no tuviera ningún problema antes de dormir.

El teléfono de Liz sonó, la estaba llamando su madre, dudó un momento en contestar o no pero finalmente lo hizo, tomó un poco de aire y habló.

-Hola mamá. –Respondió, los pokémon apenas podían entender lo que decían del otro lado de la línea. –Sí, sé que no te llamé en varios días, pero he estado muy ocupada, es solo eso… Ya estoy en ciudad Calagua, en unos días tomaré el ferry a Johto, voy a entrenar un poco aquí, sí, estoy bien. –Sintió un nudo en la garganta, no quería llorar en el teléfono con su mamá ni sus pokémon. –Necesito que me manden un poco de dinero, me quedé algo corta y no he encontrado más entrenadores para luchar. –Se escuchó un reclamo del otro lado, todos los pokémon miraban en silencio a su entrenadora. –Sí sé que les pedí hace poco… No es urgente, puedo esperar un par de días, aun me queda algo. –Mintió. –Sí, gracias, voy a cortarte porque caminé mucho y aquí es muy tarde, voy a dormir, chao. –Cortó lo más rápido que pudo, quería preguntar por ellos, pero hablar con su mamá la hacía sentir mal, la extrañaba mucho.

Dejó su teléfono cargando en el velador junto a la cama y se acurrucó cerrando muy fuerte los ojos, sentía muchas ganas de llorar, pero no quería preocupar a su equipo, suficiente debían tener con los extenuantes viajes pensaba ella y no quería afectarlos antes de batallas importantes. Se escuchaba la lluvia golpear las ventanas de la pequeña habitación de madera, Blaziken apagó la luz y apenas entraba un poco de iluminación de la ciudad por la ventana, ciudad Calagua era la más grande de todo Hoenn, ahí se disputaban los concursos pokémon más grandes, estaba el museo de arte y también el enorme centro comercial, pero nada de eso importaba en la mente de Liz, ella estaba preocupada y no sabía por qué, su corazón palpitaba con fuerza en su pecho y se sentía sin aire, de pronto sintió algo cálido acomodándose sobre ella, abrió los ojos y se encontró con los de Absol, brillando en la oscuridad, el pokémon siniestro le dio una lamida en el rostro y ella lo abrazó con fuerza, hundiendo su cara en su pelaje blanco como si fuera un peluche enorme.

-Hace mucho tiempo que no está bien. –Murmuró Salamence a Blaziken quien estaba aún despierto, preocupada. –Deberíamos hacer algo, una humana tan pequeña quizás deba estar con más humanos.

Blaze entrecerró los ojos, sabía que Salamence lo decía preocupada pero el tipo fuego estaba obstinado en que nadie más que él debía encargarse de esa situación, ese era su problema como líder del equipo y el mayor.

-Es normal, está nerviosa, se le pasará sola, ahora duerme. –Su voz sonó hasta fría de pronto, Salamence parpadeó un par de veces sorprendida de que esa fuese su respuesta. –Duerme. –Repitió un poco más autoritario y la dragona se acomodó cubriéndose con sus alas y cola, haciendo caso a la orden de Blaziken.

-Lucario. –Murmuró Lopunny al tipo lucha, ambos acomodados a cada lado de Liz, antes era más fácil cuando no habían evolucionado.

-Tú también duérmete. –Le dijo Blaze a la coneja interrumpiéndola.

Lopunny bajó la cabeza, pero mantuvo sus ojos abiertos, no le estaba gustando la actitud de Blaziken. Lucario también tenía los ojos abiertos, unos ojos muy azules, inusuales en un pokémon de su especie. Él asintió con la cabeza, es como si ambos acordaran conversar de la situación al día siguiente, no necesitaban muchas palabras para entenderse. No pasó mucho tiempo para que el primero en dormirse fuese Lucario, luego el resto del equipo, el último en quedar despierto antes de Blaziken fue Absol, pero sabía que su compañero tipo fuego era obstinado así que no podría estar más despierto que él. Lo sabía, veía sus profundos ojos azules con amarillo en lo alto de la habitación, el tipo fuego estaba despierto, con los brazos cruzados y de pie, mirándolos a todos, encargándose de que estuvieran profundamente dormidos. Cuando Absol finalmente se rindió ante el suelo, Blaziken se acercó a la cama a ver a su entrenadora ¿Cómo podía traicionarlo así ahora? Había pasado tanto tiempo, estaban tan cerca de enfrentarse al campeón y le hacía esto, lo confundía.

-Blaze. –Murmuró Liz, ella no estaba durmiendo. –Perdóname. –El aludido se le acercó más para escucharla mejor, la lluvia parecía que no se detendría pronto. –No soy una buena entrenadora, pero ustedes son unos pokémon maravillosos. –Lo vio a los ojos. –Me distraigo y soy torpe, he hecho la posible para que al menos ustedes no pasen hambre, no sé si mantenerlos vivos sea algo admirable para una entrenadora, es lo mínimo que debería hacer. Sólo quiero que sepas que, si de pronto ya no quieres estar conmigo, si quieres seguir tu propio camino lo entenderé, si ese camino es libre, con otro entrenador, formando una familia con un pokémon yo no me voy a oponer, te quiero muchísimo y sólo quiero lo mejor para ti y lo mejor para ti es lo que tú quieras.

Blaziken apretó la mandíbula, frunció el ceño, Liz nunca lo había visto así de molesto, ella se sentó un poco en la cama para verlo bien, se le notaba en todo el cuerpo de ese pokémon que estaba enojado y seguramente con ella, empezó a subir la temperatura de la habitación, Lucario al ser tipo acero se quejó en el sueño, no le gustaba el calor. Liz comenzó a sudar al estar más cerca de Blaziken.

-¿Blaze? –Preguntó preocupada. El pokémon se acercó mucho a ella, era muy alto, muy grande, nunca se había sentido tan intimidada por su propio pokémon inicial.

-No puedes hacer esto ahora. –Dijo, aunque ella no lo entendiera y juntó su frente con la de la humana, cerrando sus ojos. –No me puedes hacer esto ahora Liz, yo no sé qué hacer si no es aquí contigo y con el resto. No hay otra entrenadora para mí y no hay familia tampoco si no es aquí, aún si encontrara una pareja y una familia quiero que sea sin dejarlos a ustedes.

Liz no entendía nada más que gruñidos, rugidos y unos cuantos quejidos, hacía tanto calor en aquella habitación, su rostro estaba muy rojo y el sudor recorría su cuerpo, la temperatura sólo subía, pero ella no estaba preocupada de eso, quería poder entender qué decía su pokémon, cerró sus ojos un momento y trató de comprender sin escuchar, solo sintiendo.

-Entiendo. –Dijo apenas y la temperatura empezó a bajar. Él se separó de ella y se alejó para acomodarse, sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la pared y cerrar sus ojos, como si nada hubiese pasado. –Gracias por estar aquí, seré mejor, por ti y todos los demás.

-No hay nada que quiera más en este mundo que cuidarte. –Dijo Blaziken aún con los ojos cerrados, forzándose a dormir.

Liz se acomodó y cerró los ojos, durmiéndose rápidamente y cuando ya estaba la habitación nuevamente en un silencio absoluto un solo murmullo que nadie escuchó resonó suavemente.

-Mentiroso. –Dijo Lucario con sus ojos totalmente abiertos y sintiendo el aura de Blaziken, el calor lo había despertado, se acomodó intentando dormir nuevamente, sin embargo, sentía su estómago apretado, no le gustaba las sensaciones que percibía.

A la mañana siguiente Liz despertó con más ánimo que la noche anterior, levantó a su equipo, se vistió y peinó su largo cabello, atándolo en una cola de caballo como le gustaba. Los pokémon se veían de mejor ánimo al ver que su entrenadora se peinaba y vestía con ropa limpia, una novedad ya que no parecía hacer eso hace días. Todos estaban de mejor ánimo a excepción de Blaziken y Lucario, Blaze parecía aún sumergido en sus pensamientos y Lucario sabía que su compañero no estaba bien.

