Disclaimer: Los personajes de Harry Potter son propiedad de J.K. Rowling. La historia pertenece a Inadaze22
xxx
Capítulo seis
Primera parte: Control
24 de agosto
«—... Déjame ser muy claro esta noche, Granger: eres la única mujer a la que he querido...».
Durante años, su asunto con Draco ha sido un extraño tipo de enamoramiento... Del tipo que se apodera de toda tu existencia. No puedes pensar en nada más que en esa persona y no quieres pensar en nada más que en esa persona. Todo lo que veo es su rostro; todo lo que oigo es su voz. Todavía puedo oler el aroma de su colonia y sé que solo está en mi imaginación, pero se siente tan vívido.
Pero mientras estoy aquí, hoy, me pregunto quién es él realmente.
Parece que lo conozco desde siempre, pero sus acciones más recientes me han hecho preguntarme seriamente si realmente lo conozco.
¿Quién es este hombre al que deseo ahorcar y besar al mismo tiempo? ¿Quién es ese hombre que me vuelve completamente loca con su personalidad obsesiva? El hombre que mueve esto y aquello; que endereza cada maldita cosa cuando la situación se pone un poco tensa. Lo curioso es que me encuentro extrañando las mismas cosas que creía detestar de él.
No me malinterpreten, sigue siendo molesto, pero supongo que de una forma encantadora.
De verdad, apenas conozco al hombre del que he estado medio enamorada desde hace dos años. Él es capaz de hacerme llorar y sonreír al mismo tiempo. Ahora que lo pienso, ver a Draco despotricar furiosamente realmente me abrió los ojos. Verlo gritar lo volvía casi humano. Casi. En realidad, tiene emociones, realmente tiene sentimientos; no era una estatua. Solía pensar que era incapaz de sentir y solía envidiarlo por ser capaz de controlar sus emociones. Pero ya no.
Si pudiera tomar prestado algo de su control emocional y utilizarlo ahora mismo, sería genial.
Pansy levantó los pulgares.
—Vamos, cometimos muchos crímenes para traerte aquí.
Cierto.
Ginny asiente y me palmea el hombro para darme ánimos.
—Sí, seguro que lo hicimos. Vamos... Ánimo, compañera —agita el puño.
Oh, necesito de todo ese apoyo, mucho ánimo y más para hacer esto.
—Gracias. —Respiró hondo antes de empujar la puerta con manos temblorosas y entrar en el despacho. Mierda, ¿por qué hace tanto calor aquí? En realidad, ¿por qué estoy tan malditamente nerviosa? Su despacho es como un puto horno... Quizá lo necesite para contrarrestar el hechizo refrescante que se pone en la ropa…
La puerta se cierra tras de mí y una voz muy enfadada y altanera habla con extrema frialdad.
—Creí haberle dicho...
Todo lo que puedo hacer para callarlo es decir su nombre.
—Draco.
Se le cae la pluma de la mano justo cuando levanta la cabeza.
—¿Hermione? —La forma en que dice mi nombre es suave, suena un poco extraño y diferente. Pero espabila rápidamente y el Draco Malfoy frío, austero y sin emociones está de vuelta, aún ataviado con su perfecta túnica negra—. ¿Qué haces aquí, Granger? Mejor aún, ¿cómo has conseguido burlar a mis secretarias? Les dije específicamente que no dejaran entrar a nadie.
Lo juro, él siempre me grita o me ignora.
Voy a necesitar que encuentre un punto medio o algo así, porque esto es sencillamente molesto. Tengo que interrumpirlo porque está claro que últimamente no le gusta permanecer en silencio.
—Ellas no me dejaron entrar. Pansy confundió a la primera para que dejara de llamar a seguridad cuando Ginny empezó a gritarle por no dejarnos entrar. Y, bueno, Ginny aturdió a la segunda porque estaba enfadada. No sabía que habías contratado nuevas secretarias…
—¡Eso no está bien! Confundiste y aturdiste a mis secretarias, ¿qué demonios les pasa a ti y a tus malditas amigas?
Por primera vez, mantengo la compostura mientras él es el idiota y chiflado que despotrica. Con paciencia, pongo mis manos en las caderas y casi sonrío.
—En realidad, fue idea de ellas. Yo estaba pensando en un método más sigiloso, como ir por flú a tu casa, pero ya sabes cómo es Pansy y conoces a Ginny. Ellas dos son cosas: atrevidas, descaradas y rápidas para infringir la ley.
