HERIDAS DE AMOR
CAPÍTULO PRIMERO
El viento movía sus largos cabellos, sus ojos miraban fijamente hacia la nada, había algo en ellos que no se podía descifrar, tristeza, frustración, tal vez melancolía por las memorias lejanas del recuerdo. Su cuerpo recostado y recargado sobre su antebrazo izquierdo indicaba que quería estar solo, disfrutaba la soledad y el estar sentado en la azotea de aquella enorme casa lo confirmaba, ya que había estado buscando un espacio donde nadie lo interrumpiera.
Había salido para aclarar sus ideas, necesitaba pensar, necesitaba poner en orden sus sentimientos, sentimientos que tenía tiempo había guardado en lo más profundo de su corazón, porque era necesario, sin embargo su regreso no había sido como había esperado, una cosa era estar lejos y saber que sus caminos se habían separado y otra cosa era estar cerca y confirmar que efectivamente su vida había tomado un rumbo diferente al que había soñado cuando era un chiquillo.
-¿Te molesto? – Preguntó William de pronto, su voz provenía de la buhardilla, aquella que le había servido de puerta para llegar hasta el tejado donde descansaba.
-Necesitaba estar solo. – Respondió Anthony con un profundo suspiro al verse descubierto.
-Lo imagino. – Respondió William sin importarle el deseo de su sobrino. Salió por la buhardilla y con todo el cuidado del mundo caminó sobre el tejado para sentarse a su lado. - ¿Cómo haces esto? – Preguntó el mayor observando con precaución el lugar en el que su sobrino se había atrincherado. Anthony levantó los hombros despreocupado mientras William veía con cierto temor la pendiente del tejado y más allá el posible destino que tendría si se descuidaba por un segundo.
-He estado en situaciones más complejas. – Respondió Anthony simplemente. William suspiró un tanto culpable por la actitud de su sobrino.
-¿En qué piensas? – Preguntó una vez más el mayor, mientras intentaba sujetar sus largos cabellos que comenzaban a volar libres al igual que los de Anthony. Anthony no respondió simplemente sonrió con ironía sin dejar de ver hacia el frente.
-¿No es obvio? – Respondió después de unos segundos. Ahora fue el turno de William de guardar silencio por unos segundos.
-¿Preferirías que se hubiera quedado sola? – Preguntó William mientras observaba fijamente a su sobrino. Anthony continuó mirando los árboles que se movían frente a él sin mostrar expresión alguna en su rostro.
-¿Importaba lo que yo prefiriera? – Preguntó Anthony sin mirar a su tío. William lo miró fijamente, quería que reaccionara de alguna manera, para bien o para mal se sentía responsable por el sufrimiento de su sobrino.
-¡Por supuesto que sí! – Dijo William impaciente, su movimiento brusco lo hizo recordar que estaba sobre el tejado y al mismo tiempo dejó de moverse.
-Cuidado… - Fue lo único que dijo Anthony al ver que su tío se había desbalanceado por reprocharle su actitud.
-Anthony tienes que entender que ella merecía ser feliz… - Dijo Albert con cierta impaciencia en su voz. - ¡Tú mismo estás comprometido! ¡No tienes derecho a recriminar sus decisiones! – Dijo una vez más con molestia, esperando que Anthony comprendiera sus palabras.
-¿¡Acaso le he reprochado algo!? - Preguntó Anthony girando esta vez su rostro para ver directamente a los ojos a su tío. William se sorprendió por su respuesta, no, él no había hecho ningún reproche desde que había llegado, pero ciertamente su actitud no ayudaba para nada, sobre todo cuando la tuviera de frente.
-¡Eso es porque no la has visto de frente! – Dijo William seguro de que Anthony podría reprocharle algo a la pecosa o por lo menos con su mirada, aquella mirada que decía más de lo que expresaba su abatido rostro.
-No es necesario que la tenga de frente… solo vine a la boda… - Dijo Anthony volviendo a girar su rostro hacia el paisaje que le regalaba el bosque de la mansión de las Rosas en Lakewood.
-Es imposible que la evites… - Dijo William una vez más. – Te aseguro que nada de esto estaba planeado… - Dijo de nuevo, su rostro demostraba que se sentía culpable.
-No tienes la culpa de nada… - Dijo Anthony comprendiendo un poco lo que su tío podría sentir. – Las cosas sucedieron así y yo… estoy bien con ello. – Dijo una vez más el menor, mientras se inclinaba para sentarse derecho. William intentó imitarlo pero se detuvo al ver la pendiente del tejado, era mejor no moverse para no provocar un accidente, no querría dejar viuda a su novia antes de la boda. – Además también pronto me casaré. – Agregó con cierta resignación en su voz.