La lluvia del día anterior se había detenido y había un reluciente sol iluminando los charcos de agua que habían quedado en las calles de la ciudad, charcos que los pokémon tipo agua aprovechaban para juguetear y saltar. Las calles estaban repletas de gente y pokémon, todos disfrutando del buen clima y los concursos pokémon que se estarían llevando a cabo en unos días. Liz salió de la posada y estiró su cuerpo, quería turistear por la ciudad y encontrar un buen lugar para entrenar con su equipo. Los cinco pokémon la siguieron mirando alrededor, a algunas personas les sorprendía ver a aquella chica pasear con todo su equipo fuera de sus pokeball, en especial viendo que varios de esos pokémon eran bastante raros, algunas personas les tomaban fotos disimuladamente y otros los señalaban sin mucho pudor, especialmente los niños, concretamente al ver a un Lucario, era un pokémon muy popular pero raro de conseguir por lo que ver a uno y además a uno con curiosos ojos azules les llamaba la atención, lo cual no era novedad para nadie en el equipo, ni para Liz.

-Lucario mira. –Dijo Lopunny caminando junto al pokémon chacal. –Esa niña tiene un Zigzagoon.

-Ugh. –Lucario frunció el ceño. –No veo el momento en que salgamos de esta maldita región para dejar de encontrarme con esos despreciables pokémon, pateas una piedra y salen tres. –Lopunny sabía lo mucho que su amigo aborrecía a los Zigzagoon.

-Pff, sí. –Respondió ella. –Además de plaga suelen robar cosas de los entrenadores, en especial ese tiene cara de estúpido.

Lucario asintió sonriendo y se distrajo finalmente de lo que estaba pensando, se le había visto preocupado toda la mañana y si Lopunny sabía que había algo que animaba a su mejor amigo era hablar mal de otros pokémon, en especial si se trataba de Zigzagoon y ella también lo disfrutaba. Los dos reían y conversaban parecían tener su propio idioma. Blaze sonrió levemente, esos dos se habían vuelto amigos tan rápidamente y pensar que apenas se conocieron se odiaban a muerte, ninguno de los dos quería admitir que eso alguna vez sucedió como tampoco admitirían que se contaban absolutamente todo.

De pronto se escuchó un grito.

-¡Volvió ese Blaziken! –Gritó una mujer saliendo con una escoba y apuntándola a la cara de Blaze, el tipo fuego retrocedió unos pasos sorprendido y Liz se puso frente a la escoba y la mujer con el ceño fruncido y sus brazos extendidos, defendiendo a su pokémon. -¿Así que tú eres la entrenadora? –Le preguntó a la chica colocando el escobillón en el cuello de la niña, como si de un cuchillo se tratase. –Niña malcriada.

Blaze se acercó rápidamente y partió la escoba en dos de un zarpazo, alejándola del cuello de su entrenadora y gruñendo.

-Bleghhh. –Liz recuperó el poco aire que perdió y vio a la mujer enojada. -¿¡Qué le pasa vieja loca!? –Preguntó la niña sin ningún respeto.

-¡Vieja tu abuela! ¡Ya estamos todos hartos de ese maldito Blaziken tuyo! –Gritó la mujer.

Alrededor de ellos se empezó a acumular una muchedumbre de curiosos que estaban viendo la escena, de las tiendas de alrededor salieron algunos locatarios a mirar y un hombre de mediana edad se colocó junto a la mujer.

-A ver, calma todos, este podría ser otro Blaziken. –Dijo el hombre a la mujer quién recogía las dos mitades de su escoba.

-¡O podría ser el mismo Blaziken! –Gritó molesta.

El equipo de Liz se colocó junto a su entrenadora para defenderla de lo que sea que estuviera pasando.

-¡Ese maldito Blaziken se la pasa asaltando todas las tiendas de ciudad Calagua y hasta se ha llevado pokémon! –Exclamó la mujer. –Lo tengo en cámara y además la última vez que vino dejó esto. –Del bolsillo de su delantal sacó una larga pluma rojiza. Liz se acercó para verla y luego negó con la cabeza.

-Señora hay dos problemas con sus acusaciones, la primera es que nosotros acabamos de llegar anoche, puede consultarlo con el dueño de la posada y la segunda. –Se acercó y le arrancó una pluma a su Blaziken, el cual se quejó solo un poco por la sorpresa. –Mi Blaze es shiny. –Dijo la chica sonriendo y colocando la pluma junto a la de la mujer. –No se nota mucho porque no hay una gran diferencia entre Blaziken normal y shiny pero es cierto, fíjese que el color de la pluma de mi Blaziken es más oscura que la suya. –Liz sonrió orgullosa de sí misma y sus maravillosas habilidades de detective. La mujer sacó del mismo bolsillo del cual sacó la pluma unos lentes y observó bien ambas plumas. Efectivamente había una diferencia casi imperceptible en los colores, no obstante, existía. La mujer suspiró apenada y sonrojada por la vergüenza, la gente alrededor murmuraba por el bochorno que acababa de pasar.

-¿Así que hay un Blaziken ladrón? –Preguntó Liz interesada en la historia, era una niña muy curiosa después de todo.

-Sí, dicen que es un Blaziken sin entrenador, viene en las noches, lleva semanas robando cosas de las tiendas y algunos pokémon han incluso desaparecido. –Explicó al dependiente de la tienda que se había colocado junto a la mujer. –Nadie lo ha podido atrapar ni ver, se cree que sólo se aparece a los pokémon, pero hemos logrado ver algunos indicios de que se trata de un Blaziken, como su huella, algunas plumas y unas marcas de fuego para forzar puertas o derretir cerraduras. Nos tiene a todos vueltos locos, tanto así que tiene una recompensa por encontrarlo. –La mujer le enseñó uno de los carteles que estaban pegados afuera de su tienda, salía la descripción de las posibles pistas del pokémon y una recompensa por una larga suma de dinero a quién lo capture.

-Un misterio. –Murmuró la niña, miró el cartel y la enorme cantidad de dinero, su estómago rugió, no quería admitirlo frente a sus pokémon, pero ya no le quedaba más dinero para comer y tampoco quería preocupar más a sus padres, había gastado lo que le quedaba en comida para su equipo y en la posada, sentía su cuerpo temblar de la emoción y del hambre, quizás podría alcanzarle lo suficiente para no preocuparse por alimento por unos días.

Su propio Blaziken, por otra parte, a pesar de estar más relajado de que su entrenadora parecía tener mejor ánimo, no estaba muy interesado en la conversación, aún le daba vueltas por la cabeza lo que había hablado con su entrenadora el día anterior.

-Ha sido terrible. –Dijo muy apenada la mujer. –Disculpa por haberte culpado injustamente niña.

-Oh, no se preocupe vieja loca, lo entiendo. –Respondió Liz y la mujer alzó una ceja al oírla. –Quizás yo pueda encontrar a ese Blaziken, yo sé una cosa o dos de Blaziken. –Alzó la mirada con orgullo y su pokémon entrecerró los ojos sin mucha confianza. –Vamos equipo, terminemos de recorrer la ciudad y comencemos nuestro nuevo plan.

Liz corrió del lugar seguida de su equipo para recorrer más rápidamente la ciudad.

-¿No debería partir por interrogarnos o investigar las pistas que tenemos para buscar al pokémon? ¿Quizás hablar con la policía? –Preguntó la mujer que había encarado a Liz anteriormente.

-Mildred, vieja loca, es una niña, ella no tiene por qué resolver este caso, vamos a llevar esa pluma a la policía para que se encarguen. –Respondió el hombre negando con la cabeza.

Entre la muchedumbre que se disipaba una figura observaba al grupo de pokémon y su entrenadora que no pasaban desapercibidos, había escuchado toda la conversación y no era difícil considerando que fue todo un escándalo.

-Un Absol, Salamence, Lucario y un Blaziken shiny, demasiado bueno. –Murmuró para luego seguirlos a cierta distancia, sin que supieran que estaban siendo perseguidos.