Es ahora cuando él se ríe... Sí, se ríe de verdad, pero sabe que tengo razón, sobre todo en lo que respecta a Pansy. Es amigo de ella desde hace más tiempo que yo. De hecho, fue a través de ella que nos acercamos.
Fue durante la batalla final. Me encontré con Pansy que intentaba huir del castillo a través de un retrato. Recuerdo que estaba desesperada por escapar, gritaba que no quería participar en la guerra... Hasta que un mortífago intentó golpearla con una Imperdonable. La aparté de la maldición; ni siquiera sé por qué lo hice. Después de eso, Pansy se dedicó a luchar por nuestro lado; ella sola se enfrentó a tres mortífagos mientras gritaba: "¡Soy una sangre pura, idiotas!"
Desde entonces somos mejores amigas.
Nos topamos con un Draco sin varita que intentaba convencer a un mortífago de que estaba de su parte y de que había maldecido a otro mortífago porque casualmente se había puesto delante de una maldición que estaba dirigiéndose a un miembro de la Orden. Pansy, todavía furiosa, hechizó al mortífago y, antes de que pudiera atacarlo, le exigió a Draco que, por una vez, eligiera un bando. Él dijo que había elegido un bando hace tiempo, después del fiasco en sexto año y que estuvieran intentando matarlo... Entonces encontró su varita y me demostró su punto de vista.
Los tres luchamos juntos contra mortífagos, Dementores y algunos gigantes hasta que encontré a Harry y Ron...
—Bien —Draco cruzó la habitación y se paró frente a mí—. Granger, ¿qué necesitas discutir tan urgentemente conmigo para que tus amigas hechizaran a mis secretarias?
En cuanto hace la pregunta, tengo una sensación rara en el estómago y me llevo la mano a ese lugar y, al darme cuenta de que es hambre, prosigo.
—Quería disculparme por lo de aquella noche. Al día siguiente, llamé para pedir cita en una clínica de abort…
Me señala con el dedo.
—No termines esa frase.
Pongo los ojos en blanco e intento desesperadamente no notar lo cerca que está de mí... O en el hecho de que su colonia es la primera que no me revuelve el estómago.
—Malfoy, es...
—No —me interrumpe, con expresión de asco—. De verdad, no termines esa frase. Lo entiendo. Puede que yo no haya nacido de muggles, pero sé lo que pasa cuando haces esa cita.
¿Qué demonios? Por el amor de...
—Malfoy, necesito...
Eso era muy poco característico de Draco, mostrar frustración. Es muy obvio por su lenguaje corporal y el hecho de que se ha alejado de mí y ahora está enderezando meticulosamente los pergaminos que estaban en su escritorio.
—Lo que no entiendo es por qué estás aquí diciéndome eso; para empezar, ni siquiera querías mi opinión. Te dije específicamente lo que quería y luego te fuiste…
—Aclaremos algo, Malfoy yo no me fui.
Se rió con pesar.
—Bien, yo me fui... Después de que me acusaras de ser una persona que se acuesta con todas las mujeres. Me fui después de que insultaras a mi orgullo, mi nombre y mi dignidad.
Suspiro, tendría que disculparme.
—Lo sé y siento mucho haberte juzgado así.
—Bueno, no acepto tus disculpas —responde obstinadamente, como sabía que haría—. Tenías razón, Granger. No puedo decirte lo que debes hacer; después de todo es tu cuerpo. Supongo que es apropiado que tú y yo nos pongamos de acuerdo en algo después de tres años en los que hemos discutido por todo —vuelve a ordenar los objetos de su escritorio.
Exhalo.
—Malfoy, no estoy de acuerdo...
—De verdad que no necesito que vengas aquí para hablar sobre clínicas de abortos y esas cosas. Estoy ocupado. Lárgate.
—No.
—Entonces haré que seguridad te saque de aquí.
Hago un gesto con la mano.
—Bien, haz lo que creas necesario, Draco... —Me acerco a su escritorio.
Deja de organizar las plumas de su escritorio cuando tentativamente le pongo la mano en el hombro. Se tensa, está casi tan rígido como una tabla. Es como si no quisiera tener mis manos sobre él.
Con pesar, sacudo la cabeza.
—No sabía que te pondrías así por un ego herido.
—Y tú eres una intolerable...
—No dejes que esas palabras salgan de tu boca, Malfoy...
