Arthur caminaba en silencio por el corredor oscuro, la luz débil de los tubos fluorescentes parpadeando por encima de su cabeza. Cada paso resonaba como un eco en el vacío, cada respiración pesada bajo la presión del aire viciado. El protocolo de contención había dejado a todos en un estado de constante alerta, pero lo que más le incomodaba no era el sistema de control del régimen de Iván, ni los mutantes acechando fuera de las paredes del refugio, sino el peso de las miradas, las presiones que se acumulaban, cada vez más intensas, sobre su hombro.
—Arthur.
La voz lo sacó de su letargo. Levantó la vista, encontrándose con la figura de Francis, que caminaba hacia él con paso tranquilo.
—¿Francis? —Arthur no había oído sus pasos acercarse.
—¿Sigues aquí? Pensé que ya habías recibido las órdenes para moverte a la Zona R.
Arthur desvió la mirada, el peso de la conversación próxima sintiéndose cada vez más insoportable. No quería hablar sobre el traslado, no ahora. El solo dio un largo suspiro mientras llevaba su mano a la frente.
—¿Crees que tengo miedo de lo que pueda pasar ahí afuera? El régimen de Iván no me asusta. Pero tú... tú eres diferente. Aún te crees que todo tiene solución. Que aún hay esperanza.
Arthur se tensó, pero no respondió de inmediato. La sensación de desesperanza se arrastraba en su interior, como un veneno lento que se infiltraba en su cuerpo, susurrándole que ya no había vuelta atrás. Había estado peleando toda su vida para sostener el control durante tanto tiempo que había olvidado por un momento lo que en verdad era importante... su libertad, la suya y la de todos aquellos que alguna vez fueron oprimidos.
—Tal vez sea el único tonto aquí —dijo, casi para sí mismo.
Francis lo miró, y por un momento, Arthur pudo ver algo que no esperaba: simpatía. Pero tan solo fue un destello, y se desvaneció tan rápido como había llegado.
—No eres tonto, Arthur. Eres solo... un hombre atrapado en un sistema de mierda. Pero eso no te hace más que uno de nosotros. —Francis se acercó un poco más, la distancia entre ellos casi nula ahora. —Y como todos los demás, tarde o temprano, te rendirás.
El silencio se alargó, una amenaza inminente suspendida en el aire. Arthur no podía evitarlo. Su orgullo le decía que debía resistir, pero la duda era una constante que se instalaba cada vez más profundo en su pecho.
—No me rendiré —respondió finalmente, con la voz cargada de desafío.
Francis observó, y luego, casi como si compartiera un secreto entre ellos, dijo en voz baja:
—Entonces deja de pasear por los corredores como un perro abandonado.
Con una última mirada, Francis se alejó, dejando a Arthur con sus pensamientos.
Alfred observaba la puerta de entrada al Centro de Investigación con una mezcla de determinación y ansiedad. Sabía que estaba haciendo lo correcto, o al menos, lo que creía que era lo correcto. La cura para las mutaciones, la cura que podría salvar a todos, estaba al alcance de su mano. Pero el precio... el precio era más alto de lo que le gustaría admitir.
Sus ojos se movieron rápidamente hacia la figura de Ludwig, quien le había dado las instrucciones para infiltrarse sin levantar sospechas. La operación debía ser limpia. No podía haber errores. Aunque gracias al caos aun presente debido al primer ataque todos parecían en su mundo, no podían darse el lujo de bajar la guardia, ser soldados un poco conocidos les había dado ventaja en su regreso por uno de los últimos conductos que conectaban con la superficie.
—¿Estás seguro de esto? —preguntó Alfred, su voz baja, pero cargada de incertidumbre. No quería poner en riesgo a nadie más, pero las palabras de Scott aún resonaban en su cabeza: "Eres el único que puede hacerlo, nadie más puede entrar."
Ludwig asintió, su expresión era más seria de lo que Alfred había visto antes. El rubio era uno de los pocos aliados de Alfred en el Centro, había hecho todo lo posible para ayudarle a obtener acceso al laboratorio. Pero sabía que la situación era peligrosa. Demasiado peligrosa, su experiencia en el poco tiempo que trabajo en esa área aun carcomía sus entrañas.