Liz por su parte llegó a una cancha desocupada donde había unos cuantos entrenadores y pokémon reunidos, en todos los pueblos había lugares como aquellos para que pudieran entrenar a sus pokémon.

-Muy bien, voy a entrenar a Absol por mientras y vamos a buscar a ese Blaziken, Lucario usarás tu poder para ver auras para buscarlo. –Le ordenó a su pokémon quien asintió y cerró los ojos concentrándose, sin embargo, no podía ver el aura ni de las criaturas a un metro de distancia, se le dificultaba mucho hacerlo. -¿No puedes? –Preguntó Liz preocupada y el pokémon le respondió negando con la cabeza. La chica pensó un momento. –Entonces Salamence vas a volar por sobre la ciudad y buscar algún Blaziken sospechoso. –La dragona asintió con la cabeza. –Y Lucario, Lopunny y Blaziken van a separarse a buscar información como los buenos detectives que son, van a traer las pistas aquí.

Los cuatro asintieron con la cabeza y se separaron en busca de información, Salamence emprendió vuelo levantando bastante polvo a su alrededor, Lucario se adentró a la ciudad caminando y Lopunny se subió a los techos de los edificios para cubrir una zona más amplia. Blaziken se tardó un poco en partir, miró a su entrenadora y suspiró soltando un poco de fuego por la boca ¿De qué servía todo eso? ¿Qué es lo que ella esperaba lograr metiéndose en un problema que no era suyo? No sabía si era debido a la conversación de ayer o considerando que su entrenadora casi muere de hambre y frio durante la tarde del día anterior, pero sentía que sólo estaba haciendo misiones inútiles, quizás en lugar de estar buscando un pokémon podrían enfrentar líderes de gimnasio y conseguir medallas, ni siquiera sabía cómo el campeón de Kanto había accedido a enfrentarse a Liz sin ella tener una sola medalla de aquella región. Estaba dudando de ella, quería confiar en aquella niña que jamás lo había defraudado pero el susto que sintió mientras cargaba ese pequeño y liviano cuerpo que apenas respondía lo había perturbado de sobre manera, debía mantenerla a salvo y luego dejarla con su familia, éste parecía ser el límite de Liz, no permitiría que muera, pero él no estaba listo para terminar la aventura, él quería superarse, entrenar, luchar y vencer, para eso sentía que estaba en ese mundo y quizás su entrenadora no podía proveerle lo que necesitaba, no en ese deplorable estado en el que se encontraba desde hace semanas.

Caminaba sin mucho interés en la orden que le habían dado, deambulaba pensativo bajo la sorprendida mirada de algunas personas al ver a un Blaziken shiny. Las extensas calles se le hacían repetitivas, había pokémon de todo tipo, pero ni señal de otro Blaziken, tampoco es que le interesara mucho, pasó por una esquina llena de restaurantes, debía ser la zona turística de la ciudad, caminaba sin cuidado cuando se detuvo de golpe, a la distancia vio a su entrenadora con Absol frente a un restaurante, se escondió para que no lo vieran. La chica hablaba con uno de los garzones.

-Cualquier cosa que les sobre está bien. –Dijo ella algo avergonzada, tenía la cara roja.

El garzón entró unos momentos al restaurante y salió con un sándwich envuelto en una servilleta, se lo entregó a la chica y ésta lo devoró de inmediato, se notaba hambrienta, Absol y ella se retiraron del lugar luego de agradecerle al garzón y fueron a sentarse a que la chica terminara de comer. Blaze los miraba incrédulo, lo sabía, no quería preocuparlos, pero sabía que no la había visto comer nada en la mañana, estaba mendigando comida, podría enfrentarse en una batalla pokémon y ganar dinero si tanto necesitaba. Frunció el ceño y se alejó corriendo, el tipo fuego salió de la ciudad y se sentó cerca del bosque, molesto ¿Acaso ella no creía que podían ganar las batallas? Escupió un poco de fuego ¿Por eso quería encontrar al Blaziken ladrón? ¿Y por qué había confiado en Absol para eso y no en él? ¡Su inicial! Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando se fijó que frente a él había un pokémon, era un Blaziken, se puso de pie ¿Acaso era el que buscaban?

-¿Por qué tan molesto? –Preguntó ella acercándose. -Vi que escupías fuego por todo el camino, si sigues así vas a quemar toda la ciudad.

-¿Eres la ladrona de la que todos hablan? –Preguntó Blaziken ignorando su pregunta.

Ella asintió con la cabeza.

-Soy de la que hablan, pero no te equivoques, no soy ladrona. –Respondió acercándose al tipo fuego un par de pasos más, despreocupada de que la quisiese atacar.

-Claro, solo sustraes cosas de tiendas humanas, eso no es lo que hacen los ladrones. –Rodó los ojos mientras hablaba.

La pokémon le sonrió sin miedo.

-Los humanos son muy engreídos, ellos hacen y deshacen con nosotros y cuando yo intento sobrevivir se me trata de ladrona, creo que es justo que pueda sacar una que otra cosa y si sus pokémon los abandonan y me siguen a mí es asunto de ellos, si sienten que mi estilo de vida les llama más la atención que la esclavitud humana entonces yo no tengo nada que ver. –Respondió encogiéndose de hombros.

-Ya entiendo la clase de pokémon eres, he escuchado de los de tu tipo, crees en la liberación de los pokémon, que los humanos son malos y toda esa propaganda. –Se cruzó de brazos.

Ella negó efusivamente con la cabeza.

-No, yo no creo que los humanos sean malvados en sí, creo que son malagradecidos y egoístas, vi lo que pasó con tu entrenadora, la niñita, no mucho, pero creo entender el bosquejo de la situación. –Él la dejó continuar solo para saber qué tanto había visto esa pokémon. –Me pasó algo similar cuando yo tenía un entrenador hace muchos años, los humanos dejan a sus crías solas por el mundo cuando aún no saben cuidar de sí mismas y nosotros terminamos encargándonos de ellos ¿Cuántas veces lo salvé de una muerte inminente? Di mi vida por él para que finalmente un día no pudiera más, se devolvió a su hogar con su familia ¿Y yo? Ya no servía mi propósito como pokémon, no combatía, solo me dejaba comida como si fuera una mascota, hizo su vida con su nueva familia y a mí me dejó en la casa de sus padres, su nueva pareja era alérgica a mis plumas. Sentía día con día como mis habilidades y mi cuerpo se oxidaban, dejé de serle útil y no me visitaba, no lo veía casi nunca, se olvidó de mí tan fácilmente, cuando les das a elegir entre tú y otros humanos se escogen entre ellos y tú debes obedecer, acatar, para eso estas, tu vida depende de una criaturita que apenas se entiende a sí misma, no saben a dónde van ni qué quieren, hacen lo que creen que deben hacer porque todos los otros humanos lo han hecho entonces te encuentras subyugado a las decisiones de alguien que no sabe nada de la vida ¿Cómo podemos permitir que ellos nos digan cómo vivir si caminan a oscuras por este mundo? Sus decisiones las toman tan a la ligera. Cientos de miles de entrenadores salen todos los días al mundo a querer ser los mejores, a luchar y hacerse más fuertes ¿Cuántos de ellos lo logran? Te llenan la cabeza de ideas y finalmente las desechan. –Su voz no sonaba ni resentida ni molesta, su tono era suave y hasta amable, ni siquiera parecía querer encarar a Blaziken.

-¿Y qué tiene que ver eso con asaltar a los humanos? –Preguntó él, no iba a dejarse llevar por ideologías baratas de una desconocida. -¿Es en venganza por lo que hizo tu entrenador?

-Te equivocas, son recursos para apoyar a los pokémon que me siguen y se sienten identificados con mis ideas, todos necesitamos comer y en el bosque no hay comida para todos. –Respondió encogiéndose de hombros. –Quizás tu entrenadora considere devolverse a su hogar cuando ya no te tenga a ti para defenderla, quizás si sigues tu propio camino ella pueda ser cuidada por sus padres.