Respira agitadamente, como si quisiera agarrar su varita y lanzarme por toda la habitación, pero sabe que eso no es lo correcto, así que no lo hace.
—Vete, Granger. Entiendo que abortaras a nuestro bebé. Lo entiendo. No estoy de acuerdo, pero da igual.
—Malfoy, yo...
—No pasa nada.
Doy un pisotón por pura frustración, incluso lo empujo.
—¿Puedo decir algo?
—Ya lo he superado, Granger —dice desdeñosamente—. Y ya te he superado... Ni siquiera sé por qué me importaba tanto; eres igual que los demás.
—Interpretas muy bien el papel de víctima, Malfoy, siempre lo has hecho —pongo los ojos en blanco sarcásticamente, molesta con él—. Estoy tocando el violín más pequeño del mundo para ti —separo unos dos centímetros el índice y el pulgar y muevo mi dedo índice para recrear el movimiento del arco del violín.
—Deja de ser condescendiente.
—No lo soy, estás siendo infantil y actúas como loco. Es imposible hablar contigo. Esa no es una de tus mejores cualidades, pero si vamos a criar a este bebé juntos, voy a necesitar que trabajes en eso.
Su enfado se disipa en un segundo.
—¿Podrías repetirlo?
—Esto es nuevo. Muy diferente del Draco Malfoy que tiene un palo en el culo, así que supongo que dejaré de conservar eso...
Está sinceramente confundido.
—Déjame... ¿De qué mierda estás hablando, Granger?
—Supongo que ambos tenemos cosas en las que trabajar; lo mío es mi terquedad. Entre la tuya y la mía, nuestro bebé no cederá a nada.
—Granger… —Le agarró de la mano para que se calle.
—Creo que deberías llamarme Hermione y yo te diré Draco. Los apellidos son de más. Creo que eso confundirá al bebé. —Él se limita a tartamudear y yo sacudo la cabeza—. Quizá, si sigues en silencio, tengamos que tomar otro camino.
—¿Me estás tomando de la mano?
—Sí.
—¿Por qué?
—Hoy estás increíblemente denso, Draco, pero está bien, con tu encanto y mi cerebro, estoy segura de que nuestro bebé será perfecto.
—De acuerdo, has dicho que soy encantador, ¿quién eres y qué le has hecho a la Hermione Granger que me dio una bofetada hace menos de dos semanas?
—Estoy aquí, delante de ti, Draco, diciéndote que llamé a la clínica de abortos para pedir cita y acabé colgando antes de poder terminar de marcar. Y se lo conté a mi padre y se enfadó, y luego tuve un accidente y eso me despertó...
Parece preocupado.
—¿Un accidente? Un accidente, ¿cuándo? ¿Estás...?
—Hace dos días. Estoy bien... Estamos bien —me conmueve que esté alarmado.
—¿Segura que estás bien?
—Definitivamente estoy adolorida, pero bien —sonrío—. Supongo que lo que estoy intentando decirte a mi manera, mientras tú desvarías y me miras como si fuera idiota, es que he decidido quedarme con el bebé.
—¿En serio?
Suspiro.
—Voy en contra de todo lo que sé, estoy completamente fuera de mi elemento y estoy muerta de miedo, no puedo retener el desayuno y me gusta desayunar, estoy distanciada de mis padres, tú y yo tenemos muchas cosas que resolver porque somos prácticamente desconocidos que van a tener un bebé juntos, pero si estás dispuesto a trabajar conmigo para superar nuestros problemas y llegar a conocerme para que podamos ser un equipo eficaz, yo haré lo mismo.
Respira hondo.
—Yo...
—No importa lo que decidas hacer —lo corto suavemente—. Voy a ser madre en febrero y mi vida pasa a segundo plano con respecto a mi hijo.
Draco me mira con firmeza.
—Nuestro hijo.
Sonrío.
—Sí, nuestro hijo... Eso significa…
—Sí.
—Estupendo —le doy una palmada—. Tengo mucha hambre y me muero de ganas de comer pizza.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Segunda parte: Boca estúpida
Draco se toma el resto del día libre y, tras pasar por la mansión Malfoy para ponerse algo que en su opinión era más adecuado, unos pantalones de vestir negros y una camisa negra, nos encontramos en un restaurante italiano del Londres muggle. En cuanto nos sentamos y pedimos nuestras bebidas, empezamos a hablar.
Por primera vez en mucho tiempo, nos sentamos y hablamos sinceramente el uno con el otro.