—No hay tiempo para dudar —dijo Ludwig, mirando hacia ambos lados para asegurarse de que no había nadie cerca—. Si alguien puede hacerlo, ese eres tú. Arthur... bueno, él no lo entendería, pero tú sabes que esto es necesario. Solo confía en ti mismo, ¿De acuerdo?
Alfred asintió lentamente. No podía permitir que la preocupación de Arthur lo detuviera, no esta vez. Arthur le enseño que las reglas dentro de la colonia no dejaban espacio para "simplemente" salvar a todos. Había que sacrificarse, y a veces ese sacrificio era un precio que no se podía evitar.
Lo que no le dijo a Scott, y lo que no se atrevía a decir a nadie, era que su propia preocupación no estaba en la misión. No, su preocupación era mucho más profunda. La angustia de perder a Arthur de una vez por todas. La rabia que sentía por no poder protegerlo. Y la profunda certeza de que esta misión lo alejaría aún más de él.
Arthur estaba solo frente al escritorio de su hermano. Mientras revisaba los informes de los últimos avances en la investigación de un antídoto para revertir las porquerías del centro de investigación no pudo evitar pensar en Alfred, aun le costaba aceptar su decisión. La misión estaba clara para él, y Arthur ya no tenía poder para detenerlo. Lo peor de todo era que, a pesar de todo, no podía hacer nada. Tenía miedo de que este fuera el último adiós.
Pero Arthur no podía ir tras él. No podía arriesgarlo todo por un momento de desesperación. Tenía que ser más que un espectador en este desastre. No podía dejar que sus emociones nublaran el juicio de lo que realmente importaba: salvar a aquellos que aún pudieran ser salvados. Tal vez por eso no se atrevido a salir en su búsqueda cuando se enteró de la misión suicidio a la que Alfred se había elegido comandar.
Y había algo más. En medio de todo el caos, los omegas que habían escapado del Centro de recrió estaban más vulnerables que nunca. Arthur sabía que esa era su misión ahora. Había algo que podía hacer aquí, algo que era más urgente que su angustia personal.
Caminó por el pasillo del refugio, la pequeña conversación con Francis le ayudo a encontrar una determinación que no pudo ocultar en su rostro. Se dirigía a la pequeña área médica improvisada donde varios de los omegas que habían huido del centro estaban siendo atendidos. No todos sobrevivirían, pero si podía ayudar a unos pocos, eso sería suficiente.
Los murmullos y susurros llenaban la pequeña habitación mientras Arthur entraba, encontrando a varios jóvenes tirados en camas improvisadas, otros con heridas visibles, y algunos que luchaban por respirar debido a los efectos secundarios de las drogas que les suministraron. La desesperación era palpable en sus ojos.
—¿Cómo están? —preguntó Arthur, a una de las enfermeras que había estado ayudando.
La mujer levantó la mirada, agotada, pero aliviada de ver que Arthur había llegado.
—Están... sobreviviendo, pero necesitamos más suministros, más medicamentos. Sus cuerpos se están adaptando a los supresores, y la mayoría ya está experimentando cambios avanzados. Si no conseguimos más antídotos pronto, las cosas se pondrán mucho peor.
Arthur asintió, pensando rápidamente. No podía prometer que encontraría lo que necesitaban, pero había algo que sí podía hacer. Se acercó a una de las camas, donde un omega joven estaba luchando por mantenerse consciente. Sus ojos, desorbitados por el miedo y el dolor, se encontraron con los de Arthur, y el joven susurró entre respiraciones dificultosas:
—¿Lo lograremos, señor? ¿Será posible?
Arthur sintió un nudo en el estómago, pero no pudo mentirle.
—Lo intentaremos —dijo con firmeza, aunque en su interior no estaba seguro de nada. No había respuestas simples para la situación en la que estaban.
De repente, la puerta se abrió con brusquedad, y una figura familiar apareció en el umbral. Arthur levantó la vista, sorprendido al ver a Romano, con su rostro lleno de furia y dolor, acompañado por un par de otros omegas que se mantenían a su lado como si le dieran fuerzas.
—Romano... —Arthur apenas pudo articular, sin saber qué decir. La nostalgia de volver a ver una cara tan familiar contrarrestada por la angustia de no saber de su padre o el anciano Roma.