Blaziken bufó molesto.

-¿Crees que la voy abandonar cuando me necesita más que nunca? –Preguntó poniéndose en guardia, iba a capturarla.

-Deberías hacerlo por tú propio bien, antes de que ella te abandone a ti cuando ya no tengas la oportunidad de elegir, puedes venir conmigo y que tú puedas crear tu propio propósito o seguir las poco confiables ideas de una niña de diez años. –La Blaziken también se puso en guardia. –No quiero luchar, no podría vencerte, llevo años sin batallar, pero aun así me presenté frente a ti, no eres tonto sé que lo has pensado alguna vez y si me atrapas dejarías a muchos pokémon inocentes sin comer. –Él se lo pensó unos segundos, dejar a unos pokémon sin comer o a su entrenadora a la deriva y con hambre, había sobrevivido de suerte la última vez. Dio media vuelta y caminó de vuelta al pueblo.

-La próxima vez que te vea no te dejaré ir, así que más te vale no aparecer frente a mí. –Respondió.

Ella sonrió y se empezó a alejar.

-Parece que no estás tan completamente seguro de tu lealtad como dices. –Blaziken volteó a verla, pero ya se había ido.

¿Acababa de escoger entre su entrenadora y unos desconocidos y elegido a los desconocidos? Abrió muy grande sus ojos y con su garra se tomó el pecho, se sentía enfermo, no la culpaba de haber salido con Absol si él la traicionaba de esa forma. Sacudió su cabeza, debía encontrarla. Miró alrededor e intentó seguir algún rastro, algún olor, pero no había ninguno, si salía así solo estaría yendo por un camino inexistente. Bufó molesto consigo mismo y prefirió volver a la ciudad con su equipo, pretender que no la había visto y todo estaría bien. Emprendió camino de vuelta sin darse cuenta que alguien de su equipo si lo había visto, en el cielo se encontraba Salamence planeando, no pudo escuchar la conversación por la lejanía, sin embargo, sí pudo ver como su compañero tenía a la pokémon frente a él y no la capturó, creyó que lo haría, por eso no intervino, creyó que estorbaría más que ayudar, luego lo vio darle la espalda a aquella pokémon y supo que algo había ocurrido, ella tampoco pudo ver a dónde se fue la tipo fuego pero al ver a Blaziken devolverse ella hizo lo mismo, apurando el vuelo para llegar antes que él.

Liz esperaba a su equipo en la cancha donde les encomendó buscar a la Blaziken ladrona. El resto del equipo llegó, primero Lopunny luego de no encontrar mucha información, después Lucario, Salamence descendía rápidamente hasta ellos, se le notaba alterada y todavía no habían señales de Blaziken. La dragona llegó y respiró agitada, había volado lo más rápido que pudo, el resto del equipo se colocó a su alrededor notando que seguramente había descubierto alguna pista.

-La vi. –Dijo mientras recuperaba el aire. –La vi con Blaze, él la encontró, no la capturó, la dejó ir. –Suspiró finalmente luego de terminar de hablar. –Los vi hablando afuera de la ciudad, no sé qué habrá sido, pero no quiso capturarla.

Lucario, Lopunny y Absol se vieron los unos a los otros confundidos, no era común que Blaziken ignorara una orden de Liz de esa forma, debía haber alguna razón. Lucario por otra parte aún recordaba la conversación que había tenido la noche anterior el tipo fuego con la humana, movió sus orejas intranquilo.

-¿No escuchaste nada de lo que hablaron? –Preguntó a la dragona y ésta negó con la cabeza.

-¿Y si la dejó ir solo porque es hembra? –Mencionó Lopunny y todos voltearon a verla. La coneja se avergonzó un poco y carraspeó. –Digo, quizás le gustó. –Se encogió de hombros.

Absol la vio y un brillo malicioso apareció en su mirada.

-¿Eso crees? ¿Tu harías algo así si te gustara alguien? –Le preguntó el tipo siniestro, le gustaba encontrar la oportunidad de molestarla.

La coneja se puso extremadamente roja y por un segundo miró a Lucario para luego taparle la cara a Absol.

-¡No estamos hablando de mí! –Le dijo rápidamente mientras le cubría la boca. –Y no lo sé porque no me gusta nadie. –Su corazón latía muy rápido.

Salamence y Absol se vieron de reojo la coneja era demasiado obvia para todos menos para ella misma y Lucario. Parecía una tontería, pero resonó un poco con Lucario, considerando lo que había escuchado la noche anterior, él sintió como Blaziken mentía ahí mismo, algo en su aura, que apenas pudo detectar, se sentía deshonesto ¿Qué lo aseguraba que no podía estar actuando por interés propio? Aún si no le gustaba, quizás la vida de ella podría estar llamándole la atención a su compañero, él podía mentirle a la humana sin remordimiento después de todo. Los pensamientos del pokémon aura fueron interrumpidos por la llegada del susodicho tipo fuego, quién apareció caminando serio y pensativo. Lopunny se le acercó rápidamente, iba a decirle lo que escucharon de Salamence, sin embargo, fue interrumpida, Lucario la tomó rápidamente del brazo y la detuvo, ella volteó a verlo extrañada, pero él negó con la cabeza, prefería que no supiera aún que fue visto liberando a la ladrona, de hecho, quizás tampoco era tan importante como ellos lo hacían ver, hasta donde sabían era solo un capricho de su entrenadora y Lucario quería ver bien qué hacía su compañero de equipo primero antes de actuar.

-Equipo ¿Encontraron algo? –Preguntó Liz al verlos a todos reunidos, todos los pokémon, sin excepción negaron con la cabeza, parecía que Blaziken no lo había ni pensado, volvió a mentir frente a todos.

Lucario le hizo un gesto a Lopunny con la cabeza y ella entendió, sorprendida por la respuesta de Blaziken, pero debía disimular. Hubo un ambiente extraño por unos minutos, todos se quedaron en rotundo silencio y Liz los vio.

-Bueno, está bien si no encontraron nada, yo voy a ayudarlos ahora, ya terminamos el entrenamiento con Absol. –Comentó Liz viendo la extraña atmósfera en su equipo.

El resto del día se la pasaron entrevistando gente y buscando pistas, Liz empezaba a sentir hambre nuevamente pero ya no le quedaba dinero y no quería ir mendigando de restaurante en restaurante por lo que decidió que dormiría sin comer aquella noche. Su estómago rugía y Blaziken la escuchó, se le acercó preocupado y ella le sonrió.

-No te preocupes Blaze, no es nada. –Le dijo ella calmándolo.

Se encontraban en la posada, en la habitación, la chica les estaba dando comida a sus pokémon y al verlos comer le estaba dando hambre a ella también. El tipo fuego dejó su plato de lado, si ella no comía él tampoco.

-Blaze, tienes que comer, te necesito sano y fuerte. –Le dijo ella preocupada, el pokémon negó con la cabeza.

-Yo también te necesito sana y fuerte y si no comes yo tampoco lo haré. –Bufó un poco.

Liz suspiró y tomó el plato acercándole la comida a la boca a su pokémon, éste la tomó del brazo y le quitó la comida para luego sin mucha delicadeza meterle comida pokémon en la boca a su entrenadora. La chica abrió los ojos muy grandes al sentir la comida en su boca, iba a escupirla, pero Blaze le tapó la boca con su garra bajo la atenta y sorprendida mirada de su equipo, Lopunny tenía la boca tan abierta de la sorpresa que se le cayó un poco de comida, a Lucario se le cayó su plato de la mano y Absol empezó a reír sin parar. Salamence por su parte se veía más preocupada que en shock. Liz forcejeó un poco con su pokémon más no pudo moverlo ni un solo centímetro y finalmente decidió tragar la comida para no ahogarse. Blaze la soltó cuando la vio tragar finalmente, la chica se puso de pie casi de un salto y le dio un empujón al tipo fuego, molesta y con el ceño fruncido, se sentía humillada.