Hablamos como si nunca nos hubieran presentado formalmente hasta ese momento. Conversamos como si no hubiéramos ido al mismo colegio y no conociéramos a la misma gente. Y nos sentó bien que hablemos así, es como si estuviéramos volviendo a empezar. Hablamos durante más de tres horas mientras comíamos una pizza con queso. Platicamos mientras entraban y salían los clientes hambrientos. Charlamos mientras los camareros cambian los manteles y colocan cubiertos en cada mesa. Dialogamos mientras los empleados se sentaban a comer. Hablamos.
Él habló mientras yo comía pizza. Yo hablé mientras él bebía su agua a sorbos. Se ríe de mis chistes. Sonrío cuando, nervioso, me pregunta cómo me siento. Me gusta el Draco nervioso y preocupado; es completamente diferente del Draco frío al que estoy acostumbrada... Y también es más amistoso. No recuerdo haber hablado tanto con una persona y mucho menos haber disfrutado de la gran conversación. Definitivamente, no recuerdo un momento en el que nos hayamos sentado a escucharnos el uno al otro sin ofendernos, enfurecernos y gritarnos.
Eso lo hacemos a menudo... Quiero decir, lo de enfadarnos y gritarnos.
Sin embargo, no hacemos esto lo suficiente... Tener una conversación casual y honestidad.
Sorprendentemente, Draco y yo hablamos muy poco sobre el bebé; solo acordamos seguir realizando los cuidados prenatales de la manera muggle para evitarme cualquier tipo de estrés. Ah, y que tengo cita con el médico el próximo miércoles y que quiero que me acompañe porque Ginny tiene entrenamiento y Pansy tiene que trabajar. No quiero ir sola. Y aunque no vayamos a ver al bebé, él quiere estar allí.
La gente siempre dice que nunca hay que juzgar un libro por su portada; ahora sé por qué.
Cuando Draco está en un ambiente afable y se siente cómodo, empieza a relajarse, aunque solo un poco, y actúa más como él. Sigue jugando con el salero y el pimentero, pero no me molesta. Tanto. Hablamos de política, literatura, filosofía, historia y actualidad. Con cada minuto que pasa, aprendo más cosas sobre él y me doy cuenta de que Draco es muy distinto a lo que yo pensaba, de lo que he llegado a conocer.
Hablamos sobre su odio a la música que sonaba en la radio, a algunos programas de televisión y a la comida china. Conversamos sobre mi odio hacia los libros de autoayuda, los reality shows y la música pop en general. Debatimos sobre qué casa tenía el mejor equipo de Quidditch, sobre si las lechuzas o los gatos eran mejores mascotas y sobre el significado de las lámparas de lava. Los temas fueron aleatorios, pero me reí tanto de la hilaridad de la situación como por lo ridículo que fue, pero supongo que eso es algo típico de Draco y Hermione. Le damos vueltas a todo con precisión y destreza, y por eso nunca resolvemos nada.
Puedo decir sin temor a equivocarme que hoy bien con la idea de bailar.
Conversamos sobre viejos recuerdos.
Me entero de que no tuvo una infancia especialmente mala y le hablo sobre la muerte de mi madre y sus repercusiones en la relación con mi padre. Le comento de la pelea, de cómo no me había decidido del todo sobre el bebé hasta que mi padre empezó a atacarme. Hablamos de las cosas que pasaron en Hogwarts mientras estábamos ahí. Me cuenta sobre el día en que Harry lo golpeó con el encantamiento patronus durante un partido de Quidditch entre Gryffindor y Ravenclaw y de la noche en que descubrió lo del dragón. Le hablo de la Casa de los Gritos y de la noche con Snape, Sirius y Lupin... Y le platico del Giratiempo. Hablamos sobre todos nuestros pequeños percances, desde la noche que pasamos todos castigados en el Bosque Prohibido hasta de Umbridge.
Se ríe cuando le cuento sobre la noche en que Ron y Harry usaron la poción Multijugos para convertirse en Crabbe y Goyle. Sonrío cuando admite que el hechizo de los granos que escribieron "soplona" en el rostro de Marietta fue probablemente lo más brillante que había visto. Hablamos de todo y de nada, y terminamos con un poco más de conocimiento mutuo, aunque todo lo que sabemos es superficial en el mejor de los casos.