-No pareces muy convencido de ello. – Dijo William, le era imposible no advertir la mirada de tristeza que se alojaba en sus ojos. Anthony sonrió de lado lanzando una pequeña piedra con la que había estado jugando todo ese rato.
-Colette es una buena mujer. – Dijo Anthony simplemente, no podía decir lo contrario cuando ella había soportado todo ese tiempo la angustia que vivía después de haber estado en batalla, además Colette conocía su vida pasada, su adolescencia en Lakewood, su historia con Candy, su accidente y todo lo que había vivido después de su recuperación.
-No lo dudo, pero ella ¿Sabe que no la amas? – Preguntó William convencido de que su sobrino no amaba a Colette. Anthony volvió a mirarlo por segunda vez desde que William había llegado a acompañarlo.
-También es una mujer inteligente. – Respondió simplemente, dando a entender que no podía engañarla y que ella sabía la realidad de sus sentimientos.
-¿Hablarás con Candy? – Preguntó William con cierta reticencia en su voz. Anthony volvió a mirar al frente, pero esta vez apretó su mandíbula antes de responder.
-No tengo nada que hablar con ella. – Respondió conteniendo un suspiro prolongado.
-Te equivocas… - Dijo William con pesar, sabía que Candy quería hablar con él antes de la boda. – Ella quiere hablar contigo antes de la boda. – Expresó William con interés, inspeccionando su reacción, quería estar seguro de que sus sentimientos por Candy estuvieran sino extintos por lo menos que estuvieran controlados.
-No tiene caso hablar. – Dijo Anthony seguro que no quería hablar con Candy, mucho menos quería evidenciar sus sentimientos frente a ella, sabía que si la tenía de frente le sería muy difícil controlar lo que sabía seguía con vida en su interior, porque aunque quisiera negarlo ella seguía siendo parte importante de su vida aunque fuera ahora su pasado.
-Creo que les serviría a ambos para aclarar sus sentimientos. – Dijo William seguro de que Candy quería hablar con él para aclarar sus sentimientos.
-Los de ella están más que claros. – Dijo mirando a su tío fijamente. William no pudo sostener su mirada y la desvió hacia el frente.
-Tal vez… - Agregó William con cierto pesar en su voz, le dolía saber que Anthony aún conservaba en su corazón aquel sentimiento tan puro y genuino que había albergado en su interior tiempo atrás. – Pero… ¿Y los tuyos…? – Preguntó con precaución. Anthony contuvo el aliento por unos momentos.
-¿Acaso importan? – Preguntó Anthony con revelada ironía.
-A Colette le importan… - Dijo William con cierta picardía. Anthony se puso de pie y dejó que el fuerte viento que comenzaba a soplar golpeara su cuerpo mientras sus cabellos se mecían en la misma dirección que se movía su ropa.
-Tío, Candy decidió su destino… - Dijo Anthony mirando desde arriba a su tío, quien se mantenía sentado en el tejado. Anthony extendió su mano para ayudarlo a ponerse de pie, era hora de entrar. – Como te dije, solo vine para la boda y me iré de regreso a Francia. – Dijo una vez más el rubio, su voz denotaba que estaba seguro de lo que haría después.
William se puso de pie junto a Anthony y con la precaución que siempre tenía en sus pasos observó el filo del tejado, el piso se veía bastante lejos desde ahí. Anthony sonrió y le permitió ir primero.
-¿Te irás sin hablar con ella? – Preguntó William antes de entrar por la buhardilla.
-Es lo mejor. – Dijo Anthony seguro de que no había necesidad de hablar con Candy.
Anthony entró detrás de William, mientras el mayor se sentía más seguro dentro de la mansión, Anthony observó que el reloj de la torre sur pronto marcaría las diez de la noche. Una sonrisa apareció en su rostro al recordar la noche del único baile a su lado.
-Nunca me ha gustado esta habitación. – Dijo William sintiendo un escalofrío al estar en el lugar donde los Leagan habían encerrado a Candy años atrás.
-Es solo una habitación más. – Dijo Anthony con tranquilidad dirigiéndose hacia la salida.
El sonido del reloj de la torre sur se dejó escuchar de pronto y William saltó al tomarlo desprevenido, Anthony sonrió con travesura por la reacción de su tío y este solamente carraspeó intentando controlar el susto.