-¿¡Cuál es tu problema!? –Le preguntó en un grito a su pokémon, el tipo fuego se puso de pie también, era muchísimo más alto que ella. -¡No vuelvas a hacer eso! –Le gritó muy roja y recuperando algo de aire, debía admitir que se había asustado por la repentina reacción de su pokémon.

Hubo un silencio sepulcral en la habitación por unos segundos y Blaziken volvió a tomar su plato de comida, acercándolo a la chica con una mano mientras que con la otra señalaba el estómago de la niña. Liz apretó los dientes.

-¡Estoy bien! ¡Yo tengo que preocuparme por ustedes, no ustedes por mí! ¡Llevo cinco años cuidándolos! –Le dijo dándole un manotazo al plato y tirándolo al suelo. La vajilla roja cayó y se rompió en pedacitos, nadie más reaccionaba, Salamence retrocedió unos pasos asustada y Lucario bajó tanto sus orejas como su cola.

Blaze vio el plato roto y a la adolescente frente a él actuando como una niña malcriada, su mente sólo repetía "malagradecida" una y otra vez, sin embargo, se estaba resistiendo para no decirlo.

Ella había cambiado, eso era obvio, la pequeña niña que los cuidaba ya no estaba, ahora era una chica malhumorada, descuidada y huraña.

-Blaziken vuelve a tu pokeball. –Dijo ella sacando dicho objeto y apuntándolo hacia su pokémon, pero éste desobedeció y salió de la habitación dando un portazo tras de sí. -¡Blaziken! –Gritó la chica, pero fue recibida con completo silencio, miró al resto de su equipo, quería llorar y todos la estaban viendo. –N-no se preocupen, sigan comiendo, ya volverá.

-¿Qué esperaba que hiciera? –Decía Blaziken mientras caminaba fuera de la posada molesto y escupiendo fuego. –Está hambrienta, no se preocupa de sí misma, va a terminar muerta si sigue así. –Soltó un gruñido y escupió una fuerte llamarada al suelo en medio de la ciudad, algunos transeúntes se asustaron y se alejaron del pokémon.

El tipo fuego al notar el bullicio que estaba provocando se alejó de la gente y las calles transitadas, no quería llamar más la atención. Corrió y se escondió en un callejón vacío aún con su mente yendo a mil por hora. Liz no confiaba en él ¿Cómo podía confiar en ella? Se preguntaba una y otra vez.

-¿Pasó algo con la niñita? –Escuchó una voz que provenía del cielo, alzó la mirada y sobre uno de los techos se encontraba la Blaziken con la que se había encontrado antes. –Los humanos a esa edad son insoportables, está bien admitirlo, uno los quiere en las buenas y en las malas. –Dijo ella dando un salto hasta quedar frente a Blaze.

-No me molestes ahora, no necesito que aproveches la oportunidad para intentar unirme a tu equipo de ladrones, Robin Hood. –Le respondió desviando la mirada. –Te dije que te capturaría la próxima vez que te viera y ahora mi entrenadora te necesita mucho más que nunca.

-Adelante, haz lo que tengas que hacer. –Respondió ella enseñándole sus muñecas como si él fuese a ponerle esposas. –Pero si vas a capturarme al menos deberíamos conversar un poco, hablar ayuda y una desconocida no te va a juzgar, no nos volveremos a ver después de todo, a menos que te arrepientas. –Le sacó la lengua levemente y él rodó los ojos. –Eres muy serio para ser tan joven. –Le dijo ella con una sonrisita.

Blaze suspiró aire caliente y caminó fuera del callejón.

-Pero vamos a un lugar más privado, no quiero que alguien se adelante y te capture antes que yo. –Murmuró el tipo fuego, si necesitaba descargarse un poco y si ella estaba dispuesta a escuchar ¿Por qué no?

Salieron de la ciudad y caminaron por la orilla de la playa, Blaziken aún estaba muy alterado y la ladrona le estaba dando tiempo para que se compusiera.

-No entiendo por qué no quiere que la ayude, estaba mendigando comida y la vi, se le nota hambrienta, sí fui algo agresivo, pero es que no entiende de otra manera. –Tomó arena con su garra y la envolvió en fuego, creando vidrio en el proceso. –Ha estado mal durante semanas, no quiere admitirlo ni a nosotros ni a su familia humana, la he escuchado llorar en la noche, no sé qué le pasa, antes no era así. –Bufó molesto.

-Los humanos crecen, muy lento, pero lo hacen y cambian mucho. –Le dijo ella viendo el cristal en la mano de Blaziken. –Debe ser difícil para ella pasar de cuidarte a ti cuando eras un polluelo a que tú la cuides a ella ahora que estás tan grande, son orgullosos, no admiten que necesitan ayuda y no nos creen lo suficientemente inteligentes para comprender lo que les sucede. –Le quitó el vidrio de las manos al tipo fuego y lo observó más de cerca a contra luz.

-Parece que sabes mucho de humanos. –Le dijo él viéndola.

-Por el contrario, sé mucho de pokémon, ellos siempre me cuentan esta misma historia, es a esta edad que muchos de ellos son abandonados. –Le devolvió la mirada. –Y me refiero a la edad humana, muchos niños se rinden de sus aventuras, de hecho, varios se frustran a los pocos meses de comenzar sus viajes, pocos son los que quedan ya de adultos entrenando a sus pokémon a tiempo completo y menos son los que viven completamente de eso.

Blaze la vio sorprendido, ese dato lo asustaba, quería pensar que su Liz no era así, sin embargo, seguramente todos esos pokémon pensaban lo mismo de sus entrenadores y terminaban así, abandonados. Él no sentía que podía confiar en su humana, mucho menos considerando cómo ella se estaba descuidando a sí misma de forma tan severa.

-¿Así pasó contigo? –Preguntó Blaze viéndola, ella se acercó a la orilla del agua, dándole la espalda a Blaze, su silueta era iluminada solo por la luna y el reflejo de la luz en el mar.

-No. –Respondió ella mirando las olas romper en la arena, él se colocó junto a ella. –Si te soy honesta mi entrenador y yo jamás nos hemos separado. –Él la vio extrañado y extremadamente confundido. -Al menos de todos los que han caído, eres el más guapo.

Blaziken no tuvo tiempo de reaccionar cuando fue atacado por varios pokémon de tipo agua en una emboscada, un entrenador apareció junto a los pokémon y vio a la Blaziken.

-Muy bien hecho, ahora hay que esperar que el resto venga por él y podremos capturar también al Absol, al Lucario y al Salamence. –Dijo el humano, Blaze expulsó mucho fuego debilitando de un golpe a varios tipo agua, sorprendiendo tanto al entrenador como a su pokémon. -¡Rápido parálisis!

Unos pokémon tipo eléctrico aparecieron y lograron paralizar a Blaze quién intentaba luchar contra los efectos de estado con todas sus fuerzas. El entrenador de la Blaziken lanzó una red a Blaze que lo dejaron totalmente inmóvil, era hecha especialmente por los pokémon ranger para capturar pokémon peligrosos por lo que escapar era prácticamente imposible. La red traía una especie de líquido que Blaze no podía identificar, pero lo estaba durmiendo rápidamente, luchaba para mantenerse despierto y lo último que vio fue a aquella Blaziken sonriendo amablemente.

Cuando volvió a abrir los ojos se encontraba en una jaula, no veía bien alrededor pues estaba muy oscuro, en su mano creó una pequeña llama que iluminó el lugar, estaba rodeado de jaulas repletas de más pokémon, todos temblando aterrados, junto a él había una pokémon llorando a mares, sus jaulas solo eran separadas por unos cuantos centímetros entre los barrotes, la única que no estaba en jaula era la Blaziken quién los cuidaba.

-¿¡Qué es todo esto!? ¿¡Quién eres!? –Se intentó agarrar de los barrotes de la jaula, pero estos le dieron un choque eléctrico. Soltó un pequeño quejido, más molesto que adolorido.

