1. Ironía.

Annabeth amaba el cristal.

Le parecía que daba a las cosas un efecto diáfano, etéreo y hermoso, le hacia pensar en la verdad, la claridad y honestidad, cosas que valoraba pero que más bien escasas en su infancia.

Además, el cristal le recordaba los espacios abiertos y despertaba su creatividad. Resucitaría el uso del cristal y paneles además de grandes ventanales en los edificios que construyera, así aprovecharía la luz natural en cada ocasión posible; no solo era devolver una tendencia, diseños así eran sumamente prácticos en más de un sentido.

Sus diseños eran así. Funcionales y prácticos pero bellos y elegantes.

Al menos eso eran lo que siempre decían Hana y Dave, sus amigos mortales de la Escuela de Diseño de Nueva York o EDNY. Ellos siempre decían que sus ideas sobre el uso de materiales eran ligeramente transgresoras y se sentían atraídos por su estilo y personalidad.

A la rubia de ojos grises le encantaba conversar y trabajar con ellos cuando asignaban equipos, se entendían muy bien y eso le gustaba.

Atención y una caricia constante al ego. Un legado construido sobre frágiles cimientos.

Les había hablado de Percy a sus nuevos amigos en cierto punto, omitiendo algunas cosas y tergiversando otras. Los estimaba, pero ellos eran mortales, no podían ver a través del velo causado por la niebla y no quería que la tomaran por loca o pensaran que era rara.

No lo comprenderían.

No hay ninguna araña, Annabeth. Duérmete ya.

Tenía que ocultar lo que era, así era mejor. Era lo más seguro para los tres.

Por más que dijera la verdad, nadie le creía. Quizá por eso se había vuelto asidua al engaño.

No le gustaba mentir, pero era un recurso útil en algunas ocasiones. En batalla, le ayudaba a ganar tiempo para planificar estrategias, a distraer al adversario para dar con la victoria.

O un apoyo para equilibrar su vida entre el mundo mortal y divino, por más Hana mirase a Percy con recelo cada vez que venía la residencia a verla y le hiciera comentarios en privado sobre que le parecía muy buena para alguien como él.

Chase no la había corregido ni coincidido. No le veía sentido a explicarle o a discutir sobre el tema. Su relación con Percy solo les concernía a ellos dos y nada más, además, si Percy no se quejaba o sabía al respecto, no tenía caso aclarar o ahondar en detalles.

No tenía sentido generar tensiones o enemistarse con nadie, dudaba volviera a verla una vez en Nueva Roma y en sus futuros trabajos para el Monte Olimpo.

La hija de Atenea se alza sobre un pedestal hecho de engaños, mentiras y omisiones.

De momento disfrutaría de lo que tenía lo más que pudiera, se merecía ser feliz después de años de conflictos y de luchar por sobrevivir a profecías y monstruos; se había ganado con sudor, lagrimas y sangre vivir su juventud un momento.

Y una mentira piadosa nunca había hecho daño si nadie salía herido, ¿no? Incluso hasta podría comenzar a planificar la fiesta de Halloween a la que siempre había querido acudir.

Se había ganado el derecho de ser un poco egoísta, el disfrutar de la felicidad que ahora gozaba.

Tenía sus estudios en algo que amaba, amigos nuevos, reconocimiento, misiones y un novio con una familia cariñosa que la recibían en su hogar como un más.

Haría lo que pudiera por conservar eso hasta partir e instalarse en California, Percy no se enteraría que le había coloreado un poco la verdad a Hana y Dave y, de llegar a enterarse, seguro la comprendería.

Quien mucho ambiciona suele quedarse sin nada.

Percy era así, comprensivo y leal. Además, de llegar a molestarse, ella le recordaría que eran un equipo, que se amaban y que el la necesitaba para llegar a la Universidad de Nueva Roma.

Su Sesos de Alga seguro cedería. ¿Quién sería él sin ella? ¿Quién lo amaría más si no ella?

Era irremplazable para el hijo de Poseidón y lo sabía.

Su dulce, despistado y leal novio; su amado y fiel Sesos de alga jamás la abandonaría. Estaba segura de ello, Percy se lo había prometido y él solía cumplir sus promesas, solo tenía que seguir el plan y todo estaría bien, estarían juntos y tendría el futuro brillante que siempre había deseado.

Solo debía asegurarse de que así fuera.

Atenea siempre tiene un plan y una pequeña mentira no iba a arruinarlo todo.

El cristal es un material frágil.

Las mentiras, por elaboradas que sean, también lo son.

La verdad brillara tarde o temprano, iluminada por la luz.

La ironía, oh, hija de Atenea, es que los cimientos de tu futuro y legado tiemblan.

Serás derribada del pedestal, el castillo caerá.

Y perderás aquello que tanto amas.

Por no querer ver ni admitir la verdad.