-Mañana tengo que ir a Chicago. – Dijo William de pronto. Anthony guardó silencio, sabía que se encontraría con ella y no quería ahondar en el tema, era inevitable verla en la boda pero se esperaría hasta ese día para verla, así no se sentiría obligado a hablar con ella más de dos o tres palabras, después de ello, regresaría a Francia y no volvería jamás.
-Yo me quedaré aquí. – Dijo simplemente Anthony. William lo observó un tanto molesto, quería llevarlo a Chicago para lograr que hablara con Candy antes de la boda.
-¿No verás a Stear? – Preguntó William para ver si de esa forma lograba llevárselo con él.
-Stear está bien, además creo que debe estar harto de mí. – Dijo Anthony con cierta travesura en su voz. – Él y Archie deben de estar poniéndose al corriente de todo. – Dijo de nuevo con un profundo suspiro.
-Creo que Archie también querría hablar contigo. – Dijo William para ver si lo convencía de ir.
-Sabe dónde encontrarme. – Dijo Anthony con tranquilidad, pero sin la intención de ir a Chicago.
William guardó silencio y se despidió de su sobrino, era noche y debía dormir para salir muy temprano por la mañana. Anthony se quedó solo en medio del pasillo donde se encontraban las estatuas de sus antepasados. Giró sobre su propio eje para ver cada una de las estatuas, seguían siendo tan tenebrosas como las recordaba. Su mente lo traicionó una vez más y lo llevó al único recuerdo que deseaba bloquear de su mente pero que nunca había conseguido hacerlo.
-Cuánto tiempo ha pasado… - Se dijo a sí mismo antes de bajar las escaleras que lo llevaban directamente hasta la segunda planta donde se encontraba su habitación.
-¿Necesita algo joven? – Preguntó una de las mucamas que solo esperaba instrucciones para retirarse.
-Nada, muchas gracias, ve a descansar. - Dijo Anthony con amabilidad. La joven sonrió y se retiró.
Anthony entró a su habitación y un profundo y largo suspiro salió de su pecho. Nuevamente estaba ahí, tenía tantos años de no estar en Lakewood que le parecía que nuevamente vivía un sueño, uno de los tantos que había tenido cuando estaba lejos.
-Todo ha permanecido igual, es como si el tiempo se hubiera detenido. – Pensó con nostalgia y cierta melancolía. – No… no todo… - Agregó después de reflexionar por unos segundos, no todo estaba igual, tal vez su antigua habitación, tal vez la mansión seguía manteniendo algunos de los muebles que había cuando vivía ahí, pero ella ya no vivía ahí, él ya no era el mismo, ella ya no era la misma.
Se recostó sobre su cama y sin pensarlo siquiera se quedó profundamente dormido, algo que no sucedía cuando estaba al frente.
Anthony había sido trasladado a Francia después de su accidente a caballo, su padre había decidido llevárselo para que recibiera una atención médica de primera, algo que consideraba en América no conseguiría. A pesar de la negativa de la tía abuela, esta había cedido con tal de recuperar la salud de su nieto.
La respiración de Anthony era pausada, tranquila, pero poco a poco se iba tornando más pesada y el sudor aparecía en su frente, podía advertirse en el gesto inquieto de su rostro que estaba teniendo una pesadilla. Se levantó de pronto, sobresaltado, con el sudor recorriendo su frente y su pecho, su respiración era entrecortada y su mirada denotaba que estaba desorientado, buscaba entre la oscuridad un indicio que le advirtiera el lugar en donde estaba. Poco a poco su memoria lo llevó a recordar dónde se encontraba y se fue tranquilizando.
Se levantó de la cama y se despojó de su camisa, estaba llena de sudor a pesar del clima fresco de Lakewood. No podía evitar que su cuerpo siguiera teniendo pesadillas después de vivida la gran Guerra. Entró al cuarto de baño para darse una ducha, necesitaba limpiar su cuerpo del sudor expedido en su pesadilla.
Se desvistió para entrar en la bañera, el calor que sentía era insoportable, ¿Desde cuándo se había vuelto Lakewood tan caluroso? ¿O era él? Su cuerpo se sentía pegajoso, su piel ardía como si tuviera fiebre, pero sabía que era uno más de los síntomas que había comenzado a experimentar después de terminada la guerra. Lo habían diagnosticado con "fatiga de batalla", una especie de neurosis que afectaba a los soldados que habían participado en la Guerra pero que mostraría mejoría después de haber terminado, sin embargo a dos años del término de la Guerra parecía seguir afectando a Anthony.