-Ni lo intentes, estas son herramientas ranger profesionales, es imposible que un pokémon pueda escapar. –Le respondió la Blaziken acicalando sus plumas. –Eres lindo e inteligente, hasta siento algo de lástima por engañarte. –Blaziken intentó lanzarle una llamarada, no obstante, el ataque se disipó al chocar con los barrotes de la jaula. –Te dije jaulas profesionales ranger, pero bueno. Si quieres saber quién soy la única verdad es que soy ladrona, con mi entrenador traficamos pokémon raros, los robamos de entrenadores y los vendemos en el mercado negro, bienvenido, seguramente te venderás rápido.

Blaze apretó su mandíbula con tanta furia, la temperatura en el lugar empezó a subir rápidamente.

-¿Cómo alguien que se veía tan amable y preocupada? ¿¡Alguien que parecía entender tan bien a los pokémon puede ser tan despreciable como tú!? –Preguntó encendiendo llamas por todo su cuerpo. Hasta la misma Blaziken sintió mucho calor a pesar de ser de exactamente la misma especie que Blaze.

-Oh, sí, en eso necesité ayuda. –Respondió ella tirándose aire con una mano. –Junto a ti está la verdadera pokémon con la que hablaste, su nombre es Dalia y estuvo usando telepatía para decirme qué responderte. –Se encogió de hombros. –Yo sólo soy muy buena actriz, o quizás no, pero tú mismo te convenciste de que lo que decía era real.

Blaze miró a su lado y vio a una Gardevoir que se cubría su rostro con sus manos mientras lloraba, ella se descubrió la cara y lo vio a los ojos con sus brillantes ojos rojos.

-Perdón, no quise ayudarlos, pero no tenía otra opción, me obligaron perdóname. –Le pidió viéndolo con un profundo pesar.

Blaziken se sintió tan estúpido, miro a la Gardevoir y no podía enojarse con ella, la habían capturado al igual que él, eran esa Blaziken y su entrenador los que debían ser detenidos a toda costa. La Blaziken se acercó a la jaula de Blaze con una sonrisita juguetona que se borró de inmediato cuando éste a pesar de ser electrocutado sin parar sacó su mano de la jaula y logró apretarle el brazo. Ella se asustó como nunca en su vida y Blaze ahogaba sus quejidos mientras la apretaba con fuerza, finalmente no pudo aguantar más y metió nuevamente su brazo dentro de la jaula, algunas de sus plumas cayeron por la fuerza de la electricidad. La Blaziken retrocedió asustada y abrió una puerta que él no había notado tras ella, era como la puerta doble de un camión, la pokémon salió del lugar y Blaze intentó pensar, fijarse en dónde estaban antes de que ella cerrara la puerta, apenas le dio unos segundos. Miró hacia su lado intentando pensar qué hacer y encontró a la Gardevoir aun sollozando.

-Tu ¿No puedes usar tus poderes psíquicos de alguna forma? –Le preguntó y ella se secó las lágrimas con sus manos negando con la cabeza.

-No fuera de la jaula al menos, inhibe todas mis habilidades, de hecho, no sé cómo pudiste sacar tu brazo. –Respondió la pokémon sentada, abrazada a sus rodillas.

-¿Puedes intentar mover esa pluma del suelo? –Volvió a cuestionar, no necesitaba tanta energía para eso, o al menos eso esperaba.

-Puedo intentarlo. –La tipo psíquico y hada se concentró, sus ojos brillaron de un color púrpura y logró hacer que la pluma temblara un poco, con un poco más de confianza puso todo su empeño y logró sacar la pluma del camión, pasándola entre la puerta que no había quedado totalmente cerrada.

-Justo lo que necesitaba, intentaré salir, pero puede que esas plumas nos ayuden, intenta seguir sacándolas. –Le pidió él a lo que la Gardevoir asintió concentrándose para repetir la levitación con el resto de plumas.

Blaze por su parte comenzó a lanzar llamarada tras llamarada, golpe, patada, embestida, no le importaba electrocutarse, golpeaba la jaula de forma salvaje y lograba agitarla, pero nada más. La pokémon junto a él lo observaba y miró al suelo, no creía que hubiera una forma de salir y ella lo sabía pues llevaba mucho tiempo intentando escapar.

-Nuevamente discúlpame por ayudar a que te capturaran. –Pidió ella sin poder verlo a la cara. –Supongo que no querías que yo me enterara de lo que ocurría con tu entrenadora.

Blaze finalmente se detuvo, dándose unos segundos para recuperar el aire y la energía, la vio jadeando y tratando de reincorporarse para hablar.

-No ocurre nada con mi entrenadora. –Le respondió él. –Entiendo que está cambiando ¿Quién soy yo para criticarla? Me conoció cuando cabía en su mochila y ahora yo la cargo a ella en mi espalda, esos son cambios, tengo que aprender a conocerla de nuevo. –Miró hacia el techo, había muchos pokémon a su alrededor, asustados, temblando, habían pokémon shiny, algunos muy raros, otros que jamás en su vida había visto.

La Gardevoir se acercó un poco más a él, lo que más podía sin tocar los barrotes de la jaula.

-Está bien admitir que no sabes qué hacer, temerle al futuro es un miedo muy común. –Le dijo ella con amabilidad, él volteó a verla. –A nosotros los pokémon tipo psíquico no hay muchas cosas que se nos escapen, pero entiendo esto que sientes, me pasó con mi entrenador, me atrapó e intentó usarme para las batallas, yo era terrible, él lo comprendió y también comprendió que no me gustaba combatir, yo estaba aterrada de que me cambiara o me liberara, amaba cada segundo con él y quería que se mantuviera así siempre. –Le dijo ella recordando con mucha nostalgia.

-¿Y qué pasó con él? –Preguntó Blaze.

-Empezó a estudiar para ser un ingeniero comercial. –Respondió ella sonriéndole.

-¿Y qué hace un ingeniero comercial? –Volvió a preguntar el tipo fuego, la Gardevoir se encogió de hombros, no tenía idea. -¿Qué pasó contigo?

-Lo apoyé y lo acompañé a su universidad, lo ayudaba a estudiar y a veces me dejaban entrar a sus clases con él. –Su sonrisa se fue desvaneciendo de a poco. –Eso es lo que un pokémon debe hacer ¿No? –Suspiró volviendo su semblante sombrío. –Pero supongo que cuando empezó a salir con su novia y sus amigos yo me sentí cada vez más de lado, tuve miedo de qué sería de mi a futuro de nuevo y finalmente, un día que me dejó sola fui capturada por estos traficantes, no lo culpo, fui muy irresponsable, quería su atención completa pero ya no era así, me molesté y discutimos, salió con sus amigos y yo caminé por el campus, ahí fue que me llevaron, desde entonces que estoy aquí. Seguramente me van a vender, a ti y a todos nosotros. –Sus ojos se volvieron a llenar de lágrimas. –Dejé que mis miedos me alejaran de mi entrenador, lo que más quise evitar desde un inicio.

Blaze vio a la Gardevoir llorar luego de esa historia, él no sabía exactamente a qué le temía, porque ahora estaba preocupado justamente de lo incierto que sería el futuro, sin embargo, debía ir un paso a la vez y el primero era salir de aquel camión. El vehículo comenzó a moverse y Blaziken volvió a atacar la jaula con todas sus fuerzas, los demás pokémon lo veían con resignación y pena, todos lo habían intentado antes.

Por su parte Liz y su equipo habían salido a buscar a Blaze, desesperados por toda la ciudad. La chica sentía su corazón apretado, temía que algo le hubiera pasado a su pokémon, pensaba que era su culpa, que había exagerado, él solo se estaba preocupando por ella, corría por todas partes llamándolo, gritaba su nombre en esa enorme ciudad, algunas personas se habían ofrecido a ayudarla con sus propios pokémon, eran gritos desgarradores y desesperados los que Liz dejaba salir buscando a su Blaziken. La adrenalina estaba a tope y no sentía el cansancio en sus piernas ni su respiración, Salamence volaba viendo la ciudad, pero no encontraba ni señales de su compañero, Lucario estaba junto a Liz intentando con todas sus fuerzas usar su poder para ver las auras, no podía ver la de ninguno de los pokémon cerca de él, estaba asustado, nervioso y más que nada frustrado al no poder usar su habilidad más útil en ese momento, ya molesto e impotente se concentraba en vano.