Pero mientras nos aparece cerca de mi casa y me acompaña, extrañamente, me siento más feliz porque todo el tiempo Draco me mira de una forma agradable. Como si me encontrara interesante. No en plan "ella está bien", sino en plan "no sabía que ella era tan fascinante".
Realmente me alegró el día.
¿Pero a quién quiero engañar? Aún no sabemos lo suficiente el uno del otro como para llegar a algo más. Soy demasiado racional como para dejarme llevar ciegamente a lo que éramos antes, con o sin bebé. No hemos establecido ninguna conexión real y tenemos un montón de cosas de las que hablar, pero la tarde fue agradable. Solo somos dos personas que tuvieron un buen día. Y esperemos tener otro. Fin de la historia, ¿cierto?
Estamos en la puerta de mi departamento. Estoy frente a Draco, que tiene una mirada indescifrable.
—Me lo he pasado bien —le digo, porque es verdad.
Draco esboza lo que detecto: es una pequeña sonrisa burlona y murmura medio en voz baja.
—Yo también.
—Oh —recuerdo de repente, chasqueando los dedos una vez antes de meter la mano en el bolsillo y sacar lo que pretendía darle en el despacho—. Esto es para ti... —Le entrego la imagen en 4D más reciente del bebé, la del día del accidente.
La toma despacio y la observa. Veo cómo su mirada empieza a ponerse vidriosa y a derretirse como la noche en que le lancé la primera imagen; sus ojos muestran una mezcla de satisfacción, felicidad y asombro. Es fugaz y Draco intenta recuperarse rápidamente, pero al menos lo vio, al menos sé que le importa. Esta vez, sin embargo, su rostro no se vuelve de piedra y muestra un atisbo de sonrisa.
—¿Esto es...?
—Tiene nueve semanas, está perfectamente sano y ya no del todo una masa amorfa. —Tras unos instantes de mirar concentrado la imagen, intenta devolvérmela, pero no la tomo—. Es tuya, Draco... Quédatela.
Lo mira fijamente durante un tiempo y levanta la vista hacia mí.
—Por casualidad, ¿leíste la carta que te envié?
Estoy dispuesta a no sonrojarme.
—Sí.
Draco se aclara la garganta y empieza a hurgarse la manga de la camisa.
—Umm... Entonces, ¿qué piensas?
Esa es una buena pregunta. ¿Qué opino? ¿Realmente podemos empezar de nuevo después de todo lo que ha pasado entre nosotros?
—Tal vez... No sé, pero supongo que vale la pena intentarlo, ¿no?
Él asiente.
—Sí.
De repente me siento obligada a preguntar.
—Te gustaría entrar... ¿A tomar un té?
Si le sorprende mi pregunta, lo disimula bien.
—De acuerdo, pero deja que me aparezca en casa un momento para traerte algo.
Asiento y lo miro bajar suavemente el escalón un momento, antes de usar la llave para abrir la cerradura de mi apartamento. En cuanto piso el salón, sé que he entrado en una zona de guerra.
Permítanme relatarles la escena en la que acabo de entrar porque es desagradable.
Es una batalla de sexos. Cuatro personas, dos hombres y dos mujeres... De cada lado y, sorprendentemente, ninguna varita está desenfundada, por ahora.
A mi derecha está una Ginny Weasley con el rostro color escarlata, ligeramente temblorosa, ojos llorosos y enfadada. Al lado de Ginny está una enfurecida, pero silenciosa, Pansy Parkinson, que luce como un pug... Un pug rabioso. A mi izquierda, a un metro y medio de Ginny, está un Harry Potter lívido, que aprieta el puño y luce una bonita vena de furia en el cuello. Y completando el cuarteto, junto a Harry, está Ron, enojado y probablemente irracional, cuyo rostro hace juego con su cabello.
Esta podría haber sido una buena noche para realizar una reunión, pero no lo fue.
Estoy a punto de meterme en una pelea después de una tarde tranquila. Suspiro.
—¿Qué esperas que haga, Harry? —Ginny pregunta, más bien, grita acaloradamente; lágrimas furiosas caen rápidamente en sucesión por sus mejillas rojas—. ¿Qué me siente y suspire por ti mientras tú vas y haces lo que quieres y con quien quieres?
—No, pero no quiero oír que mi novia sale con todos los hombres del Mundo Mágico.
Pansy pone los ojos en blanco.
—No creo que cuatro chicos sean todo el mundo mágico...
—No te metas en esto, Pansy —advierte Harry.
Ignora su amenaza con un gesto de la mano.
