Dentro de la red – Plano mental/emocional
El mundo alrededor de Gilbert se reconfiguró de nuevo.
El caos de Ivan se disipaba, y en su lugar… una sala familiar.
Un ligero olor a café.
Un piano ligeramente desafinado.
Y frente a él, de espaldas, una silueta conocida. Fina. Recta. Elegante.
Roderich.
Sus dedos bailaban sobre las teclas. Era la melodía que solía tocar cuando creía que nadie lo escuchaba. Melancólica, contenida, como si se negara a sentir en voz alta.
—Siempre supe que vendrías —dijo, sin girarse.
Gilbert tragó saliva. Caminó hasta él.
—¿Esto es real?
—No. Pero tú lo sientes como tal, y eso es suficiente.
El piano se detuvo.
Roderich giró. Su rostro era como lo recordaba: serio, con esa belleza discreta que cortaba como hielo fino. Pero sus ojos… eran cálidos.
—Te amé, ¿sabes? Aunque nunca supe cómo decírtelo sin que lo arruinaras todo.
Gilbert sonrió, triste.
—Yo lo arruinaba todo. Era más fácil pelear que sentir.
—Pero aún así, me hiciste sentir seguro. Y eso, en un mundo como el nuestro… era más que suficiente.
El espacio tembló. Ivan, en otro rincón de la red, gritaba en silencio, desmoronándose. Pero aquí, en este rincón emocional, Gilbert lo entendió.
Este era su ancla. Este era su centro.
Roderich no estaba vivo en la red, pero el recuerdo de lo que fuele dio fuerza.
Gilbert alzó la mirada. La red crujía. Era hora de irse.
—Gracias, por no dejarme olvidar quién soy.
Roderich sonrió, como solo él podía hacerlo: breve, contenido… y eterno.
—Despierta, Gilbert. Te necesitan.
Afuera – Refugio, zona externa
Francisarrojó una jeringa vacía al suelo y se cubrió mientras un mutado salvaje embestía contra las barreras exteriores. Las defensas químicas apenas contenían la ola de cuerpos deformados y ferales que Yao había liberado.
—¡Necesitamos la dispersión de la fase tres ahora! —gritó Francis a Arthur, que estaba dentro del laboratorio reforzado.
Arthur, empapado de sudor, trabajaba sobre los núcleos de aire portátiles. Había conectado dos de ellos a un difusor experimental.
—¡Estoy modificando la fórmula! La exposición prolongada a Ivan está empezando a mutar el efecto de la cura.
—¡¿Qué?!
—¡Se revierte! ¡Lo vimos en Gilbert! ¡Alfred debe tener una de las dosis de refuerzo!
Núcleo – Cámara de Ivan
Alfred sostenía a Gilbert, que convulsionaba levemente. Su cuerpo irradiaba calor, pero también vibraciones anómalas. La red se quebraba… pero algo oscuro se filtraba de vuelta por ella.
—¡Mierda… estás colapsando —susurró Alfred—. No lo vas a hacer solo!
Recordó.
Antes de separarse,Scottle había entregado un pequeño vial con una etiqueta desgastada:
"F-0.9 – resistencia neurocelular, uso en caso de reversión."
Sin dudarlo, Alfred sacó el vial y lo inyectó directamente en el brazo de Gilbert.
—Vamos, amigo… aguanta. ¡Aguanta!
Gilbert jadeó. Su pulso bajó de golpe… y luegose estabilizó.
La red…se partió.
Afuera – Frente de batalla, acceso al centro
Gronwempujó el dispersor al centro del cruce, cubierto por voluntarios armados y uno de los betas médicos. A su lado,Scottactivó la palanca.
Un zumbido agudo, luego un chasquido, y el airese tiñó de plata.
Humo blanco azuladose esparció por los callejones, subiendo por los túneles, colándose por grietas y rendijas. Donde el humo pasaba, los mutados salvajesse detenían. Algunos se encogían. Otros gritaban. Los que aún podían pensar…despertaban.
—¡Eso es! ¡Está funcionando! —gritó uno de los voluntarios.
Scott miró a su hermano, que sujetaba el dispersor como si fuera una extensión de su cuerpo.
—¿Listo para hacer historia, Gronw?
—Prefiero hacer silencio —respondió, pero su sonrisa lo traicionó.
Desde el núcleo, Ivan emitió una última señal.
Una palabra, apenas un susurro:
"¿Por qué…?"
Y Gilbert, ya consciente, apoyado en Ludwig, respondió, mirando hacia donde estaba el cuerpo aún suspendido:
—Porque el amor es lo único que nunca pudiste controlar.