-Lucario. –Le dijo Lopunny. –Ayúdame a buscar a pie, eres rápido y podremos cubrir más terreno. –Lucario la vio unos segundos y asintió con la cabeza, aún podía intentar ayudar después de todo.

Absol olfateaba el suelo, quizás podría detectar alguna esencia de ese modo, caminaba junto a Liz hasta que finalmente pudo identificar un rastro. Se inclinó frente a Liz y ella comprendió que lo había encontrado. Se subió al lomo de su pokémon y éste comenzó a correr por la ciudad con la humana en su espalda, abrazada firmemente a su cuello, seguía el olor lo mejor que podía, pero con tantas personas y pokémon en la ciudad a veces le era difícil. Salamence informó a Lucario y Lopunny que Absol tenía un rastro y todos fueron al encuentro de la humana y el pokémon. Absol corría a todo lo que sus patas daban, saltaba para evitar obstáculos, casi no se preocupaba de que Liz estaba afirmada a él, pero rezaba porque no se cayera. Salieron de ciudad Calagua y fue cuando Absol se detuvo un segundo algo brusco, Liz se fue hacia adelante por la repentina inercia, más no se cayó, el tipo siniestro inclinó su cabeza olfateando algo en el suelo, a mitad de la carretera, Liz se bajó y tomó las plumas de Blaziken, plumas de un rojo más oscuro que un Blaziken normal. Se volvió a subir a su Absol y tragó saliva aterrada, su pokémon estaba en problemas, sus manos temblaban y sentía un sudor frío recorrer todo su cuerpo. Apenas se volvió a acomodar Absol comenzó a correr de nuevo, siguiendo la carretera.

-¡Salamence! ¡Adelántate y detén todos los autos que veas! –Gritó Liz a su tipo dragón que volaba sobre su cabeza. -¡Lucario, Lopunny, investiguen si es que logran encontrar a Blaziken entre los vehículos! –Los mencionados asintieron y corrieron lo más rápido que podían, superando a Absol.

Sin ningún cuidado Salamence lanzó un dragoaliento frente al primer vehículo que vio, deteniendo su paso mientras que Lopunny aparecía junto al asustado conductor y arrancaba la puerta de los pasajeros con una mano. Humanos y pokémon horrorizados veían a la coneja entrar al vehículo y registrarlo, para luego bajarse y hacer lo mismo con el siguiente al no encontrar a su compañero. Lucario, por otro lado, lograba abrir las puertas de los autos sin romperlos, con más cuidado y registraba que no hubiera nadie.

La coneja y la dragona eran pura fuerza bruta, Salamence avanzaba aterrorizando a cualquier conductor que tuviera la mala suerte de interponerse en su camino, Lucario intentaba aún ver las auras, se concentraba lo que más podía, sin embargo, no lo lograba hasta que de pronto por una milésima de segundo pudo ver todas las auras a su alrededor y pudo sentir la de Blaziken.

-¡La vi! ¡Por aquí! –Gritó mientras corría, no podía evitar sentirse emocionado y orgulloso, era seguido por Lopunny y Salamence.

Lucario vio al camión y antes de que pudiera decir una sola palabra Lopunny se adelantó dando tres largos saltos para luego inclinarse casi tocando el suelo con su cabeza e impulsarse con un enorme salto, el pokémon aura no tuvo que decir nada, ella ya lo había entendido. La coneja cayó sobre el pick up del camión dando un rodillazo que hundió el techo y Salamence iba a tirar otro dragoaliento al camión cuando Absol los había alcanzado y Liz sin previo aviso se soltó de su pokémon y se cayó en medio de la calle, rodando para luego ponerse de pie, tuvo mucha suerte que no la atropellaran, el conductor del camión intentó detenerse, pero los frenos eran muy largos y derrapó perdiendo el control. Salamence descendió entre el vehículo y Liz y le dio con una cola dragón tan potente que destrozó todo el parachoques y rompió por completo parabrisas. Lopunny, quién seguía en el pick up aprovecho el golpe de la dragona para darse impulso y saltar nuevamente para luego caer con todas sus fuerzas en una patada, atravesando el techo del auto y cayendo en el cargamento, sobre una de las jaulas, electrocutándose en el proceso, rápidamente se reincorporó y vio alrededor, había cientos de pokémon en jaulas.

-¡Lopunny! –Gritó Blaziken feliz de verla. La coneja fue hasta la jaula que contenía a su compañero.

-¡Blaze! ¡Te sacaré de aquí! –Le dijo y sin pensarlo mucho tomó los barrotes con ambas manos, sintiendo el potente choque eléctrico por todo su cuerpo, pero eso no la detendría. Intentó doblar los barrotes con toda su fuerza, pero le era imposible.

-Lopunny hay que intentarlo los dos juntos. –Le dijo el tipo fuego y ella se separó de los fierros, sintiendo su cuerpo aturdido. –Cuando estés lista tu golpeas de ese lado y yo de éste.

-Sí, está todo el equipo aquí también, así que te sacaremos en poco tiempo. –Le comentó la coneja sacudiendo su cuerpo, arregló el pelo de sus orejas, apretando firmemente los moños que lo sostenían en dos enormes trenzas. –Estoy lista.

Mientras ambos pokémon forcejeaban, Lucario, Absol, Salamence y Liz se encontraban en guardia esperando que el conductor del camión saliera. Ahí pudieron ver a un hombre muy alto seguido de una Blaziken y un Rhyperior, traía equipamiento de ranger consigo, redes, capturadores, cebos y trampas, estaba armado de la cabeza hasta los pies.

-Niñita ¿Sabes lo que le acabas de hacer a mi camión? –Preguntó el hombre molesto.
-Sí y se lo voy a hacer a tu cara si no sueltas de inmediato a mi Blaziken. –La chica apretó bien su cola de caballo, estaba asustada pero no iba a demostrarlo, no obstante, su cuerpo hablaba por ella y sus manos temblaban al igual que su mandíbula.

-¿Crees que me asustas? –Preguntó él burlándose de la pequeña y de una pokeball sacó también un Dartrix y un Sylveon.

Los dos pokémon que acababan de ser liberados no parecían querer luchar del lado de aquel nefasto hombre, desgraciadamente, no tenían muchas opciones.

-Sylveon, luz lunar, Dartrix follaje, Blaziken puño fuego y Rhyperior roca afilada. –Ordenó el hombre.

Eran muchos ataques juntos, Liz casi queda en medio del fuego, Absol la empujó sin mucho cuidado de una embestida fuera de la batalla y recibió de lleno la luz lunar y el follaje de Sylveon y Dartrix mientras que la Blaziken iba tras Lucario, intentando conectar el puño fuego que era muy efectivo contra el tipo acero. Salamence voló intentando esquivar la roca afilada de Rhyperior, pero no fue lo suficientemente rápida pues el ataque conectó y la lanzó al suelo de vuelta. Lucario fue el único en evitar el ataque, sus demás compañeros de equipo habían recibido mucho daño. Liz se puso de pie y fue corriendo a ver a sus pokémon.

-Perfecto, más para mi colección. –Dijo el hombre lanzándoles redes a Absol y a Salamence y haciendo que sus pokémon los arrastren por el suelo hacia él, ambas criaturas luchaban e intentaban atacar, pero aquellas redes eran muy poderosas.