Romano caminó hacia él, y la tensión en su rostro era evidente. Su postura estaba rígida, como si todo el peso del mundo le aplastara los hombros.
—¡Mi hermano estaba aquí, ¿lo sabías?!
Arthur sintió el golpe emocional en su pecho, pero se forzó a mantenerse firme. No podía ceder al dolor de las palabras de Romano. Sabía que el hombre estaba sufriendo, pero lo que no entendía aún era el alcance de su sufrimiento.
—Romano... —dijo Arthur, su tono más calmado—. ¿Qué ha pasado con tu hermano?
Romano apretó los puños, su mirada más oscura que nunca.
—Mi hermano, mi gemelo, acabó mutando. El maldito sistema lo convirtió en una de esas cosas. Lo usaron para sus malditas experimentaciones en el Centro de Investigación. Lo retuvieron allí durante meses, cambiaron su cuerpo, lo transformaron en un monstruo. Y luego... lo desechaban como si no importara. Lo que no entienden, lo que no ven, es que todos los omegas en ese maldito lugar... no son humanos para ellos. Solo piezas de un maldito experimento. Y mi hermano... mi hermano fue uno de ellos.
Arthur no podía creer lo que escuchaba, el corazón palpitaba sin cesar, levanto sus brazos y envolvió con fuerza a su viejo amigo, las lágrimas comenzaron a caer en sincronía con el del castaño. La historia era desgarradora, pero, lamentablemente, no era una sorpresa. El Centro de recrió se había convertido en un lugar de horrores, y lo que Romano describía era solo la punta del iceberg.
— No podemos quedarnos con los brazos cruzados. Necesitamos hacer algo antes de que más sufran lo mismo- dijo Arthur entrecortado, su voz decidida y la ira palpable, Romano asintió, decidido a seguir adelante, pero también sabiendo que esto significaba más que salvar a unos pocos omegas. Significaba desafiar todo el sistema de control y hacer algo que nadie más se atrevía a hacer.
Mientras Arthur se enfrentaba a los fantasmas del pasado y tomaba decisiones difíciles, Alfred estaba a punto de lograr lo impensable. Siguiendo las instrucciones precisas de Scott, había logrado infiltrarse en el complejo de investigación. Sabía que su tiempo era limitado, pero su objetivo era claro: la bodega de muestras contenía los ingredientes esenciales para la cura que Scott necesitaba para retrasar la mutación en omegas y alfas.
Alfred caminaba con pasos decididos por el corredor oscuro, manteniéndose en las sombras para evitar las cámaras de seguridad. Sabía que no debía hacer ruido, que no debía llamar la atención. Un solo error y todo estaría perdido. Su corazón latía rápido, pero la adrenalina lo mantenía alerta.
Finalmente, llegó a la entrada de la bodega de muestras. Los códigos de acceso estaban en constante cambio, pero gracias a los datos filtrados por Ludwig, Alfred pudo eludir las cerraduras electrónicas. Entró rápidamente, con el corazón latiendo con fuerza en su pecho.
Dentro de la bodega, las estanterías estaban llenas de frascos y viales, cada uno etiquetado con códigos y números que no entendía del todo. Pero no necesitaba entenderlo todo. Lo que necesitaba era lo que estaba al final de una de las estanterías, el compuesto que Scott había mencionado.
Con manos temblorosas, Alfred tomó los frascos y los guardó cuidadosamente en su mochila. Sabía que su misión aún no había terminado. Tenía que regresar sin ser descubierto. Pero al menos, por ahora, había dado el primer paso para salvar a los demás.
Notas del autor
sinceramente no creí que podría continuar esta historia. desde la ultima vez pasaron un montón de situaciones, que en retrospectiva pudieron solucionarse antes si no fuera tan terca y orgullosa, pero que mas da, supongo que son etapas de la vida que nos ayudan a madurar.
Esta historia se termino desde hace tiempo pero por cosas de la vida no tenia el apetito de subirla, algo sobre el final no me convenció.
En fin, con mi vida mas estable ahora y mi ritmo de trabajo establecido, estaré subiendo cada uno de los capítulos, algunos fueron editados desde su ultima versión, espero les agrade.
Muchas gracias por aquellos que esperaron hasta este momento.