—Oh, solo estás celoso…
—¿Por qué no cierras tu maldita boca? —Ron grita.
Ginny cierra los ojos.
—¡Basta ya! Harry, calma a tu perro de rabioso —mira fijamente a su hermano.
—También dile a ella que no se meta. —Ron mira con desprecio a Pansy.
Se produce un intercambio silencioso entre mis dos mejores amigos; Pansy resopla y se cruza de brazos.
Ron parece relajarse un poco también.
Harry respira hondo.
—Mira, Gin...
Ella lo interrumpe.
—Harry, no tienes derecho a decirme lo que puedo o no hacer. Te quisiste tomar un tiempo de mí, querías salir y asegurarte de que lo nuestro fuese real antes de tomar la decisión de sentar cabeza. Yo nunca lo cuestioné, Harry, pero tú lo hiciste.
—Pero son mis amigos, Ginny... No puedes salir con mis amigos —sonaba amargado.
Ella retrocede como si la hubiera abofeteado.
—Ah, ¿y Parvati Patil y Hannah Abbot no son mis amigas? Es muy hipócrita de tu parte decirme que no puedo salir con tus amigos cuando lo único que pareces hacer es perseguir a las mías —Ginny se burla. Harry se queda sin palabras, pero no creo que Ginny haya terminado—. ¡Y ni siquiera hablemos del hecho de que volviste con Cho, que está en mi equipo de Quidditch, por el amor de Merlín! Cómo... —respira hondo—. ¡Cómo te atreves a venir a mi departamento después de casi dos meses en los que casi ni hablamos y empezar a soltar idioteces contra mí!
—No son idioteces, Ginny... Tres chicos, tres chicos cada mes. ¿Qué demonios significa eso? —le grita Harry.
Ginny rompe en llanto, Pansy se enfada más a cada segundo y yo decido que ya es hora de hacer una gran entrada.
Decido dejar que la puerta se cierre de forma audible.
Todos los ojos están puestos en mí ahora y al instante el ambiente cambia, dándole a Ginny la pausa perfecta para recomponerse.
—¡Hermione! —exclaman Harry y Ron justo antes de darme abrazos.
Sonrío y los abrazo a los dos, primero a Harry y luego a Ron, pero miro por encima de ellos a mi mejor amiga pelirroja, que me dedica una sonrisa de agradecimiento. Hace casi tres meses que no los veo. Ron ha estado entrenando Quidditch y ha pasado las últimas semanas en Rumanía visitando a Charlie. Harry ha estado ocupado con su trabajo como Auror en el Ministerio... Y saliendo por ahí, supongo... Hmm...
Y aquí vienen las preguntas.
Harry las inicia.
—¿Qué has estado haciendo?
Luego Ron pregunta.
—He oído que has dejado de trabajar para Malfoy... ¿Qué tal tu nuevo trabajo?
Antes de que pueda responder a sus interrogantes, Harry me hace otra pregunta.
—¿Por qué decidiste dejarlo?
Ron, por supuesto, está justo detrás de él.
—¿Dónde está Crookshanks?
Me están bombardeando con preguntas y tengo que detenerlos antes de que digan algo más.
—Espera... Espera... De uno en uno —sonrío—. Yo también me alegro de verlos. Dejé mi trabajo, pero me encanta mi nuevo trabajo y he estado —pienso por un momento en cómo voy a decirlo—. He estado haciendo un montón de cosas estos días; me mantengo completamente ocupada, ya lo saben... Y en cuanto a Crookshanks, se lo di a mi primita Olivia; aquí no podemos tener mascotas y ella tenía muchas ganas de tener un gato. Crookshanks parece estar a gusto con ella, así que se lo di.
Espero que esta pequeña conversación continúe un poco más para darle a Ginny más tiempo para recomponerse.
—Ah, y otra pregunta —Harry empieza—. ¿Fue idea tuya dejar que Ginny hiciera esa mierda de salir con tres hombres al mes?
Con toda la calma que poseo, le respondo.
—Ginny es adulta. Puede hacer lo que se le dé la gana y yo no tengo el derecho a juzgarla. No importa si le di la idea o no. No soy su madre, tengo demasiadas cosas que hacer como para intentar convertirme en Molly.
—Herm... —Empieza Ron, pero lo interrumpo.