Lucario por su parte evitaba los ataques de la Blaziken a toda costa, miró de reojo a su entrenadora, se veía aterrada, tenía las manos en la cara. La tipo fuego se fijó en lo que miraba el pokémon aura y fue directo a atacar a Liz mientras el hombre reía, Lucario le lanzó varias aura esferas a la Blaziken para intentar detenerla y ella las aguantaba sin preocuparse por su bienestar, Llegó donde la humana y cuando estaba por atacarla con un tremendo zarpazo de fuego fue detenida por Lucario, quien recibió el golpe y al mismo tiempo le daba un potente puñetazo con todas sus fuerzas en la boca del estómago, dejándola sin aire por unos segundos. A pesar de poder conectar el golpe Lucario era débil contra el ataque de la tipo fuego y cayó arrodillado, con sus manos apoyadas al suelo e intentando levantarse. La Blaziken sonrió y cargó una llamarada a la humana, Lucario se levantó con sus últimas fuerzas y empujó a Liz al suelo, colocándose sobre ella y haciendo un escudo con su cuerpo.

-¡Lucario! ¡Usa hueso palo! ¡Lucario defiéndete! –Pidió la chica asustada pero sabía que no había tiempo para eso, ella y su pokémon cerraron los ojos cuando sintieron un calor abrazador, tan potente que parecía que acababa de haber una explosión frente a ellos.

Liz y Lucario tenían los ojos muy apretados, sentían el calor más no el fuego y al abrir los ojos se dieron cuenta que Blaziken, su Blaziken había detenido a la tipo fuego antes de que ella lanzara el ataque. Él era más alto que ella y la había tomado de la cabeza con su garra, la levantó unos centímetros del suelo y con toda la rabia acumulada y mucha fuerza la lanzó como si fuera nada más que una muñeca de trapo al piso, con tanta potencia que levantó piedras, todos sintieron el temblor que creó la cabeza de la pokémon reventándose contra el pavimento. El sonido del golpe seco fue tan tremendo que nadie que lo hubiera escuchado lo olvidaría jamás. Lo siguiente que sucedió fue un silencio profundo, Liz se levantó apenas se dio cuenta de lo que había ocurrido y corrió a abrazar a su pokémon.

-¡Blaze! ¡Blaze! ¡Estaba asustadísima! ¡Perdóname por gritarte! ¡Perdón! –La niña comenzó a sollozar y su pokémon sólo la abrazó de vuelta, suspirando más tranquilo.

Levantó a su entrenadora y la abrazó con fuerza, la vio como seguramente ella lo había visto la primera vez que lo tomó en sus brazos. Blaze bajó a Liz luego de un momento y volteó a ver al traficante de pokémon, aún tenía a sus amigos. Lopunny y la Gardevoir aparecieron para ayudar, la coneja se le notaba que se había quemado con la electricidad, olía a pelo quemado y estaba medio temblorosa aún.

El criminal envió a pelear a su Rhyperior, Sylveon y Dartrix mientras que Liz tenía a Lucario, Lopunny y Blaze. La Gardevoir se acercó a Absol y Salamence intentando liberarlos mientras los pokémon y el hombre estaban distraídos. Esta vez Liz fue la primera en atacar, no iba a permitir que la tomaran por sorpresa nuevamente. Lucario fue directamente contra Sylveon con garra de metal y Lopunny dio un tremendo salto para caer en la cabeza de Rhyperior. Sylveon intentó evitar el ataque, pero ésta vez Lucario no los dejaría escapar y con gran velocidad conectó el ataque, no obstante, no se detendría ahí, continuó atacando, asegurándose que el pokémon hada no escapara. Lopunny por su parte, luego de la devastadora patada al tipo roca, continuó con puño incremento el cual aumentaba el ataque de la coneja y volvió a darle una patada de salto alto hasta debilitarlo.

Gardevoir logró liberar a Salamence y Absol, la dragona apoyó en la pelea mientras que el tipo siniestro acompañó a la tipo psíquico a liberar al resto de pokémon que aún se encontraban sobre el camión. Lucario logró finalmente debilitar a Sylveon. Blaze por su parte estaba tras la Dartrix quién intentaba alejarse volando hasta que él la tomó de la corbata de hojas en su cuello.

-¡Espera! –Le dijo ella con sus alas frente a su rostro. -¡No voy a pelear! ¡Ese tipo es un monstruo! No estoy de su lado. –La pokémon estaba algo asustada de que su cabeza terminara besando el pavimento como la Blaziken. –Puedo abrir las jaulas, rompe mi pokeball por favor.

Blaziken la soltó, no confiaba mucho en ella, pero tampoco es como si ella pudiera hacerle mucho daño considerando en que estaba en total desventaja. El traficante intentaba escapar cuando Liz saltó sobre él a pesar del miedo que le tenía y se afirmó de su espalda como un Joltik, era la única que estaba desocupada después de todo. El hombre intentó sacarse a la chica de encima tirándole el cabello, más ella se afirmó de su cuello con ambos brazos tratando de asfixiarlo, no obstante, no era lo suficientemente fuerte y el traficante lanzó a la chica al suelo sin mucho reparo para intentar huir nuevamente, pero se encontró de frente con Blaziken quién lo levantó del cabello sin reparo, era lo justo luego de que él tirara del pelo a su entrenadora, la garra de Blaziken quemaba la piel del hombre quién gritaba desesperado. El tipo fuego lo lanzó con fuerza a una de las mallas con las que habían capturado a sus compañeros, electrocutando al terrible sujeto en el proceso, nada fatal. Dartrix se posó en la cabeza de Blaziken.

-Liberé a los pokémon, las jaulas están todas vacías, ahora por favor rompe mi pokeball y las de los demás pokémon. –Pidió ella a lo que Blaze accedió, fue donde el hombre y le quitó su cinturón con las pokeball, destrozándolas sin problemas, apretándolas con sus garras hasta dejarlas hechas añicos. La pokémon suspiró aliviada y le arrancó una pluma de la cabeza al tipo fuego con su pico, Blaze la vio extrañado pero la Dartrix simplemente se fue volando rápidamente para no volver a ser vista por el momento.

La policía llegó en ese momento, una de las personas de los autos que terminaron sin una puerta gracias a Lopunny había llamado a emergencias. Los uniformados vieron a su alrededor unos minutos, autos destrozados, jaulas, una gran variedad de pokémon raros, una niña de quince años, no era la primera vez que veían algo así. Empezaron a investigar todo lo que había ocurrido. La Gardevoir miró alrededor y se acercó a Blaziken para hablarle, carraspeó un poco para llamar su atención.

-Gracias a ti y a todo tu equipo soy libre para volver con mi entrenador en Johto. –Dijo ella muy feliz, Blaze ladeó la cabeza un momento, pensativo.

-Nosotros vamos a Johto ¿Te gustaría viajar con nosotros? –Le preguntó él mirándola a los ojos. La Gardevoir se sonrojó de pronto.

-¿A pesar de que por mi culpa te hayan capturado? –Cuestionó nerviosa.

Blaziken suspiró y le dio palmaditas en la cabeza a lo que ella lo vio entendiendo que él le perdonaba y que no era su culpa, la mirada de él era tranquila pero su expresión estaba llena de preocupación, no por ella, sino que aún estaba pensando en su entrenadora.

-Blaze, muchas gracias por salvarme y perdón por todo lo de antes, sé que lo hacías por mi bien. –Dijo Liz alejándose de los policías y yendo hacia su pokémon. Tenía los ojos llenos de lágrimas y el corazón aún le latía muy rápido por el miedo, aún no se le quitaba de los huesos.

El tipo fuego se le acercó y se inclinó a la altura de la chica para verla a los ojos y juntar su frente con la de ella unos segundos. No le dijo nada y aún si lo hubiera hecho seguramente ella no le hubiese entendido, era más fácil así, ella entendía completamente lo que él quería decirle.

-Mi vida es contigo. –Le dijo finalmente el pokémon, ella se separó y le sonrió mucho más tranquila.

¿Estaba más tranquilo? No, para nada, estaba aún lleno de dudas, si ella no sabía a dónde iba ¿Qué le quedaba a él? Suspiró y la vio a los ojos, esos ojos oscuros y cafés brillaban con alegría de sólo verlo. Cerró los ojos y la volvió a abrazar, después de todo, si estaban juntos todo estaría bien ¿Verdad?

¿Verdad?