-Es como volver a estar ahí… - Se dijo para sí mismo, impaciente porque los síntomas iban aumentando en lugar de disminuir como lo había dicho su médico. - Pensé que ya lo había superado… - Se dijo mientras se vestía con su ropa de noche. Estaba pensativo, buscado la solución a ese posible ataque de ansiedad que había tenido bajo sueños.
Anthony se dirigió hasta la biblioteca, sabía perfectamente que Stear no podía dormir y al igual que él esperaba que estuviera en la biblioteca.
El timbre del teléfono lo sobresaltó, se había quedado dormido en la silla que generalmente ocupaba el tío William.
-¿Bueno? – Preguntó con la voz ronca por haberse despertado repentinamente. – Por supuesto. – Respondió a la operadora, quien le informaba que tenía una llamada desde Lakewood.
-¿Stear? – Se escuchó desde el otro lado de la línea telefónica. – Muy amable señorita. – Agradeció Anthony para poder hablar con su primo.
-Estaba esperando tú llamada. – Dijo Stear ya más despierto mientras se acomodaba correctamente sobre la silla.
-¿Cómo sabes que llamaría? – Preguntó Anthony con un tono travieso. Stear sonrió también imaginando que Anthony estaba sonriendo.
-Porque yo tampoco puedo dormir. – Respondió Stear con un profundo suspiro.
-He tenido otra pesadilla. – Dijo Anthony con tono serio. Stear guardó silencio, sabía que las pesadillas de Anthony habían disminuido con el paso del tiempo, pero también sabía que jamás se irían de su mente, aquellas imágenes que habían vivido por esos dos años, eran imágenes que difícilmente podrían olvidar.
-Lo imaginaba… - Dijo Stear con seriedad. Anthony se extrañó por el comentario de su primo.
-¿Tú también…? – Preguntó sólo para asegurarse de que su primo estuviera mejor que él.
-No… - Mintió el inventor, no quería revelar que él también había comenzado a repetir las pesadillas que en condiciones normales solo eran sueños angustiosos, pero que en personas que como ellos habían vivido de cerca el mismísimo infierno eran episodios en los que por las noches sentían que les oprimían el corazón y tenían dificultades para dormir.
-¿Fue tan malo regresar? – Preguntó Anthony al darse cuenta que Stear también había experimentado la misma ansiedad que él durante el sueño.
-Dímelo a mí… - Dijo Stear con la mirada fija en su mano, mientras jugueteaba con una pequeña pelota que él mismo había concluido que ayudaba a tranquilizarlo. – Que me he encontrado con que mi novia se ha casado con otro… - Dijo de nuevo el inventor con el corazón hecho nudo en su pecho.
-Lo siento Stear… - Dijo Anthony con pesar, él mismo sabía lo que era un corazón roto. – Debí de haberme quedado contigo… - Dijo sintiéndose culpable por haber querido llegar a Lakewood y permanecer ahí hasta el día de la boda.
-No… tú también tienes el corazón roto… - Dijo Stear seguro de que Anthony estaba igual que él de incompleto.
-Al menos yo tengo a Colette… - Dijo Anthony con falsa resignación. Stear sonrió con ironía.
-Claro… - Dijo Stear simplemente. Anthony sabía que Stear no se creía su compromiso con aquella joven. – Se me olvidaba tu compromiso con la señorita Dubois. – Dijo de nuevo sin dejar de aplastar la pelota que tenía entre sus manos. - ¿Crees que la aparición de las pesadillas tenga que ver con el aumento de estrés? – Preguntó una vez más Stear, él sabía que tenía una relación muy estrecha.
-¿Estrés? – Preguntó Anthony intentando disfrazar la ansiedad que tenía en su pecho desde que volvió a pisar Chicago.
-Vamos Anthony. – Dijo Stear queriendo que el rubio admitiera que había vivido bajo presión desde que recibió la invitación para la boda del tío William. – No puedes engañarme… - Dijo esperando una respuesta.
-Tienes razón… - Dijo Anthony con total resignación. – Pero al igual que tú, no puedo hacer nada. – Dijo mirando fijamente la puerta del despacho.
-Candy aún no está casada. – Dijo Stear con determinación, queriendo que su primo buscara la manera de darse una segunda oportunidad con ella, quería insistirle en que hablara con ella antes de la boda o de lo contrario ya nada tendría sentido.
Anthony guardó silencio, su pecho había vuelto a dar un vuelco brusco y de nuevo su cuerpo comenzó a transpirar. Definitivamente las pesadillas estaban relacionadas con la ansiedad que le producía un posible encuentro con Candy.
Continuará…