—No —le corto, sintiendo que mi temperamento se pone de lo peor. Voy a tener que trabajar en eso—. Los dos tienen mucho valor como para aparecer aquí y confabular contra Ginny de esa manera. Harry, te estás tomando un tiempo; técnicamente, los dos están solteros…
—Pero... —Harry comienza.
—Pero ¿qué? Realmente me gustaría escucharlo, Harry —Ginny interviene mientras se limpia las lágrimas de los ojos con una mano mientras la otra descansa sobre su cadera.
—Lo que... —Las palabras de Harry mueren en sus labios cuando la puerta se abre y entra Draco—. ¿Qué demonios? —Se vuelve hacia Ginny, con los ojos llenos de furia—. ¿También sales con él?
—¡Oh, suficiente! ¡Ya estoy harta de ti y de tus estupideces, maldito Harry Potter! —grita Ginny. Pansy se queda boquiabierta y, justo delante de nuestros ojos, Ginny, que parece poseída, se acerca a toda velocidad hacia Harry. Harry está a punto de decirle algo cuando ella se echa hacia atrás y lo abofetea con todas sus fuerzas. El impacto de la bofetada es tal que sus gafas salen volando y caen a los pies de Draco.
Draco mira hacia abajo, luego hacia Harry y sonríe.
—Al menos no soy el único por aquí que recibe bofetadas.
Pansy se ríe.
Supongo que eso saca a Harry de su trance y le grita a Ginny.
—¿Qué demonios te pasa?
—¡Tú! —Ginny lo señala; pareciera que le iba a dar un ataque—. ¡Te quiero, Harry, pero ya estoy harta de pelearme contigo!
—Gin…
—¡Vete a la mierda! —Ron, Pansy, Draco y yo nos quedamos de pie en silencio, nos quedamos atónitos cuando Ginny se acercó a Draco, hizo una pausa y procedió a pisotear las gafas de Harry, asegurándose de clavar con tal fuerza el zapato, que los cristales quedaron irreparablemente aplastados. Draco dio un paso atrás, alejándose de la loca de Ginny y acercándose a mí.
Les da un último pisotón y sonríe como si hubiera realizado la mayor hazaña de su vida.
—Mándame una lechuza cuando decidas crecer, imbécil —y se marcha dando un portazo.
Harry empieza a perseguirla, pero Ron lo detiene.
Fue una buena decisión.
Draco enarca una ceja ante el espectáculo y sus ojos encuentran los míos. Me aclaro la garganta.
—¿Qué tipo de té quieres?
—Lo del té lo dejaremos para otro día, Hermione. Está claro que nos hemos metido en una pelea de amantes y ya he tenido bastante por hoy —me da lo que parece una poción—. Te ayudará en... Las mañanas —me pone el frasco en la mano y yo lo acepto, mirándolo con curiosidad—. Envíame un mensaje si quieres que te venga a buscar o para que nos veamos en el... —Se detiene repentinamente.
No me doy cuenta de lo que dice hasta que veo que Ron y Harry me miran confundidos. Pansy está detrás de ellos, agitando las manos para hacer que Draco se calle. Parece que él ha entendido el mensaje. Ojalá lo hubiera hecho mucho antes, antes de decir la última frase.
—Creía que habías dejado de trabajar para él —dice Ron.
—Lo hice, pero tenemos otros asuntos que atender.
Ron me mira como si me hubiera vuelto loca.
Draco me mira como si yo fuera estúpida.
Harry me mira fijamente antes de hablar.
—¿Desde cuándo tienes negocios con Malfoy?
Miro a Draco, quien claramente me está dejando esto a mí. Brevemente lo miro con enojo antes de abrir la boca para responderles, solo para ser interrumpida por la frialdad de Draco.
—No es que sea asunto tuyo, Potter, pero nuestros negocios empezaron hace más o menos una semana, cuando me dijo que estaba embarazada de nuestro hijo.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoO
Tercera parte: Romperme
—Es un bastardo, Hermione.
Miro a Pansy y Draco, que están hablando delante de la chimenea, y me río cuando ella le da un golpe en el hombro; él se queda ahí y pone los ojos en blanco. Creo que solo se ha quedado para vigilar a Harry y Ron y no creo que se vaya hasta que ellos se marchen. Un poco protector, si me preguntan, pero creo que es parte de ese lado suave de él que desconozco.
Sin embargo, aquí no hay ninguna amenaza.
Ron está asaltando la nevera y Harry está tranquilo.
Sonrío interiormente cuando los ojos de Draco recorren la habitación, con un toque de aburrimiento en su mirada.
—Creo que sé eso mejor que nadie, pero estamos intentando salir de este lío juntos. —Draco y yo nos miramos por un momento y le ofrezco una pequeña sonrisa, que él devuelve lo mejor que puede mientras intenta lucir serio—. En realidad, no es tan malo, es solo que no creo que lo conozcamos tan bien... Incluida yo... Sobre todo, yo.
Harry le da un mordisco a su galleta y me mira. Sé que no puede verme con claridad, lo cual es un pequeño alivio.
—Ojalá me hubiera enterado antes y que me lo dijeras tú.
—Te pido disculpas por eso, Harry. Eres mi mejor amigo, de acuerdo... Y aún estoy intentando hacerme a la idea de todo esto. Creo que los dos lo estamos, pero necesito tu apoyo... El tuyo y el de Ron.
Ron grita al oír su nombre. Sorprendentemente, se lo está tomando mejor que Harry. Lo único que hizo fue encogerse de hombros y felicitarnos. Luego dijo que siempre supo que había algo entre nosotros y se marchó para comerse todo lo de la nevera. Bien, es la segunda persona que dice eso. Al parecer, hubo algo que se me escapó.
De mala gana, Harry suspira y pone su mano sobre la mía.
—Sabes que tienes mi apoyo.
—Bien, no creo que pueda hacer esto sin mis dos mejores amigos —sonrío y le doy unas palmaditas en la cabeza—. Además, tú tienes una situación más compleja de la que ocuparte.
Harry me ofrece una mirada confusa.
—¿Y cuál es?
—Exactamente cómo vas a conseguir que Ginny deje de odiarte antes de que se lo propongas.
Sonríe satisfecho.
—Sí, sobre eso... ¿Tienes alguna idea?
—Sí, no seas idiota con la mujer que amas. Entiendo que todo esto de la ruptura fue idea tuya para que los dos se aseguraran de que son el uno para el otro... Y entiendo que después de una cita con Hannah, Parvati y Cho te diste cuenta de que Ginny era la indicada para ti. Creo que mantuviste esta farsa durante dos meses para asegurarte de tener todo en orden antes de proponérselo...
—¿Cómo diablos te diste cuenta?
—Le dijiste a Cho que esa cita fue un error y que amas a Ginny. Cho se lo dijo a Katie un día después del entrenamiento. Katie se lo dijo a Susan unos minutos después. Susan cometió un desliz y se lo contó a Parvati cuando se encontraron en Hogsmeade. Parvati se lo contó a Padma casi al instante. Padma se lo dijo a Daphne en el trabajo. Daphne a Pansy durante su viaje de compras, cuando abofeteó a aquel tipo. Y Pansy me lo dijo a mí poco después...
—Después de todos estos años, las chismosas más grandes de Hogwarts siguen con lo mismo —Harry sacude la cabeza.
Suelto una risita.
—Por supuesto, pero esa no es la cuestión. Estabas pidiendo a gritos que ella te pateara el culo esta noche.
Harry se pasa las manos por el cabello, algo apesadumbrado.
—Solo he venido para irritarla un poco. Me envió una lechuza ayer, preguntándome cuándo podríamos reunirnos y hablar sobre nosotros... Y aún no he comprado el anillo. Tenía que molestarla un poco.
—Felicidades, obviamente lo has conseguido.
Pensativo, se rasca la barbilla.
—Puede que haya ido un poco lejos con lo de salir con Malfoy...
—¿Un poco lejos? ¿Qué? —resoplo—. Harry, hasta yo pensé que iba a estrangularte cuando dijiste eso.
—Sí, pero tú eres Hermione. Nos has abofeteado a Ron y a mí bastantes veces en los últimos tres años... Y ni hablemos de Malfoy.
Sonrío y me encojo de hombros inocentemente.
Harry se limita a negar con la cabeza.
—Es que no creía que Ginny tuviera el valor de abofetearme y hacer un baile irlandés sobre mis gafas.
Muerdo una galleta.
—Piensa en lo que podría haberte hecho si hubiera tenido su varita.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
Notas: ¡Hola! ¿Cómo están? ¡Uf! Siento que los primeros días del mes se me pasaron volando y no tuve tiempo para nada relacionado con los fics. Tuve que sacrificar una horita de sueño, pero al fin pude terminar las actualizaciones para este mes. Nos estaríamos viendo nuevamente el próximo mes.
Naoko Ichigo
